Casualidades

Tal vez algún lector de estos weblogs se haya dado cuenta por casualidad de que a menudo digo frases como: “Quiso el destino que al día siguiente…” o “Un azar caprichoso ha querido…”, o, en fin: “La casualidad ha querido…”

Me gustan mucho estas suposiciones acerca del orden o desorden hipotético del cosmos que se esconde tras nuestros actos y quiero aclarar hoy de qué manera contemplo las casualidades.

Yo cometo la vulgaridad inexcusable de ver las casualidades como casualidades.

Si digo que una amiga de mi madre suscitó en mí la imagen de la serpiente y que un día después la casualidad quiso regalarme un sobre de azucar con el signo chino de la serpiente; y que un día más tarde, al consultar unas páginas de astrología, recordé que mi signo en el nuevo cielo astrológico ya no es Sagitario, sino Ophiochus, la serpiente… si aludo a estas tres casualidades sucesivas y a continuación concluyo que voy a  adoptar la imagen de la serpiente para mis ensayos polémicos, no lo hago porque crea que tras esas casualidades sucesivas se esconde un orden o un propósito oculto que dirige mi vida.

No creo tal cosa porque, como ya dije, me tomo las casualidades como verdaderas casualidades: ese es para mí su verdadero encanto y su interés real.

Si tras esas serpientes sucesivas se esconde un mecanismo determinista (espiritual o material), entonces dejan de ser casualidades y se convierten en piezas triviales de una maquinaria vulgar y de una Inteligencia cósmica más bien simplona.

Por ello, para un creyente en las casualidades como soy yo, no hay nada más pernicioso que creer que las casualidades tienen un motivo, porque entonces ya no son casualidades.

Y sigo en este mi cerebro supletorio que es mi página web con un tema relacionado: Creer en todo.


[Publicado el 24 de diciembre de 2003]

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Los dioses de Khemi
Comparación Automática 001

God Is Dead 002

Esto es una comparación automática que escribí tras leer el texto publicado por Jaime E. Cabria en su página dedicada a los dioses de Khemi: La página de Ptah

Es sólo un juego, sin ninguna pretensión de rigor o corrección, aunque quizá pueda dar origen a una investigación más detenida de algunos puntos.

Pongo en texto negro el original y en marrón mis asociaciones automáticas. El texto de Jaime E. Cabria es muy interesante y vale la pena leerlo íntegro, por lo que no he quitado nada.

Se supone que la comparación era entre los mitos egipcios y los griegos, pero no he podido evitar, aunque no era mi intención, pensar a veces en mitos de otras culturas.

NOTA en 2014: Finalmente, hay que tener en cuenta que esto es un método de trabajo para estimular la creatividad, así que puede resultar un poco aburrido para otra persona leer estas disquisiciones tan personales, que son como un flujo de pensamiento sin censura ni revisión. Creo que coincide  on el método que emplea el editor Walter Murch cuando le  llegan los ccopiones de una nueva película: simplemente los mira y anota todo lo que se le pasa por la cabeza, sin más. Se supone que a partir de este trabajo privado surgiría un trabajo hecho pensado en otro lector. Espero recorrer esa etapa dentro de unos días.

COMPARACIÓN AUTOMÁTICA 001: LOS DIOSES DE KHEMI

1. LOS DIOSES DE KHEMI

(Jaime E.Cabria)

LA CREACION.
En los Textos de las Pirámides encontramos la leyenda de la Creación; asimismo en el papiro del Museo Británico 10188 encontramos un sortilegio para destruir a Apopi, serpiente-demonio de la Oscuridad. En él encontramos que Ra adoptó la forma de Khepra:
“El cielo no existía y la tierra todavía estaba sin crear, y las cosas de la tierra y las cosas reptantes no habían nacido en ese lugar, y Yo las hice salir de Nu fuera de su estado de inactividad.
No encontré ningún lugar donde pudiera permanecer de pie. Impuse un sortilegio sobre mi propio corazón. Establecí una fundación en Maat. Creé toda forma. Era un ser único. No había emanado de mí el dios Shu, y no había arrojado de mi ser a la diosa Tefnut. No había ningún otro ser trabajando conmigo. Una multitud de cosas creo desde mi corazón”

Pero el Sol, el ojo de Nu, estaba tapado por Shu y Tefnut, sus hijos; tras un largo período éstos salen de Nu y llevan consigo el ojo de su padre.

Entonces Khepra lloró, y de sus lágrimas nacieron el hombre y la mujer.

El dios hizo entonces otro ojo, la luna, y creó las plantas y los reptiles; y Geb y Nut, Osiris e Isis, Seth y Neftis y Horus nacieron de Shu y Tefnut. Es la Eneada Heliopolitana.

ENEADA HELIOPOLITANA
Son los dioses de Iunu, llamada Heliopolis por los griegos, capital del nomo XIII, Heqat.

Ra

“Padre de todos los Dioses”. Creador del Universo. Su importancia se establece en el período Tinita, aunque es en la Dinastía IV cuando los Faraones adoptan el título de “Hijo de Ra”. Es representado como hombre con cabeza de halcón o carnero; sobre ésta el disco solar y el ureo. Al amanecer es Khepra, al mediodía Ra y al anochecer Atúm.
Posee 14 Kas (Hu-alimentación; Shepes-gloria; Iry-producción de alimentos; Nejt-victoria; Udy-prosperidad; Uas-honor; Aju-estrépito; Shemes-fidelidad; Ayefa-abundancia; Heka-magia; Dyehen-resplandor; User-vigor; Seped-habilidad; Pesedy-luminosidad).
Con forma de toro Mer ur se asocia a la fertilidad de los campos.

Shu

Hijo de Ra y esposo de Tefnut. Es representado como hombre con una pluma de avestruz en la cabeza, sujetando a Nut, el cielo.
Su nombre significa “estar vacío”; es el aire que está entre cielo y tierra, el que permite respirar a los seres vivos. Sus huesos se ven en forma de nubes, que ayudan a Ra en su ascensión.

Tefnut

Mujer con cabeza de leona y disco solar sobre ésta. Hija de Ra, Esposa de Shu, madre de Geb y Nut. Representa la humedad. Creada de la saliva de Ra.

Geb

Hombre con el pene en erección con una oca sobre la cabeza. Dios de la tierra; esposo del cielo, Nut, constituye el principio de la fertilidad y de la vida de todo lo que vive sobre la tierra. Llamado Gengen Ur, el “Gran Cacareador”, es la razón de la divinidad del Rey ya que éste es considerado como Horus y lleva el título de “Heredero de Geb”.

Nut

Mujer arqueada sobre la tierra con el cuerpo recubierto de estrellas; mujer con un vaso sobre la cabeza. Es el cielo, la bóveda que contiene el Universo, el lugar que recorre el Sol, al que da a luz cada mañana. Madre de Osiris, Isis, Seth y Neftis, engendrados de Geb en los 5 días epagómenos (leyenda que relataré más adelante).

Osiris

Señor del Amenti. Hombre momificado que lleva los símbolos de poder (el trillo y el cayado); sobre la cabeza, la corona Atef. Como símbolo tiene el pilar Djed, columna vertebral del dios. Divinidad de la vegetación y Soberano del Más Allá. Juez Supremo en la pesada del corazón en la Sala de las Dos Verdades. Es la personificación de la historia y el poder de Khemi (junto a Isis), antepasado directo de la realeza.

Isis

Su nombre significa trono, y así es representada la diosa, como una mujer con un trono en la cabeza; también puede llevar dos cuernos liriformes con el disco solar en medio; mujer alada, con cabeza de vaca, escorpión (Hedjedet), hipopótamo (Raret), cobra o leona (Uadjet). Representa el trono, la fidelidad, es la Gran Diosa Madre; personifica la maternidad, la fertilidad. Hermana y esposa de Osiris, madre de Horus.

Seth

Señor de Alto Egipto. Hombre con cabeza de animal desconocido; algunos egiptólogos creen que puede ser un asno, una jirafa o un lebrel. Aunque la leyenda le identifica con la violencia, el mal y el desierto (en contraposición a Osiris), no está claro que siempre fuese así. Tal vez se deba al aumento progresivo del culto osiríaco, ya que incluso algunos reyes llevaron su nombre, v.gr. Sethi I; además está presente en la ceremonia Sema-Taui, unión del loto y el papiro, símbolos del Norte y el Sur de Khemi, Bajo y Alto Egipto, en el rito de la coronación del rey.

Neftis

Señora de la Casa. Mujer con el jeroglífico de su nombre sobre la cabeza; mujer alada. Esposa y hermana de Seth, hermana de Osiris e Isis. Madre de Anubis, que es engendrado de su relación con Osiris, aunque también es denominada Mujer sin Vagina por su unión con Seth. Está relacionada con los ritos funerarios (las vendas de las momias son llamadas “Mechón de Neftis”).

Curiosamente, la primera similtud que me ha venido a la cabeza no ha sido con Grecia, sino con Japón, pues, si no recuerdo mal, en Japón también en el momento de la Creación un Dios busca un lugar en el que pueda permanecer de pie como hace Ra, porque todo es fango o agua. Pero este mito es común a muchas mitologías.
Los 14 kas de Ra me recordaron a los me de Mesopotamia, que son también atribuciones y propiedades y que aparecen en un relato muy divertido en el que Innana le roba esos me a Enki.

De Iside et Osiride (De Isis y Osiris)
Leyenda de Plutarco (breve relato).
Aunque partes de este mito se encuentran en los Textos de las Pirámides, es gracias a Plutarco que conocemos casi la totalidad de la leyenda; brevemente es:
Iracundo Ra porque Nut era amada por Geb, y éste era correspondido, decretó que la diosa no tendría hijos en ningún mes ni en ningún año. La maldición de Ra no podía ser ignorada por ser el dios supremo. Nut acude a Thoth, que también la amaba, y éste acude al dios de la Luna, que compite con el Sol en luminosidad. Le reta a un juego de mesa con una fuerte apuesta; el dios de la Luna pierde el juego y la apuesta, que consistía en la decimoséptima parte de su luminosidad (por esto la Luna desaparece cada 28 días). Con esta luz, Thoth añade 5 días al año (antes el año tenía 360 días) de tal forma que no pertenecen al año anterior ni al siguiente, ni a ningún mes; son lo 5 días epagómenos que permiten dejar de lado la maldición de Ra. En estos días, Nut tiene a sus hijos Osiris, Horus (el viejo), Seth, Isis y Neftis.
En el momento del nacimiento de Osiris, en toda la tierra se oyó: “Ha nacido el buen y gran rey de la Tierra”. Con el tiempo, las profecías se cumplieron; Osiris trajo la civilización al valle del Nilo, y sus habitantes, que practicaban el canibalismo y los sacrificios humanos, reciben con júbilo las enseñanzas y leyes que Osiris les trae (cultivo de la tierra, leyes morales, ritos correctos para venerar a los dioses, …).

Esto me ha recordado al titán Prometeo, que robó el fuego a los dioses y se lo entregó a los hombres, llevándoles el conocimiento y la civilización. La similitud aumenta cuando vemos que Osiris es acechado y finalmente asesinado por su envidioso hermano Seth. En el caso griego, Prometeo es castigado por su sobrino Zeus, quien lo ata a un monte del Caúcaso donde un águila le devora las entrañas, que le vueven a crecer (Osiris es despedazado). Lo del cofre, claro, recuerda a muchos héroes abandonados en el río en una cesta o un cofre, como Moisés o Sargón de Acad.

Una vez conseguido, Osiris marcha a enseñar a otros pueblos deja a su esposa y hermana Isis al frente de Khemi. Pero alguien envidia los logros de Osiris, su hermano Seth, Señor del Desierto. Seth, apovechando la bondad infinita de su hermano, prepara (a su vuelta) un gran banquete. Isis avisa de la maldad de Seth a su esposo, mas éste no ve ningún mal en asistir al banquete en su honor. Seth se alía con Aso, reina de Kush, y con otros 72 conspiradores; en secreto, mide el cuerpo de Osiris y manda fabricar un cofre, con las medidas del rey, rícamente adornado. Al final del banquete, Seth ordena sacar el cofre y anuncia que lo donará a quien entre en él. Todos intentan entrar, pero no caben; Osiris, sin ver mal alguno en ello, se mete en el cofre y, en segundos, éste es cerrado, clavada la tapa y sellada con plomo derretido. Poco después, el cofre es arrojado al Nilo, en su desembocadura tainítica.

La muerte de Osiris me ha recordado a la muerte de Balder de la mitología germánica. Balder, como Osiris es un Dios de bondad infinita al que detesta Loki. Loki necesita algo con lo que matar a Balder, pero todos los seres del universo aman a Balder y ademas han jurado no hacerle nunca daño. Excepto una pequeña ramita que, por ser considerada tan poca cosa, no ha jurado. Con ella matará Loki a Balder.

Cuando Isis recibe la noticia, siente un gran dolor, se viste de luto y se corta un mechón de su melena. Sabedora de que los muertos no pueden descansar si no son enterrados con los ritos funerarios adecuados, emprende la búsqueda de su esposo/hermano. Mucho tiempo pasó preguntando a todo hombre y mujer por el cofre tan ricamente adornado; un día, viendo a unos niños jugando en la orilla del Nilo, se acercó a preguntarles; los niños le informaron del lugar donde Seth y sus secuaces había dejado el cofre (desde entonces, los egipcios creyeron que los niños poseían dotes naturales de adivinación).
Gracias a la Magia, Isis descubre que las olas han llevado el cofre a Byblos y lo han arrojado en un arbusto de tamarisco; este arbusto se convirtió en un maravilloso árbol con el cofre en el interior del tronco. El rey de Byblos, Melcarthus, fascinado por el árbol, lo hizo talar para usar su tronco como columna de sujeción del techo de su palacio.

La búsqueda que emprende Isis de su hermano Osiris me ha recordado la que emprende Démeter en busca de su hija Perséfone, atrapada en los Infiernos por Hades.
Cuando Isis pregunta a los niños, he pensado en Agustín de Hipona cuando preguntó a un niño que jugaba en la playa.

Isis acudió a Byblos, donde se sentó en una fuente. No habló con nadie, salvo con las doncellas de la reina, a las que habló con dulzura, peinó y perfumó con su divino aliento, más fragante que las flores. Cuando las doncellas llegaron a palacio la reina Astarté les preguntó cómo iban tan peinadas y perfumadas; aquellas le contaron el encuentro con la bella extranjera, y la reina hizo que la trajeran a palacio, convirtiéndola en enfermera personal de uno de los príncipes.
Isis alimentó al niño dándole el dedo a chupar. Por la noche, cuando todos dormían, ponía grandes troncos al fuego y echaba al niño a las llamas; después se convertía en una golondrina y emitía grandes lamentos por su esposo/hermano muerto. Corrieron rumores de estas prácticas por palacio y una noche la reina se escondió en la sala para comprobar si eran ciertos. Cuando Astarté vio al niño entre las llamas, corrió aterrorizada a rescatarle e Isis la reprendió diciendo que privaba al infante de la inmortalidad. Después reveló a la reina su verdadera identidad y le explicó los motivos por los que se encontraba en Byblos, pidiéndole que le entregara el pilar que sujetaba el techo de palacio. Cuando le fue dado, abrió el tronco y sacó el cofre que contenía el cuerpo de Osiris; su lamento fue tal que uno de los príncipes murió de terror. Desde entonces, el tronco fue conservado y venerado en Byblos. Por este motivo, uno de los muchos nombres de Osiris es: “el que está en el árbol”.

Lo de los niños arrojados a las llamas me ha recordado a Tetis, la madre de Aquiles, que sumergía a sus hijos en un caldero hirviente o tal vez en fuego también para convertirlos (como Isis) en inmortales. Pero se le quemaban, excepto Aquiles, al que alguien rescató cogiéndole del talón (por eso el talón era el único punto vulnerable de Aquiles, “talón de Aquiles”) y por donde murió de un flechazo certero de Paris. También me ha recordado leyendas irlandesas de calderos en los que se sumerge a la gente para hacerlos inmortales.


Isis volvió a Egipto por mar, abrió el cofre y lloró amargamente por su esposo. Después Isis se retiró a Buto para descansar.
Seth, que se encontraba cazando a la luz de la luna, descubrió el cofre, y encolerizado destrozó el cadáver de Osiris y esparció los 14 trozos por todo Khemi.

Lo de los trozos de Osiris me ha recordado al menos tres cosas (que recuerde ahora):

1. El mito griego en el que el monstruo Tifón le quita los tendones a Zeus y los guarda en un frasco. Precisamente este mito es el que servía a los griegos para justificar que los dioses egipcios tuvieran formas de animales: asustados tras la acción de Tifón, los dioses se refugiaron en Egipto bajo la apariencia de animales.


2. El mito de los spartakoi o seres nacidos de los huesos del dragón que nacieron de la tierra cuando Cadmo tiró unos huesos de dragón o serpiente hacia atrás. Es curioso, de nuevo (pero no quiero decir que haya relación necesariamente con este mito) que también la leyenda de Cadmo esté bastante relacionada con Egipto.

3. En tercer lugar, me ha recordado un mito de la India: el de la desmembración del primer Dios Prajapati-Purusha.

Pero hay muchos más mitos de desmembración en Grecia y en otras culturas, que no intento recordar ahora, porque estoy practicando la asociación automática o espontánea.

Isis volvió a Egipto por mar, abrió el cofre y lloró amargamente por su esposo. Después Isis se retiró a Buto para descansar.

Seth, que se encontraba cazando a la luz de la luna, descubrió el cofre, y encolerizado destrozó el cadáver de Osiris y esparció los 14 trozos por todo Khemi.

Al descubrir este último acto, Isis, asistida por Neftis y Toth, vuelve a emprender la búsqueda de los trozos de su esposo; cuando encontraba uno, mandaba erigir un templo en el lugar(por esto hay tantas tumbas de Osiris en Khemi); solo faltó el falo, comido por tres peces, Phragos, Lepidotos y Oxirrincos. Asistida por Anubis, Isis recompone el cuerpo de Osiris y practica la primera ceremonia de “Apertura de los Ojos y la Boca” y la primera momificación. Gracias a la Magia, se convirtió en milano y aleteó sobre el cuerpo de Osiris, ventilando sus conductos nasales y dándole la suficiente vitalidad para embarzarla de Horus (el joven), al que dará a luz en la isla de Shemis, en el delta. Así, Horus se convierte en hijo póstumo de Osiris, a quien Isis deberá proteger (también Isis es protectora de la infancia).

Cuando Isis recompone el cuerpo de Osiris, le falta precisamente el falo, lo que me recuerda el mito de la castración de Kronos por Zeus, cuando los testículos de Cronos son lanzados al mar y, según algunas leyendas, de ellos nace Venus. Castración que era una repetición de la que Cronos había practicado con su padre Uranos. Hay que suponer que el falo de Osiris también fue lanzado al mar (o por lo menos a un río), puesto que se lo comieron tres peces según indica Jaime E. Cabria, al que agradezco desde aquí su página que me ha dado pie a esta comparación no odiosa y sí automática.

*************

[Publicado en 2004]

[La imagen de la cabecera es del cómic God is dead, de Jonathan Hickman y Mike Costa, en el que los dioses de las principales mitología se enfrentan en un combate mortal]

****************

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¿Dónde está la serpiente?

|| La lengua de la serpiente /1

La serpiente ha sido el símbolo del mal en la cultura judeo-cristiana. La tentación que en el paraíso propuso a los hombres comer del árbol del bien y del mal.

Quizá esa capacidad de distinguir el bien del mal es lo que más me interesa de la serpiente.

Se puede opinar acerca de todo, por supuesto, pero ello no significa, como parecen creer muchos, que no se pueda tener una opinión acerca de nada.

No tengo demostraciones científicas de mis ideas, porque no las hay. Como decía Bertrand Ruseell (hoy tan injustamente olvidado), al final tenemos casi siempre que recurrir a la fe para justificar nuestras ideas.

Es cierto, tenemos que recurrir a la fe, a la fe en que no nos engañan nuestros sentidos, a que hemos hecho un buen cálculo matemático y no hemos escrito mal un número en el camino, a la fe en que si una medicina muestra efectos adversos los científicos acabarán advirtiéndolo. A la fe en las buenas razones, como hacía el propio Bertrand Russell.

El problema es que los que dicen que todo es opinable (yo también lo digo) también se preguntarán quién dictamina cuándo una razón es buena o mala. Pues yo les voy a dar una pista para distinguir buenas razones:

“Buenas razones son aquellas que se niegan a escuchar aquellos que no siguen razones sino dogmas”.

Otra pista:

“Una buena razón es aquel argumento que, al no poder ser refutado con argumentos relacionados con él, obliga a que el aludido desvíe la conversación hacia un tema en el que en general todos están de acuerdo, pero que no aclara en nada la cuestión debatida.”

Un ejemplo de esto es el argumento del mal mayor: siempre hay un mal mayor que aquél al que no se quiere prestar atención;

¿Bush mata iraquíes?
Más mataba Sadam…

¿Hay pena de muerte en Cuba?
Más pena de muerte hay en Estados Unidos…

¿Hay pena de muerte en Estados Unidos?
Más pena de muerte hay en China…

¿Se paga poco por diez horas de trabajo de lunes a viernes?
Hay lugares dónde no se paga nada, porque no hay trabajo…

Etcétera.

  Ya dije en Un hermoso símbolo que yo, como la serpiente, esquivo la muerte y la justificación del asesinato. Creo que a menudo esnecesario recordar lo que se hace en el otro bando, pero nunca para justificar lo que hace nuestro propio bando.

Aunque soy una persona por lo general moderada, hay un asunto que, como dice mi hijo Bruno, me hincha literalmente la vena, la vena de la frente. Me gustaría que no sucediera así porque siempre me ha gustado ser apasionado, pero nunca he querido pasar por exaltado.

Pero no puedo evitarlo.

Ese asunto es la justificación ideológica del asesinato y la injusticia. La vena se me hincha en proporción directa a lo que yo aprecie o quiera a la persona justificadora. Si se trata de un desconocido, me suele dejar indiferente.

En la adolescencia aprendí que la izquierda luchaba por la justicia y que su fin era una humanidad libre. Llevé el razonamiento ingenuamente hasta sus últimas consecuencias y concluí que si uno era de izquierdas no podía justificar la pena de muerte, ni la tortura, ni el asesinato, ni el abuso ni la explotación.

Mi ingenuidad pronto fue castigada al constatar que la mayoría de la gente de izquierdas no llevaba el razonamiento hasta sus conclusiones lógicas e inevitables y que justificaban la pena de muerte, la tortura, el asesinato el incluso la masacre, siemopre y cuando los autores de esas cosas fueran los de su bando.

Desde entonces, tozudamente, me he seguido considerando de izquierdas, a pesar de tener que avergonzarme decenas de veces al oír a mis supuestos aliados justificar todo tipo de crímenes, al escuchar a personas esencialmente buenas desarrollar sutiles razones para aceptar el asesinato. Tengo que ser sincero y confesar que también he conocido a gente de derechas, a fascistas e incluso a nazis y que pocas veces les he visto justificar el crimen con la ligereza y el desparpajo con el que lo hacen tantísimos izquierdistas.

Cuando te opones a tales justificaciones, te miran como si fueras un lunático o un derechista, a pesar de que yo siempre identifiqué, quizá de un modo en exceso simplista, a la derecha con la injusticia, el uso de la fuerza, la coacción e incluso el crimen.

Godard, Sartre y Beauvoir colaborando en la distribución del peródico maoísta “La causa del pueblo”, en el mismo momento en el que en China la Revolución Cultural encarcelaba, perseguía y asesinaba a los que no seguían las consignas de Mao Zedong, alentando a los hijos a denunciar a sus padres, a los estudiantes a golpear y torturar a sus maestros y a destruir cualquier hecho cultural que no fuera considerado revolucionario.

Una conclusión temprana que saqué tras mis primeras decepciones fue que yo era verdaderamente de izquierdas y que ellos, los que se llamaban de izquierdas, eran de derechas: los que adoran a los caudillos vestidos de militares, los que entienden a Stalin como una reacción contra la presión occidental, los que piensan que los millones de muertos de Camboya son culpa de los Estados Unidos, los que se alegran de que mueran cada día ciudadanos iraquíes y soldados americanos (en la guerra contra Irán), los que justifican a un terrorista palestino que se convierte en bomba humana en un restaurante, los que consideran al IRA una especie de organización romántica que lucha (o luchaba) por la libertad de Irlanda, los que excusan a ETA y a quienes excusan a ETA. La lista es interminable.

Alguno ya estará pensando: pero te olvidas de los del otro lado.

Ese es el argumento del mal mayor, que también puede ser llamado: “No te metas con mi equipo, porque eso favorece al contrario. eso es más o menos lo que le dijo Sartre a Camus para no criticar a Stalin.

A eso respondo que no: también esquivo, como la serpiente, a los asesinos y justificadores del otro lado. Simplemente sucede, y esto es lo más triste de esta triste historia, que escucho una y otra vez a los que justifican algunas de las cosas que he mencionado y sólo muy raramente o nunca a quienes defienden a Sharon, Bush, Aznar y compañía. Apenas escucho justificaciones del nazismo y del fascismo (que además están perseguidas por la ley) mientras que continuamente he oído y todavía oigo justificaciones del comunismo soviético y del maoísta, justificaciones que no son perseguidas por ninguna ley, como sí lo es, el fascismo y el nazismo.

Es muy duro escuchar cómo se justifica alegremente el asesinato.

Me gustaría pensar, como hace mi amigo Juanjo, que la humanidad, a pesar de sus tropiezos, avanzará hacia la justicia y el fin de la violencia: “¿Realmente alguien pensaba que la esclavitud era razonable?”.

Ojalá sea así y en el futuro también se asombren de que alguien tuviera alguna vez que discutir cosas tan evidentes como las que he mencionado y piensen: “¿Pero realmente alguien no opinaba eso?”.

Si yo discuto cuando se mencionan esos asuntos es por una especie de sentido de la responsabilidad, que me hace imaginar que alguien me pregunte: “¿Y tú que decías cuando justificaban todo eso?”. No me gustaría responder: “Nada. Me quedaba callado.” Tampoco quiero que nadie piense que, porque yo sea de izquierdas, acepto todas esas cosas que aceptan tantas personas de izquierdas.

Ahora bien, quizá aquella primera conclusión que me hizo dictaminar que yo era de izquierdas y ellos no lo eran fue un error, porque ¿quién soy yo comparado con miles, cientos de miles de izquierdistas que no opinan como yo? Así que sé que no soy de derechas, pero es cierto que no está claro que tenga derecho a llamarme de izquierdas. Como la serpiente, de nuevo como la serpiente, lo único que puedo hacer es moverme de un lado a otro, esquivando los crímenes de unos y otros.


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Un hermoso símbolo

Una amiga de mi madre me regaló en una acalorada discusión, a los postres de una cena, un hermoso símbolo, en el que me siento representado.

Hablábamos de esto y lo otro, de Irak, de Euzkadi, de Irlanda, de Israel, de Palestina, y ella me dijo:

__Pero es que tú oscilas, te ondulas de un lado a otro.

Me di cuenta de que tenía razón: yo me ondulaba de un lado a otro. Y sin embargo, tenía también la sensación de moverme siempre en la misma dirección.

__ Sí, le dije, me ondulo, pero si te fijas bien, verás que este movimiento sinuoso y ondulante tiene algo siempre en común: “No matarás”. Siempre estoy contra los que matan, contra los asesinos, sean de un lado o de otro, contra la justificación del crimen. Así que es un movimiento ondulante pero muy firme y nada ambiguo: donde está la muerte no estoy yo.

La imagen que me vino a al cabeza es fácil de adivinar: la serpiente.

simbolo1

Una serpiente que va esquivando a los que asesinan y a los que entienden y justifican el asesinato, la tortura, la pena de muerte o la violencia.

Quiso después la casualidad, que al día siguiente, en la Biblioteca Nacional, me dieran un sobre de azucar y en el sobre de azucar viese esta imagen:

simbolo2

Por último, recordé que cuando se reformó el cielo astrológico, incorporando uno o dos nuevas constelaciones y símbolos, la serpiente y la ballena, a mí me correspondiese precisamente Ophiochus, la serpiente.

Y con esta hermosa imagen de la serpiente, que hago mía, me doy una excusa para escribir un nuevo texto de la sección ¡Discusión! que parecía hibernada, y que a partir de ahora se llamará: “La lengua de la serpiente”.


 

El primer asunto que trataré será precisamente donde estoy yo: Dónde está la serpiente. Muy pronto en esta página.


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