Ser vencido al vencer al enemigo

Dice Descartes que un defecto que se puede observar en la mayor parte de las disputas es que:

      “Siendo la verdad intermedia entre las dos opiniones que se sostienen, cuanto mayor es la inclinación a refutar la opinión contraria, tanto mas se aleja uno de la verdad”.

 Esta también me parece una opinión acertada acerca de los filósofos y de las disputas filosóficas.

2012__
De esto he hablado en otro de estos comentarios a Los principios de la filosofía, al referirme a la distorsionada y desfigurada disputa entre empiristas y racionalistas: cuando se adopta una etiqueta para definir el propio pensamiento, a menudo uno acaba defendiendo o lo indefendible o lo absurdo, tan sólo para mantener la coherencia.

Puse a este breve comentario el título “Ser vencido por los enemigos” [que ahora he cambiado por “Ser vencido al vencer al enemigo”]  porque siempre me ha interesado mucho algo que les sucede a casi todos los polemistas y disputadores. Llega un momento en que ya no defienden lo que creen, sino que tan solo se ocupan de atacar lo que creen sus rivales o enemigos. A eso lo llamo “ser vencido por los enemigos al vencerlos”, ese momento en el que uno se preocupa más por no coincidir con sus rivales que por pensar con serenidad.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 8 de enero de 1990]

Originally posted 1990-04-09 17:14:58.

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El argumento ontológico de Descartes y Schopenahuer

Descartes-Schopenhauer

Entre las diversas ideas que la mente tiene en sí se halla el concepto de Dios o ente absolutamente poderoso y perfecto, y puesto que en la noción de ente absolutamente perfecto se contiene su existencia necesaria y eterna, del mismo modo que en la noción de triángulo se contiene necesariamente que sus tres ángulos son iguales a dos rectos, hemos de concluir que tal ser existe.

Recupera, pues, Descartes el argumento ontológico de San Anselmo y afirma, anticipándose a la objeción que ya hiciera Gaunilo, que sólo del concepto de Dios se su necesaria existencia:

“En los conceptos de las otras cosas no se contiene del mismo modo la existencia necesaria, sino sólo la contingente”.

Sin embargo, ya el propio Aristóteles “como si viera en la noche de los futuros tiempos tenebrosos y descubriera en ella una patraña escolástica… demuestra detalladamente en el capítulo VII del libro II de Analiticorum posteriorum que la definición de una cosa y su existencia son asuntos diferentes… El ser no pertenece a la esencia de una cosa, puesto que el ente no es un género (Schopenhauer, Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente).


Descartes

Descartes

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

 

 

 

aq2000

Originally posted 1990-04-09 17:14:58.

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Sistemas de símbolos, prejuicios y aprendizaje

color

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Cuando decimos que percibimos colores en los objetos, en realidad es lo mismo que si dijéramos que percibimos algo que ignoramos qué es, pero que producen en nosotros una sensación muy clara y manifiesta, que se llama sensación de los colores”. (Principios de la filosofía, punto 70)

 

Se me ocurre algo que no sé si tiene mucho que ver con esto, pero que sí se relaciona con el asunto de las metáforas y con algunas afirmaciones de los relativistas culturales. Es lo siguiente.

Si durante la infancia, o durante nuestro aprendizaje, adoptamos un determinado conjunto de símbolos, como el matemático, el musical, el lógico, el religioso o místico, etcétera, es posible que, después, sólo podamos asegurar que realmente comprendemos una cosa cuando logramos traducir o adaptar esa cosa a nuestro lenguaje. Es decir, traducimos lo desconocido a lo conocido, del mismo modo que, como dice Descartes, tenemos una sensación de color ante ciertos estímulos, pero ello no significa que sepamos por qué se produce esa sensación.

babelPor ejemplo, he hablado en otra entrada dedicada a Descartes de mis problemas con la lógica, mi necesidad de traducir las fórmulas lógicas a un lenguaje cotidiano para entenderlas plenamente, pero en algunas personas que han seguido estudios de letras la incapacidad de comprender o asimilar razonamientos abstractos o estrictamente formales puede llegar a ser extrema.

Otro ejemplo: los defensores de un lenguaje fisicalista estricto sostienen, implícita o explícitamente, que los fenómenos sólo pueden ser descritos en el lenguaje de la física y/o  en el de la lógica; por el contrario, quienes como Smullyan (que es, por otra parte, un gran lógico formal), se hallan cerca de posiciones características del taoísmo, replican que esas explicaciones fisicalistas no explican nada.

La verdad es que para casi todos nosotros resulta mucho más fácil entender y comprender una descripción antropológica o un poema de Shakespeare al modo tradicional que esa misma descripción o poema convertida en dígitos binarios, algo que no le cuesta nada hacer a un ordenador, que, por su parte, sí es incapaz, por el momento, de procesar información al modo tradicional humano, ambiguo e indeterminado.

Es decir, si adoptamos un patrón de comprensión determinado, lo más habitual será que no lleguemos a comprender algo realmente hasta que dispongamos de una traducción a nuestro lenguaje (al aplicar un proceso de isomorfismo, metáfora, etc.). Pero no creo que esto apoye el relativismo, ni siquiera las tesis de Lakoff y Johnson.

[4 de marzo de 1990]

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Nota en 2014

Algunas sugerencias del texto no sé a qué se refieren exactamente, pues este texto pertenece a unos apuntes de hace más de veinte años, como la mención a “las tesis de Lakoff y Johnson”, que supongo que señala a la tesis que sostienen en su libro Metáforas de la vida cotidiana, que ahora no recuerdo con precisión, pero que supongo que es algo semejante a “Todo nuestro conocimiento es metafórico”. Lo del relativismo supongo que se refiere a que los relativistas dicen que las diferentes culturas no se pueden entender porque cada una habla su propio lenguaje. Por eso sugiero que aunque es cierto que el lenguaje (entendido en el sentido de concepción sobre el mundo o la realidad) que hemos aprendido nos condiciona y a veces nos obliga a traducir lo diferente a nuestro propio lenguaje, ello no impide que pueda haber comunicación, discusión, entendimiento y decisión a partir de esas “traducciones”.

*********

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El círculo vicioso entre las ideas innatas y Dios en Descartes

descartes-demon

El demonio o dios engañador de Descartes

Descartes dice en Los principios de la filosofía que Dios no es la causa de nuestros errores, por lo que todo lo que percibimos claramente es verdadero; recuerda después la noción del Dios engañador, que no le parece es admisible, remitiendo a sus Meditaciones. Es decir, Dios no podría engañarnos y, al mismo tiempo, seguir siendo Dios. Se trata del célebre demonio de Descartes, es decir, un demonio que se disfraza de Dios y nos engaña.

Sin embargo, en las objeciones a las Meditaciones, Thomas Hobbes dice que, del mismo modo que un doctor engaña a un paciente, Dios podría engañarnos a nosotros por nuestro bien. Nuestros errores, en definitiva, serían negaciones referidos a Dios y privaciones referidos a nosotros, puesto que somos finitos (§31).

Se ha considerado a menudo que la relación entre Dios y las ideas innatas en Descartes entraña un círculo vicioso. Sea o no así, yo creo que la introducción de Dios como garante de la certeza cartesiana viene en gran parte motivada por la necesidad de justificar la persistencia de las leyes naturales y de nuestras demostraciones más allá de lo inmediato, es decir, aquellas que confían en el testimonio proporcionado por la razón y la memoria, así como para justificar que podamos usar esa razón deductiva o inductiva.


 

NOTA 2015
¿Qué quería decir yo aquí? No estoy del tood seguro si llego a explicarlo más adelante en este comentario a los Principios de la filosofía de Descartes, y tampoco estoy seguro de saberlo ahora. Supongo que me refería a que tan solo a través de nuestros sentidos y percepciones inmediatas no podemos tener certeza de cómo es la realidad, pues nuestros sentidos nos engañan y, además, la única manera de establecer leyes es comparar unas percepciones con otras, pero para que podamos comparar esas percepciones, debemos recordarlas. Debemos recordar cómo era la lluvia de ayer para poder compararla con la lluvia de hoy, por ejemplo. Naturalmente, también podríamos anotar lo que vimos ayer, pero entonces tendríamos que confiar también en que esa anotación no ha cambiado desde ayer a hoy sin que nos diésemos cuenta. Dentro del círculo o incluso laberinto vicioso cartesiano, al final solo queda recurrir a un Dios que garantice alguna certeza, a pesar de que la presencia y la identidad de ese Dios pueda ser también puesta en entredicho y considerar que es un demonio en vez de un dios. Creo que estos son dilemas a los que no puede escapar el sistema cartesiano.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

aq2000
no PdeF
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Universales y distinciones

Resumo aquí algunos puntos de Los principios de la filosofía que comentaré más adelante:

El número y los universales son sólo modos de pensar”

¿Y qué son los universales?

“Los universales son cinco: género, especie, diferencia, propio y accidente”.

¿Y qué es el número?

“El número procede de la distinción que se da entre las cosas; esta distinción es triple: real, modal y de razón”.

La distinción real “sólo se da propiamente entre dos o más sustancias: percibimos que son claras por el hecho de que podemos entender la una sin la otra”.

La distinción modal es doble: 

“Entre el modo propiamente dicho y la sustancia de la cual es modo; otra entre dos modos de una misma sustancia (la figura y el movimiento se distinguen modalmente de la sustancia corpórea en que están, y la afirmación y el recuerdo de la mente” (punto 61).

La segunda distinción modal, nos dice Descartes, se conoce porque podemos conocer un modo sin el otro y viceversa, pero no podemos conocer ninguno de los dos sin la sustancia en que están.

2015: Hay que admitir que muchas de estas distinciones son interesantes e instructivas, pero también son un retroceso en el avance de la filosofía, una paradoja que siempre se da en Descartes: por un lado hace avanzar el pensamiento de su época, pero otro lado lo hace retroceder a los tiempos de la casuística medieval y de las distinciones inacabables basadas en último término en abstracciones o arbitrariedades, algo muy diferente al camino que en esos momentos comenzaba a recorrer la ciencia,  ala que el propio Descartes, por otra parte, contribuyo, pero a ala que aquí parece querer detener poniéndole palos en las ruedas. ¿A qué me refiero? A que todo este trabajo se va a sustentar al fin y al cabo en un concepto tan caprichoso e inaprensible como las “percepciones claras y distintas de las substancias”, algo que es todo lo contrario a una definición precisa y universalizable, porque cada cual considera que esta o aquella distinción es clara y distinta sin que existe otro criterio que el juicio subjetivo como piedra de toque para comprobarlas. En esta misma sección del libro, vemos cómo Descartes, tras todo ese ejercicio de sutileza basada en la observación y en la conceptualización, acaba desembocando en su queridas ideas claras y distintas, arrojando a la basura todo el trabajo empleado.

“La distinción de razón se da entre la substancia y alguno de sus atributos, sin el cual no puede ser entendida, o entre dos de los atributos de una misma sustancia. Y se conoce porque no podemos formarnos una idea clara y distinta de esa substancia, si excluimos de ella ese atributo, o bien porque no podemos percibir claramente uno de esos atributos si lo separamos del otro”. (Punto 62).

Antes dijo Descartes que el pensamiento y la extensión constituían la naturaleza de las dos substancias existentes, pero también pueden tomarse como modos de la sustancia, pues una mente puede tener muchos pensamientos y un cuerpo extenderse de distinta manera en longitud, anchura y profundidad.

2010: ahora mismo no soy capaz de saber si tengo razón en lo que señalo en el párrafo anterior, pues es fácil, perderse en estos conceptos cartesianos, como ya he dicho antes.

Modos del pensamiento: volición, intelección, la imaginación, el recuerdo, etc.
Modos de la extensión: las figuras, la situación de las partes y sus movimientos, etcétera.


 

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Sustancias y res extensa y res cogitans

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Por sustancia, sólo cabe entender una cosa que existe de tal manera que no necesita ninguna otra para existir” (Punto 51).

El nombre de sustancia se aplica tanto al mundo mental (res cogitans) como al material o extenso (res extensa): se puede hablar tanto de sustancia pensante como de sustancia material.

Las sustancias, nos aclara enseguida Descartes, no pueden ser conocidas en sí mismas,

“pero las reconocemos fácilmente a partir de cualquier atributo suyo” (Punto 52)

Esto me ha interesado mucho, aunque me parece (pero no estoy seguro) que no acabo de estar de acuerdo con Descartes, pues yo entiendo que existen más bien conjunciones de atributos (de lo que se suele llamar atributos), que se pueden denominar a veces sustancias y a veces atributos.

escotoJuanEscoto_thumb

Juan Escoto Erígena

Y esto, creo, tiene que ver con algo que decía Escoto Erígena: que lo que es accidente de una sustancia se convierte en sustancia de otro accidente, etc.

 

COMENTARIO EN 2000:
Se me ocurre ahora un asunto interesante. Imaginemos un accidente tal como el sonido que produce una piedra que cae sobre una plancha metálica. Este sonido parece un accidente y creo que así lo definiría Descartes. Sin embargo este accidente puede actuar como una sustancia: por ejemplo, puede hacer que algo caiga al suelo al ser golpeado por las ondas sonoras.

 


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Las verdades eternas y las cosas materiales

Descartes -Duty-to-God

Descartes en Principios de la filosofía:

Punto 48: “Todo lo que percibimos lo consideramos o bien como cosas o afecciones de cosas, o bien como verdades eternas”

“…las verdades eternas no tienen ninguna existencia fuera de nuestro pensamiento”

Define después:

Cosas son la substancia, la duración, el orden, el número…”

Ahora bien, enseguida añade:

“Sólo admito dos géneros supremos de cosas. Uno es el de las cosas intelectuales o pensativas, esto es, que son propias de la mente o substancia pensante; el otro es el de las cosas materiales, es decir, que son propias de la substancia extensa o cuerpo”.

Y matiza un poco más adelante:

“Sin embargo, también experimentamos algunas cosas que no cabe referir sólo a la mente o sólo al cuerpo, sino que proceden de la estrecha e íntima unión de la mente con el cuerpo”.

Entre éstas cosas mixtas están:

“el hambre, la sed, así como las canciones o pasiones del alma, el dolor, el cosquilleo de la luz de color, de color, de sonido, etc.”

Por otra parte:

“Cuando consideramos una proposición como “nada se hace de la nada”, la consideramos como una verdad eterna, no como una cosa existente ni como el modo de una cosa… Es una verdad eterna que reside en nuestra mente y que se llama noción común o axioma”

Después cita Descartes otras frases del mismo tipo, como “es imposible que lo mismo sea y no sea al mismo tiempo”.

Pero, explica Descartes, estas verdades eternas no se perciben igualmente por todos los hombres, a causa de su prejuicios.

 

NOTA 2015
Descartes es un escritor siempre interesante y a menudo fascinante, pero ya cuando lo leí por vez primera y más ahora, tantos años después, acaba por fatigar la manera en la que mezcla un razonamiento métodico, sereno y racional, con las verdades arbitrarias de la revelación cristiana. Esa contumacia en culminar un argumento con una solución teológica, por no decir supersticiosa, hace que se pierda mucho de su encanto y que, en muchos aspectos, su contribución filosófica sea un retroceso más que un avance. Las ideas innatas puestas por Dios, las verdades claras y distintas que acaban por coincidir con los prejuicios de la religión, las verdades eternas (y por tanto indiscutibles), la noción de un Dios infinito que soluciona (en su propia mente, no en la nuestra) todos los problemas, la distinción entre alma y cuerpo de una manera casi arcaica… Ya he dicho en alguna ocasión que muchas de las verdades que Descartes alcanza tras sus diversas peripecias y aventuras por los mundos de la duda acaban por parecerse de manera sospechosa a las que aprendió en sus tiempos de colegial en los jesuitas de La Fleche.


 

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De nuevo la duda cartesiana

Dice Descartes al comienzo de Principios de la filosofía:

“Para indagar la verdad hay que dudar cuanto se pueda de todas las cosas, al menos una vez en la vida (Punto 1)”

 Esto mismo dice en el Discurso del Método, cosa con la que estoy perfectamente de acuerdo. Me parece un principio básico (no se si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no solo  para filosofar bien, sino para ser honesto.

Me parece un principio básico (no sé si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no sólo para filosofar bien, sino para ser honesto.

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¿1996?: Más que dudar una vez en la vida (y con eso quitarse el asunto de encima), yo diría que hay que ser capaz en cualquier momento de nuestra vida de dudar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[jueves 4 de enero de 1990]

Originally posted 1990-04-09 17:14:58.

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Duda y escepticismo

Dice Descartes en sus Principios de Filosofía que hubo una disputa entre los discípulos de Platon y los de Aristóteles. El sentido de la disputa era decidir si había que poner todas las cosas en duda, o bien si habría algunas que fueran ciertas. Esto condujo a errores extravagantes, como los de aquellos que exageraron la importancia de los sentidos.

En el célebre cuadro de Miguel Ángel “La escuela de Atenas” se muestra esa divergencia entre Platón que señala al cielo, al mundo de las Ideas o Formas, y Aristóteles que extiende la mano hacia la tierra, hacia la observación de lo empírico. [2012]

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[domingo 7 de enero de 1990]