Logomanía y el libro de la almohada

“A medida que va corriendo mi pluma, me voy dando cuenta de que todo esto ya está magistralmente descrito con palabras de rancio sabor en la Historia de Genyi y en El libro de la almohada.
Pero que no digan que no tendría que andar repitiendo lo mismo con palabras nuevas, porque si no expresara lo que aflora en mi mente, creo que se me inflamaría el vientre de irritación y de cólera. Así que prefiero dar rienda suelta a mi pluma; faena inútil y digna de lástima. Estos papeles están destinados a la papelera y en ellos no se detendrá el ojo de nadie.”

(Kenko Yoshida, Tsurezuregusa)

Logomanía o logofagia, escribir por escribir, sin ningún objeto, ambición ni otro motivo que las propias ganas de escribir. Eso le pasaba a Kenko Yoshida, que escribía sus papelitos en su choza. Eso me pasa a mí.

Recuerdo que me impresionó hace más de veinte años leer algo de Ortega acerca de un filósofo alemán al que le pasaba lo mismo. Ya lo buscaré.

Los libros que menciona Yoshida son dos clásicos japoneses escritos por cortesanas: La historia de Genyi, de Murasaki Shibiku y El libro de la almohada, de Sei Shoganon.

Las dos vivieron hacia el año mil e incluso se conocieron, aunque, si recuerdo bien, no se apreciaban. La historia de Genyi se considera la primera novela de la historia, aunque yo creo que hay novelas anteriores, como El asno de oro, de Apuleyo. Incluso se podría decir que, aunque esté escrita en verso, la primera novela de la historia es precisamente la primera obra literaria de la historia: El poema de Gilgamesh, mi libro favorito. Y las obras de Homero también.

En el Libro de la almohada, Sei Shonagon describe la vida en la corte, y dice qué cosas le gustan y qué cosas no le gustan. Por ejemplo, dice en el capítulo Cosas deprimentes:

“Estoy escuchando absorta un relato, y de pronto alguien se entromete intentando probar que es la única persona ingeniosa de la reunión. Aborrecible persona.”

“Es bastante tarde y una dama está esperando a un visitante esa noche. Como oye finalmente un golpeteo furtivo, envía a su criada a abrir el portón y espera excitada. Pero el nombre anunciado por la criada es el de alguien por quien no tiene el menor interés. De todas las cosas deprimentes, ésta es de lejos la peor”

Un libro delicioso que, como Kenko Yoshida, yo también empecé a imitar en La almohadilla digital.

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[Entrada publicada en Tsurezuregusa el 6 de octubre de 2004]

  

 


 

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