Los cambios inadvertidos en el gusto
(El guión de cine y los prejuicios #4)

En los capítulos anteriores me referí a diversos cambios del lenguaje cinematográfico que el espectador ha aceptado casi sin darse cuenta de la trasformación que se estaba produciendo, como el paso del cine mudo al sonoro, o del blanco y negro al color, o la acción cada vez más trepidante. Lo que me interesaba era mostrar que los espectadores consideran natural el último lenguaje cinematográfico y no suelen ser conscientes de que su sensibilidad está siendo continuamente reeducada.

Para ser más precisos, habría que decir que la mayoría de los espectadores suelen aceptar no lo último, sino lo penúltimo. Sucede lo mismo con los gustos cinematográficos o audiovisuales que McLuhan decía en relación con la tecnología: el ser humano siempre se siente más cómodo con la tecnología anterior al inmediato presente. Vivimos a gusto en el mundo creado hace 30 años. Es por eso que quienes han conocido el libro de papel son reacios al libro electrónico y creen de alguna manera que con lo digital se pierde algo así como el alma (o aura en el sentido que le daba Walter Benjamin): como si hubiese algo intangible y espiritual ligado a hojas de papel recortadas y encuadernadas. Podemos suponer que quienes usaban papiros debieron sentir una desazón semejante ante la llegada de los libros: ¡con lo fácil que era en un papiro saber que lo que habías leído estaba “más arriba” y que lo que ibas a leer estaba “más abajo”!

Tecnologías como la del libro tardan en cambiar. Desde la aparición de los primeros libros en Occidente hasta los libros impresos de Gutenberg pasaron unos mil años, y han tenido que pasar otros quinientos hasta la llegada del libro electrónico. Es muy posible que todavía pasen cien años o quien sabe si doscientos hasta que llegue el nuevo libro que se anuncia en La obra de arte en los tiempos de la percepción malebranchiana (que se puede leer en Recuerdos de la era analógica). Sin embargo, el lenguaje y la técnica cinematográfica han estado cambiando continuamente desde la invención del cine, hace apenas cien años, y los espectadores se han adaptado a lo penúltimo con cierta facilidad cada cinco o diez años. Pero, aunque se trate de un cambio más veloz que en el caso del libro, la mayoría apenas han percibido cómo su percepción se ha ido modificando.

Antes de regresar al asunto de los prejuicios, quiero ofrecer algunos ejemplos más de cambios que se han producido en nuestra sensibilidad cinematográfica.

Tipos de plano

Una modificación notable del lenguaje cinematográfico ha sido el abuso del primer plano y del primerísimo plano, que probablemente es influencia de la televisión, pues en la pequeña pantalla los rostros lejanos apenas se podían apreciar. Sin embargo, los primeros planos también son, en el cine de Hollywood, una imposición de los actores frente al director: se refuerza el protagonismo de ellos y se minimiza el trabajo del director, que poco puede hacer con un primerísimo plano.

Hace poco me contaron que Kevin Costner aceptó participar en un cortometraje español. En un momento dado le dijo al director: “Hazme aquí un primer plano”.

¿Por qué? No por nada relacionado con lo que se estaba contando, simplemente porque quería una oportunidad de lucirse y reafirmar su protagonismo. El efectismo de los primeros planos a veces (para quienes vivimos todavía en el penúltimo o antepenúltimo lenguaje cinematográfico) resulta insoportable cuando, ya desde las primeras escenas, vemos, sin tener ninguna relación con la intención o la emoción de lo que se está contando, a actores en primerísimos planos.

Violencia

Otro ejemplo de cambio inadvertido, pero real, en el lenguaje cinematográfico es la extraordinaria tolerancia a la violencia como elemento rutinario: hoy en día nos asombra que directores como Sam Peckimpah resultaran insoportablemente violentos en su época, porque la violencia es ahora un ingrediente tan cotidiano en las películas que los directores jóvenes piensan que si no hay sangre, una buena pelea o alguna muerte, entonces no está pasando nada. Lo malo es que gran parte del público piensa lo mismo.

Flashbacks

Otro ejemplo de cómo somos educados sin saberlo por el nuevo lenguaje es el flashback.

En el cine clásico, cuando alguien recordaba algo, lo habitual era ir disolviendo la imagen, sustituyéndola por la de aquello que se recordaba. A veces una y otra imagen se encadenaban a través de una especie de neblina o humillo, como sucede en Casablanca, cuando Humphrey Bogart recuerda sus días felices en París junto a Ingrid Bergman.

Buñuel hizo un flashback en Belle de jour, cuando Cateherine Deneuve pisaba un escalón de la casa de su infancia: al poner el pie en el otro escalón ya no era la Severine adulta, sino la niña que había sido. Muchos espectadores no entendieron qué había pasado, algo que hoy (este es, de nuevo, un código aprendido) ya no sorprendería a nadie.

Buñuel, de todos modos, para ayudar a situarse al espectador ante una ruptura del código de la época (que marcaba claramente estas elipsis o flashbacks), hizo que se oyera a la madre de la niña gritando “Severine”.

Cine ultracomercial

Otro ejemplo de nuevo código es el del cine comercial de acción, con personajes maniqueos, héroes sin matices y acción espectacular pero simple, como en Star Wars, Indiana Jones o Tiburón, que directores como Coppola o Scorsese consideran la causa del fin del buen cine que parecía anunciarse para los años 80.

En efecto, ese tipo de cine, con su tremendo éxito, hizo que una edad de oro del cine en ciernes apenas se desarrollara, y que solo sobrevivieran algunos nombres como Coppola o Scorsese, pero que toda una generación talentosa quedase en nada, en parte porque se asimilaron y adaptaron al nuevo hábito, y en parte porque no se adaptaron y no pudieron competir en el circuito comercial: “el público demandaba otro tipo de cine”.

En realidad, los cambios de narrativa se producen frecuentemente en el cine, y las películas del tipo Lucas/Spielberg eran un regreso al maniqueísmo clásico pero efectivo de las pelis de Errol Flynn y similares, tremendamente entretenidas, que habían sido sustituidas por un cine quizá menos entretenido, pero un poco más adulto.

El cambio del lenguaje del guionista

Así que, cuando un guionista quiere escribir y no se dirige a un público muy particular y especializado, acaba escribiendo como se escribe en ese momento (o en el momento anterior, si no está a la última moda). Y lo hace incluso cuando quiere escribir algo que se salga de lo más convencionalmente comercial.

Porque, si se examina a fondo el cine destinado a élites selectísimas, descubriremos que su lenguaje también ha cambiado en función de los tiempos, incluso en directores como Lars von Triers, que presumen de no seguir el lenguaje de su tiempo sino de definir nuevos lenguajes. Las ideas que se proponen en el Decálogo del movimiento Dogma, encabezado por Lars von Triers, están supeditadas en gran parte a la tecnología del momento: el tipo de micro que se puede incorporar a una cámara, por ejemplo, o la estabilidad de imagen que ofrecen las cámara sin trípode. La evolución de la tecnología hace que el sentido de algunas de estas normas, y sobre todo su traducción estética, quede inevitablemente trasformado: con las cámaras actuales (2010) casi se podría rodar una película de Dogma cámara en mano y que pareciese que se está usando trípode.

Pero, como ya dije antes, lo difícil es que espectadores y guionistas sean conscientes de hasta que punto son influidos por los prejuicios y por el estado actual de los medios (tecnológicos e incluso narrativos) al elegir el cine que quieren ver o escribir.

Enseguida mostraré un ejemplo del poder de los prejuicios sobre todos nosotros.

Continuará…


CURSO DE GUIÓN ONLINE: INSCRIPCIÓN ABIERTA

El guión de cine y los prejuicios

Yo soy libre, vosotros no

EL GUIÓN DE CINE Y LOS PREJUICIOS /1

             El problema de los prejuicios es que casi nunca nos damos cuenta de que los tenemos. Son los demás quienes piensan que nuestros actos o nuestras ideas tienen su origen en prejuicios, porque nosotros, quizá tú mismo, lector o … Sigue leyendo

Leer Más
¿Un cine de masas aburrido?
(El guión de cine y los prejuicios #2)

Como dije en el capítulo anterior de este serial web (Yo soy libre, vosotros no), hoy en día el cine mudo despierta muy poco interés para la mayoría del público (con la reciente excepción de El artista y alguna otra película). Es … Sigue leyendo

Leer Más
Acción trepidante
(El guión de cine y los prejuicios #3)

Hasta ahora he hablado de varios códigos cinematográficos que han ido cambiando con el tiempo, como sucedió con el paso del blanco y negro al color, o con la transición del cine mudo al cine sonoro. Lo que me interesa … Sigue leyendo

Leer Más
Los cambios inadvertidos en el gusto
(El guión de cine y los prejuicios #4)

En los capítulos anteriores me referí a diversos cambios del lenguaje cinematográfico que el espectador ha aceptado casi sin darse cuenta de la trasformación que se estaba produciendo, como el paso del cine mudo al sonoro, o del blanco y … Sigue leyendo

Leer Más

El cine antes del cine/El cine mudo sonoro

El cine antes del cine: Muybridge

ENSAYOS SOBRE EL CINE PRIMITIVO


Leer Más
El efecto Kuleschov sonoro
[El cine mudo sonoro y el montaje 2]

Leer Más
La música emocional
[El cine mudo sonoro 4]

Leer Más
Cuando el leitmotiv salvó al cine
[El cine mudo sonoro 6]

Leer Más
Montaje ideológico e idealógico
[El cine mudo sonoro y el montaje 3]

Leer Más
La banda sonora
[El cine mudo sonoro 5]

Leer Más

ENTRADAS DE CINE 

Excalibur , entre las leyes del mito y las del guión

Leer Más
Cuando no se muestra todo Tres tiempos [Zui Hao De Shi Guang], de Hou Hsiao-hsien

Leer Más
Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
MUNDO AUDIOVISUAL: cine, guión y series

Leer Más
Syriana y la teoría conspirativa

Leer Más
Joni’s promise [Janji Joni] , de Joko Anwar

Leer Más
La lógica demente en El jovencito Frankenstein

Leer Más
El este de la brújula , de Jordi Torrent

Leer Más
La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más
¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci


Leer Más
Toni Takitani

Leer Más
La herencia inesperada

Si yo tuviera un millón

El cine de Lubitsch


Leer Más
Opinar no es lo mismo que entender

Beginners de Mike Mills


Leer Más
The Host y la verosimilitud

Leer Más
El ruido y la furia
Eli eli lema sabachtani, de Shinji Aoyama

Leer Más
Invisible Waves , de Pen-ek Ratanaruang

Leer Más
Hirokazu Kore Eda

Leer Más
After life [Wandafuru Raifu], de Hirokazu Kode-Eda

Leer Más
Hana y la verdad verosímil

Leer Más
Películas

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Syndromes and a century, de Weerasethakul Apichatpong

Leer Más
Romeo + Juliet , de Luhrmann

Leer Más
Historias extraordinarias (y Toby Dammit, de Fellini)

Leer Más
Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más

***************

Acción trepidante
(El guión de cine y los prejuicios #3)

Hasta ahora he hablado de varios códigos cinematográficos que han ido cambiando con el tiempo, como sucedió con el paso del blanco y negro al color, o con la transición del cine mudo al cine sonoro. Lo que me interesa señalar aquí no es el hecho mismo de esta evolución del lenguaje fílmico, ni valorar si el cine era mejor o peor antes de cada cambio, sino la manera en la que los espectadores nos hemos ido adaptando a esos cambios, incorporándolos a nuestra percepción intuitiva e inmediata del fenómeno cinematográfico y audiovisual. Eso ha llevado a que el espectador medio o estandar rechace ahora códigos y maneras que a sus padres o abuelos le parecían propios y naturales en el cine.

 

La duración de los planos

Otro aspecto en el que ha cambiado la percepción de los espectadores es el ritmo o la velocidad del relato audiovisual. Cada vez se cuentan las cosas más rápido, lo que ha traído como consecuencia que el espectador medio se aburra con películas de los años 50 o 60. Se han hecho cálculos del número de planos en una película de los años 60 y en una actual y las diferencias son asombrosas. Es por eso que lo que en los años 60 era una película de acción trepidante ahora también nos parezca lenta.

David Bordwell en The Way Hollywood Tell It, dice que en los años 20 los planos duraban entre cuatro y seis segundos, pero que con la llegada del sonoro los planos empezaron a durar casi el doble, entre 8 y 11 segundos. De este modo entre 1930 y 1960 una película estandar tenía entre 300 y 700 planos, aunque había algunas excepciones.

Tarzan y su hijo (1939) tenía una media de duración de planos de 3.6 segundos, sorprendente para su época, en parte debido a los cortes rápidos que mostraban animales de la jungla. Pero también tenía planos más largos, como en la maravillosa secuencia de Tarzán y Boy bajo el agua.

En Fallen Angel (1945) de Otto Preminger, la duración media de los planos alcanzaba unos increíbles 33 segundos, muy superior a lo habitual. El brillante y sugerente plano-secuencia inicial, que incluye los títulos de crédito, ya dura más de un minuto y medio

.fallenangel

A mediados de los  años 60, la duración de los planos se hizo cada vez menor, con lo que eso supone de aceleración en el proceso de percepción, llegando a situarse entre los 6 y 8 segundos, aunque también había excepciones, como Goldfinger (1964) con 4 segundos o Head (1968) con  2,7 segundos.

En los años 70, lo que había sido una excepción, como en el caso de Head, se convirtió en la norma y las películas de tema general se movieron entre los 5 y los 8 segundos, mientras que las de acción llegaron a  los 4 0 5 segundos. Algunos, como Sam Peckinpah, llegaron a utilizar planos de una media d duración de 1 segundo. El número de planos por película empezo a moverse en torno a los 1000.

En los años 80 los planos estuvieron entre 5 y 7 segundos, y en muchos casos entre 4 y 5 o 3 y 4, por ejemplo en En busca del arca perdida  (1987).

A finales de los 80 el número de planos por película ya alcanzaba los 1500, pero en poco tiempo se llegó a 2000 o 3000, como en JFK (1991). La media en la duración de cada plano ya estaba entre 3 y 6 segundos.

Actualmente, la duración de los planos se acerca, de manera que puede parecer paradójica, a la del cine mudo, y más en concreto al cine mudo soviético de los años 20, con planos de 3,8 segundos incluso en dramas como Love Actually (2003). Aquellas películas con planos de 6 o 7 segundos como Lost in translation (2003) parecen de ritmo lento al espectador medio. Bordwell señala que incluso los directores clásicos como Mike Nichols o Roman Polanski, han adoptado esta nueva duración de los planos. Sólo algunos, como Woody Allen o Night Shyamalan, se mantienen todavía en una duración superior a los 5 segundos.

 

El medio es el masaje, o cómo nos acostumbramos a todo

Hace 20 años, cuando el cine ya había acelerado bastante su ritmo, Jean Claude Carriere, el guionista de la etapa francesa de Buñuel, se quejaba de que el ritmo de los anuncios y los video clips era infernal. Temía que se extendiese al cine y a los productos audiovisuales en general. Es obvio que eso ya ha sucedido.

Como hemos visto, cada cinco o diez años el ritmo se acelera y el espectador demanda de manera compulsiva más y más velocidad, más y más planos, más y más síntesis y más y más elipsis. Un ejemplo es la serie americana CSI donde casi no hay tiempos muertos, no hay transiciones, todo lo que sucede es ya en sí una escena clave. Lo mismo sucede en el humor, que busca la respuesta rápida en gags en los que el espectador sepa desde el primer momento de qué se tiene que reír, tarea que se ve facilitada por las risas enlatadas. Se pasa casi directamente del planteamiento al desenlace sin más transición, sin parte media.

The Wire

Una excepción reciente contra la obsesión por el ritmo frenético de las series tipo CSI, es The Wire, de David Simon. La publicidad de la serie ya lo dice: “Escucha (observa) cuidadosamente”

 

Inconclusiones provisionales accerca del cambio cinematográfico

El cine mudo y el sonoro, el cine en blanco y negro y el cine en color, el ritmo o la velocidad del montaje y de la narración a través de la duración de los planos (existen otras maneras de acelerar el ritmo), son algunos ejemplos de cómo el lenguaje cinematográfico va variando y de cómo el espectador lo acepta, al principio con cierta resistencia, pero luego de manera natural. El cine no sólo nos entretiene sino que también nos educa. Por lo menos nos educa, o nos masajea como diría McLuhan, o nos manipula si se prefiere, para ver un cierto tipo de cine y rechazar otro.

Continuará…

**********

 

El guión de cine y los prejuicios

Yo soy libre, vosotros no

EL GUIÓN DE CINE Y LOS PREJUICIOS /1

             El problema de los prejuicios es que casi nunca nos damos cuenta de que los tenemos. Son los demás quienes piensan que nuestros actos o nuestras ideas tienen su origen en prejuicios, porque nosotros, quizá tú mismo, lector o … Sigue leyendo

Leer Más
¿Un cine de masas aburrido?
(El guión de cine y los prejuicios #2)

Como dije en el capítulo anterior de este serial web (Yo soy libre, vosotros no), hoy en día el cine mudo despierta muy poco interés para la mayoría del público (con la reciente excepción de El artista y alguna otra película). Es … Sigue leyendo

Leer Más
Acción trepidante
(El guión de cine y los prejuicios #3)

Hasta ahora he hablado de varios códigos cinematográficos que han ido cambiando con el tiempo, como sucedió con el paso del blanco y negro al color, o con la transición del cine mudo al cine sonoro. Lo que me interesa … Sigue leyendo

Leer Más
Los cambios inadvertidos en el gusto
(El guión de cine y los prejuicios #4)

En los capítulos anteriores me referí a diversos cambios del lenguaje cinematográfico que el espectador ha aceptado casi sin darse cuenta de la trasformación que se estaba produciendo, como el paso del cine mudo al sonoro, o del blanco y … Sigue leyendo

Leer Más

El cine antes del cine/El cine mudo sonoro

El cine antes del cine: Muybridge

ENSAYOS SOBRE EL CINE PRIMITIVO


Leer Más
El efecto Kuleschov sonoro
[El cine mudo sonoro y el montaje 2]

Leer Más
La música emocional
[El cine mudo sonoro 4]

Leer Más
Cuando el leitmotiv salvó al cine
[El cine mudo sonoro 6]

Leer Más
Montaje ideológico e idealógico
[El cine mudo sonoro y el montaje 3]

Leer Más
La banda sonora
[El cine mudo sonoro 5]

Leer Más

ENTRADAS DE CINE 

Excalibur , entre las leyes del mito y las del guión

Leer Más
Cuando no se muestra todo Tres tiempos [Zui Hao De Shi Guang], de Hou Hsiao-hsien

Leer Más
Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
MUNDO AUDIOVISUAL: cine, guión y series

Leer Más
Syriana y la teoría conspirativa

Leer Más
Joni’s promise [Janji Joni] , de Joko Anwar

Leer Más
La lógica demente en El jovencito Frankenstein

Leer Más
El este de la brújula , de Jordi Torrent

Leer Más
La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más
¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci


Leer Más
Toni Takitani

Leer Más
La herencia inesperada

Si yo tuviera un millón

El cine de Lubitsch


Leer Más
Opinar no es lo mismo que entender

Beginners de Mike Mills


Leer Más
The Host y la verosimilitud

Leer Más
El ruido y la furia
Eli eli lema sabachtani, de Shinji Aoyama

Leer Más
Invisible Waves , de Pen-ek Ratanaruang

Leer Más
Hirokazu Kore Eda

Leer Más
After life [Wandafuru Raifu], de Hirokazu Kode-Eda

Leer Más
Hana y la verdad verosímil

Leer Más
Películas

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Syndromes and a century, de Weerasethakul Apichatpong

Leer Más
Romeo + Juliet , de Luhrmann

Leer Más
Historias extraordinarias (y Toby Dammit, de Fellini)

Leer Más
Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más

***************

¿Un cine de masas aburrido?
(El guión de cine y los prejuicios #2)

Como dije en el capítulo anterior de este serial web (Yo soy libre, vosotros no), hoy en día el cine mudo despierta muy poco interés para la mayoría del público (con la reciente excepción de El artista y alguna otra película). Es cierto, sin embargo, que directores, como el chino (taiwanés) Hou Hsou Hsien han intentado volver al cine mudo: en su película Tres tiempos, presenta una historia completamente muda, aunque en color. Pero, claro, no se trata de cine comercial en el más amplio sentido.

Una escena del episodio mudo de Tres tiempos, de Hou Hsiao Hsien

Sin embargo, esas películas mudas que hoy aburren a la mayoría del público, cuando se estrenaron entusiasmaban. A todos les parecían emocionantes, apasionantes y entretenidísimas. Lo cierto es que, cuando se inventó el cine sonoro, hubo protestas por parte de muchos cineastas, no sólo de la escuela rusa sino también entre los directores estadounidenses más comerciales. Uno de los que más protestó fue el artista más comercial y famoso de todos los tiempos, Charlie Chaplin, que juró que jamás haría una película sonora:

“En mi nuevo film Luces de la ciudad no utilizaré la palabra. No la utilizaré jamás. Sería fatal para mí”.

Chaplin no cumplió su promesa, pero sí hizo Luces de la ciudad sin recurrir al sonido, excepto como música de fondo y empleado de una manera ingeniosa, como cuando en la escena inicial hace que un político hable, pero lo que escuchamos es un vulgar y literal “blabababá”. La película tuvo un éxito formidable, a pesar de que ya tenía que competir con películas sonoras.

La magnífica escena inicial de Luces de la ciudad, en la que Chaplin parodia la nueva moda de las películas sonoras, convirtiendo el diálogo sonoro en algo ridículo.

 En cualquier caso, a pesar de las reticencias iniciales, el paso del cine mudo al sonoro fue uno de los primeros cambios de código en la historia del cine, al que los espectadores se acostumbraron en pocos años.

Blanco y negro y color

Años después de que el cine sonoro se impusiera, y antes incluso de que Chaplin se rindiera y comenzara a hacer cine sonoro y dialogado, ya había llegado el cine en color, que poco a poco se fue haciendo con todo el mercado, desterrando al cine en blanco y negro a los cine clubs.

Sin embargo, muchos cineastas también se resistieron al color, porque la verdad es que el primer cine en color tenía un color muy raro. Se daba la increíble paradoja de que parecía más realista el cine en blanco y negro.

Una de las primeras películas en color fue The Toll of the sea (1922), de Chester M. Franklin, trece años antes de la considerada primera película en color propiamente dicha, Becky Sharp, de Robert Mamoulian. Naturalmente, en estas consideraciones no se tiene en cuenta la existencia de los dibujos animados en color

Cine en color

The toll of the sea, 1922
.

Recientemente, en 2012, se ha descubierto una película que se considera la primera filmada en color (es decir, no rodada en blanco y negro y coloreada posteriormente). Fue rodada por Edward Turner en 1902, y en ella aparecen sus hijos. Turner murió un año después. La película fue olvidada, probablemente porque era de 38mm en vez de 35mm, lo que dificultaba su proyección.

Tras la implantación comercial del cine en color, solo los cineastas de la nouvelle vague y algunos otros (como Woody Allen o Fellini) continuaron haciendo películas en blanco y negro, y hoy en día el espectador medio ya no quiere ver una película en blanco y negro en el cine, porque le parece que será más aburrida, como si no hubiera suficiente acción y emoción cuando no hay color.

Lo curioso es que existe un fundamento perceptivo para esa sensación del aburrimiento ante el cine mudo o en blanco y negro. la explicación se basa en el concepto de hábito: si nos acostumbramos a la saturación perceptiva producida por el color o el sonido, el blanco y negro y el silencio acaba pareciéndonos falto de densidad por comparación. Es una sensación parecida a la que provocan ciertas drogas, que causan un enriquecimiento o saturación sensorial que después echamos de menos, al volver a la realidad no saturada de nuestro día a día.

Con el paso d elos años, también dejaron de emitirse películas en blanco y negro en televisión, al emnos en horario de máxima audiencia porque, según algunos expertos y programadores, a la gente no le interesaban y prefería las que eran en color. Esa no era la única razón, claro, porque también se puso en marcha una operación de cambio de hábitos dirigida por las grandes distribuidoras, a las que el cine antiguo en blanco y negro daba menos beneficios.

Sea cual sea la causa, al público el cine en blanco y negro empezó a parecerle  lento, aburrido y poco emocionante. Algunos, como el magnate Ted Turner, pensaron que la solución consistía en colorear las películas antiguas. Pero su intento de colorear el inmenso catálogo que había adquirido de películas en blanco y negro desencadenó una protesta tan masiva, que le hizo desistir.

Ahora bien, como ya he señalado en relación con el cine mudo, el cine en blanco y negro no era degustado en su época por especialistas, expertos o cinéfilos de cinestudio, sino por públicos masivos. De hecho, si comparamos la asistencia de público al cine en aquella época, superaba en proporción a la actual.

En definitiva, el paso del color al blanco y negro fue otro de los cambios de código o paradigma a los que se acostumbraron los espectadores de cine, con tanta facilidad que pronto perdieron el interés por el cine en blanco y negro que tanto les había llegado a interesar.

 Continuará…

 ******

El guión de cine y los prejuicios

Error: puede que no exista la vista de d52dd99cd0

*******

ENTRADAS DE CINE 

Excalibur , entre las leyes del mito y las del guión

Leer Más
Cuando no se muestra todo Tres tiempos [Zui Hao De Shi Guang], de Hou Hsiao-hsien

Leer Más
Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
MUNDO AUDIOVISUAL: cine, guión y series

Leer Más
Syriana y la teoría conspirativa

Leer Más
Joni’s promise [Janji Joni] , de Joko Anwar

Leer Más
La lógica demente en El jovencito Frankenstein

Leer Más
El este de la brújula , de Jordi Torrent

Leer Más
La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más
¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci


Leer Más
Toni Takitani

Leer Más
La herencia inesperada

Si yo tuviera un millón

El cine de Lubitsch


Leer Más
Opinar no es lo mismo que entender

Beginners de Mike Mills


Leer Más
The Host y la verosimilitud

Leer Más
El ruido y la furia
Eli eli lema sabachtani, de Shinji Aoyama

Leer Más
Invisible Waves , de Pen-ek Ratanaruang

Leer Más
Hirokazu Kore Eda

Leer Más
After life [Wandafuru Raifu], de Hirokazu Kode-Eda

Leer Más
Hana y la verdad verosímil

Leer Más
Películas

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Syndromes and a century, de Weerasethakul Apichatpong

Leer Más
Romeo + Juliet , de Luhrmann

Leer Más
Historias extraordinarias (y Toby Dammit, de Fellini)

Leer Más
Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más

***************

Yo soy libre, vosotros no

EL GUIÓN DE CINE Y LOS PREJUICIOS /1

Las paradojas del guionista Daniel Tubau            

El problema de los prejuicios es que casi nunca nos damos cuenta de que los tenemos. Son los demás quienes piensan que nuestros actos o nuestras ideas tienen su origen en prejuicios, porque nosotros, quizá tú mismo, lector o lectora (o quizá yo), vivimos felices y satisfechos con nuestras ideas. Ideas que, por supuesto, no consideramos prejuicios.

Los prejuicios para el espectador de cine y para el guionista también nacen de manera inadvertida: son códigos que aprendemos e interiorizamos sin darnos cuenta, pero que pueden lograr que una película, incluso antes  de verla, nos guste o no.

Cuando examinamos nuestras acciones en diversas circunstancias, lo normal es que pensemos que teníamos buenas razones y que hemos actuado de manera racional. Por el contrario, cuando examinamos lo que hacen los demás, muchas veces pensamos que sus acciones no han sido tan racionales, que han sido influidos por una campaña publicitaria, o porque no reflexionaron con claridad antes de actuar, o porque sus prejuicios les impidieron obrar de otra manera, o incluso porque no tienen personalidad. Ahora bien, cuando los demás hacen aquello que nosotros consideramos racional y razonable, entonces sus actos nos parecen bastante racionales y razonables.

Del mismo modo, si nos gusta un cierto tipo de cine, creemos que nos gusta porque lo hemos decidido nosotros, porque tenemos opinión y criterio propios. Pero cuando son los demás los que prefieren otro tipo de cine, eso se debe a que siguen modas o prejuicios, o simplemente a que tienen mal gusto.

En definitiva, tenemos dos varas de medir, según se trate de nuestros gustos o de los ajenos. Nos encanta creer que nuestros gustos nacen de nuestra voluntad y libre albedrío, algo que no les sucede a quienes forman parte de esa numerosa entidad que llamamos “los demás”. Sin embargo, es muy probable que estemos tan condicionados como los demás por nuestra época, por lo que nos rodea y por un montón de prejuicios de los que no somos conscientes.

Veamos algunos ejemplos sencillos de prejuicios o códigos que hemos aprendido casi sin darnos cuenta y que se relacionan con los cambios en el lenguaje cinematográfico . Mi intención es mostrar cómo la apreciación espontánea (aparentemente “desprejuiciada”) del espectador de cine ha variado con el tiempo.

La evolución del lenguaje cinematográfico

Pensemos en el cine mudo. Hoy en día, a la mayoría de la gente el cine mudo le aburre. Hay que estar muy interesado en el cine y su historia para querer ver películas mudas. Si se estrenase hoy una película muda, sería difícil que llenara los cines. Sería difícil que se llenara un solo cine. La inmensa mayoría de los espectadores actuales considera que las películas mudas son lentas y aburridas, que han sido “superadas” (como se decía en los años 60). Pero no era eso lo que sucedía a los espectadores que en aquella época asistían entusiasmados a los estrenos de las películas mudas. ¿Qué ha cambiado? ¿Las películas mudas? No, el gusto de los espectadores, que se han acostumbrado a otro tipo de narración, sin ni siquiera ser conscientes de ello.

Pero, ¿cómo es posible que películas capaces de entusiasmar a los espectadores, como Amanecer de Murnau o todas las de Charlie Chaplin, ahora nos parezcan aburridas? ¿Es que se ha producido una mutación genética en la especie humana y percibimos de manera diferente? Por supuesto que no. Se trata, más bien, de que la evolución del lenguaje cinematográfico ha modificado las expectativas y la percepción de los espectadores. Quizá para bien, quizá para mal.



Curso de guión online de Daniel Tubau

Programa del curso