Genji recuerda

En uno de los primeros episodios del Genji Monogatari, el resplandeciente príncipe Genji tiene una amante de clase baja a la que visita en su casa. Por la mañana le sorprenden los ruidos vulgares de la calle, los trabajadores que se levantan temprano para empezar a trabajar, sus frases hechas y el horrible ruído de los paños estrujados y golpeados en la tabla de abatanar.

En un estupendo pasaje de la novela, tiempo después, Genji, en un momento de melancolía, echa de menos aquellos vulgares sonidos de la tabla de abatanar.

Reflexiones como estas son las que a menudo, cuando leemos el Genji monogatari, hacen ue pensemos que Murasaki Shikibu debería ser considerada una precursora de Marcel Proust.

Una mujer unta las telas con extracto de índigo, lo que, después de abatanarlas con el mazo mecánico o amano entre varios hombres y mujeres, les dará tonalidades que van del añil al índigo y al casi negro.

Telas prensadas y batea mecánica en el pequeño pueblo chino de Zaoxing. Todas las mañanas el golpear rítmico el mazo sobre la tela plegada nos despertaba en el pequeño hotel. Ahora, como le sucedía a Genji, lo que era una molestia que me impedía dormir se ha convertido también en un motivo para la nostalgia.

Ana a contraluz. A través de una de las ventanas se puede ver la esquina en la que se encontraba el mazo de abatanar.

 


[Publicado en 2010. Revisado en 2018]

La ilustración no pertenece al Genji monogatari, sino al Heike monogatari, pero la he elegido porque muestra una escena popular. Las fotografías fueron tomadas por mí en Zaoxing en 2017.

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El almanaque de Taniguchi

El almanaque de mi padre, de Taniguchi

Viene esta entrada a cuento no de un cuento, sino de un comic, porque esta mañana, el último premio Ausias Marc de poesía (mi padre), me intentó llevar al cajón alternante de los que prefieren el simbolismo, la fantasía o lo la ficción al realismo y lo cotidiano. Pero yo no me dejé, porque me gustan las dos cosas.

Una prueba de que me gusta el realismo es que hace poco tuve que interrumpir la lectura de un cómic japonés de Jiro Taniguchi llamado El almanaque de mi padre, porque me puse a llorar a la cuarta página, como le sucedió a mi hijo Bruno. Es un cómic sin estridencias, suave y realista.

Curiosamente, la obra no gusta a mucha gente, pero a mí me parece estupenda (por ahora al menos). Es curioso porque estas ganas de llorar me suelen venir cuando leo poesía, por ejemplo algunos poemas de Iván, mi padre. Pero eso no quiere decir que sólo me haga llorar lo que tiene relación con padres e hijos, supongo.

*******

[Publicado en septiembre de 2003]

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CUADERNO DE JAPÓN

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El ruido y la furia
Eli eli lema sabachtani, de Shinji Aoyama

El título de esta película se refiere a las palabras más enigmáticas de Jesucristo. Las dijo cuando fue crucificado y significan “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

¿Por qué dijo eso Jesús poco antes de morir?

Tal vez lo dijo porque descubrió en ese preciso momento que había perdido la fe en un dios que no había sido capaz de evitar su martirio, o porque empezó a dudar que ese dios existiera.

O quizá siguió creyendo en la existencia de Dios, pero comenzó a verlo de otra manera: como ese dios cruel del Antiguo Testamento, y no el dios de amor que él había predicado.

En estos días se discute acerca de lo que se dice en el Evangelio de Judas, y hay muchas interpretaciones acerca de si el que se sacrificó fue Judas o Cristo.

Si olvidamos por un momento la doble naturaleza humana y divina de Jesús y pensamos que fue un profeta más de aquellos que había entre los judíos por aquella época, es fácil comprender la decepción de un hombre que creía tener junto a él a un dios todopoderoso y que, sin embargo, muere en la cruz.

Una angustia semejante a la de Jesús es la de los protagonistas de la película de Shinji Aoyama. Son dos músicos que han abandonado el mundo ante la ausencia de un Dios, que no hace nada por evitar que millones de personas se suiciden en todo el mundo a causa de una enfermedad llamada el virus del leming.

Suicidios animales

lemingLos lemings son unos animales que de tanto en tanto se suicidan en masa. Ese extraño comportamiento pone a prueba el ingenio de los biólogos seleccionistas radicales, aquellos que creen que todo rasgo que se encuentra en los seres vivientes no sólo es el resultado de la selección natural sino que, además, dicho rasgo o comportamiento por fuerza ha de suponer algún tipo de ventaja evolutiva. Los seleccionistas estrictos no dejan ningún lugar al azar a la mutación o a otros mecanismos que otros biólogos evolucionistas consideran pueden ser la causa de ciertos rasgos o comportamientos.

Además del comportamiento de los lemings, ese suicidio que no parece favorecer en nada a la especie ni a los individuos ni a los genes, existen otros comportamientos animales difíciles de explicar para los seleccionistas estrictos, como los de los pájaros que empollan huevos de otras especies, la homosexualidad o el uso de anticonceptivos. Todos ellos no parecen ayudar a la supervivencia de la especie, los individuos o los propios genes. Sin embargo, a pesar de la dificultad, intentan explicarlos, usando en ocasiones un gran ingenio.

lemmingsEl suicidio de los leming, por ejemplo, se ha explicado como un mecanismo de auto regulación de la naturaleza para evitar la superpoblación de esta especie, pero dicha explicación resulta muy dudosa y la causa más bien parece estar relacionada con el sentido de orientación de los lemings (tal vez, eso sí, agravada en los momentos de superpoblación). Esa coincidencia con la película no es casual.

Escultura de lemings suicidándose

Ruido y noise

Los dos músicos protagonistas, interpretados por Tadanobu Asano y Masaya Nakahara, viven apartados del mundo y se dedican a recolectar sonidos, cuanto más extraños mejor. Así pasan su vida, como cazadores de ruidos. Un día llega hasta su retiro un millonario con su hija, que está afectada por el síndrome del leming. El millonario, al que también acompaña un detective, les pide que salven a su hija, pues sabe que la única curación conocida es la música que interpretan.

Su música es lo que hoy se llama noise (ruido), no en su vertiente más radical, pero tampoco en la más accesible. Así que sus conciertos, para un oído no entrenado en el noise, son tan sólo una sucesión de ruidos insoportables.

Los aficionados al noise son todavía una minoría, aunque es probable que su número aumente con el tiempo y que hasta llegue a convertirse en una futura moda musical: para mucha gente el rock era simple ruido en los sesenta, la música disco o el heavy en los setenta, la electrónica y el hard rock en los ochenta, o el bacalao y el dance en los noventa. Para disfrutar de muchas de estas músicas también hubo que entrenar el oído y dejar a un lado los prejuicios o patrones aprendidos (o seguir la nueva moda con entusiasmo acrítico, claro).

Un Asano que recuerda a Jesucristo, acentuando el sentido bíblico del título

Pero en el momento actual, el noise resulta muy difícil digerir para el público, que en este caso, llegó a abandonar la sala, porque, como se dice en varias críticas que he leído, el director mantiene un verdadero pulso con la paciencia del espectador.

Aquí hay otra cosa interesante relacionada con el suicido y el ruido  que es muy posible que también sea una de las ideas que inspiraron el guión de esta película. Desde hace varias décadas están aumentando los suicidios de ballenas, cachalotes y otros animales marinos, que se acercan a la playa y se ahogan en el aire. Al parecer, estos suicidios son provocados por los sonidos emitidos por radares, sonares y otros instrumentos de fabricación humana, que interfieren con los propios sistemas de radar de las ballenas, que enloquecen al no poder orientarse en ese maremagnum de ruido.

Una advertencia

Ahora voy a contar algunas cosas relacionadas con el argumento de la película.

En los foros de cine de la web se llama a eso destripes o spoilers, y se escribe en texto invisible (texto blanco sobre blanco, que hay que seleccionar para poder ver). Yo emplearé un método más sencillo para navegantes novatos: pondré todo el texto en color rojo o marrón.

Si ya has visto la película, o si no te importa conocer esos detalles, puedes leer ese recuadro rojo. En mi opinión, como repetiré más adelante, creo que conocer estas claves más o menos ocultas no empeora el disfrute de la película, sino que lo mejora. Aunque no soy tan radical como mi padre, al que no le interesa el argumento y sólo se preocupa por la forma en que se cuenta, y aunque, en consecuencia, todavía desfruto de emociones sencillas como las de la ignorancia y la sorpresa, tampoco estoy en el extremo contrario  el de aquellos que no pueden hablar de ninguna película que no han visto incluso cuando probablemente no llegarán a verlas.  Por otra parte, a no ser que seas un verdadero aficionado al cine japonés o la música noise, es muy improbable que llegues a ver la película alguna vez.

 

DESTRIPE 

En realidad, la música de los protagonistas no cura del virus del leming, sino que lo causa. Uno de los personajes lo dice explícitamente en una ocasión.
La música crea el virus y provoca al mismo tiempo una adicción. Por eso también se dice en otro momento: “Cuando comes te quedas satisfecho”. Pero necesitas seguir comiendo, claro.
Necesitas seguir comiendo esa música para seguir vivo. El problema es que, como sucede con muchas adicciones, la necesidad crece y cada vez necesitas dosis más fuertes. Es por eso que los protagonistas se dedican a recopilar más y más sonidos, en una búsqueda sin fin que calme su ansia. También eso explica que la hija del millonario que se va a suicidar, en una de las primeras escenas saque un CD de su reproductor y le diga a su padre que lo tire por la ventana: esa dosis ya no es suficiente para ella.
Cuando uno de los músicos se enfurece con los visitantes, les dice: “¡Morios!”, no como una simple frase despectiva, sino como diciendo: “Si escucháis nuestra música enfermaréis del virus del leming”.
También el suicidio de un personaje después de escuchar la música muestra que eso es lo que desencadena el virus del leming.
Hay algunas cosas que no quedan del todo claras, aunque es posible que las claves estén ocultas, por ejemplo en la escena inicial, pero también hay que tener en cuenta lo que se dice en un momento de la película: existen dos tipos de suicidios. El suicidio normal y el provocado por el virus del leming.
Eso explicaría algunos suicidios que no parecen encajar, como el del músico, que tiene a su alcance más y más dosis de ruido pero se suicida: tal vez él no necesitaba el ruido, sino que lo recolectaba para salvar a Asano, infectado por el virus. Tampoco es casual probablemente que el amigo de Asano se ahorque, pues se dice que también Judas se ahorcó.

FIN DEL SPOILER

**************

Cuando se leen todas las pistas mencionadas en los párrafos anteriores, cualquiera pensará que no hay ningún misterio en la película y que es fácil entender lo que sucede sin dificultad. Sin embargo, las cosas no resultan tan evidentes como parece y no resulta nada fácil entender la película. Hay que estar especialmente atento para poder reconstruir con esos pequeños detalles las claves ocultas. Esto plantea un problema interesante: si se deben contar las cosas al espectador o no.

Trailer de la película

El manejo de la información

En una película, el aspecto más importante desde el punto de vista del guión es el manejo y reparto de la información: lo que sabe el espectador en cada momento, lo que saben los personajes y lo que sabe el guionista. A veces los personajes y el espectador saben lo mismo, como al inicio de la primera parte de Matrix. En otras ocasiones los personajes, o algunos personajes, saben cosas que no sabe el espectador ni otros personajes, como Morfeo en la primera parte de Matrix. Otras veces son los espectadores los que saben algo que los personajes ignoran, por ejemplo, los planes del señor Smith contra Neo y Morfeo, de nuevo en Matrix, o la traición de uno de los personajes. Y a veces hay cosas que no saben ni los personajes ni los espectadores, sino tan sólo el guionista, como sucede probablemente en la segunda y tercera parte de Matrix (Matrix Revolution y Matrix reloaded), que resultan casi ininteligibles. En Las paradojas del guionista analizo una de las películas más sabias en este reparto de la información entre el protagonista, los otros personajes y el espectador: Con la muerte en los talones.

Se suele considerar, casi siempre con razón, que no es una buena idea que el guionista oculte cosas importantes al espectador. Sin embargo, esta regla tiene importantes excepciones: ocultar cierta información puede hacer que una historia resulte más ambigua y sugestiva y que no se limite a una interpretación más o menos simple y banal. El autor, ya sea un pintor, un músico, un guionista o un escritor, puede tener una explicación personal acerca de ciertas cosas, pero decide no compartirlas con el espectador. De este modo, el espectador tiene más libertad.

En tales casos, el autor tiene que asumir el riesgo de ser mal interpretado, de que los espectadores lleguen a conclusiones completamente diferentes de la suya. En mi novela Recuerdos de la era analógica, decidí ocultar gran parte de la información al lector. Yo tengo mi propia explicación acerca del mundo del que forman parte los doce o trece relatos que integran la obra, pero es sólo una posible explicación, que no impongo al lector.

El problema es que la falta de información se traduce a menudo en una interpretación completamente disparatada, muy lejos de las intenciones del autor, sean estas cuales sean. Dejar en libertad al espectador muchas veces significa tan sólo dejarle a merced de sus prejuicios.

En cualquier caso, aunque el autor oculte información básica, suele ser recomendable que permita que la historia pueda ser disfrutada aun cuando no se entienda. También hay excepciones a esto, por supuesto. Incluso sucede que hay cosas que no saben ni el espectador, ni los personajes, ni el propio guionista. Acaso quizá tan sólo lo sepa  Dios, que sin duda está muy entrenado para la complejidad, pues debe ser el único ente capaz de entender su propia triple naturaleza, el misterio de la Trinidad que casi volvió locos a sus interpretadores: un dios que es al mismo tiempo uno y trino.

En el caso de Eli, eli lema sabachtani, creo que la película sería más interesante si se diesen de manera más explícita claves suficientes para entenderla. Tan sólo habría que evitar dar esa información de una manera trivial. Pero si se diese suficiente información, todavía quedarían muchas cosas interesantes por descifrar en la película, en un segundo nivel.

Una escena críptica de segundo nivel

De este modo, también, el espectador podría participar más en la película, que a menudo parece querer mantener al espectador alejado, no sólo por lo críptico del argumento, sino también por la longitud excesiva de las escenas de música noise, que quizá sean una de las causas de que la trama no se entienda: la mente del espectador está deseando que acaben esas escenas y se olvida de pensar en lo que está viendo, porque le parece asistir más a un concierto interminable que a una película.

Es como si en un thriller protagonizado por un aficionado a la copla nos pusiesen dos o tres canciones seguidas cada tanto. Tendría sentido si se tratase de la vida y milagros de un cantante, como en Gran bola de fuego o Quadrophenia, pero no tiene mucho sentido en una película que no sea de algún tipo de género musical.

Por poner otro ejemplo, es como si en una película de aventuras en la que saliera un fabricante de sillas nos mostrasen durante diez minutos cómo fabrica una silla. Muy interesante para los fabricantes de sillas (aunque sería mejor un documental), pero bastante aburrido para el resto del público.

En esa especie de crimen contra el patrimonio cinematográfico que sería remontar películas clásicas, yo cometería con gusto el sacrilegio con algunas de las películas de los hermanos Marx, eliminando algunas de las sosas canciones de los tenores invitados. Creo que varias de sus películas mejorarían de manera asombrosa. También mejoraría mucho Eli, eli lema sabachtani si el director hubiese frenado un poco su afición a la música noise.

No por el estilo musical en sí. A mí algunos temas me gustaron, pero su duración era absurda, como sería absurdo escuchar un recital de Caruso, por bueno que fuera, en Una noche en la ópera, de los hermanos Marx (allí no canta Caruso, por cierto, sino un cantante menor).

La larga duración de esas escenas de música noise, y lo críptico de la narración quizá muestran una desconfianza hacia lo que se está contando, algo frecuente en muchos guionistas y directores, que tienen una buena idea de partida, pero no saben como desarrollarla y caen en la oscuridad para esconder ese defecto. Siempre es más difícil saber si algo está logrado o no si no es posible entender siquiera qué es lo que se quiere lograr: una película de aventuras típica de Hollywood muestra claramente sus defectos y virtudes porque sabemos que su único objetivo es entretener, pero una obra de autor, siempre deja la duda de si no seremos nosotros, los espectadores, los tontos.

Nuevas profesiones

Por cierto, me atrevo a sugerir aquí una nueva profesión que podría surgir gracias a las nuevas técnicas de edición: relecturas de películas. Es decir, La versión de…

Del mismo modo que se vuelven a traducir o contar cuentos clásicos, se podrían remontar películas clásicas. Y tal vez haya personas capaces de hacer relecturas más interesantes que la propia película, como aquel alemán que decía que prefería leer a Edgar Allan Poe en la traducción de Baudelaire, en vez del original inglés.

Una de estas relecturas podría ser precisamente, una versión para espectadores no aficionados a la música noise de Eli eli lema sabachtani, aligerada de música noise, y otra para los aficionados al noise, quienes sin duda ya tendrán a esta película entre sus obras de culto.

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 [Publicado en 2006]

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Baff 2006

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Las palabras de Jesucristo en la cruz son, por supuesto, las mismas con las que se inicia el Salmo 22, lo que ha dado origen a muchas interpretaciones.

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NOTA en 2013:

A pesar de lo que digo acerca del abuso de los momentos musicales en la película, yo disfruté con ellos: a mí me gusta bastante el noise.

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Hace muchos años, había un juego de ordenador que era uno de mis preferidos llamado lemmings, al que puedes jugar con este enlace: juego de los lemmings

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

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CUADERNO DE JAPÓN

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Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Genji Monogatari

 

En la Historia de Genji, de Murakami Shikibu, podemos observar la influencia cada vez mayor del budismo en Japón (estamos en el año 1000), que convive con las doctrinas confucianas y la antigua religión autóctona de los kami, y tal vez con algunos rasgos taoístas llegados a través de Corea o China.

Del budismo y su insistencia en que toda acción produce un efecto, incluso en vidas o reencarnaciones sucesivas, hay bastantes ejemplos, como aquel en el que el protagonista, el joven Genji no logra explicarse por qué ama tanto a una mujer:

“Cada noche en que la discreción le mantenía alejado de ella, se sentía tan mal que pensó en llevársela a Nijó, sin que le importara quién fuese ni la vergüenza que podría sentir a causa de los chismorreos. A su pesar, se preguntaba qué vínculo del pasado podría haber despertado una pasión tan devoradora y tan nueva para él”.

Genji, en definitiva, no consigue explicarse su obsesión por aquella mujer y piensa que ello ha de deberse a algo que sucedió en una vida anterior. Desde su punto de vista, es una conclusión perfectamente razonable. Como dije en Algunas aproximaciones a la noción de Karma, la doctrina de la reencarnación parece explicar de manera coherente fenómenos como un amor o un odio súbito hacia alguien a quien ni siquiera conocemos: en realidad, ya lo odiábamos o lo amábamos en una vida anterior. Nuestros sentimientos actuales son una herencia de los que tuvimos en otras existencias.

En definitiva, la doctrina del karma, de las causas y efectos que se prolongan no en una vida sino en vidas sucesivas es una forma de las formas más extremas de causalismo (y probablemente de materialismo). Es otro ejemplo más de eso que he llamado espiritualismo materialista, el tremendo apego de los espiritualistas a las explicaciones causalistas e incluso materialistas. Se explica muy bien en El espiritualismo materialista, uno de los textos recogidos en Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel TubauEL ESPIRITUALISMO MATERIALISTA  (en Recuerdos de la  era analógica)

Se trata de un examen de la asignatura «Supersticiones Antiguas». No nos sorprende la excelente calificación que obtuvo el alumno, quien, como era corriente entonces y también ahora, era estimulado a expresar no sólo datos fiables, sino también sus propias opiniones, pues ¿qué sentido tendría repetir una información que cualquiera posee?



Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro Amazon

¿Qué es Recuerdos de la era analógica?

 

 

 

[Publicado el 9 de febrero de 2010 en Improbable]

 

Cuaderno de Japón

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A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

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COMENTARIOS RECIBIDOS A ESTA ENTRADA

 Ana Aranda (27 de enero de 2010)

A lo mejor es eso a lo que se refiere el budismo. Al final tampoco se puede decir que ese atómo o trozo de yoquesé somos nosotros. Esto me recuerda también a San Agustín y el problema que se ma va montar el día del juicio final, sobre todo con los caníbales!!!!
je je

Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Bueno, en el budismo, así como en el hinduismo, se considera que nos reencarnamos enteros. Si tenemos mala suerte, en perro o en mujer, si tenemos buena suerte, en un brahman o un kasitra (guerreros). En el budismo supongo que no ponen en el mismo escalafón a perros y mujeres, cosas que sí hacen las doctrinas védicas.
Sí, lo de Agustín está muy bien observado.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

Muy bueno lo que dices. Gracias por la explicación. La verdad es que lo de las reencarnaciones tiene mucho sentido si pensamos que existe algo parecido al eterno retorno. La cuestión es -y esto no sé cómo lo resuelve el budismo- en el caso de que nos reencarnáramos, quizá nuestros pequeños trocitos de cuerpos podrían reencarnarse en muchas cosas -y no sólo una- un átomo de perro, una pizca de jarrón, una ameba… en fin todo nuestro yo repartido por las cosas que hay en el mundo hasta disolvernos en algo demasiado pequeño para existir como un ser. Si bien y según dice la ciencia sería una transformación. En fin en el caso de que las reencarnaciones existieran, podríamos entender efectos como el déjà vu. Gracias de nuevo.

 Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Muy interesante lo que dices: nos podríamos reencarnar a la manera homeopática, disolviendo nuestro ser en millones de seres hasta hacernos tan indistinguibles e ineficaces como el agua que venden los homeópatas.
De hecho, lo que dices ya existe, como tú misma insinúas, pues nuestro cadáver se disuelve, dando vida a gusanos, insectos y nutriendo la tierra, así que por algún lado seguirá flotando una molécula o átomo que algún día perteneció a Shakespeare y que quizá compartió siglos más tarde Caruso, quien la expulsó por su poderosa garganta.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

De causalismo extremo creo que lo entiendo, pero lo de materialismo se me escapa. ¿A qué te refieres?

  Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Sí, tienes razón, tal vez se podría imaginar un mecanismo espiritualista de trasmisión de esas causas y efectos a través de las sucesivas reencarnaciones, aunque en el budismo se suele hablar en términos bastante materiales de los espíritus o del Yo que se reencarna. Como en casi todas las creencias espiritualistas, por cierto, antes de que las grandes religiones monoteístas crearan ese absurdo que es el puro espíritu, distinto y separado de la materia. Hay que tener en cuenta que la energía es también materia en todas sus formas conocidas: electricidad, fuego, viento, calor, etc. En definitiva, lo que quería decir es que hay algo que se reencarna y ese algo es materia de algún modo, un ser. Como quizá sabes, la meta del budismo es dejar de reencarnarse, dejar de ser, convertirse en nada, que es tal vez lo que más se parece al espíritu y menos a la materia.
En fin una respuesta que espero responda a lo que dices, a pesar de lo enrevesada que me ha quedado.

Hirokazu Kore Eda

Kore Eda se caracterizó en sus inicios por hacer girar su cine, ya se tratase de documentales o de películas de ficción, alrededor de su pensamiento ético, social y político, sin caer en el panfleto o la manipulación.

Muchas de las películas de Kore Eda tienen algo de documental y alguna relación con acontecimientos concretos, incluso, como admite Kore Eda, Maborosi, en la que la protagonista es una mujer que no consigue entender por qué su marido se suicidó, algo también hasta cierto punto frecuente en Japón.

kore eda August without him

La vida del primer enfermo de SIDA que lo declaró públicamente en Japón

Without memory, la vida de una persona que ha perdido la memoria episódica a causa de una medida sanitaria injusta.

 

I just want to be Japanese, en la que Park es un coreano que fue alistado a la fuerza en el ejército japonés y que, terminada la guerra, pierde la nacionalidad adquirida y se convierte en un ciudadano invisible.

Sin embargo… en la que un funcionario tiene que elegir entre sus convicciones y los intereses del gobierno para el que trabaja.

Maboroshi no hikari (1995)

Yukimo (Mariko Esumi), una mujer  viuda tras el suicidio inexplicable de su marido, viaja a un pueblo de pescadores, donde conoce a Ikuo (Tadanobu Asano), un pescador viudo.

 

 

distance kore eda Distancia

Varios familiares de adeptos de la secta El arca de la verdad, que asesinaron a más de cien personas, se reúnen en el lugar donde vivieron sus hijos.

After Life (1998)

En una extraña y solitaria residencia los muertos tienen que elegir el momento de su vida que quieren recordar para toda la eternidad.

He dedicado una entrada a la película en After Life

 

kore eda nadie sabe Nadie sabe

Los protagonistas son cuatro niños abandonados por su madre; algo todavía frecuente en Japón cuando una mujer encuentra un nuevo marido que le exige abandonar a sus hijos.

 

HANA (2006)

Cuenta la legendaria historia de los 47 ronin, que se sacrificaron para vengar a su señor, pero lo hace desde un punto de vista heterodoxo, mostrando la historia sin ningún heroísmo.

Habló de Hana, y en especial en relación con el complejo asunto de la verosimilitud en el cine en: Hana y la verdad verosímil.

 

Still Walking (2008)

La familia Yokoyama se reune para recordar a su hijo, que murió al salvar a otro muchacho, quien también asiste a la reunión.

 

 

 

Air Doll (Muñeca de aire)

Una muñeca de aire cobra vida y empieza a llevar una existencia paralela más allá de su convivencia con su propietario.

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hana kore eda

Kore Eda con uno de los actores de Hana

En contra del tópico que dice que nunca hay que trabajar con niños ni con animales, a Kore Eda le gusta mucho trabajar con niños

La página de Kore Eda (en japonés)

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[Publicado el 14 de enero de 2008. Revisión en septiembre de 2012]

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CUADERNO DE JAPÓN

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After life [Wandafuru Raifu], de Hirokazu Kode-Eda

Oí hablar de esta película en el Baff, el Festival de Cine Asiático de Barcelona, cuando vi Kakuto, pues el director y protagonistra de esa película, Iseya Yusuke, trabajó como actor con Kore Eda. Aquí tiene un papel breve pero interesante. Kore-Eda es, precisamente, el productor de Kakuto.

Emmanuel Swedenborg, un místico y filósofo sueco decía que, cuando morimos, tardamos en darnos cuenta de que ya no estamos vivos, y que pasamos unos días en una especie de limbo parecido al mundo real. Después nos muestran el Infierno y el Cielo y nos dan a elegir a qué lugar queremos ir. Cualquiera creería que todos elegirán el cielo, pero, según parece, son muchos los que prefieren el Infierno, tal vez porque, como dice el tango, “allá está la gente divertida”.

Kore-Eda propone algo parecido. Los muertos llegan a un edificio no muy diferente de una gran escuela casi abandonada y allí son recibidos por unos funcionarios que les dicen que tienen que elegir de entre todos sus recuerdos aquél que prefieran conservar para siempre.

La cosa resulta difícil, pero a mí me sucedió al verla que me puse a pensar sin poder evitarlo en qué recuerdo elegiría de mi vida.

Una vez mi amiga Natalia dijo que, al ver una buena película, pones en marcha tu mente. Yo discutí que fuese un proceso consciente o en primer plano, pero lo cierto es que ella tenía razón. A menudo ese pensamiento te ocupa la mente también de una manera absolutamente consciente y no puedes librarte de él. Eso me pasó en La caja china, por ejemplo.

En After Life, el run run en paralelo de mi pensamiento  buscando recuerdos fue constante, y aumentaba a medida que la película avanzaba.

Fueron pasando por mi cabeza muchos recuerdos, algunos muy sencillos. Estuve tentado de quedarme con el recuerdo de un paseo en bicicleta por Irlanda. Y con muchos momentos de amor, pero, curiosamente, no con momentos de sexo puro.

El momento de una conversación caminando de noche por la ciudad, momentos en una discoteca casi vacía, antes de que empezara a llegar la gente y pensando que la vida es maravillosa; un paseo con mi madre de niño, en el que yo le acariciaba, fascinado, el codo.

Muchos de esos momentos se sitúan en mi adolescencia, pero otros son muy recientes. Llegué a la conclusión de que estaba muy satisfecho de mi vida, de la manera en que he vivido, y que me resultaría muy difícil elegir. Pero es posible que olvide algún momento definitivo.

Uno casi imbatible es una noche en la que iba a salir, me peiné, me pinté los ojos, me vestí muy elegante, de negro, como casi siempre, y con la chaqueta al hombro bajé corriendo las escaleras, deseando meterme en la noche, feliz y voraz. Ese momento bajando las escaleras y saliendo a la noche de verano. Quizá sería el momento elegido.

No hace falta decir que After Life me gustó muchísimo: cuando una película te provoca pensamientos tan deliciosos, ¿cómo no te va a gustar?

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 [Publicado en 2004]

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ENTRADAS DE CINE 

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CUADERNO DE JAPÓN

 

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Izumi Kyoka y el mundo intermedio

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Izumi Kyoka es un escritor japonés que vivió entre 1873 y 1939. Influyó directamente en Kawabata y fue muy admirado por Yukio Mishima.

Kyoka expone en su Tasogare no aji (El gusto o sabor de la media luz) una interesante teoría acerca del momento que se extiende entre el día y la noche (y entre la noche y el día).

Me parece que en español no hay una palabra que sirva al mismo tiempo para el amanecer y el atardecer. En inglés se emplea twilight para el atardecer o crepúsculo y dawn para amanecer o aurora, pero creo que twiligth tiene también un sentido un poco más amplio, al poder ser traducido por “media luz” o algo parecido. Si hago esta referencia a cómo se dice en inglés es tan sólo porque estoy leyendo el texto de Kyoka en una traducción inglesa. Usaré “medialuz” o “mundo intermedio” para referirme a lo que menciona Kyoka, ya se trate del momento que precede al amanecer o el que precede al anochecer.

Kyoka comienza por decir que mucha gente considera que era lo mismo el atardecer y el anochecer (twilight y dusk en la traducción inglesa), pero él cree que eso es un error:

“Cuando hablamos de anochecer, la sensación del color de la noche, del color de la oscuridad es dominante. Sin embargo, atardecer no es ni el color de la noche ni el de la oscuridad. Y tampoco es una sensación de día ni de luz.”

Para Kyoka, pues, el atardecer no es día ni noche, pero tampoco una mezcla de ambos. Lo mismo sucede con el momento de la medialuz del amanecer. Ambos momentos, el que está entre la noche y el día, y el que está entre el día y la noche, tienen en común una sutileza en las sombras:

“Considero un gran error que la gente piense que no hay otros mundos que el de la noche y el día. Yo creo que hay sin duda un mundo singular, sutil e intermedio. He estado pensando que este gusto o percepción de la media luz, esta percepción del amanecer y el atardecer es algo que me gustaría mostrar al mundo.”

Es decir, hay: día, noche y mundo intermedio.

Kyoka pensaba que la percepción de un tercer mundo intermedio no se limitaba a añadir una tercera posibilidad a la dicotomía día/noche, sino que se aplicaba a más cosas:

“Creo que sucede algo parecido en relación con todas las cosas del universo, entre las que se hallan mundos más sutiles. Por ejemplo, la gente considera el bien y el mal de una manera semejante al día y la noche, pero entre ese bien y mal, existe un espacio más sutil que no deberíamos dejar destruir, que no debemos dejar que desaparezca. En el momentáneo espacio de moverse entre el bien y el mal, los seres humanos desarrollan singulares sentimientos y formas… He estado pensando que me gustaría mostrar con mis trabajos un mundo de singularidad intermedio, un gusto por la singularidad intermedia, que no está ni en los extremos del bien o el mal, lo correcto o lo incorrecto o el placer o el dolor”.

Creo que es interesante lo que dice Kyoka, y lo es más incluso para los aficionados al mundo y a la historia japonesa, pues Kyoka vivió en la era Meiji (1868-1912), que es precisamente una época intermedia, de media luz, entre el japón feudal del Shogun y el Imperial y moderno que entonces se inició. El Japón de la Restauración Meiji es un mundo lleno de sombras complejas y sutiles, de matices, de dudas, de cambios y de miedos, y quizá por ello fascinante.

Mientras que China en esa misma época no pudo transformarse y entró en una grave crisis acosada por sus conflictos interiores y las amenazas exteriores de los países occidentales, Japón consiguió, en muy poco tiempo, convertirse en una potencia mundial, participando incluso en el saqueo y rapiña del inmenso territorio chino. Para lograrlo, tuvo que abolir el feudalismo y la clase de los samuráis, proclamar una constitución en 1889, crear un sistema parlamentario bicameral y al mismo tiempo divinizar al emperador, que hasta entonces era un títere en manos de los shogunes. Además, tuvo que crearse una religión de estado basada en el antiguo shintô, el shintoismo. Todo esto, y mucho más, fue hecho en apenas treinta años.

Cuando las sombras sutiles de ese mundo intermedio desaparecieron, tal vez hacia 1902, lo que se pudo ver fue a Japón situado en pie de igualdad con las temidas y voraces potencias occidentales:

“Se había acostumbrado a pensar en Japón como un país bárbaro, aunque sólo florecieran en él artes pacíficas. Y Occidente le concede la categoría de civilizado cuando extermina sin piedad a la población de Manchuria”.

(Kakuzo Okakura, El libro del té)

 


 

Los textos de Kyoka los he tomado del libro de Gerald Figal Civilization and Monsters: Spirits of Modernity in Meiji Japan. Aunque Kyoka es considerado uno de los escritores más importantes de la literatura japonesa, creo que en español no se ha traducido ningún libro suyo, pero seguro que están a punto de aparecer varios.

 

NOTA 2012

El año pasado se tradujeron varios cuentos de Izumi Kyoka, que todavía no he tenido ocasión de leer.

 

 

 

 

 

 

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Ukiyo-e, imágenes del mundo flotante

Utamaro- Mujer con espejo
El mundo flotante o “mundo que fluye” japonés es célebre sobre todo porque es el origen del ukiyo e, las pinturas o imágenes del mundo flotante. Es decir pinturas que retratan ese mundo de los placeres, el mundo mundano, como se expresa en este hermoso texto de Asai Ryoi:

“Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos del día excitados por el vino, sin que nos desilusione la pobreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar, como una calabaza arrastrada por la corriente del río, sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero”.

(Narraciones sobre el mundo de las diversiones, 1661)

Al pintor Kitagawa Utamaro le gustaba repetir en sus dibujos un tema, el de la mujer que se mira en el espejo de espaldas, de tal modo que vemos su rostro en el reflejo, aunque en ocasiones podemos ver al mismo tiempo el rostro de frente y también su reflejo.

Utamaro parecía muy interesado en las duplicaciones, los reflejos, los rostros y cuerpos vistos al trasluz, detrás de cortinas, adivinados en las sombras de una estancia que apenas vemos. No creo que ese interés se deba a algún tipo de pudor o recato, puesto que Utamaro es célebre por sus estampas pornográficas tremendamente explícitas, pero me pregunto si hay una intención de mostrar lo pasajero, efímero e ilusorio del mundo flotante en elementos huidizos como las sombras, los reflejos en el agua o en un espejo, las trasparencias tras las que se oculta la realidad. Una realidad que es tan efímera como esos reflejos.

Hombre y mujer hacen el amor a través de una cortina.

Si caracterizamos las teorías estéticas en función de la relación que establecen entre el arte y la realidad, podemos hablar de la teoría mimética de Aristóteles (“El arte debe imitar la vida”), de la teoría mimética inversa de Oscar Wilde (“La vida imita al arte”) o de la teoría arquetípica o idealista de Platón: “El arte debe imitar las esencias, las Formas o Arquetipos”, es decir, las Ideas que habitan en el Mundo de las Ideas.

 

La Casa de Té Nakadaya

Desde el punto de vista de Platón, que el arte imite a la vida no tiene ningún sentido, porque la vida que percibimos, la realidad terrestre, es sólo un reflejo de las Ideas. Imitar ese reflejo es construir el reflejo de un reflejo.  Desde este punto de vista, los reflejos en un espejo, en el agua, las sombras, son un reflejo de un reflejo de un reflejo. En ese rostro de mujer que se refleja en la superficie del espejo asistimos, en consecuencia, al menos en opinión de Platón, a un cuarto escalón de realidad: una copia (la pintura de Utamaro) de una copia (la imagen en el espejo) de una copia (la realidad terrenal: el rostro de la mujer) de la verdadera realidad de las Formas Inmutables.

Supongo que se ha escrito mucho acerca de las similitudes entre el platonismo estético y el mundo que fluye del ukiyo-e, aunque yo no he leído nada al respecto.

Mujer con espejo, probablemente pintándose los dientes de color negro.

 

Cormorán pescando en el río. En este caso, a través del agua vemos parte del cuerpo del pájaro y a los peces.

 

En el río
el cormorán nada
lavado por las olas;
pronto él también
se habrá hundido en rumores.

Törai Sammi

 

 


En Apuntes del mundo flotante hablé de ukiyo, el mundo flotante, que fue también el nombre de uno de mis weblogs, Mundo flotante.

La traducción del poema de Törai Sammi es de Eduardo Mileo.

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CUADERNO DE JAPÓN

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Logomanía y el libro de la almohada

“A medida que va corriendo mi pluma, me voy dando cuenta de que todo esto ya está magistralmente descrito con palabras de rancio sabor en la Historia de Genyi y en El libro de la almohada. Pero que no digan que no tendría que andar repitiendo lo mismo con palabras nuevas, porque si no expresara lo que aflora en mi mente, creo que se me inflamaría el vientre de irritación y de cólera. Así que prefiero dar rienda suelta a mi pluma; faena inútil y digna de lástima. Estos papeles están destinados a la papelera y en ellos no se detendrá el ojo de nadie.”

(Kenko Yoshida, Tsurezuregusa)

Logomanía, escribir por escribir, sin ningún objeto, ambición ni otro motivo que las propias ganas de escribir. Eso le pasaba a Kenko Yoshida, que escribía sus papelitos en su choza. Eso me pasa a mí.

Recuerdo que me impresionó hace más de veinte años leer algo de Ortega acerca de un filósofo alemán al que le pasaba lo mismo. Ya lo buscaré.

Los libros que menciona Yoshida en su papelito de la choza son dos clásicos japoneses escritos por cortesanas: La historia de Genji, de Murasaki Shibiku y El libro de la almohada, de Sei Shoganon.

Las dos vivieron hacia el año mil e incluso se conocieron, aunque, si recuerdo bien, no se apreciaban. La historia de Genji se considera la primera novela de la historia, aunque creo que hay novelas anteriores, como El asno de oro, de Apuleyo. Tal vez se podría decir que, aunque esté escrita en verso, que la primera novela de la historia es ta,bién casi la primera obra literaria de la historia: El poema de Gilgamesh, mi libro favorito. Y también las obras de Homero, posteriores.

En el Libro de la almohada, Sei Shonagon describe la vida en la corte, y enumera qué cosas le gustan y qué cosas no le gustan. Por ejemplo, dice en el capítulo Cosas deprimentes:

“Estoy escuchando absorta un relato, y de pronto alguien se entromete intentando probar que es la única persona ingeniosa de la reunión. Aborrecible persona.”

“Es bastante tarde y una dama está esperando a un visitante esa noche. Como oye finalmente un golpeteo furtivo, envía a su criada a abrir el portón y espera excitada. Pero el nombre anunciado por la criada es el de alguien por quien no tiene el menor interés. De todas las cosas deprimentes, ésta es de lejos la peor”

Un libro delicioso que, como Kenko Yoshida, yo también empecé a imitar en La almohadilla digital.

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[Entrada publicada en Tsurezuregusa el 6 de octubre de 2004]

  

 


 

CUADERNO DE JAPÓN

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He encontrado otro precedente de las novelas policíacas en los Amores de un vividor, de Ijara Saikaku, libro deslumbrante más allá de toda medida, del que ya he hablado en alguna ocasión.

En Amores de un vividor, Saikaku cuenta la vida erótica de un tal Yonosuke. Cada capítulo es un año de su vida y una historia erótica. Este género de memorias, a menudo tempranas y año a año, y con fuerte contenido erótico, es casi una tradición en Japón. No sé si fue Saikaku quien lo inició (su libro se publicó en 1685); otros ejemplos son las Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima (1949) y el delicioso Vita Sexualis (1910) de Ogai Mori.

En cuanto a los detectives, en el libro de Saikaku, hay una prostituta que recuerda a Sherlock Holmes por su agudeza.

“Yonosuke se dirigió a una de las mujeres, la que parecía darse más aires, para preguntarle:
—Bueno; y nosotros ¿qué es lo que te parecemos?
—Me parecéis seres humanos —respondió ella.
—¡Pues no es viejo eso! —replicó Yonosuke—. Te pregunto por nuestra profesión.
—Pues viéndoos con buenos ojos, diré que sin duda sois personas que hacéis la vida sobre «tatami». Tal vez vos seáis un fabricante de pinceles. Y aquí este señor debe ser un fabricante de cajas; y este otro señor, un tejedor de fajas de vestir —respondió tras un poco de reflexión.
Pusieron los tres caras de asombro, y Yonosuke se lanzó a hablar:
—¡Pues bueno, pues bueno…! ¡Esto es extraordinario! Sólo te has equivocado en uno, que no es tejedor de fajas como tú piensas. En cuanto a los otros dos, has acertado de lleno.
Con esto la mujer se creció todavía más en su suficiencia.
—Es que la condición social de una persona, vaya como vaya vestida —disertó Yonosuke—, se trasluce por detalles, como la manufactura del espadín que lleva al cinto, y la de la arqueta de medicamentos. También un vistazo a las manos y a los pies puede ser muy revelador. En mi caso, especialmente, está a la vista que me hago acompañar de un portador de sandalias, llamado Katsunojoo de Horikawa, que no tiene par ni en toda la inmensa Kyoto. Es un criado que llama la atención de cualquiera. Pensar ligeramente de la persona que goza de tal acompañante, equivale a tener pocas luces.”

Tras explicar cómo ha podido la cortesana averiguar algo que parecía tan difícil, Yonosuke ofrece a los presentes una diversión que contiene una nueva historia detectivesca en la que también aparece una cortesana:

“Y Yonosuke se alargó con la historia de la cortesana de Yoshi-wara:
—Un día cierto daimyo se llegó a escondidas, en compañía de dos amigos suyos, a ver a aquella prostituta. Los tres llevaban el mismo atuendo y, acomodados en la sala, le dijeron a la mujer:
—Ofrece la copa de “sake” al que consideres privilegiado de entre nosotros tres.
Ella no se inmutó lo más mínimo, y respondió:
—Ya que no soy una diosa para saber distinguir, tened a bien perdonarme.
Se dirigió a la cocina y murmuró unas palabras al oído de la «kaburo». Esta entonces se apresuró a soltar algunos de los ruiseñores que allí tenían enjaulados. Los pájaros se dispersaron al punto por las diminutas colinas del jardín, alborotando y lanzando gritos que parecían llamadas de atención:
—¡Che…! ¡Che…! Los tres huéspedes se preguntaron a la vez, sobresaltados:
— ¿Qué pasa?
Y fueron a abrir la puerta corredera para precipitarse en seguida al jardín. La mujer estaba observando cuidadosamente la situación, sin perder detalle. Y al momento ofreció la copa de «sake» al que era el verdadero daimyo. Todos sin excepción alabaron el procedimiento seguido, y después le preguntaron confidencialmente a la mujer cómo había logrado averiguarlo.
Ella respondió, según se cuenta:
—Aunque los tres llevábais calcetines amarillentos, de un tinte de morera, sólo uno de los tres no presentaba huellas causadas por el roce de las correíllas de las sandalias. Por ahí deduje que este señor debía ser el que no pone los pies en tierra. Por esto lo reconocí.”

Por cierto,  esta historia de una mujer que tiene que distinguir entre tres hombres quién es el que manda (que está disfrazado) me parece haberla leído en otra parte, pero no consigo recordar dónde. ¿Lo recuerdas tú, lectora o lector?

Pues dímelo, por favor.

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CUADERNO DE JAPÓN

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