Exhortación a Ulises (Petronio)

Deja tus moradas y busca costas extranjeras,
oh joven: para ti nace un nuevo orden de cosas
No sucumbas al mal: te ha de renovar el Danubio extremo,
el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
que ven al sol levantarse y descender.
Y, más grande, que descienda Ulises en lejanas playas.

Linque tuas sedes alienaque litora quaere,
o iuvenis: maior rerum tibi nascitur ordo.
Ne succumbe malis: te noverit ultimas Hister,
te Boreas gelidus securaque regna Canopi,
quique renascentem Phoebum cernuntque iacentem:
maior in externas Ithacus descendat Harena

Petronio, Exortatio ad Ulixem

 

John William Waterhouse, Ulises y las sirenas (1891)


 NOSTOI

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MITOLOGÍA

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Este es uno de los poemas que recopilé en una página llamada Utanapishti (2003)

Originally posted 2011-09-24 17:56:07.

Sobre un verso extranjero, de Seferis


 

Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo.
Dichoso si al marchar sintió firme la coraza de un amor
extendida por su cuerpo, como las venas donde
bulle la sangre.

De un amor con cadencia sin fin, invencible como la
música y eterno
porque nació cuando nacimos y cuando nos muramos, si es
que muere, ni nosotros ni nadie lo sabe.

Pido a Dios que me ayude a decir, en un momento de gran
felicidad, cuál es este amor:
me siento a veces rodeado del exilio y escucho su lejano
bramido como el fragor del mar mezclado con la
borrasca inexplicable.

Una y otra vez surge ante mí el fantasma de Odiseo, con
los ojos arrasados por la sal de las olas
y por el deseo maduro de ver de nuevo el humo que brota
del hogar de su morada y su perro ya viejo
aguardándole a la puerta.

Inmenso él, se detiene musitando tras sus barbas encanecidas
palabras en nuestra lengua, como la hablaban
hace tres mil años.
Extiende una mano encallecida por las jarcias y el timón,
con la piel curtida por el cierzo, la canícula
y las nieves.

Parece querer arrojar de nosotros mismos al Cíclope
sobrehumano que mira por un único ojo, a las Sirenas
que te imponen el olvido, si las escuchas,
a Escila y Caribdis:
a tantos monstruos extraños que nos impiden pensar que
también él fue un hombre que luchó en el mundo
con cuerpo y alma.

Es el gran Odiseo: aquel que sugirió construir el caballo
de madera con el que los aqueos conquistaron
Troya.

Sueño que viene a enseñarme cómo construir yo un caballo
de madera con el que conquistar mi propia Troya.
Habla quedo y tranquilo, sin esfuerzo, parece conocerme
como un padre
o como uno de esos viejos marineros que apoyados en sus
redes – cuando había tormenta y bramaba el viento –
me decían, en mis años infantiles, la canción de Erotócrito
con lágrimas en los ojos
– temblaba yo en medio de mi sueño al escuchar la triste
suerte de Areti al bajar los peldaños de mármol.

Me dice el penoso esfuerzo de sentir las velas de tu
nave henchidas de nostalgia y de tu alma
convertida en timón.
Y también que estás solo, inmerso en la tiniebla de la
noche y a la deriva como la parva en la era.

La amargura de ver naufragar a tus amigos entre los
elementos dispersos: uno a uno.
Y qué vigor extraño sientes al hablar con los muertos
cuando los vivos que quedaron ya no bastan.

Habla… Aún veo sus manos que sabían comprobar si estaba
bien tallado, a proa el mascarón
que me den un sereno mar azul en el corazón del invierno.

Yorgos Seferis

(Traducción: Pedro Bádenas de la Peña)

 


 

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Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Soneto XXXI – Feliz quien como Ulises…

 Feliz quien, como Ulises, fin da a su travesía,
O como el argonauta que conquistó el toisón,
Y de regreso, lleno de experiencia y razón,
Entre los suyos vive el resto de sus días.

¡Ay! ¿Cuándo hacia mi aldea retornaré la vía
(La chimenea espera, humeando),  en cuál sazón
Veré otra vez las vallas de mi pobre mansión,
Esa provincia íntima que a nada más se alía?

Me place más la casa que hicieron mis abuelos
Que los audaces frontis en el romano suelo:
Me placen no los mármoles sino pizarra fina:

Más mi Loire de los galos que el Tíber de latinos;
Más mi aldea, Liré, que el monte Palatino;
Más que el aire de mar, la dulzura angevina.

 

 

Sonnet XXXI – Heureux qui, comme Ulysse…

Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,
Ou comme cestuy-là qui conquit la toison,
Et puis est retourné, plein d’usage et raison,
Vivre entre ses parents le reste de son âge !

Quand reverrai-je, hélas, de mon petit village
Fumer la cheminée, et en quelle saison
Reverrai-je le clos de ma pauvre maison,
Qui m’est une province, et beaucoup davantage ?

Plus me plaît le séjour qu’ont bâti mes aïeux,
Que des palais Romains le front audacieux,
Plus que le marbre dur me plaît l’ardoise fine :

Plus mon Loir gaulois, que le Tibre latin,
Plus mon petit Liré, que le mont Palatin,
Et plus que l’air marin la doulceur angevine.

 

(La traducción  es de: Juan Carlos Sánchez Sottosanto)

 


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Kavafis: Ítaca


 

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni al colérico Posidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Posidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo,

Que sean muchas las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes voluptuosos,

cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.

Tu llegada allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

 

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Neruda Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga,

Tras largos años, tras un largo viaje,

Cansancio del camino y la codicia

De su tierra, su casa, sus amigos.

Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas,

Sino seguir siempre adelante,

Disponible por siempre, mozo o viejo,

Sin hijo que te busque, como a Ulises

Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,

Fiel hasta el fin del camino y tu vida,

No eches de menos un destino más fácil,

Tus pies sobre la tierra antes no hollada,

Tus ojos frente a lo antes nunca visto

 

(Luis Cernuda, Peregrino)

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ULISES

De poco sirve que como un rey ocioso,

junto a este hogar en calma, entre riscos yermos,

junto a una esposa anciana, yo dicte e imponga

leyes desiguales a una raza salvaje,

que acumula, y duerme, y come, y no me conoce

No hay reposo para mí del viaje; apuraré la vida

hasta las heces: en todo tiempo he gozado

grandemente, y he sufrido mucho,

solo o con aquellos que me amaban; en la orilla

o cuando con raudas rachas las lluviosas Híades

azotaban el oscuro mar: me he ganado un nombre;

vagabundo eterno de corazón hambriento,

he visto y conocido mucho; ciudades humanas,

costumbres, climas, concejos, gobiernos, y de todos

antes que menosprecio obtuve honra;

y allá en las planicies de la ventosa Troya

bebí delicias de batallas con mis pares.

Soy parte de todo cuanto he tenido ante mí;

pero toda experiencia es un arco a través del cual

destella el mundo aún no recorrido, cuyo margen

no deja de desvanecerse a medida que me muevo.

¡Qué insulso es detenerse, terminar, acumular

óxido sin ser bruñido, sin relucir por el uso!

Como si respirar fuera vivir. Las capas de vida

apilada fueron pocas, y de la postrera poco

me queda: mas cada hora algo se salva del silencio,

algo que es portador de cosas nuevas;

y sería una vileza encerrar, aun por el lapso

de tres soles, a mí y a este gris espíritu

anhelante de deseo de perseguir el saber

como una estrella que se hunde allende

los confines del pensamiento humano.

 Alfred Tennyson

 

 

It little profits that an idle king,

By this still hearth, among these barren crags,

Match’d with an aged wife, I mete and dole

Unequal laws unto a savage race,

That hoard and sleep, and feed, and know not me.

I cannot rest from travel: I will drink

Life to the lees: all times I have enjoy’d

Greatly, have suffer’d greatly, both with those

That loved me, and alone; on shore, and when

Thro’ scudding drifts the rainy Hyades

Vext the dim sea: I am become a name;

For always roaming with a hungry heart

Much have I seen and known; cities of men

And manners, climates, councils, governments,

Myself not least, but honour’d of them all;

And drunk delight of battle with my peers,

Far on the ringing plains of windy Troy.

I am a part of all that I have met;

Yet all experience is an arch wherethro’

Gleams that untravell’d world, whose margin fades

For ever and for ever when I move.

How dull it is to pause, to make an end,

To rust unburnish’d, not to shine in use!

As tho’ to breathe were life. Life piled on life

Were all too little, and of one to me

Little remains: but every hour is saved

From that eternal silence, something more,

A bringer of new things; and vile it were

For some three suns to store and hoard myself,

And this gray spirit yearning in desire

To follow knowledge, like a sinking star,

Beyond the utmost bound of human thought.

This is my son, mine own Telemachus,

To whom I leave the sceptre and the isle—

Well-loved of me, discerning to fulfil

This labour, by slow prudence to make mild

A rugged people, and thro’ soft degrees

Subdue them to the useful and the good.

Most blameless is he, centred in the sphere

Of common duties, decent not to fail

In offices of tenderness, and pay

Meet adoration to my household gods,

When I am gone. He works his work, I mine.

There lies the port: the vessel puffs her sail:

There gloom the dark broad seas. My mariners,

Souls that have toil’d, and wrought, and thought with me—

That ever with a frolic welcome took

The thunder and the sunshine, and opposed

Free hearts, free foreheads—you and I are old;

Old age hath yet his honour and his toil;

Death closes all: but something ere the end,

Some work of noble note, may yet be done,

Not unbecoming men that strove with Gods.

The lights begin to twinkle from the rocks:

The long day wanes: the slow moon climbs: the deep

Moans round with many voices. Come, my friends,

‘ Tis not too late to seek a newer world.

Push off, and sitting well in order smite

The sounding furrows; for my purpose holds

To sail beyond the sunset, and the baths

Of all the western stars until I die.

It may be that the gulfs will wash us down:

It may be we shall touch the Happy Isles,

And see the great Achilles, whom we knew.

Tho’ much is taken, much abides; and tho’

Alfred Tennyson, Ulysses (fragmento)

 

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