Narciso multiplicado

La realidad etiquetada

Los antiguos griegos eran muy imaginativos. No solo inventaron muchos de los mitos que todavía nos influyen, y que Sigmund Freud y su discípulo hereje Carl Gustav Jung elevaron, o quizá habría que decir que degradaron, al rango de complejos o de arquetipos, sino que, una vez creados esos mitos, los propios griegos los refutaron.

En cada una de las leyendas griegas encontramos variantes que la niegan. Según algunos mitos, Helena de Esparta se fue a Troya con el bello Paris o Alejandro por su propia voluntad, pero otros piensan que fue raptada mediante la fuerza, o por decisión invencible de los dioses o, como nos dice el sofista Gorgias, por el logos, es decir por los discursos seductores del príncipe troyano. Según otras versiones, como la del poeta Estesícoro, ni siquiera estuvo en Troya, sino que su lugar fue ocupado por un fantasma mientras ella permanecía en Egipto.

Otro de estos mitos cambiantes es el del primer hombre que vivió la presencia de su doble no como una pesadilla sino como un nirvana: Narciso.

Como es sabido, la leyenda cuenta que Narciso se miraba en las aguas quietas de un lago porque estaba enamorado de sí mismo, y sobre esa idea cayó Freud con todo su arsenal psicoanalítico siglos después. Pero  existe una variante del mito que nos ofrece una interpretación sorprendente y nos revea que Narciso no era narcisista, sino más bien incestuoso. En efecto, Narciso en realidad estaba enamorado de su hermana y se miraba en el lago no por amor a sí mismo, sino porque le parecía estar viendo a su hermana gemela, que se había ahogado en aquel lago: el rostro que buscaba no era su reflejo, sino el del cadáver de su hermana, que le miraba bajo las aguas. Hay que suponer que cuando el cadáver se descompuso o quedó cubierto por el limo, Narciso todavía podía adivinar en su propio rostro reflejado el de aquella hermana tan amada.

Pero aceptemos el mito en su versión más conocida y pensemos en Narciso como ese hombre que se enamora de su propio reflejo, que siente que no hay nada más interesante en el mundo que contemplar sus propios rasgos, encontrar a alguien como él, que comparta su identidad, aunque a fin de cuentas se trate de un reflejo en las aguas. Aquí la pesadilla del muchacho chino Baoyu se convierte en el sueño de felicidad. Las quietas aguas del lago le devuelven su propio rostro al Narciso narcisista. Ese placer es el anticipo y quizá también el símbolo del que muchos otros sienten al reconocerse no ya en un espejo, sino en otra persona. En alguien que siendo otro es también uno mismo, alguien que siendo diferente comparte los rasgos esenciales de la identidad. Ya no hace falta mirarse en el lago o llevar un espejo a cuestas, sino que nuestra identidad  se duplica o multiplica en aquellos que son como yo, quizá no en su figura y apariencia, pero sí en las características esenciales con las que he decidido definirme a mí mismo.

No cabe duda de que este deseo de reconocimiento ha sido una constante en la historia de la humanidad y que tal vez incluso está inscrito en nuestra biología, si Richard Dawkins tuvo razón cuando en El gen egoísta, explicó que los genes son los primeros que quieren duplicarse, multiplicarse y perpetuarse. Ahora bien, el sentido de pertenencia a un grupo parece requerir de estructuras más complejas que las de los genes, estructuras que podemos observar en casi todas las especies animales, en los bancos de peces, en las manadas de lobos, en las piaras de cerdos. Ese sentimiento de pertenencia llega a su máxima expresión en el ser humano, que siempre se ha reunido en grupos, familias, clanes, comunidades o naciones, afición que no tiene nada malo en sí misma, pero que sí lo tiene cuando esa identidad de grupo se alimenta y se sostiene en la no identidad de los otros, de quienes no pertenecen al grupo, es decir de la oposición explícita entre ellos y nosotros.

En estos años de la etiqueta que estamos viviendo, que parecen la continuación enloquecida de los años de la identidad, la pasión humana por la pertenencia ha llegado a su extremo. Ahora buscamos la identidad grupal de manera obsesiva, de manera mucho más obsesiva que en años anteriores, y al mismo tiempo, aunque a primera vista parezca paradójico, se multiplican las identidades.

Continuará…


La realidad etiquetada

La pesadilla del doble

La realidad etiquetada


Leer Más
La década de la identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La etiqueta como identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La igualdad grupal

La realidad etiquetada


Leer Más
Narciso multiplicado

La realidad etiquetada


Leer Más
Los espejos de Shanghai

La realidad etiquetada


Leer Más
Nueva visita a la gruta primigenia

La realidad etiquetada


Leer Más

La ciencia de la magia

Introducción a la magia /1

Dee- 800px-Glindoni_John_Dee_performing_an_experiment_before_Queen_Elizabeth_I

John Dee realizando un experimento ante la reina Elizabeth I de Inglaterra

 

Toda tecnología lo suficientemente
avanzada es indistinguible de la magia.

Tercera Ley de Clarke

Arthur C.Clarke, autor de
2001, una odisea del espacio

 

Hoy en día tendemos a pensar en la magia, la alquimia y la astrología como lo opuesto a la ciencia, pero, en cierto modo, son expresiones de una misma manera de ver la realidad. James Frazer decía que la magia era la hermana bastarda de la ciencia, y no le faltaba razón, aunque quizá sea necesario aclarar que la hermana mayor es la magia, que se remonta al menos 4000 años en el pasado (tal vez a 10.000 o 30.000), mientras que la ciencia como tal apenas ha cumplido 300 o 400.

La principal similitud entre la magia y la ciencia es que ambas son materialistas o mecanicistas; ambas creen en las relaciones de causa y efecto: las cosas no suceden porque sí, por puro azar, pero tampoco por el designio de un Dios caprichoso. En ciertos aspectos, la magia y la astrología son más materialistas que la ciencia moderna, pues no se conforman con decir que la luna produce las mareas, sino que aseguran que alguien que nazca bajo su influjo será ciclotímico, desordenado, poético, protector, perezoso, soñador, disperso, tierno, sensible, sentimental e indolente, o incluso que se convertirá en hombre lobo los días de luna llena.

Existen dos tipos fundamentales de magia, la magia imitativa u homeopática y la magia contaminante o por contacto.

Louvrevoodoo

Estatuilla egipcia (siglos II aI III) para practicar lo que hoy llamamos vudú

La magia homeopática o imitativa dice que lo semejante produce lo semejante (homo significa “igual”, “lo mismo”). Si fabricamos una figura de cera que representa a la persona a la que queremos perjudicar y luego la arrojamos al fuego, del mismo modo que arde la figura, así arderá de fiebre la persona: “No es cera esto que estoy quemando;
Es el hígado, el corazón y el bazo de fulano de tal lo que quemo”.

En cuanto a la magia contaminante o por contacto, afirma que las cosas que han estado juntas mantienen una conexión aunque ahora estén separadas. Si se tiene algo que ha pertenecido a una persona, cabellos, restos de uñas, secreciones de cualquier tipo, se puede influir en ella a distancia.

Frazer cuenta el caso de una criada inglesa del siglo XIX que impidió que se tirara el diente de leche de un niño, porque si lo encontraba algún animal y lo roía los dientes del niño serían como los del animal. Eso le pasó, explicaba la criada al señor Simmons, que tenía un diente largo y enorme porque su madre había tirado uno de sus dientes de leche a una pocilga.

Un método mágico, que se halla en la difusa frontera entre la magia imitativa y la contaminante consiste en influir sobre alguien empleando tan sólo su nombre. Es por eso que el nombre del dios hebreo YHVH era secreto, pues sólo así se puede conseguir que el dios de los hebreos siga siendo su propiedad y no pueda ser atraído por otro pueblo. Los romanos, por ejemplo, tenían la costumbre de robar los dioses extranjeros, para lo cual primero tenían que descubrir el nombre secreto de ese Dios.

La explicación de la efectividad de la magia, en definitiva, se resume en una de las ideas básicas del hermetismo y de la astrología: “Como es arriba, así es abajo”. El muñeco no sólo representa a la persona, sino que es la persona. Las uñas, los cabellos contienen la esencia de la persona, algo con lo que estaría de acuerdo cualquier experto de la serie policíaca CSI, que a través del examen de un simple cabello puede conocer el ADN de un sospechoso, y también si ha bebido o se ha drogado en los últimos seis días.

Continuará….


Esta texto es un fragmento de la introducción a los capítulos dedicados a las sociedades secretas relacionadas con la magia en mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas

 


La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La verdadera historia de las Sociedades Secretas, de Daniel Tubau

Daniel Tubau

La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Editorial Daiyan

La SEGUNDA EDICIÓN de La verdadera historia de las Sociedades Secretas se publicó el 22 de mayo de 2020 por la editorial DAIYAN. Es una edición ampliada y revisada de la primera edición que se publicó en 2008 en la editorial Alba.

Ahora ya puedes encontrar La verdadera historia de las Sociedades Secretas.

2ª Edición en 2020. Revisada y ampliada.


 

Entradas de La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La ciencia de la magia

Introducción a la magia /1


Leer Más
Manly Hall

Leer Más
¿Por qué se crean sociedades secretas?

Leer Más
Masones en Dan Brown

Leer Más
La Sociedad Thule y otras sociedades secretas racistas

Leer Más
Nostalgia ¿de qué?

Leer Más
¿Por qué se crean sociedades secretas?

MUY Historia


Leer Más
El caballero D’Eon, masón

Leer Más
El secreto es como morir

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
Las sociedades secretas

en La aventura del saber


Leer Más
Ciencia y mística

Leer Más
Tabla Esmeraldina

Leer Más
Entrevista en MUY Historia: Sociedades secretas

Leer Más
El secreto de la sociedades secretas por fin revelado

Leer Más
Ingresar en una sociedad secreta

Leer Más
Dan Brown entre la ficción y la realidad

Leer Más
Juanjo de la Iglesia opina que La verdadera historia de las sociedades secretas es tronchante

Leer Más
Índice completo de La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Leer Más
El conocimiento oculto

Leer Más
Thelema

Leer Más
Crítica de Marcos Méndez Filesi

Leer Más
Las sociedades secretas en Vigo

Leer Más
El Decepcionismo

Leer Más
Frances Yates y la tradición hermética

Leer Más

La teoría kantiana de lo apriorístico bajo el punto de vista de la biología actual

Hay algunas cosas que no entiendo, pero que seguramente entenderé cuando conozca a fondo la gnoseología evolutiva.

Konrad Lorenz plantea qué hubiese podido pasar si nuestra historia evolutiva hubiera sido distinta, y se pregunta: “¿Hay algún mínimo de probabilidad de que las leyes más generales de nuestro aparato cognoscitivo no estuviesen relacionadas con las del mundo real?”

Pues bien, ¿cómo sabe Lorenz que ahora esas leyes sí están relacionadas con el mundo real?

De todos modos, aunque creo que las teorías de Lorenz son más o menos correctas, cada vez cobra más fuerza en mí la idea de que el mundo real no existe. !Ojo! No estoy hablando de solipsismo. Solamente digo que nosotros vemos unos aspectos del mundo y otras especies pueden ver otros. Eso no quiere decir que nosotros o esas especies veamos algo falso. Es imposible “ver” , por ejemplo, a un hombre desde el punto de vista holista (es decir, como un único organismo) y al mismo tiempo “verlo” átomo a átomo.

Eso no significa que el hombre compuesto de átomos sea falso, y tampoco que lo sea el individuo contemplado como tal. Así, supongamos que nuestros ojos tuvieran la potencia de microscopios poderosísimos y, en vez de ver personas, viésemos agrupaciones de átomos o de moléculas. ¿Estarían las leyes de nuestro aparato cognoscitivo relacionadas con el mundo real? La respuesta, seguramente sería “Sí”, para Lorenz. Pero, ¿y sí nuestros hipotéticos sentidos captasen la “realidad” de una manera que ahora no podemos intuir, pero que quizá descubriremos dentro dos mil años? En fin.

[¿1986?]

 

Comentario en 2020: esta nota de lectura es anterior a que empezara la carrera de Filosofía, pero ya entonces me interesaba ese terreno fronterizo entre la gnoseología/epistemología/semiótica y la ontología/física/metafísica. Es decir, las preguntas acerca de qué es la realidad, o cómo está hecha, y las preguntas acerca de cómo conocemos o percibimos la realidad, y acerca de cómo la describimos. Es un terreno muy resbaladizo, por el que hemos patinado todos, desde Platón a Kant, desde los taoístas a los budistas o el vedanta.

Pero la pregunta de Lorenz sigue siendo interesante (¿Hay alguna probabilidad de que las leyes del mundo real no se correspondan con las de nuestro aparato cognoscitivo?) aunque parece difícil de poner a prueba. Es decir, podemos hacernos la siguiente pregunta: “¿Existe alguna manera de imaginar un aparato cognoscitivo diferente al nuestro y, a continuación, ponerlos a prueba ambos con el mundo real?”. La respuesta a todo esto puede quizá llevarnos a la máquina de Turing, pues cualquier aparato o modo de conocimiento que se pueda programar en forma de algoritmos o si se prefiere en forma de abierto/cerrado (o ceros y unos) es en definitiva equivalente. De este modo, podemos imaginar perfectamente que una inteligencia con un único sentido, digamos el oído, podría de una u otra manera, aunque fuese con apaaraatos muy sofisticados, captar lo mismo que captamos nosotros y traducirlo a su percepción, incluso los colores. Supongo.


[Textos 079. ¿1986?]

Metafisica

Noúmenos y phenómenos

Leer Más
¿Qué hace falta para que exista algo?

Leer Más
NADA ES

Variaciones ontológicas


Leer Más
. Punto

Leer Más
LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

Leer Más
TODO ES

Variaciones ontológicas


Leer Más
Mi metafísica

Leer Más

La igualdad grupal

La realidad etiquetada

La primera cosa que advertimos, si examinamos con algo de atención la moderna obsesión por la identidad, es que el ansia por adquirir una identidad compartida no significa ni mucho menos que se busque la comunión con la humanidad, y tampoco que se busque reivindicar rasgos personales o individuales. La obsesión identitaria, como ya hemos visto, se sitúa muy lejos del individualismo y el universalismo, pero no a una equilibrada distancia y en un moderado término medio, sino igual de infinitamente distante de ambas posibilidades.

No se busca la realización personal mediante el elogio de lo individual, pero tampoco se persigue la universalidad, sino que lo que se pretende es delimitar un territorio de fronteras bien definidas, en el que convivir con los iguales. Para los amantes de la etiqueta, lo único que cuenta es la comunidad o el grupo compuesto por quienes comparten la misma identidad y que lucen la misma etiqueta, aquellos que opinan lo mismo en todo lo fundamental y que rechazan cualquier opinión discordante.

A los que elogian lo individual, los etiquetadores les dicen que son demasiado individualistas, y por tanto egoístas e insolidarios, mientras que a los que defienden el universalismo les acusan de haber roto los lazos con su comunidad y su grupo, o les reprochan que hablen desde una posición de privilegio que les hace olvidar a todos los que no gozan de esas ventajas. Los y las policías del pensamiento, que empiezan a proliferar por todas partes, pueden perseguir con el mismo ardor a la cantante Rosalia por apropiarse de la que se supone que no es su cultura, como a la política francesa Rachida Dati, por no encarnar de manera conveniente a la cultura que supuestamente debe representar (su padre es marroquí, su madre argelina). A Dati siempre le están recordando sus orígenes y regañándola por no cumplir con las expectativas a las que debe ajustarse una mujer de origen magrebí. En una ocasión, una periodista le preguntó: «Cuando a usted le reprochan que se vista demasiado bien, ¿no están reprochándole traicionar su condición?». Dati le preguntó a la periodista cuál iba a ser la próxima pregunta: «¿Tal vez si iba demasiado limpia y aseada por proceder de la clase social de la que procedía?».

Con la identidad del siglo XXI se hace realidad aquella célebre frase que afirmaba que todos somos iguales… pero unos más iguales que otros. Más que invitar a sumergirse en el océano universal o a nadar en un lago de aguas tranquilas, la búsqueda de la identidad actual se puede comparar con construir una embarcación, ni muy grande ni muy pequeña, en la que navegar a gusto con los que son como tú. Un barco diferente y separado de los otros barcos que navegan por ese mar universal, en el que nadie quiere zambullirse, no vaya a ser que se disuelva en él la identidad tan duramente ganada.

Continuará…


La realidad etiquetada

La pesadilla del doble

La realidad etiquetada


Leer Más
La década de la identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La etiqueta como identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La igualdad grupal

La realidad etiquetada


Leer Más
Narciso multiplicado

La realidad etiquetada


Leer Más
Los espejos de Shanghai

La realidad etiquetada


Leer Más
Nueva visita a la gruta primigenia

La realidad etiquetada


Leer Más

La etiqueta como identidad

La realidad etiquetada

Tras la marea identitaria de la década de los años 10, cualquiera habría pensado que ya habíamos tenido bastante, pero los años que estamos viviendo parecen anunciar que la búsqueda obsesiva de la identidad va a agravar en los años 20, que tal vez la década de los 20 acabe mereciendo la denominación de “los años de la etiqueta”. Mejor dicho: “de las etiquetas”.

Porque ahora ya no es suficiente con tener una identidad, sino que empieza a convertirse en obligatorio lucir la etiqueta que proclama esa identidad, y en un lugar bien visible. La etiqueta nos permite re—conocernos, es decir, conocer con toda certeza lo que somos, pero también nos ayuda a reconocer a los que no son como nosotros.

Como ya he señalado, la tendencia individualista o comunal de los años sesenta sin duda tenía rasgos gregarios, puesto todo movimiento, ideología o activismo acaba por adoptar de algún modo lo lo que se ha llamado “sentido de pertenencia de grupo”, pero también estaba cercana al egocentrismo (o al egotismo, que diría Stendhal) y buscaba la autorrealización personal y la vida en una comunidad de personas afines. En ese sentido se opondría a la búsqueda identitaria actual, que lo que pretende es disolver el yo en una esfera habitada por réplicas de mi yo, de mi yo más definitorio, de mi identidad. Ahora parecería como si todos quisieran encontrar a ese doble que aterrorizaba a Baoyu y fundirse con él. La presencia del otro Yo se ha transformado de pesadilla en nirvana. Se quiere encontrar al que es como yo, al menos en los rasgos esenciales, pero no porque ese encuentro con el doble nos conduzca a algún tipo de revelación o aprendizaje, sino por la pura y simple identificación gregaria.

Y en cuanto a la otra gran corriente de los años 60 y 70, la que buscaba la liberación del individuo a través de la liberación de la humanidad, tampoco tiene nada que ver con el ansia identitaria actual, que ya no pretende ser universal, sino solo local, que no aspira a la unidad del género humano, sino más bien a la dispersión en mil y un géneros, ya sean sexuales, políticos, étnicos o incluso generacionales. Se trata de crear identidades, muchas identidades, cuantas más mejor.

A esa tarea de entomólogo se dedican ahora intelectuales y activistas, cada uno en su pequeña área de acción, pero también a menudo alentados por los gobiernos o las instituciones, que quizá consideran preferible disgregar a los individuos en vez de unirlos, aunque, para ser sinceros, desconfío bastate de las teorías que explican los sinsentidos sociales recurriendo a la confabulación de poderes en la sombra. Más bien supongo que la explicación es que unos y otros se realimentan, como en un mecanismo homeostático o cibernético: la búsqueda de identidad hace que las instituciones reparen en esa obsesión y, a su vez, esa atención de las instituciones refuerza la búsqueda identitaria.

Continuará…


La realidad etiquetada

La pesadilla del doble

La realidad etiquetada


Leer Más
La década de la identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La etiqueta como identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La igualdad grupal

La realidad etiquetada


Leer Más
Narciso multiplicado

La realidad etiquetada


Leer Más
Los espejos de Shanghai

La realidad etiquetada


Leer Más
Nueva visita a la gruta primigenia

La realidad etiquetada


Leer Más

Las razones de la infidelidad

Esta entrevista se publicó en 2011 en la página de contactos Gleeden. Por espíritu de fidelidad, la transcribo tal cual.

Gleeden, quiso saber que opinaba un experto en infidelidad, Daniel Tubau, autor de ”Elogio de la Infidelidad”

1. ¿Piensa usted que la infidelidad tiene varios niveles?

Para ser infiel hay que creer en la fidelidad, así que supongo que la primera diferencia se da entre quienes no defienden la fidelidad y quienes sí lo hacen: sólo los segundos son propiamente infieles. Quizá una diferencia importante se da entre quienes han sido infieles de manera muy ocasional y aquellos que lo son muchas veces. Digamos, entre la infidelidad casi por accidente y la que es buscada a conciencia.

2. ¿Qué es para usted ser infiel?

Puede ser muchas cosas. A menudo el infiel es más sincero de lo que lo es quien reprime y esconde sus deseos, o quienes exigen a los demás que lo hagan. No creo que la fidelidad sea una virtud y tampoco que lo sea la infidelidad, aunque en muchos casos la infidelidad es un paso necesario para descubrir lo que sentimos, para no reprimir nuestros deseos y disfrutar de una vida más plena.

3. ¿Cuáles son para usted las principales causas de la infidelidad?

Se suele decir que son el aburrimiento y la monotonía, y es posible que esos factores tengan cierta influencia, pero creo que la causa más importante es el deseo, que es una pulsión básica en el ser humano, tanto desde el punto de vista biológico como desde el intelectual. Lo que hace que ese deseo se convierta en realidad puede ser, en efecto, el aburrimiento y la monotonía, que pueden ayudar a enfrentarse al miedo y la autorrepresión. También la vanidad y el deseo de ser amado y deseado están en el origen de muchas infidelidades.

4. Según su opinión, quiénes son los más infieles, ¿los hombres o las mujeres?

Hasta hace no mucho es evidente que lo eran más los hombres, porque podían serlo sin que eso tuviera terribles consecuencias. En los países en los que las mujeres gozan de igualdad, supongo que las cosas están igualadas, aunque si consideramos el uso de la prostitución como infidelidad (y seguramente deberíamos hacerlo), entonces está claro que los hombres son más infieles, porque la prostitución masculina no está tan extendida. De todos modos, es difícil saberlo, porque las mujeres son mucho más discretas que los hombres, no sólo con sus mejores amigas, sino incluso en encuestas anónimas, un dato que han revelado estudios recientes.

5. ¿Todos podemos ser infieles?

Sí, y probablemente todos deberían serlo más de una vez. En mi libro sostengo que la fidelidad no esconde ningún valor positivo y que es sólo una falsa virtud, inventada para reprimir y someter a los demás y a uno mismo, no sólo en el terreno sexual, sino en el de la amistad, la política o la sociedad.

6. ¿Se puede estar enamorado de varias personas a la vez?

El enamoramiento es muy difícil de definir y no es lo mismo que el amor (que también es complejo y cambiante). Ortega y Gasset decía que el enamoramiento pasional era “un estado de estupidez transitorio”. En dicho estado, creo que sí se puede estar enamorado de varias personas a la vez, aunque nos cuesta reconocerlo porque nos han enseñado que ese sentimiento debe dirigirse a una única persona. En cuanto a amar, también se puede amar a varias personas a la vez, aunque creo que para muchas personas el verdadero problema es aprender a amar. El amor, como decía el filósofo chino Mo Di, debería tender a ser universal, no particular o familiar (como decía su rival Confucio).

7. Los sitios de reencuentros virtuales entre personas casadas están proliferando en todo el mundo, ¿Cree que la sociedad española es hipócrita en lo que la infidelidad se refiere?

La sociedad española, y supongo que cualquier otra, es terriblemente hipócrita en el asunto de la infidelidad. Basta con observar a todos nuestros amigos que defienden la fidelidad en público, y que en privado practican la infidelidad. Pero, claro, para muchas personas, el picante de la infidelidad lo pone precisamente el que sea algo prohibido, oculto. Eso añade interés y excitación a situaciones y relaciones que quizá serían más insípidas de suceder de manera abierta. No desprecio el placer de lo prohibido, pero en mi caso no lo practico con la infidelidad, porque ni soy fiel ni exijo fidelidad.

8. ¿Cree que los sitios como Gleeden son necesarios en la sociedad?

La posibilidad de conocer con cierta facilidad y sin falsos pudores a personas con las que quieres mantener relaciones sexuales de manera discreta es probablemente necesaria para muchas personas y sin duda muy recomendable.

9. ¿Qué piensa sobre Gleeden.com?

Me parece una iniciativa interesante para lograr que sucedan cosas que de otra manera serían más difíciles. Es una de las grandes virtudes de Internet: nos permite descubrir que hay otras personas que piensan o desean lo mismo que nosotros, y hace posible que las conozcamos.

10. ¿Qué le llamó la atención del tema de la infidelidad?

Siempre me llamó la atención la hipocresía de los fieles y el aspecto represivo de la fidelidad. Sin embargo, he tenido la suerte de no ser educado en la represión y no recuerdo haber creído nunca en la fidelidad, aunque la he practicado en alguna ocasión, cosa de la que me arrepiento.

11. ¿Encontró muchos problemas a la hora de editar “Elogio de la infidelidad”?

Es un libro que escribí hace ya bastantes años y es cierto que ha pasado por varias editoriales que han mostrado su interés por él, aunque finalmente ha habido que esperar hasta 2011 para que lo editara Evohé. Pero no creo que haya sido por problemas de censura, sino por diversas circunstancias.

12. ¿Qué le llevó a escribir sobre la infidelidad?

A los 16 años escribí un breve ensayo llamado Sobre el sexo y su relación con la infidelidad en el que ya me pronuncié claramente a favor de la infidelidad. Es un tema que siempre me ha interesado, porque me inquieta todo lo relacionado con los prejuicios, tabúes y represiones, y cómo luchar contra ellos.

13. En el caso de que haya tenido que suprimir alguna frase del ensayo ¿Cuál es la frase o párrafo que más le ha dolido suprimir?

No recuerdo haber tenido que suprimir ninguna frase, a no ser las motivadas por correcciones de estilo. Pero si tenía muchos argumentos bastante convincentes de los que prescindí al final, por cortesía y para evitar que el lector se pudiera sentir ofendido y  que eso le impidiera reflexionar sobre lo que digo en el ensayo.

14. ¿Tiene algo de biográfico esta obra?

Hasta los ensayos más abstractos tienen algo de biográfico, sin duda. Este libro tiene bastante de mí mismo, puesto que siempre he estado en contra de la fidelidad, aunque personalmente no soy infiel, puesto que no creo en la fidelidad. Es por otra parte, un libro sincero y ninguno de los argumentos choca con mis propias convicciones, sino todo lo contrario.

15. ¿Cree que su libro sirve de autoayuda a los lectores?

Todo libro sirve de ayuda a quien lo lee. En el caso de los libros de autoayuda, muchos de ellos, más que ayudar al lector, le dicen lo que quiere escuchar y a menudo le hacen persistir en sus prejuicios, más que ayudarle a disolverlos. Yo he intentado, más que convencer o satisfacer al lector, darle buenas razones para pensar y para dejar atrás muchos prejuicios inútiles. He intentado huir de recetas fáciles y argumentos falaces y respetar la inteligencia del lector. Por eso lo he iniciado con una frase de San Agustín “La discusión es la única batalla en al que el que pierde gana”. Espero que algunos lectores sientan, al terminar el libro, que han perdido prejuicios y han ganado en sensatez y libertad.

***********

Elogio de la infidelidad
Editorial Ningún mañana, 2019
Comprar ebook 

Un ensayo que defiende la libertad y la razón y que niega que la fidelidad sea una virtud.
Entretenido, divertido y convincente, a pesar de refutar muchas ideas preconcebidas.
“Chispeante y demoledor” (Pilar González, arqueóloga e historiadora)

 


ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

Fidelidad a la fidelidad

Leer Más
La cabra y la infidelidad

Leer Más
Fidelidad e infidelidad en la China caballeresca

Leer Más
Entrevista en Gleeden

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
William James y lo nuevo viejo

Leer Más
La falsa virtud de la fidelidad
Entrevista en Radio 4 /1

Leer Más
Más infidelidad en la red

Leer Más
¿Qué es Elogio de la infidelidad?

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
La fidelidad como falsa virtud

Leer Más
Mosca y la infidelidad

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
La infidelidad del guionista

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
Helena de Troya y su doble

Leer Más
Helena, Penélope y la infiel Afrodita
Entrevista en Radio 4 /2

Leer Más
Las razones de la infidelidad

Leer Más

LA DISCOTECA INFIEL

Champagne, de Peppino Di Capri

Leer Más
Anche se, de Gino Paoli

Leer Más
Pénélope (Brassens) por Barbara

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Una carezza in un pugno, de Adriano Celentano

Leer Más

[Entrada publicada en 2011]

Lili Boulanger

La ilustre enferma

Quiso un azar malévolo y bromista que, cuando fui a descansar a casa de mi madre, me llevase un libro de Keats y otro de Aloysius Bertrand. Los dos murieron jóvenes y enfermos. Ese mismo azar ha actuado de nuevo ahora de manera menos explicable al dejar que mi vista se detuviese en un disco de Lili Boulanger.

Me interesó primero el título  “Du fond de l’abîme” (Desde el fondo del abismo) y que se tratara de una compositora. Leí después los títulos de los temas: 

Du Fond De L'Abime (Desde el fondo del abismo)
Psaume 24  (Salmo 24)
Psaume 129 (Salmo 129)
Vielle Priere Boudhique (Oración budista antigua)
Pie Jesu (Piadoso Jesús)
Pieces Pour Violon Et Piano (Piezas para violín y piano)
Nocturne (Nocturno)
Cortege (Cortejo)
D'un Matin De Printemps (De una mañana de primavera)

Todo esto me hizo pensar en una música semejante a Poulenc. Decidí comprar el disco, que también era muy barato, 795 pesetas. También había visto la fecha, pero conscientemente al menos, solo me había dado cuenta de que la compositora había vivido entre final del siglo XIX y principios del XX. La sorpresa vino a leer el cuaderno interior.

Junto a una hermosa foto de Lili Boulanger, el texto explicaba que Boulanger había vivido tan solo un año más que Guillaume Leuke (1870 a 1894) con el que también comparte su precocidad musical. Boulanger vivió desde 1893 a 1918: veinticinco años. No se daban mucho detalles, pero parece claro que murió a causa de una enfermedad:

“Elle ressent bientôt les atteintes du mal qui doit l’emporter et, des 1916 a conscience que son temps est désormais compté”.

(“Pronto siente los ataques del mal que se la llevará y, desde 1916, es consciente de que su tiempo se está acabando”.

El director de la grabación, Igor Markevitch, dice que de la obra de Lily Boulanger le sorprende su soledad. Solitaria, dice Jen Roy, lo fue .

“Les dernières années surtout, ù elle connut la double clôture de la maladie et du travail accompli dans l’urgence”

(“Los últimos años en especial, cuando experimentó la doble prisión de la enfermedad y del trabajo realizado con urgencia”.)

El día de la muerte de Lili Boulanger: 15 de marzo 1918.

(1996)


2020: El Salmo 129 es probablemente la pieza que más escuché del disco durante aquellas tardes en la calle Sambara.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

Ocurrencias de un enfermo

Teorías sobre mis enfermedades

Leer Más
Ocurrencias de un enfermo

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Aloysius Bertrand (1807-1841)

El ilustre enfermo


Leer Más
La muerte natural y Joseph Glanwill

Leer Más
¿Enfermos imaginarios?

Leer Más
John Keats (1795-1821)

El ilustre enfermo


Leer Más
El reloj interno

Leer Más
Un asunto inquietante y enfermizo

Leer Más
Joseph Roth (1894-1939)

El ilustre enfermo


Leer Más
El origen de mis males

Leer Más
Antología de Spoon River

Leer Más
Dolor desplazado y fantasmas

Leer Más
Epicuro

El ilustre enfermo


Leer Más
Cuando estamos sanos…

Leer Más
El origen de mis males: los bronquios

Leer Más
Lili Boulanger

La ilustre enferma


Leer Más
Un ejemplo de conmovedora solidaridad entre los diversos órdenes de la naturaleza

Leer Más
Breve historia de mi enfermedad

Leer Más
La danza de la muerte

Leer Más
Susan Sontag y los enfermos culpables

Leer Más
Susan Sontag, la enferma ilustre

Leer Más


La mitad oculta

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /1

|| La mitad oculta


Leer Más
Ellas y ellas: ¿Viva la diferencia?

Leer Más
Un poema de Louise Labé

Leer Más
Lais de Roser

Leer Más
Susan Sontag

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Sexo en Nueva York, y también en la televisión

Leer Más
Frances Yates y la tradición hermética

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
Logomanía y el libro de la almohada

Leer Más
Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Leer Más
Victoria Ocampo responde a Ortega

|| Sur 2

||| Libros que caminan


Leer Más
Madame Du Deffand

Leer Más
Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3


Leer Más
La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5


Leer Más
Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

|| Una cita con las musas /14


Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
El cerebro de hombres y mujeres

Perkins Gilman y lo humano /8


Leer Más
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Leer Más
La mitad oculta

Leer Más
Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4


Leer Más
Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA


Leer Más
Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA


Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Xue T’ao, poeta e inventora

Leer Más
Persépolis, de Marjane Satrapi y el fanatismo religioso

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
Une petite cantate, de Barbara

Leer Más
Mujeres fuera de serie

Leer Más

La década de la identidad

La realidad etiquetada

Tom Wolfe puso nombres a varias décadas del siglo XX. A los años 70 los llamó «la década del Yo», a los 60 «los años del desmadre». Siguiendo su ejemplo, a los años 10 del siglo XXI podríamos llamarlos «la década de la identidad».

Aunque a primera vista puede parecer que la década del Yo es lo mismo que la década de la identidad, en realidad significa todo lo contrario.

En los años sesenta y setenta (las «décadas púrpura», según Wolfe) existían dos tendencias dominantes. La primera era universalista, que buscaba la unión de toda la humanidad y que promovía su salvación mediante una lucha política en la que todos los seres humanos compartían una identidad común. La segunda era individualista, y sostenía que no se podía salvar a la humanidad a través de la lucha política, sino que la salvación debía comenzar por el individuo y por pequeñas comunidades de personas iluminadas, o al menos capaces de escapar de los prejuicios y represiones de la sociedad; incluidos los prejuicios de quienes preferían la lucha social, que solían tener un pensamiento más conservador de lo que ellos mismos presumían, por ejemplo en asuntos como el sexo.

La caricatura de estas dos tendencias se resumía en dos palabras: los progres y los hippies.

¿Cómo vas a cambiar el mundo si antes no eres capaz de cambiarte a ti mismo?, decían John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y, especialmente, George Harrison y su gurú, el maharishi. Era una advertencia bastante atinada.

En el bando contrario, los comprometidos con la lucha social respondían: ¿Cómo vas a cambiarte a ti mismo si el mundo no te deja intentarlo? Por ejemplo si has nacido en una familia y en un ambiente que no te permite el acceso a las fuentes de información y de crecimiento personal, a las que sí podían acceder la mayoría de los hippies. Lo que también es bastante cierto.

Esta diferencia entre las dos mentalidades es más o menos la que siempre se ha dado en todas las culturas, civilizaciones y religiones entre los animales sociales y los esteparios, entre lo común y las comunas, entre los confucianistas y los taoístas, entre los aristotélicos y los cínicos, entre los budistas del mahayana o Gran Camino y los del hinayana o pequeño camino, entre los monjes eremitas y la Iglesia establecida. Ahora bien, a pesar de su diferencia esencial, casi todos ellos, y también las dos tendencias de los años 60 y 70, compartían un rasgo común: pensaban que cualquier persona podía participar en ese tarea de salvación individual, comunal o social, sin distinción de sexo, etnia, territorio, características o preferencias de cualquier tipo. Todo ello es muy diferente de la tendencia actual, que busca identidades y etiquetas con las que sentirse a salvo.

Continuará…


La realidad etiquetada

La pesadilla del doble

La realidad etiquetada


Leer Más
La década de la identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La etiqueta como identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La igualdad grupal

La realidad etiquetada


Leer Más
Narciso multiplicado

La realidad etiquetada


Leer Más
Los espejos de Shanghai

La realidad etiquetada


Leer Más
Nueva visita a la gruta primigenia

La realidad etiquetada


Leer Más

La pesadilla del doble

La realidad etiquetada

«El espejo y la cópula son instrumentos horribles porque multiplican el número de los hombres».
(Un teólogo recordado por Borges)

En la novela china El sueño del pabellón rojo un joven llamado Baoyu sueña que está en un jardín en todo idéntico al suyo y que tres muchachas lo ven y se acercan. Ríen y juegan, felices de verlo, y él se siente en la gloria, pero cuando él habla, las muchachas retroceden: «¡Pero si no es Baoyu!», exclama una de ellas, y otra dice:

«¿Cómo tú, maloliente advenedizo llegado de quién sabe dónde, te atreves a utilizar su nombre? ¡Mejor será que te andes con cuidado o te apalearemos hasta convertirte en pulpa, sucio patán!».

El joven se queda muy sorprendido y abatido ante la inesperada reacción:

«¿Por qué me habrán insultado de esta manera? Nunca me habían tratado tan mal. ¿Será verdad que hay otro Baoyu?».

Intrigado, el joven decide seguir a las muchachas y llega a un lugar que también conoce muy bien: «¡Pero si es otro patio Rojo y Alegre!». Baoyu sube unas escaleras y llega a un lugar en el que ve a un joven recostado en un diván, rodeado por las muchachas. El joven, que acaba de despertarse,  cuenta a las muchachas un sueño inquietante:

«Hace un instante soñé que estaba en un gran jardín de a capital donde encontraba a unas muchachas idénticas a vosotras… las seguí y encontré unos aposentos en los que había otro Baoyu dormido, pero sólo vi su forma vacía; su verdadero ser había partido, quién sabe dónde».

Al oír este relato, el primer Baoyu se presenta:

«__He venido buscando a Baoyu. ¡Así que eres tú!

__Entonces tú eres Baoyu -dice el otro- O sea, que esto no es un sueño.

__Claro que no. Es absolutamente real».

Los dos jóvenes se abrazan, pero entonces alguien anuncia que viene el señor Zheng, el padre de Baoyu:

«En los dos se desató un enorme pánico. Uno echó a andar mientras el otro lo llamaba: «¡Vuelve, Baoyu! ¡Vuelve!».

Es entonces cuando nuestro primer Baoyu se despierta y se da cuenta de que una muchacha le zarandea y le dice que ha tenido una pesadilla. Baoyu se lamenta porque el otro Baoyu se ha ido y señala una puerta. La muchacha le dice que eso no es una puerta, sino un espejo, y que el otro Baoyu es solo su reflejo. La muchacha explica lo que ha sucedido:

«Con razón la Anciana Dama siempre nos dice que no debe haber demasiados espejos en los cuartos de los niños. El espíritu de una persona joven es débil, y si se mira demasiado en el espejo puede asustarse en sueños y tener pesadillas. A pesar de la advertencia, nosotras hemos puesto su diván frente a este inmenso espejo. No pasaba nada cuando lo cubríamos con la cortina, pero ahora, con el calor, la somnolencia nos hace olvidar bajarla. Hoy, por ejemplo, lo hemos vuelto a olvidar. Seguramente ha estado contemplando su propio reflejo y apenas cerró los ojos empezó a tener sueños tontos. De otro modo no hubiera pronunciado su propio nombre a gritos».

La de Baoyu es una pesadilla clásica, que encontramos en casi todas las culturas y que los alemanes bautizaron como el tema del doppëlganger, el doble. En la versión china, se combinan varios de los elementos que encontramos en otros relatos y tradiciones, pues el doppëlganger no solo aparece en sueños, sino que también tiene suele tener relación con el reflejo en un espejo y con un usurpador que ocupa nuestro lugar.

En la película de Joseph Losey El otro señor Klein, el señor Klein regresa a su casa y es recibido por otro señor Klein, idéntico en todo a él, que ha ocupado su lugar y que poco a poco le desaloja no solo de la casa, sino de su propia vida, robándole la identidad.

Sucede algo semejante en el cuento de Edgar Alan Poe William Wilson y en su adaptación al cine en El estudiante de Praga, donde se cuenta la historia de un hombre que a lo largo de su vida se va encontrando a otro señor Wilson, hasta el encuentro final, en el que morirá a manos de ese doble usurpador.

El estudiante de Praga (1913), dirigida por Paul Wegener y Stellan Rye. Basada en el cuento de Edgar Allan Poe William Wilson y en el poema de Alfred de Musset Noche de diciembre. El guión lo escribió el gran Hans Heinz Ewers, el autor de Mandrágora

Todas estas historias nos proponen la inquietante posibilidad de que alguien se apodere de lo que más amamos, de nuestra identidad. Que exista alguien que es como nosotros, un duplicado perfecto, un doble, un sosia, un impostor que pretende lo imposible. En definitiva, que, en vez de ser uno, seamos dos.

Pero lo que para Baoyu y para tantos otros era una pesadilla, en los últimos años se ha convertido en el sueño de dicha para muchos, que fantasean despiertos con encontrar un duplicado de sí mismos. Ahora bien, no es necesario que ese doble o sosia sea una réplica perfecta, incluso puede suceder que su apariencia no sea la nuestra, porque lo que importa es que coincida con nosotros en algunos rasgos esenciales, basta con que comparta nuestra identidad. ¿Toda nuestra identidad? Tal vez no, tan solo lo que consideramos más definitorio, aquello que en cierto modo da sentido a nuestra vida.

Continuará


[La ilustración inicial es: Two Scenes from the Novel ‘Dream in the Red Chamber, en China, City of Yanlyutsin, Late 19th – early 20th century. Parece la escena en la que Baoyu descubre a su doble que acaba de despertarse, pero no lo sé con seguridad]

La realidad etiquetada

La pesadilla del doble

La realidad etiquetada


Leer Más
La década de la identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La etiqueta como identidad

La realidad etiquetada


Leer Más
La igualdad grupal

La realidad etiquetada


Leer Más
Narciso multiplicado

La realidad etiquetada


Leer Más
Los espejos de Shanghai

La realidad etiquetada


Leer Más
Nueva visita a la gruta primigenia

La realidad etiquetada


Leer Más

El origen de mis males: los bronquios

«La traquea se divide al entrar en el tórax en dos bronquios, derecho e izquierdo, que conducen el aire hacia y dentro hacia afuera de los pulmones. Luego, las bronquios se dividen y subdividen como las ramas de un árbol, haciéndose cada vez mas finos. Las últimas ramificaciones, de un milímetro aproximadamente de diámetro, se llaman bronquiolos y terminan en los conductos alveolares. los alveolares son dilataciones de las paredes de estos sacos.

La traquea las bronquios mayores se mantienen constantemente abiertos, como el tubo de un aspirador, mediante los anillos cartilaginosos que los rodean. Los bronquios menores y los bronquiolos son musculares y su calibre es variable.

La inspiración se efectúa mediante la contracción de los músculos intercostales, pares de músculos que unen entre sí cada par de costillas».

Sección de dos costillas adyacentes que muestra la situación de los musculos intercostales y el paquete vasculonervioso.

«Al contraerse, los músculos separan las costillas y aumentan así la capacidad del tórax. Además, el diafragma, que cuando está relajado forma una cúpula de convexidad superior, al contraerse ensancha el tórax, aplanado su cúpula».

(1996)

2020: Estas notas sin interés para nadie más que para mí, reflejan mi deseo de entender la enfermedad que estaba experimentando en aquellos meses (y cuyas consecuencias se prolongaron varios años). Las copio aquí, como diría Villiers de L’Isle Adam, tan solo por “espíritu de fidelidad”… a la libreta en la que escribí estas Ocurrencias de un enfermo. Se trata de citas de algún libro, que no he localizado.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

Ocurrencias de un enfermo

Teorías sobre mis enfermedades

Leer Más
Ocurrencias de un enfermo

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Aloysius Bertrand (1807-1841)

El ilustre enfermo


Leer Más
La muerte natural y Joseph Glanwill

Leer Más
¿Enfermos imaginarios?

Leer Más
John Keats (1795-1821)

El ilustre enfermo


Leer Más
El reloj interno

Leer Más
Un asunto inquietante y enfermizo

Leer Más
Joseph Roth (1894-1939)

El ilustre enfermo


Leer Más
El origen de mis males

Leer Más
Antología de Spoon River

Leer Más
Dolor desplazado y fantasmas

Leer Más
Epicuro

El ilustre enfermo


Leer Más
Cuando estamos sanos…

Leer Más
El origen de mis males: los bronquios

Leer Más
Lili Boulanger

La ilustre enferma


Leer Más
Un ejemplo de conmovedora solidaridad entre los diversos órdenes de la naturaleza

Leer Más
Breve historia de mi enfermedad

Leer Más
La danza de la muerte

Leer Más
Susan Sontag y los enfermos culpables

Leer Más
Susan Sontag, la enferma ilustre

Leer Más