El robot 3,14 conoce a su Creador

La historieta de 3,14 creada hace 40 años por Pastecca ha sido la entrada más visitada desde que tengo esa página en WordPress, así que supongo que muchos lectores estarán esperando la continuación.

Si no has leído la historieta anterior, hazlo antes de leer esta:

El robot de Google y 3,14 de Pastecca

En la última viñeta veíamos cómo el brazo del robot 3,14, completamente desmontado, llamaba a la puerta de su creador, el dibujante Pastecca, seudónimo de Iván Tubau. En estas dos últimas tiras,  el robot y su autor se encuentran por primera vez.

 

Pronto más aventuras de 3,14 rescatadas de los formatos analógicos…

***************

ENTRADAS PUBLICADAS EN “EL NOVENO CIELO”

Krazy Kat y el pato de Pekín

Leer Más
Alfonso Azpiri

Leer Más
LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

Leer Más
El almanaque de Taniguchi

Leer Más
El noveno arte

Leer Más
La guerra de Alan

Leer Más
Will Eisner y Orson Welles

Leer Más
Will Eisner

Leer Más
EL NOVENO CIELO

CÓMIC E ILUSTRACIÓN


Leer Más
Suehiro Maruo y Lunatic Lovers

Leer Más
Poema a Fumetti, de Dino Buzzati

Leer Más
Pyongyang, de Guy Delisle

Leer Más
PASTECCA… ataca de nuevo

Leer Más
¿Qué es el Trund?

Leer Más

Si buscas otros cómics alojados en danieltubau.com (Craven, Mosca y Caja, Filocomic…) visita esta entrada: El Noveno Cielo (cómic e ilustración).

Share

LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

comic24_000

Gracias a mi amigo Andrés, descubrí hace poco [2003] a Scott MacCloud, un autor de comics y teórico que ha publicado dos libros acerca del arte del comic que son una delicia: Cómo se hace un comic y La revolución de los comics.

McCloud tiene también una página web llena de cosas interesantes. Una de ellas es el Comic de 24 horas. MacCloud cuenta que, aparte de su amigo Steve Bissete, no conoce a nadie más lento que él para hacer un comic. Bissete siempre tenía dificultades para cumplir con los plazos de los encargos, pero un día McCloud descubrió que cuando un fan le pedía un autógrafo a Bissete, él hacía un excelente dibujo en apenas unos segundos. Eso demostraba que Bissete podía ser más rápido de lo que él mismo creía. Así que le propuso un desafío: hacer un comic en 24 horas, ni una más. Dibujar y dialogar 24 páginas en 24 horas.

MacCloud empezó haciendo un comic y luego lo hizo también Bissette y muchos otros autores, cuyos comics de 24 horas se pueden ver en la página de McCloud.

1

La primera página de Un día de trabajo, por Scott McCloud

 

Yo también he recogido el guante y he hecho un comic en 24 horas. Y no sólo eso, también hice el borrador en…. 24 minutos. Exactos.  Ponerse un plazo tan breve e improrrogable es un método buenísimo, así que os animo a hacer lo mismo. Como podéis suponer, la brevedad del plazo (yo no tardé más de seis horas con pausas largas en hacer el mío) obliga a una crítica benevolente. Además hay que recordar la idea de Chesterton que presidí el blog en el que publiqué el cómic: “Las cosas que vale la pena hacer, vale la pena hacerlas mal”.

 La eternidad en 24 horas.

Si ve

***************

[Publicado en 2003 en Erewhom digital]

ENTRADAS PUBLICADAS EN “EL NOVENO CIELO”

¿Qué es el Trund?

Leer Más
PASTECCA… ataca de nuevo

Leer Más
Pyongyang, de Guy Delisle

Leer Más
Poema a Fumetti, de Dino Buzzati

Leer Más
Suehiro Maruo y Lunatic Lovers

Leer Más
EL NOVENO CIELO

CÓMIC E ILUSTRACIÓN


Leer Más
Will Eisner

Leer Más
Will Eisner y Orson Welles

Leer Más
La guerra de Alan

Leer Más
El noveno arte

Leer Más
El almanaque de Taniguchi

Leer Más
LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

Leer Más
Alfonso Azpiri

Leer Más
Krazy Kat y el pato de Pekín

Leer Más

Si buscas otros cómics alojados en danieltubau.com (Craven, Mosca y Caja, Filocomic…) visita esta entrada: El Noveno Cielo

Metafísica
¿Cómo es el mundo?

Noúmenos y phenómenos

Leer Más
Mi metafísica

Leer Más
¿Qué hace falta para que exista algo?

Leer Más
TODO ES

Variaciones ontológicas


Leer Más
LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

Leer Más
. Punto

Leer Más
NADA ES

Variaciones ontológicas


Leer Más

Share

Will Eisner y Orson Welles

Hace unos días, en el viaje de regreso a Madrid con Dany Campos, Fiona y Joaquín tras una clase en la Asociación de Guionistas de Murcia, Joaquín me comentaba las semejanzas entre cine y cómic y se preguntaba si Orson Welles habría sido influido por las historietas.

Le dije que, en mi opinión, había sido influido por algunos grandes artistas de cómic  como Will Eisner, el creador de The Spirit. No recordaba entonces que  hablé de eso de manera explícita en Las paradojas del guionista:

Welles declaró haber sido un voraz lector de cómics y hay quien dice que la estética de Ciudadano Kane debe bastante a The Spirit. Como curiosidad, Will Eisner convirtió a Welles en uno de los personajes de The Spirit (que era, además, el cómic favorito de Fritz Lang).” 

Curiosamente, a Will Eisner se le llamó el Orson Welles del cómic, título que el agradecía, pues reconocía la influencia de Ciudadano Kane en su obra. Al menos en una ocasión, Eisner convirtió a Welles en protagonista de una de las historietas de Spirit, Ufo, llamándole Oso Wells (en inglés, supongo, sería Urso Wells).

spirit-orson-welles

Muchos años después, William Friedkin declaraba:

“Observad el encuadre dinámico que Eisner emplea y sus vibrantes colores. Muchos directores de cine han sido influenciados por The Spirit, incluido yo mismo.”

Spirit_on_the_Tracks

Friedkin confesó haberse inspirado en una de las extraordinarias portadas de The Spirit para la secuencia de la persecución bajo las vías del tren, una de las escenas más recordadas de The French Connection.

frenchconnection

 Otra muestra de la importancia del cómic para cineastas y escritores:

“John Steinbeck y los dos cineastas más importantes del siglo XX, Orson Welles y Charlie Chaplin, habían pedido el Nobel para el dibujante de cómics Al Capp, autor de L’il Abner.”

lilabner-shmoo_dying_FINAL

L’il Abner, otro de los grandes clásicos de la historia del comic

En Las paradojas del guionista ofrezco algunas referencias indispensables para quien esté interesado en la relación entre esos los grandes artes secuenciales, cómic y cine:

“Roman Gubern y Javier Coma han publicado un libro deslumbrante en el que analizan las estrechas relaciones entre cine y cómic: Los cómics en Hollywood, donde se puede constatar que la influencia del cómic en el cine no se reduce a la actual moda de llevar a la pantalla superhéroes: “Los cómics y el cine, medios populares, nacidos casi contemporáneamente, intercambiaron sus hallazgos expresivos e interactuaron entre sí con gran dinamismo e intensidad”. También Gubern, en esta ocasión en colaboración con Luis Gasca, ha publicado un libro profusamente ilustrado en el que se muestran casi todas las convenciones del lenguaje del cómic: El discurso del cómic. Un buen ejercicio para un guionista puede ser convertir algunos de los hallazgos del cómic en lenguaje cinematográfico, encontrando nuevas fórmulas narrativas. En Internet son tantas las páginas excelentes dedicadas al cómic que sería absurdo intentar mencionarlas. Baste con un ejemplo: la página francesa Coconino World.”

Spirit-alcantarilla

(Esta entrada está dedicada a Joaquín Sánchez Baíllo)

*************

Una entrada acerca de Will Eisner

ENTRADAS DE CÓMIC PUBLICADAS EN “EL NOVENO CIELO”

Krazy Kat y el pato de Pekín

Leer Más
Alfonso Azpiri

Leer Más
LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

Leer Más
El almanaque de Taniguchi

Leer Más
El noveno arte

Leer Más
La guerra de Alan

Leer Más
Will Eisner y Orson Welles

Leer Más
Will Eisner

Leer Más
EL NOVENO CIELO

CÓMIC E ILUSTRACIÓN


Leer Más
Suehiro Maruo y Lunatic Lovers

Leer Más
Poema a Fumetti, de Dino Buzzati

Leer Más
Pyongyang, de Guy Delisle

Leer Más
PASTECCA… ataca de nuevo

Leer Más
¿Qué es el Trund?

Leer Más

ENTRADAS PUBLICADAS EN FILOCOMIC (CÓMIC Y FILOSOFÍA)

Discusión

Leer Más
FILOCOMIC: Filosofía del lenguaje

Leer Más
Sentido y referencia en Gottlob Frege

Leer Más
El mejor de los mundos

Leer Más
La identidad y el chiste de Epicarmo

Leer Más
Señales de humo

Leer Más
Un chiste de Epicarmo

Leer Más

MOSCA Y CAJA

ENCICLOPEDIA DE FILOSOFÍA DE BOLSILLO MOSCA Y CAJA

La reencarnación en la India

Leer Más
David Hume

Leer Más
Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

Leer Más
Erwin Schrödinger (1887/1961)

Leer Más
George Berkeley (1685-1753)
Las inquietudes de Mosca (2ª parte)

Leer Más
George Berkeley (1685-1753)
“Mosca y Caja conocen a Berkeley” (1ªparte)

Leer Más
Descartes (1596/1650)

Leer Más
Lucrecio (-90/-55)

Leer Más
Platón (-427/-347)

Leer Más
Anaxágoras (-500/-428)

Leer Más
Heráclito (-535/-484)

Leer Más
¿Existe el movimiento? || Zenón de Elea

Cómo es el mundo /3 ||Enciclopedia de Filosofía de bolsillo Mosca y Caja


Leer Más
Zhuangzi (-570/-475)

Leer Más
Jenófanes de Colofón (-570/-475)

Leer Más
ENCICLOPEDIA DE FILOSOFÍA DE BOLSILLO ‘MOSCA Y CAJA’

Leer Más

INTRODUCCIÓN A LA BIOLOGÍA MOSCA Y CAJA

5. La evolución de las jirafas
Brevísima introducción a la biología

Leer Más
4. La teoría de la evolución de Lamarck

Leer Más
3. La trágica historia de la Bistun Betularia

Leer Más
2. Teorías evolutivas de las moscas y las cajas

Leer Más
BIOLOGÍA MOSCA Y CAJA

Leer Más

OTRAS AVENTURAS DE MOSCA Y CAJA

A todo color

OTRAS AVENTURAS DE MOSCA Y CAJA


Leer Más
Con Charlie Hebdo y contra el fanatismo

Leer Más
Mosca y Caja en 2015

Leer Más
Las moscas, Hofstadter y los vampiros

Leer Más
La pura nada

Leer Más
Mosca y la infidelidad

Leer Más
Cómo comunicarse con una mosca

Leer Más
Cuervo y Mosca en un templo budista

Leer Más
Mosca y Caja conocen a David Hume en Amman

Leer Más
La prudencia en los viajes

Leer Más
Presentación de Uno

Leer Más

CRAVEN

AVENTURAS DE CRAVEN Y CUERVO

Herrare humanum est

Leer Más
Craven, ¿eres tú?

Leer Más
Los vivos y los muertos

Leer Más
Craven y Liliana

Leer Más
¿A quién le importa?

Leer Más
Otra vida

Leer Más
En busca de la identidad

Leer Más
¡Mira a tu alrededor!

Leer Más
CRAVEN Y CUERVO – Todas las aventuras

Leer Más
¿Por qué estamos aquí?

Leer Más
El haiku de Cuervo

Leer Más
¿Preocupado?

Leer Más
Preocupado

Leer Más

FELICITACIONES Y RAREZAS

CRAVEN VISTO POR…

ACERCA DE CRAVEN

Share

Una modesta proposición para una nueva economía

Entre los que proponen reformas o revoluciones para construir un mundo mejor, son mayoría los que quieren eliminar los derechos de autor.  Yo creo todo lo contrario. Mi opinión es que los derechos de autor tendrían que aplicarse a casi todo, que no tendrían que eliminarse, sino universalizarse. Voy a intentar explicarlo mediante un ejemplo sencillo.

Actualmente, por el capítulo de una serie de televisión cobran derechos de autor el director, el realizador, el guionista y el músico. Eso quiere decir que, cada vez que el capítulo se emite, esas cuatro personas cobran un porcentaje sobre los beneficios obtenidos. Quienes pretenden eliminar los derechos de autor tienen la extraña teoría de que la mejor manera de combatir los abusos del capitalismo es permitir que cada vez que se emita el capítulo de una serie, el canal de televisión, por ejemplo Tele 5 gane dinero, pero que no lo ganen quienes trabajaron en la serie. Da la impresión de que lo que quieren es defender los ingresos de los capitalistas “más capitalistas”, es decir, los directivos y accionistas de las cadenas de televisión, que son los que siempre ganan dinero cada vez que se emite ese capítulo, a cuenta de la publicidad, del dinero de sus suscriptores o de la venta de entradas

Yo creo que en una economía más justa no sólo deberían cobrar obtener beneficios los accionistas de las grandes empresas. Ni siquiera las cuatro personas que la SGAE considera autores (director, realizador, guionista y el músico), sino todos los que han trabajado en la serie: los editores, los redactores, los iluminadores, los decoradores, los electricistas, los maquilladores y el personal de limpieza. Cada vez que se emita ese capítulo, todos ellos deberían cobrar un porcentaje proporcional a su participación en la obra en cuestión. Porque sin la participación de todos ellos esa obra no existiría.

Ese era el ejemplo sencillo: el capítulo de una serie de televisión.

Ahora que el lector ya sabe por dónde voy, añadiré que cuando una casa se vende o revende también deberían cobrar un porcentaje sobre los beneficios tanto el arquitecto que la diseñó, como el maestro de obras y cada uno de los obreros que han participado en su construcción. La misma idea se debería aplicar a todo, o al menos a todo aquello que puede genera un valor en el futuro.

Se me dirá que esta es una más de esas teorías alocadas que quieren cambiar el mundo en dos meses, que eso es imposible, que cómo se calculan esos porcentajes, que exigiría una horrorosa burocracia, un papeleo incesante.

En lo que se refiere al cálculo de los porcentajes es una cosa tan simple o tan difícil como los cuatro que ya se calculan. Simplemente hay que extender el cálculo a cada persona que participe en la obra. Es obvio que algunos obtendrán mayores porcentajes que otros, pero eso no impide que la suma de muchos pequeños porcentajes acabe resultando rentable para quienes han trabajado en muchas obras, aunque sea de manera modesta. Se producirán desajustes, correcciones, lo inevitable. Nada grave.

En la actualidad, por ejemplo, los que cobramos un porcentaje por trabajar en una serie de televisión (guionistas, realizadores, directores) nos preguntamos por qué el músico que ha escrito la sintonía cobra casi lo mismo que nosotros, si él sólo la ha escrito una vez y nosotros hemos trabajado, por ejemplo, en 65 programas. Es una desproporción que se debe al poder que los músicos tuvieron en la fundación de la sociedad que gestiona los derechos de autor (la SGAE).

Ese desequilibrio y otros semejantes habría que corregirlo pero, con todos los errores y defectos más o menos evitables, vale la pena pararse a calcular un poco los porcentajes de todos los que crean algo, ya que eso va a proporcionar un beneficio futuro a muchas personas.

En cuanto al papeleo y la burocracia, la existencia de los ordenadores ha vuelto obsoletos ese tipo de argumentos. Del mismo modo que el Ministerio de Hacienda puede calcular la declaración de millones de personas, cada vez que se hiciera un trabajo bastaría con archivar el nombre de las personas que han colaborado en él y el porcentaje que les corresponde en caso de que la obra obtenga más beneficios en el futuro. El dinero se ingresaría directamente en su cuenta corriente.

De este modo también se evitaría el abuso que cometen muchas empresas cuando plantean a sus trabajadores aquello de “Tenemos ciertas dificultades… ahora hace falta un esfuerzo… y esto es lo que te podemos pagar, porque no tenemos para más”. El trabajador, claro, no tiene más remedio que aceptar, creyéndose, o fingiendo creer, las “dificultades” del empresario. Meses después, ese empresario explota y reexplota la obra por la que pagó una cantidad miserable, obteniendo unos beneficios que no reparte, excepto con los cuatro de la SGAE, guionista, director, realizador y músico, porque la ley le obliga a ello. En la nueva situación que propongo, el trabajador podrá responder: “De acuerdo, acepto esto que me ofreces, pero cuando ganes más dinero, gracias a este esfuerzo que ahora hago yo, recibiré también mis beneficios”.

Porque, aunque es razonable que algunas personas cobren más que otras en función de su esfuerzo o de su participación decisiva, no creo que sea razonable que nadie cobre lo que cobra Bill Gates por ser presidente de Microsoft. Porque Gates no diseña ni programa personalmente cada uno de sus programas. Los miles de personas que trabajan para Microsoft deberían también cobrar un porcentaje de las ganancias obtenidas por los productos en los que han trabajado, no sólo los socios y accionistas, sino cualquier trabajador o persona implicada en el proceso de producción. De este modo se acabaría con el vergonzoso espectáculo de la nueva aristocracia del dinero, o plutocracia que es como lo llamaban los griegos. Una persona no debería poder acumular las cantidades de dinero de los millonarios de hoy en día, que se han convertido en una nobleza semejante a la medieval y a menudo también hereditaria.

Demo de Xanadú

El creador de la palabra hiperenlace, Ted Nelson, lleva muchos años trabajando en un sistema de registro universal llamado Xanadú. Su intención es que pueda determinarse quién ha participado en casi cualquier cosa, tanto en el mundo real como en Internet. Parece difícil, pero quizá no estemos muy lejos de lograr un sistema semejante.

Cuando eso sea posible, y si se empezaran a aplicar los derechos de autor universales, los trabajadores sabrán que lo que están haciendo no sólo les reportará el beneficio inmediato, sino que en el futuro podrá rendirles otros beneficios. No se tratará, por cierto, de cobrar más dinero a los usuarios, sino a las empresas. Sencillamente, una empresa que explote el trabajo de otras personas no podrá llevarse el 98% de los beneficios: tendrá que compartirlos con quienes han hecho posible que ese producto exista. Tendrá que repartir, digamos, un 40% o incluso un 80% de sus beneficios. La riqueza generada seguirá circulando, pero no quedará en manos de las empresas, que interpretan de una curiosa manera la teoría del dinero circulante: es el dinero que circula de un despacho a otro.

Cuando eso suceda, espero ganar derechos de autor por haber dado la idea.

Share

Dios en la cruz

En ¿Dios en la cruz? me referí a sangrienta representación de Jesucristo en la cruz, como una imagen que no bordea el sadismo, sino que cae en él. Ahora quiero, sin embargo, mostrar que esa representación también ha dado lugar en ciertas ocasiones a ciertas expresiones conmovedoras, como este poema atribuido a Juan de la Cruz, pero que también se ha pensado que podría haber sido escrito por Teresa de Jesús o Francisco Javier. No sólo expresa un amor sin sadismo al Cristo sufriente, sino también una fe desinteresada que no busca recompensas:

NO ME MUEVE, MI DIOS, PARA QUERERTE
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

El soneto también se puede escuchar en la magnífica Misa Flamenca de Enrique Morente:

Share

¿Dios en la cruz?

 La representación de Jesucristo en todas las iglesias es una imagen que asusta con razón a los no cristianos, que a menudo lo han visto como una especie de representación diabólica: un hombre sangrante clavado en una cruz. Realmente chocante. Pero a lo que quiero referirme aquí es al hecho mismo de que los cristianos representen a su Dios en la figura de Jesucristo.

Como es sabido, porque nos lo han enseñado los teólogos cristianos, el Dios perfecto del cristianismo no vive en el tiempo sino en la eternidad, que no se sabe exactamente qué es, pero que esta claro que dura más que todo el tiempo que podamos imaginar. Por eso, desde el punto de vista de Dios, ya sea ese punto de vista temporal, intemporal o eterno, su encarnación en Jesucisto es sólo una mota de polvo, un instante infinitesimal, una coma en un libro de la extensión del Quijote. Menos incluso: tal vez una mota de polvo de un libro de la biblioteca de Babel que imaginó Borges.

Sin embargo, los cristianos adoran a ese joven barbudo que como si esa fuera la apariencia más importante de Dios, y sólo a veces, de manera informal, lo representan como un anciano con barba blanca un poco gordinflón, no se sabe si porque ese anciano es Jesucristo ya jubilado en el cielo o porque tomaron la imagen de las representaciones de Júpiter o Zeus, como parece probable. En definitiva, como suele decirse, toman la anécdota por categoría, lo que apenas es un instante de Dios por Dios mismo, como si su encarnación aquí, en este planeta perdido en un lugar cualquiera del brazo de Orión, durante tan sólo 33 años, fuera lo más importante que ha hecho Dios en todo su existencia.

 

 



Naturalmente, no ignoro que hay un problema de partida más grande, que es cómo un Dios inmutable se puede encarnar en un hombre, y otros mil rompecabezas que los cristianos han estado examinando durante siglos al querer hacer compatible un  dios salvífico con un dios perfecto, pero aquí sólo quería referirme a este curioso aspecto de la iconografía.

Por cierto, al parecer Jesucristo, en caso de haber existido, no podría haber llevado barba y por eso, si no recuerdo mal, en las primeras representaciones (no sé si hasta el siglo IVo V) era mostrado imberbe. La cruz, por otra parte, fue un signo tardío, pues los primeros cristianos usaban otros símbolos, como el pez, y preferían ver a Jesucristo de una manera más amable, como un pescador o un pastor.

Se cree que esta es una representación de Jesucristo

Share

Ser cristiano y, además, católico

triregno

En un comentario a mi entrada Por qué no participo en los actos de la JMJ, Myriam escribió:

<No estoy de acuerdo con esto que escribiste: “me resulta absolutamente incomprensible que una persona sensata, moderada y justa pueda pertenecer a esta iglesia.” Me considero una persona sensata, moderada y justa. No sólo yo, sino lo que es más importante, aquellos que me conocen. Si me conocieras estarías de acuerdo. Saludos cordiales a todos>. [leer todo el comentario]

Entendí que Myriam se sintiera molesta por mi comentario, por lo que intenté explicar mejor mi opinión en una respuesta que transcribo aquí, aunque aprovecho para corregir y matizar algunos asuntos (la respuesta original aquí).

“No tengo dudas acerca de la existencia de muchos católicos sensatos, moderados y justos. Conozco a muchos de ellos, tengo amigos que reúnen esas características, y a algunos de ellos los quiero y los admiro. También estoy suscrito a una revista cristiana y más o menos católica, aunque muy crítica con el Papa actual (Ratzinger o Benedicto XVI) y con el anterior Juan Pablo II. En la revista son admiradores, como yo, de Juan Pablo I, de Juan XXIII y, quizá con menos entusiasmo, de Pablo VI. Colaboro de vez en cuando con El Ciervo) y te aseguro que leerla es para mi un placer que se renueva todos los meses. Ahora bien, mi opinión acerca de la institución católica es muy negativa. De no ser por esos Papas citados y algún otro, sería absolutamente negativa, pero Juan XXIII pareció iniciar un nuevo camino para la iglesia, que más o menos mantuvo Pablo VI y que, al parecer quiso continuar y reforzar Juan pablo I (Albino Luciani), de tan breve pontificado. Sería largo explicar aquí por qué creo que la Iglesia católica actual y la Iglesia católica en general es una institución negativa y malsana incluso para los cristianos. No me cabe duda de que en el cómputo histórico ha superado a casi cualquier otra institución en su carácter represor, con una crueldad que es casi imposible concebir en quien dice defender la propuesta de amar a todos de Jesucristo. Pero eso es lo que ha sucedido. No se puede tergiversar la historia hasta el punto de esconder lo que es apenas discutible. Te aseguro que soy una persona a la que le gusta dudar de todo y afirmar pocas cosas con tanta seguridad, pero la historia de la Iglesia deja poco lugar a dudas. Es en relación con esta opinión acerca de la Iglesia católica, por lo que me parece incomprensible, simplemente desde un punto de vista lógico y de coherencia, que alguien sensato, justo y moderado acepte considerarse parte de tal institución. Yo no quisiera tener nada que ver con una institución semejante, por mucho que haya cambiado en los últimos años (cosa que tampoco ha hecho) o por muy simpáticos que fueran algunos de sus miembros. Pero sé también que hay muchas personas que son sensatas, justas y moderadas que además son católicas. No lo niego. Sé que esta paradoja entre dos cosas en esencia incompatibles es muy frecuente y que casi todo el mundo tenemos lo que los psicólogos llaman un “punto ciego”, una zona oscura que nos impide ver en nuestro partido, nuestra religión o nuestra ideología los defectos que cualquiera desde fuera puede observar con perfecta claridad. Algunos incluso son capaces de ver esas cosas pero siguen integrados allí, a pesar de que el mensaje de Jesucristo no les obliga a ello y más bien lo desaconseja. Basta con recordar el “Mi reino no es de este mundo” o el desalojo de los mercaderes en el templo, o el voto de humildad y pobreza. Todo ello está en las antípodas del Vaticano y los Papas, de la Iglesia de Roma tal como ha sido y como es”.

Concilio cadavérico, en el que un Papa juzgó al cadáver de su antecesor

Concilio cadavérico, en el que un Papa juzgó al cadáver de su antecesor

**************

[Respuesta en agosto de 2011, revisada en junio de 2014] 

Entradas de Ensayos de teología

NUMEN - Mitología Comparada

Ser cristiano y además católico

Share

Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Como he tenido alguna discusión con amigos y familiares acerca del tema de la visita del Papa y las jornadas de la  juventud mundial, que tienen lugar en estos días (agosto de 2011) en Madrid, he decidido explicar brevemente lo que pienso, ya que en las discusiones es difícil precisar las cosas y enseguida uno acaba discutiendo de todo y de nada (además, tampoco soy un prodigio de elocuencia verbal).

No participo en las jornadas papales por razones obvias. No soy cristiano, pero si fuera cristiano desde luego no sería católico. Creo que la Iglesia católica es una de las peores instituciones que han existido y que la actual está construida sobre las ruinas de una Iglesia criminal.  Aunque tengo amigos y conocidos católicos, me resulta absolutamente incomprensible que una persona sensata, moderada y justa pueda pertenecer a esta iglesia. No diré nada más para que no parezca que cargo las tintas para hacerme perdonar lo que diré a continuación y porque no me gusta jugar a radical de salón.

No participo en las protestas contra las JMJ porque, aunque hay buenas razones para criticar la visita papal y sus consecuencias, creo que quizá sólo una de esas razones es realmente válida: que un estado laico no debe destinar dinero a sostener los gastos privados de una religión. Acerca de este argumento ha habido también bastante discusión y confieso no estar suficientemente informado acerca de si se gasta, si no se gasta, si se recupera o no, si es el Estado, la Comunidad de Madrid o el Ayuntamiento quien gasta, etcétera.

Hay otras razones, por supuesto, como que no se puede bloquear una ciudad durante siete días para un acto privado, que no me parecen demasiado importantes, sobre todo si hablamos de agosto, que es un mes en el que ya la ciudad está paralizada de por sí. Si, además, se trata de cortar el tráfico, esa será una medida que yo siempre recibiré con aplausos, porque creo que la ciudad es para los ciudadanos y no para los coches (aunque dentro de ellos vayan otros ciudadanos).

En cualquier caso, me parece que se podrían dar otras muchas razones, pero me da la impresión de que quienes protestan contra las JMJ lo que quieren es una razón, cualquier razón, para poder hacerlo, por lo que enredarse a discutir este o aquel argumento es una pérdida de tiempo, algo que ya he tenido ocasión de comprobar varias veces. Uno, en este caso yo, dice lo que le opina de la cuestión tras examinarla con cuidado e intentando ser objetivo, y el otro responde lo que quiere creer, con examen o sin él, sin responder a razones, sino tan solo expresando puras emociones.

Especialmente débil, casi diría que bochornosa, me parece la explicación de quienes están contra las jornadas católicas de que se va a bloquear la ciudad, ya que, no durante varios días sino durante varios meses, quienes hemos participado en el 15 M, hemos tenido ocupada la plaza más importante de Madrid y hemos (en este caso yo no lo he hecho, pero sí lo he visto) participado en continuas algaradas por las calles del centro, entorpecido el funcionamiento de instituciones como el Parlamento, etcétera. Me parece una simpleza manipuladora, que debería hacernos enrojecer, esgrimir tales razones. No puede haber uan ley para nosotros y otra para “los otros”.

Pero, más allá de la debilidad de todos estos argumentos, estoy en contra de que las protestas contra la JMJ sean en forma de manifestaciones convocadas para que coincidan con las jornadas, porque me parece un acto de beligerancia. Un acto de enfrentamiento que además nos deja en muy mal lugar a los madrileños, porque los que van a participar en las jornadas católicas no organizaron manifestaciones contra el 15 M, a pesar de que Rajoy casi llegó a proponerlo. Y si lo hubieran hecho, es fácil imaginar la indignación que se habría producido en las filas del 15 M.

No soy tan ingenuo como para creer que con el amor se puedan solucionar los problemas sociales, pero desde luego estoy muy lejos de sostener el cinismo extremo que parece creer que sólo mediante el enfrentamiento podemos mejorar y organizar la sociedad. Creo que la afición al enfrentamiento está aumentando de manera peligrosa entre aquellas personas que no opinan de la misma manera, y que conviene moderar esa crispación, o al menos no participar en ella. Me parece que las relaciones internacionales y las sociales dentro de una misma nación quizá no se puedan basar en el amor, pero sí en el respeto y, desde luego, no en el odio. Carezco de esa especie de resorte instintivo automático que se activa en muchas personas nada más ver a alguien vestido con los colores vaticanos y cuando veo a jóvenes católicos por la calle, o incluso a monjas y curas, puedo pensar que se equivocan (y lo pienso con bastante intensidad), pero no siento un desprecio ni un rechazo irracional. hacia ellos.

Anuncio de la Revolución del Amor Católico junto a mi casa

Por otra parte, resulta irónico que estos católicos que aquí se reúnen y que parecen demostrar una capacidad de convocatoria quizá superior a la de los que participamos en el 15 M, también sean admiradores de esa palabra vacía llamada “Revolución” y que llamen a lo suyo Love Revolution. Digo que resulta irónico porque la Iglesia católica es, como ya he dicho, una institución casi especializada en el odio (con excepciones notables como Juan XXIII y Juan Pablo I) y porque la revolución del amor es un concepto de los años 60, de aquellos locos y maravillosos años, cuando personas muy alejadas de la Iglesia, de hecho contrarias a ella, creyeron que el amor era más importante que el odio.

Probablemente recurrir al amor como a una fórmula mágica no es muy distinto de recurrir a la palabra “Revolución”, pero la verdad es que yo ya estoy cansado de gritar y prefiero conversar, escuchar, entender y explicar a quien quiera oír.

La cama de la paz en la revolución del amor

Supongo que evangelizar a estos jóvenes católicos en las virtudes del laicismo puede ser más interesante y útil que manifestarse contra ellos y que el hecho de que se paseen por las calles de una ciudad en la que los homosexuales se besan con toda libertad puede ayudar a hacer cambiar de opinión a muchos de ellos y abandonar ideas insanas y reprimidas, quizá a descubrir que pueden ser más libres de lo que creían, e incluso a manifestar y hacer realidad sus propios deseos y pensamientos. Despreciarlos, insultarlos, hacerles sentir que son mal recibidos no creo que les haga cambiar de opinión. Propongo, más bien, una minicelebración del día del orgullo gay fuera de fecha.

 

Entradas de Ensayos de teología

NUMEN - Mitología Comparada

 

Share

¿Reflexiones impopulares?

Madrid - Santa Isabel (4)

Cuando hacia finales de marzo inicié un viaje a China, escribí durante el largo vuelo un balance del 15 M, que en mi opinión estaba entonces entrando en una fase de crisis, previsible y razonable, por otra parte. He publicado algunos fragmentos, pero buscaré esas notas y quizá las publique íntegras más adelante, pero ahora quiero señalar, ya con más tiempo para observar la evolución del movimiento, algunas cosas que no me gustan. En otro momento, espero, hablaré de las cosas que sí me gustan, que son muchas, aunque ya lo he hecho en varias ocasiones.

No me gusta toda la retórica antisistema y la puesta en cuestión de la democracia. Desde el principio me pareció poco afortunado el uso de la expresión “democracia real”. Esa era la manera en la que la antigua dictadura de la Unión Soviética definía su sistema: la democracia occidental era “democracia formal” y la suya era la “democracia real”. Es un argumento que todavía se usa en Cuba, por ejemplo, para sostener esa especie de sistema hereditario republicano en el que dos  hermanos se pasan el poder el uno al otro.

No me gusta el uso constante de la palabra “revolución”. La revolución no puede ser una especie de teoría política. Es un fenómeno que se produce de vez en cuando y que cambia las estructuras del poder, o al menos a quienes lo detentan. Algunas veces ese fenómeno conduce a grandes resultados, como en el caso de la revolución de los claveles de Portugal o las de Egipto y Túnez. Otras veces, muchas veces, demasiadas veces, es la puerta de entrada al desastre y el crimen (Unión Soviética, China, Corea del Norte, Camboya…) Como cualquier persona sensata y que desea la justicia me habría alegrado con la Revolución francesa en su momento, como se alegraron Goethe, Hegel, Schelling, etcétera. Como cualquier persona sensata me habría espantado ante el Terror posterior, como se espantaron ellos, cada uno desde su propia posición ideológica. La Revolución inglesa trajo a Cromwell, la francesa el Terror, la rusa y la China el Terror de masas multiplicado. La revolución está justificada en muchos casos, pero casi siempre, en especial si es violenta, no sólo sirve para derribar el poder establecido, sino para establecer el siguiente poder con la fuerza de las armas, algo que ya denunció con mucha lucidez Woody Allen en el epílogo de Bananas, cuando el viejo revolucionario se convierte en el nuevo dictador.

Es evidente que en países como Egipto o Túnez hace falta algo parecido a una revolución, pero en otros como España lo que hace falta es sobre todo evolución. Llamar revolución a cualquier protesta es, además de un simplismo, una de las mayores aplicaciones del pensamiento mágico, una especie de mantra que se repite como si contuviera la solución de todos los problemas. La revolución casi nunca es deseable (excepto en las dictaduras criminales), sobre todo si provoca una inestabilidad permanente: es cierto que suministra diversión a unos cuantos, los que se lo pueden permitir, pero perjudica a muchas más personas, especialmente las más desfavorecidas.

Los sectores que menos me gustan del movimiento del 15 M son los que hablan constantemente de revolución, los que presumen de atacar el control del estado y los que emplean el anonimato para actuar de manera impune, usando, por ejemplo, su poder informático, para tumbar las páginas que no les gustan y ocultándose detrás de máscaras de Guy Fawkes, el hombre que quiso volar el Parlamento inglés con todo el mundo dentro. A pesar de que en cierta medida sigo considerándome anarquista, tengo claro desde hace muchos años que actualmente el más extendido es un tipo de anarquismo, emparentado con el ultraliberalismo americano, que es el reflejo invertido, pero no lo contrario, del fascismo de personajes como Unabomber o el asesino noruego. Una forma de elitismo antisistema que se basa más en el rencor, el odio y la envidia que en la lucha por la justicia o la libertad. Sería injusto considerar que el 15 M se reduce a esos sectores, pero sería iluso también no darse cuenta de que están ahí, con una presencia destacada, aunque supongo que muchos de los que llevan las máscaras inspiradas en Fawkes y el comic V de Vendetta de Alan Moore ni siquiera saben lo que significa. No me gusta el uso de máscaras y del anonimato con fines políticos, ni el uniforme robótico de caras hieráticas sonrientes, ni los modos de actuar ni las intenciones. Pero no quiero detenerme en este asunto porque sería injusto distorsionar el movimiento centrándolo en el sector más extremista, que es, como decía uno de los lemas del 15 M, más que parte de la solución, son parte del problema.

No me gusta la tendencia de muchos de los participantes en el 15 M, los indignados, o como queramos llamar a este fenómeno, a autodenominarse “pueblo”. El “pueblo” es una entelequia que sirve para justificar cualquier cosa y se podrían decir muchas cosas acerca de ese asunto, pero para no desviarme del tema, diré simplemente que nadie tiene derecho a  autonombrarse como “el pueblo”. El pueblo no habla casi nunca y si lo hace es brevemente. Podemos decir, si somos flexibles, que una parte del pueblo, quizá una parte importante pero no mayoritaria, habló, hablamos, el 15 de mayo. Pero ya no sigue hablando. Ahora hablan personas y grupos, que tienen todo el derecho a hablar, pero no a calificarse como la voz del pueblo.

Me inquieta cada vez más la insistencia en lemas como “No nos representan”. Si eso quiere decir que un grupo concreto formado por Fulano y Mengano y otras diez, cien, mil o diez mil personas no se sienten representados por los políticos actuales, estupendo. Yo tampoco me siento representado ni creo que pueda sentirme plenamente representado por ningún político o partido. Sólo puedo sentirme más o menos cercano o lejano a uno u otro y puedo pensar que es preferible que gobierne uno u otro, pero, a pesar de mi falta de identificación con ellos, esos políticos han sido elegidos en unas elecciones democráticas y, por poco que me gusten, sí que representan a la población española, y están en su derecho a hacerlo, al menos hasta que no se invente un sistema menos malo que la democracia parlamentaria. También estoy de acuerdo cuando ese lema se aplica, como se ha visto en muchas manifestaciones a los “políticos corruptos”, porque es obvio que no deberían poder representarnos. El problema es que me temo que la frase “no nos representan” se emplea muy a menudo con otro sentido, el absoluto: “[Los políticos] no nos representan a nosotros [que somos el pueblo]”. Lo siento, pero eso no puedo aceptarlo. Con todos los errores y defectos de la democracia española, que son bastantes, los políticos no sólo nos representan, sino que, lamentablemente, nos representan demasiado bien: sólo así se explica que los madrileños elijan una y otra vez con mayorías absolutas  a Esperanza Aguirre, o que los valencianos eligieran también mayoritariamente al “corrupto” Camps. He puesto entre comillas lo de corrupto no porque yo crea o no crea que Camps es corrupto, aunque conviene recordar a muchas personas que uno de los elementos del estado de derecho es la presunción de inocencia. Camps va  ser juzgado (no está mal para un sistema podrido) e incluso se ha visto obligado a dimitir. Es una prueba de que los mecanismos legales y la libertad de prensa funcionan bastante mejor de lo que se dice una y otra vez. Pero, al margen de que sea culpable o no Camps, me parece que la desmesurada atención a sus trajes hace que el debate político quede prácticamente reducido a cero. ¿Los trajes de Camps es lo peor que podemos decir de Camps? Hay que tener cuidado con estas obsesiones porque esa es la mejor arma de la derecha populista, como bien sabe desde hace décadas Berlusconi: que todos se centren en tus rarezas, escándalos y extravagancias y la política quede a un lado. Es un método que funciona. Funciona muy bien.

Capitalismo (las orejas de Mickey Mouse, el anuncio de L’Oreal al fondo), nazismo (Himmler), Europa=dinero (el signo del euro) y los políticos de la democracia (“No nos representan”). Ingenioso, pero ¿es todo lo mismo? ¿O es un perfecto ejemplo de esa manipulación por la imagen que tanto se denuncia?

Tampoco me gustan esas consignas tan repetidas de “No se trata de cambiar el gobierno, sino el sistema” ¿Qué quiere decir eso exactamente? ¿Se refieren al sistema capitalista, a la democracia? Es obvio que hay que cambiar tantas cosas que, si se lograran cambiar todas, casi podríamos hablar de un cambio de sistema, pero me temo también que no hay atajos y que la manera más segura de lograr cambiar el sistema es a través de los mecanismos (quizá en muchos casos reformados y reformables) del propio sistema: hacer nuevas leyes, desarrollar nuevas propuestas, porque siempre habrá nuevos problemas que afrontar cuando se resuelvan los que hay ahora. Muchos se han resuelto en los últimos años: un avance impresionante en la legislación internacional, la persecución de dictadores y militares criminales más allá de sus fronteras, la progresiva igualdad de derechos de las mujeres, la construcción de una Europa unida en vez de países permanentemente en guerra, la construcción de un estado de bienestar como nunca ha existido en toda la historia de la humanidad, los derechos de la población homosexual, la abolición de la pena de muerte en cada vez más países del mundo, la sanidad universal aprobada ayer mismo en España, el comienzo del fin de los paraísos fiscales a raíz de la crisis…

A lo mejor deberíamos parecernos a los noruegos que dicen que sí se sienten representados por sus políticos, porque a lo mejor la culpa no es sólo de los políticos sino de todos nosotros, que hemos estado de vacaciones mientras no había crisis y que ahora que nos ha caído la crisis encima nos ha venido también de repente un angustioso sentido de la responsabilidad, aunque volcado fundamentalmente en decir qué es lo que hacen mal los demás (que lo hacen, no lo dudo). A lo mejor los políticos están solos porque les hemos dejado solos. Cada uno es libre de implicarse más o menos en política (yo en particular confieso que nunca me ha tentado el asunto), pero quien quiera hacerlo tiene instrumentos suficientes para ello. Lo que pasa es que hay que usarlos. En Noruega muchos empiezan a los catorce años, por eso entre los muertos causados por el criminal antisistema fascista en la reunión de juventudes socialistas había muchos adolescentes.

Tampoco me gusta la soberbia de muchos participantes del movimiento, su chulería, la manera en la que se expresan como si tuvieran la solución a todos los problemas y los políticos fuesen tan increíblemente estúpidos que prefieren precipitarse en la nada antes que adoptar soluciones que están ahí , a la vista de todos. Sabemos, por ejemplo, que la ley electoral española es injusta, pero tampoco está tan clara la solución: ¿el modelo alemán, el francés, el inglés el americano? Casi todos, por cierto, son más injustos: si no me equivoco, en el americano el perdedor en un estado no tiene representación aunque saque el 40% de los votos. Es decir el partido perdedor de Texas se queda sin representantes durante cuatro años. Hay que cambiar muchas cosas, sí, pero pensar que la solución es sencilla o que ya la tenemos aquí delante es un ejemplo de lo que los ingleses llaman wishful thinking, pensamiento ilusorio, que consiste en dejarnos guiar en nuestros actos por lo más nos complace, en vez de en el análisis de situaciones reales, confundiendo los deseos con la realidad, avanzar a  golpes de emociones. Las emociones son importantes, muy importantes, pero también lo es el análisis realista, el trabajo diario sensato una vez que hemos salido del parque de atracciones emocional.

Debido a lo anterior, tampoco me gusta el recurso a argumentos simplistas con los que se obtiene el aplauso fácil, el decir lo que los que escuchan quieren escuchar, la actitud de aquellos que, como decía alguien, “siempre tienen razón, pase lo que pase”. Están los que siempre tienen razón y los que se ponen a hacer las cosas y descubren que no son tan fáciles como imaginaban. Creo, además, que lo popular no es ninguna garantía y que un buen político no debe decir lo que el pueblo, sea eso lo que sea, quiere que diga, sino lo que él cree. Recuerdo unas declaraciones en este sentido de Adolfo Suárez, cuando le decían que un político debía hacer lo que el pueblo quería que hiciera. Dijo algo así como que un político debe tener oído para escuchar las demandas sociales, pero no debe hacer lo que el pueblo le dice que haga, sino lo que él cree, de manera acertada o equivocada, que debe hacer. Un político debe decir: “Esto es lo que yo quiero hacer, si te parece bien dame tu voto y si ves que no lo hago, retíramelo”. Quizá esa integridad final le precipitó desde sus 162 diputados a sólo dos (él y Rodríguez Sahagún). Si se atendiesen los deseos del “pueblo” (de la mayoría de la población) en muchos países, entre ellos posiblemente España, habría pena de muerte, no habría derechos homosexuales y tantas otras cosas a las que inevitablemente nos llevaría seguir la voz popular.

Es cierto que a veces los políticos están por delante de eso que podemos llamar mayoría social, mientras que en otros casos están por detrás, como en las maravillosas y pacíficas revoluciones de pueblos supuestamente “no preparados para la democracia” como Túnez y Egipto. Pero no hay una fórmula mágica. En mi opinión, los políticos, los que a mí me gustan, los que creen en políticas progresistas, en compensar las desigualdades sociales, tienen que estar por delante de la sociedad y ser en cierto modo “impopulares”, como lo era Bertrand Rusell cuando publicó sus Ensayos impopulares, que con el tiempo se convirtieron en lo que todo el mundo pensaba, pero no porque Rusell se adaptara a la gente, sino porque la gente cambió de manera de pensar, en parte gracias a Russell.

Otro asunto es el entusiasmo. El entusiasmo es un mal consejero. Yo siento verdadero entusiasmo de manera natural por algunas cosas, más que nada por estar vivo. Me gusta la vida, disfruto del mundo, siento un gran placer casi simplemente al despertarme y cuando camino por la calle, observando cualquier pequeño detalle. Disfruto muchísimo, incluso de los malos momentos, porque creo lo que decía William Blake: “El hombre ha sido hecho de alegría y dolor y cuando entendemos esta verdad marchamos más seguros por un mundo mejor.” Quiero decir con esto que no necesito estimulantes artificiales del entusiasmo (me parece que muchas personas sí los necesitan y los buscan casi con desesperación). Pero aunque el entusiasmo me llena de fuerza, no me dejo llevar por el entusiasmo, porque también creo lo que decía Aristóteles: que una vida sin reflexión no merece ser vivida. He vivido el entusiasmo del 15 M desde el primer día y he disfrutado muchas noches en Sol, pero no puedo distorsionar la realidad que ahora observo para seguir viviendo en un entusiasmo acrítico.  Insisto en que el entusiasmo es una emoción estupenda pero no es una forma de pensar estupenda. El entusiasta tiende a creer que hay mucha más gente que piensa como él de la que en realidad hay, y que basta con desear mucho las cosas para que sucedan. Garton Ash decía que él era optimista de la voluntad pero pesimista del intelecto. No está mal, pero incluso podríamos decir “optimista de la voluntad, realista del intelecto”. Creo que lo que ha pasado es maravilloso y que ha dado lugar a muchas cosas buenas, pero que el abuso de una manera de actuar entusiasta, acrítica y soberbia, la movilización permanente que ya se hace cansina, la búsqueda de titulares constante, la ocupación sin criterio ninguno de lugares emblemáticos como Sol o los aledaños del Parlamento para así salir en las noticias y la multiplicación de consignas están estancando el asunto más que favorecerlo. De hecho me inquieta bastante que haya tantos lemas y consignas. El discurso de lemas, de aforismos, de frases estupendas e impactantes, es un  rasgo de ingenio, pero no la mejor estrategia para profundizar y resolver los problemas. Por otra parte, como le dije  a mi amigo Marcos en los primeros momentos que anunciaban la crisis del movimiento (en la resaca de las elecciones) el estado natural de los españoles es la indignación. El español es un indignado por definición, que siempre se está quejando (ya lo hacía antes de la crisis), así que pedirle que se indigne más es como echar gasolina al incendio. Hessel contaba en una entrevista que él no quería llamar a su libro Indignaos y que fue más bien una decisión comercial por parte de sus editores. Ahora ha escrito una continuación que se llama Comprometeos, porque sabe que el entusiasmo de la indignación sirve para ponerse en marcha pero no para avanzar con paso seguro hacia cambios que valgan la pena. Quizá su tercer libro debería llamarse Reflexionad. Lo escribiría yo mismo, si no fuera porque no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer, ni los verbos imperativos.


POLÍTICA

Share