Breve historia de mi enfermedad

Llegado a la página 40 del cuaderno ni siquiera he contado nada de lo que ha dado precisamente origen a este cuaderno.

El día 6 o 7 de diciembre de 1996 noté los síntomas de un constipado, catarro, resfriado gripe o similar. Dos o tres días después iba a iniciar mi viaje hacia la Península de Yucatán: mala suerte irse enfermo a las vacaciones. Mi amigo Juanjo me dijo que mis temores eran infundados y que padecía el mal del viajero: me curaría en cuanto tomase el avión. Yo sabía que no iba a suceder tal cosa.

En el avión comenzó la fiebre. Supongo que llegué a los 39 grados.

Llegué a Cancún, primera etapa de un viaje en el que dejaba el resto de las etapas a la improvisación, bastante maltrecho. A la fiebre se añadía dolor de oídos y de cabeza.
No voy a ser prolijo: en México mis males se acentuaron. Diarreas, dolor de estómago dolor de las articulaciones (detrás de las rodillas), fiebre continua hasta empapar las sábanas, tos persistente hasta la congestión, presión en los laterales del cráneo, sobre todo al estornudar, molestias en los pulmones. Y lo que se me olvida. Y a eso se añadían circunstancias locales: decenas de picaduras de insectos y golpes de calor.

Pese a padecer tantas molestias,  cambiaba casi cada día de ciudad y las recorría todas de un lado a otro: Cancún, Isla Mujeres, Valladolid, Chichén Itzá, Mérida (donde decidí detenerme para no tentar más a la suerte), Uxmal y Progreso.

Una de las pocas fotos que conservo del viaje. En Chichén Itzá.

Alguien me dijo que me había picado un mosquito, creo que el anopheles, y en una farmacia me dieron amoxicilina, que fue el primer antibiótico con el que obsequié a mí desdichado cuerpo. Coincidiendo con el regreso a España noté cierta mejoría y dejé la amoxicilina.

Uno de los cuadros que modifiqué, creo recordar, en esas fechas. Debajo había un cuerpo de mujer, y también un autorretrato

Sin embargo la tos ya no me dejó, aunque a veces era moderada y otras extremosa. Algunos días también me volvía la fiebre. En enero y febrero fui al médico, que no sé que me recetó.

El trabajo me exigió cada vez mayores esfuerzos y la enfermedad se hizo notar cada vez más. Trabajé así, permanentemente enfermo, durante dos meses al menos, con graves recaídas (por ejemplo en Sevilla, y al regreso de Palma de Mallorca).

Un absurdo sentido de la responsabilidad, impropio de mi carácter, mi inteligencia y mis convicciones, me hizo aguantar a pie firme la enfermedad, ayudado por las fuerzas que proporciona el estrés, hasta que mi tarea quedó más o menos encauzada. En ese momento, no sé si por una coincidencia fortuita o porque rendí mis naves y los mecanismos estresantes (que son fatales si la crisis se prolonga) acabaron de actuar en ese momento… Por unas u otras razones, la enfermedad comenzó a hacerse patente en toda su virulencia.

A los síntomas habituales, pero recrudecidos, se añadió una tremenda fatiga y la sensación de tener escarchados los pulmones. La fiebre, en los 39 grados, ya era casi permanente. La tos, en especial al acostarme, empezaba a ser un suplicio.

Me di de baja en el trabajo y visité de nuevo al médico. Gracias a la ayuda de IE, me atendieron en Urgencias del Hospital Ramón y Cajal. Me hicieron radiografías, análisis de sangre, me auscultaron, me interrogaron acerca de todos y cada uno de los síntomas, me palparon todo el cuerpo y analizaron mis esputos.

Primero pensaron en la tuberculosis o en algún tipo de neumonía. La prueba de zhiel descartó, al parecer, la tuberculosis; el examen de las radiografías, la neumonía. Me recetaron un segundo antibiótico: Zinnat.

Lo tome durante diez días y no se produjo ninguna mejoría. Iba notando, a medida que pasaban los días, cada vez menos aire en los pulmones. Me recetaron un tercer antibiótico, Klacid. Ningún efecto.

La posibilidad de que la enfermedad fuese algún mal tropical contraído en México empezó a ganar terreno.

También creo que el neumólogo que me atendía, IF, debió de pensar más de una vez que yo no tenía ninguna enfermedad: si acaso un catarro mal curado o los engañosos síntomas del estrés.

Pasé al departamento de enfermedades infecciosas, Sección Tropicales.

Me atendió la deliciosa doctora Tatay. Tras un nuevo interrogatorio (qué debe de tener un nombre más agradable que yo no recuerdo), me extrajo sangre, para probar varias posibilidades: paludismo, malaria ( no sé si es lo mismo) y otras que no recuerdo o no supe.

También encargó una tercera radiografía (frontal y lateral) y el análisis de todos mis desechos orgánicos. Más extracciones de sangre, seis o siete tubos: fiebre Q, legionella, de nuevo la tuberculosis, el SIDA (yo ya me había hecho una prueba por mi cuenta, que me mantuvo, a la espera del resultado, insomne varios días). Se descartaron todas esas enfermedades.

La tercera radiografía, qué vi en compañía de la doctora Tatay y del estupendo y carismático doctor López Vélez, vino en ayuda de la veracidad de mis quejas: se observaba una neumonía.

Además, al compararla con las anteriores, quedó claro que la enfermedad había ido a peor. Poco después, los diversos análisis mostraron la presencia de agentes infecciosos (no sé si virus o bacterias). Se me recetó el cuarto y el quinto antibiótico.

Santiago Segura entrevista al Gran Wyoming para Dobles parejas

[2020: en aquellos días dirigía Dobles parejas, programa presentado por Santiago Segura y Kevina Kulvocas. Además de ser un programa absurdo, los diversos grupos de presión en Antena 3 y en la productora Globo Media convertían cada día en una colección de despropósitos y una fuente permanente de estrés. Lo más interesante, probablemente, fue el viaje que hicimos a Palma de Mallorca con Santiago y Kevina para grabar una promo del programa en un karaoke, que creo que quedó muy divertida (santiago imitaba a Julio Iglesias intentando seducir a Kevina). Lo malo es que seguramente no pude disfrutar mucho de la experiencia porque, como digo en el texto, al regreso tuve una fuerte recaída.]

Continúa la anotación del cuaderno…

21 de junio del 96

Pero, sobre todo, se recomendó que me hicieran un escáner de pulmón (TAC de alta resolución), para determinar la causa última de la enfermedad. También se me hicieron pruebas de capacidad pulmonar (obtuve un buen resultado) y un análisis de sudor para ver si podía tratarse de fibrosis quística, una enfermedad hereditaria que muy raramente afecta a los adultos.

En cualquier caso, lo más importante era el escáner, y en el Hospital Ramón y Cajal según me dijo López-Vélez (especialista en enfermedades tropicales), podía tardar seis meses en conseguir cita.

Hablé entonces con Iván, mi padre, que me convenció para que me fuera a Barcelona, donde él me ingresaría en urgencias y así me harían allí el TAC.

Me disponía a viajar a Barcelona, pero entonces Marcos me recordó que el padre de Luis trabajaba en el Hospital Clínico de Madrid, del que había sido director, así que fui a ver, junto a Luis, a su padre. El padre de Luis me dijo que, para no seguir “chapoteando” y haciendo chapuzas, lo mejor era no solo hacerme el TAC, sino (“no te asustes”) abrirme. Mirar el pulmón sin intermediarios y, supongo, tomar muestras para una biopsia. Quedamos en llamarnos el siguiente lunes, previsiblemente para ingresar el martes en el Clínico.

Sin embargo, la cita fue al final para el lunes siguiente. Esa misma semana, el miércoles, vino Iván, creyendo que ya estaría ingresado, pero encontró algo muy distinto.

La noche del martes habían venido Marcos y Luis a casa por la noche. Pasamos unas horas estupendas hablando de asuntos personales y bebí un poco, pero tampoco en exceso.

Al día siguiente me desperté con ganas de vomitar y lo atribuí al alcohol, sin darle mucha importancia. Pero comencé a vomitar esputos verdes en un líquido blanco y viscoso. También tenía diarrea y las primeras heces eran negras. Me caían por la cara gotas de sudor frío y pasé así cinco o siete horas, que fueron de las peores de mi vida. Poco antes de que llegará mi padre, había conseguido recuperarme un poco. Ignoraba entonces lo que todavía me esperaba.

Iván venía con la idea de ingresarme en urgencias para que me hicieran el TAC, en lo que se reafirmó al ver el mal aspecto que tenía. Quiso, pues, la casualidad que yo no tuviera que actuar o representar un papel de enfermo grave al ingresar, pues estaba verdaderamente mal.

Al describir mis síntomas, consideraron probable una hemorragia gastrointestinal y me hicieron un lavado de estómago que fue dolorosísimo en su inicio, porque el tubo no me entraba por la nariz. Tras varios intentos, buscaron un tubo menos grueso.

En fin, sacaron sangre de mi estómago y pasé la noche en el hospital. Al día siguiente me practicaron una endoscopia. No hallaron, afortunadamente, una úlcera, así que atribuyeron la hemorragia a cualquier otra causa no del todo convincente, aunque el desencadenante parece haber sido, como descubrió el doctor López Vélez, haber tomado una aspirina. Afortunadamente, no había tomado el cuarto y quinto antibiótico, a la espera del escáner.

Así pase la noche en urgencias, conectado a un tubo de suero (nueva experiencia) sin poder comer ni beber. Pero, en cualquier caso, de escáner nada. IF, que casualmente, estaba de guardia (como el doctor López Vélez), nos explicó (también vino Vicky, mi madre) que había dos métodos: el europeo, que va prueba prueba y paso a paso, y el americano, que comienza por abrirte. No sé si desde el principio, pero a estas alturas yo prefiero el método americano, sin ninguna duda. IF y el hospital Ramón y Cajal prefieren el método europeo. El problema es, que la administración indiscriminada de antibióticos me ha provocado, por el momento, una hemorragia gastrointestinal. IF me dijo que me podría conseguir un escáner en un mes. Yo, en cualquier caso, creo que lo mejor es cambiar de hospital y de médico. Quien sí me parece un buen médico es López Vélez, pero lamentablemente mi enfermedad no parece ser tropical.

Allí, tras el lavado de estómago y nuevas radiaciones, al recordar que mi hijo Bruno iba a participar en un espectáculo en su piscina, me sumergí, delante de Vicky e Iván, en un llanto incontenible, tal vez por la estimulación a la que me había sometido la introducción el primer tubo en la nariz. Al día siguiente, tras la endoscopia, pude ir a ver a Bruno, pero no quiso nadar.

Bueno el asunto continúa. El lunes iré a ver al especialista del Clínico.

 

(1996)


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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