Radicales y equidistantes

The Philosophical magazine; a journal of theoretical, experimental and applied physics (1798)

Lo radical siempre ha resultado muy atractivo entre quienes presumen de ser íntegros y honestos, entre quienes alardean de no callarse ante las injusticias, entre quienes proclaman a los cuatro vientos que combaten por nobles ideales… Es decir, entre los ingenuos y los fanáticos, que a menudo son los mismos, aunque los fanáticos suelen reservarse el papel de directores de la orquesta radical y los ingenuos se tienen que resignar a ejecutar la partitura, a veces en sentido literal.

A quienes en medio del fragor radical piden moderación se les llama «cómplices», «vendidos» o el más terrible insulto de los últimos años: «equidistantes». Los equidistantes, nos dicen, se sitúan en un terreno neutro en el que ninguna persona honesta puede permanecer. ¿Cómo puedes mantenerte equidistante mientras Fulano dice tal cosa? ¿Cómo puedes no arder de indignación cuando Mengano dice tal otra?

R24, por 11011110 (David Eppstein)

Por fortuna, no tenemos por qué responder a esas preguntas, ya que carecen de sentido. La equidistancia y la radicalidad no son objetos con los que podamos tropezarnos en el mundo real,  puesto que no existen. Son tan solo términos que establecen una relación entre otros términos definidos previamente. En los años 30 del siglo XX un comunista soviético podía mantenerse equidistante entre Stalin y Trotsky, pero parecería un radical desde el punto de vista de alguien que se mantuviera equidistante entre el comunismo y el fascismo. A finales del siglo XIX, las feministas que se manifestaban por el derecho de voto para la mujer eran presentadas como radicales, pero hoy en día nos parecerá radical cualquiera que cuestione ese derecho.

Las paradojas anteriores nos indican que conviene distinguir entre dos significados o usos de la palabra «radical».

El primer sentido es el de quienes, para bien o para mal, identifican la radicalidad con una posición política determinada. Para bien, cuando se califican a sí mismos de «radicales», queriendo dar a entender que son honestos, combativos y que nadie les hará callar. Para mal, cuando desprecian como «radicales» a quienes sostienen otra posición política. En efecto, «radical» sirve tanto para el elogio como para el insulto: su significado varía cuando nos lo aplicamos a nosotros mismos o cuando se lo aplicamos a nuestros rivales. En un mismo discurso podemos asistir a un elogio encendido de la necesidad de ser radical y, apenas unos minutos después, a la calificación como «peligrosos radicales» de quienes piensan de manera diferente.

En cualquier caso, el uso de la palabra radical como bandera o como arma arrojadiza apenas me interesa. Ya he dicho que es solo un término relacional, sin valor propio. Lo que me preocupa es un uso mucho más coherente de la palabra «radical»: el que se refiere no a lo que se dice, sino a la manera de decirlo. El comportamiento radical.

Es en este terreno en el que podemos comparar moderación y radicalismo. Y es en este terreno en el que necesitamos más moderación y menos radicalismo. Más diálogo, a pesar de las diferencias, y menos insultos.

Y lo necesitamos precisamente porque el gran triunfo de los radicales consiste en radicalizar a todos. Es tan solo en medio del caldo de cultivo radical, en la batalla campal, donde ellos pueden prosperar. Por esa razón, los «tibios», los «templados», los «moderados» o los «equidistantes» son sus peores enemigos. Mientras haya personas que no se dejen llevar por consignas incendiarias, que no desprecien de manera sistemática en el debate público a cualquier persona que piense de manera diferente, que sean capaces de mantener un diálogo con la intención de solucionar un problema y no solo con la de reafirmarse en su posición inamovible, mientras eso suceda, los radicales lo tienen difícil. Es decir, mientras existan personas moderadas. Insisto: no por lo que piensan, sino por cómo lo expresan.

Debido a lo anterior, la máxima ambición de los radicales consiste en crispar los ánimos de unos y otros. Incluso prefieren que alguien se pase al otro bando radical, siempre que al hacerlo abandone el territorio moderado. Por eso elevan el tono de su discurso y a menudo también el volumen: para que todo sea o blanco o negro y que no haya matices de gris, para que los dos campos queden bien delimitados y se sepa quiénes están conmigo y quiénes están contra mí. Para que parezca que si no estás de acuerdo con ellos entonces es que estás de acuerdo con «los otros».

Una vez que han silenciado a los moderados (que, hartos de tanto ruido, tanto insulto y tanta manipulación vulgar, se retiran a un discreto segundo plano), llega el momento en el que los radicales pueden, en un asombroso juego de prestidigitación, calificarse a sí mismos de moderados, en contraposición con la radicalidad del otro extremo. Y así asistimos a una reinvención de la realidad en la que cada bando radical se proclama sensato y moderado frente al insoportable radicalismo del otro bando. Porque esa es, en definitiva, la sociedad preferida de los radicales, aquella en la que cada vez quedan menos personas capaces de mantener un tono de diálogo y entendimiento. Lamentablemente, parece que ya estamos muy cerca de encontrarnos de nuevo en esa situación, si es que no estamos ya sumergidos en ella, de manera especial en las redes sociales.


 

 

Chomsky recupera lo innato

|| LA GRAMÁTICA INNATA DE CHOMSKY /1



Se puede pensar, y por lo tanto se ha pensado, que existen en ideas innatas, que no son adquiridas mediante el aprendizaje, sino que ya están en nosotros desde que nacemos, del mismo modo que lo están ciertos instintos trasmitidos a lo largo de la evolución. Entre los pensadores que han recurrido al innatismo, se encuentran los nombres de Descartes, Platón o Jung, además del de Noam Chomsky.
El innatismo de Chomsky no es exactamente igual al de Descartes. Descartes pensaba que tenemos ideas innatas, como la idea de Dios, porque, según él, de no ser así, no se podría explicar cómo podemos llegar a concebir un ser infinitamente perfecto. Por su parte, Jung pensó que existe una especie de inconsciente colectivo, también innato, por supuesto, ya que es común a toda la especie humana. En ese inconsciente hay diversas figuras arquetípicas, como el Padre, la Madre, el Trickster, y también Dios. Platón precedió a Descartes y a Jung y propuso que en nuestra mente conservamos el recuerdo de todo un mundo arquetípico, en el que están los originales perfectos de todas las cosas que vemos en el mundo. 

Carl Gustav Jung

De las tres propuestas de innatismo, quizá la de Descartes es la más decepcionante, pues no resulta en absoluto difícil explicar que si vemos una cosa imperfecta, por ejemplo una tabla de madera con irregularidades, podamos encontrar otra un poco menos impefecta, con menos irregularidades, y mediante este proceso podamos concebir que existe una tabla de madera sin ninguna irregularidad, es decir absolutamente perfecta. Y lo mismo sucede con un ser poderoso pero imperfecto, que acaba por convertirse en un abstracto Dios omnipotente y perfecto. 
El mundo ideal de Platón, tiene elementos propios de un ingenioso disparate religioso, como su afirmación de que antes de nacer nuestras almas han vivido en el Mundo de las Ideas y allí han contemplado todas las perfecciones, por lo que al nacer morimos; o que, debido a lo anterior, conocer consiste en recordar: recordar aquello que ya habíamos contemplamos en el mundo Ideal. Sin embargo, a pesar de estos rasgos de fantasía paradójica, la teoría de las ideas de Platón tienen inesperadas consecuencias prácticas si la aplicamos a terrenos como las mátemáticas. En cuanto a los arquetipos de Jung, son una modesta imitación de los mundos platónicos y se mueven en un terreno ambiguo, pues Jung nunca se decidió a afirmar o negar que esas figuras arquetípicas fueran o no producto de la evolución y del proceso de la selección natural.

El dios nórdico Loki, ejemplo de la figura del Trickster, tramposo o engañador

En cuanto al lingüista Noam Chomsky, su propuesta es que todos los seres humanos poseemos un lenguaje innato. O al menos una gramática innata. Chomsky pensaba, y supongo que sigue pensando, que no era posible explicar las capacidades lingüísticas del ser humano mediante un sencillo mecanismo de imitación.

Esa era la tesis del conductismo acerca del lenguaje: que imitamos el comportamiento de otros miembros de nuestra especie. Entre esos comportamientos está reír, camimar sobre dos piernas, en vez de a cuatro patas, o emitir sonidos por la boca que se asocian a ciertos objetos o actos: gritamos el nombre de un objeto y nos dan ese objeto (por ejemplo, un chupete), o incluso conseguimos que un objeto venga a nosotros, por ejemplo, si el objeto deseado es esa cosa que se mueve y que después llamaremos “padre”.

La teoría conductista puede parecer tentadora a primera vista, puesto que se puede lograr aprender muchas cosas simplemente imitando, pero Chomsky pensaba que no conseguía explicar el complejo funcionamiento del lenguaje humano y el de un hablante, que no se limita a imitar, sino que puede ser creador de nuevas formas, por ejemplo de frases que nunca ha escuchado. Así que Chomsky, para explicar estas complejidades, postuló, frente al conductismo, otra teoría: que poseemos una gramática innata.

Continuará


[Publicado en 2006 en Pasajero. Revisado en 2017 (en verde)]

 

LA GRAMÁTICA INNATA DE CHOMSKY

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SIGNOS

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La persona tras la máscara

ESCRITO EN EL CIELO ~1

Ensayo sobre las máscaras /1

 Avión volando entre Madrid y Barcelona

Lunes 1 de diciembre de 1997

Original del primer “Escrito en el cielo”

 

En la revista del avión veo un anuncio que me llama la atención:

 

Al principio pensé que se trataba de una farsa, pues advertí que muchos de los signos son números:

 

 Pero después he pensado que sí puede tratarse de un menú chino: los caracteres de arriba serían los nombres de los platos y los de abajo su precio. Por eso son números. Está claro que todavía tengo que aprender mucho para ser capaz de leer un menú en chino.

Sin embargo, en mis estudios de chino, me he dado cuenta de algo curioso. En la última clase también lo comentó la profesora. Al salir, lo comenté yo con mi amigo Marcos. Se trata de lo siguiente: en chino “él” (la tercera persona del singular) se escribe:

El primer carácter es el radical, la forma simplificada del carácter de “persona”:

 

Lo curioso del asunto es que el segundo signo del carácter:

significa “también”.

De este modo, en chino, “él”, es decir “el otro, el que no soy yo pero tampoco eres tú”, se puede traducir, carácter a carácter, como “persona también”:

   

Así que, haciendo un poco de filoetimología (o filosofía etimológica), algo a lo que el chino se presta incluso más que el latín o el alemán, se podría decir que el carácter que significa “él” es el testimonio del descubrimiento de que los demás, los otros, también son como yo, que esos entes que son semejantes a mí en su exterior también lo son en su interior. Es una refutación del solipsismo, de la curiosa teoría que dice que sólo existo yo, o que sólo yo pienso.

Un descubrimiento parecido se hizo en Occidente, si es cierta la explicación etimológica de la palabra “persona”, según la cual  los estoicos utilizaron el nombre de la máscara de los actores, (per sonna, suena a través) para definir a los individuos, incluso desde el punto de vista jurídico. Allí, tras la máscara, está la persona, aunque sólo podamos escuchar su voz.

Es una etimología muy adecuada para indicar que la vida humana es como representar un papel, la metáfora tan repetida desde entonces, por ejemplo por Shakespeare y Calderón, porque los personajes del teatro eran precisamente los que llevaban la máscara, que servía para que los demás supieran a quién estaban representando.

En antropología también es un tema recurrente aquello de que quien lleva máscara puede ocultarse y, de este modo, comportarse como es en realidad.

 De todas estas cosas hablé con Marcos, ejercitándonos en este nuevo arte de la filo-etimología comparada. También recordamos aquel cuento de Stanislaw Lem en el que el héroe Ijon Tichy se disfraza de robot para organizar la resistencia humana a la dictadura que los robots ejercen en un lejano planeta.

En el cuento de Lem no resulta fácil encontrar a los humanos, porque los robots quieren exterminarlos a todos, pero tras buscar durante mucho tiempo, siempre bajo su disfraz de robot, un día el protagonista encuentra a otro humano que también se ha disfrazado de robot. Poco a poco los dos van encontrando más humanos disfrazados. Finalmente, descubren que todos los robots son humanos disfrazados y que no hay ningún robot en todo el planeta.

Según parece, Lem, que era polaco, deslizaba aquí una metáfora de la ocupación soviética de su país, cuando todos fingían aceptar el dominio ruso, pero todos lo detestaban.

A mí me gusta utilizar está fábula de los robots en mis clases de guión. Explico a los alumnos que muchas veces cuando eres contratado por una empresa te das cuenta de que se emplean métodos de trabajo que no tienen ningún sentido. Sin embargo, como eres nuevo, no te atreves a decir nada. Cuando comienzas a tener confianza con algún compañero, descubres que, a pesar de las apariencias, a él tampoco le gusta ese absurdo método de trabajo. Es probable, y yo lo he vivido más de una vez, que este cuento de la vida real acabe como el de Stanislaw Lem: descubres que a nadie le gusta el dichoso método de trabajo .

 

Eso sí, nadie se atreve a reconocerlo de manera pública: siguen escondidos bajo la máscara de trabajador convencido de lo que está haciendo.

Ejercicios de chino que llevé durante el viaje.
Se trata de un folio en forma de persiana que se despliega o pliega y
así permite ocultar los caracteres transliterados (pinyin) o la traducción,
para comprobar si se han aprendido los caracteres.

 


NOTA UN TIEMPO DESPUÉS (¿1998?):  Si decides averiguar por qué se emplea en una empresa ese método que manifiestamente no funciona, quizá recibas la siguiente respuesta: “Pues no lo sé, pero siempre se ha hecho así”. Una respuesta que recuerda otra anécdota, no sé si basada en un experimento real o no: el célebre experimento de los monos en un centro de investigación de Chicago. Se dice que en ese centro de investigación hicieron un experimento con cuatro monos que vivían juntos en una celda: colgaron un plátano y esperaron a que los monos intentarán cogerlo. Pero entonces, cuando se disponen a coger el plátano, los investigadores entran y enchufan a los monos con potentes mangueras de agua. Continúan día tras día con lo mismo hasta que los monos se cansan de intentar agarrar el plátano e incluso atacan al que se atreve a ir al plátano, pues saben que eso provocará la entrada de las mangueras de agua. Finalmente, ya los cuatro monos ni siquiera miran el plátano. Entonces los investigadores sacan a un mono de la celda y ponen otro nuevo. El nuevo, que no sabe nada, ve el plátano y se dispone a atraparlo, pero los otros tres monos se abalanzan sobre él y se lo impiden. Cuando este mono desiste de ir a por el plátano, cambian a otro de los primeros monos. Así hasta que cambian a los cuatro primeros monos. Llega un momento en el que ya no queda ningún mono que haya visto la manguera, pero siguen sin ir a por el plátano y golpean al que lo intenta. Si pudieran responder a por qué lo hacen, dirían lo mismo que se hace en las productoras de televisión o en muchas empresas: “Porque siempre se ha hecho así”.

Aunque busco de vez en cuando el experimento de los monos, no he conseguido averiguar si es real o imaginario. En Internet aparece en muchas páginas, incluso con animaciones como esta:

[tube]http://www.youtube.com/watch?v=ecY9NQNPBDE[/tube]

 

2011

Cuando hablo de filoetimología, “filo” debe entenderse como filosofía, no como filología. Es decir, el arte, la ciencia o la manía de hacer filosofía a partir de la etimología de las palabras.

Desde este momento, elegí como tema de Escrito en el cielo las máscaras, obligándome a mí mismo a escribir sobre este asunto siempre que estuviera en un avión.

2019: Ahora me parece obvio que los caracteres mezclan kanji chinos y japonés (hiragana, creo), así que es un menú japonés casi seguro.


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Busca “Escrito en el cielo”

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Perkins Gilman y lo humano

Perkins Gilman y lo humano /0

Perkins Gilman habla en Un mundo hecho a la medida del hombre de las características femeninas y las masculinas, pero ya dije que no cae en ese pseudobiologismo hoy tan extendido que dice una y otra vez que hombres y mujeres son diferentes. Al contrario.

En primer lugar Perkins Gilman señala esa curiosidad que conocen los etólogos o estudiosos del comportamiento animal: que en muchas especies el macho tiene un comportamiento que se parece al de la hembra humana. Se refiere a la exhibición y los adornos, a los elementos de seducción, comportamiento del que el ejemplo animal más llamativo es el macho pavo real, con sus impresionantes plumas que parece que sólo tienen la utilidad de deslumbrar a la hembra. Las plumas dice Perkins Gilman son masculinas, no femeninas, lo que hoy en día tiene un doble sentido, insospechado en la época de Gilman, supongo.

Esta es una de esas paradojas que ponen en entredicho las simplistas calificaciones de masculino y femenino. Ahora bien, no se trata de descubrir qué es realmente femenino y qué es realmente masculino haciendo una estadística de todos los animales conocidos. Creo que a día de hoy ese tipo de ejercicios son inútiles, sean cuales sean los resultados.

André Gide intentó en Corydon demostrar que la homosexualidad era la conducta dominante entre los animales. Recuerdo que cuando leí el libro me pareció bastante convincente, como suelen resultar todos los libros de biología que intentan mostrar la ventaja adaptativa de este o aquél comportamiento (como El Gen egoísta de Dawkins). Porque lo cierto es que entre los animales se da prácticamente todo tipo de comportamiento, así que es fácil demostrar casi cualquier cosa.

Pero sea cual sea el resultado de esas estadísticas entre lo masculino y lo femenino, insisto en que no tiene importancia. Perkins Gilman lo sabía, como lo sabía Aristóteles o Pico de la Mirándola. Lo masculino y lo femenino como tales quedan cancelados por algo superior en nuestra especie: lo humano.

En esta investigación junto a Perkins Gilman intentaré encontrar algún tipo de definición o al menos de comprensión de lo humano, más allá de lo masculino y lo femenino.

Continuará…


[Publicado en 2005]

PERKINS GILMAN Y LO HUMANO

Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Charlotte Perkins Gilman nació el 3 de julio de 1860 en Hartford, Connecticut. Es considerada una escritora feminista, aunque ella rechazaba esa etiqueta. Las razones de Perkins Gilman para no considerarse feminista eran muy razonables, pero también hay buenas razones … Sigue leyendo

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Perkins Gilman y lo humano /3

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Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1

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Perkins Gilman y lo humano /8

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Perkins Gilman y lo humano /7

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En su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica), escrito en 1911, Charlotte Perkins Gilman argumenta de manera muy poderosa en contra de la discriminación sexual y el sexismo. … Sigue leyendo

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Perkins Gilman y lo humano /9

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|| Perkins Gilman y lo humano /4

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Perkins Gilman y lo humano /2

¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?                                                   William Blake En Ovejas y tigres, me … Sigue leyendo

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El animal humano

|| Perkins Gilman y lo humano /5

En La naturaleza humana y las estadísticas me referí a las diferencias entre hombres y mujeres que pueden deberse a la biología. Otras posibles diferencias no se basan en la biología, sino en la educación, que sigue siendo sexista, muy … Sigue leyendo

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Estrés, placer y supervivencia

||Perkins Gilman y lo humano /6

En El animal humano dije que es indudable que, debido al proceso evolutivo, poseemos ciertas características innatas, tal como señaló también Charlotte Perkins Gilman en su momento. Muchos de nuestros instintos en tanto que animales humanos nos permiten sobrevivir, como … Sigue leyendo

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El efecto Shakespeare

DEFENSA DE SHAKESPEARE Y ATAQUE /1

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Se dice que Shakespeare es el autor acerca del que más se ha escrito y probablemente es cierto. Aunque he leído muchos libros dedicados a él, cada vez que veo uno nuevo, siento deseos de leerlo. No creo que me canse nunca.

Por lo general, fatiga dar vueltas y vueltas a un mismo asunto, pero Shakespeare siempre es nuevo, o al menos siempre es interesante. Además, es un autor que hace interesantes a quienes hablan de él. Shakespeare podría servir como ejemplo contrario al principio de incertidumbre de Heisenberg que asegura que el observador modifica lo observado, pues en su caso es lo observado (sus obras) lo que modifica al observador (el lector).

Este misterio del interés continuo inquieta a los expertos en Shakespeare, que buscan qué es lo que distingue a Shakespeare de sus contemporáneos, de Christopher Marlowe, Thomas Kyd, Ben Jonson, Thomas Midleton o John Ford y qué es lo que hace que los críticos siempre tengan algo interesante que decir cuando hablan de Shakespeare.

Ahora bien, no se debe suponer que basta con entregarse a Shakespeare sin más: lo cierto es que el efecto Shakespeare aumenta en proporción directa a lo que aporta cada lector: nos mejora si nosotros somos mejores. Cada vez que vuelvo a leer un libro de Shakespeare, o veo una película, o veo representada una de sus obras en el teatro, descubro detalles que no vi antes. Algunos no los vi por descuido, pero otros se me escaparon porque para percibirlos necesitaba saber cosas que todavía no sabía. Necesitaba ser más listo, más culto, haber experimentado más decepciones y alegrías.

Continuará…


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Defensa de Shakespeare y ataque

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Ver también: Escribir sobre Shakespeare

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura

WILLIAM SHAKESPEARE

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El origen de Acerca del karma

La idea de escribir este ensayo se me ocurrió un día que estaba esperando el autobús 29 en la calle de Arturo Soria, en la parada que está frente a una iglesia y un convento de monjas. Hablé de esto en una especie de introducción al ensayo, que luego eliminé en las siguientes correcciones, y que reproduzco a continuación:

“Intentaré recordar algo que pensé hace unas semanas mientras esperaba el autobús. Se trataba de un interesante desarrollo de la doctrina kármica en el terreno psicológico. Lamentablemente, casi recuerdo la idea base, pero no los trazos de la argumentación, que eran bastante precisos. Así que será éste un dibujo sin verdadera fuerza.

Ya que tengo que reconstruir algo, me permitiré hacer una breve exposición de la doctrina del karma antes de tratar el tema que me interesa en particular.”

No sé qué día se me ocurrió la idea, pero sí sé que escribí Acerca del karma (con el título Algunas aproximaciones a la noción de acumulación kármica) el día 17 de diciembre de 1992, y que lo firmé con el seudónimo-acróstico Lien-Tau Buda.

La primera edición de Acerca del karma se imprimió el 23 de noviembre de 1997, domingo.

[23 de noviembre de 1997]

En Essaouira (Marruecos), tal vez dos años antes de escribir Acerca del karma.


Nota en 2019

Ahora estoy casi seguro de que la idea se me ocurrió exactamente el 11 de diciembre de 1992.


Nota en 2020

La conclusión de todo lo anterior es que se me ocurrió una idea acerca del karma el 11 de diciembre de 1992, pero que después la olvidé y que el día 17 escribí lo que recordaba, pero sin poder recuperar lo más interesante de la idea inicial. En definitiva, que este ensayo Acerca del karma, contiene solo los restos del naufragio, el eco difuso de una gran idea perdida.

En la nota que escribí en 2019 había una frase más, que ahora me resulta difícil entender:

“También escribí años después ese libro de notas a pie de página, que es uno de los capítulos fundamentales de mi libro Segunda parte“.

Entiendo la referencia a mi libro compuesto de notas a pie de página, que se llama, en efecto, Segunda parte (es la segunda parte de un libro perdido, y esa segunda parte solo contiene las notas, pero no se sabe a qué libro). Lo que no entiendo es dónde mencionaba ese libro llamado Segunda parte en el comentario a Acerca del karma. O no lo entendía hasta hace un instante, porque ahora me doy cuenta de que me refería a lo que dije en Acerca del karma: que algún día escribiría un libro compuesto solo de notas a otros libros. Pues bien, acabé escribiéndolo, y se llama Segunda parte.

Continúa en Acerca del karma


El origen de Acerca del karma

La idea de escribir este ensayo se me ocurrió un día que estaba esperando el autobús 29 en la calle de Arturo Soria, en la parada que está frente a una iglesia y un convento de monjas. Hablé de esto … Sigue leyendo

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Acerca del karma

Como digo un poco más abajo, en el prólogo o Aviso que escribí cuando edité, imprimí y encuaderné yo mismo un librillo con el ensayo, este texto fue escrito en 1992. Ahora lo recupero y mi intención es mantenerlo como … Sigue leyendo

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Acciones físicas y acciones mentales

Las personas, y también los animales, llevan a cabo acciones. Estas acciones pueden ser físicas, como construir un techo para resguardarse de la lluvia, o bien mentales, como sentir envidia, amor o, simplemente, proponerse construir un techo contra la lluvia. … Sigue leyendo

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Las acciones y sus efectos

Hemos visto que los seres humanos llevamos a cabo acciones y que estas acciones pueden ser físicas o mentales. Es fácil aceptar que las acciones físicas producen efectos perceptibles: si levantamos un techo contra la lluvia, no nos mojaremos cuando … Sigue leyendo

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La percepción de las acciones mentales

Ya hemos visto que las personas llevan a cabo acciones físicas y mentales. Las acciones físicas y sus efectos físicos pueden ser observados fácilmente. Las mentales sólo pueden ser observadas si producen efectos físicos. Aquí alguien dirá: “Si las acciones … Sigue leyendo

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Los efectos físicos de las acciones y deseos

Hemos llegado a la conclusión de que podemos hablar de acciones mentales, aunque  nuestro conocimiento de ellas solo se dé por introspección y comparación. Por introspección, porque por experiencia íntima sabemos que nuestras acciones físicas casi siempre tienen su origen … Sigue leyendo

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Efectos mentales de las acciones físicas

Pues bien, una vez admitido que podemos hablar de acciones mentales, aún cuando no sea posible observarlas en el mundo físico, podemos volver al tema de las acciones y sus efectos. A primera vista puede parecer que las acciones mentales … Sigue leyendo

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Imaginemos un universo en el que no interviene la conciencia,  es decir, la intencionalidad, el deseo o la voluntad. En ese universo todo se reducirá a una sucesión de acciones físicas absolutamente determinadas. Si admitimos, además, que en ese universo … Sigue leyendo

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El determinismo biológico

Segunda aproximación kármika

Yo soy hijo de un padre y de una madre. Con mi madre comparto algunos rasgos físicos y algunas características fisiológicas. Con mi padre, otras. Mi ADN, el código genético que me define desde un punto de vista biológico, es … Sigue leyendo

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La deuda moral o metafísica

Tercera aproximación kármica

En los textos hebreos del Antiguo Testamento se afirma que un hombre puede ser castigado hasta la séptima generación. Es decir, que sus hijos pagarán por los pecados cometidos por él, y los hijos de sus hijos, etc. Esta terrible … Sigue leyendo

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Causas y efectos: herencia, deuda y reencarnación

¿Se acuerda todavía el lector de las acciones físicas y mentales de las que hablé en las primeras páginas? Si es así, le propongo que ahora combinemos aquella idea con la de la herencia, tal como la he propuesto en … Sigue leyendo

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En la segunda aproximación kármika hablé del ADN: una persona hereda los caracteres de su árbol familiar paterno y materno. Como es sabido, existen algunas posibilidades de que un niño recupere una característica que había desaparecido en la familia durante … Sigue leyendo

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Y por fin, llegamos a la aplicación al karma de la la tercera aproximación: el castigo que las generaciones futuras reciben por los actos de sus familiares, las deudas que los gobernantes, los Estados y los pueblos dejan a sus … Sigue leyendo

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La doctrina del karma

En todo este revolotear acerca de la idea del karma, quedan algunas cuestiones pendientes, antes de encarar el asunto que me ha movido a escribir este artículo. El indeterminismo de la doctrina kármica Quizá es innecesaria cualquier explicación. La situación en … Sigue leyendo

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El peligro de los hábitos

Hasta ahora hemos hablado de los hábitos físicos y de lo perjudiciales que son, pero los hábitos mentales también pueden ser negativos. Cuando nos dejamos llevar por hábitos, damos a nuestra mente unas instrucciones repetitivas. Eso hace que, por un … Sigue leyendo

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Muchas personas tienen hábitos mentales que parecen físicos. Ellos mismos aseguran que son físicos. Por ejemplo, el primer café de la mañana. Las virtudes estimulantes de un café son difícilmente discutibles, pero pensar que uno es incapaz de librarse de … Sigue leyendo

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Es un lugar común decir que el carácter de una persona no se puede cambiar. Una persona podrá cambiar de hábitos, comportarse de otra manera en determinadas circunstancias, pero la esencia de su carácter no puede cambiar. Hay niños que … Sigue leyendo

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Los deseos

Desear algo que no se tiene (o desear seguir teniendo algo que ahora se tiene) puede ser muy poco saludable. Si una persona se pasa todos los días lamentándose, de pensamiento o de palabra, por las cosas que no tiene, … Sigue leyendo

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La apuesta de Buda

(A modo de epílogo a Acerca del karma) Es muy conocida la apuesta de Pascal. Blaise Pascal era un matemático prodigioso que sufrió o disfrutó de una iluminación súbita y se transformó en un piadoso cristiano. Como todavía amaba las … Sigue leyendo

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El ingrediente secreto del imperio inmortal

GUERRA Y PAZ EN LA ANTIGUA CHINA /1

David L.Hall:  «Angus Graham es el único sinólogo anglosajón que conozco equipado filosóficamente para traducir los textos chinos por sí mismo. De hecho, Graham ha hecho un trabajo original y creativo como traductor y como filósofo».[1]Early China/Ancient Greece: Thinking Through Comparison (Steven Shankman y Stephen W.Durrant, editores)

Angus Graham era un profesor al que le gustaba dar sus clases en la Universidad de Hawai bajo un cocotero en la playa, compartiendo cervezas con sus alumnos, según cuenta su discípula Carine Defoort. Era alérgico a las conversaciones y discursos aburridos y siempre que se encontraba con un pesado se daba la vuelta y lo dejaba plantado sin dar ninguna explicación. Él mismo contaba que adoptó esta costumbre después de una curiosa experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando decidió separarse de un grupo de conocidos con los que caminaba por las calles de Londres, para acercarse a otro grupo que mantenía una conversación más interesante. En ese mismo instante sonaron las alarmas antiaéreas y una bomba cayó sobre el grupo que acababa de abandonar. La conclusión era obvia: “Alejarte de alguien aburrido te puede salvar la vida”.
Graham también era célebre por sus fiestas y su constante buen humor, además de por ser un consumado intérprete del gamelan, un instrumento musical que invita a pasar las horas en soledad. Pero el mundo académico no le recuerda por todas estas peculiaridades, sino por haber sido uno de los tres sinólogos más importantes del siglo XX, aunque él prefería considerarse filósofo, porque “lo bueno de ser filósofo es que los demás nunca saben cuándo estás trabajando”.
En su libro El Dao en disputa, Graham cambió el modo de acercarse a la filosofía china y reinterpretó muchos de los conceptos e ideas que se habían repetido de manera monótona durante siglos. Su manera de enfrentarse a los textos clásicos, a partir de una erudición y un conocimiento asombrosos, pero sin las rigideces habituales del academicismo, había sido influida por la lectura de un libro muy breve llamado Confucio, lo secular como sagrado, escrito por Herbert Fingarette. Lo curioso es que Fingarette no era sinólogo y ni siquiera sabía chino, pero se atrevió a internarse en un terreno que hasta entonces parecía reservado a los especialistas en la cultura y la lengua china.

La tumba de Angus Graham (1919-1991). Filósofo, sinólogo y poeta, con una cita de su querido Zhuangzi: “Vaya donde vaya, ¿acaso debo quejarme? Me dormiré en un sueño profundo y me despertaré descansado”.

Un libro de homenaje a Angus Graham, “25 años después de su inmortalidad”.

En Disputadores del Dao, Angus Graham se pregunta a qué se debe la asombrosa continuidad de la cultura china y ofrece “una receta condensada del secreto chino de un imperio inmortal que comprende casi una cuarta parte de la raza humana y que ha vencido al destino que dicta que todas las cosas nazcan y perezcan”.

Los ingredientes de la receta son los siguientes: el confucianismo, con su insistencia en mantener los vínculos sociales y familiares; el legismo o legalismo, una doctrina que ofrece un arte de gobernar racional y una técnica para organizar un imperio sin precedentes en tamaño y lograr homogeneizar sus costumbres; la escuela del Yin-Yang, una protociencia que encuentra un lugar para el ser humano en un cosmos modelado según la comunidad; el taoísmo y el budismo, que ofrecen al individuo una salida que le permite relacionarse con elementos inasimilables, que de otra manera podrían desestabilizar su vida en comunidad; y finalmente, diversas escuelas filosóficas en competencia, como el moísmo, que “ofrecen una racionalidad confinada a lo útil”.

En El arte del engaño se incluye una traducción íntegra de El arte de la guerra y Las 36 estratagemas chinas, realizada por Ana Aranda Vasserot.

En la receta de Graham falta un ingrediente fundamental: el arte de la guerra y la estrategia, las técnicas de la persuasión y de la política y la diplomacia. He dedicado El arte del engaño a ese aspecto fundamental en la formación y desarrollo del Imperio Chino.

Porque, a pesar de que Graham no incluye a los estrategas entre los creadores del imperio inmortal, no cabe ninguna duda de que sin ellos China nunca habría existido. En esta breve introducción a la historia de la guerra y la estrategia en la China antigua, que complementa El arte del engaño, intentaré mostrar que este último ingrediente, la estrategia y las artes militares, se descubre ya en los tiempos mitológicos, donde nos encontramos con guerras y  conflictos militares, así como con tratados de estrategia legendarios, precedentes lejanos, aunque posiblemente imaginarios, de El arte de la guerra de Sunzi.

 

Continuará…


Tratados de estrategia chinos

El ingrediente secreto del imperio inmortal

GUERRA Y PAZ EN LA ANTIGUA CHINA /1

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La verdadera revolución cultural china 

Guerra y paz en la antigua China /2

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Borges y los emperadores chinos

Guerra y paz en la antigua China /4

«Fue gracias a las ventajas derivadas de los cuatro posicionamientos como el Emperador Amarillo se hizo con la victoria sobre los Cuatro Soberanos». (Sunzi, El arte de la guerra) En su ensayo La muralla y los libros, Borges compara a dos emperadores … Sigue leyendo

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Cómo aprovecharse de un sabio legendario

||Guerra y paz en la antigua China /5

Sunzi menciona a pocos personajes históricos en El arte de la guerra, por lo que resulta muy significativo que nombre a Huangdi, el Emperador Amarillo. Además, lo menciona no solo como soberano digno de elogio, sino también como el inventor … Sigue leyendo

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Fábulas que esconden verdades

Guerra y paz en la antigua China /5

En la Grecia clásica, poetas como Hesíodo y Homero y dramaturgos como Sófocles, Eurípides y Esquilo educaban al pueblo recurriendo a personajes situados seiscientos u ochocientos años en el pasado, por ejemplo en la época de la guerra de Troya En … Sigue leyendo

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Guerra y paz en la antigua China /6

«Según Evemero, los dioses míticos no son más que personajes históricos de un pasado mal recordado, magnificados por una tradición fantasiosa». Carlos García Gual El evemerismo  se inspira en un filósofo griego llamado Evemero, que sostenía que detrás de los … Sigue leyendo

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Guerra y paz en la antigua China /7

«Sojuzgados los cuatro emperadores, los cuatro confines del imperio quedaron bajo su égida». “El emperador amarillo ataca al Emperador Rojo”, Yinqueshan En un texto encontrado en el gran descubrimiento arqueológico de Yinqueshan de 1972, del que habrá ocasión de hablar … Sigue leyendo

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El origen del pueblo chino

Guerra y paz en la antigua China / 8

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El buen salvaje chino 

Guerra y paz en la antigua China /3

«Todo en mi República se haría al revés. Nadie sabría de letras. No habría ricos ni pobres, ni otras servidumbres ¡Ni una! No más contratos, ni herencias, ni fronteras, lindes, tierras o viñas. ¡Ni una! Nada de trabajo. Sólo hombres … Sigue leyendo

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Notas

1 Early China/Ancient Greece: Thinking Through Comparison (Steven Shankman y Stephen W.Durrant, editores)

John Searle contra la inteligencia de las máquinas

|| SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL /1

Este investigación pretende examinar y discutir los argumentos de tipo semántico relacionados con la Inteligencia Artificial, especialmente los desarrollados por John Searle en varias de sus obras.

Podríamos comenzar, quizá, definiendo el término semántica en oposición a sintaxis y en conjunción con otros conceptos como significado o contenido.

Esa era mi primera intención, pero diversas razones me han hecho considerar preferible comenzar con un resumen de los argumentos de John Searle, para continuar, en la segunda parte, discutiendo el alcance del concepto semántica. De esta manera se puede limitar la investigación a lo directamente relacionado con las opiniones de Searle, pues si no se fijan ciertos límites, la investigación acerca de la semántica y el significado se haría inagotable. Por eso, pretendo examinar los argumentos de John Searle en el contexto general de los argumentos semánticos en contra de la inteligencia de las máquinas, y también en relación con el test de Turing.

En la parte final regresaremos a los argumentos de John Searle, para desarrollarlos en mayor detalle y desde una perspectiva crítica, aunque eso signifique repetir algunas cosas ya dichas.

John Searle

 A lo largo de toda esta investigación se utiliza con cierta flexibilidad el concepto Inteligencia Artificial. Aclaro a continuación los diversos sentidos en que se puede entender este concepto son:

a) De un modo general, todo lo relacionado con la investigación en ordenadores.

b) En un sentido más restringido, una disciplina concreta, que a veces se opone a la Simulación, y en la que se distinguen dos versiones, la fuerte y la débil (así lo hace el propio Searle).

c) En un sentido más laxo, se puede decir: “John Searle niega la inteligencia artificial”, debiéndose entender con ello que Searle niega que las máquinas, los artefactos creados por el ser humano, puedan ser, o llegar a ser, inteligentes (o a tener mentes, como él prefiere decir).

Sea cual sea el sentido en que se emplee el término, con mayúsculas o minúsculas (“inteligencia artificial” frente a “Inteligencia Artificial”), el contexto permitirá identificarlo sin dificultad. En la bibliografía incluyo todos aquellos libros que he utilizado directamente. Todo aquello que no esté puntualmente referenciado puede considerarse opinión mía, al margen de que sea sostenida por otros autores que no he considerado necesario mencionar (o cuya coincidencia con mis opiniones ignoro). Cuando me he visto obligado a añadir notas de contenido las he puesto a pie de página, para facilitar su lectura.

Continuará…


Esta investigación es un trabajo universitario que hice para la asignatura “Mentes y Máquinas” en 1989 o 1990. He modificado algunas palabras, frases o puntuación para hacer su lectura más agradable.

Cuando he añadido algo nuevo, en 2018, lo he puesto en otro color.

 


 

SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL

John Searle contra la inteligencia de las máquinas

|| SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL /1

Este investigación pretende examinar y discutir los argumentos de tipo semántico relacionados con la Inteligencia Artificial, especialmente los desarrollados por John Searle en varias de sus obras. Podríamos comenzar, quizá, definiendo el término semántica en oposición a sintaxis y en … Sigue leyendo

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TURING Y LAS MÁQUINAS PENSANTES

¿Podrán pensar las máquinas?
Turing y las máquinas pensantes /2

Hemos visto (Alan Turing y el juego de imitación) que Turing se preguntaba si las máquinas pueden o podrán pensar y que, para huir de las definiciones esencialistas acerca de qué es “pensar” , proponía someter a las máquinas a … Sigue leyendo

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Alan Turing y el juego de imitación
/3 Críticas a Turing

Al final de su artículo “Maquinaria computadora e inteligencia”, que he comentado en ¿Podrán pensar las máquinas? y en Alan Turing y el juego de imitación, Turing se ocupa del tema de la fabricación de máquinas capaces de aprender, los perceptrones. … Sigue leyendo

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Alan Turing y el juego de imitación

TURING Y LAS MÁQUINAS PENSANTES /1

Turing se planteó el conocido interrogante “¿Puede pensar una máquina?”, y lo rechazó “porque carece de sentido”. Creo que es cierto que este tipo de preguntas, que implican esencias, suelen llevar a callejones sin salida lingüísticos. Se ha intentado a … Sigue leyendo

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CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO

Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


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Vannevar Bush y el memex
CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO /1

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Ted Nelson y Xanadú

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Xanadú y el algoritmo de Google

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Borges, santo patrón del hipertexto

Cómo se invento el futuro /2


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La memoria de los ancianos

|| CASANOVA, SEGUNDO ACTO 1

Casanova empezó a escribir sus Memorias a los setenta y dos años, “cuando puedo decir Vixi a pesar de que todavía vivo”. Vixi era la fórmula que empleaban los romanos para anunciar que alguien había muerto. En vez de decir “Ha muerto”, decían: “Ha vivido”.

Ante una autobiografía escrita a los setenta y dos años, el lector puede preguntarse, con toda razón, si ese anciano que recuerda puede entender al joven cuyas aventuras cuenta, ese joven con el que comparte el mismo nombre, pero no los mismos sueños ni los mismos deseos. Ni siquiera, si somos estrictos, el mismo cuerpo, puesto que cada veinte años todas nuestras células se renuevan.

Una manera de evitar este problema es no esperar a ser viejo para contar la juventud. En Japón existe un género literario que se llama “memorias de juventud”: no había por qué esperar a la vejez para escribir las memorias, pues la edad ideal podía ser en torno a los veinte años. La más famosa de estas tempranas memorias, al menos para los lectores no japoneses, es Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima, quien a los diecinueve años llevó el libro al editor y le anunció que esa era su “primera autobiografía”.

Aunque se espere hasta los setenta y dos años para escribir las memorias, es posible que el memorialista haya pasado toda su vida pensando que cuando sea viejo las escribirá. Tampoco parece ser este el caso de Casanova, ya que él mismo asegura que la idea de escribir sus memorias nunca se le ocurrió antes de ser anciano:

“Digna o indigna, mi vida es mi materia. Como la he vivido sin pensar jamás que un día pudiese sentir el deseo de escribirla, tal vez tenga un carácter interesante, que no hubiera tenido, indudablemente, si hubiera vivido con la intención de escribirla en los años de mi vejez, y, más aún, de publicarla”.

Esta falta de propósito memorialístico de Casanova durante gran parte de su vida parece justificar la fama de poco confiable que le atribuye la posteridad. Casi todos los lectores han considerado al aventurero veneciano un farsante, alguien demasiado imaginativo o al menos un escritor exagerado y pretencioso. Durante mucho tiempo las Memorias fueron clasificadas como obra de pura ficción y se atribuyeron a diversos autores, entre otros a Stendhal, quien, sin embargo, siempre negó la autoría y mostró su admiración hacia la obra y el autor.

Los investigadores actuales no comparten el escepticismo de sus predecesores acerca de la fiabilidad de la memoria de Casanova. En lo que todavía se puede averiguar, el aventurero veneciano no miente casi nunca, y además, ofrece detalles de una asombrosa precisión. Así, dice que una mujer llamada “la Charpillon” vivía en Londres en la calle Dannemarck, en el Soho. Un investigador llamado Bleackley buscó en el siglo XX los registros de impuestos de esa calle , durante los años 1763 y 1764 y encontró el nombre “Decharpillon”.

Denmark street

La calle Denmark en el actual Londres (imagen de Google Maps)

Casanova, además, conservó a lo largo de su vida muchas cartas, billetes y anotaciones, que a menudo transcribe textualmente. Tal vez esta meticulosidad se debió a su profesión, a una de sus muchas profesiones, pues parece que fue espía y también miembro itinerante de la orden de los francmasones.

Ahora bien, los anteriores son tan solo recuerdos propios de una agenda o de un dietario y cualquiera puede tenerlos si se ha tomado la molestia de llevar un diario, de tomar notas, de guardar muchos recuerdos. Lo verdaderamente difícil no consiste en recordar lo que hizo aquél joven, sino cómo sintió aquel joven. Hay que recordar lo que decía Goethe: “No hay que ser como los griegos. Hay que ser griego”. Algo parecido se podría aconsejar a quienes en la vejez pretenden recordar los hechos de su juventud.

Pues bien, al leer la Historia de mi vida de Casanova, sorprenden muchas cosas, pero la que más llama la atención es advertir que ese viejo de setenta y dos años parece capaz de sentir y  ver el mundo como lo hacía aquel niño, aquél joven o aquél hombre maduro cuyas aventuras recuerda. Al leer los cientos de páginas de las memorias de Casanova, podemos advertir cómo su carácter, el del personaje, no el del biógrafo, va transformándose capítulo a capítulo.

Continuará…


[Escrito en 1997. Republicado en 2007, 2011 y 2017]


Escribí este texto en 1997. Lo publiqué en mi blog El arte malabar en 2007, con este aviso previo: “Hace diez años escribí un pequeño ensayo acerca de Casanova, que iba a ser el primero de una serie que pensaba dedicar al aventurero veneciano. Dejé el ensayo a un amigo y, tras leerlo, me dijo que era “lo peor que había escrito” en toda mi vida. Así que guardé el ensayo y me olvidé de él. Ahora, diez años después, he pensado iniciar de nuevo esos ensayos casanovistas, así que he recuperado ese viejo texto y le he añadido ilustraciones. Confío en que el juicio de mi amigo no fuera del todo acertado y que la lectura de esto valga al menos el tiempo empleado en ella.”


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Sherlock contra Cyrano

LA VIDA SECRETA DE SHERLOCK HOLMES /1

cyrano

El primer misterio relacionado con la figura de Sherlock Holmes es el de su propia existencia.

Pensemos en dos personajes literarios de parecida celebridad, Sherlock Holmes, el más famoso de los detectives, y Cyrano de Bergerac, uno de los más célebres espadachines.

Son dos personajes literarios muy conocidos y admirados. Se han escrito novelas, obras de teatro y cuentos protagonizados por ellos, y también han aprecido en películas y series de televisión. Sin embargo, hay algo que los distingue: Cyrano no es (o no fue) tan solo un personaje, una invención literaria, sino que fue una persona, alguien que existió más allá de los libros y las películas. Holmes, por el contrario, nunca pisó las calles de Londres, excepto en el interior de los cuentos y novelas de Arthur Conan Doyle.

sherlock--Statue_of_Sherlock_Holmes_in_Edinburgh

 

Lo curioso del asunto es que casi todo el mundo cree que Cyrano es solo un personaje de ficción, pero miles de turistas acuden a Londres buscando la casa en la que vivió Sherlock Holmes. Cuando se encuentran frente al 221B de Baker Street piensan que aquella fue la casa en la que vivió el más célebre detective de todos los tiempos, la que se menciona en la primera narración de Holmes, Estudio en escarlata:

«Según habíamos acordado, nos vimos al día siguiente e inspeccionamos las habitaciones del número 221 B de la calle Baker, a las que nos habíamos referido en nuestra entrevista. Consistían en dos cómodos dormitorios y un único cuarto de estar, amplio y ventilado, amueblado de manera agradable, y que recibía luz de dos espaciosas ventanas».
Arthur Conan Doyle,
Estudio en escarlata.

 

A pesar de lo que nos cuenta Watson, la verdad es que cuando se publicó el relato, la calle Baker sólo llegaba hasta el número 100. Años después, la calle creció y, cuando los portales fueron reordenados, los números del 215 al 229 (y por tanto el 221 B) fueron asignados a un edificio Art Decó que había sido construido en 1932, y que Conan Doyle ni siquiera pudo ver, pues había muerto dos años antes.

Desde que se asignó el número 221 de la calle Baker al edificio, llamado Abbey House, empezaron a recibirse miles de cartas de personas que creían que Holmes, o Watson, o alguien relacionado con el detective, todavía vivía allí. O más bien, los acrteros a partir de ese momento pudieron repartir las cartas que durante años habían clasificado como “Dirección inexistente”.

Eran tantas las cartas recibidas que la empresa propietaria del edificio designó a uno de sus empleados como «secretario de Sherlock Holmes».

Holmes, disfrazado de cura, entra en el (supuesto) 221B de Baker Street. Por la calle pasa un joven (en realidad es Irene Adler, también disfrazada). La aventura es “Un escándalo en Bohemia

 

En los años ochenta del siglo XX, el Museo de Sherlock Holmes, también en la calle Baker, reclamó el número 221 B de la calle y con el tiempo logró obtenerlo. Desde entonces, los cientos de cartas que cada año se envían a Sherlock Holmes llegan al Museo, en cuya pared exterior luce una placa que recuerda al detective. Quienes acuden a Londres también pueden visitar la casa y el museo, pero muchos sufren una gran decepción, como me sucedió a mí, cuando les explican no sólo que la casa no existía en aquella época, sino, lo que es sin duda más inquietante, que ni siquiera existió Sherlock Holmes.

Baker-Street

Cyrano6 Bergerac Cyrano

Estatua de Cyrano en Bergerac.  Hoy en día, existe un cierto culto a Cyrano en el pequeño pueblo francés de Bergerac, en la Dordogne, a pesar de que el lugar no tiene ninguna relación con el famoso espadachín, que nació en un lugar cercano a París

 

Por el contrario, casi nadie visita los lugares en los que trascurrió la vida de Cyrano de Bergerac, porque casi todo el mundo piensa que Cyrano es un personaje de ficción que nunca existió. Los rasgos que hacen parecer ficticio a Cyrano son fáciles de detectar: su prominente apéndice nasal, sus habilidades como espadachín, su afición a hablar en verso y su fantasía desbordante. Muchos de estos rasgos no se encuentran lejos de la verdad histórica, como puede comprobar quien lea las cartas satíricas escritas por Cyrano o su asombroso libro Viaje a la Luna y a los imperios del Sol. Todos estos rasgos fueron exagerados de manera novelesca cuando el dramaturgo Edmund de Rostand escribió Cyrano de Bergerac, a finales del siglo XIX, que es la imitación que ha logrado suplantar al original en la imaginación de todos los admiradores de Cyrano.

Continuará…


[Esta entrada ha sido escrita a partir de capítulos inéditos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes]


 Notanelemental-portadaNo tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


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No tan elemental, de Daniel Tubau

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