Elogio del egocentrismo, por Raymond Smullyan

Dice Raymond Smullyan:

“Siempre me ha molestado el gran prejuicio que hay contra el egocentrismo. ¿A qué se debe? ¿es fruto de que se nos ha enseñado que no debemos ser egocéntricos? ¿tenemos celos de quien carece de esta inhibición? Es evidente que existe egocentrismo y egocentrismo. Como a la mayoría, me molesta el tipo de egocentrismo poco amoroso y pesimista con el que en ocasiones nos solemos topar…

Creo que se ha de establecer una clara distinción entre el egotismo, en el sentido de ‘amor a sí mismo’, y lo que podríamos denominar ego-asertividad. Siempre he odiado a la gente ego-asertiva, mientras que amo a la gente que se ama a sí misma. Las personas ego-asertivas suelen tener mucho poder a la hora de dirigir y manipular a otras personas, por lo que no es extraño que no nos gusten. Pero una persona que es puramente egocéntrica, normalmente se contenta con alabarse a sí mismo y no considera necesario despreciar a los demás. Alguien me dijo una vez: “Creo que una persona ego-asertiva necesita de los demás, aunque sólo sea para afirmar su ego contra ellos, mientras que una persona egocéntrica sencillamente no necesita de los demás para nada”. Estoy de acuerdo con la primera parte de esta afirmación, pero tengo dudas respecto a la segunda parte. Yo diría que una persona verdaderamente egocéntrica (en el mejor sentido de la palabra) necesita a otros. Tomadme como ejemplo; sin otras personas a mi alrededor ¿a quién impresionaría?
También me molestan mucho los sentimientos de vergüenza y culpa que las personas tienen con respecto a su egocentrismo…
Me gustaría hablar ahora un poco sobre mis supuesto ‘egotismo’ y luego sobre el ‘egotismo’ de los demás.
Una vez, en un estado de felicidad, hice el siguiente poemilla titulado Egotistas:

La mayoría odia a los egotistas.
Les recuerdan a ellos.
Amo a los egotistas
Me recuerdan a mí.

En otra ocasión, escribí otro poema, y mi primera intención fue titularlo “Elogio a mí mismo”. Sin embargo, este título (aunque deliciosamente egocéntrico) no llega a atrapar el significado más profundo y trágico del poema y por ello cambié el título a “Carezco de ego”.

La mayoría de la gente,
cuando es criticada por ser egocéntrica
sólo descubre modos inteligentes
para ocultarlo a los demás.
luego, más tarde,
se vuelven ellos mismos estúpidos
Entonces adoptan la secreta dicha egocéntrica
de imaginarse sin ego.
¡Mi caso es distinto!
Carezco realmente de ego.
Como un solitario huérfano
abandonado.
En mi gozoso grito “No tengo ego”
pierdo mi ego.
Mi ego permanece
pero ya no me pertenece.

Estoy tan sorprendido como tú de que el poema acabe siendo tan triste. Originalmente lo planeé para que fuera gozoso, exuberante, exultante y casi desafiantemente egocéntrico; me dejé ir y esperé a ver qué pasaba. La cima del egocentrismo se alcanza evidentemente en la línea: “¡Mi caso es distinto!”, que significa que soy mejor que tú, puesto que tú simplemente piensas que has perdido el ego, mientras que yo lo he hecho. Pero luego resulta que el perder mi ego es triste en lugar de alegre. ¿No es algo divertido? ¿Dime, querido lector, te apena que haya perdido mi ego? ¿No? ¿Cómo? Me apenaría si perdierais el vuestro. ¿Cómo es que no os apena que haya perdido el mío? Tal vez algunos de vosotros, orientados a la religión o la mística, diréis que lo que he perdido es mi ego individual, o ser individual, pero que uno ha de ‘matar’ a su ser individual antes de poder nacer a su gran-‘universal’-ser. No soy contrario a la noción del “Yo universal”, ni niego su importancia, pero creo que debe haber algún modo mejor, más sensato de lograrlo que ‘matando’ al ego individual. Tal vez no se haya encontrado este camino, pero ello no quiere decir que no se halle en el futuro. Y si se encuentra (soy lo suficientemente optimista para creer que sucederá) finalmente descubriremos la síntesis perfecta de la filosofía oriental y la occidental”.

(Raymond Smullyan en Silencioso Tao)

AL LECTOR DE ESKLEPSIS nº4

Me gusta mucho esta defensa del egocentrismo, que he tomado de un libro delicioso de Smullyan: Misterioso TAO. No sé exactamente a qué se refiere Smullyan con lo de “ego-asertividad”. Supongo que a aquellos que creen que el mundo gira en torno a ellos y que imponen a los demás su manera de ver las cosas, que no son capaces de mirar más allá de sí mismos ni darse cuenta de que los demás son los demás, es decir, otros yoes, con los que hay que dialogar y no monologar. Aquellos que se pueden identificar con lo que decía el famoso cohete de Oscar Wilde: “Está bien, dejemos de hablar de mí y hablemos de ti: ¿Qué opinas de mí?”.

Al principio, este número de Esklepsis iba a estar lleno de temas chinos. Además de la sección de poesía dedicada a Bai Juyi, del Pórtico de Smullyan y de la crítica del libro de James Walley, había incluido una reconstrucción del libro de Huang Ti en la sección LOS LIBROS PERDIDOS, que he tenido que quitar pues excedía las 20 páginas.
Así que he pensado que quizá a alguien le puede parecer que había demasiados chinos, pero, en una defensa agresiva, pensaba responder a eso que por qué no se dice que hay muchos occidentales cuando se trata de autores occidentales que llenan un libro o una revista de principio a fin. Se da por supuesto que lo normal son los temas y los autores blancos, varones y occidentales. Cuando estos abundan a nadie le llama la atención, pero si hay demasiadas mujeres o demasiados chinos, ya parece que estamos ante un monográfico o algo parecido.
También he postergado la publicación de un artículo erudito y extravagante de un especialista en culturas prehispánicas que compara a los mayas con los hindúes. Espero publicarlo en el número 5.
He tardado mucho más de lo que esperaba en publicar este número. Ahora creo que publicaré el número 5 muy pronto, pero eso mismo pensaba respecto a este número.

*********

Para saber qué era  Esklepsis y ver el contenido de los cinco números: ¿Qué es Esklepsis?

[Este número 4 de Esklepsis fue publicado en 1998]

ARTÍCULOS DE ESKLEPSIS 4

Escepticismo y eclecticismo (Diderot/Encyclopædia Britanica)

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Exlibris

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El desiderata, un enigma resuelto
[MISTERIOS]

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Pactos con el diablo

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Bai Juyi

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Johann Faust

PACTOS CON EL DIABLO


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Elogio del egocentrismo, por Raymond Smullyan

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Originally posted 2012-05-09 17:30:29.

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Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

wittgenstein

Si aceptamos la teoría de Wittgenstein que sostiene que no puede existir un lenguaje privado, entonces el Dios de cristianos, judíos y musulmanes no es un dios creador, sino un demiurgo.

Es decir,  Dios no creó el mundo a partir de la nada, sino a partir de algo que ya existía previamente. Intentaré justificar esta opinión, que ha tenido cierta fortuna en teologías heterodoxas.

En primer lugar, tenemos que observar que en el Génesis, libro sagrado que es aceptado por las tres religiones del Libro (judíos, musulmanes y cristianos), Dios recurre al  lenguaje para crear el mundo:

«Entonces Dios dijo: “Hágase la luz”. Y la luz se hizo».
(Génesis I, 3)

Si fuera cierto que no puede existir un lenguaje privado, entonces un dios wittgenstiano no podría poner en marcha la creación, ya que no tendría con quien compartir esas palabras (“Hágase la luz”). En consecuencia, ese Dios carecería de lenguaje y no habría logos creador. La palabra no podría haber creado el mundo.

La conclusión lógica es que, si Wittgenstein tiene razón, el Dios de las religiones del Libro queda refutado.

Pero también podríamos alcanzar la conclusión opuesta: si las religiones del Libro tienen razón, entonces la teoría de Wittgenstein acerca del lenguaje privado queda refutada. Se podrían extraer otras consecuencias lógicas, pero ahora voy a examinar este asunto de Wittgenstein y los libros sagrados.

El logos creador

Algunas interpretaciones judías y gnósticas, que también podemos encontrar en la mística musulmana y el sufismo, afirman la preexistencia del logos o la palabra y sostienen que los textos sagrados, y en especial el Corán, son anteriores a Dios mismo.

En este caso nos encontramos con una refutación radical de la idea wittgenstiana: si el Libro es anterior a Dios, entonces no solo deberíamos aceptar que existe un lenguaje privado, sino también una literatura sin hablantes o lectores. Se trataría de un libro sin autor, que permanece en la eternidad sin tiempo, a la espera de un lector que lo descifre.

Podríamos decir, como hace Ludwig von Hertz en “La Nueva Teología”, que Dios encuentra el libro y que entonces crea el mundo, al leerlo.

O podríamos ir más lejos, como se hace en “Una conversación en la isla de Patmos” y afirmar que Dios es el Libro que se lee a sí mismo. Esa idea, en apariencia tan extravagante, la encontramos, sin embrago, en la mística musulmana: “Yo era un tesoro escondido. Quise conocerme y creé el mundo”.

El libro, en definitiva, crea a sus lectores.

En términos de programación digital, podríamos decir que no se trata del logos creador, sino el código creador. ¿Un código que se autoescribe?

Ahora bien, un teólogo sensato, si es que tal especie puede existir, podría decirnos que un verdadero Dios creador no habría pronunciado la frase “Hágase la luz”, sino que se habría limitado a pensarla. Esa era la opinión del padre Nicolás Malebranche. Dios piensa el mundo y nosotros no somos otra cosa que sus pensamientos. La pregunta que nos hacemos ahora es si para pensar “Hágase la luz” es necesario un lenguaje, aunque se trate de un lenguaje interior.

AncientOfDays
“El anciano de los días”, de William Blake. ¿Dios o Demiurgo?

Por otra parte, al examinar los textos bíblicos con atención (y si nos olvidamos por un momento de la tesis wittgenstiana) tenemos que aceptar otra conclusión no menos extravagante que las que hemos examinado hasta ahora.

Si el Dios del Génesis crea a partir de la nada, entonces lo primero que crea no es la tierra, ni los cielos, ni la luz ni el universo, sino el lenguaje, ese lenguaje que le servirá para crear el mundo. Primero debe crear las palabras que pronuncia. Y después el mundo.

En la Teogonía, Hesíodo dice: “Ante todo fue el caos, luego Gaia…”

Para para el dios del Génesis eso se traduciría en: “Ante todo fue el logos, luego la luz…”

Queda por resolver el problema de la existencia de esa oscuridad que va a ser iluminada por la acción del verbo divino cuando crea la luz (“Hágase la luz”). ¿Existía esa oscuridad en algún sentido antes del logos divino, antes de la luz divina?

Si esa oscuridad existía, entonces tendríamos que reescribir las palabras del Génesis: “Ante todo fue la oscuridad, y el verbo divino se extendió (como el espíritu sobre las aguas) y la luz se hizo”.

Esta es una metáfora fácil de traducir a las teorías cosmológicas del Big Bang, y un gran consuelo sin duda para aquellos creyentes a los que les inquieta la conciliación de la religión con la ciencia: la oscuridad sería la nada, lo que no es, y el verbo divino sería la singularidad inicial. La luz sería el estallido del universo al ser fecundada la nada por esa palabra divina; es decir, la entrada del ser en la existencia.

Una primera conclusión es que, aunque descartemos la idea de Wittgenstein de que no puede existir un lenguaje privado, y aunque aceptemos que podría existir un lenguaje con un solo Usuario, nos veríamos obligados a añadir algún versículo al Génesis, para dejar constancia de ese Logos creador que precede a lo que existe:

(0. Antes del principio, nada había y Dios creó el lenguaje).

1. Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

2. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas.

3. Entonces Dios dijo: “Hágase la luz”. Y la luz se hizo.

El lector habrá observado que en el relato del Génesis, el Cielo y la Tierra existen antes de que exista el propio Sol, es decir, la luz. Se supone, por lo tanto, que antes de crear la luz Dios ha creado el cielo, la tierra y las tinieblas de alguna manera. ¿Cómo lo ha hecho? ¿También mediante el lenguaje? Solucionar estos nuevos interrogantes resulta demasiado complejo para este pobre hermeneuta.


[10 de marzo de 2010. Revisado en junio de 2014, en mayo de 2015 y en 2019]

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Ensayos de teología

Acerca del karma


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LA NUEVA TEOLOGÍA
(Recuerdos de la era analógica)

LIBROS PUBLICADOS

Originally posted 2014-03-10 14:50:09.

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Goethe y su circunstancia

goethe-warhol

“Puede decirse sin temor a equivocarse que cada individuo, al haber venido al mundo diez años antes o diez años después, hubiese sido por sus medios de acción y sus formas exteriores, una cosa muy distinta de lo que es”.

Goethe.

*********

[Publicado en 1996]

 

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 3


GOETHE

El juego de Goethe

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Acerca de las descripciones

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Cuidado con las grandes obras

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El destino y el camino

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Algunos retratos de Goethe

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Goethe, ¿poeta de la experiencia?

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Goethe y su circunstancia

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Originally posted 2012-05-07 16:53:48.

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La tierra prometida

Jollain_Moses_Views_the_Promised_LandEl filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz aseguró que Dios había creado el mejor de los mundos posibles, una teoría que causó hilaridad general en su época. Voltaire la ridiculizó en su Cándido, haciendo que el protagonista de su novela recorriera el mundo sufriendo una desgracia tras otra. Pero, como Cándido es discípulo del profesor Pangloss (es decir, de Leibniz), se niega a ver los horrores del mundo y todo le parece estupendo. Cándido es un moderno Job, que soporta todos los horrores del mundo no ya con resignación sino con verdadera alegría, cegado por una teoría, la de que vivimos en el mejor de los mundos posibles..

El argumento de Leibniz, sin embargo, está lejos de ser tan absurdo como parece a primera vista. Dios, en primer lugar, está sometido a lo que Leibniz llama el “principio de razón suficiente”, que dicho en profano significa: siempre debe haber una razón para que suceda cualquier cosa. Dios  debe someterse a las leyes de la naturaleza que él mismo ha creado, como lo hace un buen novelista al someterse a las leyes de verosimilitud que él mismo ha establecido en su relato: si no lo hace, el lector se sentirá estafado (ver la paradoja El guionista crea sus propias reglas, pero está sometido a ellas).

Para un filósofo racionalista y razonable como Leibniz, una vez que Dios ha definido las leyes de la naturaleza, estas deben funcionar siempre del mismo modo y ni siquiera Dios está autorizado a modificarlas a mitad del juego. ¿Por qué iba un Dios perfecto a crear leyes imperfectas que necesitasen ser revisadas y modificadas?

Un descubrimiento inesperado nos ha ofrecido recientemente una pista inesperada acerca del origen de la teoría de los mundos posibles de Leibniz. En 1992, al derribar la pared de una casa del pueblo de Barcarrota, en la provincia de Badajoz, aparecieron varios libros que algún judío había escondido allí, tal vez antes de emigrar a Portugal para escapar a las persecuciones promovidas por los Reyes Católicos. Uno de esos libros es el llamado “Lazarillo de Barcarrota”, versión del célebre Lazarillo de Tormes. Pero aquí me interesa otro texto, que fue encontrado en otra casa de la misma localidad unos años después, en 2008.

Se trata de una crónica del siglo XV que cuenta la historia de un piadoso rabino de Toledo llamado Eliezer, quien, al morir, preguntó a Yahveh, con una osadía que sólo se recuerda en personajes como Abraham o Jacob, por qué había creado un mundo tan defectuoso, en el que los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra, sólo parecían existir para causar desgracias: maremotos y terremotos, incendios y volcanes, tornados y huracanes.

Yahveh le responde que, antes de crear este mundo, imaginó otros muchos, en los que combinó los cuatro elementos de mil y una maneras. Dios permite entonces a Eliezer que contemple esos mundos y el rabino descubre que en todos ellos sólo hay desolación y muerte, que están, como diría Shakespeare, llenos tan sólo de ruido y furia. En los mundos en los que apenas hay agua, es cierto que no hay tormentas, pero tampoco hay peces en los ríos o en el mar. En los mundos en los que no hay fuego, nadie puede protegerse del frío y la tierra es un desierto helado. En aquellos en los que apenas sopla el viento, las epidemias se extienden sin freno en un aire fétido e inmóvil. Por fin, Yahveh muestra a Eliezer que en los mundos en los que la tierra es blanda e inofensiva no se puede caminar, ni construir casas, ni sembrar, la triste vida de esos mundos se arrastra por el fango. Finalmente, Dios permite al rabino contemplar nuestro planeta desde las alturas, como hizo Elías en su carro de fuego. Cito aquí el manuscrito en su reciente traducción al castellano:

“Y Eliezer descubrió que desde las alturas la Tierra era un planeta hermoso, que las plantas, las flores y los frutos crecían como no había visto en ningún otro mundo, que las montañas contenían minerales y metales que estaban a disposición de los hombres y las mujeres, que los mares albergaban miles de criaturas, y que la fértil tierra ofrecía cada año cosechas de cereales, plantas y frutos a quienes la supieran cuidar”.

Nada más nos dice la crónica acerca de Eliezer y no sabemos si quedó convencido o no, aunque es evidente que el cronista opina que Yahveh ha logrado disipar las dudas del piadoso rabino, pues su relato concluye con Yahveh mostrando un puñado de tierra a Eliezer: “Esta y no otra es la verdadera tierra que os prometí, la tierra misma”.

Una última pregunta que quizá ya se ha hecho el lector: ¿se puede probar que este relato fue conocido por Leibniz? La única respuesta posible, en mi opinión, es que pudo llegar a él a través de los círculos relacionados con el judío Baruch Spinoza, cuya filosofía, aunque casi en secreto, Leibniz admiraba.


[Publicado por primera vez en Alquimia de la tierra, en 2012]ensayosdeteologia-cabecera

Acerca del karma

Originally posted 2014-03-10 14:50:09.

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Eclécticos
[ESCEPTICISMO * ECLECTICISMO]

“Eclécticos” es un nombre dado a un grupo de filósofos antiguos que, de las creencias filosóficas existentes, intentó seleccionar las doctrinas que les parecían más razonables, y construir fuera de estas un nuevo sistema (ver Diogenes Laercio, 21).

El nombre se usó primero generalmente en el primer siglo antes de Cristo (…) El eclecticismo buscó alcanzar por selección el más alto posible grado de probabilidad, en la desesperación de lograr lo que es completamente verdad.

En filosofía griega, los Eclécticos mejor conocidos son los estoicos Panecio (150 a.C.) y Posidonio (75 a.C.). El Nuevo Académico, Carneades (155 a.C.), y Filón de Larissa (75 a.C.). Entre los romanos, Cicerón… era completamente ecléctico y unía las doctrinas peripatéticas, las del Academicismo Estoico y las del Nuevo Academicismo, buscando lo probable. La misma línea general fue seguida por Varrón, y en el próximo siglo el estoico Seneca propuso un sistema filosófico principalmente basado en eclecticismo.

En el periodo tardío de la filosofía griega aparece un sistema ecléctico que consiste en un compromiso entre los Neo-Pitagóricos y las varias sectas Platónicas.”

[The Internet Encyclopedia of Philosophy]

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[Publicado en 1999]

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[Publicado en 1999]

Originally posted 2012-08-18 16:55:44.

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Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II y me referí a quienes poníanen duda que la obra hubiese sido escrita por una mujer.

En 1900, José Marco Hidalgo se presentó a unos juegos florales de Albacete que proponían el tema “Biografía de un hijo ilustre de Albacete”.

El premio quedó desierto porque todos los trabajos presentados trataban de Oliva Sabuco, incluido el de José Marco Hidalgo.

En su trabajo, que recibió un accésit al que renunció, Jose Marco Hidalgo muestra hacia Oliva una admiración absoluta, y defiende la autoría de sus obras adoptando posturas progresistas en lo que a la capacidad intelectual de las mujeres se refiere, lo que resulta muy meritorio para un país en el que las mujeres ni siquiera tenían derecho a votar. Así, tras recomendar varias obras acerca de la inteligencia de la mujer, Jose Marco Hidalgo dice: “Os convenceréis (tras leerlas) de que la mujer es igual, si no superior, al varón en inteligencia”. Y acerca de la autoría de Oliva, añade:

“No cabe admitir, ni aun como discutible, la duda apuntada por un escritor que se ha ocupado de Doña Oliva, de que algún enamorado de esta señora desease hacer célebre su nombre poniéndolo al frente de sus escritos. Aparte de lo pueril de la invención, que pocos o nadie admitirán como factible, resulta que a Doña Oliva no se le puede negar la gloria de la originalidad de sus obras, por el sólo hecho de haber alcanzado éstas un mérito científico y literario de mucho valer; pues discurriendo de esta equivocada manera, lo mismo podríamos afirmar, que el sistema planetario de Galileo se lo reveló a éste una vecina suya, y el descubrimiento de América se debe a las confesiones que a Colón hizo su mujer antes de morir, para hacer célebres los nombres de estos dos insignes personajes, y que por tanto sus descubrimientos nunca pudieran ser debidos a sus estudios y desvelos.”                                  [Defensa de Oliva, por José Marco Hidalgo]

Además de defender a Oliva, José Marco Hidalgo intenta resolver en ese primer trabajo algunos misterios y equívocos. Niega que Oliva, como sostenía Sánchez Ruano, pudiera ser de origen morisco, pues existe una petición de información de nobleza de sangre a nombre de Catalina Sabuco, hermana de Oliva. En lo que se refiere a la boda, pese a no hallarse tampoco el registro de la misma, Marco Hidalgo puede asegurar que se celebró el 18 de diciembre de 1580. Y en cuanto a la muerte, nada es seguro, aunque le parece dudosa la fecha dada en ocasiones: 1622.

Tras la defensa de José Marco Hidalgo, el asunto de la autoría de La Nueva Filosofía parece resuelto. Sin embargo, en 1903, aparece un artículo en la Revista de Archivos titulado: “Doña Oliva de Sabuco no fue escritora”. En este artículo se afirma que se puede demostrar que La Nueva Filosofía no fue escrita por Oliva, sino por su padre, Miguel Sabuco. El hombre que firma ese artículo y que derriba de su pedestal a Oliva no es otro que el que tres años antes la defendiera a capa y espada: José Marco Hidalgo.

Continuará…

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[Publicado en 1999 en Esklepsis. En 2012 en internet]


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Originally posted 2017-11-16 16:07:09.

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El cristianismo
(TAN CERCA Y TAN LEJOS \1)

Uno de los aspectos que me acercan al cristianismo se refiere a una cuestión hipotética: en el caso de que yo fuese creyente, creyente en el sentido de seguidor de una religión, creo que me resultaría más apetecible el monoteísmo dualista cristiano (un solo Dios, pero distinto del mundo), que el monismo (“Todo es Dios”).

Esto es, evidentemente, aceptar una inconsecuencia desde el principio, pues si yo fuese creyente, no me plantearía qué religión me resulta más apetecible, si es que creer es un sentimiento que no atiende a razones. Los seguidores de la Meditación Trascendental podrían decirme que me equivoco, que la religión se puede elegir: lo mejor es hacer treinta minutos de meditación y después adherirse a la religión a la que uno se sienta más próximo. En cualquier caso, podría decirse también que uno puede llegar al monoteísmo o al panteísmo, e incluso al animismo, mediante demostraciones y argumentos, como el argumento de San Anselmo.

Pero yo me estoy refiriendo a una religión sentida y vivida. En este sentido, me parece más interesante el cristianismo, pues propone un Dios personal con el que puedes hablar, comentar tus problemas, un Ente al que puedes amar con la ardiente pasión de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, o con el intenso amor dolorido de Francisco de Asís.

Por contra, el monismo propone una Divinidad que lo es todo, impersonal, con la que no es posible la comunicación, una Divinidad que es ajena, como conciencia misma, a los problemas del creyente. Si para Nietzsche el cristianismo era monotonoteísmo, ¿que se podría decir del universo monista?

Por otra parte, ya sé que el Dios del cristianismo les parece a los monistas una creencia infantil, que refleja la niñez del creyente. Creo que tienen razón, pero eso no le resta atractivo. El atractivo se lo resta su escasa plausibilidad, su gran improbabilidad.

Ahora bien, existe un tercer camino: el panteísmo. Los panteístas parecen compartir los presupuestos teóricos de los monistas, pero la pasión de los monoteístas. Parecen amarlo todo con una intensidad comparable a la de Francisco de Asís, excluyendo tan sólo a ese Ser Supremo que era el centro de todos los desvelos del poverello. Así que a lo mejor es más importante el sentimiento mismo del creyente, que, según la época o el gusto personal, se dirige a una divinidad personal o a la naturaleza en su totalidad.

Por otra parte, es cierto que si existiese un Dios como el que proponen los cristianos, resultaría muy difícil sentir amor hacia él después de observar el dolor, la crueldad y los sufrimientos que existen en el mundo que ha creado. Por ello, si hubiese de elegir un Dios en el que creer, casi preferiría un sistema dualista, en el sentido de potencia del bien enfrentada a una potencia demoníaca, o el Dios de los socinianos como Newton, que no es omnipotente y, por tanto, no ha podido crear un mundo perfecto.

Las anteriores son algunas de las cosas que me unen al cristianismo. Hay muchas más, por supuesto, por ejemplo, el pragmatismo de Jesucristo expresado en la frase “Por sus obras los conoceréis”; la recomendación de amar al prójimo; el “no matarás”, la belleza de tanta música y tanto arte que tienen como motivo de aliento e inspiración la religión cristiana, la idea de que todos los hombres son iguales. Supongo que podría añadir bastantes cosas, pero no debo olvidar lo mucho que me separa del cristianismo.

Me separa el hecho de que es una religión, y yo no soy religioso. Me separa el que utiliza a Dios como justificación de esa igualdad humana, por lo que el comportamiento ético tiene un fundamento extrahumano y ajeno a la propia ética; de ahí que yo crea que la frase “Si no existe Dios, todo vale” ha de ser invertida: “Si existe Dios, todo vale”, porque todo depende de su voluntad, no de que sea razonable o justo.

Me separa del cristianismo la moral de premios y castigos, la creencia en un infierno y en un castigo eterno a los pecadores, la imposibilidad de hacer coherente la bondad infinita de Dios y el dolor que existe en el mundo. Pero lo que sin duda más me aleja del cristianismo es su terrible historia. Alguna vez he dicho o escrito que el cristianismo ha sido la doctrina en cuyo nombre se han cometido más crueldades, incluyendo a Hitler, Stalin y los asirios. No sé si es cierto o no, posiblemente sí, aunque tal vez, a la hora de juzgar al cristianismo nos dejamos llevar por la impresión de la oscura época que se inicia con la Inquisición.

Me separa del cristianismo, para terminar, que, como sucede en cualquier religión revelada, sus preceptos y sus enseñanzas se basan en argumentos de autoridad (“lo dijo Jesús”, “lo dijo San Pedro”) y no en razones.

*********

[Publicado en 1994]

 

Comentario en 2013:

En el artículo original publicado en 2013, también hablaba de mi cercanía y lejanía con el realismo cristianos, entendido de dos maneras casi opuestas: como enfrentado a idealismo y como rival de nominalismo. Ahora esa parte del artículo está aquí: El realismo cristiano.

COMENTARIOS Y ENLACES 2012

En Cosas que he aprendido de... dediqué un artículo a Jesucristo y los cristianos

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Originally posted 2012-03-27 16:49:40.

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La danza de la muerte

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La primera danza de los muertos o danza macabra o macabea que se conoce tal vez sea el Respit de la Mort escrito por Jean Le Fèvre en 1376 que llama a su poema “danse macabré”. En España hay una Dança general del 1400.

El origen de la palabra “macabro” no está claro. Se ha puesto en relación con los macabeos de la Biblia, y en concreto con Judas Macabeo. Pero el origen más probable es árabe: maqbara significa cementerio (plural maqabir) que dio en español la palabra almacabra (cementerio moro). En Almería hasta el siglo XIX se llama macabas a los cementerios.

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 5

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Originally posted 2012-08-19 01:06:54.

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Johann Faust

PACTOS CON EL DIABLO

Dice Carlos García Gual que el de Fausto es un mito moderno muy interesante, pues podemos seguir con bastante facilidad su evolución desde su origen, desde un personaje real que sabemos que existió hasta sus últimas variaciones literarias y artísticas. Es cierto, porque de los mitos casi siempre solo nos queda su eco a través de las épocas y resulta difícil rastrearlos hasta su origen.

Melanchton asegura que Georg o Johann Faustus nació hacia el añó 1480 en Knittliengen, un pueblecito perteneciente a Württemberg, que no sé si es el Witenberg en el que Goethe situaba a su Fausto. [Parece que no se trata del mismo lugar, puesto que Knittliengen y Wurttemberg están en un extremo de Alemania, en el suroeste, mientras que Wittenberg está en el otro extremo, al noreste].

Johann Faust

El benedictino Johannes Tritemus lo menciona en sus epistolarios y se supone que Fausto fue su discípulo. Dice Alberto Cousté que este Tritemus es “uno de los magos especulativos más grandes de los que se tenga memoria”. También mencionan a Fausto en sus cartas el canonista Mudt y Heinrich Urbanus, quien lo llamaba Magister Geórgius Sabellicus Faustus Junior. Estos autores decían que Fausto sabía de memoria la obra completa de Homero, Virgilio y Horacio, lo que tampoco resulta tan asombroso (más difícil le hubiera sido memorizar tan sólo la de Plutarco).

Al parecer, se licenció por la Universidad de Heidelberg y luego se estableció en Praga “capital mundial de la magia por entonces”, dice Cousté.

En 1513, Conrado Mutiano, que no sé si es la latinización del mencionado Mudt, habla de Georgius Faustus como un fanfarrón y un loco. Siete años después el obispo de Wittenberg le paga diez florines por un horóscopo. En 1527 escapa de Wittenberg para evitar ser arrestado. Un año después lo expulsan de Ingolstadt bajo la acusación de sodomita y nigromante. El prior Kilian Leib menciona sus conocimientos astrológicos.

En 1532 se le prohíbe establecerse en Nurenberg a causa de su inmoralidad. Tal vez en 1533, él y el no menos famoso Agrippa (Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim) pasan una temporada bajo la protección del obispo de Colonia, Hermann von Wied.

En 1534, Felipe von Hutten, que vive en Venezuela, menciona también los poderes astrológicos de Fausto. En 1539 el médico Felipe Begardi se indigna de que Fausto “pretenda ejercer a la vez la medicina, la quiromancia, la cristalomancia, la nigromancia, etc.”.

Al parecer, murió en Staufen, cerca de Friburgo, en 1540 o 1541, a los sesenta años.

Johann Faust y el diablo

Estos son los datos más o menos ciertos acerca de Johann Fausto, pero su leyenda agregó todo tipo de extravagancias y asombros, no sólo mediante la invención, sino también atribuyéndole hechos pertenecientes a otros personajes, algunos de ellos bastante más legendarios que el propio Fausto, como San Cipriano (El mago prodigioso, de Calderón) y Simón el mago.

Se decía que era experto en artes mágicas, que había intentado volar en Venecia y que había ejercido la nigromancia y la profecía en Cracovia. Además, era capaz de levitar, tenía el don de la ubicuidad, poseía poderes hipnóticos y de sugestión y dominaba la xenoglosia o don de lenguas. En cuanto a las habladurías acerca de su pacto con el diablo, parece que se deben a que el propio Fausto presumía de haberle vendido su alma.

En una época de ocultistas célebres, como Paracelso, Nostradamus y Agrippa, una figura menor como Fausto logró mayor fama gracias al Faustbuch (Libro de Fausto), también llamado el Fausto de Spies por haber sido publicado por este librero. Se trata de una colección de cuentos que se publicó en 1587 en Frankfurt y que conoció enseguida un gran éxito. En este libro se atribuían a Fausto historias que anteriormente se habían adjudicado a Merlín, a Alberto Magno o a Roger Bacon. El libro, que parece que cuenta con importantes virtudes, fue divulgado por toda Europa y poco a poco se fueron añadiendo más episodios a la vida de este mago prodigioso. Christopher Marlowe se basó en una traducción de 1592 para escribir en 1604 La trágica historia del Doctor Fausto.

En el libro de Spies, que intentaré leer en su traducción al español o a otro idioma que conozca, se asegura que, a cambio de su alma, Fausto compró sabiduría, juventud y poderes mágicos durante 24 años.

Fausto estudia sin descanso

Los ocho primeros años los dedicó a los estudios mágicos y a los placeres en la ciudad de Wurtemberg; los ocho siguientes a viajar en medio del mayor lujo, asombrando a todos con sus poderes, incluidos el Papa y el Emperador. Después regresó a Wittenberg y conjuró al fantasma de Helena de Troya, se casó con ella y tuvo un hijo, concluyendo su vida con una muerte horrible y la condena eterna, a pesar de su última confesión y arrepentimiento.

Aunque los estudiosos de la época se burlaban de los supuestos poderes de Fausto, en círculos luteranos se lo tomaron muy en serio, entre ellos Melanchton y el mismo Martin Lutero. El luterano Georg Rudolf Widman amplió el libro de Spies en 1599, proporcionando datos más precisos y quizá más fantásticos a la leyenda. Alberto Cousté cuenta algunos detalles de este libro.

El motivo que llevó a Fausto a pactar con el diablo fue, según Widmann, su ansia de conocimiento. Aunque llevaba un tiempo dándole vueltas a la posibilidad de contactar con el maligno, pues sabía como hacerlo, Fausto no acababa de decidirse. Así que el diablo, atraído por la excepcionalidad del alma de Fausto, decidió dar el primer paso. Sin embargo, sabía que una propuesta directa no sería aceptada. Si no hay aceptación voluntaria, el diablo no puede hacerse con el alma de los hombres, así que el príncipe de las tinieblas puso en práctica todas sus artes de seducción, pues no en vano se le llama el Gran Tentador.

Satanás se apareció a Fausto por primera vez bajo el aspecto de un perro negro que le seguía por todas partes, hasta que consiguió ser adoptado por el nigromante. A partir de ese momento, el diablo se dedicó pacientemente a proteger a su amo y a alejar de él cualquier distracción, consiguiendo así que éste se sumergiera más y más en sus estudios diabólicos. Finalmente, Fausto decide intentar conocer al diablo y se cita con él en los bosques de Mangeall, tras dejar todos sus asuntos en manos de su criado Wagner, pues temía perder la vida en el demoniaco encuentro.

Tras algunas temibles demostraciones de su poder, el diablo se aparece a Fausto bajo la figura de un monje franciscano. El diablo se mueve alrededor de Fausto durante un buen rato y finalmente se acerca a él y le da un pergamino y una pluma. Fausto lee el pergamino y firma con su propia sangre.

De esta historia que cuenta Widman, el detalle más fantástico es que afirma que este pergamino fue encontrado entre los papeles póstumos de Fausto. Pero, ¿de qué otra manera podría haber sabido este luterano estricto cuáles eran las cláusulas del contrato? Eran estas: Mefistófeles aparecería siempre que se lo mandase Fausto y estaría obligado a hacer lo que éste le pidiese, sería sumiso y eficiente como un criado y sólo podría ser visto por Fausto.

En cuanto a Fausto, su única obligación consistía en entregarse en cuerpo y alma al diablo, “sin reserva de ningún derecho para la redención, ni futuro recurso a la misericordia divina”, una vez que el diablo le hubiese servido durante veinticuatro años.

Cousté menciona un tercer Fausto, el de Johan Nicolaus Pfitzer, quien en 1674 dedicó otro libro al personaje. Pero como esta obra fue publicada posteriormente al Fausto de Marlowe, al que dedicaré esta sección alguna vez, no trataré de su contenido.

Para Alberto Cousté, Fausto es un héroe gnóstico, porque pierde su alma a causa de su devoradora sed de conocimiento, y lo compara con Prometeo, pero señala una diferencia: Fausto, “como alto exponente del Renacimiento” es individualista, mientras que el sacrificio de Prometeo es en favor de los hombres. Pero el mito de Fausto ha llegado a alcanzar una complejidad tal, en gran parte a partir del Fausto de Goethe, que no añadiré aquí más interpretaciones, sino que lo haré cuando vuelva a dedicar esta sección de nuevo a Fausto, al Fausto de Marlowe, de Goethe, de Mann, de Valery y, ¿por qué no?, de Estanislao del Campo.


[Publicado en 1997. Revisado en 2019]

Originally posted 2014-03-10 14:50:09.

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Dios no puede demostrar que es Dios
IMPOSIBILIDADES DE DIOS

diosomnipotente

Se trata de argumentos acerca de Dios. Conviene aclarar que estos argumentos a veces se basan en el concepto de Dios como ser omnipotente, es decir son una consecuencia de la lógica misma de la definición de la idea “Dios”, mientras que en otras ocasiones se refieren no al concepto, sino a situaciones en las que un ser aparentemente omnipotente es declarado o declara ser Dios, como la que se examinará más adelante.

Es decir, por un lado podemos plantearnos si existe alguna manera de saber si existe algo en la realidad que se corresponda con el concepto de Dios, y a continuación examinar las dificultades que se plantearían para averiguarlo. Por otro lado, podemos admitir como hipótesis que efectivamente existe Dios entendido como ser omnipotente y ver las dificultades que esto también plantea.

 

Primera Imposibilidad de Dios
Dios no puede demostrar que es Dios

Este argumento me parece de una lógica aplastante, pero debo admitir que no a todo el mundo se lo parece. Se lo conté a mi amigo Juanjo y estuvimos discutiendo durante una hora, mientras saboreábamos pescado frito en el puente de Ventas, junto a la M-30. Tampoco convenció a mi amiga Margarita.

Creo que no logré convencerlos porque confundieron lo que es un argumento acerca de una situación hipotética con un argumento hipotético acerca de un concepto (ese concepto es Dios).

Para evitar esa confusión, hay que entender este argumento en sus justos términos y en su precisa formulación. Dice así:

Imaginemos que un ser poderosísimo se presenta ante la humanidad, o ante un sólo hombre al que quiere convencer. Este Ser afirma que él es el ser más poderoso del universo, el que lo ha creado y el que puede devolverlo a la nada. El hombre se muestra escéptico, así que este presuntuoso ser le hace alguna demostración: detiene el sol, seca los mares, traslada al hombre a una galaxia remota, elimina la violencia del comportamiento humano. Prueba tras prueba, el hombre va cediendo en su escepticismo: ahora no le cabe ninguna duda de que ese ser es poderosísimo. Pero, ¿es el ser más poderoso que existe?

-Sí, lo soy”, responde el ser, conozco el universo hasta el último confín y no existe otro ser que me sea superior.

De acuerdo, conoce todo el universo, pero, ¿cómo asegurar que ese universo no es sino una mota de un universo mucho mayor gobernado por otro ser más poderoso?

Quizá el primer ser poderoso ha querido que el segundo ser poderoso no sepa de su existencia. Es como un tiburón en un acuario que afirma ser el animal más poderoso porque ha recorrido todos los confines del acuario.

Por mucho que el ser poderosísimo intente convencer al hombre y afirme que no hay nada más allá de él, no puede demostrar que no hay un ser por encima de él que lo ha creado a él y al universo y que incluso ha puesto en él la peregrina idea de que es el ser más poderoso que existe.

Este es el argumento. Una vez expuesto, examinaré la razón por la que Juanjo y Margarita no quedaron convencidos. Como habrá observado el lector, no he empleado la palabra Dios para definir a ese ser poderosísimo.

No lo he hecho porque la palabra Dios suele llevar asociada la siguiente consecuencia: Dios es omnipotente. Es una consecuencia que no es de ninguna manera necesaria, como muestra el ejemplo del Dios de los socinianos, que es poderosísimo pero no omnipotente.

Si se entiende por Dios un ser omnipotente y se formula el argumento diciendo que Dios se aparece a un incrédulo, entonces, puede suceder, y de hecho sucede, que en vez de discutir esa situación hipotética en la que un hombre se encuentra con un ser que  pretende ser Dios omnipotente, se discute acerca de un concepto hipotético: el de un Dios omnipotente. Todo esto recuerda el célebre argumento de Anselmo y la réplica del monje Gaunilo.

dios-omnipotencia

Podemos comparar la aparición de ese ser omnipotente con la de un caballo con un cuerno en su frente. Si decimos que un caballo con un cuerno en su frente se presenta a un hombre y le intenta convencer de que es un unicornio, se plantean dudas similares: puede tratarse de una mutación genética de laboratorio. puede ser un caballo al que se le ha insertado un cuerno, fijándolo en su cráneo, puede incluso tratarse de un sueño o de una alucinación.

Así, podemos discutir los pros y los contras de la pretensión de ese caballo con un cuerno que se pretende unicornio. Pero en el planteamiento no afirmamos ni negamos desde el principio ni que se trate de un unicornio ni tampoco que sea tan sólo un caballo con un cuerno en la frente. Si me refiero a él como un caballo con un cuerno en la frente es porque esa es la apariencia de los unicornios, pero no estoy diciendo que efectivamente se trate de un caballo con un cuerno: podría ser realmente un unicornio.

Ahora bien, si mi planteamiento fuese: “Un unicornio se presenta a un hombre”, da la impresión, no necesariamente buscada, de que estoy admitiendo desde el principio que se trata efectivamente de un unicornio. Lo mismo sucede con “Dios”.

El problema, no del argumento en sí, sino de la comprensión del mismo, parece tener relación con el lenguaje y el metalenguaje, los diferentes niveles y metaniveles que se observan, por ejemplo, en los cuadros de Escher.

Es decir: el planteamiento se hace en un nivel determinado: una situación hipotética en la que a un hombre se le aparece un ser poderosísimo que afirma ser Dios (el ser más poderoso que existe). Esto es todo lo que hay.

El problema surge cuando saltamos a un metanivel en el que metemos la definición de Dios como “ser omnipotente”. Ahora ya no planteamos una situación hipotética en la que todo son dudas, sino que, por el contrario, partimos de nuestro concepto de Dios (concepto no menos hipotético, en cuanto que no sabemos si se corresponde con algo que existe) y con él nos trasladamos a esa situación hipotética en la que un ser se aparece a un hombre y le dice que es Dios.

omnipotence-gallonAhora bien, incluso si iniciamos el argumento en ese meta-metanivel, creo que el argumento de esta imposibilidad (“Que Dios no puede demostrar que es Dios”) sigue siendo bueno.

Incluso si aceptamos la idea de que efectivamente existe un ser omnipotente que ha creado el mundo, ni siquiera este ser omnipotente puede tener la certeza demostrativa de que efectivamente lo es.

Dicho de otra manera: no puede existir un ser omnipotente, porque de existir, este ser omnipotente podría demostrar que lo es, lo cual no es posible.

Se trata quizá de una manera realmente curiosa de formular un argumento que tal vez sea equivalente al teorema de incompletitud de Godel, que afirma que ningún sistema formal se puede demostrar a sí mismo.

Podría seguir argumentado, pero dejo tiempo para hipotéticas respuestas.

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NOTA: Cuando ya había escrito este artículo, releyendo El Hacedor, de Borges, encontré un poema que dice exactamente lo mismo que yo sostengo. Me parece improbable pero no imposible que mi opinión proceda de su poema, que ofrezco al lector a continuación, en la sección de Ajedrez de este mismo número (me refiero al soneto II).

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Años después, convertí esta sección de Esklepsis en uan página web y reescribí un poco este artículo: Imposibilidades de Dios

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[Publicado en 1996]

 

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 3

 

Originally posted 2014-03-10 14:50:09.

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