Interpretar a Shakespeare

shakespeare_los_juegos_de_la_envidiaDespués de leer Shakespeare, los fuegos de la envidia mi intención era encontrar una constante en las obras de Shakespeare, una idea repetida que se diese en sus obras y que las explicase o iluminase, a la manera que lo hace Girard, quien aplica a Shakespeare el concepto de deseo mimético.

Como anoté en mi diario Cronos, mi tesis sería que en Shakespeare lo importante es la disparidad entre la imagen que de sí mismos tienen los personajes, en cuanto personajes sociales (marido, rey, honrado, traidor) y sus verdaderos pensamientos o sentimientos, o algo parecido, es decir lo que desean en realidad y lo que deben aparentar ante los demás. Pero también el conflicto entre esa autoimagen y la imagen que uno cree que los demás tienen de él. A menudo, creo, el conflicto se produce porque el personaje se siente obligado a ir hasta el final para respetar la autoimagen frente a la imagen pública, o algo parecido. Intentaré ir escribiendo fichas a medida que leo a Girard y leo y releo a Shakespeare.

Después de leer Los dos Hidalgos de Verona, veo razones para llevar adelante esta tesis o alguna parecida, pero también empiezo a pensar que la verdadera tesis revolucionaria para explicar a Shakespeare es la de que no existe una tesis tal. Incluso pienso que mi libro se podría titular: En defensa de Shakespeare.

 

NOTA

Se supone que quería decir En defensa de Shakespeare… contra sus interpretadores.

Aquello que me planteaba era una especie de divertimento, porque pienso que, en general, el valor de este tipo de hipótesis es poner en marcha la maquinaria interpretativa, pero no llegar a una conclusión que se pretenda demostrativa. Son sólo una excusa. Una estupenda excusa.


[Texto original publicado en Abril 16, 2009, a partir de un texto anterior publicado en mi revista Cronos, hacia 1999]


WILLIAM SHAKESPEARE

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prefacioashakespeare

Defensa de Shakespeare y ataque

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El vino blanco

Hipotéticas manías

En la última comida con JU, creo que me ha quedado claro que el vino blanco me causa desarreglos estomacales agudos. Esto es ya casi una certeza, pues esta vez ni siquiera había otros factores coincidentes, como el fumar o el tomar mucho café.


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Recordar conversaciones

Ilustración de Vivian Allen

Diré algo respecto a lo difícil que es reproducir una conversación con fidelidad. Nuestra mente tiene una fuerte tendencia a ordenar los acontecimientos, a presentarlos como racionales y razonables, así que busca en una conversación más o menos caótica que hemos mantenido quizá hace unas horas, un sentido y un orden subyacente. Los elementos ordenadores fundamentales proceden obviamente del cerebro de quien recuerda la conversación, con lo que es lógico que adapte los retazos que le ofrece la memoria a esos esquemas ordenadores. Yo puedo discutir con Iván acerca de la ley, y al cabo de dos horas mencionar en otra conversación la película de Fassbinder La ley del más fuerte… hora y media después puedo relacionar la primera conversación con la segunda y añadir una comparación con La ley del deseo de Almodovar. Pero cuando intente reproducir la conversación, es muy plausible que enlace desde el principio esos tres acontecimientos y que dote a toda la conversación de una lógica aplastante que no existió en la realidad.

Y otro aspecto que también influye: no recordamos una conversación, sino que recordamos lo que nos ha llamado la atención de una conversación. Recordamos las buenas ideas que se nos han ocurrido. Seguramente hasta sería posible clasificar en orden de importancia las cosas que más nos afectan y que mejor recordamos. Por ejemplo, de más importante y recordado a menos importante y olvidado:

1. Buenas ideas que se nos han ocurrido a nosotros.

2. Ideas que ha expresado el otro que nos han resultado ofensivas.

3. Buenas ideas del otro

4. Ideas que ha expresado el otro con las que hemos mostrado nuestro desacuerdo.

5. Ideas normales del otro pero que ha repetido varias veces.

6. Ideas que hemos expresado y ante las que el otro ha mostrado su desacuerdo.

7. Ideas que ha expresado el otro con las que no hemos mostrado nuestro desacuerdo, pero sí lo hemos pensado.

8. Ideas en las que el acuerdo ha sido expresado con entusiasmo.

Etcétera.

Naturalmente, el orden puede variar según la persona y también según la relación o la situación de los que discuten.

Intentaré investigar esto en otro momento.

[Escrito en 1999]


2017:

En el cuaderno, el texto comenzaba con una pequeña reflexión acerca de cómo ordenar las conversaciones en Cronos:

“Intentaré ahora otra manera de contar las charlas que mantengo. En vez de clasificarlas por días, lo haré por personas, aunque tal vez vaya y vuelva a una persona para seguir el hilo de algún tema que tenga relación con otra persona. Con este método intentaré ser más breve y menos formal, pues paso más tiempo del previsto escribiendo esto, que me gusta mucho, pero que en principio es sólo una especie de recordatorio, de borrador para no olvidar cosas que tal vez desarrolle más adelante. Y además, el período de tiempo que cubre este cuaderno es muy largo (el último Cronos tuvo 80 páginas)”.


[en Cronos 8, 22 de diciembre a 10 de diciembre de 1999, publicado en la web en 2002. El texto en otro color lo he añadido en 2017]


CRONOS

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Hipotéticas manías

Lichtenberg decía al inicio de uno de sus libros de aforismos:

“Estoy decidido a no contarle nunca una mentira a este libro; quiero convertirlo en un cristal donde pueda verme reflejado en el futuro”.

Esa era mi intención con mi revista Cronos, así que hay cosas de Cronos que no puedo hacer públicas, por ejemplo, casi todas las incluídas en la sección Charlas. Pero, como una pequeña muestra de mi impudor, sí publicaré una sección que no me deja en muy buen lugar., Se llama Hipotéticas manías, y en ella me observaba y descubría mis manías y prejuicios. Espero haber abandonado alguna de esas manías desde entonces, al menos las que no son buenas manías. (2004)


HIPOTÉTICAS MANÍAS

(Cronos 1, 20 a 25 de septiembre de 1999)

Padezco diversas molestias más o menos crónicas: dolor de cabeza, dolor de ojos, estados febriles, tensión en la pierna izquierda, desarreglos intestinales. Estas son las más recurrentes.

Intento averiguar qué cosas o qué hábitos agudizan estos síntomas. El problema es que los factores que pueden causarlos nunca o casi nunca se presentan aislados. Beber y fumar son dos actividades que suelen ir asociadas. A ellas se suma a menudo el dormir poco. Si salgo por la noche y fumo y bebo y duermo poco, cuando a la mañana siguiente me duele la cabeza, no sé si es por culpa del tabaco, del alcohol, de haber dormido poco o de una conjunción de algunos de estos factores, o de todos ellos.

Otra dificultad a la hora de aislar los factores desencadenantes de una molestia determinada es la influencia del estado de ánimo. Es una tentación explicar cualquier dolencia diciendo “Eso es psicosomático”.

Se da incluso la circunstancia de que solemos atribuir nuestros problemas de salud a diversas causas, mientras que los problemas de los demás nos parecen siempre psicosomáticos. El médico que mejor me trató me dijo que cuando un médico dice que algo es psicosomático es porque no tiene ni idea de cuál es la causa.

Yo no niego la importancia de lo psicosomático, incluso le doy una extraordinaria importancia en relación con la salud, pero creo que casi siempre el estado de ánimo facilita el que se produzcan determinadas molestias, pero no las causa o provoca de manera directa. Hablaré de esto en otro de estos cuadernos y también el artículo que escribiré en Esklepsis dedicado a Oliva Sabuco.

Lo que ahora me interesa es hablar de mis manías.  Ana Aranda me ha hecho consciente de muchas de mis manías. Nos hemos divertido con ello e incluso hes jugado al Stop (las Categorías) dedicando una de las columnas al tema “Manías de Daniel”. Enumero aquí algunas de esas manías:

Alcohol: Me provoca molestias en general, las habitualmente asociadas al alcohol y además fiebre, que me lagrimeen y se me hinchen los ojos y desarreglos intestinales.

Café: creo que me produce tensión en la pierna izquierda. Tengo que comprobar si es así y si sucede partir de determinada cantidad.

Café con leche: me produce sensación de pesadez. Cada vez lo tomo menos.

Cenar: somnolencia. Falta de ganas de hacer cosas.

Contención: en las situaciones en las que me tengo que contener, creo que mi estado de salud se debilita y los más afectados son mis ojos.

Dormir mucho: cansancio.

Iglesia: cierta manía a las iglesias establecidas y a la religión en general. Una manía muy razonable, en mi opinión.

Leche: creo que, en general, me sienta mal, aunque a veces tomo café con leche e incluso leche sola. No he observado que me siente mal en salsas, crepes, quesos, yogures, etcétera.

Liderazgo: no me gusta ser líder ni que los demás me miren con respeto o reverencia, ni que me elogien más allá de lo razonable y con sencillez.

Melatonina: me dio la sensación de que la melatonina en vez de favorecerme el sueño me lo dificultó en la última ocasión que la tomé. Pero eran pastillas de 5 mg, en vez de 1 mg. Así que dejé de tomarla. Ahora lo intento de nuevo tomando una sola pastilla a la semana.

Militares: no me gusta la policía, ni los militares, ni los guerrilleros, ni nadie que lleve armas. Así que tampoco siento mucha afición por la ropa militar: como las botas militares que llevan los antimilitaristas o la actual moda de prendas de camuflaje.

Nata: la nata de la leche hervida no me gusta.

Olores: cierta percepción aguda de los olores: colonias, puros, fritangas…

Pepino: he pensado a menudo que me sienta mal, pero ahora ya no estoy tan seguro. Me gusta mucho mezclado con yogur, a la manera griega, turca, iraní o india.

Tabaco: creo que afecta a mi estado de salud general (más cansancio), que contribuye a que respire peor y que potencia mis dolores de cabeza. Además, me afecta al pulmón y, desde que tuve neumonía, los médicos me dijeron que dejara de fumar. Creo con bastante seguridad que me causa trastornos intestinales.

Vino blanco: creo que me provoca trastornos intestinales y dolor de cabeza, pero posiblemente sólo a partir de determinada cantidad. Quizá también molestias en los ojos.

Vino tinto: síntomas semejantes al vino blanco pero menos agudos, creo.

Dejo el tema aquí. No todo son manías, espero incluso que ninguna o casi ninguna de estas cosas sean manías.

Me divierte el asunto y seguiré investigando acerca de los efectos que ciertas cosas provocan en mí.”

 

Continuará…


[Publicado en Cronos en 1999, en Diletante en 2004]

Epílogo en 2017

Hace dos o tres años descubrí la causa de muchas de las molestias que describo en esta entrada y en otras publicadas en Hipotéticas manías: soy intolerante al gluten. Comencé a sospechar del asunto poco antes de uno de mis viajes a Cuba, lo puse a prueba allí, suprimiendo el pan y las harinas, advertí una  mejora inmediata y constante de mi salud y poco después los médicos me lo confirmaron. Gracias a este tardío descubrimiento, me he librado de los constantes dolores de cabeza y de ojos, de los problemas intestinales permanentes y otras manías, que más que manías eran molestias o síntomas de un enfermo crónico ignorante.


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Hipotéticas manías

Una noche que pasé con Ana en casa no pude dormir. Lo atribuí a diversas razones:

  • Al día siguiente tenía que empezar a trabajar, después de las vacaciones.
  • Había quedado con Ana en que teníamos que hablar y por la noche, antes de dormirse, lo último que me dijo fue: “Al final no hemos hablado”. Eso me mantuvo inquieto toda la noche, sobre todo porque no sabía de qué teníamos que hablar. Pero también pensé que quizá no podía conciliar el sueño porque mi almohada era roja. Desde entonces, uso la almohada blanca. Pero esto es sólo una hipótesis muy aventurada.

Chocolate

Hipotéticas manías

Tengo a veces la sensación de que el chocolate me produce dolor de cabeza. Cuando escribí el libro sobre el chocolate, en muchos lugares se atribuía al chocolate este efecto. Pero no estoy seguro. Por otra parte, me da la impresión de que tomé manía al chocolate a causa de:

a) Dolor de muelas: durante los años en que tuve mis más terribles dolores de muelas, el chocolate era casi un veneno.

b) Falta de dinero: tenía demasiada afición al chocolate pero el chocolate era caro, así que le tomé manía a propósito (pero inconscientemente) para no tener la tentación de gastarme dinero en él.

La segunda posibilidad resulta quizás demasiado fantástica y extravagante como para ser incorrecta, pero tal vez me influyeran las dos cosas. En cualquier caso, a pesar de que suelo decir que no me gusta el chocolate, lo cierto es que a menudo me gusta hasta el delirio.


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Hipotéticas manías. la posición horizontal

Ana me dijo que en mi lista de manías de la semana pasada faltaba la más graciosa: la posición horizontal.

Se lo dije un día en París. Me daba la impresión de que la posición horizontal no me favorecía la salud. ¿Por qué? Porque me despertaba más cansado que al acostarme y solo a lo largo del día me iba recuperando. Además, me acostaba sin dolor en los ojos y me levantaba con los ojos llorosos e irritados, sobre todo el izquierdo. Pero quizá sean casualidades.

2017. Ahora sé que esta es una de esas manías relacionadas con que soy celiaco: después de cenar alimentos con trigo, en unas horas la alergía o intolerancia al gluten empieza a hacer estragos, por lo que era razonable que me despertara en muy mal estado.


 

Celos e incertidumbre

Recuerdo que comenté con Marcos (tal vez en la conversación que tuvimos antes de irme a París) lo que eran los celos y que en gran parte significaban incertidumbre, una incertidumbre hasta cierto punto razonable, porque uno puede pensar que si su pareja tiene una nueva aventura, puede cansarse de uno.

Comentamos que la incertidumbre posiblemente se daba más razonablemente en los hombres por la simple razón de que las mujeres suelen asociar más el sexo al amor o al establecimiento de una pareja, con lo que si una mujer se acuesta con otro hombre hay más posibilidades de que decida abandonar a su primer amante que en el caso de los hombres. Naturalmente, esto es sólo una impresión, pero que muchas mujeres me han confirmado de manera explícita, admitiendo que eso les sucede.

(la conversación fue antes de esta semana)

Elogio de la infidelidad
Editorial Ningún mañana, 2019
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Un ensayo que defiende la libertad y la razón y que niega que la fidelidad sea una virtud.
Entretenido, divertido y convincente, a pesar de refutar muchas ideas preconcebidas.
“Chispeante y demoledor” (Pilar González, arqueóloga e historiadora)