El autor no es el personaje

La vida secreta de Sherlock Holmes /7

Shakespeare y algunos de sus personajes

Shakespeare y algunos de sus personajes

La personalidad de Arthur Conan Doyle y la de su personaje son en muchos aspectos diametralmente opuestas. Esto no tiene nada de particular, porque un escritor no está obligado a parecerse a sus criaturas de ficción. Si Shakespeare se pareciera a sus personajes, deberíamos decir de él que tenía personalidad múltiple, porque, ¿cómo es posible parecerse al mismo tiempo a Otelo, Shylock, Próspero, Romeo, Macbeth, Viola o Julieta? ¿Cómo se puede ser a la vez cruel, sensato, reflexivo, impulsivo, romántico, cínico, egoísta y avaricioso, generoso y criminal, ocioso e hiperactivo, obsesivo y ligero?

Sí, es cierto que podría suceder que Shakespeare se pareciera de alguna manera a Shylock, pero que en otro aspecto se pareciese a Otelo; tal vez era celoso como Otelo, avaro como Shylock, romántico como Romeo y Julieta, dubitativo como Hamlet, cruel como Lady Macbeth. Ahora bien, también podemos pensar que todos esos personajes tan diversos esconden algún rasgo común y que, a pesar de sus diferencias, existe algo que todos comparten; podríamos aventurar, en consecuencia, que Shakespeare poseía este o aquel rasgo común o al menos frecuente en sus criaturas, pero como no se sabe casi nada de la vida del dramaturgo inglés, no es posible asegurarlo.

En cuanto a Conan Doyle, es difícil que le atribuyamos las ideas o la personalidad de Sherlock Holmes, porque, como ya he dicho, sus caracteres son opuestos. Holmes, por decirlo con brevedad, es el paradigma de la persona racional y razonable, que sólo cree en lo que ve, o en lo que puede deducir a partir de datos y hechos materiales evidentes. Por el contrario, Conan Doyle fotografiaba hadas y creía en los espíritus. No sólo creía en tales seres, sino que ayudaba a su segunda mujer a convocarlos en sesiones de espiritismo.

No se sabe con certeza si Conan Doyle creía de verdad en los espíritus, si solo fingía creerlo o si era uno de esos adeptos o iluminados que están convencidos de estar en posesión de una verdad tan grande que son capaces de mentir en los detalles, como hacia Madame Blavatsky cuando alguien descubría sus trucos en las sesiones de espiritismo:

«Respondía algunas veces con jactancias, pero otras veces confesaba el engaño con un guiño y una risita y decía que un truco de vez en cuando no invalidaba la realidad de sus poderes paranormales» [1].

Helena P. Blavatsky

Helena P. Blavatsky

 

 

Continuará


[Esta entrada ha sido escrita a partir de fragmentos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que finalmente no incluí en el libro]


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Cómo ser Sherlock Holmes.
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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


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  1. [1] Peter Washington, El mandril de madame Blavatsky.

No tan elemental en “La aventura del saber”

Una muy agradable e interesante conversación en “La aventura del saber”, con Salvador Valdés, un gran entrevistador, con el que fue un placer charlar.

Haz clic en la imagen de abajo si quieres ver la entrevista.

SALVADOR: Hola a todos. Acaba de aparecer este libro: No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes. Trata sobre el personaje, sus peculiaridades psicológicas, sus aficiones, sus métodos de investigación, su manera de leer el mundo y sobre todo aquelloq ue aquel que comparta la fascinación por el detective de Baker Street pueda imaginar. Bienvenido, daniel Tubau. Gracias por el libro.
DANIEL: gracias a vosotros.

SALVADOR: ¿Cómo conociste a Sherlock? ¿Qué edad tenías?
DANIEL: Pues era un niño o un adolescente. Yo creo que era un niño y que fue mi madre la que me enseñó los primeros cuentos. Empecé a leerlos. Yo creo que empecé con Estudio en escarlata, que es el primero que se publicó y el tercero cronológicamente de sus aventuras, y ahí me quedé fascinado por el personaje.

SALVADOR: Te cayó bien.
DANIEL Me cayó muy bien desde el principio.

SALVADOR: ¿No te resultaba un poco frío y demasiado listo?
DANIEL: No, yo creo que no, porque ya se sabe que también los adolescentes tienen esa tendencia. Se dice aquello de que los jóvenes creen que lo saben todo, los adultos dudan de todo y los viejos se lo creen todo. Pues yo era joven y pensaba que era mejor que los demás, así que un personaje que está un poco por encima resulta muy atractivo, porque criticas a los que te rodean y en fin…

SALVADOR: Y además es un personaje peculiar por muchas cosas. Le gusta tocar el violín. Tiene una adicción…
DANIEL: tiene una adicción, como el doctor House de la serie, que se basa mucho en el personaje de Holmes y es un personaje bastante extravagante, lo que ha reflejado muy bien la serie de la BBC: esa extravagancia que a lo mejor se perdía un poco al ver las películas de época, porque lo vemos en la época victoriana o eduardiana y nos parece una persona antigua, pero ahora… Era una persona extravagante en su época y lo vuelve a ser ahora.

SALVADOR: Tú crees entonces que la serie está bien, que interpreta bien lo fundamental del personaje.
DANIEL: La serie está hecha por holmesianos, está llena de guiños, lo que yo llamo en el libro “huevos de Pascua”, pequeñas sorpresitas para los aficionados, y se nota que los que la han escrito conocen al personaje a fondo. A veces mezclan historias, pero lo hacen muy bien. Las adaptaciones no son de un cuento o de una novela en particular, sino de varios mezclados y muy bien mezclados.

SALVADOR: ¿Y qué dirías tú que es lo fundamental del personaje?
DANIEL: ¿De Holmes? Ver una inteligencia en movimiento. Ver esa capacidad de desplegarse todos los poderes mentales de una persona y de ver signos en todo. Yo creo que lo que más le caracteriza de las veinte o treinta profesiones que se mencionan en el libro es una que casi no es una profesión, aunque si lo es en las editoriales, que es “lector”, es un lector. Lee el mundo, lee la realidad, el universo, las personas, lee libros también, enciclopedias.

SALVADOR: ¿Qué libros lee?
DANIEL: Precisamente hay un momento en Estudio en escarlata donde Watson hace una lista de los conocimientos de Holmes y en literatura prácticamente le pone cero, como si no supiese nada. Dice que no conoce a Thomas Carlyle, que era una figura en la época. Pero después, cuando sigues leyendo las aventuras de Holmes, ves que sí, que es también un lector de libros y que Watson se equivocó en eso. No se sabe si es que Holmes le tomaba el pelo a veces. Y sí, leía mucho. Una de sus lecturas clásicas básicas son los escritos de Francis Bacon, el canciller de Inglaterra al que se considera el creador de la ciencia moderna, porque a veces cuando habla Holmes parece que está citando directamente algún texto de Bacon. El Novum Organum

SALVADOR: Porque el pensamiento holmesiano, el método que él tiene para descubrir al asesino, al ladrón o al culpable, de solventar el caso, es científico…
DANIEL: Es científico, claro. El es un detective. Él se llama a sí mismo detective consultor, porque dice que es la última instancia a la que se acude cuando ya la policía o Scotland Yard ya no saben qué hacer… Acuden a él. Pero más que consultor es científico. Lo suyo es la aplicación del método científico al mundo policiaco, detectivesco, etcétera. Y por eso se lo considera precursor de muchos de los descubrimientos de la ciencia forense y también del análisis de la escena del crimen, lo que vemos en series como CSI. Pues eso es lo que decía Sherlock Holmes, que llegaba a al escena del crimen y decía: “Si llega la policía primero, lo destrozan todo y ya no hay nada que observar”. Es decir, conviene llegar antes que la policía.

SALVADOR: Otra de las cosas de las que se ha hablado mucho respecto al personaje de Sherlock Holmes es su relación con las chicas, ¿no?
DANIEL: Sí, tiene con ellas una relación difícil. No se le conocen relaciones… Bueno, hay una aventura en la que dice que ha seducido a una criada para poder acceder al personaje al que quiere acceder, pero después tiene una historia, Un escándalo en Bohemia, en la que se relaciona con Irene Adler, que es una estafadora que lo vence, lo derrota y él la admira muchísimo. Y termina la aventura pidiendo una fotografía de Irene Adler para tenerla ahí siempre, porque es la persona que le parece más admirable de todas con las que se ha enfrentado. Y ahí algo ahí que parece como fascinación, no se sabe si hay algo también erótico, sexual… También se ha hablado mucho de la homosexualidad que pudiera existir entre Watson y Holmes viviendo en la misma casa. Watson se casa… hay dudas si dos o tres veces, hay bastantes dudas en eso.

SALVADOR: Y la película aquella de Barry Levinson, ¿te acuerdas? El joven Sherlock Holmes… en la que él tiene una novia y la novia muere y él queda ya marcado…
DANIEL: Sí, digamos que eso va en la línea de la narrativa actual. Yo como guionista, veo que cuando se crean personajes, una de las normas es buscar en el pasado del personaje las causas que explican su actitud… Es una tendencia muy moderna, nacida del psicoanálisis, porque en los griegos no vemos esa obsesión ni en Shakespeare tampoco la vemos, por la infancia de los personajes. Pero ahora nos parece que el personaje se explica mejor si le ha pasado algo en la infancia, si ha tenido un problema con su padre, con su madre, y en esa línea va la pelñícula. Creo que la cuarta temporada de Sherlock de la BBC va a mostrar los problemas con su hermano Mycroft y como eso le ha influido también mucho.

SALVADOR: Habrá que verla entonces, porque puede haber claves, si son tan holmesianos…
DANIEL: Sí, son muy holmesianos.

SALVADOR: Oye, ¿qué diría Freud de Sherlock Holmes?
DANIEL: Pues curiosamente diría muchas cosas. Porque Freud admiraba a Holmes. En el libro cuento que uno de los pacientes más célebres de Freud, el “hombre de los lobos”, un paciente que soñaba con lobos… Y el hombre de los lobos cuenta que una vez habló a Freud de Holmes y que sorprendentemente, porque él pensaba que a Freud no le interesaría ese tipo de literatura, dijo: “No, no, este personaje me parece admirable, y yo hago lo mismo que Holmes pero en la psicología, intento buscar en los pequeños detalles, donde nadie mira, como por ejemplo los sueños, las claves que explican la personalidad. Y después además, uno de los grandes holmesianos, Nicholas Meyer…

SALVADOR: Sí, Elemental doctor Freud
DANIEL: Sí, en esa aventura Sherlock Holmes va a Viena para curarse de una adicción precisamente y allí tiene esa historia. Hay mucha relación entre Freud y Holmes.

SLAVADOR: ¿Y tú que crees que diría Freud? Es muy aventurado…
DANIEL: Sí, es muy aventurado. Nicholas Meyer nos propone diversas situaciones… Pero, vamos, Freud lo dijo, dijo claramente que admiraba a Sherlock Holmes y que él hacía lo mismo. Y en algún caso incluso dice algo como “Ojalá que pudiéramos ser como Sherklock Holmes y encontrar la solución con esos pequeños detalles…”

SALVADOR: ¿Tú dirías que Sherlock Holmes es un personaje feliz?
DANIEL: Da la impresión de que no. Hay momentos muy melancólicos de Holmes, Cuando no tiene un caso que resolver se sume en profundísimas depresiones, según cuenta Watson, y necesita que surja algún desafío, algún enigma para ponerse en acción. Da la impresión de ser melancólico, solitario, al final de su vida se retira a una granja a cuidar abejas. Ahora mismo se está haciendo una película, que va a estrenarse pronto, con Ian McKellen que hace de Sherlock Holmes ya retirado, en su finca de Sussex. Pero parece un personaje solitario, por lo que cuenta Watson… Es asocial, le aburre la gente, no se relaciona bien con los demás, etcetera. Ahora, cuando está trabajando, todo eso desaparece y es capaz de seducir a quien sea.

SALVADOR: Hay un capítulo entero que dedicas a lo que llamas el detective semiótico. Es un tema que te interesa, también por tu profesión de guionista, por un lado, y de profesor…
DANIEL: Sí, porque en la semiótica consideran a Sherlock Holmes como uno de sus padres fundadores, curiosamente. Se considera que son Ferdinand de Sausure, con el Curso de lingüística general, Charles Sanders Peirce, el filósofo pragmatista americano y Sherlock  Holmes. Y lo citan en igualdad de condiciones. Dicen, “Y esto dice Sherlock Holmes”, no citan al pobre Arthur Conan Doyle, sino que se lo atribuyen todo al personaje.

SALVADOR: Han llegado a ese extremo. Como Don Quijote con Cervantes.
DANIEL: Exactamente. Y él es como un padre fundador. ¿Por qué?  Porque se ocupa de los signos. Todo lo que él ve es un signo de alguna manera, y por eso es sin duda el personaje más relacionado con la semiótica.

SALVADOR: Lo más alucinante de todo es como hay un ensayo de Thomas Sebeok en el que compara el mundo Sherlock Holmes con el de Charles Sanders Peirce (“Pers”) y realmente ves que las coincidencias son extraordinarias.
DANIEL: Asombrosas. De hecho, en el libro hay algo que no voy a revelar aquí, pero que se relaciona con el tercer hermano de los Holmes, que es Sherrinford Holmes, que es más listo todavía que Sherlock y que Mycroft…. porque en principio Mycroft es más listo que Sherlock… Pues hay otro todavía más listo y además tiene que ver con todo esto que estamos hablando de la semiótica, de Charles Sanders Peirce.

SALVADOR: Otro de los capítulos interesantes, bueno, todos son interesantes (lean el libro porque es fantástico), se ocupa de la creatividad de Sherlock Holmes.
DANIEL: Eso es curioso, porque en toda la investigación que he realizado, no he encontrado que en ningún lugar se dijese de manera directa que Sherlock Holmes fuese un precursor del estudio de la creatividad y realmente, todo su proceso de investigación es lo que hoy en día los expertos en creatividad definen como el proceso creativo, que se empezó a estudiar… con Koestler y otros autores y que sigue unas fases. Sherlock sigue esas fases: planteamiento del problema, maduración, incubación, luego te olvidas del problema, luego tienes una inspiración, eso que los griegos decían de la musa… pues efectivamente, llega la musa, pero llega como resultado de un trabajo previo creativo. Y bueno, yo considero que Holmes es un precursor igual que de la semiótica, del proceso creativo, sin ninguna duda.

SALVADOR: Que Peirce llama abducción, ¿no?
DANIEL: Efectivamente. Ese es el método que más usa Holmes… aunque el método de Sherlock Holmes es que usa muchos métodos, mezcla muchos… Pero aparte de la deducción y la inducción, hay una tercera manera que es la abducción y que es lo que más usa Holmes en sus aventuras, y también el que usamos todos nosotros. No da tiempo a explicarlo, pero en el libro sí se explica y se cuenta con mucho detalle.

SALVADOR: Leánlo, porque de verdad que se lo van a pasar en grande.


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More of the same.

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Now put yourself in Sherlock Holmes´s shoes. Holmes: a master of deduction, a most talented researcher, a pioneer of semiotics and the application of scientific methods in everyday life, a master of cryptography, forensic science and crime scene investigation, an expert in reading clues and even minds. Now, with all these skills, take any stranger. Try to deduce his profession, where he is going, what is on his mind, what his intentions are. Start to observe your surroundings in a new light. Discover meaning in everything. Do not trust your first impressions. It is time to decode the world around you.

In Not So Elementary  Daniel Tubau invites you to discover the secrets of Sherlock Holmes, to understand what lies behind his success and the methods which allow him to solve any  mystery and  to see what others are unable to.

Both fascinating challenging, this book is essential reading for anyone who wants to become a true Sherlock Holmes.

(Traducción de Helen Leathem)


contact: danieltubau@gmail.com

See also: Algunas pistas acerca del autor


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Además…

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¿El canón holmesiano?


No tan elemental, de Daniel Tubau

No tan elemental, de Daniel Tubau

En la página 303 de No tan elemental planteé dos enigmas:

«Dos preguntas, una sencilla y otra más difícil. La primera procede de una ocurrencia de Baring-Gould, el autor de la primera biografía (no autorizada) de Sherlock Holmes: ¿por qué algunos expertos prefieren llamar a la colección de escritos del detective, no el Canon  holmesiano, como es usual, sino «el Conan»? 


La respuesta a la primera pregunta es obvia para cualquier aficionado al personaje y bastante sencilla para cualquier persona que conozca al autor de Sherlock Holmes, por lo que se puede responder aquí.

En efecto, los aficionados prefieren hablar del Conan para así rendir un homenaje a Arthur Conan Doyle. Con este sencillo juego de palabras entre Conan y Canon resaltan también que las Escrituras Sagradas son los 56 relatos y cuatro novelas publicados bajo el nombre de Arthur Conan Doyle. Otro asunto es si Conan Doyle realmente escribió o no esos textos…

conan_doyle

Arthur Conan Doyle,  autor de las aventuras canónicas de Sherlock Holmes (el Canon o Conan), o al menos el responsable de su publicación.

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Sobre el libro

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No tan elemental, de Daniel Tubau

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Sherlock Holmes: más que un lector de signos

Juanjo de la Iglesia busca aquí la característica que hace diferente a Sherlock Holmes de otros grandes lectores de signos.

 A continuación, ofrezco una variante que hice hace tiempo acerca de lo que cuenta Juanjo de los mensajes de humo de los indios, usando uno de los célebres cuadros de Frederic Remington. En este caso, varios indios, quizá cheyennes, envían un mensaje de humo intencionado a sus amigos siux pero, al mismo tiempo, no pueden evitar enviar un mensaje no intencionado a las tropas del General Custer.

indios-mensaje

Como es obvio, una vez que se sabe que los indios son capaces de transmitir mensajes mediante volutas de humo, el sistema pierde parte de su efectividad, pues ahora ese humo no se toma como algo inocente, sino como una prueba de la presencia cercana de indios. Aún así, queda la posibilidad de que elmensaje cifrado en las volutas no pueda ser entendido por todos los que ven el humo.

Tiempo después, dibujé otra variante protagonizada por los indios shawnee. En este caso, se trata de un mensaje intencionado y otro accidental, pero también muy significativo.

shawnee01 shawnee02

También tiene mucha importancia, y así lo explico en No tan elemental, que Holmes es capaz de ver mensajes no solo en la ausencia de signos, sino también en lo que otros consideraría ruido. Un tema que también he tratado en El ruido es el mensaje.

Continuará…


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Los crímenes del amor

A lo largo de la historia de la humanidad es probable que se hayan cometido más crímenes a causa del amor y la generosidad que del egoísmo. La frase anterior parece una provocación gratuita, pero no lo es.

Quizá algún lector objetará que esos crímenes cometidos a causa de la generosidad  han tenido otra causa, puesto que el amor puro y la verdadera generosidad es incompatible con el crimen. Ante esa protesta, mi primer impulso es admitir que tiene razón ese lector y que no hay crímenes causados por la generosidad, sino, en todo caso, cometidos en nombre de la generosidad, de una generosidad mal entendida. Pero como creo que no hay que fiarse de los primeros instintos o intuiciones, rechazo ese primer impulso, me detengo por un momento, examino de nuevo la cuestión y, por fin, me reafirmo: “crímenes cometidos a causa del amor y la generosidad”.

G.K.Chesterton

G.K.Chesterton

En primer lugar, hay que recordar que, como vimos Viaje a la esencia, un recurso fácil para proteger de cualquier crítica a los que consideramos nuestros aliados  o amigos es recurrir a las definiciones esencialistas: si nos consideramos liberales pero alguien nos muestra algunas de las cosas que han hecho quienes se llaman a sí mismos liberales, podemos argumentar que no se trataba de verdaderos liberales. He escuchado eeste argumento en personas de cualquier ideología o credo imaginable: fascistas, comunistas, cristianos, musulmanes o harekrishnas. Para todas esas personas, los crímenes de quienes dicen palicar esas doctrinas nunca son suyos pero las cosas buenas y las utopías maravillosas (nunca vistas en este mísero planeta) sí que lo son. Chesterton ya se dio cuenta de esta estratagema (que él mismo usaba para defender el catolicismo) y en una ocasión observó con su ingenio habitual: “Nunca he dejado de creer en el liberalismo, pero hace ya mucho tiempo que dejé de creer en los liberales”. Algo que podríamos aplicar a todos los mensionados antes,

Con la generosidad sucede algo parecido: siempre podemos decir que quien hizo aquello en nombre de la generosidad o del amor… en realidad no lo hizo por eso, sino por otras razones. Sin embargo, me temo que el recurso a la esencia, a la definición sagrada de una cosa (“comunismo”, “liberalismo”, “cristianismo”, “generosidad”) no servirá esta vez para refutar la frase que inicia este artículo. Sin embargo, quizá valga la pena, antes de continuar y para no suscitar dudas innecesarias, definir la generosidad.

Pues bien, he consultado las definiciones del Diccionario de la Academia y he llegado a la conclusión de que no son de mucha utilidad para definir la generosidad, así que propondré otra en la que creo será fácil estar de acuerdo. Una persona es generosa cuando da algo a cambio de nada, cuando se desprende de algo que de alguna manera le pertenece, incluido su tiempo, y lo entrega a otros, cuando hace un esfuerzo para ayudar a los que carecen de algo, o para contribuir a una tarea en beneficio de un grupo o comunidad, sin la esperanza de obtener algo a cambio de ese esfuerzo o donación.

En cuanto al amor, me ahorraré el mal trago de intentar definirlo, porque creo que todos tenemos muy claro qué es, aunque nadie lo sepamos definir.

Fontenelle

Pues bien, hay muchas personas que han cometido todo tipo de crímenes e injusticias movidas por el amor y la generosidad. Podría repetir aquí mi lista habitual de tiranos, dictadores y revolucionarios que, llevados por el amor a sus súbditos, han matado a diestro y siniestro, incluso a sus propios súbditos y seguidores, aquellos a los que se puede aplicar lo que Fontenelle dijo del emperador Constantino: “Queriendo aumentar el número de los cristianos, redujo el de los seres humanos”. Pero prefiero mencionar a alguien que parecía sentir un verdadero amor hacia los más discriminados por la sociedad y que dedicó su vida de manera generosa a ellos: la madre Teresa de Calcuta.


Teresa de Calcuta

Llevada por su amor y generosidad, por su deseo de salvar a los pecadores del infierno y la maldad, la madre Teresa recomendó que no se usaran preservativos, siendo responsable casi directa de la muerte de cientos personas durante los peores años del SIDA; también se opuso a medidas de control de la natalidad, absolutamente indispensables para frenar la pobreza y la muerte infantil en India y otro países superpoblados. No sólo eso, también pensaba que el sufrimiento era bueno para el alma, así que lo recomendaba y se oponía al uso de analgésicos e incluso a los tratamientos, pues lo que verdaderamente le preocupaba era tutelar a los moribundos en su camino al cielo, pero no curar a los enfermos, por lo que sus hospitales, a pesar de las generosísimas donaciones, carecían de las necesidades y medicinas más básicas.

Las anteriores son algunas de las características de la labor de la madre Teresa de Calcuta que Christopher Hitchens denunció en 1995, tanto en su documental “Ángel del infierno” como en su libro The Missionary Position. Hay otros muchos detalles que nos podrían hacer dudar de que la generosidad de la madre Teresa fuera desinteresada, pero no quiero ocuparme aquí de eso . Lo que he querido mostrar, a través de un ejemplo bien conocido, es que el amor y la generosidad pueden causar dolor, sufrimiento e incluso la muerte de muchos seres humanos de manera indirecta e incluso directa, al no aplicar la curación que podría haberles salvado, o al condenarles al contagio masivo de enfermedades como el SIDA (algo de lo que también es responsable el Papa Juan Pablo II, por cierto). Aparte del sufrimiento impuesto a sus propias monjas, para quienes el dolor era una de las tres reglas básicas que las hacían ser amadas por Dios. Dios, el dios cristiano, judío y musulmán no es otro personaje que añadir a la lista de los grandes criminales amorosos.

Torquemada predicando a los REyes Católicos el amor a Dios en 1478 --- Image by © Stefano Bianchetti/Corbis

Torquemada predicando a los Reyes Católicos el amor a Dios en 1478
— Image by © Stefano Bianchetti/Corbis

 

Quizá el amor y la generosidad de la madre Teresa no era muy diferente a lo que decía el inquisidor medieval Torquemada, quien aseguraba que lo que le llevaba a quemar a los herejes era el amor que sentía hacia ellos, hacia sus almas, ya que mediante la breve hoguera terrenal, escapaban de una eternidad de sufrimiento entre las llamas del infierno. Este es un ejemplo de que la idea de que uno debe hacer a los demás lo que desearía que ellos le hicieran a él, formulada con diversas variantes por Kant, Jesucristo, Pitágoras y Confucio, no siempre se debe aplicar: un masoquista haría sufrir a los demás, porque eso es lo que él desea que le hagan, y se convertiría, en consecuencia, en un sádico, como al parecer lo fueron Torquemada y la madre Teresa de Calcuta.

Torquemada, frente a Reyes Católicos arroja una cruz ante un judío y se da comienzo a las consecuencias de su amor: la expulsión de los judíos de España.


[Una primera versión de esta entrada se publicó el 14 de septiembre de 2012 en Divertinajes.
Revisado en 2016]

 

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Indagaciones lógicas de Sherlock Holmes

Carlos García Gual habla acerca de No tan elemental  y los procesos lógicos que emplea Sherlock Holmes en sus investigaciones. También menciona Carlos a Charles Sanders Peirce, creador del pragmatismo junto a William James y un pensador que podía competir con Sherlock Holmes, como cuento en el libro.

peirce

Charles Sanders Peirce


carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.

 


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No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
(y en: Amazon, La FugitivaRafael Alberti, Laie…)


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Notanelemental-portada您站在福尔摩斯的角度想想 前辈的推论, 最聪明的侦探, 符号学的先驱,将科学的方法运用于日常生活中的前辈, 密码学和法医学硕士。

您有一样的的技能,您现在试着了解这个陌生人是谁,他在哪儿工作,他去哪儿,他担心什么,他的意图是什么。您开始试着从另一个角度看您的周围。

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La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La verdadera historia de las Sociedades Secretas, de Daniel Tubau

Daniel Tubau

La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Editorial Daiyan

La SEGUNDA EDICIÓN de La verdadera historia de las Sociedades Secretas se publicó el 22 de mayo de 2020 por la editorial DAIYAN. Es una edición ampliada y revisada de la primera edición que se publicó en 2008 en la editorial Alba.

Ahora ya puedes encontrar La verdadera historia de las Sociedades Secretas.

2ª Edición en 2020. Revisada y ampliada.


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No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
(y en: Amazon, La FugitivaRafael Alberti, Laie…)


Los siete velos del conocimiento

En La cortina de Pitágoras hablé de la cortina acusmática, tras la que los discípulos menos apreciados por Pitágoras tenían que escuchar sus demostraciones geométricas, sin poder ver los trazos ni las figuras. También conté el moderno uso de esa cortina, cuando se empleó para impedir que los directores de orquesta vieran a los candidatos y de este modo evitaran ser dominados por sus prejuicios (casi siempre machistas). Era un buen ejemplo de cómo en ocasiones se juzga e incluso se percibe mejor algo al reducir la información: si no lo vemos todo, nuestra mente tiene menos oportunidades para poner en marcha su máquina de prejuicios.

En este sentido, hoy quiero examinar un caso en el que se nos ofrece más información y eso nos hace saber menos, a pesar de que tengamos la poderosa sensación de que cada vez sabemos más.

Me refiero a esas situaciones en las que un desconocido nos ofrece datos que, en principio, nos permiten empezar a conocerlo un poco mejor. Datos como su edad, su nacionalidad, la ciudad en la que ha nacido, su estado civil o su situación sentimental.


En apariencia cada uno de estos datos nos permite ir trazando un retrato cada vez más preciso de ese desconocido, pero eso está muy lejos de resultar tan evidente como parece a primera vista. En mi libro Nada es lo que es, me referí a esas secciones que a veces aparecen en periódicos y revistas en las que vemos la fotografía de un desconocido y al lado su opinión acerca de algo. Junto a la fotografía, se añaden dos o tres datos supuestamente informativos, como su nombre, su edad y su profesión.

¿Para qué sirven esos datos junto a la fotografía? Se supone que para que dispongamos de mejor información para valorar la opinión que se nos da a continuación: no es lo mismo que un diseñador de prestigio nos diga que detesta Las Meninas de Velázquez a que nos lo diga un albañil; no es lo mismo que un médico opine acerca de la última obra del arquitecto Rafael Moneo a que lo haga una peluquera. O eso es lo que nos parece a primera vista, porque lo cierto es que, en cuanto nos ofrecen dos o tres datos, lo que sucede es que nuestra máquina de prejuzgar se pone en marcha y ya resulta imparable:

“Vemos a un obrero y le aplicamos las características que creemos que tiene los obreros. Obsérvese que he dicho “creemos” y no “sabemos”, porque la mayoría de las veces tampoco sabemos realmente cómo es ese grupo observado, así que comparamos a un individuo desconocido con una construcción mental también basada en prejuicios”.
(
Nada es lo que es).

 

Aquel diseñador que nos dijo que detestaba Las Meninas, se convierte, en virtud de este único acto, en el representante de todos los diseñadores, y empezamos a dudar si no deberíamos también nosotros detestar el cuadro de Velázquez (al menos si lo que queremos estar a la última). Pero lo más proable es que ese diseñador pertenezca al pequeñísimo porcentaje de las personas que, además de ser diseñadores, detestan Las Meninas. Quizá el resto de diseñadores aman Las Meninas. Pero la selección de esa opinión concreta y el dato de la profesión de ese opinador nos hacen establecer nexos imaginarios acerca de la relevancia de una opinión. Si es un albañil el que dice que no le gustan Las Meninas, entonces  nuestro primer impulso es pensar: “Claro, el pobre no entiende el arte”, algo que no se nos ocurre pensar cuando se trata del diseñador.

Ahora bien, el problema de estos datos desinformadores no consiste sólo en que enseguida ponemos en marcha las ideas comunes acerca de diseñadores, albañiles, médicos y peluqueras, sino en que, además, muchos de esos prejuicios también son personales. Es decir, esos prejuicios no es que estén extendidos en la sociedad, sino que también están en el cerebro de cada uno de nosotros. Todos hemos alimentado durante años nuestra mente con ideas hechas que han nacido de la observación en ocasiones, que tienen su origen en ciertas experiencias y descubrimientos, pero que también se han convertido en respuestas automáticas de las que no somos conscientes o que, cuando lo somos, las llamamos intuiciones. Pero casi siempre son tan solo prejuicios.

De este modo, cuando alguien nos dice su edad, asociamos enseguida, querámoslo o no, ese dato a otros similares, lo que que nos permite, en apariencia, conocer mejor a esa persona. Pero esa es una sensación engañosa, porque aquello con lo que comparamos la información que nos han proporcionado no es una fiable base de datos que contiene toda la información relevante acerca de las personas de esa edad, sino que es tan sólo la modesta base de datos de nuestra experiencia personal. Comparamos a esa persona con otras que hemos conocido y que coinciden en edad, o en profesión, o en tipo de trabajo con la persona que tenemos delante. Lo más probable es que esa comparación ni siquiera se establezca con todas las personas que conocemos que comparten esos rasgos, sino tan sólo con dos o tres que, por alguna razón subjetiva, caprichosa o puramente azarosa, acude a nuestra mente.

Dos desconocidos de Magritte, conociéndose con menos prejuicios de los habituales

Por mi parte, en mi trato con desconocidos, prefiero no poner en marcha esa fabulosa máquina de prejuicios, y por ello evito en la medida de lo posible revelar los seis o siete datos que todo el mundo parece considerar como indispensables para trazar los rasgos de un retrato robot: edad, nacionalidad o ciudad de origen, preferencias sexuales, estado civil o sentimental, tendencia política. Seis o siete datos que nos permiten hacer una ficha rápida de la persona que tenemos delante. Siete datos que son como siete velos que, más que mostrarnos a un desconocido, lo que hacen es ocultarlo. Comunicar a otra persona la edad o las preferencias sexuales es un velo o una cortina que quizá no oculta, pero que sí tiñe de manera inevitable lo que vemos. Y lo tiñe o le pone un filtro con el color de nuestras experiencias pasadas y de nuestros prejuicios presentes. Creemos conocer, obtenemos la satisfacción de ver cómo nuestras intuiciones acaban por dar en el blanco, pero hemos recurrido al viejo truco de disparar primero la flecha y después pintar la diana, porque las futuras comprobaciones de nuestras primeras intuiciones estarán inevitablemente ligadas a esa primera impresión que fabricamos a través de aquellos datos de la ficha policial. Sin embargo, yo pienso que es mejor ver las cosas y las personas que tenemos delante en vez de intentar reducirlas a cómodas, confortables y tranquilizadoras fichas policiales. No sólo creo que es mejor: también me parece mucho más interesante.

 


[Una primera versión de esta entrada se publicó el 20 de septiembre de 2012 en Divertinajes. Revisado en 2018]

En Animales políticos he explicado un método parecido a la cortina para poner a raya a nuestros prejuicios políticos.


En No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes he hablado de la intuición y de otros asuntos relacionados con nuestra manera de pensar y nuestros prejuicios, de las ideas erróneas acerca del aprendizaje y de todo tipo de confusiones intelectuales, así como de la creatividad, un asunto que trato también  en mi libro El secreto de la invención, que pronto se publicará.


DUDA RAZONABLE

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