• Radicales y equidistantes

    Lo radical siempre ha resultado muy atractivo entre quienes presumen de ser íntegros y honestos, entre quienes alardean de no callarse ante las injusticias, entre quienes proclaman a los cuatro vientos que combaten por nobles ideales… Es decir, entre los ingenuos y los fanáticos, que a menudo son los mismos, aunque los fanáticos suelen reservarse el papel de directores de la orquesta radical y los ingenuos se tienen que resignar a ejecutar la partitura, a veces en sentido literal. A quienes en medio del fragor radical piden moderación se les llama «cómplices», «vendidos» o el más terrible insulto de los últimos años: «equidistantes». Los equidistantes, nos dicen, se sitúan en…

  • Daniel Tubau, el raro

    Ana Aranda Vasserot no sólo tradujo El arte de la guerra de Sunzi que se incluye en El arte del engaño, sino que además me presentó de esta simpática manera en el Institut Confuci de Barcelona. Espero hacer yo lo mismo en alguna presentación futura de El arte de la guerra, que se ha publicado de manera independiente en España y próximamente en México. El arte del engaño incluye la traducción completa de los dos grandes clásicos de la estrategia, El arte de la guerra, de Sunzi, y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, con comentarios adjuntos que ayudarán al lector, incluso al menos versado, a comprenderlo en toda su…

  • La estrategia explicada por un poeta

    Los estrategas no siempre se ponen de acuerdo al intentar distinguir entre estrategia y táctica, pero el poeta uruguayo Mario Benedetti logró explicar la diferencia en un poema. En la presentación de El arte del engaño en el Institut Confuci de Barcelona, Ana Aranda y yo lo contamos. Este es el poema completo de Benedetti: Táctica y estrategia Mi táctica es Mirarte Aprender como sos Quererte como sos Mi táctica es Hablarte Y escucharte Construir con palabras Un puente indestructible Mi táctica es Quedarme en tu recuerdo No sé cómo ni sé Con qué pretexto Pero quedarme en vos Mi táctica es Ser franco Y saber que sos franca Y…

  • Susan Sontag y los enfermos culpables

    Leí La enfermedad y sus metáforas hace probablemente más de 10 años, en casa de Iván, en Barcelona. También leí otro libro de Sontag: Contra la interpretación, del que guardo muy buen recuerdo. Al leerlo en esta nueva edición, me siento mucho más aludido que entonces. Leerlo otra vez me ha reconfortado, especialmente en estos días (1996). Andaba yo muy molesto porque me enteré por Iván (que quizá es un poco indiscreto) qué María (mi tía Mariona, psicoanalista) le había dicho que yo no tenía nada, o que mi problema era solo mental. También, según Iván, opinaba lo mismo Pelayo, aunque este último no se basaba en otro argumento que…

  • La danza de la muerte

    Marcos me regala este libro estupendo. Es una versión castellana de las celebres danzas de la muerte medievales: «La Europa medieval de las pestes de los visionarios místicos, de los flagelantes, de los predicadores del satanismo y de la adivinación, están encarnados en la severa mirada del esqueleto y el cadáver danzante como última imagen de su realidad”. Se supone que la calavera que encabeza esta entrada y el libro publicado por la editorial Visor es el retrato del editor original, Juan Varela. [2020. Parece que en realidad se trata de un autorretrato del ilustrador Merian. Hay que darle la vuelta al libro para descubrir a la muerte o a Merian.…

  • Breve historia de mi enfermedad

    Llegado a la página 40 del cuaderno ni siquiera he contado nada de lo que ha dado precisamente origen a este cuaderno. El día 6 o 7 de diciembre de 1996 noté los síntomas de un constipado, catarro, resfriado gripe o similar. Dos o tres días después iba a iniciar mi viaje hacia la Península de Yucatán: mala suerte irse enfermo a las vacaciones. Mi amigo Juanjo me dijo que mis temores eran infundados y que padecía el mal del viajero: me curaría en cuanto tomase el avión. Yo sabía que no iba a suceder tal cosa. En el avión comenzó la fiebre. Supongo que llegué a los 39 grados.…

  • Un ejemplo de conmovedora solidaridad entre los diversos órdenes de la naturaleza

      Coincidiendo con la detección de al menos dos gérmenes, virus o bacterias que pasan las horas en mis pulmones [en 1996], mi ordenador empezó a volverse loco, atacado también por un virus que escapaba toda posible detección. Tuve que cambiarle la sangre y la médula espinal (que supongo que será la equivalencia) y después  darle la vida de nuevo. Pero, no bien mi ordenador todavía convaleciente empezaba a recuperar sus capacidades, mis plantas decidieron unirse al grupo de infectados. Desde hace días ya venía yo observando esa plaga de feas mariposas con que nos ha obsequiado la llegada del calor. Hoy he sabido que dentro de una o dos…