La primera impresión es la que cuenta…

¿Por qué casi todo el mundo tiene una gran confianza en su intuición?

Para expresarlo con más precisión: ¿por qué a la casi todas las personas les resulta tan difícil darse cuenta de la poca fiabilidad de su intuición, a pesar de que una y otra vez obtienen testimonios que alertan de esa poca fiabilidad?

Daniel Kahneman

Algunos  psicólogos han estudiado este asunto  en las últimas décadas y han obtenido interesantes respuestas. Una de ellas es que la intuición, o lo que Daniel Kahneman llama “Sistema 1”, funciona muy bien en el 90% de las situaciones a las que nos enfrentamos.

El Sistema 1 es el que nos permite movernos por la vida con ligereza y confianza, sin necesidad de detenernos a reflexionar ante cada situación. Si cada vez que damos un paso tuviéramos que detenernos a reflexionar en cómo debemos darlo, entonces nos caeríamos al suelo, porque la complejidad de ese movimiento tan simple y la cantidad de factores que se deben poner en funcionamiento son casi improcesables para un cerebro en apenas unos segundos. van desde cómo enviar desde nuestra mente a nuestro pie la instrucción de levantarse, calibrar la distancia a recorrer, descargar el peso adecuado del cuerpo, mantener el equilibrio en el momento en el que nos sostenemos en un único pie o depositar el pie ni muy fuerte ni muy débilmente en el suelo. Julio Cortázar escribió un excelente cuento, o ensayo si se prefiere, en el que mostraba la insólita complejidad que encierra el aparentemente sencillo acto de subir uan escalera: “Instrucciones para subir uan escalera”, que puedes escuchar aquí narrado por él mismo.

Por su parte, Kahneman enumera algunas de las tareas a las que hace frente a diario el Sistema 1:

  • Percibe que un objeto está más lejos que otro.
  • Nos orienta hacia la fuente de un sonido repentino.
  • Completa la expresión: “A quien madruga…”
  • Nos hace poner “cara de desagrado” cuando vemos un cuadro horroroso.
  • Detecta hostilidad en una voz.
  • Responde a “2+2=?”
  • Lee las palabras de las vallas publicitarias.
  • Conduce un coche por una carretera vacía.
  • Entiende las frases sencillas.
  • Permite caminar de la manera habitual.

Siempre que se trata de situaciones o tareas como las anteriores, que son las que ocupan tal vez el 80 o el 90 por ciento de nuestras actividades habituales, no hay ningún problema en dejarnos llevar por el Sistema 1, que no se identifica por completo con eso que llamamos intuición, pero que está sin duda muy relacionado.

Intuición

El problema es que cuando las tareas se complican o cuando surge algún imprevisto , el Sistema 1 o la intuición dejan de funcionar tan bien. Porque en esas situaciones inesperadas o complejas se requiere más atención y reflexión.

Kahneman enumera algunas de las tareas que precisan del Sistema 2:
  • Estar atento al disparo de salida de una carrera.
  • Concentrar la atención en los payasos del circo.
  • Escuchar la voz de una persona concreta en un recinto atestado y ruidoso.
  • Buscar a una mujer con el pelo blanco.
  • Buscar en la memoria para identificar un ruido sorprendente.
  • Caminar a un paso más rápido de lo que es natural.
  • Observar un comportamiento adecuado en una situación social.
  • Contar las veces que aparece la letra a en una página de texto.
  • Dar a alguien el número de teléfono.
  • Comprobar la validez de un argumento lógico complejo.

Como se puede ver, algunas tareas del Sistema 1 y del Sistema 2 son muy parecidas, pero no son idénticas. No es lo mismo caminar de la manera habitual que hacerlo a un paso forzadamente rápido, lo que requiere más atención e intención. Hay que aclarar, por otra parte, que Kahneman no afirma que exista en nuestro cerebro una división tajante entre dos sistemas mentales, o dos módulos cerebrales claramente diferenciados: es sólo una manera de referirse a diferentes maneras de pensar, lo que él también llama “pensar rápido” frente a “pensar despacio”.

Pensar rápido, pensar despacio

Pues bien, sucede que cuando hablamos de la intuición no solemos referirnos tan solo a todas esas cosas que hacemos cuando sólo activamos el Sistema 1, sino que la aplicamos a las que hacemos cuando deberíamos emplear el Sistema 2. Pondré un ejemplo para que se entienda a qué me estoy refiriendo.

Cuando nos presentan a un desconocido, nuestra mente desea hacerse cuanto antes una opinión acerca de esa persona. Siglos de evolución animal nos han enseñado que hay que clasificar rápidamente a los extraños, distinguiendo entre los potencialmente peligrosos y los aparentemente beneficiosos, entre los enemigos y los aliados, así que la intuición nos ofrece criterios rápidos para que lo extraño o desconocido no nos resulte tan extraño o tan desconocido. Nuestra memoria nos ofrece rápidamente similitudes entre esa persona desconocida y otras personas que hemos conocido. A veces la semejanza es por completo accidental: quizá las dos personas (la de nuestro recuerdo y la que tenemos delante) tienen las orejas grandes; o tal vez las dos se llaman “Jorge”, o tal vez ambas son venezolanas. También nos fijamos en cualquier gesto de esa persona: en una mueca de desagrado, en una sonrisa nerviosa o sincera, en el color de su camisa. Cualquier detalle pone en movimiento nuestra base de datos mental acerca de los seres humanos y nos ofrece paralelos y similitudes. En apenas unos segundos nos formamos una opinión acerca de esa persona, a pesar de que muchos de los datos que nos han servido para construir nuestro retrato robot pueden ser absolutamente accidentales. Por ejemplo, el llamativo color de su camisa quizá no se deba a que sea un color que a esa persona le guste, sino a que ese día no tenía ninguna camisa limpia y le tuvo que pedir una a su compañero de piso.

El refrán que parece sostener todo este proceso cognitivo que se pone en marcha al conocer a un extraño mediante la activación del Sistema 1 es: “La primera impresión es lo que cuenta”. Un consejo que los padres y madres suelen dar a sus hijos cuando estos tienen que enfrentarse a una entrevista de trabajo. Es muy posible que este refrán y este consejo sean muy sensatos.

Ahora bien, hay que advertir que el refrán describe una situación real, pero no porque que la primera impresión dé en el blanco al juzgar a una persona por su apariencia, sino más bien porque la primera impresión es la que cuenta porque está llena de ideas preconcebidas, intuición no reflexiva y prejuicios. Por eso, a alguien que va a una entrevista de trabajo se le recomienda que intente dejar una buena primera impresión, ya que los seres humanos tendemos a dejarnos llevar por las primeras impresiones y a confiar en las apariencias inmediatas. Así que, si no se deja una primera buena impresión, es difícil que haya oportunidad para dejar una segunda impresión.

Por fortuna, existe otro refrán para señalar la intervención del Sistema 2 en la valoración de un extraño: “Nunca te fíes de las primeras impresiones”. De eso hablaré en otro lugar.


[El refrán “La primera impresión es la que cuenta” también se dice como “La primera impresión es lo que cuenta”. Las dos formas son válidas, pero aquí he preferido emplear la primera. No hace falta señalar la broma de ilustrar este artículo con la primera impresión de la imprenta de Gutenberg]
[Publicado por primera vez en Divertinajes el 27 de septiembre de 2012]
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Cómo transmitir información a mayor velocidad que la de la luz…

… gracias a la paradoja EPR (Einstein-Podolsky-Rosen)

luz

Voy a proponer una idea para transmitir información a una velocidad mayor que la de la luz.

En primer lugar, hay que recordar que para la teoría física actual no existe la posibilidad de transmitir información a mayor velocidad que la de luz, por la sencilla razón de que no hay nada más veloz que la luz. Esta es una de las bases de la teoría de la relatividad de Einstein. La velocidad de la luz es de 300.000 km por segundo en números redondos.

Todos conocen algunas de las curiosas paradojas de la relatividad einsteniana. La más célebre dice que viajando a velocidades próximas a las de la luz el tiempo corre más lentamente. Si un gemelo embarca en una nave espacial a velocidad cercana a la de la luz y su hermano se queda en la Tierra, al regresar el hermano viajero treinta años después (según su reloj) , quizá habrían pasado 200 años en la tierra y su gemelo sedentario estaría criando malvas.

Esta paradoja es el origen de la novela y las películas de El planeta de los simios.

planetadelossimios

Paradoja relativista de los gemelos en El planeta de los simios

Así que nada puede viajar más rápido que la luz. Eso dice la teoría de la relatividad.

En el siglo XX nació otra teoría física que se disputa con la relatividad el protagonismo: la mecánica cuántica o MC.

A Einstein nunca le acabó de convencer la física cuántica y, aunque no podía negarla por entero, aseguraba que estaba incompleta. Para demostrarlo, ideó varios experimentos mentales que, según él, conducían a inevitables paradojas y callejones sin salida, pero que siempre eran refutados por su gran rival, Bohr.

El más célebre de estos experimentos es el experimento EPR, conocido así por las iniciales de sus tres creadores: Einstein, Podolsky y Rosen.

Para explicarlo de manera sencilla es bueno, como recomienda Martin Gardner, seguir la variante propuesta por David Bohm:

“La paradoja EPR adopta varias formas, pero la más fácil de comprender es la propuesta por el difunto físico estadounidense David Jacob Bohm. (Fíjense en que su apellido sólo se diferencia en una letra del de Bohr.) Tiene que ver con una misteriosa propiedad de las partículas llamada spin. El spin es más o menos similar al giro de una peonza, porque tiene un momento angular que siempre adopta una de dos formas posibles, que reciben nombres diversos: derecho o izquierdo, positivo o negativo, arriba o abajo.

Imaginemos una reacción cuántica que genera dos partículas idénticas, A y B, que salen en direcciones opuestas. En la Mecánica Cuántica típica, cada partícula tiene sus spins derecho e izquierdo «superpuestos». Cuando se mide el spin de la partícula A, se dice que su función ondulatoria «colapsa» (se desvanece). La partícula adopta inmediatamente un spin derecho o izquierdo, con igual probabilidad.

Ahora viene la magia. Para conservar el momento angular, después de haber medido A (que así adquiere un spin definido), B tiene que adquirir el spin contrario. Supongamos que A, medida en Chicago, tiene un spin izquierdo (recuerden que no tiene un spin definido hasta que se mide). En un planeta de una lejana galaxia, un físico mide la partícula B cuando ésta llega allí. Infaliblemente, tiene un spin derecho. Pero, ¿cómo «sabe» B el resultado de la medición de A? ¿Envía A algún tipo de señal telepática a B, bien instantáneamente o bien a una velocidad igual o superior a la de la luz?

Einstein ridiculizaba esto, diciendo que era «acción fantasmal a distancia». Creía que el experimento EPR, que por entonces sólo era un experimento imaginado, demostraba que la MC no era completa. Tenía que haber «variables locales ocultas» que dotaban de spins definidos a ambas partículas antes de que se midiera una de ellas”.

La respuesta de Bohr al desafío EPR fue que, independientemente de lo separadas que estén A y B siguen formando un único sistema. Cuando se mide A, desaparece la función ondulatoria de todo el sistema y las dos partículas adquieren simultáneamente spins contrarios. Se dice que las partículas están correlacionadas, entrelazadas o enredadas. Lo asombroso del asunto es que queriendo refutar la mecánica cuántica, Einstein y sus amigos crearon lo que ahora se acepta como uno de sus fundamentos, la no localidad.

Espero, lector, que me hayas seguido hasta aquí. No te preocupes si no acabas de entenderlo, porque, como decía Niels Bohr, uno de los principales creadores de la cuántica: “Si entiendes la mecánica cuántica es que no la has entendido” (otros atribuyen la frase a Feynmann). Puedes obtener más imformación aquí: “Entrelazamiento cuántico“.  Y si quieres profundizar en este fascinante asunto, puedes consultar la mejor página de divulgación de Física cuántica y relativista que  conozco: “Cuántica sin fórmulas: entrelazamiento cuántico“.

Piensa, tan sólo, que tenemos dos principios aceptados por la física actual:

1. No se puede transmitir información a más velocidad que la luz

2. Cuando el spin de una partícula es medido eso conlleva que si el spin resulta ser izquierdo el de su partícula correlacionada sea por fuerza derecho.

Consecuencia de lo segundo es que:

3. Esas dos partículas idénticas, que han surgido al mismo tiempo de una reacción cuántica, ahora se pueden encontrar a años luz (pues se han dirigido a distintas direcciones).

Resulta en cualquier caso, dice Gardner, que todos los físicos están de acuerdo en que no se pueden enviar mensajes codificados más veloces que la luz usando el fenómeno EPR. ¿Por qué?

Porque no es posible saber qué spin tendrá una partícula antes de medirlo. Una vez medido sí sabemos que el de su partícula enredada será el contrario, pero nada más.

Es como si alguien, dice Gardner, lanza una moneda al aire en París y otra en Nueva York y por alguna extraña razón si en una sale cara en la otra sale cruz. Pero es imposible saber si ahora me saldrá cara o me saldrá cruz. No puedo decidir, por ejemplo que si salen tres caras eso significará “Hola”, porque es imposible saber si van a salir caras o no antes de mirar la moneda (antes de medir el spin). No se puede hacer una especie de morse de rayas y puntos con las propiedades del spin para, de este modo, transmitir un mensaje.

Esto es cierto. Sin embargo, hay algo que yo si sé cuando mido el spin: sé que si he obtenido “derecho”, la persona que mida la otra partícula obtendrá “izquierdo”.

Es cierto que eso no es estrictamente transmitir información, pero sí parece ser de alguna manera obtener información. Para verlo más claro, podemos diseñar un sencillo experimento mental.

LA INVASIÓN SKRULL

The Skrulls

skrulls

Los skrulls planificando la invasión

El Sistema Solar va a ser atacado por los Skrulls. No sabemos cuándo, pero sabemos que tarde o temprano los skrulls regresarán.

Los terrestres tenemos una flota destacada en Alpha Centauro, a años luz de la Tierra.

Por allí pasarán los Skrulls en su camino a la Tierra.

Sólo vamos a tener dos posibilidades para golpear a los Skrulls y detener su invasión, una en Alpha Centauro y la otra en el Sistema Solar.

Afortunadamente, tenemos un arma doble, magnético-atómica, tanto en Alpha Centauro como en la Tierra. Si en Alpha Centauro se emplea la parte magnética del Arma, en el Sistema Solar deberemos emplear la parte atómica para completar la destrucción del Escudo Skrull que protege sus naves.

Tras el primer golpe, los Skrulls, debilitados pero no vencidos, aniquilarán a su primer atacante de Alpha Centauro y seguirán su camino hacia la Tierra. El sacrificio de Alpha Centauro salvará a la humanidad.

Pero resulta que no hemos podido contactar con Alpha Centauro para decidir con qué atacarán ellos y con qué atacaremos nosotros, porque el ataque skrull ha sido imposible de prever. El problema es que la coordinación en el uso del arma es indispensable: si no sucede así, la flota Skrull sobrevivirá y la humanidad terrestre será aniquilada.

Afortunadamente, poseemos un código para casos de emergencia como éste (que hemos conservado desde las Guerras Mutantes): consiste en medir el spin de partículas correlacionadas de Alpha Centauro y del Sistema Solar. Regularmente, tanto en Alpha Centauro como en la Tierra se mide el spin de partículas entrelazadas entre Alpha Centauro y el Sistema Solar. En cuanto veamos a la flota acercándose a la órbita de Urano, debemos comprobar esa correlación o entrelazamiento.

Si, entonces, medimos el spin de una partícula entrelazada y obtenemos “derecho” sabemos que en Alpha Centauro obtuvieron “izquierdo” al medir la otra partícula y que izquierdo significa usar el arma magnética, con lo que nosotros deberemos usar el arma atómica y completar la destrucción de los skrulls. Parece difícil, pero si eso ha sido posible entre dos partículas correlacionadas en Japón y Francia (según el experimento de Aspect), no parece una imposibilidad.

Esta es la idea. Ya sé que eso no es exactamente transmitir información: nosotros no recibimos ningún mensaje de nuestros aliados de Alpha Centauro, ni ellos nos lo mandan y, sin embargo, sí sabemos lo que han hecho y lo que, en consecuencia, debemos hacer nosotros para detener a los skrulls.

No sé si ha resultado muy convincente, pero es sólo una idea o sugerencia para pensar en este asunto interesante de transmitir un mensaje sin transmitir un mensaje.

Los Skrulls en Times Square: alguien midió mal el spin de una partícula

Los Skrulls en Times Square: alguien midió mal el spin de una partícula

[Escrito en 2004]

NOTA 2014

Recupero esta vieja entrada tras una conversación con mi hijo Bruno acerca de un descubrimiento reciente relacionado con un experimento reciente que mostraba de alguna manera la posibilidad de trasmitir información a mayor velocidad que la de la luz. No sé si tenía relación con el experimento de Aspect (que se hizo en 1982) o es otra cosa. Tal vez lo explique él en un comentario a esta entrada.

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NOTA EN 2004

Creo que todo esto tiene que ver también con lo analógico y digital en más de un sentido.

2014: esto lo explicaré en otro momento. Tiene relación, creo, con mi ensayo “Porqué el mundo digital no es digital”

NOTA EN 2004: En una próxima ocasión, cumpliré la promesa hecha a la atenta Proserpina en Seingalt diario secreto y explicaré cómo es posible ver el pasado (pero no viajar al pasado).

2014: No sé si he cumplido ya esa promesa: buscaré en mis entradas antiguas.

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Las comparaciones no son odiosas

khemimaat

En  “Un enlace casual en Google” conté cómo llegué de manera azarosa a una página dedicada a los dioses de Khemi. Cuando lo leí me vinieron a la memoria algunos mitos griegos semejantes a los que cuenta Jaime E. Cabria acerca de la eneada heliopolitana. No digo que los mitos griegos que se me ocurrieron procedan de Egipto, aunque es muy posible que en algunos casos fuera así, sino que tan sólo me limite a notar sus semejanzas.

Se me ocurrió entonces un método creativo, que consiste en hacer comparaciones automáticas, imitando los métodos del pensamiento automático de los dadaístas o los surrealistas (o los psicoanalistas). El método consiste en, al leer un texto, escribir sin pensar cualquier similitud que te venga a la mente.

El juego de estas comparaciones consiste en escribir de corrido, sin detenerte a pensar. Ello provoca grandes olvidos, de los que me doy cuenta ahora, pero ahí está la gracia, porque también eso causa o establece parentescos absurdos, que uno no aceptaría si se pusiese a pensárselo dos veces.

Por cierto, el nombre del juego (Las comparaciones no son odiosas) me sirve para decir que no creo en esa idea que sostiene que las comparaciones son odiosas: al contrario. Son interesantes, estimulantes y casi imprescindibles. Ahora bien, lo que sí sucede es que hay comparaciones que también son odiosas: casi siempre depende de la intención de quien compara.

COMPARACIÓN AUTOMÁTICA 001: Los dioses de Khemi

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Creatividad y teorías bastante extravagantes

Error: puede que no exista la vista de e379553w5r

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Nuevos lenguajes y creatividad

Santillana Lab Participantes

Hace unas semanas asistí como alumno y profesor a un taller, encuentro o clinic en , invitado por Fernando Herranz Mayoral y Juan Carlos Pérez.

santillanalabDanielEstuve allí como alumno porque compartí aquella sesión con personas de diversas profesiones, con las que aprendí muchas cosa verdaderamente interesantes; como profesor porque intenté aportar ideas relacionadas con mi trabajo como guionista o director o profesor de guión, dirección, creatividad o literatura. Es una manera de generar ideas que siempre me ha gustado, y que hizo célebre el MediaLab del MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets), quizá el mayor centro de invención e innovación mundial.

La sesión tuvo lugar en un lugar llamado El Play, donde nos conocimos todos los participantes, charlamos un rato de manera distendida y después nos dividimos en dos grupos de trabajo, para compartir ideas y propuestas acerca de los nuevos lenguajes en la educación. Después los dos grupos volvimos a juntarnos y se hizo un resumen de los aspectos más interesantes.

#santillanalab

El viernes 13 de junio tendrá lugar la segunda sesión.

Pronto contaré más detalles, pero por ahora dejo aquí uno de los resultados de la sesión, una historieta en la que aparecemos los participantes.

[google-drive-embed url=”https://drive.google.com/file/d/0B6VhcXVdCFG1XzJWNzJoaWZSS1k/preview?usp=drivesdk” title=”Comic_SantillanaLABII (1).pdf” icon=”https://ssl.gstatic.com/docs/doclist/images/icon_12_pdf_list.png” width=”100%” height=”400″ style=”embed”]

[Puedes usar la barra lateral para leer el comic completo]


 

Creatividad y teorías bastante extravagantes

Error: puede que no exista la vista de e379553w5r

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El futuro en el presente: retroproyección futura

 Hace muchos años empecé a aplicar un método (al que todavía recurro alguna vez) que es muy semejante a la prognóstica aplicada, la ciencia que se ocupa de la predicción del futuro. Mi método tiene similitudes también con el análisis premortem y con los obituarios del marketing, como el de Coca-Cola.

Es algo que podríamos llamar “retroproyección futura” y que se podría definir de la siguiente manera: “Recordar el futuro desde el presente”.

El método consiste en situarse en un hipotético futuro e imaginar cómo será recordado el presente que estamos viviendo, qué pensaremos entonces acerca de las acciones que estamos realizando ahora, que nos parecerán las decisiones que estamos tomando en este momento.

En definitiva, cuando me encuentro en una situación en la que me resulta difícil encontrar soluciones, hago un ejercicio de prognóstica o proyección futura y me digo a mí mismo: “Cuando transcurran unos cuantos años y recuerde este momento y en estos problemas, ¿a qué conclusiones llegaré?”. En definitiva, me dedico a imaginar a mi yo del futuro reflexionando acerca de los errores de mi yo del presente. A continuación, intento expresar las conclusiones de ese yo futuro. Un ejemplo de lo que podría pensar mi yo futuro: “Entonces no me daba cuenta de que no era tan difícil dejar el trabajo y cambiar de profesión”. O cualquier otro planteamiento semejante.

En la película “Looper” se emplea un método semejante a la retroproyección futura

La razón de que aplicase este curioso método es que había observado que tenemos las cosas bastante claras cuando examinamos desde el presente el pasado, no solo por la razón obvia de que ahora disponemos de más información que entonces y sabemos cómo acabó todo, sino también porque podemos juzgar desde cierta distancia, con otra perspectiva, y sobre todo con menos implicación emocional. Eso nos permite examinar con serenidad y mayor objetividad una situación pasada. La conclusión a la que solemos llegar, cuando pensamos en esos problemas de nuestro pasado que tanto nos inquietaban, suele ser que casi existían otras posibilidades o líneas de acción que no supimos, que no quisimos o que no pudimos ver entonces.

Probablemente también llegué a este método aplicando un razonamiento inductivo que me ha servido en muchas ocasiones para quitar dramatismo a ciertas situaciones:

“Ahora que estás desesperado, deprimido o angustiado recuerda todas las veces que has estado en una estado anímico semejante, o en situaciones igual de preocupantes… y pregúntate: ¿Cuántas de esas situaciones tuvieron consecuencias irreparables?”.

La respuesta a esta pregunta suele ser: “Pocas o ninguna”. Casi nunca pasa nada terrible o irreparable. Es cierto que a veces hemos tomado decisiones que son irreversibles, como una ruptura amorosa definitiva, pero con el paso del tiempo, incluso en estos casos llegamos a considerar que lo que sucedió era inevitable, o al menos que pudimos seguir viviendo a pesar de ello.

Es verdad que en algunas ocasiones no nos hemos recuperado del todo y que el dolor todavía nos afecta en ciertos momentos, pero, si somos sinceros, esos casos son muy pocos, tal vez dos o tres, quizá cinco o siete. Sin embargo, lo más probable es que hayamos estado deprimidos decenas o cientos de veces. El porcentaje de consecuencias verdaderamente dramáticas suele ser mucho más pequeño de lo que creemos de manera intuitiva.

Este método inductivo, semejante al que consiste en pensar que si algo sucede a menudo lo más probable es que siga sucediendo (por ejemplo, que el sol saldrá mañana como ha salido durante miles de días de nuestra vida), nos hace concluir que los problemas que ahora nos angustian se acabarán resolviendo de alguna manera y que existe una muy pequeña probabilidad de que no se resuelvan: el sol seguirá saliendo durante miles de día, Aunque es cierto que algún día no saldrá, al menos para nosotros y para quienes habiten en el planeta Tierra cuando el Sol colapse, o cuando no estemos allí para contemplar el amanecer Pero, al fin y al cabo, el método inductivo no es demostrativo.


[Publicado por primera vez en el 13 de octubre de 2019]
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Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas

Hace un tiempo tuve una conversación con mi amigo Bernard M’ba acerca de los traductores automáticos que desde hace un tiempo está popularizando Google, ya se trate de traducción simultánea, de  textos en Internet o de subtítulos automáticos en Youtube. Quienes los usan se quejan de que todavía (en 2011) son muy imperfectos y hay quien dice que siempre serán necesarios los traductores humanos.

Hasta hace pocos años se decía lo mismo del ajedrez: “Es un juego tan complejo que nunca un computador podrá ganar al campeón mundial humano”. Sin embargo, desde que el ordenador Deep Blue venció a Kasparov, sabemos que el campeón mundial de ajedrez sería hoy una máquina, si las dejaran participar en el torneo.

La campeona o campeón mundial de ajedrez

Lo curioso es que en el siglo XX se llegó a pensar que ni siquiera los humanos serían capaces alguna vez de llevar a cabo una traducción simultánea. Ved Metha lo cuenta en un artículo incluido en uno de sus libros, quizá en La mosca en el vaso. Metha cuenta que en los inicios de  la Sociedad de Naciones y la ONU se pensaba que no era posible que en tiempo real una persona escuchase hablar a alguien en chino, pensara en la traducción, la dijera en francés y, al mismo tiempo, siguiera escuchando a la persona que hablaba en chino. ¿Cómo llevar a cabo dos tareas casi contradictorias a la vez?  También menciona Metha  aquella célebre anécdota (probablemente inventada pero elocuente) del mensaje bíblico que los americanos enviaron a los rusos:

“El espíritu es fuerte, pero la carne es débil”

que los rusos tradujeron:

“El vodka está estupendo, pero la carne está podrida”

Ved Metha

 En cualquier caso, aunque los traductores automáticos todavía estén lejos de superar a los seres humanos, ya son bastante útiles, aunque conviene usarlos sin intentar entenderlo todo. Por ejemplo, he descubierto que es mejor escuchar esas traducciones que leerlas, porque de ese modo es más fácil hacer la vista gorda y no encasquillarse en los errores que se detecten aquí y allá, que resultan mucho más evidentes en la lectura.

En general, casi siempre es mejor no ser en exceso puntilloso y meticuloso, por ejemplo al ver una obra artística, ya sea en cine, literatura, teatro, escultura o cualquier otra. Detenerse en pequeños detalles muchas veces nos impide entender de manera más amplia lo que nos está proponiendo. Conviene, como decían los escépticos antiguos, suspender el juicio, al menos en un primer momento o durante la contemplación de la obra. El análisis debe venir a continuación, no previamente.

De acuerdo, ya sé que, aunque no queramos nuestro, cerebro siempre analiza, pero podemos y quizá debemos evitar la redundancia analítica, si intentamos frenar o mantener en segundo plano nuestra obsesión analista, al menos durante un tiempo.

Si uno hace la vista o el oído un poco sordo a las traducciones de Google, al menos en las de inglés a español, que son las más avanzadas, descubrirá que entiende casi todo, como cuando leemos una cita como la siguiente:

” Sgeun un etsduio, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneilbe.”

Además, y eso es lo que comentaba con Bernard, una mala traducción puede ser muy interesante, porque puede proporcionarnos ideas nuevas.

A mí me ha sucedido varias veces que, al escuchar o leer un texto escrito en inglés, he entendido mal algunas cosas y eso me ha hecho pensar que el autor decía algo que en realidad no decía. Lo curioso es que esas cosas mal entendidas a veces eran más interesantes que las que de verdad decía el autor.

Lo anterior tiene una ventaja añadida, porque, puesto que se trata de una  interpretación errónea por nuestra parte y no de una interpretación literal de lo pensaba el autor, entonces se puede decir que esas ideas erróneas pero interesantes  se nos han ocurrido a nosotros.

En un ejemplo de lo fructífero que puede ser el error.


 [Publicado por primera vez en Inventario digital, 4 de marzo de 2011]

¿Nota en 2016?

Añado ahora dos comentarios:

1. Lamentable o afortunadamente, los traductores automáticos de Google cada vez funcionan mejor, al menos del inglés al español. Los últimos libros que he leído (o escuchado) apenas he podido malinterpretarlos, porque se entendía casi todo. Me ha parecido percibir que el último gran escollo para la traducción automática es que a veces convierte frases negativas en positivas y a la inversa, y que no maneja bien construcciones con “pero” o “sino”.

2. Una curiosidad: el texto con las letras cambiadas que cito más arriba se lee con bastante facilidad, pero escuchado apenas se logra entender. Habrá que investigar por qué.

NOTA EN 2019

En la actualidad las traducciones automáticas de inglés a español son, en mi opinión, asombrosamente buenas, aunque todavía estén lejos de una excelente traducción humana. Pero parece  claro que el trabajo de los traductores humanos simultáneos pronto se verá amenazado por la inteligencia artificial.

Impronta

Escribí hace un tiempo (en 2004):

Marcos, el autor de la página Marcóticos lleva mucho tiempo blogianamente inactivo. Desde aquí le animo a que suba cada día un  parrafito de cualquier cosa, para mantener la fidelidad de sus lectores, que ya desesperamos de volver a leerle. Basta con poner algo así como:

“Hoy me he enterado de que si se impregna a una oveja recién nacida con la impronta de una abeja, la oveja se considerará hija de la abeja y la seguirá a todas partes, intentando incluso fabricar miel mascando flores”.

Es suficientemente interesante para que los lectores regresemos al día siguiente a su blog.

Ahora (2012) animo de nuevo a Marcos a retomar la actividad perdida, ahora en alguna de sus actuales páginas, como Tanhäuser CabaretEl cuaderno de Orión.

Hacer algo o nada

pereza180px-Lavarropas_perezaUna cita de Samuel Johnson, al que se consideraba hasta hace poco el autor más citado del mundo (quizá solo por detrás de Shakespeare):

«El que aguarda para hacer mucho de una sola vez, nunca hará nada».

La idea casi coincide con otra que también me gusta mucho: «Es el mayor de los errores no hacer nada por querer hacerlo todo», que no es una frase mía, pero no he encontrado al autor (quizá se trate del propio Johnson o de Skip Thorne).

Intento siempre recordar y aplicar esos dos consejos y esa es, con toda probabilidad, una de las razones que explica casi todos los errores y equivocaciones que cometo, puesto que prefiero hacer las cosas mal a no hacerlas.

Por supuesto, sería mucho mejor hacer las cosas siempre bien, pero esa no es la verdadera dicotomía frente a la que solemos vernos enfrentados. El problema  que se nos plantea no suele estar entre «hacer las cosas bien» o «hacer las cosas mal» sino que más bien somos nosotros mismos quienes establecemos una dicotomía absurda: «hacer las cosas bien» frente a «no hacer las cosas».

Y como también suele suceder que ante cualquier desafío llega un momento en el que empezamos a darnos cuenta de que no va a ser fácil resolverlo bien, entonces decidimos ni siquiera  intentarlo: «Como no voy a poder hacerlo bien…» ¿Y por qué no podemos hacerlo bien?

Hay mil razones: «Porque no tengo tiempo, porque no tengo ánimo, porque no encuentro un documento que necesito, porque no sé para qué va a servir, porque quizá puedo hacer otra cosa más útil, porque alguien me va a interrumpir…» En conclusión: ya que no voy a poder hacerlo bien, mejor ni siquiera lo hago.

Otra cita muy relacionada con el mecanismo mental que acabo de describir es aquella que dice: “La única manera de no fracasar nunca es no intentarlo nunca».

Para terminar con otro autor también muy citado, Gilbert Keith Chesterton, y con la cita suya que quizá más he citado yo mismo:

“Las cosas que merece la pena hacer, vale la pena hacerlas mal».


[Escrito en 2003. Revisado en 2012 y 2020]


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La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su C.I. (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología que ya mencioné en una ocasión anterior: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías que se basan en la observación y la ciencia, me parece que la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida, lo que no implica negar la influencia de la genética en el ser humano, como sostienen algunos opositores de Gould.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con una improbable mutación genética que se haya producido en las últimas tres décadas solo en esa parte del planeta.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Amy Chua, vestida de negro, con sus hijas y su marido (en el extremo derecho) en una presentación en Shanghai.

2018: Recientemente, Amy Chua ha publicado un nuevo libro, en esta ocasión junto a su marido, en el que sostiene que ciertas etnias o comunidades (en las noticias suelen escribir “razas” de manera absurda) desarrollan sus capacidades cognitivas mejor que otras. En concreto se refiere a ocho comunidades: judios, indios (de la India), chinos, persas o iraníes, libaneses, nigerianos, cubanos exiliados y mormones. La razón no sería genética, como es obvio al estar ahí los mormones incluidos, sino que se debería a un triple factor que comparten esas comunidades: un complejo o sentimiento de superioridad, inseguridad y capacidad de controlar los impulsos. Como no he leído el libro, no puedo juzgar si sus argumentos son sólidos o no. Sí que he oído hablar de estudios sociológicos en los que las personas con complejo de superioridad, con el sentimiento de que son mejores que los demás por alguna razón, suelen obtener mejores resultados que las otras, incluso en pruebas en las que se les imbuye de ese sentimiento de superioridad en el momento mismo de la prueba (por ejemplo, haciendo que acierten en cuestionarios preliminares trucados). También es obvio que los persas, los chinos, los mormones y los judíos se consideran pertenecientes a culturas superiores al resto o al menos a grandes culturas. Pero simpre es arriesgado establecer conclusiones tan decisivas a partir de ciertas coincidencias.

 


[Publicado el 20 de marzo de 2013. Revisado en 2018]

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Error: puede que no exista la vista de e379553w5r

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El genio no nace, se hace

Que yo sepa, no se conoce ningún caso de genio que no haya necesitado hacerse, más allá de algún matemático, algún músico  o alguna persona dotada para ciertas operaciones mentales, que casi siempre combina su genialidad en ese terreno con el autismo o alguna otra característica mental que suele afectar a su vida cotidiana. Lo que antaño se llamaban idiots savants, idiotas sabios. Pero eso no es lo que suele considerarse un genio, sino tan solo “un genio… para el cálculo”, por ejemplo.

En realidad, yo estoy en contra de la definición de alguien como “genio”, pero podemos emplear la palabra para referirnos a esas personas que han destacado de manera notable en la historia de la ciencia, el arte, la invención o el pensamiento. No creo, por otra parte, que los genios que conocemos hayan sido las únicas personas que podían haber logrado lo que ellos lograron. Sería absurdo pensar que entre los miles de millones de individuos que han nacido en cientos de ciudades y en miles de pueblos perdidos ninguno de ellos pudiera haberse convertido en un genio.

Jorge Luis Borges

Tampoco es sin duda casualidad que casi todos los genios que han pasado a la historia procedan de lugares más o menos desarrollados, al menos desde el punto de vista cultural, y todos o casi todos han tenido a su alcance medios de los que no disponían muchos otros. El hecho de que apenas se mencionen dos o tres decenas de mujeres artistas o científicas antes del siglo XX, pero sí miles de hombres, no puede ser una simple casualidad. Aún teniendo en cuenta el machismo que ha ocultado muchos nombres de mujeres, la gran mayoría de las mujeres no tuvieron ni la más mínima oportunidad para desarrollar su talento a lo largo de casi toda la historia.

Es obvio también que Jorge Luis Borges no habría podido sentir la fascinación por la literatura inglesa que le permitió redefinir la escritura en español, si su abuela no le hubiera enseñado inglés casi como primera lengua.

Tampoco creo en la existencia de razas humanas, algo en lo que Borges sí creía (lo que es una muestra de que la educación también puede ser incompleta incluso en alguien como él), pero me permitiré usar la palabra negro, a pesar de que creo que no significa casi nada (ya he dicho que tampoco creo que signifique mucho la palabra “genio”): ¿crees el lector que Obama es el negro más inteligente de todos los que existen y han existido y que ninguno podría superarlo?

Sí, es cierto que parece muy inteligente, pero ¿no le puede haber dado una cierta ventaja el haber nacido en el territorio norteamericano de Hawai y haberse educado en Estados Unidos en los años 60 del siglo XX?

¿Cree el lector que es tan solo una asombrosa casualidad el que dos de los negros que figuran en todas las historias de la literatura universal nacieran en Europa? Me refiero, por supuesto, a Pushkin, símbolo de la poesía y la literatura rusa, y a Alejandro Dumas, gran patriarca de la literatura francesa. Por cierto, ¿cree el lector que también se debe a la casualidad que casi nadie sepa que eran negros?

Alejandro Dumas

Afortunado aquel que nace en una ciudad poderosa, decía Platón:

“Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, hombre y no mujer, libre y no esclavo. Pero sobre todo agradezco el haber nacido en el siglo de Sócrates”.

No debe creer el lector que la preferencia de Platón por ser hombre y no mujer se deba a su misoginia o machismo, pues Platón es considerado, con razón, uno de los filósofos más cercanos al feminismo, al menos en comparación con su discípulo Aristóteles y otros pensadores de su época, con la excepción de Epicuro y Aristipo, quizá.

Alexander Pushkin

Esa preferencia de Platón se debe a que pudo observar las pocas oportunidades que tenían las mujeres en su época para desarrollar sus talentos intelectuales, políticos o creativos, del mismo modo que sabía perfectamente cuáles eran las ventajas de nacer libre y no esclavo, gracias a su propia experiencia, pues Platón fue vendido como esclavo por el tirano de Siracusa y pasó varios años en esta condición hasta que pudo ser rescatado.

Para defender que son los genes y no la educación los responsables de la existencia de los genios, se dice que los grandes maestros raramente tienen grandes discípulos. Es muy discutible que eso sea cierto.

Sócrates tuvo como discípulo a Platón, pero también a Antístenes, a Aristipo, a Euclides y a muchos más. Platón, a su vez, tuvo como discípulo a Aristóteles, quien tuvo como discípulo a Teofastro, que al parecer era también un filósofo de cuidado. En cualquier caso, los tres filósofos griegos más conocidos (Sócrates, Platón y Aristóteles) siguen una línea continua de maestro-discípulo. En el chan budista chino, la versión del budismo dhyana indio y el origen del zen japonés, sucede lo mismo: a cada maestro le sucede un nuevo maestro comparable a él, que no es su hijo, sino su discípulo, hasta tal punto que se producen escisiones continuas, porque los discípulos creen siempre hallar una verdad o una variante que supera la versión del maestro.

El medio griego den la antiguedad dio durante varios siglos decenas de filósofos, arquitectos y artistas. ¿Por qué dejó de darlos? ¿Cree el lector que se produjo una mutación genética que volvió estúpidos a los griegos? De hecho, el medio griego siguió dando pensadores en el lugar más desarrollado de la época, Bizancio, aunque la presencia cultural excesiva de la religión ortodoxa tal vez echó a perder parte de sus posibilidades, como lo hizo el catolicismo en Europa, consiguiendo que pensadores tan impresionantes como Escoto Erígena, Guillermo de Ockham o Nicolás de Cusa perdieran cientos de horas discutiendo acerca de esencias divinas, porque ese era el tema casi único del momento.

Confucio

En la Inglaterra Isabelina, Shakespeare no estaba solo: convivió con Christopher Marlowe, John Ford, John Donne y Ben Jonson, entre otros. En España, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Góngora fueron contemporáneos. En la época de los Reinos Combatientes, antes de la unificación de China, se concentran las tres cuartas partes de los filósofos chinos; en la época Tang muchos de sus mejores poetas, en la Song los pintores y en la Yuan o mongola el mejor teatro.

A pesar de que los ejemplos se podrían multiplicar sin fin, se insiste una y otra vez en que los genes son más importantes que la educación y el medio circundante. Pero en la historia del arte, la filosofía y la ciencia hay pocos ejemplos de hijos que suceden a sus padres, excepto entre los artesanos, que aprendían el oficio porque era su mejor medio de vida. El problema es que, incluso en los casos en los que se da la sucesión padre-hijo, es difícil negar la importancia del ambiente, de la educación y de la enseñanza trasmitida. El hijo suele haber nosolo heredado los genes de sus padres, sino también los ha tenido como ejemplo.

Por otra parte, a veces se menosprecia la importancia del entorno para, de este modo, defender los propios méritos. Es como decir: “Me merezco mi fama, no por los privilegios de los que he gozado, sino porque soy genéticamente superior”. Es un planteamiento absurdo. Como si fuera más digno heredar que adquirir: aquello de lo que podemos presumir es lo que hemos alcanzado por nuestro esfuerzo (con la pequeña o gran ayuda del entorno), no aquello que nos vino ya de fábrica en los genes.

Sin embargo, las fábulas tradicionales, los cuentos de hadas o películas como La guerra de las Galaxias nos acostumbran a ese relato de la herencia genética. Es el relato de la pereza y la vagancia, en el que uno cree que le ha tocado la lotería genética, como quien espera que su décimo salga premiado en el próximo sorteo.

Padre e hijo, genios de la Fuerza


[Publicado por primera vez el 1 de enero de 2013 en Divertinajes. revisado en 2017]

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