CUADERNOS DE VIAJE

Cuadernosdeviaje-grande

Entradas publicadas en todos mis cuadernos de viaje. Despliega el menú para ver todos los lugares.


Un comienzo accidentado

Cuaderno del Mayab (México)

Cuando llegué al Aeropuerto de Cancún el 8 de diciembre de 1995, estaba un poco preocupado porque no tenía hotel y ya era de noche. Además, la noche anterior había salido de fiesta con mis compañeros de la productora de … Sigue leyendo

Leer Más
ESCRITO EN EL CIELO Y EN NINGÚN LUGAR

En noviembre de 1997 me di cuenta de que iba a viajar durante varias semanas a diversos lugares del mundo: Barcelona, París, Madrid, Bogotá, Quito, Lima, Cuzco, lo que me obligaría a pasar mucho tiempo en salas de espera, andenes, … Sigue leyendo

Leer Más
El cuaderno Pasajero

CUADERNO DE ARGENTINA

Cuando estuve en Buenos Aires en enero y febrero de 2006, escribí en la red en un cuaderno digital que llamé Pasajero, jugando con los diversos significados de la palabra. Un pasajero es alguien que usa un vehículo (un coche, … Sigue leyendo

Leer Más
Días tranquilos en París

CUADERNO DE PARÍS

Es curioso que nunca haya dedicado una página a París entre mis cuadernos de viaje, porque durante muchos años fue la ciudad que más me gustaba del mundo, junto con San Francisco. Allí pasé días tranquilos en casa de la … Sigue leyendo

Leer Más
CUADERNO DE TAHUANTINSUYU

Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas tahua: cuatro ntin: sufijo plural con una idea de unión entre sí. suyu: parcialidad, en sentido amplio de región”. “No sabemos si la palabra Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas entre sí, que contiene una idea … Sigue leyendo

Leer Más
CUADERNOS DE VIAJE

Entradas publicadas en todos mis cuadernos de viaje. Despliega el menú para ver todos los lugares. Copyright protected by Digiprove © 2012-2014 Daniel TubauSome Rights ReservedOriginal content here is published under these license terms: X License Type:Non-commercial, Attribution, no Derivative workLicense Abstract:You may copy this content, and re-publish it … Sigue leyendo

Leer Más
No lugares en 2011

Aeropuerto de Dubai Hace unos años, cuando escribí acerca de los no lugares (ver Escrito en el cielo y en ningún lugar), creo que no señalé un hecho que ahora me parece llamativo, al menos en los aeropuertos. Aquí, en … Sigue leyendo

Leer Más
El guardián entre el centeno en Formentera

CUADERNO DE FORMENTERA

Pasé hace mucho tiempo unas vacaciones de verano en la isla de Formentera, en la casa de María Pía de Sa Mola, cerca del faro. Era una casa rural de piedra, sin agua corriente y creo que también sin electricidad.  Allí me … Sigue leyendo

Leer Más
Dibujos en la playa

CUADERNO DE MAURICIO Y LA REUNIÓN

Cuando estuve en las islas de Mauricio y La Reunión, hice en una vieja libreta dibujos rápidos y pinturas apresuradas de las cosas que veía. Utilicé ceras y acuarelas, o a veces solo lápiz. Algunas de esas imágenes conservan un cierto atractivo, … Sigue leyendo

Leer Más
Cuaderno de Irlanda

El 12 de julio de 1994, llegué a Dublín. No había planeado el viaje y ni siquiera sabía dónde iba a dormir esa noche. Me gusta viajar de esta manera, decidiendo en el último momento qué hacer. Ese mismo día, … Sigue leyendo

Leer Más
Sacro y profano

CUADERNO DE VENECIA

Hace unos días (en 2005) paseaba con mi querida Ana por Venecia, buscando un lugar en el que cenar. A los dos nos gusta mucho caminar, recorrer calles, descubrir rincones más o menos ocultos, explorar las ciudades durante horas y … Sigue leyendo

Leer Más
La reja de mi ventana

CUADERNO DE CUBA

Mi primera noche y mi primer día en La Habana, al día siguiente de llegar a la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (en 2013). Comparto en el barrio del Vedado la planta de arriba de una … Sigue leyendo

Leer Más
Colonia del Sacramento

CUADERNO DE URUGUAY

Colonia del Sacramento es una pequeña ciudad al norte del Río de la plata. Se llega a ella en buquebús en sólo una hora desde Buenos Aires, así que no es exagerado decir que la ciudad más cercana a Buenos … Sigue leyendo

Leer Más
CUADERNO DE PEKÍN: ¿Pekín o Beijing?

En agosto de 2005 pasé unos días en Beijing con Ana Aranda. Beijing es la capital de China, es decir, lo que solemos llamar Pekín. No creas que escribo Beijing para hacerme el interesante: yo prefiero todavía Pekín y por … Sigue leyendo

Leer Más
Berlín 1988-Berlín 2009

La semana pasada regresé a Berlín depués de 21 años. Como es obvio, lo que más ha cambiado es que ya no es una ciudad partida en dos. Berlín Oriental, 1988 Tras la valla, la zona muerta, constantemente vigilada, y … Sigue leyendo

Leer Más
Presagios de un viaje

CUADERNO DE PORTUGAL

El día 30 de diciembre de 1998 Luis, Marcos y yo decidimos pasar el fin de año en Lisboa. No parece muy difícil, porque Lisboa está a apenas unos cientos de kilómetros de Madrid, pero nuestra intención era viajar a … Sigue leyendo

Leer Más

CUADERNO DE TAHUANTINSUYU

tahuantinsuyu

Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas

tahua: cuatro
ntin: sufijo plural con una idea de unión entre sí.
suyu: parcialidad, en sentido amplio de región”.

“No sabemos si la palabra Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas entre sí, que contiene una idea de integración, fue usada y conocida antes de la conquista española, porque aparece a partir del final del siglo XVI”
María Rostworowski de Díaz Canseco

Llegué a Cuzco, también llamado Cusco, también llamado Qosco, también llamado Qosqo, el 13 de diciembre de 1997, invitado por mi amiga Karina.

Cuzco fue la capital de la antigua civilización inca, que, como es sabido, fue destruida por los españoles.

Allí pasé al menos dos semanas y, como suelo hacer siempre que viajo, anoté unas cuantas cosas en un cuaderno e hice algunos dibujitos. Pondré aquí algunas de las cosas de ese cuaderno, las que me parezcan más interesantes. El cuaderno está dedicado a Karina, por supuesto, que ahora está allí, en Tahuantinsuyu.

***********

[Escrito en 1997]


Cuaderno de Tahuantinsuyu

Error: puede que no exista la vista de bc33341clq

Entradas dispersas sobre arte

Error: puede que no exista la vista de bc33341clq


Días tranquilos en París

CUADERNO DE PARÍS

Es curioso que nunca haya dedicado una página a París entre mis cuadernos de viaje, porque durante muchos años fue la ciudad que más me gustaba del mundo, junto con San Francisco. Allí pasé días tranquilos en casa de la abuela de Cathy (Catherine Moreau), la encantadora Madame Courtois. Mi memoria me dice que la pequeña casa estaba en el distrito 17 y que aquello sucedió en los años 80, pero mi memoria me engaña de vez en cuando, así que lo comprobaré.

Apenas encuentro fotos de todos los viajes que he hecho a París, que han sido muchos, desde que fui por primera vez con mis tíos y mis primos franco-alemanes-españoles y subí fascinado a la torre Eiffel. Supongo que entonces tenía yo 14 años, pero tampoco estoy seguro.

Casi las únicas fotos que he encontrado, son algunas que nos hizo Catherine a Christophe Brivary y a mí por las calles de París. La pena es que ella no aparece en ninguna foto.

Las he subido juntas en un vídeo con una canción deliciosa de Jacques Dutronc.

[vimeo width=”600″ height=”450″]http://www.vimeo.com/38814612[/vimeo]


Error: puede que no exista la vista de bc33341clq


También se pueden ver aquí las fotografías: En París con Christophe


El cuaderno Pasajero

CUADERNO DE ARGENTINA

Cuando estuve en Buenos Aires en enero y febrero de 2006, escribí en la red en un cuaderno digital que llamé Pasajero, jugando con los diversos significados de la palabra.

Un pasajero es alguien que usa un vehículo (un coche, un avión, una barca) para ir de un lugar a otro. Como un viajero

Un pasajero es también alguien que está en un lugar sólo de paso, no de manera definitiva, por ejemplo de vacaciones en otro país, o huyendo del invierno europeo para disfrutar del verano sudamericano.

En Argentina se utiliza con un sentido más preciso, como sinónimo de viajero. Un pasajero es un viajero que se aloja en un hotel en el barrio de San Telmo.

Yo viajé en un avión, huí del invierno europeo y me alojé en un hotel de San Telmo.

Pero Pasajero también alude a lo efímero, a lo que no dura, a lo que está destinado a desaparecer o morir. Y en este sentido, también soy un pasajero. Lo somos todos, se supone, a no ser que la ciencia lo remedie en el futuro.

“Estou de passagem, amo o efémero”
(Eugenio de Andrade)

En varios cuadernos digitales he jugado con esta idea de lo efímero, especialmente a partir de Mundo Flotante, que se refiere a lo que los budistas llaman el mundo flotante e ilusorio en el que vivimos.

La imagen que puse al comienzo de micuaderno digital Pasajero era un graffiti del bandoneonista Anibal Troilo. Lo fotografié en una pared de Buenos Aires. Es curioso que detrás de él se vea una gigantesca P, que parece puesta a propósito para “Pasajero”,
pero es sólo una casualidad, como la sucesión de “pes” de la frase anterior (“puesta a propósito para Pasajero”).

Se puede añadir un significado más, referido al propio cuaderno o blog Pasajero, que está también destinado a desaparecer tras una breve vida de dos meses, aunque todavía se quede un tiempo flotando en este mundo doblemente acuático de la red mundial.

Aunque suelo iniciar una nueva página cada dos meses, a veces corrijo algunas entradas antiguas, pero sin cambiar su contenido, quizá por lo que decía la bella Antonia: “Por espíritu de fidelidad”. Cuando quiero reescribir un texto, abro una nueva página como El resto es literatura (donde reescribí un texto sobre Goethe que había publicado en un viejo blog):  El resto es literatura.


[Publicado en julio/agosto de 2006 en Escrito en el agua]

 

ESCRITO EN EL CIELO Y EN NINGÚN LUGAR

En noviembre de 1997 me di cuenta de que iba a viajar durante varias semanas a diversos lugares del mundo: Barcelona, París, Madrid, Bogotá, Quito, Lima, Cuzco, lo que me obligaría a pasar mucho tiempo en salas de espera, andenes, aeropuertos, trenes, taxis… Esos lugares en los que se está de paso, en tránsito hacia el lugar al que de verdad quieres ir, y en los que el tiempo que trascurre en ellos suele darse por perdido, tiempo inútil, tiempo de espera.

Decidí aprovechar todos esos tiempos muertos entre un lugar y otro. En vez de resignarme a pasar por todos los lugares de tránsito como si fueran un paréntesis fastidioso entre dos etapas, los consideraría como parte del viaje, o mejor aún, como un segundo viaje paralelo. Todo ese tiempo de espera perdido sería ahora una oportunidad para observar a los demás, para aprender y para escribir. Decidí llevar siempre encima una libreta y escribir un cuaderno de viaje durante los minutos y las horas trascurridos en los transportes y en los lugares de espera.

Al contrario que en los cuadernos que suelo escribir y dibujar en mis viajes, en Escrito en el cielo y en ningún lugar no aparecen playas soleadas ni montañas escabrosas, no hay paseos por bosques o lagos, ni excursiones a ruinas históricas o lugares insólitos. Apenas hay color local y casi no se habla de París ni de Barcelona, ni de Quito ni de Cuzco ni de Machu Pichu. En este cuaderno de viaje, el paréntesis se convierte en el texto principal, las horas muertas son horas vivas y la transición pura acción.

Tan sólo me impuse dos normas. La primera, que en los aviones, en los que estaría obligado a pasar muchas horas seguidas, desarrollaría un tema monográfico, que resultó ser, a causa de una lectura casual, el de las máscaras, mientras que en los lugares de tránsito reflexionaría precisamente acerca de la naturaleza de estos extraños sitios en los que pasamos tantas horas de nuestra vida, casi siempre como una simple etapa entre un antes y un después.

Ya antes de empezar tenía pensado llamar a los lugares de tránsito “no lugares”, supongo que porque había oído que alguien los llamaba así, lo que tuve oportunidad de confirmar durante los primeros días del viaje por esos no lugares.

 


 

Ahora, en 2011, iré subiendo día a día lo que escribí en cada día de aquél año, 1997, pues el viaje empezó un 1 de diciembre, como el qeu se inicia mañana. Tal vez tenga ocasión de comentar estas entradas durante el viaje a China que iniciaré el 5 de diciembre. Serán así dos viajes en paralelo, en los que, tal vez, encuentre similitudes, nexos, causalidades o diferencias interesantes.


Error: puede que no exista la vista de bc33341clq

Un comienzo accidentado

Cuaderno del Mayab (México)

Cuando llegué al Aeropuerto de Cancún el 8 de diciembre de 1995, estaba un poco preocupado porque no tenía hotel y ya era de noche. Además, la noche anterior había salido de fiesta con mis compañeros de la productora de televisión, enrte ellos Chapis, Víctor y Juanjo, y a penas había dormido dos horas. Percibía también los síntomas de algo que parecía un resfriado, aunque Juanjo me dijo que solo era “la famosa gripe del viajero”, que enseguida desaparecería, en cuanto llegara a México. Durante el vuelo, con escala en Miami, apenas dormí unos minutos. Hay muchos italianos en el vuelo, que aplauden cuando el avión aterriza, tanto en la escala de Miami como en Cancún.

Por suerte, me entendí con el conductor del taxi colectivo, tras su primera propuesta de un hotel que me resultaba demasiado caro. Mientras iba dejando a los demás pasajeros, yo era el único que hablaba con él (claro que iba sentado a su lado y los otros no), comentando todo tipo de cosas, de España, de México, de fútbol, del lujo tremendo de los hoteles por los que íbamos pasando, etcétera. Llegamos al hotel y le acompañé a ver al dueño, que vivía en lo alto de una torre de cuatro o cinco pisos de apartamentos. Mi habitación (en realidad un pequeño apartamento) estaba adosada a esta torre, separada por un pequeño jardín de una caseta de vigilancia o recepción pegada a la calle. El lugar se llama Coconut Inn.

Me desperté a las siete, todavía enfermo, tras una malísima noche. Fiebre muy elevada, la cara ardiendo, el oído derecho completamente tapado (me dolió mucho en la segunda etapa del vaije en avión). Caminé desde el hotel en la avenida Labná (Bloque Alce) hasta la Avenida Tulum, que es la principal. Era pronto para cambiar dólares, así que fui a desayunar a un bar, en la esquina con la calle Jaleb. Le dije al camarero que no tenía pesos y le pregunté si podía pagar con dólares: “Sí, por supuesto”. Tomé un desayuno completo: café con leche, zumo de naranja y cuatro tostadas con mermeladas. La cuenta: 22 $. Carísimo, pero la chica me trajo mucho cambio y me aclaró que eran 22 pesos (unas 400 pesetas). Después cambié más dólares y en los Supermercados Chedraui compré papayas, naranjas, limones, agua, mangos, Coca Cola, frijoles en lata, Flanax para el dolor y la faringitis y un inhalador para la gripe.

Volví al hotel y me hice varios litros de zumo, comí varios trozos de Papaya y tomé Flanax. Ahora mi mayor problema es que sigo teniendo el oído derecho tapado y no me oigo bien a mí mismo, así que mi voz me suena muy rara (no sé si también a los demás).

De vuelta al centro, tomé el autobús que lleva a la zona de los hoteles. Se trata de un estrecho brazo de tierra alrededor de la laguna Nichupté: 20 kilómetros de playas y de hoteles de lujo y super-lujo. Bajé del autobús poco después de pasar por un “100% natural”, que me recomendaron mis amigos Ana y Víctor, allí pedí una ensalada de cactus, o algo semejante, unos espaguetis y dos zumos “Antigripal”.

Demasiada comida. El atracón me provocó un terrible dolor de estómago, o quizá fuese la venganza de Moctezuma, aunque según tengo entendido lo de Moctezuma es un mal azteca o mexica, no maya, que creo se debe a la altura. Sin duda probar un alimento al que no estoy acostumbrado, el cacto, también fue un error. Intenté aliviar el empacho caminando y, tras conseguir llegar a la playa por un lugar no cercado por los hoteles, caminé junto al borde del mar Caribe durante más de 11 kilómetros. Luego, tras vueltas y más vueltas (por querer ir por un camino nuevo) conseguí llegar al hotel. Afortunadamente, no me puse el bañador, pues me podría haber pasado cualquier cosa si hubiera tenido la tentación de bañarme.

Me tomé la lata de frijoles y me acosté, tras una ducha ardiente, dispuesto a sudar y a amanecer curado al día siguiente de todos mis dolores.

Antes de contar si me curé o no, diré qué me pareció Cancún.

La zona de los hoteles que vi al llegar al Aeropuerto y al día siguiente recorriéndola a pie, me pareció monstruosa. Una aglomeración de lujo a la americana (yanki), graciosa por lo desmesurado.

Por un lado, me pareció un invento terrible. El actual Cancún fue inventado y creado hace 25 años para los turistas USA  de una manera absolutamente artificial y dirigida, junto a lo que era un pequeño pueblo, con la intención de crear un gran foco turístico en la costa del Caribe, que pudiese diversificar el turismo dirigido a México (Puerto Vallarta y Acapulco, principalmente). El éxito ha sido tremendo, de lo que, como dije antes, me alegro. Aunque el más terrible defecto del turismo suele ser la vulgaridad, hay infinidad de cosas que me parecen más importantes que evitar ser vulgar.Por otro lado, esos 20 o 25 kilómetros de playa hotelera sin duda traen una riqueza inmensa a Yucatán y Quintana Roo (que es el Estado en el que se halla Cancún), así que quizá no sea malo tener una costa hortera a cambio de disminuir la pobreza, que apenas se percibe, por esta zona al menos.

Muchos mexicanos me parecen más semejantes a los gringos que a otra cosa, aunque hay un montón de etnias que me gustaría saber distinguir. Parece haber una gran diferencia entre los yucatecos y los mexicanos (de México D.F. y otros lugares, supongo), pero también respecto a otros pueblos indígenas. Intentaré hacer retratos. En cuanto a lo de que muchos turistas mexicanos parecen gringos, quizá lo que sucede es que los gringos se parecen a los mexicanos o ciertos gringos a ciertos mexicanos, pues muchos de los turistas de Cancún me recordaban a la gente de California (de Los Ángeles, no de San Francisco), así que tal vez procedían de allí. Supongo que era una coincidencia debida al lujo hortera, pues esa semejanza ya no la aprecié tanto al viajar hacia el interior.

Folclore maya

Por otra parte, entre los habitantes de Mayab (tierra de los mayas) o Yucatán y los antiguos mayas hay la misma diferencia que entre los griegos de ahora y los de la Grecia clásica y arcaica. Pensar lo contrario, creo, es simple miopía folclórico-romántica. Es curioso que, tras la independencia de España, Yucatán se unió a México, rechazando ofertas de Guatemala y otros lugares, pero después quiso unirse a Estados Unidos: los terratenientes armaron a sus indígenas, que se rebelaron primero contra ellos y luego lucharon contra México. Casi consiguieron vencer, pero en el mejor momento se retiraron para recoger el maíz, lo que fue aprovechado por los blancos y mestizos para someter de nuevo a los mayas y causar una sangrienta contrarevolución. Esta Guerra de las Castas se inició en 1847 y continuó, en Quintana Roo, hasta 1866, o incluso hasta 1901, cuando Porfirio Díaz tomó la última capital maya, Chan Santa Cruz.

Quizá debería matizar la afirmación anterior. La diferencia entre entre mayas y griegos actuales y mayas y griegos antiguos quizá no sea la misma, porque  porque en Grecia han pasado 2500 o 1500 años y aquí 500 o 700. Aunque en ambos casos podríamos hablar de unos 700 años si contamos a Bizancio como Grecia, lo que quizá sería hasta cierto punto correcto. En cualquier caso, creo que la conciencia nacional de un pueblo la mayor parte de las veces surge porque los propios conquistadores se sienten herederos del pasado que ellos mismos han destruido o porque con el tiempo se recupera de manera artificial un pasado olvidado durante siglos. Un caso muy notable es el de los persas, que en el siglo XX recuperaron a Ciro, Darío y otros reyes persas, cuando resulta que casi el único héroe que habían recordado hasta entonces era un tal Al-Iskander, que no es otro que el hombre que acabó con el poder de los persas de Darío: Alejandro Magno (Alexander). Digno de reflexión es también el ejemplo de los canarios, descendientes de godos, puesto que son descendientes de la conquista de los Reyes Católicos (de origen godo), y que sin embargo se identifican con los güanches, pueblo de origen bereber al que, según parece, sus antepasados godos exterminaron.

En fin, a la llegada de los españoles, parece que la mayoría de los habitantes de Yucatán el único recuerdo que tenían de los creadores de la gran civilización maya es que eran unos explotadores crueles y sanguinarios, aunque otros muchos simplemente creían que todos aquellos monumentos eran obra del diablo. La época de esplendor de la increíble civilización maya ya era sólo un recuerdo a la llegada de los españoles.


[8 de diciembre de 1995]

Error: puede que no exista la vista de bc33341clq