LEER 18.000 LIBROS

CARTAS CON IVÁN

libros-millones

retratodeunmatrimonioLeo mucho de mitologías comparadas[1], Eliade, Graves, James Frazer[2], y también biografías, otro género que hasta ahora apenas había tocado. En este momento estoy con Madame de Stael y ayer acabé la vida de Natalie Barney (Retrato de una seductora). La historia de Natalie Barney es fascinante, pero creo que el escritor no le saca todo el partido que debiera y pierde mucho en comparación con Retrato de un matrimonio[3], sin duda uno de los libros que más me ha inquietado y complacido.

Según tú cálculo, y de seguir así, a los 60 habré leído 18.000 libros, pero, ¡ah!, nunca es bastante y un solo libro no leído puede ser más importante que 18.000. La verdad es que no persigo batir récords de lectura, sino tan sólo leer libros que seduzcan mi mente. Tampoco me interesa leer por estar informado o hablar con propiedad de algún tema: sólo busco el placer, y cuando leo un libro que no me produce placer siento un profundo remordimiento. Los autores que más leo últimamente: Conrad, Stevenson, Goethe –siempre Goethe-, Luciano, London y Dostoievsky (me ha encantado El doble).

 [Fragmento de una carta a mi padre, Iván Tubau,  del 25 de septiembre de 1985]

 

***********

 

[1] [sic, por “mitología comparada”]

[2] [sic, por Frazer]

[3] Es la vida de Vita Sackville-West


OTRAS ENTRADAS DE MEMORABILIA

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CUADERNOS EGÓLATRAS

cuadernosegolatras

En mi revista Esklepsis (1994-1999) tenía una sección que se llamaba Cuadernos ególatras, en la que incluía todo tipo de contenidos, desde fotografías o textos autobiográficos a respuestas al Cuestionario Proust, dibujos o cualquier otra cosa de carácter personal. Es decir, todo lo que tenía que ver conmigo y no se podía clasificar fácilmente en cualquier otro lugar o tema.

Es lo mismo que pretendo con estos Cuadernos Ególatras electrónicos, en los que también tienen cabida textos míos o ajenos relacionados precisamente con la egolatría, el egoísmo, el egotismo o el egocentrismo (hablo de las diferencias entre estos conceptos en: Memorias del egotismo)

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 yomismosoylamateriademiweb“Yo mismo soy la materia de mi web”

 

 

Atroz autocontrol

|| JUICIO Y SENTIMIENTO 1

AVISO PRELIMINAR EN 2017

De nuevo inicio este serial o folletín autobiográfico, que comencé a escribir en 2004 y que queda siempre interrumpido. Tal vez este verano haya más suerte.

AVISO PRELIMINAR (2016)

Hace seis años reinicié en mi Salón Digital un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento, que había iniciado cinco años antes. Quedó interrupido por segunda vez. Aquí, de nuevo en verano, lo reinicio, con la esperanza de que vuelva a quedar interrumpido.

 

AVISO PRELIMINAR (2009)

Hace cinco años inicié en mi página de Blogger un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento. Quedó interrumpido, quizá en el momento más interesante, así que he decidido recuperarlo cinco veranos más tarde, y, ¿quién sabe?, tal vez continuarlo, si consigo recordar de qué quería hablar y recuperar el tono y el estilo. Al menos lo incorporaré a la estructura de los blogs, pues estaba en páginas independientes que, supongo, muchos no visitaron.

Comienza…

¡Oh, desocupado lector que en las horas del estío buscas en vano ese entretenimiento ameno que te permita solazarte sin avergonzarte, he aquí que lo has encontrado!

Un folletín como los de antes: ligero, emocionante y emotivo, pero, al mismo tiempo, con esas gotas de sana erudición y vivaz ingenio capaces de ofrecerte temas de conversación para intercambiar con conocidos y desconocidos. Juicio y sentimiento. No te pierdas el próximo capítulo.

“Elinor, la hija mayor, tenía una firmeza de entendimiento y una frialdad de juicio que la hacían idónea para ser, aún a sus diecinueve años, la consejera de su madre… Tenía un grandísimo corazón; era afectuosa por naturaleza y de firmes sentimientos, pero sabía cómo gobernarlos. Las facultades de Marianne eran, en muchos aspectos, completamente idénticas a las de Elinor. Era juiciosa e inteligente, pero impaciente en todo; sus penas, sus alegrías podían no conocer la moderación. Era generosa, amable, interesante: lo era todo menos prudente.”

Jane Austen, Juicio y sentimiento

 

Mi padre opina que yo ejerzo sobre mí mismo un férreo control.

No sé cuál fue el origen de esta idea peregrina, pero he observado que no es el único que lo piensa. Sospecho que el mayor responsable de la propagación de esta idea entre mis familiares y amistades he sido yo mismo, al contar lo que opina de mí mi padre. Estas cosas suceden: cuentas una idea disparatada que alguien se ha hecho de ti y con el paso del tiempo la gente sólo recuerda la idea que les contaste, pero olvida que era una idea disparatada. Por eso se dice: “Difama, que algo queda”.

Como consecuencia del perverso mecanismo descrito, a menudo me he tenido que defender de esa curiosa acusación que consiste, en definitiva, en reprocharme que ejerzo sobre mí mismo un desmesurado autocontrol. Autocontrol es una palabra que suena bien en determinados contextos, pero que en la mayoría de las ocasiones se emplea como sinónimo de hipocresía, falta de espontaneidad, represión, conservadurismo y falsedad. Así que se deduce que mi padre y otras personas  me imaginan como una especie de olla a presión que lucha constantemente por no revelar sus verdaderos sentimientos y emociones, un esforzado optimista que mantiene la sonrisa en el rostro, pero que está deseando gruñir o gritar; un reprimido que se muestra amable, pero que, en su fuero interno, desearía insultar o golpear.

He de aclarar, antes de continuar, que yo estoy, sin ninguna vacilación, a favor del autocontrol. Creo que es cierto lo que decía Aristóteles: una vida sin reflexión no merece ser vivida, y creo que es bueno lo que defendían muchos libertinos: el reinado de la razón y el cálculo de las pasiones. Creo también que si uno no aprende nada de la experiencia entonces es que vive en el mundo como un tronco seco o como una roca, y que de nada le sirve el trabajo que la selección natural se ha tomado durante milenios para dar forma su complejo cerebro. Creo también que quienes caen contínuamente en el exceso cuando beben, cuando se drogan o simplemente cuando viven ruidosamente, no por ello son más sinceros y espontáneos, sino tan sólo más estúpidos, porque convierten el placer en displacer. No es que aprovechan más el placer, es que lo cortan de raíz. Porque los verdaderos placeres son moderados, incluso en el exceso.

Una vez he dejado claro que creo en el autocontrol, puedo decir con toda tranquilidad que no lo ejerzo sobre mí mismo.

Muchos pondrán en duda una afirmación semejante (a ellos les responderé en su momento), mientras que otros quizá se pregunten: “Si estás a favor del autocontrol, ¿por qué no lo practicas?”.

Esa es una buena pregunta. La respuesta es sencilla: porque no lo necesito. No me hace falta ejercer el autocontrol, porque no tengo casi nada que reprimir. No soy esa olla a presión en la que las emociones intensas bullen y los instintos permanecen encadenados en oscuras mazmorras. No me censuro, no me reprimo, no me controlo. A muchos, ya lo sé, esto no les parece posible, pero debo decirles sin disimulo que eso no es un problema mío, sino suyo. Muchas personas no pueden creeer que un temperamento no sea dominado por toda clase de bajas pasiones, simplemente porque se observan a sí mismos y lo que ven les hace pensar que todos han de ser como ellos. Y lo cierto es que muchos son como ellos.

La anterior es una manera muy directa de describir a los demás, que resulta insultante y presuntuosa al mismo tiempo. Podría haber respondido con más disimulo y diplomacia, pero se trataba precisamente de no ejercer el autocontrol, ¿no es cierto?

Mi tarea ahora consistirá en explicar por qué afirmo con tanta desfachatez y descaro que no ejerzo sobre mi mísmo represión, censura y autocontrol. Lo haré con ayuda de William James.

[Miércoles 28 de Julio de 2004, Barcelona]

Continuará…


Juicio y sentimiento

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CUADERNOS DE VIAJE

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Entradas publicadas en todos mis cuadernos de viaje. Despliega el menú para ver todos los lugares.


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ESCRITO EN EL CIELO Y EN NINGÚN LUGAR

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El cuaderno Pasajero

CUADERNO DE ARGENTINA

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CUADERNO DE PARÍS

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CUADERNO DE TAHUANTINSUYU

Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas tahua: cuatro ntin: sufijo plural con una idea de unión entre sí. suyu: parcialidad, en sentido amplio de región”. “No sabemos si la palabra Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas entre sí, que contiene una idea … Sigue leyendo

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CUADERNOS DE VIAJE

Entradas publicadas en todos mis cuadernos de viaje. Despliega el menú para ver todos los lugares. Copyright protected by Digiprove © 2012-2014 Daniel TubauSome Rights ReservedOriginal content here is published under these license terms: X License Type:Non-commercial, Attribution, no Derivative workLicense Abstract:You may copy this content, and re-publish it … Sigue leyendo

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Ocurrencias de un enfermo

Ocurrencias de un enfermo, 1996

Ocurrencias de un enfermo, 1996

Una vez que estuve enfermo y me resultaba difícil salir a la calle, me pasaba los días en mi casa de Sambara de Madrid. Pensé en aprender cosas de mi enfermedad y, forzado por las circunstancias, me apliqué el dicho de Baltasar Gracián:

“Hay que hacer de buen grado y con placer aquello que no tienes más remedio que hacer”

Busqué un cuaderno y comencé a escribir Ocurrencias de un enfermo. El título procede de uno de mis libros favoritos,Tsurezuregusa (Ocurrencias de un ocioso o Las horas ociosas), de Kenko Yoshida.

 Además de pensar sobre mi enfermedad pulmonar y anotar mis ocurrencias y mis dolencias, investigué acerca del asunto, porque siempre, incluso antes de conocerlo, he aplicado el consejo de Confucio que más le gusta a mi amiga Ana: “Aprender sin pensar es inútil y pensar sin aprender es peligroso”. Uno no debe limitarse a reflexionar en el vacío, porque eso lleva a confundir deseos con realidades y sueños con certezas. Pero tampoco se debe limitar a acumular conocimientos sin más, sin procesarlos o analizarlos.

La primera anotación en ese cuaderno de enfermo fue esta:

En el atardecer, escribo en la terraza. Los pájaros juegan a perseguirse en el cielo y gritan, supongo que de alegría.
La mayor diferencia entre estar sano y estar enfermo es que el enfermo es mucho más consciente de su cuerpo.
Así que estar sano es una cosa poco perceptible: consiste en que tu cuerpo funcione tan bien que no notes que existe.
Por eso es más fácil darnos cuenta de que estamos enfermos que de que estamos sanos: el cuerpo nos avisa, haciendo notar su presencia.

                                                       [4 de junio de 1996 ]

 


[Publicado en la red en 2011. Revisado en 2020]

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Historias extraordinarias (y Toby Dammit, de Fellini)

Una película con tres historias de Edgar Allan Poe, dirigidas por tres directores diferentes: Federico Fellini, Roger Vadim y Louis Malle.  Veo esta película, ahora por segunda vez veinte años después, con Bruno.

Descubro que la película me influyó en la adolescencia: seguramente de maneras misteriosas, que ahora no sabría precisar. Pero también por tres detalles muy concretos.

La historia dirigida por Fellini se llama Tobby Dammit. No recuerdo ningún personaje de Poe con ese nombre, pero adopté el seudónimo de Dammit en algunos poemas y cuentos, así que debí tomarlo de la película.

Un segundo detalle es que en otra de las historias Alain Delon tiene una cicatriz en forma de media luna cerca del ojo. Me gustó tanto, que yo me hice una igual con una cuchilla. No debía resultar muy convincente, porque recuerdo que mi hermana me decía que no creía que fuese verdadera y que me la había hecho yo a propósito.

El tercer detalle no lo recuerdo ahora.

Teorías sobre mis enfermedades

Es una gran tentación encontrar una explicación para mi salud y mis enfermedades: “No te cuidas”, “Abusas de ti”. O lo contrario: “Te dejas llevar por el desánimo, “Las creas psicosomáticamente”.

Todas son explicaciones maravillosas, pero me temo que son sólo producto de nuestro anhelo constante de explicárnoslo todo.

La vida y mis enfermedades son más complicadas, aunque yo, por supuesto, soy el primero que intenta remediarlas y explicarlas.


[Publicado en 2002]

Ocurrencias de un enfermo

Teorías sobre mis enfermedades

Es una gran tentación encontrar una explicación para mi salud y mis enfermedades: “No te cuidas”, “Abusas de ti”. O lo contrario: “Te dejas llevar por el desánimo, “Las creas psicosomáticamente”. Todas son explicaciones maravillosas, pero me temo que son … Sigue leyendo

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Ocurrencias de un enfermo

Una vez que estuve enfermo y me resultaba difícil salir a la calle, me pasaba los días en mi casa de Sambara de Madrid. Pensé en aprender cosas de mi enfermedad y, forzado por las circunstancias, me apliqué el dicho … Sigue leyendo

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Enfermedades y emociones

Da la impresión de que cuando estás enfermo te encuentras menos protegido contra las emociones. Es frecuente que durante la enfermedad nos acordemos y revivamos todos nuestros problemas y angustias. Esta observación, que cualquiera puede hacer, me parece muy interesante. … Sigue leyendo

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Aloysius Bertrand (1807-1841)

El ilustre enfermo

Parece que se llamaba Luis Bertrand. David D’Angers y Saint Beuve le intentaron ayudar, pero fue en vano; tal vez el pudor del enfermo hizo que llegarán tarde para salvarlo. Ellos se encargaron de que su nombre no fuese olvidado. … Sigue leyendo

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La muerte natural y Joseph Glanwill

Se supone que una de las ventajas de la llamada “muerte natural” es que las fuerzas y las ganas de vivir se te van escapando a medida que avanza la agonía. Terminas agradeciendo la llegada del fatal desenlace. «El hombre … Sigue leyendo

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¿Enfermos imaginarios?

«¿No será —pregunté a Ángeles hace unos días—, que esas personas que se quejan continuamente de diversos males que los médicos nunca encuentran, no será que esas personas están dotadas de una sensibilidad especial que les permite percibir lo que … Sigue leyendo

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John Keats (1795-1821)

El ilustre enfermo

Nació en Londres el 31 de octubre de 1795. A los quince años era huérfano de padre y madre. En 1817 publicó sus primeros poemas (ya había conocido a Shelley), y un año después Endymion. En el verano de ese … Sigue leyendo

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El reloj interno

Una de las cosas que más me ha impresionado siempre es la siguiente: nos acostamos por la noche. Tenemos que despertarnos a las 7 de la mañana. Como no tenemos despertador, nos decimos a nosotros mismos que debemos despertarnos a … Sigue leyendo

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Un asunto inquietante y enfermizo

El asunto inquietante y enfermizo al que me refería (en El reloj interno) es el siguiente: del mismo modo que indicamos a nuestra mente que se despierte a determinada hora, podemos pedirle que nos recuerde, cuando veamos a un amigo, … Sigue leyendo

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Joseph Roth (1894-1939)

El ilustre enfermo

Lo primero que leí de Joseph Roth fue una película: La leyenda del santo bebedor. Como me gustó mucho, me compré el libro, que también me gustó. Así que seguí leyendo libros suyos: Hotel Savoy, Job, La marcha de Radetzky, … Sigue leyendo

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El origen de mis males

Lección 1 “El aire, que entra por la nariz o por la boca, llega a una bifurcación de caminos en la garganta, pasada la epiglotis. El esófago, conducto por el que transcurren los alimentos, desciende directamente hacia el estómago. El … Sigue leyendo

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Antología de Spoon River

Recuerdo haber visto este libro, en la sugerente edición de la editorial Barral, durante años en la biblioteca de mi madre. Es un objeto, una imagen, que ha logrado ocupar ese lugar especial de la memoria que alcanzan pocas cosas de las que se aparecen ante nuestros sentidos a lo largo de la vida. Leí el libro en la adolescencia, pero durante años lo he conservado en mi recuerdo como ese objeto hermoso, y sin duda macabro, de la edición de Barral. De los poemas apenas recordaba nada, tan solo Sigue leyendo

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Dolor desplazado y fantasmas

Una comparación interesante entre el cuerpo humano y las casas habitadas por fantasmas: cuando sentimos un dolor en el hombro, eso puede deberse a un problema que tenemos en el hígado. El lugar del que procede el dolor y el … Sigue leyendo

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Epicuro

El ilustre enfermo

Epicuro es uno de los ilustres enfermos más famosos de todos los tiempos. Nació en el año 341 antes de nuestra era en Samos. Estudio con Nausífanes, seguidor de Demócrito, y acabo estableciéndose en Atenas. Allí, cuando ya Alejandro había … Sigue leyendo

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Cuando estamos sanos…

Cuando estamos enfermos y en nuestra mente penetra la imagen de una enfermedad terrible, adoptamos tremendas resoluciones, como una promesa a cambio de curarnos de la enfermedad y de nuestras preocupaciones presentes. Nos aseguramos a nosotros mismos que, si nuestros … Sigue leyendo

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El origen de mis males: los bronquios

«La traquea se divide al entrar en el tórax en dos bronquios, derecho e izquierdo, que conducen el aire hacia y dentro hacia afuera de los pulmones. Luego, las bronquios se dividen y subdividen como las ramas de un árbol, … Sigue leyendo

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Lili Boulanger

La ilustre enferma

Quiso un azar malévolo y bromista que, cuando fui a descansar a casa de mi madre, me llevase un libro de Keats y otro de Aloysius Bertrand. Los dos murieron jóvenes y enfermos. Ese mismo azar ha actuado de nuevo … Sigue leyendo

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Un ejemplo de conmovedora solidaridad entre los diversos órdenes de la naturaleza

  Coincidiendo con la detección de al menos dos gérmenes, virus o bacterias que pasan las horas en mis pulmones [en 1996], mi ordenador empezó a volverse loco, atacado también por un virus que escapaba toda posible detección. Tuve que … Sigue leyendo

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Breve historia de mi enfermedad

Llegado a la página 40 del cuaderno ni siquiera he contado nada de lo que ha dado precisamente origen a este cuaderno. El día 6 o 7 de diciembre de 1996 noté los síntomas de un constipado, catarro, resfriado gripe … Sigue leyendo

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La danza de la muerte

Marcos me regala este libro estupendo. Es una versión castellana de las celebres danzas de la muerte medievales: “La Europa medieval de las pestes de los visionarios místicos, de los flagelantes, de los predicadores del satanismo y de la adivinación, están … Sigue leyendo

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Susan Sontag y los enfermos culpables

Leí La enfermedad y sus metáforas hace probablemente más de 10 años, en casa de Iván, en Barcelona. También leí otro libro de Sontag: Contra la interpretación, del que guardo muy buen recuerdo. Al leerlo en esta nueva edición, me … Sigue leyendo

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Susan Sontag, la enferma ilustre

Cuando Susan Sontag escribió La enfermedad y sus metáforas libro en el que denunciaba los mitos que rodeaban al cáncer y a la tuberculosis era una enferma de cáncer. Diez años después, Sontag lo cuenta en El SIDA y sus … Sigue leyendo

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Novedades, hemorragias y lo psicosomático

Agrupo aquí tres breves notas que publiqué en mis Ocurrencias de un enfermo, el diario que escribí durante mi enfermedad en 1996. 12. Novedades de la enfermedad (junio de 1996) Tras el ingreso de urgencia, pasé un fin de semana … Sigue leyendo

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Julien Offray De La Mettrie (1709-1751)

El enfermo ilustre

No porque muriese joven de una terrible enfermedad, ni porque fuese un enfermo crónico, sino porque la enfermedad significó para él una vía de conocimiento, como los sueños lo fueron para Descartes, de quien fue rival. Por eso está aquí. … Sigue leyendo

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ESCRITO EN EL CIELO Y EN NINGÚN LUGAR

En noviembre de 1997 me di cuenta de que iba a viajar durante varias semanas a diversos lugares del mundo: Barcelona, París, Madrid, Bogotá, Quito, Lima, Cuzco, lo que me obligaría a pasar mucho tiempo en salas de espera, andenes, aeropuertos, trenes, taxis… Esos lugares en los que se está de paso, en tránsito hacia el lugar al que de verdad quieres ir, y en los que el tiempo que trascurre en ellos suele darse por perdido, tiempo inútil, tiempo de espera.

Decidí aprovechar todos esos tiempos muertos entre un lugar y otro. En vez de resignarme a pasar por todos los lugares de tránsito como si fueran un paréntesis fastidioso entre dos etapas, los consideraría como parte del viaje, o mejor aún, como un segundo viaje paralelo. Todo ese tiempo de espera perdido sería ahora una oportunidad para observar a los demás, para aprender y para escribir. Decidí llevar siempre encima una libreta y escribir un cuaderno de viaje durante los minutos y las horas trascurridos en los transportes y en los lugares de espera.

Al contrario que en los cuadernos que suelo escribir y dibujar en mis viajes, en Escrito en el cielo y en ningún lugar no aparecen playas soleadas ni montañas escabrosas, no hay paseos por bosques o lagos, ni excursiones a ruinas históricas o lugares insólitos. Apenas hay color local y casi no se habla de París ni de Barcelona, ni de Quito ni de Cuzco ni de Machu Pichu. En este cuaderno de viaje, el paréntesis se convierte en el texto principal, las horas muertas son horas vivas y la transición pura acción.

Tan sólo me impuse dos normas. La primera, que en los aviones, en los que estaría obligado a pasar muchas horas seguidas, desarrollaría un tema monográfico, que resultó ser, a causa de una lectura casual, el de las máscaras, mientras que en los lugares de tránsito reflexionaría precisamente acerca de la naturaleza de estos extraños sitios en los que pasamos tantas horas de nuestra vida, casi siempre como una simple etapa entre un antes y un después.

Ya antes de empezar tenía pensado llamar a los lugares de tránsito “no lugares”, supongo que porque había oído que alguien los llamaba así, lo que tuve oportunidad de confirmar durante los primeros días del viaje por esos no lugares.

 


 

Ahora, en 2011, iré subiendo día a día lo que escribí en cada día de aquél año, 1997, pues el viaje empezó un 1 de diciembre, como el qeu se inicia mañana. Tal vez tenga ocasión de comentar estas entradas durante el viaje a China que iniciaré el 5 de diciembre. Serán así dos viajes en paralelo, en los que, tal vez, encuentre similitudes, nexos, causalidades o diferencias interesantes.


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