Zhuang visita la caverna de Platón
Lectura del Zhuangzi /2c

zhuangzi- un escriba

»Algunos hombres poseen talento para ser mandarines; otros, por su recto proceder pueden servir de ejemplo a toda una comarca, y aun encontrarás quienes por su virtud pueden ganarse la benevolencia de un príncipe y la confianza de un estado entero. Todos ellos se tienen en alta estima, en todo semejantes a aquel gorrión.

»Song Rong zi no pudo menos de hacer mofa de ellos. Song Rong zi ni tomaba ánimos por recibir aplauso general ni se sumía en la tristeza por recibir oprobio general. Sabía muy bien fijar los límites que separan el yo interior del mundo externo, y distinguir dónde está la honra y dónde el deshonor. ¡Eso era todo lo que sabía hacer! No se afanaba buscando renombre. Aunque era así, nada dejó establecido.

»Lie zi viajaba cabalgando el viento, con suma ligereza y gran habilidad. Al cabo de quince días estaba de vuelta. No se afanaba en buscar la felicidad. Con todo, y aunque no necesitara caminar, Lie zi al final seguía dependiendo de algo.

»A quien es capaz de acomodarse a las leyes del Cielo y de la Tierra para dominar las mutaciones de las seis energías cósmicas y poder viajar por el espacio sin límites, ¿necesita todavía depender de algo?

»Por eso se dice: “El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre”.

 

¿Qué tipo de relativista era Zhuang Zi?

En los dos capítulos anteriores he hablado del relativismo aplicado a los sistemas de referencia, por ejemplo en relación con el principio de relatiidad de Galileo y la teoría de la relatividad de Einstein; también de lo que se podría llamar relativismo existencia y perceptual: cada animal o persona percibe el mundo de manera diferente. Pero en especial he hablado del relativismo moral o antropológico o cultural, que sostiene que no podemos juzgar los actos de un sistema de creencias ajeno al nuestro. En este último sentido he intentado distinguir entre la tolerancia y el verdadero diálogo, tal como podían defenderlo Montaigne o Diderot, y la falsa tolerancia y el inexistente diálogo del relativismo cultural, que en realidad no habla ni escucha a las personas de otras culturas, sino que acepta la validez de lo que dicen simplemente porque ha sido dicho desde otra cultura. ¿Y qué pensaba de todo esto Zhuang zi?

Me gusta pensar que tal vez Zhuang zi pensaba lo mismo que nosotros tres (Diderot, Montaigne y yo mismo), o al menos así parece en estos primeros pasajes de su libro, cuando se burla de los “animalejos” que creen conocerlo todo y viven, sin saberlo, en una miserable charca.

Es cierto que después dice que los que se creen sabios son como esos animalejos, y menciona a un tal Song Rong zi que no cometía los errores de esos sabios presuntuosos. Alguien que, a pesar de ser mejor que esos sabios o príncipes no se preocupaba de parecerlo ni de buscar renombre. También menciona a un tal Lie Zi (que ha dado nombre al tercer libro del taoísmo, el Liezi), que era casi perfecto y podía volar, pero que aún dependía de algo, el aire que le sostenía, como el pájaro Peng.

Pero, de este asunto del desprendimiento de las cosas, o al menos de lo que el Eclesiastés llamaría las vanidades del mundo, seguro que habrá ocasión de hablar más adelante.

Aquí sólo quiero recordar que Zhuangzi ridiculiza al insecto que cree que su pequeño mundo es el mundo y al sabio que se cree mejor que el insecto, pero no dice que todo sea igual: el pez Kun o el sabio conocen un mundo más amplio que el del insecto, pero están aún lejos del mundo que conoce Song Rong zi. De este interesante pensador, por cierto, hablaré al comentar el capítulo 33 del Zhuang zi.

El texto de este primer punto del Libro Primero del Zhuangzi termina con una frase que se parece mucho a las que podemos encontrar en el Laozi (Tao Te King):

“El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre.”

Como he dicho, de este asunto del sabio anónimo hablaré más adelante, pero ahora quiero referirme a otro parentesco intelectual de Zhuang zi. El que le une a Platón.

 

El mito de la caverna y Zhuang zi

A menudo se han comparado las ideas de Zhuang Zi con las que expresa Platón en un célebre pasaje de La República: el mito de la caverna.

Quienes no conozcan el mito o no hayan leído el original de Platón, pueden leerlo con este enlace: El mito de la caverna. Creo que conviene leerlo de nuevo, aunque ya se conozca de sobra: siempre se descubre algo nuevo.

La caverna de Platón ha inspirado a lo largo de la historia muchas variantes, como el mundo de Planilandia o Flatland; un bello cuento de Lovecraft llamado Polaris; otro que escribió Cortazar inspirado en aquél, La noche boca arriba, o la caverna virtual de Rudy Rucker. Su último ejemplo es la película Matrix. La fábula de la mariposa de Zhuang zi es otra manera de expresar este mito: soñamos que somos una mariposa, pero tal vez seamos un ser humano soñado por una mariposa. El mundo de Matrix es la mariposa cibernética o digital de Zhuang zi.  Más adelante conoceremos mejor a esta mariposa.

platos-cave-21En este momento sólo quiero mencionar una coincidencia entre Zhuang Zi y Platón: el limitado mundo que ven la cigarra y la tortolilla que se burlan del pájaro Peng es semejante al limitado mundo que ven los prisioneros de la caverna de Platón. Los prisioneros, la cigarra y la tortolilla, viven en un mundo mucho mayor que aquel que son capaces de percibir.

Del mismo modo que la cigarra y la tortolilla se ríen del pájaro Peng, así los prisioneros se burlan y acaban asesinando al compañero que consigue liberarse y ver el mundo real. Ellos no creen que exista un mundo real mayor que el que perciben en las sombras de la pared, del mismo modo que el insecto que muere al atardecer no creerá que existe la luna.


Más información acerca de personajes, lugares y conceptos en Enciclopedia del Zhuangzi

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