Las múltiples apariencias de lo que es

serpiente

Después de sostener que no hay diferencia real entre sueño y vigilia, Gaudapada intenta explicar el por qué de las apariencias y lo hace con una de esas brillantes comparaciones tan frecuentes en India:

“Lo mismo que en la oscuridad una soga cuya naturaleza no ha sido plenamente verificada, se imagina que es varias cosas diferentes, tales como una serpiente, un reguero de agua y demás; exactamente de la misma manera el Sí mismo es imaginado de varios modos diferentes”.

“Cuando se verifica que la soga es una soga, todas las ilusiones sobre ella cesan, y solo permanece la soga. La realización del Sí mismo es exactamente lo mismo”.

cuerda-serpienteHay una cierta semejanza con planteamientos idealistas como los de Berkeley y Malebranche, aunque la diferencia  es que nosotros no vemos todo eso en Dios o a través de Dios, puesto que nosotros mismos no existimos para Gaudapada y el advaita no dualista.

Pero más adelante hay otros pasajes de nuevo con aroma berkeleyano:

“La consciencia no tiene contacto con los objetos, y no tiene ningún contacto con las apariencias de los objetos. Los objetos son no-existentes y las apariencias de los objetos no-diferentes de la consciencia.

En ninguno de los tres tiempos (pasado, presente, futuro) la consciencia hace contacto con los objetos. Puesto que no hay objetos, ¿cómo puede haber una percepción engañada de ellos?

Ni la consciencia ni sus objetos vienen nunca a la existencia. ¡Aquellos que perciben un tal venir-a-ser, son como aquellos que pueden ver huellas en el cielo!”

Y otro pasaje que es parecidísimo a uno de los Tres diálogos entre Hilas y Philonus:

“Lo mismo que el elefante en un truco de magia es llamado un elefante en base a la percepción y al comportamiento apropiado, así también se dice que los objetos existen en base a la percepción y al comportamiento apropiado”.

Por cierto que Gaudapada enumera de manera interesante la manera en la que las diferentes filosofías ven esa soga (que parece una serpiente o un chorro de agua) en uan larga, sugerente y hermosa enumeración:

“Aquellos que conocen prana, Le identifican con Prana. Aquellos que conocen los elementos, Le identifican con los elementos. Aquellos que conocen las cualidades, Le identifican con las cualidades. Aquellos que conocen las categorías, Le identifican con las categorías.

 Aquellos que conocen los «pies», Le identifican con los «pies». Aquellos que conocen los objetos de los sentidos, Le identifican con los objetos de los sentidos. Aquellos que conocen los mundos, Le identifican con los mundos. Aquellos que conocen a los dioses, Le identifican con los dioses.

 Aquellos que conocen los Vedas, Le identifican con los Vedas. Aquellos que conocen los sacrificios, Le identifican con los sacrificios. Aquellos que conocen al gozador, Le identifican con el gozador. Aquellos que conocen el objeto del goce, Le identifican con el objeto del goce.

 Los conocedores de lo sutil, Le identifican con lo sutil. Aquellos que conocen la identidad grosera, Le identifican con lo grosero. Aquellos que conocen al dios con formas, Le identifican con una forma. Aquellos que conocen lo sin forma, Le identifican con el Vacío.

 Los estudiantes del tiempo, Le identifican con el tiempo. Aquellos que conocen el espacio, Le llaman espacio. Los debatidores, Le identifican con el debate. Los cosmólogos, Le identifican con los catorce mundos.

 Los conocedores del órgano de la mente, Le identifican con el órgano de la mente. Los conocedores de la inteligencia, Le identifican con la inteligencia. Los conocedores de la consciencia, Le identifican con la consciencia. Los conocedores de la rectitud o la inrrectitud, Le identifican con una u otra.

 Algunos dicen que la Realidad está constituida de veinticinco principios, otros dicen que de veintiséis. Algunos dicen que Ella consta de treinta y una categorías, ¡hay incluso algunos quienes creen que son infinitas!

 Aquellos que conocen los placeres humanos, Le identifican con esos placeres. Aquellos que conocen los estadios de la vida, Le identifican con ellos. ¡Los gramáticos, Le identifican con el macho, la hembra o lo neutro! —otros Le identifican con lo trascendente o lo no-trascendente.

 Los conocedores de la creación, Le identifican con la creación. Los conocedores de la disolución, Le identifican con la disolución. Los conocedores de la subsistencia, Le identifican con la subsistencia. ¡Pero todas estas concepciones son meramente imaginadas en el Sí mismo!”

Es algo que recuerda en cierto modo a lo que decía Deshimaru acerca de que a cada uno se le debe hablar en el idioma emocional que más le gusta. El propio Gaudapada llega en un momento dado a la conclusión de que no hay disputa real entre su pensamiento y el de las demás escuelas.

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GAUDAPADA GITA

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Epílogo a Polaris
El libro de los sueños 1

H_P__Lovecraft_by_MirrorCradle

En Polaris,  el cuento de Lovecraft, el guardián de la torre sabe que está soñando ese mundo del siglo XX y que su verdadera vida está en ese otro mundo, en aquella fortaleza que amenazan los inutos, pero, ¿cómo convencer a los demás, a esos personajes de su sueño, de que son criaturas oníricas? Y, ¿cómo despertarse y volver a la torre?

Tal vez tú te hayas visto alguna vez en la situación inversa: inmersa en un sueño te has dado cuenta de que estabas soñando y has intentado en vano convencer a los personajes de tu sueño de que son seres imaginarios. Tus dificultades habrán sido similares a las del vigía de Lovecraft: nadie te cree.

Lo anterior me permite pedirte que imagines que ahora estás soñando, que todo tu mundo es sólo un sueño extraordinariamente coherente en sí mismo. Estás soñando que estás leyendo un cuaderno que habla de lo difícil que es distinguir el sueño de la vigilia… ¿Hay alguna manera de averiguar qué es sueño y qué es realidad?

 

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Esta entrada recoge un fragmento del primer cuaderno de El libro de el sueño, que escribí para Karina Pachecho en 1998. Se reproduce aquí con su permiso.

Karina

 Imprimí para Karina el primer cuaderno de El Libro de los sueños el día 18 de marzo de 1998 (aunque lo terminé el día 3 de marzo) Esta edición: viernes 24 de abril

El libro de los sueños, de Daniel Tubau

Sueño y vigilia en Polaris
El libro de los sueños 1

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Epílogo a Polaris
El libro de los sueños 1

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Sueño y vigilia en Polaris
El libro de los sueños 1

librodelsuenho1

Cualquier persona sabe que no siempre es fácil distinguir el sueño de la vigilia.

Un día recordamos una pequeña anécdota y la contamos como si hubiese sucedido realmente. De pronto nos damos cuenta de que aquello nunca sucedió, que fue sólo un sueño.

A veces nos cuesta admitir que algo que recordamos vívidamente fue sólo un sueño. Más adelante contaré algunas experiencias personales en este sentido.

Por otra parte, mientras soñamos es difícil darse cuenta de que estamos dormidos. Nos parece estar experimentando sucesos reales. De hecho, ni siquiera llegamos a plantearnos el problema de si estamos dormidos o no. Más adelante también hablaré de esos extraños sueños en los que sabemos que estamos soñando.

Cuando nos despertamos y recordamos lo que hemos soñado, todo nos parece bastante incoherente: caminamos por el aire, somos perseguidos por hombres gelatinosos que nos atrapan y nos van enterrando en sus cuerpos repugnantes, viajamos a la época romana y entramos en un cine. Todo sin interrupción.

Sí, es verdad que todo es incoherente, pero lo es en el recuerdo que conservamos durante la vigilia. Mientras habitamos en el tiempo de los sueños es raro que percibamos esa incoherencia, esa falta de ilación lógica entre las diversas situaciones del mundo onírico.

La dificultad de distinguir entre sueño y vigilia ha sido observada por personas de las más diversas culturas y de todas las épocas. Y a menudo ha surgido la pregunta inevitable: ¿cómo sabemos que el tiempo de vigilia no es de la misma naturaleza que el tiempo onírico? Es decir: ¿cómo podemos asegurar que lo que llamamos vida real no es tan sólo un sueño?

polarisEn su relato Polaris, Lovecraft cuenta la historia del vigía de la Torre, que debe permanecer despierto para anunciar la temida invasión de un pueblo enemigo, los inutos. No sigo contando el cuento, sino que añado un enlace donde se puede leer: Polaris.

DreamlandsIllustratedByWHeathRobinson5651

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Cuando hayas leído el cuento, puedes leer el Epílogo a Polaris.

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Polaris es un cuento incluido en el libro Dagón y otros cuentos macabros (Alianza Editorial, con fecha de 1982). Probablemente fue publicado por primera vez en inglés en 1939.

  *************

Esta entrada recoge un fragmento del primer cuaderno de El libro de el sueño, que escribí para Karina Pachecho en 1998. Se reproduce aquí con su permiso.

Karina

 

El libro de los sueños, de Daniel Tubau

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El libro de los sueños 1

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Los asombrosos sueños

Al leer el Gaudapada Gita, es posible darse cuenta de nuevo de lo asombroso que es soñar. Resulta muy razonable que existan tantas analogías entre el sueño y la realidad, tantas referencias a que la vida es sueño, porque el poder de convencimiento del sueño para sentir como real algo que sin embargo no lo es, es verdaderamente poderoso.

sueñoAntonio_de_Pereda_-_The_Knight's_Dream

El sueño del caballero, de Antonio de Pereda

El sueño nos permite darnos cuenta muy claramente de algo: podemos percibir sin percibir. Es decir, podemos ver algo que sólo existe en nuestro interior, que no tiene una causa externa. No parece que necesitemos, en consecuencia, el exterior para percibir. Vemos castillos, carreteras, personas, y nos oímos a nosotros mismos con los ojos cerrados y en medio del silencio.

Intentemos imaginar cómo sería una vida sin sueño. Desde el punto de vista biológico o material, no parece existir ninguna razón que haga que el sueño sea imprescindible: podríamos vivir perfectamente sin sueños, o al menos sin ser conscientes de ellos, sin experimentarlos, sin recordarlos.

Si así sucediera, cuando alguien nos dijera que esta vida es sólo una ilusión, no sería tan fácil que nos planteásemos con seriedad esa posibilidad. Tampoco que dudásemos de la importancia del mundo exterior o de nuestros sentidos. Tan solo responderíamos:

“Sé que sólo puedo ver en mi mente las cosas que veo con mis ojos, o percibir las cosas que percibo a través de mis sentidos. Es obvio que puedo manejar la información que esa percepción ha dejado en mi cerebro, pero no puedo “verla” si no está ahí delante. En consecuencia todas esas ideas acerca de que todo está en nuestra mente, del solipsismo y del idealismo, me resultan absolutamente absurdas, incluso desde el punto de vista intuitivo”.

Eso pensaríamos si no existiesen los sueños, pero como sí existen, damos más crédito a los planteamientos idealistas que sostienen que el mundo exterior no existe.


[2007]

GAUDAPADA GITA

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Sueño y vigilia en el Gaudapada Gita

gaudapadaGaudapada, en su comentario al Maudakiya Upanisad argumenta por analogía qué la vigilia es sueño profundo, mientras que los sueños son “sueño con sueños”:

Todos los objetos vistos en sueños son irreales, debido

(1º) a su localización dentro, y

(2º) a su confinamiento.

Lo mismo que los objetos soñados son irreales, así, y por la misma razón, los objetos percibidos en el estado de vigilia son también irreales. La única diferencia es la restricción (de objetos del sueño) a una localización interior.

Me parece muy interesante esto de la restricción de los sueños a una localización interior

En el estado de sueño con sueños también, lo que es imaginado por la consciencia interna es irreal, pero lo que es percibido por la consciencia externa es real -pero en ambos casos lo que es percibido es irreal.

[bctt tweet=”Si los objetos son irreales, ¿quién es el que es consciente de estos objetos y quién los idea?” username=”danieltubau”]Supongo que hay que entender que lo que imaginamos durante y dentro del sueño es irreal (como lo es en la vigilia), mientras que lo que hacemos durante el sueño es real (como nos parece también en la vigilia), pero después, al despertarnos, nos damos cuenta de que ambas cosas eran irreales (tanto lo imaginado como lo hecho).

En el estado de vigilia también, lo que es imaginado por la consciencia interna es irreal y todo lo que es percibido por la consciencia externa es real -pero la razón dicta que ambos son irreales.

Esta analogía le hace preguntarse quién es el que sueña ese sueño profundo:

Si todos los objetos en ambos estados son irreales, ¿quién es el que es consciente de estos objetos y quién los idea?

Su respuesta tal vez podría compararse con la de Berkeley o con la de Malebranche:

“El Atman auto-luminoso, por el poder de su propia Maya se imagina a sí mismo en sí mismo. Sólo Él es consciente de los objetos. Ésta es la conclusión del Vedanta.

El Señor da diversidad a las cosas mundanas que existen en su mente. Volviendo Su mente hacia fuera, el Señor imagina así cosas bien definidas.

Primero Él imagina el alma individual, después los diversos objetos externos y subjetivos. Y la memoria concuerda con el conocimiento”.

************

[Continúa en Las múltiples apariencias de lo que es]

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Fin de la historia… o del sueño

Actualmente se considera un recurso fácil resolver una historia haciendo que el protagonista descubra al final que todo ha sido un sueño. La verdad es que el abuso de este recurso lo ha convertido en un deus ex machina que, más que asombro, suele causar decepción en el espectador.

Pero a mí me gustan mucho estas historias si están bien justificadas y todavía recuerdo el asombro con el que leí aquel cuento del brujo postergado (su título original es otro) que cuenta Don Juan Manuel y que es una de las mejores muestras del género.  No sé si es también la más temprana, aunque creo que hay algún ejemplo en Luciano y tal vez en . Y, por supuesto en la India ha de haber cientos de relatos semejantes.

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La vigilia es sueño profundo y Calderón

En la India y particularmente en el Gaudapada Gita de la escuela advaita o no dualista, se compara la vigilia con un sueño, llevando hasta muy lejos la comparación. El sueño normal es para ellos sueño con sueños, mientras que la vigilia es el sueño profundo, en el que ni siquiera hay sueños.

Esto nos lleva a la conclusión lógica de que somos capaces de advertir la ilusión que es en realidad el sueño con sueños. Nos despertamos y eso nos hace conscientes de que ha habido un principio y un final del sueño. Sin embargo, nos resulta mucho más difícil percibir ese otro sueño profundo que no contiene sueños y que es toda nuestra vida.

No lo sé seguro, pero supongo que Gaudapada considerará el sueño no sólo esta vida, sino la sucesión de vidas hasta que despertamos, y que no asociará el comienzo y el final del sueño con el nacimiento y la muerte de una única encarnación.

En La vida es sueño, de Calderón de la Barca, se plantea algo semejante, no ya porque Segismundo llegue a pensar que  toda su vida sea un sueño, sino por el momento previo  en el que sale de la prisión y piensa que ha despertado de un sueño, pero entonces se convierte en un tirano y es encerrado de nuevo y entonces piensa que el sueño ha sido esta vida libre como tirano, como un durmiente que se despierta de un mal sueño y descubre entonces que sigue soñando. O como alguien que sueña sus sucesivas reencarnaciones.

Y por ello Segismundo concluye como Gaudapada diciendo:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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El reloj personal

Podemos ordenar a nuestra mente que nos despierte a las siete de la mañana. Y nos despertamos a la siete de la mañana. Es un fenómeno asombroso pero real. Yo no sé, y dudo que alguien lo sepa, cómo funciona este reloj-despertador inconsciente.

[20 de junio de 1996]

Diciembre 2012

Durante varios años me dediqué a investigar ese asombroso mecanismo que nos permite programar nuestro cerebro para que nos despierte a una hora determinada. Primero intenté descubrir si nuestro reloj interno calculaba las horas que quedaban hasta el momento en el que queríamos despertarnos o si lo que hacía era “saber” la hora en cada momento. Es decir, la diferencia entre:

“Me voy a despertar dentro de seis horas”

“Me voy a despertar a las siete de la mañana”

Hice experimentos, programándome para despertarme a las siete de la mañana sin saber a qué hora me acostaba y logré despertarme a la hora prevista. Pero también funcionó cuando, sin saber la hora que era pero teniendo un reloj fuera de hora, me programaba para despertarme tres o cuatro horas más tarde.

Sospeché de los relojes. Quizá el reloj emitía un ruido especial justo antes de sonar la alarma, tal vez nuestro yo incorpóreo abría los ojos, miraba el reloj y despertaba a nuestro yo cotidiano. Probé con distintos relojes, con el despertador automático por teléfono, salienxdo a la calle a preguntar la hora nada más despertarme, finalmente sin reloj. Siempre funcionó.

También pensé que el cerebro percibía de algún modo el horario: en la luz, en el olor, en la temperatura, en la presión atmosférica. Aproveché varios viajes a América para probar si el mecanismo funcionaba en otros cielos y en otras tierras. Funcionaba. Creo que lo intenté incluso en aviones, también con éxito.

Años después, leí en alguna parte que unos científicos del sueño habían descubierto cómo funcionaba ese extraordinario mecanismo que nos permite programar mentalmente la hora del despertar.

La explicación sonaba convincente, pero no la recuerdo. Creo que tiene que ver con los ritmos circadianos (cercanos a un día), que serían como un tic-tac interno, quizá relacionado con el palpitar del corazón o el bombear rítmico de la sangre. Tal vez es por eso que el reloj interno no funciona tan bien cuando estamos enfermos. Sin embargo, sé que tampoco funciona bien cuando estamos bajo tierra, sin ingún tipo de referencia. Eso lo sé porque leí los experimentos que ha hecho durante décadas el instituto Max Planck: las personas encerradas en sótanos donde no se percibe la luz del día acaban por perder toda noción del tiempo y al final ya no saben si están pasando días, horas o semanas. Así que supongo que la explicación combinaba esos dos aspectos: ritmos circadianos y ciertas referencias externas.


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Noúmenos y phenómenos

“Aunque se dijera que toda esta vida no es más que un sueño y que el mundo físico es un puro fantasma, ese sueño o ese fantasma me parecerán suficientemente reales si al usar bien la razón no quedáramos nunca defraudados”.
                                                                                    Leibniz

Esta frase, citada en una antología de James R.Newman, resume perfectamente algo que he estado argumentando en los últimos días (ver Sexto Empírico y los escépticos y Comentario a los diálogos entre Hylas y Filonus y Mi metafísica).

Me refiero al asunto de apariencia y esencia, de númenos y fenómenos. Lo aparente y lo real, lo que vemos y lo que permanece oculto.

noumeno

Los filósofos y los metafísicos o los teólogos, los místicos y los teósofos, suelen decir que todo lo que vemos, el mundo material, es simple apariencia. Pero esa afirmación apenas tiene sentido, pues, sea o no aparente éste mundo, la verdad es que tiene una extraordinaria coherencia. Una coherencia semejante a ese sueño de la vida del que hablaba Leibniz.

No voy a extenderme aquí en este asunto (puesto que lo trato en Mi metafísica en detalle), pero el problema es que preguntar qué es una cosa es una pregunta sin sentido: si definimos esa cosa, lo que hacemos es definitiva es decir que esa cosa es otra cosa, lo que resulta absurdo. Es el problema del isomorfismo y del conocimiento metafórico, que Lakoff y Johnson consideran como la manera en la que obtenemos nuestro conocimiento.

Pero ese es un argumento que lleva al absurdo: aunque es evidente que conocemos muchas cosas adaptándolas a cosas ya conocidas, en general, lo que hacemos es percibir cosas diversas y después abstraer formas comunes e isomorfismos explicativos. Así, si usamos el célebre método nemotécnico de las habitaciones, cuando aprendemos una lista de objetos no la percibimos gracias al isomorfismo nemotécnico, sino que lo que hacemos es aprender y memorizar esa lista gracias a ese isomorfismo, a esa relación bivalente entre algo poco familiar -los objetos- y algo familiar (las habitaciones).

 

Comentario en 2014

Lo de las habitaciones es el célebre método de los loci o lugares, que se atribuye al poeta Simónides. Lo conté en Homero en casa de Simónides:

“Ni Ong, más que en una mención rápida, ni Auerbach ni Havelock mencionan, y eso me extraña, el método memorístico más célebre, el de los loci (lugares) de Simónides, también llamado Teatro o Palacio de la memoria. Se cuenta que el poeta Simónides asistió a un banquete en el que se ofendió a los gemelos divinos Cástor y Pólux, hermanos de Helena de Troya y de Clitemnestra. Un criado se acercó en un momento dado a Simónides y le dijo que había dos jóvenes que le esperaban en la puerta. Salió el poeta a verlos y cuando estuvo fuera el edificio entero se derrumbó, muriendo todos los invitados. Al parecer no sólo se derrumbó, sino que fue convertido en cenizas, tal vez por un rayo. Los cuerpos de los asistentes estaban tan desfigurados que resultaba imposible reconocerlos, pero Simónides se acordó de dónde estaba sentado o tumbado cada uno durante el banquete, y así pudo identificarlos a todos”.

Lo que quise decir al referirme al método de los loci y a la teoría de Lakoff y Johnson acerca de que todo el conocimiento es isomórfico o metafórico, es decir que consiste en poner en correspondencia una cosa conocida con otra no conocida, era que es cierto que casi siempre podemos conocer de esa manera cosas nuevas (ya lo decía jenófanes: “Lo conocido es la base de lo desconocido”), pero a veces lo hacemos no porque la nueva cosa sea como la antigua, sino porque la antigua o la nueva señalan a la otra cosa: son más señales o ganchos que reflejos.

 

Comentario en 1993 (en rojo, partes añadidas en 2014):

En realidad, el preguntar acerca de qué es una cosa, no es tan absurdo, como digo en cierto momento. Es cierto que cuando se habla de modo abstracto, de Dios, de las esencias, de lo inaprensible, no suele llegarse a ningún lugar interesante preguntando qué es una cosa:

– ¿Es un espíritu?

– Sí.

– ¿Y qué es un espíritu?

– Ni idea. Solo sé que un espíritu es otra cosa.

Pero, si descendemos a la práctica, vemos que hay preguntas por el qué perfectamente razonables. Por ejemplo: “¿Qué es? (¿Hombre o mujer?)”, que pueden ser respondidas sin caer en ningún círculo vicioso de isomorfismos autorreflejados.

Otra pregunta: “¿Qué es?” referido a algo que se percibe confusamente.

En este segundo ejemplo no se ofrecen de antemano la opción de respuestas (hombre/mujer), a no ser que se considere que en la pregunta se halla implícito todo el universo, o al menos todo el universo conocido por el que pregunta (con lo que llegaríamos a una de esas verdades triviales que tanto interesan a los filósofos obsesionados por el lenguaje y la epistemología).

**********

El texto original es una anotación personal de 1990, y esa es la causa de que resulte a veces de difícil comprensión, ya que no estaba destinado a ser leído por otras personas. Ahora lo he revisado levemente para hacerlo más comprensible (incluso para mí mismo, para mi yo de ahora, que no siempre entiende al de entonces).

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