El efecto doppler contra el viento

Días después de mi accidentado viaje a Ahakista, escribí, durante un viaje a Durrus, algunas  ideas que me ocurrieron mientras iba en la bici. Llamé a estos pensamientos baikzouts, es decir bike (bicicle) thoughts o pensamientos en la bici.

El efecto doppler contra el viento (baikzouts 2)

Cuando viajas  en bicicleta, tienes que fiarte mucho del oído, porque lo que viene por delante lo ves, pero lo que viene por detrás lo oyes. Normalmente es fácil oír a los coches que vienen por detrás, pero ayer no lo era.

En la última etapa de mi viaje (Durrus-Ahakista) pedaleaba con el viento en contra. No sólo veía, sino que también oía perfectamente a los coches que venían de frente, incluso los oía más fuerte de lo normal, pero me era muy difícil oír los coches que venían por detrás.

Si coincidían un coche por delante y otro por detrás, era casi imposible escuchar el sonido del que venía tras de mí. Y además, y por eso hablo del efecto Doppler, me pareció advertir que los coches eran más audibles tanto cuando venían hacia mí de frente como cuando se alejaban tras adelantarme por detrás, y no tanto en las otras dos situaciones [cuando venían desde atrás y cuando se alejaban tras adelantarme]. Ahora bien, no me acuerdo de cuándo percibía mejor el cambio grave a agudo característico del efecto doppler.

[18 de agosto de 1996]

Si te interesa el efecto doppler, puedes leer esta entrada: El efecto doppler.


[Aunque los baikzouts y los dibujos los hice en Irlanda en 1996, esta entrada la publiqué por primera vez en 2006]

CUADERNO DE IRLANDA

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Es bastante asombroso para mí que la canción favorita de Bertrand Russell sea Sweet Molly Malone. Asombroso por la coincidencia, pues posiblemente es también mi canción, o una de mis canciones, favoritas. Sin embargo, yo juraría que es una canción … Sigue leyendo

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Baikzouts en Irlanda

  En julio de 1994 estuve unos días en Irlanda. Tras pasar por Dublín , Cork y Bantry, me instalé en un pequeño pueblecito llamado Ahakista. Tan pequeño que no había pueblo, sino tan sólo un cártel en una carretera … Sigue leyendo

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Un viaje a Ahakista

Desde Dublín había decidido viajar a Ahakista, esperando encontrar:

un paisaje totalmente salvaje,  que para nuestros lectores románticos resultará un sitio maravilloso,

como prometía la guía.

Vi que podía tomar un tren hasta la ciudad de Cork y allí un autobús hasta Bantry. En Bantry ya no había más posibilidad que alquilar una bicicleta y recorrer con ella los 50 kilómetros hasta Ahakista. Un buen plan, aunque no contaba con varios imprevistos:

Días después, ya instalado en Ahakista, escribí algunas  ideas que se me ocurrieron mientras iba en la bici. Pero eso lo cuento aquí: El efecto doppler contra el viento.

El efecto doppler contra el viento (baikzouts 2)

Cuando viajas en bicicleta, tienes que fiarte mucho del oído, porque lo que viene por delante lo ves, pero lo que viene por detrás lo oyes. Normalmente es fácil oír a los coches que vienen por detrás, pero ayer no lo era.

En la última etapa de mi viaje (Durrus-Ahakista) pedaleaba con el viento en contra. No sólo veía, sino que también oía perfectamente a los coches que venían de frente, incluso los oía más fuerte de lo normal, pero me era muy difícil oír los coches que venían por detrás.

Si coincidían un coche por delante y otro por detrás, era casi imposible escuchar el sonido del que venía tras de mí. Y además, y por eso hablo del efecto Doppler, me pareció advertir que los coches eran más audibles tanto cuando venían hacia mí de frente como cuando se alejaban tras adelantarme por detrás, y no tanto en las otras dos situaciones [cuando venían desde atrás y se alejaban tras adelantarme]. Ahora bien, no me acuerdo de cuándo percibía mejor el cambio grave agudo característico del efecto doppler.

[18 de agosto de 1996]


[Aunque los baikzouts y los dibujos los hice en Irlanda en 1996, esta entrada la publiqué por primera vez en 2006]

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Humor irlandés

En un barco que tomé para visitar la isla de Cape Clear, el capitán nos entretuvo con canciones, anécdotas y chistes. Nos contó, al pasar junto a una costa, que aquello era la península de Mizen y que una isla en la que podíamos ver un faro se llamaba Long Island, y que a lo lejos se podía ver una pequeña isla que era lo primero que se veía de Irlanda viniendo desde América.

“Y lo cierto -dijo- es que en los días muy despejados, desde esa isla se puede ver la estatua de la Libertad”. Y ante las miradas de incredulidad, añadió: “No olviden, señores, que acabamos de dejar atrás, a nuestra derecha, Long Island.”

Otra muestra de humor irlandés en un dibujo que hice en mi cuaderno de viaje.

– Bueno, ya lo ve, mañana tendremos un día soleado.
– ¿Cómo lo sabe?
– Bueno, veo esas nubes en la parte norte de la bahía, veo el color del cielo cerca de las montañas, he notado el fuerte olor de las flores… y por último, aunque no menos importante, acabo de escuchar la predicción meteorológica para mañana.

[Publicado por primera vez en Esklepsis 3, 1997 y por segunda vez en Escrito en el agua (2006)]


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Cuaderno de Irlanda

El 12 de julio de 1994, llegué a Dublín. No había planeado el viaje y ni siquiera sabía dónde iba a dormir esa noche. Me gusta viajar de esta manera, decidiendo en el último momento qué hacer. Ese mismo día, en 1690, Jacobo II el Católico y sus aliados franceses fueron derrotados en la batalla de Boyne. La fecha es celebrada todos los años por los protestantes, que vencieron bajo el mando de William de Orange.

Dormí aquella noche en Dublín, en una habitación compartida con otros cinco viajeros, todos alemanes, que me demostraron que el célebre orden alemán es un tópico que quizá sólo se aplica en los cuarteles.

Al ver una tienda de alquiler de bicicletas, pensé que no estaría mal alquilar una y dirigirme al sur. Hacía varios años que no cogía una bicicleta, así que, cuando vi que tenía que recorrer 161 kilómetros, decidí que sería mejor tomar un tren hasta Cork y luego un autobús hasta Bantry, donde alquilaría la bicicleta. Ya había decidido hospedarme en Reenmore Farmhouse, un lugar de Bed&Breakfast del pequeño pueblo de Ahakista. ¿Por qué? Porque había leído en una Guía que la casa se hallaba en mitad de un paisaje totalmente salvaje y que “para nuestros lectores románticos resulta un sitio maravilloso”.

 

La casa en la que viví en Ahakista

En el viaje en tren leí La rosa secreta y Leyendas de Hanrahan el Rojo, de William Butler Yeats.

Bantry, un lugar muy afrancesado, me gustó mucho; Cork, una ciudad bastante grande, me recordó a un pueblo mediterráneo. A pesar de que está lejos del mar, cuando caminas por algunas de sus calles en pendiente, tienes la sensación de que a la vuelta de la esquina te vas a encontrar el mar.

Pude alquilar sin problemas la bicicleta en Bantry, pero el camino hasta Ahakista resultó toda una aventura, sobre todo porque me picó un mosquito en un ojo, con lo que quedé tuerto durante bastantes horas (puedes verlo en Un viaje a Ahakista).

Establecido ya en Ahakista, pasé el resto de las vacaciones viajando en bicicleta por toda la península de Maiden. Me levantaba temprano, desayunaba en Reenmore, lo que me servía como comida para todo el día, y me lanzaba a la carretera en una y otra dirección, deteniéndome de vez en cuando en los pubs de la carretera, jugando a los dardos con los habituales, por ejemplo con una hermosa muchacha a la que encontré sola en su bar, o sentándome en los acantilados, bañándome en las calas. Cuando me detenía en algún pueblo, aprovechaba para escribir lo que llamé Baikzouts (Bike Thoughts: pensamientos en bici).

En la Bahía de Dunmanus me invitaron a participar en una competición de pesca (quedamos los últimos, aunque no por mi culpa) y llegamos hasta la última roca en el mar, creo que The Bull, más allá de la cual sólo se extiende interminable el océano.

Cenando en el restaurante Shiro’s de Ahakista, contemplando un paisaje extraordinario y degustando una de las mejores comidas japonesas que he probado, escribí varios jaikus.

También estuve en la isla de Cape Clear, que es un lugar privilegiado para los expertos en ornitología adonde viajan los estudiantes de gaélico, pues sus ciento cuarenta y seis (ciento cuarenta y ocho según el capitán del barco) habitantes lo hablan allí mejor que en ningún lugar de Irlanda. Se cuenta también que un nativo de esta isla llevó el cristianismo a Irlanda un siglo antes de San Patricio. Este hombre, que viajó a Roma y regresó a su isla, era un O’Driscoll (también lo era el capitán). Se dice que los O’Driscoll son descendientes de los milesios (los hijos de Mil), que llegaron desde Galicia, según las leyendas en el año 1699 a. de C.

Otro día comencé a pedalear por unos montes y me perdí, apareciendo, en la Bahía de Bantry, concretamente en lo más alto del monte Knockhoolteenagh, a 734 metros sobre el nivel del mar.

En pocos días empecé a conocer el humor irlandés, que intenté reflejar en esta historieta que dibujé en mi pequeño cuaderno de viaje.

– Bueno, ya lo ve, mañana tendremos un día soleado.
– ¿Cómo lo sabe?
– Bueno, veo esas nubes en la parte norte de la bahía, veo el color del cielo cerca de las montañas, he notado el fuerte olor de las flores… y por último, aunque no menos importante, acabo de escuchar la predicción meteorológica para mañana.

 

[Publicado por primera vez en Esklepsis 3, 1997]

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Más información sobre la historieta en Humor irlandés

Error: puede que no exista la vista de bc33341clq

El efecto doppler contra el viento
Baikzouts en Irlanda/2

Ahakista

Cuando viajas en bicicleta, tienes que fiarte mucho del oído, porque lo que viene por delante lo ves, pero lo que viene por detrás lo oyes. Normalmente es fácil oír a los coches que vienen por detrás, pero ayer no lo era.

En la última etapa de mi viaje (Durrus-Ahakista) pedaleaba con el viento en contra. Oía perfectamente a los coches que venían de frente, incluso los oía más fuerte de lo normal, pero me era muy difícil oír los coches que venían por detrás.

Si coincidían un coche por delante y otro por detrás, entonces era casi imposible escuchar el sonido del que venía tras de mí. Y además, y por eso hablo del efecto Dopler, me pareció advertir que los coches eran más audibles cuando venían hacia mí de frente y cuando se alejaban tras adelantarme por detrás, que en las otras dos situaciones [cuando venían desde atrás y cuando se alejaban tras adelantarme]. Ahora bien, no me acuerdo del cambio grave/agudo característico del efecto doppler.

 

[18 de agosto de 1996]

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Una entrada que escribí sobre el efecto doppler: El efecto Doppler

CUADERNO DE IRLANDA

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En julio de 1994 estuve unos días en Irlanda. Tras pasar por Dublín , Cork y Bantry, me instalé en un pequeño pueblecito llamado Ahakista. Tan pequeño que no había pueblo, sino tan sólo un cártel en una carretera y cuatro o cinco casas desperdigadas, una taberna y uno de los mejores restaurantes japoneses en que he estado (Shiro’s). Allí alquilé una habitación en una casa junto al mar y una bicicleta con la que cada día hacia muchos kilómetros recorriendo la costa de las penínsulas del sur de Irlanda.

Viajar en bici es una de las situaciones en las que más ideas se me ocurren (otra es mientras friego los platos), supongo que porque el cuerpo está ocupado en una actividad física sencilla y la mente no se siente obligada a ofrecer resultados deslumbrantes, como sucede cuando te hallas en aquellas situaciones en las que tú mismo te obligas a obtener resultados, por ejemplo, con los codos apoyados en la mesa y con un libro delante.

Dicho así, parece una broma, pero hay razones para pensar que es precisamente eso lo que sucede y que las mejores ideas surgen, como decía Poincaré, cuando relajas la tensión y dejas de buscarlas de manera expresa. El problema es cómo registrar esas ideas cuando tienes las manos ocupadas en la bici o en los platos. En una ocasión grabé una cinta con todo lo que se me iba ocurriendo mientras fregaba, pero luego me dio cierta pereza transcribirla y tendría que buscarla para ver la calidad de esos pensamientos. Porque puede suceder lo que contaba Hitchcock cuando recordamos haber soñado ideas deslumbrantes: en una ocasión un guionista decidió no perder esas ideas y dejó una libreta junto a su cama; por la noche soñó una historia maravillosa y tuvo fuerzas para escribir en su libreta la idea principal. Cuando se despertó, corrió a leer lo que había apuntado: “Chico conoce chica”.

Con los pensamientos en la bici tal vez sucede algo parecido: al releerlos te parece que no son gran cosa. Pero también hay que tener en cuenta que, como no tenía grabadora, estos pensamientos en bicicleta de Irlanda los escribí tiempo después de que se me pasaran por la cabeza y quizá lo que quedó en mi memoria era sólo un pálido reflejo de algo complejo que me ocupó durante varios kilómetros de pedaleo. Escribí en Irlanda unos cuantos baikzouts (biclicle toughts), que se pueden leer en este Cuaderno de Irlanda.

Irlanda

La bicicleta de Irlanda


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CUADERNO DE IRLANDA

El efecto doppler contra el viento

Días después de mi accidentado viaje a Ahakista, escribí, durante un viaje a Durrus, algunas  ideas que me ocurrieron mientras iba en la bici. Llamé a estos pensamientos baikzouts, es decir bike (bicicle) thoughts o pensamientos en la bici. El … Sigue leyendo

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En la Bahía de Dunmanus me invitaron a participar en una competición de pesca (quedamos los últimos, aunque no por mi culpa) y llegamos hasta la última roca en el mar, creo que The Bull, más allá de la cual sólo se extiende interminable el océano.

Cenando en el restaurante Shiro’s de Ahakista, contemplando un paisaje extraordinario y degustando una de las mejores comidas japonesas que he probado, escribí varios jaikus.

También estuve en la isla de Cape Clear, que es un lugar privilegiado para los expertos en ornitología adonde viajan los estudiantes de gaélico, pues sus ciento cuarenta y seis (ciento cuarenta y ocho según el capitán del barco) habitantes lo hablan allí mejor que en ningún lugar de Irlanda. Se cuenta también que un nativo de esta isla llevó el cristianismo a Irlanda un siglo antes de San Patricio. Este hombre, que viajó a Roma y regresó a su isla, era un O’Driscoll (también lo era el capitán). Se dice que los O’Driscoll son descendientes de los milesios (los hijos de Mil), que llegaron desde Galicia, según las leyendas en el año 1699 a. de C.

Otro día comencé a pedalear por unos montes y me perdí, apareciendo, en la Bahía de Bantry, concretamente en lo más alto del monte Knockhoolteenagh, a 734 metros sobre el nivel del mar.

En pocos días empecé a conocer el humor irlandés, que intenté reflejar en algunas historietas  que dibujé en mi pequeño cuaderno de viaje

Más información sobre la historieta en Humor irlandés

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[Publicado por primera vez en Esklepsis 3, 1997]

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CUADERNO DE IRLANDA

El efecto doppler contra el viento

Días después de mi accidentado viaje a Ahakista, escribí, durante un viaje a Durrus, algunas  ideas que me ocurrieron mientras iba en la bici. Llamé a estos pensamientos baikzouts, es decir bike (bicicle) thoughts o pensamientos en la bici. El … Sigue leyendo

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Sweet Molly Malone

Es bastante asombroso para mí que la canción favorita de Bertrand Russell sea Sweet Molly Malone. Asombroso por la coincidencia, pues posiblemente es también mi canción, o una de mis canciones, favoritas.

Sin embargo, yo juraría que es una canción irlandesa, aunque Russell dice que “trata de las calles de Londres”.

[Escrito el 23 de diciembre de 1990]

Comentario en 2012

Como es obvio, la canción de Molly Malone transcurre en las calles de Dublin, como se dice en la letra (puedes escuchar la canción, interpretada aquí por The Dubliners):

Molly Malone

In Dublin’s fair city,
Where the girls are so pretty,
I first set my eyes on sweet Molly Malone,
As she wheeled her wheel-barrow,
Through streets broad and narrow,
Crying, “Cockles and mussels, alive, alive, oh!”
“Alive, alive, oh,
Alive, alive, oh”,
Crying “Cockles and mussels, alive, alive, oh”.
She was a fishmonger,
But sure ’twas no wonder,
For so were her father and mother before,
And they each wheeled their barrow,
Through streets broad and narrow,
Crying, “Cockles and mussels, alive, alive, oh!”
She died of a fever,
And no one could save her,
And that was the end of sweet Molly Malone.
Now her ghost wheels her barrow,
Through streets broad and narrow,
Crying, “Cockles and mussels, alive, alive, oh!”

 

No se sabe con certeza si Molly Malone existió o no, pero siempre se ha considerado que era una vendedora durante el día y prostituta de noche.

En 2010, sin embargo, se encontró una canción datada en 1791, que no tiene nada que ver con la que ha sido célebre durante siglos, en la que se menciona también a Molly Malone:

“Molly Malone” en Apollo’s Medley (1791)

By the big Hill of Howth,
That’s a bit of an Oath,
That to swear by I’m loth,
To the heart of a stone,
But be poison my drink,
If I sleep snore or wink,
Once forgetting to think,
Of your lying alone,
Och it’s how I’m in love,
Like a beautiful dove,
That sits cooing above,
In the boughs of a tree;
It’s myself I’ll soon smother,
In something or other,
Unless I can bother,
Your heart to love me,
Sweet Molly, Sweet Molly Malone,
Sweet Molly, Sweet Molly Malone