Guitton y la física cuántica

Guiton, en su conversación con los hermanos Bogdanov en el libro Dios y la ciencia: hacia el metarrealismo (1993), adopta siempre una interpretación de los resultados de la mecánica cuántica que es discutible y que no es seguida por todos los físicos, más que nada porque las explicaciones de los fenómenos cuánticos, en el momento actual, entran más en el terreno de la opinión y de la filosofía, que en la de una verdadera opinión científica. Una cosa es la descripción, otra la explicación.


Ver también acerca del libro y de la extravagante historia de los hermanos Bogdanov: Dios y la doble rendija


[Escrito antes de 1993. Publicado en 1993 en Caracteres]

 Ensayos de teología

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Tertuliano y el absurdo

Tertuliano fue uno de los primeros apologistas del cristianismo.

Nacido en Cartago hacia el año 155, decía que Dios era material, pero se oponía a todo intento de conciliación con la sabiduría greco-romana.

Pensaba que lo grande del cristianismo era su irracionalidad: la muerte del hijo Dios es creíble porque es contradictoria y su resurrección es cierta porque es imposible.

Se ha hecho célebre su frase Credo quia absurdum (Creo por que es absurdo), aunque en sus escritos la expresión que se puede leer es Credo quia ineptum, o bien Credible quia ineptum: certum est quia impossibile est (Creo porque es estúpido: es cierto porque es imposible). Este es un planteamiento muy interesante: las historias acerca de Jesucristo son tan estúpidas, que sólo pueden ser verdad.

No recuerdo quién decía algo parecido: si la historia de Jesucristo fuese una mentira, resultaría absurdo hacerlo hijo de un carpintero, hacerle fracasar en su intento de convertir a su buena nueva a los judíos, darle discípulos que le traicionan y le abandonan y, además, hacerle morir en la cruz. Nadie elegiría algo tan vulgar para el hijo de Dios (o Dios mismo) si se lo inventase. Parece convincente, si no fuera porque todas las religiones están llenas de historias semejantes, llenas de incoherencia, estupidez y contradicción.

Tertuliano acabó en la herejía, adhiriéndose al montanismo, aunque en aquel momento era difícil predecir cuál sería  la herejía y cuál la ortodoxia entre las diferentes interpretaciones del mensaje cristiano.

De todos modos, Tertuliano también acabó separándose del montanismo y creó su propia variante, el tertulianismo, que todavía existía en tiempos de Agustín de Hipona.

A veces pienso que Tertuliano era una especie de Chesterton de la Antigüedad. Basta con recordar aquella historia del día que Chesterton entró en una iglesia rural, oyó un sermón disparatado del párroco y salió convencido de la verdad del cristianismo:

“Si diciendo tonterías como estas ha logrado sobrevivir casi dos mil años, es que es la verdad”.

Ingenioso, pero, como dije antes, en ese momento en miles de iglesias, mezquitas, sinagogas y centros de culto de todo el planeta, los propagadores de decenas de religiones estarían diciendo las mismas insensateces ante un público convencido de que estaba escuchando algo dotado de sentido.


 Ensayos de teología

La tierra prometida

Jollain_Moses_Views_the_Promised_LandEl filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz aseguró que Dios había creado el mejor de los mundos posibles, una teoría que causó hilaridad general en su época. Voltaire la ridiculizó en su Cándido, haciendo que el protagonista de su novela recorriera el mundo sufriendo una desgracia tras otra. Pero, como Cándido es discípulo del profesor Pangloss (es decir, de Leibniz), se niega a ver los horrores del mundo y todo le parece estupendo. Cándido es un moderno Job, que soporta todos los horrores del mundo no ya con resignación sino con verdadera alegría, cegado por una teoría, la de que vivimos en el mejor de los mundos posibles..

El argumento de Leibniz, sin embargo, está lejos de ser tan absurdo como parece a primera vista. Dios, en primer lugar, está sometido a lo que Leibniz llama el “principio de razón suficiente”, que dicho en profano significa: siempre debe haber una razón para que suceda cualquier cosa. Dios  debe someterse a las leyes de la naturaleza que él mismo ha creado, como lo hace un buen novelista al someterse a las leyes de verosimilitud que él mismo ha establecido en su relato: si no lo hace, el lector se sentirá estafado (ver la paradoja El guionista crea sus propias reglas, pero está sometido a ellas).

Para un filósofo racionalista y razonable como Leibniz, una vez que Dios ha definido las leyes de la naturaleza, estas deben funcionar siempre del mismo modo y ni siquiera Dios está autorizado a modificarlas a mitad del juego. ¿Por qué iba un Dios perfecto a crear leyes imperfectas que necesitasen ser revisadas y modificadas?

Un descubrimiento inesperado nos ha ofrecido recientemente una pista inesperada acerca del origen de la teoría de los mundos posibles de Leibniz. En 1992, al derribar la pared de una casa del pueblo de Barcarrota, en la provincia de Badajoz, aparecieron varios libros que algún judío había escondido allí, tal vez antes de emigrar a Portugal para escapar a las persecuciones promovidas por los Reyes Católicos. Uno de esos libros es el llamado “Lazarillo de Barcarrota”, versión del célebre Lazarillo de Tormes. Pero aquí me interesa otro texto, que fue encontrado en otra casa de la misma localidad unos años después, en 2008.

Se trata de una crónica del siglo XV que cuenta la historia de un piadoso rabino de Toledo llamado Eliezer, quien, al morir, preguntó a Yahveh, con una osadía que sólo se recuerda en personajes como Abraham o Jacob, por qué había creado un mundo tan defectuoso, en el que los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra, sólo parecían existir para causar desgracias: maremotos y terremotos, incendios y volcanes, tornados y huracanes.

Yahveh le responde que, antes de crear este mundo, imaginó otros muchos, en los que combinó los cuatro elementos de mil y una maneras. Dios permite entonces a Eliezer que contemple esos mundos y el rabino descubre que en todos ellos sólo hay desolación y muerte, que están, como diría Shakespeare, llenos tan sólo de ruido y furia. En los mundos en los que apenas hay agua, es cierto que no hay tormentas, pero tampoco hay peces en los ríos o en el mar. En los mundos en los que no hay fuego, nadie puede protegerse del frío y la tierra es un desierto helado. En aquellos en los que apenas sopla el viento, las epidemias se extienden sin freno en un aire fétido e inmóvil. Por fin, Yahveh muestra a Eliezer que en los mundos en los que la tierra es blanda e inofensiva no se puede caminar, ni construir casas, ni sembrar, la triste vida de esos mundos se arrastra por el fango. Finalmente, Dios permite al rabino contemplar nuestro planeta desde las alturas, como hizo Elías en su carro de fuego. Cito aquí el manuscrito en su reciente traducción al castellano:

“Y Eliezer descubrió que desde las alturas la Tierra era un planeta hermoso, que las plantas, las flores y los frutos crecían como no había visto en ningún otro mundo, que las montañas contenían minerales y metales que estaban a disposición de los hombres y las mujeres, que los mares albergaban miles de criaturas, y que la fértil tierra ofrecía cada año cosechas de cereales, plantas y frutos a quienes la supieran cuidar”.

Nada más nos dice la crónica acerca de Eliezer y no sabemos si quedó convencido o no, aunque es evidente que el cronista opina que Yahveh ha logrado disipar las dudas del piadoso rabino, pues su relato concluye con Yahveh mostrando un puñado de tierra a Eliezer: “Esta y no otra es la verdadera tierra que os prometí, la tierra misma”.

Una última pregunta que quizá ya se ha hecho el lector: ¿se puede probar que este relato fue conocido por Leibniz? La única respuesta posible, en mi opinión, es que pudo llegar a él a través de los círculos relacionados con el judío Baruch Spinoza, cuya filosofía, aunque casi en secreto, Leibniz admiraba.


[Publicado por primera vez en Alquimia de la tierra, en 2012]ensayosdeteologia-cabecera

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Ensayos de teología

En Ensayos de Teología puedes encontrar las entradas dedicadas a la religión, la teología, la teodicea (o justificación de las razones de dios), y otras creencias y disciplinas de lo que podríamos llamar mitología organizada. Aunque hablar de Jesucristo es lo mismo que hablar de Apolo, aquí están también  casi todas las entradas dedicadas a los ritos y mitos judiós y cristianos.

Cuando uno piensa por primera vez en el asunto, resulta fácil distinguir entre religión, mitología y teología. Pero si se piensa un poco más, los límites dejan de verse tan claros y aparece de nuevo la confusión. Me arriesgaré aquí a separar los ensayos religiosos y teológicos de lo dedicados a la mitología, pero teniendo en cuenta esa subjetividad inevitable.

Entradas de Ensayos de teología

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Moral holista

Llamo moral holista a un sistema o explicación capaz de justificar cualquier cosa injustificable, logrando hacerlo mediante el recurso a la visión de conjunto. Quienes propugnan una moral holista son la casi totalidad de las religiones y gran parte de las ideologías, que sostienen que esas cosas que aparentemente nos parecen malas, en realidad son una pieza necesaria en el desenvolvimiento justo del universo.

Antes de desarrollar el tema en profundidad, quizá valdría la pena observar que existe una frase que sintetiza perfectamente esta actitud, aquella que tantas veces hemos oído para justificar acciones aparentemente incomprensibles: “sus razones tendrá”.


[Escrito antes de 1996]


COMENTARIO EN 1996

“Sus razones tendrá”… ese “tendrá” es Dios, claro.
Sus razones tendrá para hacer que llueva en alta mar y no en el desierto, como decía Asimov.
Para permitir toda la crueldad y el dolor que nos rodea.

Por cierto, el mayor problema de la visión de conjunto, y a eso supongo me quería referir al final del texto, es que esa visión de conjunto es tan solo una suposición. Nadie puede mostrarla o demostrarla a los demás.

En realidad se piensa así por analogía: en un ecosistema cerrado, examinamos el ciclo biológico y descubrimos lo beneficioso que puede ser que los zorros se coman a las gallinas. Se supone que lo mismo debe hacer Dios o la Fuerza Energética Innombrable en el ecosistema del Universo.

Pero es una suposición como cualquier otra.
Hace unos días (1996) leí algo interesante, no sé dónde.
Si operamos por una sencilla analogía y vemos cómo es este mundo en el que vivimos, no tenemos ninguna razón para pensar que el mundo que nos espera más allá de la muerte sea muy apetecible. Si Dios se ha dado tan poca maña en éste, ¿por qué le iba a salir mejor en el otro?

OTRAS ANALOGÍAS DE LA VISIÓN DE CONJUNTO

  • Todos los estrategas saben que lo importante no es ganar o perder una batalla; lo que realmente importa es ganar la guerra.
  • Esto se puede ejemplificar claramente en el juego japonés del Go: el jugador que se dedica a plantear y a ganar batallas una tras otra, pierde casi indefectiblemente la partida sólo con que el otro jugador no responda a sus provocaciones, pues ha perdido la visión de conjunto.
  • También en el ajedrez, el sacrificio de una pieza puede conducir a la victoria.
  • El general aqueo Agamenón también sacrificó a su hija Ifigenia, pensando que aquella muerte le permitiría tomar Troya.

Como puede verse, abundan los ejemplos de esta interpretación holista de la realidad. A veces esta visión es razonable, otras veces un simple disparate.


COMENTARIO EN 2016

No estoy seguro de si desarrollé el tema a fondo en un ensayo, aparte de en mi Defensa perfecta de la imperfección. Lo buscaré.

Pero sí sé que es un asunto que siempre me ha interesado y a menudo me he referido a la justificación de la guerra que se hace en la Bhagavad Gita (La Canción del Bienaventurado), cuando Arjuna no quiere combatir con sus enemigos, sobrecogido antes la matanza que se avecina, y entonces el dios Krishna le convence explicándole que esas muertes son buenas  desde el punto de vista de una visión cósmica superior.

Es el texto que usan los Hare Krishna a modo de biblia, aunque es tan solo un fragmento del colosal poema épico indio, el Mahabharata.

La Canción del Bienaventurado es un texto muy hermoso, que ofrece una lección moral repugnante.

Arjuna se lamenta y duda antes de la batalla, en la que sabe que no sólo tendrá que matar a amigos y parientes, sino que también morirán cientos de miles de soldados, quizá millones.

Se dice, pero hay que tener en cuenta la tendencia de los indios hacia la exageración, que en la batalla de Kuruksetra participaron 3,9 millones de soldados. ¿Cuántos sobrevivieron a la matanza para cumplir el plan cósmico?

¡Doce!

Este es el mensaje que a los hare krishna les parece digno de propagar.

Tras la batalla. El guerrero Kritavarma, uno de los doce supervivientes, las mujeres, los ancianos y un niño (tal vez Vrishketu) contemplan los efectos de la moral basada en la visión de conjunto.  (Puedes conocer a los doce supervivientes  aquí)


Un artículo en el que he tratado el tema de la moralidad holista (o quizá habría que decir “inmoralidad holista”): Más sobre ética y metafísica.

Arjuna aparece en una de las felicitaciones a mi hermana Natalia: Una estancia en Moralia.

[aq96]


[Revisado en 2019]

El diablo y la maledicencia

Para sacar la contraria y mostrar cierta imparcialidad en estos momentos de felicidad tras unos días horribles, me permitiré citar a un Papa, a Juan Pablo I.

albinoLucianiAlbino Luciani (Juan Pablo I) era un hombre excelente que no tuvo tiempo para mostrar si habría sido un buen Papa, si estaría a la altura de los dos que le dieron nombre (Juan XXIII y Pablo VI), puesto que fue Papa solo durante 33 días.

Antes de ser Papa, Luciani escribió una deliciosas cartas dirigidas a todo tipo de destinatarios, como Mark Twain, Chesterton o el propio Jesucristo. Me gustan muchísimo y estoy de acuerdo en muchas cosas. En algunas no estoy de acuerdo, porque sería pedir un imposible que las ideas de un Papa coincidiese con todas mis ideas: si así sucediera, la Iglesia católica ya no existiría. En consecuencia, si no presto mucha atención a algunos detalles de los argumentos y paso de largo ciertas cuestiones, las cartas de Albino Luciani son una maravilla.

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En la carta que Luciani dirige a Pavel Ivánovic Cicikov, el pérfido protagonista de Las almas muertas de Gogol, cita a una Hermana de la Caridad del siglo XVII, Magdalena de Lamoignon.

“Al leer las sátiras de Boileau, Magdalena de Lamoignon le dijo que las encontraba hirientes. Boileau le respondió que intentaría no serlo tanto pero que al menos se le diese la oportunidad de atacar en sus sátiras al Turco, “enemigo acérrimo de la Iglesia”. Ni siquiera eso le pareció bien a Magdalena.
__Me dejaréis al menos hacer una sátira contra el diablo -sonrió Boileau-, no negaréis que se la merece.
__El diablo ya está bastante castigado. Tratemos de no hablar mal de nadie, para no correr el riesgo de acabar como él.

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[Publicado en 2004]

Comentario en 2013

Curiosamente, poco después de que el brevísimo (33 días) Papa Luciani obtuviera el cargo confesó a su amigo Germano Pattaro que estaba viviendo «un mes de infierno», un vía crucis:

«Comienzo a entender ahora cosas que no había comprendido antes. Aquí cada uno habla mal del otro. Si pudieran, hablarían mal hasta de Jesucristo».

Supongo que entonces se acordaría de aquella conversación entre Boileau y Lamoignon.


Aunque tal vez sin llegar al extremo de Magdalena de Lamoignon, hablé de algo parecido hablé en  La maledicencia.


He hablado de la dependencia y el contagio al que se exponen los maledicentes en:

El contagio por los adversarios

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ENTRADAS DE FILOSOFÍA

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Dios en la cruz

En ¿Dios en la cruz? me referí a sangrienta representación de Jesucristo en la cruz, como una imagen que no solo bordea el sadismo, sino que cae en él. Ahora quiero, sin embargo, mostrar que esa representación también ha dado lugar en ciertas ocasiones a expresiones conmovedoras, como este poema atribuido a Juan de la Cruz, pero que también se ha pensado que podría haber sido escrito por Teresa de Jesús o Francisco Javier. No sólo expresa un amor sin sadismo al Cristo sufriente, sino también una fe desinteresada que no busca recompensas:

NO ME MUEVE, MI DIOS, PARA QUERERTE
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

El soneto también se puede escuchar en la magnífica Misa Flamenca de Enrique Morente:


[Publicado en 2011]

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Nozick y la justificación del mal

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Dice Nozick, en Ficción, respecto al problema del mal, que no juzgamos que el autor de una novela sea intrínsecamente malo por hacer sufrir a sus personajes. No lo hacemos porque los personajes no sufren realmente.

Eso lleva a Nozick a preguntarse  ¿Fue el padre de Hamlet realmente asesinado?

Las analogías entre nuestro mundo y un mundo ficticio y un sufrimiento ficticio son evidentes y pueden acercarnos al Bhagavad Gita, pero la gran diferencia parece consistir en que nosotros sí existimos realmente…

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NOTA 2013
Es probable que Ficción de Robert Nozick haya sido la inspiración para mi relato “La caverna”, escrito hacia 1997 e incluido en Recuerdos de la era analógica, donde se plantea la posibilidad de sufrimiento de unos seres que habitan en un mundo virtual.

Otra entrada dedicada a Ficción en: La autonomía de los personajes y Nozick. Y otra más en Niveles y metaniveles: autores, dioses y hombres

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[ante quem 1993]

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[Todas las entradas de filosofía en TODA LA FILOSOFÍA]

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Ateísmo y optimismo

En Lo uno y lo plural dije que son pocos los ateos optimistas, aunque habría que recordar a todos los marxistas ateos y sin embargo optimistas en su anhelo de trasformar radicalmente la sociedad. Se podría decir, por supuesto, con algo de malignidad tal vez, que los ateos marxistas son creyentes en el dios de la Revolución.
Por otra parte, todo eso se refiere a la esencia moral del universo, no a cuestiones de ética personal o actividad práctica: se puede ser pesimista en lo que respecta al cosmos tomado en su conjunto, pero optimista al considerar la propia existencia.


Acerca del comunismo como religión: El santoral revolucionario

Ver también: Investigación acerca del optimismo y el pesimismo

[Publicado en 1998]

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La trágica historia del Doctor Faustus, de Marlowe

PACTOS CON EL DIABLO /2

El argumento de esta obra se puede resumir diciendo que trata de un hombre llamado Fausto de Witemberg, doctor en teología, que convoca al diablo y acepta firmar un pacto con él a cambio de poseer poder para hacer cuanto desee durante veinticinco año s. Ayudado por el diablo Mefistófeles, Fausto se burla del Papa, asombra en la corte del emperador y convoca las imágenes de Alejandro el macedonio y de Helena de Troya. Finalmente, no podrá escapar a la condena.

El encuentro entre el Doctor Fausto y el diablo 
Credit: Wellcome Library, London. Wellcome Images images@wellcome.ac.uk http://wellcomeimages.org The Devil and Dr. Faustus meet. ca. 1825 The life and horrible adventures of the celebrated Dr. Faustus; relating his first introduction to Lucifer, and connection with infernal spirits; his method of raising the Devil, and his final dismissal to the tremendous abyss of Hell. Published: -Copyrighted work available under Creative Commons Attribution only licence CC BY 4.0 http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

El Fausto de Marlowe es una obra extraordinaria. Me parece que en la primera parte supera al Fausto de Goethe, exceptuando el motivo que sella el pacto con el diablo, porque el célebre “Detente instante” de Goethe es muy superior a la mera ansia de poder en Marlowe. La insaciable ansia de conocimiento y el impulso y la voluntad de vida, que podríamos equiparar con la filosofía de Schopenhauer, frente a la voluntad de epoder de Nietzsche.

Un momento excelente, entre otros muchos, es aquel en el que la sangre de Fausto se hiela o coagula cuando se dispone a firmar el pacto, y también el diálogo entre Wagner y el payaso. La obra reúne casi todos los motivos del Fausto goetheano, más de los que yo suponía, ya que incluso se anuncia el combate entre lo griego y lo cristiano.

También la manera en la que Mefistófeles le explica por qué ha acudido a su llamada:

FAUSTO: ¿No te atrajeron mis conjuros?

MEFISTÓFELES: Esa fue la causa, pero per accidens, pues si alguien escarnece el nombre de Dios, de las escrituras y de Cristo abjura, acudimos por si obtenemos un alma: no venimos si no usa medios tales que con la eterna condena peligre. Así que el más breve de los conjuros cabe en que de la Trinidad se abjure y se rece al príncipe del Infierno.”

Y estas palabras que pronuncia la Ira:

“LA IRA: Nací en el infierno, y tened cuidado, porque alguno de vosotros va a ser mi padre”.

Aunque todo el Fausto de Marlowe es excelente, quizá la segunda parte se resiente, más que nada al compararla con la de Goethe. La calidad de la obra hace lamentar doblemente la prematura muerte de Marlowe, que, a tenor de este Fausto, podría competir con Shakespeare.

No faltan tampoco, junto a la fuerza del argumento y las escenas, frases, ideas y conceptos interesantes, como cuando dice: “Un mago experto es un dios poderoso”, que hoy podríamos convertir en “Un científico es un dios poderoso”, recordando aquella sentencia de Arthur C.Clarke: “La tecnología avanzada es indistinguible de la magia”.

También esta frase que recuerda aquella célebre canción de Jorge Cafrune (“Fule mandinga”) que decía que la gente divertida estaba en el infierno:

“Pues confundo el Infierno y el Elíseo; !Que mi fantasma esté con los filósofos!”.

Y más adelante

FAUSTO: ¿En infierno estás? Si esto es infierno a gusto soy maldito. ¿Cómo, paseando, discutiendo, etcétera? 

Y también esta estupenda observación acerca del infierno como sensación y no como lugar, que compartía alguno de los últimos Papas:

FAUSTO: “Pues, ¿cómo es que estás fuera del Infierno?

MEFISTÓFELES: “Cómo, si aquí lo es, no estoy fuera de él. ¿Crees que yo que contemplé la faz de Dios y caté el gozo infinito del cielo no soy atormentado con mil infiernos estando privado de la beatitud?”.


[Escrito en 1995. Revisado en 2018]

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