La calabaza de Huizi
Lectura del Zhuangzi /5

Huizi dijo a Zhuangzi:
“El rey de Wei me dio una semilla de calabaza.
Cuando ésta creció, era tan enorme
que no servía ni de cántaro para agua:
¡imposible levantarla!
La partí para hacer cazos,
pero incluso éstos resultaban demasiado grandes.
Así que la rompí en pedacitos”.

Zhuangzi respondió:
“No sabes hacer uso de lo grande.
Un hombre de Song inventó un bálsamo para manos cortadas.
Por generaciones, su familia lavaba y blanqueaba la seda.
Un forastero se interesó por la receta
y le ofreció cien piezas de oro.
El inventor dijo a su familia:
“Desde hace años, lavando seda
no ganamos apenas unas monedas
y en sólo una mañana podemos ganar cien piezas de oro.
¡Vamos pues a venderla!”.
El forastero, después de adquirirla,
se la ofreció al rey de Wu;
éste, agradecido, le nombró general
de la flota contra Yue.
En pleno invierno consiguió una victoria
y como recompensa obtuvo un feudo.
El bálsamo para no agrietarse las manos,
a uno le sirvió para lavar la seda,
a otro para obtener un feudo.
Todo depende de la utilidad que se le dé.
Esa enorme calabaza que tenías,
en lugar de quejarte de sus defectos,
¿por qué no la usaste como balsa
para navegar por lagos y por ríos?
¡Desde luego que eres obtuso!”.

Huizi dijo:
“Tengo un gran arbol al que llaman ailanto,
de tan nudoso tronco y ramas tan retorcidas,
que escuadra, cuerda y compás no pueden medirlo.
Se yergue al borde del camino,
pero a ningún carpintero le interesa.
Igual que tus palabras, ¡tan grandes,
tan inútiles, que no sirven para nada!”.
A lo que Zhuang Zi respondió:
“¿No has visto a la comadreja
cómo se agacha y se encorva
para atrapar a su presa?
¿Cómo salta hacia el este y el oeste,
hacia arriba y hacia abajo,
aunque un día caiga en la trampa
y acabe por morir en la red?
En cambio ese yak,
tan grande como una nube
que cubre los confines del cielo,
incapaz es de atrapar un ratón.
Este árbol, del que lamentas su inutilidad,
¿por qué no lo plantas en las extensas
llanuras de la nada?
Paséate bajo él y duerme bajo su sombra.
Nunca conocerá los golpes del hacha
ni sufrirá daño alguno.
Su estado es lo inútil.
¿Qué podría entonces perturbarlo?”.

Zhuang Zi
Libros interiores

Libro 1
Nei Pian

Capítulo 1
Libre caminar

“La calabaza de Huizi”

 

Huizi y la Escuela de los Nombres

El interlocutor de Zhuangzi en esta ocasión es Huizi (maestro Hui). Nació en el estado de Song, que, recordemos, era uno de los estados combatientes que existían antes de que China existiese como tal. Probablemente vivió entre el -370 y el -320 y era ministro del rey de Wei.

Este rey de Wei se llamaba también Hui (-390/-319), como el amigo de Zhuangzi, pero no hay que confundirlos. En China había, y creo que todavía hay, pocos nombres propios de persona.

Eso también sucedía en la antigua Roma, donde había unos cuantos nombres de varón: Gayo, Aulo, Appio, Marco, etcétera, y los  que se ponían a los hijos según el orden de su nacimiento: Quinto, Decio, Sexto, Septimio… Para las mujeres también había unos pocos nombres propios y además solían utilizar no su nombre propio o praenomen sino la forma femenina de su nomen (el nombre de su gens o clan). Por ejemplo, Claudia o Cornelia.

La costumbre de usar pocos nombres se fue relajando con el tiempo, quizás debido a la influencia que sobre la cultura romana ejercieron los pueblos conquistados.

Es muy interesante observar cómo cambian los nombres en distintos períodos históricos. Si se lee una obra del siglo XVII francés, se encuentran muchos nombres que hoy en día casi nadie pone a sus hijos. A menudo se puede saber la época en que ha sido escrita una obra mirando simplemente los nombres personales. Esto sucede incluso en la Grecia antigua: los nombres de la época de Sócrates suelen ser muy distintos a los de la época alejandrina. No sé si existe algún estudio detallado acerca de este asunto, que resulta muy interesante. En cuanto a si eso sucede en China o no, mi ignorancia me impide contestar en uno u otro sentido.

A menudo, desde Hegel, e incluso desde Lichtenberg, se ha dicho que en China nunca cambiaban las cosas y se decía que era un Imperio inmóvil a través de los siglos, pero ahora  sabemos que eso es un error tremendo. A primera vista da la impresión de que en China hay pocos nombres propios y me parece recordar que también existió en algún momento una norma acerca de la limitación de nombres. Es frecuente, por ejemplo, encontrar en el reparto de una película muchas personas con nombres como Li, Yang o Shang.

Pero tal vez sea una impresión errónea, como la de alguien que pensara, tras ver una película española, que casi todos nos llamamos García o Fernández, o Juan, Jose o Pedro.

Más adelante, cuando haya otra ocasión, hablaré de los nombres y apellidos chinos.

China

El interlocutor de Zhuang zi (Huizi) se refiere al rey Hui de Wei, también llamado “rey Hui de Liang”, porque se vio obligado a trasladar literalmente todo su reino desde la provincia de Hubei a la de Da liang

 

La Escuela de los Nombres

Pero Huizi no es importante por haber sido ministro de un rey, sino por ser uno de los filósofos más influyentes de la Escuela de los nombres (ming jia).

Como se cuenta más adelante, en el capítulo 33 del Zhuang zi, los libros de Huizi llenaban cinco carretas”. La pena es que no se ha conservado ninguno de ellos, ni siquiera el que tenía su nombre, el Huizi.

Hay que recordar también que el primer emperador que unificó China intentó destruir casi todos los libros antiguos. Quizá lo consiguió, pues sólo se conservan varios libros confucianos y algunos taoístas, como el Laozi y el propio Zhuangzi, y otros pocos dispersos, como el Mo Di. Pero de las cien escuelas de pensamiento que se decía existían en la época de los Reinos Combatientes apenas quedó nada.

De la interesantísima Escuela de los Nombres, considerada de carácter logicista, apenas quedan seis breves capítulos de Gongsun Long, considerado un “sofista chino” por su semejanza con los sofistas griegos. El más célebre de los acertijos o disparates lógicos de Gongsun Long es el que afirma qué un caballo blanco no es un caballo. De Huiz se conservan algunas frases de sentido también entre paradójico y enigmático, como:

“Los huevos tienen plumas”

“Las ruedas al rodar no tocan el suelo”

“Un caballo bayo y un búfalo negro son tres”

Lo más asombroso es que algunas de las paradojas de la Escuela de los Nombres coinciden con una precisión asombrosa con las que planteaba el griego Zenón de Elea (quien, sin embargo no es propiamente un sofista):

“La flecha que vuela rauda hay momentos en que no se mueve y momentos en que no está parada”

“A un palo de un pie de largo, si cada día le van quitando la mitad, en diez mil generaciones aún no se habrá terminado”.

Huishi

En el Zhuangzi parece considerarse a Huizi un talento desperdiciado, porque perdía el tiempo en paradojas y discusiones puramente dialécticas. Pero hay razones para sospechar que la imagen de Huizi y de toda la Escuela de los Nombres ha sido distorsionada. No resulta fácil creer que una persona que sólo pensaba en jugar con el absurdo llegara a ser ministro del rey de Wei, ni que se molestara en escribir libros hasta llenar una carreta.

Lamentablemente, la historia y las ideas de la Escuela de los Nombres resultan demasiado confusas hoy en día y su conocimiento muy parcial. Tal vez algún día nos sorprenda algún descubrimiento arqueológico  que nos permita conocer más a fondo a estos filósofos. Mientras tanto, sólo podemos hacer conjeturas. Yo haré unas cuantas acerca de las sugerentes paradojas de Huizi cuando comente el capítulo 33 del Zhuang zi,  lo que sucederá (si sigo a este ritmo en este comentario) dentro de muchos años.

Vuelvo al fragmento comentado.

 

El ungüento del rey de Wu

El rey Hui le regalo a Huizi  unas semillas de las que nació una calabaza gigantesca. Se calcula que pesaba unos 60 kilos. Hui se lamenta de que esa prodigiosa calabaza no le resultó de ninguna utilidad, pues era demasiado grande para trasportar líquidos. Ni siquiera le sirvió tras dividirla en pedazos.

Zhuangzi demuestra entonces a Hui que se equivocó al despreciar la calabaza. Lo primero que hace es ponerle un ejemplo de una situación similar, en la que un hombre de Song que, poseía un ungüento para las manos se lo vendió a un extranjero. Por cierto, los hombres de Song eran al parecer en aquella época objeto de chistes y se les presentaba como tontos o simplones, algo así como los habitantes de Lepe en España, los escoceces en Gran Bretaña, o los españoles (“gallegos”) en Argentina. El extranjero se fue con el ungüento al reino de Wu y se lo ofreció al rey: gracias a ese ungüento, los soldados de Wu vencieron a los de Yue, pues la batalla tuvo lugar en pleno invierno. De este modo, el extranjero logró un feudo con el ungüento, mientras que al hombre de Song sólo le había servido para lavar seda.

Del mismo modo, dice Zhuangzi a Huizi, tú tenías una calabaza que podría haber sido un estupendo barco para navegar por los ríos, pero, en vez de darle ese uso, la destrozaste.

En estas dos historias se ve un aspecto del pensamiento de Zhuangzi que apenas es destacado por sus comentadores, pero que a mí me parece fundamental.

Habitualmente, se comentan este tipo de pasajes como muestras de la teoría que sostiene la virtud de ser inútil, o como un ejemplo de ingenio, o de pensamiento paradójico. Esas interpretaciones son correctas, pero también es importante darse cuenta de que estos pasajes revelan de manera clarísima la inteligencia práctica de Zhuangzi.

Al contrario de la imagen de los sabios taoístas ajenos al mundo y a sus problemas concretos, Zhuangzi discute acerca de cómo emplear una calabaza o un ungüento para las manos, y no ofrece soluciones místicas o espirituales, sino materiales y muy prácticas. En el Zhuangzi, como ya se verá, también se insiste en que no hay que apegarse a la tradición (el uso habitual que se le da a una calabaza o a un ungüento, en este caso) y se defiende la innovación. En esto, las ideas de Zhuangzi son muy diferentes a las de la mayoría de los filósofos chinos, especialmente los confucianos, pero también los taoístas, que suelen defender un cierto inmovilismo, mirando hacia el pasado, hacia los reyes legendarios en vez de hacia el futuro. Confucio y otros taoístas coinciden en eso con Platón, quien también, y aunque resulte asombroso al ver la variedad de sus ideas, era partidario de la tradición. Esta es una de las razones, supongo, que han hecho dudar a algunos estudiosos de que Zhuangzi fuera realmente taoísta.

Intentaré explicar este rasgo del Zhuangzi con mayor precisión, pero antes de continuar, le propongo al lector que resuelva un pequeño problema:

Probelma Nueve Puntos

Trace sólo cuatro líneas (sin levantar el lapiz del papel), que atraviesen todos los puntos.

 

Cómo resolver problemas

En el pasaje comentado, a pesar de lo que dice Zhuangzi al final “¡De dónde se colige lo obtuso de vuestras entendederas!”, que puede despistar al lector, lo importante no es que el filósofo chino muestre lo tontos que son Huizi con su calabaza y el hombre de Song con su ungüento. Al fin y al cabo, si lo pensamos bien, al menos en el caso del fabricante de ungüento, su invento ha servido a su familia durante generaciones para lavar seda; y además también le ha proporcionado a la familia las cien monedas que le ha pagado el extranjero. Así que no está mal por un simple ungüento para las manos agrietadas.

El verdadero problema, tanto para el hombre de Song como para el amigo de Zhuangzi, es que no han sabido aprovechar del todo lo que tenían. ¿Y por qué no lo han hecho?

Mi respuesta (y creo que la de Zhuangzi) es: “Por culpa de los prejuicios”.

Porque en pasajes como el comentado se muestra que la inteligencia práctica, la creatividad aplicada o la inventiva tiene mucho que ver con los prejuicios; mejor dicho, con la falta de prejuicios.

Regresemos al problema de los nueve puntos que planteé al lector. ¿Ha conseguido el lector resolverlo?

Quizá ni siquiera lo ha intentado. Es posible que se haya limitado a mirar el dibujo y haya continuado leyendo. Es lo que hacen la mayoría de los lectores ante un dilema o un juego: piensan que no va con ellos. Si eres de esos lectores, ¿por qué no retrocedes e intentas resolver el problema? Es mucho mejor ser del otro tipo de lectores, de los que sí intentan resolver dilemas y jugar a resolver enigmas y paradojas.

Pues bien, tal vez algún lector inquieto o impaciente haya intentado resolver el dilema de los nueve puntos de manera imaginaria, trazando las líneas en el aire. Eso quizá le haya hecho pensar que lo ha resuelto, así que le recomiendo que, para asegurarse, imprima el dibujo o lo copie con exactitud e intente resolverlo trazando realmente las cuatro líneas.

Lo interesante de este dilema es que resulta muy sencillo de resolver, pero que casi nunca es resuelto, al menos hasta que se ha intentado hacerlo de una y mil maneras. Cuando propongo este problema de los nueve puntos a mis alumnos de guión y creatividad, tardan en resolverlo o se acaban rindiendo.

 

La fuerza de los prejuicios

La dificultad para resolver el dilema de los nueve puntos, no está en el problema en sí, sino en la mente de quien intenta resolverlo, que ve más  cosas que las que tiene delante.

En efecto, no ve tan sólo los nueve puntos, sino también una especie de cuadrado formado por esos puntos.

Ahora bien, ese cuadrado que limita los puntos es completamente imaginario. No existe. Sin embargo, quienes intentan solucionar el problema no lo consiguen porque no quieren salirse de esos límites imaginarios. La solución, en efecto, consiste en trazar las cuatro líneas sin tener en cuenta ese cuadrado imaginario:

Nueve puntos solución

Esta es la solución estándar al problema. Lo más curioso es que, una vez rotos los límites imaginarios, se encuentran decenas de soluciones, como las que cuenta James L.Adams en Guía para superar bloqueos, y otras que yo añado en El secreto de la invención. La mejor la propuso un niño de ocho años: “Puedo atravesar los nueve puntos con una sola raya si me dejan usar un rotulador muy grande”.

Sin quererlo, sin ser conscientes de ello, nos ponemos límites, que a veces son bloqueos, otras veces simples tabúes o tan sólo percepciones erróneas nacidas de nuestra experiencia o de nuestro deseo de comprender o explicar las cosas.

Ahora sí puedo retomar algo que dije en la primera parte de esta lectura del Zhuangzi:

Hay una interesante conversación que se menciona de pasada (y de la que espero contar más detalles en otro momento):

Tang y Ji también tuvieron una conversación de este tenor: «Arriba y abajo, y en las cuatro direcciones, ¿hay límites?» -preguntó Tang a Ji. «¡Más allá de lo ilimitado sigue sin haber límites!» -respondió Ji.

Es algo que recuerda el célebre problema que plantea Lucrecio en Sobre la naturaleza: ¿qué sucedería si un arquero lanzara una flecha en el confín del universo. Mosca y Caja dan una respuesta en la Enciclopedia de filosofía de bolsillo: Lucrecio.<blockquote>

Antes de ocuparme de esa conversación entre Tang y Ji acerca de los límites, podemos ver la aventura de Mosca y Caja acerca del límite del universo, porque ya veremos que ambas cosas guardan una curiosa relación:

 

Tang y Ji (o Ge) discuten acerca de los límites

Para conocer con más detalle la conversación entre el rey Tang y el sabio Ji, tenemos que consultar otro libro, el Liezi, considerado el tercero en importancia del daoísmo, aunque se piensa que es una falsificación y que no fue escrito por el sabio llamado Liezi. En este libro, en el capítulo llamado Tang Wen, preguntas de Tang, encontramos al rey tang de Ying hablando con el sabio Ge (el mismo personaje que en el Zhuangzi es llamado Ji). Es una conversación verdaderamente interesante, pero no la citaré íntegra y me limitaré al asunto de los límites:

“Tang de Ying preguntó: “¿Tienen un límite y un final los ocho puntos del espacio” Ge le respondió: “No lo sé”. Tang insistió y Ge dijo: “Si el espacio es no ser (vacío), entonces no tiene límites. Si es ser, tendrá un final. Pero eso no puedo saberlo. Además, más allá de lo ilimitado volvemos a encontrarnos lo ilimitado y dentro de lo que no tiene final encontramos lo que nunca acaba. De manera que como lo ilimitado se prolonga en lo ilimitado y lo que no tiene final se resuelve en lo que nunca acaba, de ahí deduzco que el espacio no tiene límites ni final, y no puedo saber que tenga límites o final alguno”. (Liezi, traducción de Iñaki preciado para Kairós)

Una conclusión, como ya dije, que tiene cierta semejanza con el problema de la flecha de Lucrecio y la aventura de Mosca y Caja. Pero, volvamos ahora al problema de los nueve puntos y sus límites imaginarios.

Cuando vemos nueve puntos en tres hileras perfectamente alineadas, eso nos recuerda un cuadrado. Cuando vemos una calabaza, por grande que sea, enseguida pensamos en usarla para trasportar líquido (además de para comérnosla, claro).

Nuestra experiencia, el conocimiento adquirido a lo largo de nuestra vida, se convierte demasiado a menudo en un freno a nuestra imaginación: las calabazas sirven para llevar bebida, las bombillas para iluminar, los cigarrillos para fumarlos…

 

Cuando vemos ideas

Cuando Huishi mira la calabaza que ha crecido gracias a las semillas que le ha dado el rey, está viendo no la calabaza concreta que tiene delante, sino la idea de calabaza.

Casi siempre vemos, en efecto, no las cosas, sino las ideas que nos hemos hecho sobre las cosas.

El filósofo Jean Piaget mostró que los niños no dibujan las cosas que tienen delante, sino las ideas que tienen acerca de esas cosas. Es por ello que dibujan todas las patas de una mesa o de un caballo, a pesar de que no las vean en la perspectiva elegida. De ahí la utilidad de pruebas como el dibujo de la familia, en el que descubrimos o contemplamos la idea que el niño tiene sobre su familia en función de las ausencias o presencias. De todo esto hablo en Nada es lo que es, así que no lo repetiré aquí.

Los adultos también pensamos en función de nuestras ideas sobre las cosas, olvidándonos de mirarlas.

Miramos la idea que nos hemos hecho de una calabaza (incluidas sus utilidades posibles) en vez de la calabaza. A lo largo de nuestra vida vamos formando, a partir de la observación y la experiencia, ideas, que podríamos llamar postjuicios (juicios nacidos a posteriori, posteriormente a la observación de algo). Después, sin embargo, esos posjuicios, nacidos a menudo de una observación correcta y un juicio acertado acerca de esa observación, se convierten en prejuicios para futuras observaciones semejantes. En general eso es estupendo y los prejuicios (nacidos de postjuicios) suelen ser útiles, pero en otras ocasiones nos impiden pensar fuera de los límites que nosotros hemos establecido, como en el dilema de los nueve puntos.

El lavandero que inventó el ungüento para las manos logró darse cuenta de que su utilidad iba más allá de lo aparente: servía para lavar la seda (se supone que las manos quedan muy dañadas por este oficio); gracias a ello logró obtener un beneficio extra. Ese fue un ingenioso posjuicio.

Pero ese posjuicio se convirtió a su vez en un prejuicio, en una idea preconcebida (ya concebida), que evitó que descubriera otras utilidades para el ungüento. De todos modos, hay que tener en cuenta que en el fragmento el vendedor es un descendiente del inventor y que, aunque parece más útil asegurar la prosperidad de sucesivas generaciones que obtener cien monedas, parece razonable suponer que a cambio de cien monedas la familia reveló el secreto, pero no necesariamente perdió el derecho a seguir empleando la fórmula.

En cualquier caso, está claro que incluso las ideas ingeniosas que nos hacemos sobre las cosas, pueden ser un impedimento para el surgimiento de nuevas ideas. A menudo también son un freno al desarrollo de nuestro pensamiento y nos llevan a la intolerancia y el dogmatismo, al aplicar constantemente nuestros prejuicios a las nuevas realidades con las que nos enfrentamos.

Muchos filósofos han luchado contra el encantamiento de los prejuicios, de los conceptos mentales y del lenguaje. Zhuangzi lo hace constantemente (lo veremos más adelante) y también lo hacía la Escuela de los Nombres al proponer sus extrañas paradojas.

Cómo comemos significados

En el siglo XX Alfred Korzibsky inventó un nuevo sistema filosófico, la Semántica General, que el definía como no-aristotélico. Uno de sus rasgos es mostrar cómo nuestra visión de la realidad está contaminada por el lenguaje que empleamos para describirla, y por los prejuicios que nosotros mismos creamos. Volveré sobre el tema, pero aquí sólo añadiré una cita de mi ensayo Nada es lo que es, el problema de la identidad, en el que explico la idea aparentemente paradójica de Korzibsky según la cual “comemos significados”:

 “Un día en que estaba dando clase, interrumpió la lección y se excusó, explicó que no había tenido tiempo de desayunar y les preguntó a los alumnos si no les molestaba que comiese unas galletas. Sacó un paquete de galletas envueltas en un papel blanco de su maletín. Empezó a comer galletas y ofreció alguna a los estudiantes de las primeras filas.
-¿Están buenas, verdad?” -dijo Korzibsky, mientras comía una segunda galleta.
Los estudiantes asintieron mientras masticaban vigorosamente. Entonces, Korzybski arrancó el papel que envolvía las galletas y mostró el paquete original, en el que había un gran dibujo de una cabeza de perro y las palabras “Galletas para perros”.
Los estudiantes miraron el paquete y quedaron asqueados. Dos de ellos casi no pudieron evitar vomitar, se llevaron las manos a la boca y corrieron fuera de la clase hacia los lavabos. – Ahora pueden ver, señoras y señores -dijo Korzybski- que las personas no sólo comen comida, sino también palabras. Y que el gusto de la comida es a menudo deudor del gusto de las palabras.
Es posible, aunque no se aclara en la cita, que al final Korzybski revelara que no se trataba de galletas de perro, sino de galletas para seres humanos envueltas en un paquete de galletas de perro. En ese caso, todavía quedaría más claro que comemos significados, porque unas simples palabras de Korzybski podrían cambiar de nuevo una percepción, ahora del asco al placer.
La broma de Korzybski nos permite darnos cuenta de que lo que hace a una galleta ser una galleta, a menudo no depende de sus ingredientes, sino de nuestra mente.”

Todos estos asuntos fascinantes volverán a ser tratados con mucho más detenimiento en este comentario al Zhuangzi.

 

Comadrejas y yaks

Volvamos al último fragmento del texto comentado. En él, Huizi, muestra que no ha quedado en absoluto deslumbrado por lo que le ha contado Zhuang zi, sino que considera que ese tipo de soluciones ingeniosas parecen grandes y excelentes pero no tiene ninguna verdadera utilidad. y son sólo como un árbol de  ailanto, nudoso y gigantesco. En su opinión, Zhuangzi es como ese árbol. Para responderle, Zhuangzi compara a la comadreja que salta de un lado a otro ágilmente, pero que acaba cazada en una trampa o atrapada en una red, con el yak, que es un animal grande y poderoso pero incapaz de cazar a un ratón.

¿A qué obedece esta comparación? Aquí no parece que se nos quiera decir que la pequeña comadreja es superior al yak, ni el poderoso yak a la comadreja: cada uno tiene sus virtudes, pero también cada uno tiene sus defectos y debilidades.

Del mismo modo, el propio Huizi y su árbol de ailanto, podrían resultar de bastante provecho en un lugar en el que las grandes ramas del árbol dieran sombra. Allí, en ese país donde nada existe, el propio Huizi podría vivir plácidamente bajo las ramas de su árbol. Probablemente Zhuangzi está aludiendo a la vida en la corte, donde los peligros son constantes para su amigo.

En este discurso final de Zhuangzi, cuya intención final no resulta tan fácil de entender, se anticipa un asunto que será recurrente a lo largo de la obra, cuando dice que, en aquel lugar “el árbol no sufriría los golpes del hacha, ni cosa alguna lo podría maltraer”. Es la virtud de ser inútil, que encontraremos un poco más adelante. Pero ahora aclararé por qué digo que no es fácil entender la intención de Zhuangzi al burlarse de Huishi en este pasaje.

Lo que no resulta claro es por qué Huishi es burlado con aparentes paradojas que rompen con lo aceptado de manera convencional, puesto que Huishi es célebre preciosamente por sus paradojas. Tal vez la explicación sea que Huishi primero fue ministro del rey Hui de Wei (o de Liang) y sólo después, tal vez decepcionado y quizá convencido por su amigo Zhuangzi, se dedicó a crear paradojas asombrosas y a contradecir el sentido común. Pero de la personalidad de Huishi y su amistad con Zhuangzi habrá ocasión de hablar bastante en este comentario.

 

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Sube tú al trono y así el mundo
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Yo no soy apto para ello
y mientras siga en el poder
sólo veré mis fracasos.
Te lo ruego: toma el mando”.

Y Xu You le contestó:
“Señor, tú gobiernas el mundo
y el mundo está bien gobernado.
¿Tan sólo para ganar renombre
voy yo a ocupar ese puesto?
El renombre no es más que el huésped de lo real.
Yo, ¿un simple huésped?
Cuando el pájaro troglodita
construye en el bosque su nido,
una ramita le basta.
Cuando el topo bebe en el río,
toma lo justo para saciar su sed.
Señor, vuelve a tu trono.
¿Qué puedo yo hacer
con las riendas del mundo?
Si el cocinero falta a su oficio,
el que representa a los muertos
y el que invoca en los sacrificios
no abandonan ofrendas ni vino sagrado
para reemplazarle en su puesto.
[Libros interiores  (Nei Pian), libro 1, capítulo 1  (Libre caminar): 2. Xu You y el gobierno del mundo]
[Traducción de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer: Zhuangzi, los capítulos interiores]

 

Los emperadores legendarios de China

En el anterior apartado del Zhuang zi se mencionaban algunos personajes que destacaban por no necesitar nada, o casi nada, como Lie Zi, que volaba pero aún necesitaba el aire para sostenerle.

En este segundo apartado del Nei Pian, primero de los libros interiores, se trata el asunto de qué es lo que realmente importa: el poder y la gloria, las diversas vanidades del mundo, o alguna otra cosa. La historia comienza con el emperador Yao.

Yao

El emperador Yao es uno de los legendarios emperadores de China.

Los emperadores legendarios son anteriores a la primera dinastía conocida de China, la Xia, que se inició hacia el año -2100, aunque lo cierto es que incluso la dinastía Xia se considera legendaria. La primera dinastía histórica es la Shang.

Esta es una buena ocasión para conocer a los emperadores y soberanos legendarios, desde el primero (el más antiguo) al último (el más cercano a la dinastía Xia, la Shang y la época histórica), pero hay que advertir que con la lista de los soberanos legendarios de China sucede lo mismo que con la de los Siete Sabios griegos, de los que acaban enumerándose, reuniendo las diferentes versiones, ya no siete, sino, me parece recordar, unos diecisiete. En las listas de soberanos y emperadores chinos legendarios se mezclan todo tipo de nombres y personajes. Intentaré enumerarlos con sencillez:

LOS CUATRO SHI (四氏)

Youchao-shi

Suiren-shi

Fuxi-shi

Shennong-shi

LOS TRES SOBERANOS

Fu Xi (伏羲)

Nüwa (女媧)

Shennong (神農)

Otros aseguran que los tres soberanos eran:

Soberano del Cielo (天皇) o Tiānhuáng

Soberano de la Tierra (地皇) o Dìhuáng

Soberano Humano (人皇)  o Rénhuáng, o bien el Soberano Tai (泰皇)

También se menciona entre los tres soberanos:

Huangdi “Emperador Amarillo” (黃帝)

Suiren (燧人)

Zhurong (祝融)

Gong Gong (共工)

LOS CINCO EMPERADORES

Huangdi “Emperador Amarillo” (黃帝)

Zhuanxu (顓頊),

Emperador Ku (嚳)

Emperador Yao (堯)

Shun (舜)

También se menciona entre los Cinco Emperadores a:

Shaohao (少昊)

Taihao (太昊)

Tras todos los anteriores, reinó Yu el grande, creador de la dinastía Xia.

Como se ve, Yao es uno de los tres últimos emperadores. Poco a poco iré contando más cosas acerca de todos ellos. Todos estos personajes, pero en especial algunos de ellos, son muy importantes porque los filósofos y los ideólogos de China siempre han utilizado a los emperadores legendarios para justificar sus teorías políticas, recurriendo a un pasado mítico y a un soberano perfecto.

Por ahora, basta con saber que la época de los emperadores y soberanos míticos es vista de manera diferente por las distintas escuelas filosóficas chinas, aunque todos o casi todos están de acuerdo en que la de los emperadores legendarios fue una época mejor que la que se inició después de ellos, cuando se inició la dinastía Xia. Así que cuando Zhuang zi menciona al emperador Yao lo hace como quien menciona a alguien digno de ser admirado e imitado. Más adelante sin duda volveré a hablar de esta versión china del mito de la de-generación, que afirma, como las tres o cuatro edades griegas de oro, plata, bronce y hierro, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Una idea que también sostienen no sólo Rousseau con su mito del buen salvaje, sino muchos antropólogos que nos hablan de una prehistoria feliz.

En cuanto al emperador que nos interesa, Yao, se supone que vivió hacia el año -2356.

 

El rey que abdicó

En el fragmento del libro primero del Zhuang zi que estoy comentando se cuenta que Yao abdicó del “gobierno del mundo”, es decir del gobierno de China, pues los chinos han sido a menudo tan o más etnocentristas que los llamados occidentales y consideraban, al igual que la mayoría de los griegos y que los romanos de la época clásica, que más allá de sus fronteras sólo había “bárbaros”. Decir “China”, llamada también “el Imperio del Centro”, era casi lo mismo que decir “El mundo”. Quizá conviene aclarar que tanto yo como los chinos estamos refiriéndonos a China en este contexto de una manera anacrónica: China como tal todavía no había sido fundada o unificada.

Pues bien, el emperador Yao quiere abdicar del gobierno del mundo y elige a un tal Xu You como sucesor.

Quien haya mirado la lista de los emperadores legendarios, ya se habrá dado cuenta de que Xu You no es el emperador que sigue a Yao. Eso significa que Xu You no aceptó la oferta de gobernar el Imperio que le ofreció Yao. Según el Zhuang zi, Xu You le dijo a Yao:

“Vos gobernáis el mundo, y el mundo permanece en orden. ¿Habría yo de ocupar vuestro lugar para así ganar renombre?”

A continuación, Xu You explica al emperador que el renombre o la fama es sólo un “huésped de la realidad”. Con ello quiere decir, de una manera muy sugerente, que la fama es sólo un subproducto de otra cosa, algo añadido, sin verdadera realidad propia, o con una realidad dependiente de otra más importante, como el humo que sale del fuego o el reflejo en un espejo.

¿Para qué va a querer él, dice Xu You, ser huésped pudiendo habitar en la realidad misma? Xu You, en consecuencia, renuncia con un acto de modestia: “Que no sabría yo qué hacer con el mundo”, al que sigue otro de soberbia:

“Aunque falten los cocineros, el oficiante del funeral y el representante del difunto no dejarán los vasos y bandejas rituales para ir a cocinar.”

Con esto se refiere a la costumbre que había en los funerales de que una persona representase al muerto y recibiese las ofrendas en su nombre. Si en el funeral faltan los cocineros, no por ello el oficiante y el representante del muerto van a interrumpir la ceremonia en la que son protagonistas y ponerse a cocinar. La soberbia de la respuesta se debe a que Xu You parece decirle al emperador:

“Lo que yo hago ahora es más importante que lo que haces tú. Gobernar el mundo es como cocinar en un funeral, una tarea secundaria, mientras que lo que yo hago es equivalente al funeral mismo: yo vivo en la realidad; tú, con toda tu fama, eres sólo su huésped”.

A menudo, en los textos taoístas, se encuentran situaciones parecidas, en las que un sabio renuncia a fama, honores y poder, pero que lo hace porque lo que él tiene es superior a lo que le ofrecen. Modestia y soberbia se unen casi siempre en estas renuncias, que recuerdan inevitablemente a los cínicos griegos.

 

La soberbia modestia de los cínicos griegos

Es muy célebre la anécdota de Diógenes el cínico, que vivía en un tonel en las calles de Atenas. Un día fue a visitarle el mismísimo Alejandro Magno, que había conquistado ya gran parte del mundo conocido (China no era conocida por los griegos y el conquistador macedonio se quedó en la India). Alejandro, a pesar de sus conquistas inigualables había afirmado que, de no ser Alejandro, habría querido ser Diógenes, no se sabe si antes o después del supuesto encuentro entre ambos. Pues bien, Alejandro fue a ver al cínico Diógenes y le dijo: “Pídeme lo que quieras, Diógenes”. Diógenes, sentado junto a su tonel, le respondió: “Lo que quiero es que te apartes, que me estás quitando el sol”.

Alejandro y Diógenes

La respuesta de Diógenes es semejante a aquello que hacían los cuáqueros y que cuenta Voltaire en un texto al que ya me he referido, cuando trataban de “Tú” al rey de Inglaterra. Platón es probablemente quien mejor mostró la modesta soberbia de los cínicos.

Se dice que en una ocasión Diógenes fue a la casa de Platón, en la que había muchas alfombras lujosas. Diógenes empezó a pisotearlas de manera llamativa y, cuando le preguntaron qué hacía, respondió: “Pisoteo la soberbia de Platón”. A lo que Platón respondió: “Con otra soberbia, Diógenes, con otra soberbia”.

 

Formulas de respeto o de sumisión

Ahora bien, aunque nos divierta descubrir la soberbia de los cínicos o los cuáqueros, también es cierto que no hay ninguna razón por la que debamos llamar a alguien excelencia, ilustrísima, o incluso tratarle de usted. Ninguna razón, excepto la prudencia.

Yo creo, con los anarquistas, que ningún hombre ha de humillarse ante otro y que ningún hombre puede disfrutar o aceptar la humillación de otro. Si yo tuviese la ocasión de hablar con el rey de España o con el Papa, no utilizaría ningún título y sólo les trataría de “usted” si ellos lo hicieran conmigo. Y emplearía el “tú”, que me gusta más, si ellos lo hicieran también. Pero no me comportaría así por soberbia, sino por que las muestras de pleitesía rebajan al que las practica y al que las recibe, como muestra muy bien esta historia de Beethoven:

“La Tercera Sinfonía estaba dedicada a Napoleón Bonaparte. Una anécdota, relatada por Fernando Ries, discípulo de Beethoven, dice así: “La sinfonía estaba sobre la mesa. La primera página contenía dos nombres: arriba, ‘Bonaparte’; debajo, ‘Beethoven’. Ni una palabra más. Ignoro si la laguna debía llenarse. Fui el primero que anunció al maestro la nueva de que Bonaparte se había proclamado emperador (18 de mayo de 1804). Enfurecido Beethoven, exclamó: “¡No es más que un hombre vulgar! ¡Sólo satisfará su ambición y como tantos otros hollará los derechos del hombre para ser un tirano!” Se dirigió hacia la mesa, arrancó la primera página del manuscrito y la arrojó al suelo. Después escribió un nuevo título: Sinfonía Eroica.” (tomado de Beethoven)

En efecto, dijo Beethoven, ¿qué mayor vulgaridad puede haber que el que alguien, pudiendo ser Bonaparte, se rebaje a ser Emperador?

 

Buenas razones para humillarse

Ahora bien, si mi vida estuviera en peligro o me viera expuesto a ser encarcelado, como les sucedía a los cuáqueros, creo que utilizaría cualquier fórmula que me librase de tales peligros: mi repulsión hacia la humillación es menor que mi repulsión hacia el martirio. Enfrentarse a un poderoso al que no puedes vencer no es en realidad luchar contra él, sino entregarte a él, dejar que sea él quien decida sobre tu vida y facilitarle la eliminación de un enemigo: todo para él, nada para quienes luchan contra él. A no ser que uno crea en las virtudes del ejemplo del mártir, cosa que, me temo, no ha servido casi nunca para nada.

Pero quizá me equivoco. Si alguien conoce un ejemplo de martirio efectivo, estoy dispuesto a moderar mi posición. Incluso a modificarla (si son muchos ejemplos).

Así que, en mi opinión, Diógenes le dijo a Alejandro que se apartase, si es que se lo dijo, porque sabía que podía tirar un poco de la cuerda sin peligro (o porque era un temerario).

Del mismo modo, si Xu You le dijo a Yao aquello de que él vivía en la realidad mientras que el emperador era sólo su huésped, es probablemente porque el autor del Zhuang zi se inventó la anécdota, o porque Yao era un emperador muy bondadoso.

Otros filósofos, taoístas o no que quisieron imitar a Xu You no tuvieron tanta suerte y su modesta soberbia fue castigada con la muerte o con el destierro.

 

¿Quién es Xu You ?

Pero, ¿quien es este Xu You que se atreve a hablar así al emperador Yao?

Según cuenta Carmelo Elorduy en su traducción del Zhuang zi, un comentarista de la dinastía Tang dice que Xu You (Hsü Yu) era un consejero del emperador Yao. Añade Elorduy, o el comentarista Tang, que Xu You tras negarse a aceptar la oferta del gobierno del mundo, se fue a lavar los oídos que habían escuchado “tan inmunda invitación”. hora sí, esto sí que es soberbia de la buena.

Pero este asunto volverá a ser tratado más adelante.

Creo que en esta imagen se representa a Xu You,  tras escuchar
la oferta del emperador Yao, lavándose los oídos

Las antorchas a pleno sol

Antes de ofrecer el trono a Xu You, el emperador Yao se denigra a sí mismo y elogia a su consejero:

“Luego que el sol o la luna han salido, si las antorchas que aún arden quisieran competir con ellos, ¿no sería cosa harto difícil? Cuando la lluvia de temporada ha comenzado a caer, seguir acarreando agua por ver quién mejor ha regado, no sería cosa vana?”

El emperador es como una antorcha encendida mientras que su consejero brilla como el sol. La luz del emperador no añade nada a la luz mayor del consejero, que todo lo baña.

Es sabido que a pleno sol es difícil percibir una luz pequeña y que cuando se graba para cine o televisión una escena con fuego (un mechero, una hoguera a pleno día) hay que utilizar diversos trucos para que ese fuego se vea bien.

La excelente comparación de Yao puede servir para recordar que aunque nosotros no las veamos, durante el día, las estrellas permanecen el el cielo. ¿Por qué no las vemos? Porque su luz queda subsumida en la luz mayor del Sol.

Al amanecer, podemos ver Venus (la estrella de la mañana) y a veces la Luna, pero enseguida desaparecen. Siguen ahí, pero la claridad del Sol nos ciega.

invisible

Es bueno recordar esto, porque a veces las cosas están ahí, delante de nosotros, pero no las vemos porque otras cosas nos impiden verlas, o porque se enmascaran o diluyen o se hacen invisibles en el entorno. Por ejemplo: yo he escrito la palabra “invisible” en este documento, pero seguramente tú no la has visto. ¿La ves ahora?

invisible

Sí, porque aquí está escrita con letras negras sobre fondo blanco, pero también está escrita dos párrafos más atrás, tras “la claridad del Sol nos ciega”, en el espacio vacío central entre los puntos. Pulsa en esa línea vacía y  verás que pone “invisible”. La palabra no se ve a simple vista porque está escrita en letras blancas sobre fondo blanco: el blanco del fondo oculta el blanco de las letras.

En consecuencia, para ver las cosas, a menudo es necesario el contraste: lo igual no destaca sobre lo igual y un estímulo repetido acaba dejando de resultar estimulante. Sin embargo, no es a esto a lo que se refiere el emperador Yao al comparar a Xu You con el sol y a sí mismo con una antorcha. Lo que Yao quiere mostrar es la inutilidad de una antorcha frente al Sol, es decir, su propia inutilidad como gobernante del mundo frente a Xu You:

“Tan absurdo como regar cuando ya llueve sobre los campos.”

Bonita imagen, de nuevo. Isaac Asimov usaba un argumento semejante para dudar de la existencia de Dios, o al menos de un Dios bondadoso: mientras la gente se muere de sed en tantos lugares de África, llueve en medio del océano, donde no le sirve a nadie.

 

Epílogo a Xu You

Debido a una traviesa casualidad, tras escribir acerca de Xu You todo aquello de la soberbia y compararlo con el cínico Diógenes, he leído un texto de un poeta chino del siglo III que dice exactamente lo mismo que yo. En contra de mi supuesta originalidad, he de confesar que ya había leído este texto hace años, porque lo incluye Octavio Paz en su traducción de varios pasajes del Zhuang zi, pero no me acordaba de él hasta volver a leerlo ahora.

Pues bien, el poeta del siglo III se llama Xi Kang y es también muy interesante. En su época era considerado un enemigo del Estado y de la sociedad, contrario a la práctica de los ritos y al culto a los antepasados, así como a la fidelidad filial y la obediencia al trono que preconizaban los confucianos. Pues bien, Xi Kang, este poeta quizá semejante a Xu You, parece saber algo más acerca del encuentro entre Yao y Xu You:

Xu You había sido el maestro de los emperadores Yao y Shun. El primero, fatigado de sus trabajos, lo llamó: “Maestro, si aceptas el trono, el Imperio y el universo entero vivirán en armonía”. Xu You respondió: “la gloria es la sombra de la realidad? ¿A qué buscar la sombra cuando tengo el cuerpo?” Y huyó hacia los pantanos.
Ahí encontró al “ermitaño encaramado”, un viejecillo que, retirado del mundo, se había hecho un nido entre las ramas de un árbol y dormía entre sus hojas. Xu You le contó lo ocurrido.
El ermitaño le respondió: “¿Por qué no te escondiste desde el principio, por qué dejaste que el mundo se deslumbrase con tus méritos? El verdadero sabio es invisible. Tú ya no eres mi amigo”. Y empujándolo con fuerza, lo arrojó del nido.
Confuso y trastornado, Xu You vagó por las soledades, hasta que encontró un arroyo. Allí se detuvo para lavarse los ojos y las orejas, mientras decía para sí: “Las palabras que dije ofuscaron a mi amigo”. Después se perdió para siempre, sin que nadie haya vuelto a saber de él.
El ermitaño, por su parte, pensó que las palabras de Xu You habían manchado sus orejas. Descendió del árbol y fue a lavarse al mismo arroyo. Pero el genio del riachuelo, irritado, se nubló y le dijo: “¿Por qué quieres ensuciar mis aguas?”.

En esta historia, como se ve, parece que cada personaje compite por estar más desprendido del mundo que el anterior, y también por mostrar una mayor soberbia en su modestia, incluído el río.

Después de lo que dije antes acerca de la prudencia y del martirio, de los cuáqueros, de Diógenes y Alejandro, o del propio Xu You, que huyó tras rechazar el Imperio, creo que es un buen final saber que el poeta irreverente que nos cuenta esta última historia, Xi Kang, fue decapitado por comportarse de manera semejante a Diógenes:

“Xi Kang (223-262) líder del grupo [de los Siete Sabios de la Gruta de Bambú], fue condenado a muerte por Ssu-ma Chao, padre del primer emperador Tsin, que en ese momento era el todopoderoso ministro en la corte de Wei, el estado más al norte durante el período de los Tres Reinos. Xi Kang tenía la costumbre de explicar su doctrina a sus discípùlos y había adquirido una gran reputación. Ssu-ma Chao fue a escucharle, pero Xi Kang no hizo ningún esfuerzo para tratar al ministro con la ceremonia habitual e incluso aparentó no advvertir su presencia. Ssu-ma Chao se ofendió y cuando tiempo después oyó que Xi Kang en una carta a su amigo Shan T’ao había hablado de manera burlona de T’ang and Wu, los heroicos fundadores de las dinastías Shang y Chou, el ministro utilizó este pretexto para ejecutar a Xi Kang como uno que “causa desorden y confunde las rectas doctrinas”.


***********************************

En este dibujo japonés del período Edo, en concreto de la época Kan’ei (1624-1644) y de un artista de la escuela Kano,  se muestra el momento en el que Xu You (Kyoyu en japonés), tras escuchar la oferta del emperador Yao (Gyo en japonés) se está lavando los oídos en el río. Junto al río está otro ermitaño, sin duda el ermitaño de los pantanos, llamado Qao Fu (Sō Ho en japonés), que ha llevado a su buey a beber al río, epro que al ver lo que hace Xu You se aleja de las aguas contaminadas.

En Japón esta historia era especialmente apreciada  entre los guerreros y samurais, que consideraban que quien rechaza el poder es el más preparado para ejercerlo bien.

[I. Hirayama and T. Kobayashi (eds.), Hizō Nihon bijutsu taikan, vol. 1 (Tokyo, Kodansha, 1992). En British Museum]

 

 *********************

Si te interesa Xi Kang y los siete sabios del bosquecillo de bambú, puedes leer estas entradas:

Los siete sabios del bosquecillo de bambú

Xi Kang (嵇康)

Las causas tenues de Xikang

**********

La traducción del fragmento comentado del Zhuang zi es de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer.

Puedes encontrarla en Los capítulos interiores publicada por la Editorial Trotta en 1998.

En Bibliografía puedes encontrar más información acerca de otras traducciones

 Continuará…

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»Algunos hombres poseen talento para ser mandarines; otros, por su recto proceder pueden servir de ejemplo a toda una comarca, y aun encontrarás quienes por su virtud pueden ganarse la benevolencia de un príncipe y la confianza de un estado entero. Todos ellos se tienen en alta estima, en todo semejantes a aquel gorrión.

»Song Rong zi no pudo menos de hacer mofa de ellos. Song Rong zi ni tomaba ánimos por recibir aplauso general ni se sumía en la tristeza por recibir oprobio general. Sabía muy bien fijar los límites que separan el yo interior del mundo externo, y distinguir dónde está la honra y dónde el deshonor. ¡Eso era todo lo que sabía hacer! No se afanaba buscando renombre. Aunque era así, nada dejó establecido.

»Lie zi viajaba cabalgando el viento, con suma ligereza y gran habilidad. Al cabo de quince días estaba de vuelta. No se afanaba en buscar la felicidad. Con todo, y aunque no necesitara caminar, Lie zi al final seguía dependiendo de algo.

»A quien es capaz de acomodarse a las leyes del Cielo y de la Tierra para dominar las mutaciones de las seis energías cósmicas y poder viajar por el espacio sin límites, ¿necesita todavía depender de algo?

»Por eso se dice: “El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre”.

 

¿Qué tipo de relativista era Zhuang Zi?

En los dos capítulos anteriores he hablado del relativismo aplicado a los sistemas de referencia, por ejemplo en relación con el principio de relatiidad de Galileo y la teoría de la relatividad de Einstein; también de lo que se podría llamar relativismo existencia y perceptual: cada animal o persona percibe el mundo de manera diferente. Pero en especial he hablado del relativismo moral o antropológico o cultural, que sostiene que no podemos juzgar los actos de un sistema de creencias ajeno al nuestro. En este último sentido he intentado distinguir entre la tolerancia y el verdadero diálogo, tal como podían defenderlo Montaigne o Diderot, y la falsa tolerancia y el inexistente diálogo del relativismo cultural, que en realidad no habla ni escucha a las personas de otras culturas, sino que acepta la validez de lo que dicen simplemente porque ha sido dicho desde otra cultura. ¿Y qué pensaba de todo esto Zhuang zi?

Me gusta pensar que tal vez Zhuang zi pensaba lo mismo que nosotros tres (Diderot, Montaigne y yo mismo), o al menos así parece en estos primeros pasajes de su libro, cuando se burla de los “animalejos” que creen conocerlo todo y viven, sin saberlo, en una miserable charca.

Es cierto que después dice que los que se creen sabios son como esos animalejos, y menciona a un tal Song Rong zi que no cometía los errores de esos sabios presuntuosos. Alguien que, a pesar de ser mejor que esos sabios o príncipes no se preocupaba de parecerlo ni de buscar renombre. También menciona a un tal Lie Zi (que ha dado nombre al tercer libro del taoísmo, el Liezi), que era casi perfecto y podía volar, pero que aún dependía de algo, el aire que le sostenía, como el pájaro Peng.

Pero, de este asunto del desprendimiento de las cosas, o al menos de lo que el Eclesiastés llamaría las vanidades del mundo, seguro que habrá ocasión de hablar más adelante.

Aquí sólo quiero recordar que Zhuangzi ridiculiza al insecto que cree que su pequeño mundo es el mundo y al sabio que se cree mejor que el insecto, pero no dice que todo sea igual: el pez Kun o el sabio conocen un mundo más amplio que el del insecto, pero están aún lejos del mundo que conoce Song Rong zi. De este interesante pensador, por cierto, hablaré al comentar el capítulo 33 del Zhuang zi.

El texto de este primer punto del Libro Primero del Zhuangzi termina con una frase que se parece mucho a las que podemos encontrar en el Laozi (Tao Te King):

“El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre.”

Como he dicho, de este asunto del sabio anónimo hablaré más adelante, pero ahora quiero referirme a otro parentesco intelectual de Zhuang zi. El que le une a Platón.

 

El mito de la caverna y Zhuang zi

A menudo se han comparado las ideas de Zhuang Zi con las que expresa Platón en un célebre pasaje de La República: el mito de la caverna.

Quienes no conozcan el mito o no hayan leído el original de Platón, pueden leerlo con este enlace: El mito de la caverna. Creo que conviene leerlo de nuevo, aunque ya se conozca de sobra: siempre se descubre algo nuevo.

La caverna de Platón ha inspirado a lo largo de la historia muchas variantes, como el mundo de Planilandia o Flatland; un bello cuento de Lovecraft llamado Polaris; otro que escribió Cortazar inspirado en aquél, La noche boca arriba, o la caverna virtual de Rudy Rucker. Su último ejemplo es la película Matrix. La fábula de la mariposa de Zhuang zi es otra manera de expresar este mito: soñamos que somos una mariposa, pero tal vez seamos un ser humano soñado por una mariposa. El mundo de Matrix es la mariposa cibernética o digital de Zhuang zi.  Más adelante conoceremos mejor a esta mariposa.

platos-cave-21En este momento sólo quiero mencionar una coincidencia entre Zhuang Zi y Platón: el limitado mundo que ven la cigarra y la tortolilla que se burlan del pájaro Peng es semejante al limitado mundo que ven los prisioneros de la caverna de Platón. Los prisioneros, la cigarra y la tortolilla, viven en un mundo mucho mayor que aquel que son capaces de percibir.

Del mismo modo que la cigarra y la tortolilla se ríen del pájaro Peng, así los prisioneros se burlan y acaban asesinando al compañero que consigue liberarse y ver el mundo real. Ellos no creen que exista un mundo real mayor que el que perciben en las sombras de la pared, del mismo modo que el insecto que muere al atardecer no creerá que existe la luna.


Más información acerca de personajes, lugares y conceptos en Enciclopedia del Zhuangzi

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Masasumi_Dapeng

Tang y Ji también tuvieron una conversación de este tenor: «Arriba y abajo, y en las cuatro direcciones, ¿hay límites?» -preguntó Tang a Ji. «¡Más allá de lo ilimitado sigue sin haber límites!» -respondió Ji.

»En el septentrión, donde ni brizna de yerba crece, hay un vasto mar: un gran lago obra del Cielo. Vive en él un pez, cuyo ancho alcanza varios miles de li y del que nadie sabe cuánto mide de largo. Su nombre es Kun. Y hay un pájaro, nombrado Peng, cuyas espaldas semejan al Taishan, y a esas nubes que ocultan el cielo sus gigantescas alas. Sobre los remolinos de viento, como cuernos de carnero, se eleva hasta noventa mil li en lo alto del firmamento. Sobrepasando nubes y éter, con el cielo azul a sus espaldas, vuela hacia el sur y alcanza finalmente el mar meridional. Se burla de él un gorrión. de esos que hay en los charcos: “¿A dónde va ése’? Yo doy unos saltos, levanto el vuelo, y a pocas varas vuelvo a posarme; revoloteo entre las zarzas y artemisas; para eso está hecho el vuelo. Pero ése, ¿a dónde quiere ir?” He ahí la diferencia entre lo pequeño y lo grande» .

Hay que recordar aquí aquella frase de Paul Éluard que se hizo célebre gracias a un anuncio de colonia: “Hay otros mundos, pero están en este”.

Ya hemos visto (El pájaro Peng) que esos otros mundos pueden pasar inadvertidos a seres que son más pequeños que otros, como el pájaro Peng y el pez Kun a la cigarra y la tortolilla, o como el mundo de la cigarra respecto al nuestro. Pero también puede suceder al contrario: quizá nosotros no percibimos mundos que sí perciben seres más pequeños. Las cigarras o las abejas tal vez perciben información que a nosotros nos pasa inadvertida. Por ejemplo, las abejas ven la luz ultravioleta y nosotros no. Los buhos y las lechuzas ven la luz infrarroja y nosotros no.

Uexkhull

Jacob von Uexkhull

A principios del siglo XX, un biólogo llamado Jacob von Uexküll pretendía oponerse al darwinismo con argumentos realmente sugerentes. Una de las cosas que decía Uexküll es que los animales de un ecosistema determinado viven en mundos diferentes. En el rico fondo marino, lleno de estímulos diversos (colores, temperatura del agua, etcétera) una esponja sólo percibe dos cosas: me tocan/no me tocan. Es como un ordenador digital: abierto/cerrado. A la esponja no le importa si lo que la toca es un pedazo de plancton verde, rojo o amarillo o un trozo de plástico, ella sólo percibe:

 me toca|no me toca
abierto|cerrado
encendido|apagado
0|1

La esponja de Uexküll se parece al insecto de Zhuang Zi: vive en el mismo mundo que nosotros, pero como si no: de los cientos de miles de estímulos posibles sólo recibe dos.

En Cartas biológicas a una dama, un delicioso libro que escribió para la que iba a ser su esposa, la condesa Gudrun de Schwerin-Schwerinsburg, Uexküll ofrece varios ejemplos brillantes que recuerdan muchísimo al Zhuangzi:

Karl Ernst von BaerKarl Ernst von Baer ha construido una tesis muy ingeniosa. Supone que la vida de los distintos seres contiene el mismo número de momentos, pero con distinta duración; de modo que unas veces el momento abraza centésimas de segundo, y otras veces horas enteras. Existen empero animales que sólo viven un año y otros que viven un día. ¿Cómo se transforma para estos animales el aspecto del mundo, si su vida comprende el mismo número de momentos que la nuestra?

Sí estuvieran provistos de entendimiento humano, los padres, al morirse en otoño, después de su año de vida, dirían a sus hijos que les espera todavía un largo período de vida, en el que han de soportar los horrores del frío y de la nieve; pero que no deben perder la esperanza, porque también a ellos les ocurrió lo mismo en su juventud, y luego llegaron a mejores tiempos.

Los animales que no viven más que un día referirían a sus hijos este tiempo de horror como una vieja leyenda. El día y la noche serían meses para unos, media vida para otros.

A semejantes criaturas, todos los acontecimientos del mundo han de parecerles enormemente lentos. La bala que sale de la pistola ha de parecerles quieta en el aire. No deben tener ni idea del crecimiento de los árboles, como nosotros no tenemos del de las montañas.

Por otra parte, pueden imaginarse criaturas cuyos momentos se extiendan sobre un número mucho mayor de años. Para estos seres, las estaciones cambiarían, como para nosotros cambian los días. Transcurriría todo en un «tempo» acelerado. Las hierbas brotarían del suelo como surtídores. Verdearían, crecerían y morirían los bosques, como para nosotros las praderas. No se vería el sol; durante breve tiempo aparecería en el cielo un arco de fuego seguido de una corta oscuridad.

                 Jacob von Uexküll, Cartas biológicas a una dama

Lo que proponían von Baer y Uexküll, nosotros ahora tenemos la suerte de poder verlo gracias a la fotografía y el cine, que nos permiten presenciar en unos segundos el crecimiento de un árbol, o durante minutos el abrirse de un párpado humano.

Es fácil también hacer animaciones en Flash u otros programas para intentar entender cómo podrían ver el mundo esas “fantásticas criaturas”. En la película Koyaanitqatsi hay hermosos ejemplos de maneras de ver el mundo a diferente velocidad.

Es muy posible que Baer o Uexkull fuesen la inspiración de un hermoso cuento de H.G.Wells, El nuevo acelerador, en el que se cuenta la experiencia de alguien que percibe los años como instantes y ve literalmente crecer la hierba.

https://www.youtube.com/watch?v=DzxM4E5l_sc

La conclusión de todo esto es que nosotros percibimos un mundo que no perciben las cigarras o las abejas, pero que tal vez ellas perciben mundos que nosotros ignoramos y nunca podremos conocer (esa sería la tesis de Uexkull).

Sea como sea, lo  que ahora me interesa es mostrar que nuestros criterios acerca de las cosas dependen del sistema de referencia desde el que las percibimos. Desde su limitado punto de vista la cigarra y la tortolilla desprecian al pez Kun o el gorrión al pájaro Peng; desde su estrecho mundo de estímulos, la esponja ignora miles de aspectos de la realidad que la rodea.

Pero no hace falta ser esponja para percibir un mundo limitado: basta con tener poca curiosidad. Personas que viven en el mismo mundo y pertenecen a la misma especie, como los seres humanos, pueden recibir miles de estímulos o sólo unas cuantas decenas. Depende de la curiosidad de cada persona, porque, como afirma la psicología cognitiva, el ser humano no es un sujeto pasivo de laboratorio conductista, sino un buscador activo de información: no recibe pasivamente los estímulos, sino que también los busca.

Para volver a la relatividad de Zhuang Zi y a la de Einstein: es importante recordar que afirmar que todo es relativo no significa decir que todo vale lo mismo, que todo es lo mismo o cualquier otra simpleza semejante.

 

El inculto relativismo cultural

 Es cierto que el relativismo se ha  entendido de esta manera tan sandía en los últimos decenios, dando origen al relativismo cultural, que excusa cualquier barbaridad, siempre y cuando la cometa alguien que tenga un sistema de creencias diferente al nuestro.

Dicen los relativistas culturales:

“Para ti, que vives en el occidente cristiano o agnóstico, con unos valores determinados, lo lógico es pensar que hombres y mujeres tienen los mismos derechos, pero para alguien que vive en una cultura musulmana, lo lógico es pensar que la mujer está al servicio del hombre.”

Sí, eso puede parecer lógico desde ese punto de vista. Del mismo modo, si el punto de vista de uno es que los cristales son muy digestivos, comerá cristales con la conciencia culturalmente tranquila, pero eso no impedirá que se le perfore el estómago y muera al poco tiempo.

kuhn la-estructura-de-las-revoluciones-cientc3adficasEl que una cosa se explique en relación a una cultura no significa que se pueda o deba justificarse esa cosa. Podemos entender que algo se hace de determinada manera por alguna razón, pero eso no nos impide opinar que tal costumbre, por muy coherente que sea con su sistema de referencia cultural es también absurda, injusta o cruel.  Afortunadamente, también los sistemas de referencia culturales, como los inerciales de Einstein, pueden ser relacionados, comparados y discutidos, aunque algunos discípulos del filósofo de la ciencia Kuhn parezcan pensar lo contrario (no el propio Kuhn, al parecer), que hablan de paradigmas o modos de ver el mundo inconmensurables, es decir, que no pueden compararse o enfrentarse de manera razonable.

La apertura a otras culturas no significa aceptar cualquier cosa simplemente porque nos llega marcada con un sello cultural, un sello que, por cierto casi siempre es impuesto por los explotadores y jerarcas de cada cultura. La apertura significa escuchar con atención, discutir y modificar nuestros criterios si pensamos que tiene razón el otro; o intentar modificar los del otro si pensamos que tenemos razón nosotros. Sostener que diga lo que diga el otro es válido… porque pertenece a otra cultura, no es respetar a las otras culturas y personas, sino más bien despreciarlas. Es casi lo mismo que decir que no merecen siquiera que gastemos tiempo y razones con ellas.

Montaigne entendía el relativismo como un diálogo que nos permite aprender y enseñar. Señaló que muchas de nuestras ideas eran sólo prejuicios de nuestra cultura y mostró que en muchos aspectos otras culturas opinaban de otra manera. Pero para Montaigne eso no significaba “cada loco con su tema” y que cada uno haga o piense lo que quiera, sino que esas diferencias nos debían hacer pensar si no sería más razonable, por ejemplo, caminar desnudos (al menos en verano, o al menos en la playa); si no sería más razonable, como también decía el tahitiano imaginado por Diderot en su Suplemento al Viaje de Buganville, que nos amásemos de manera natural y que no tuviéramos miedo del sexo, si no sería más razonable reexaminar nuestras ideas acerca de la fidelidad, tras escuchar las palabras del tahitiano:

Esos singulares preceptos los encuentro contrarios a la naturaleza y a la razón. Contrarios a la naturaleza porque suponen que un ser que siente, piensa y es libre puede ser la propiedad de un semejante.

¿No te parece sin sentido un precepto que prohíbe el cambio
que está en nosotros mismos, que exige una constancia imposible y que viola la libertad del macho y de la hembra, atándolos para siempre el uno al otro, una fidelidad que pretende limitar el más versátil de los goces a un solo individuo, un juramento de inmutabilidad de dos seres de carne frente a un cielo que no es idéntico ni un solo instante? Créeme, habéis hecho la condición del hombre peor que la del animal.

                      Diderot, Suplemento al Viaje de Bouganville

El relativismo de Montaigne es lo contrario del de los relativistas culturales, no busca maneras de justificar el absurdo y la injusticia (siempre y cuando los cometa otra cultura), sino aprender lo bueno de otras culturas y enseñar lo bueno de la nuestra.

Steven Pinker pone un ejemplo muy divertido cuando habla de un chamán siberiano y dice que es un farsante, un engañabobos, como lo es un mago de feria. Aunque parezca sorprendente, los antropólogos no suelen tenerlo tan claro y hablan de los chamanes como si realmente hicieran magia. Como dice Pinker, “nunca miran detrás de la cortina para descubrir el truco”.

shaman_siberia

Esta falta de juicio crítico cuando los protagonistas son exóticos es, insisto, una muestra de desprecio y de racismo más que de respeto, y explica la credulidad con que fueron acogidos los escritos del célebre antropólogo y brujo farsante Carlos Castaneda. Más adelante tendremos ocasión de examinar el chamanismo en el Zhuangzi.

La suerte es que los seres humanos no somos esponjas y la comunicación entre personas de distintas culturas es posible, a pesar incluso de que esa cultura nos haya educado en tres o cuatro parámetros básicos. De hecho esa interrelación cultural es constante, aunque a menudo sólo se haya producido a través de la violencia.

Mussolini decía (¡mucho antes de los paradigmas de Khun!) que los sabios de Europa habían llegado a la conclusión de que no se pueden comparar de manera racional culturas distintas . La consecuencia que sacaba el dictador fascista era la misma a la que conduce el relativismo cultural en última instancia:

“Puesto que no se pueden comparar de manera racional ideas procedentes de diversas culturas, lo único que queda es la fuerza: la cultura más fuerte ha de prevalecer mediante el uso de la violencia si es necesario”.

No es un pensamiento muy original, puesto que así se han relacionado las culturas desde el inicio de los tiempos: “O aceptas mis normas o te mato”. Pero algunos pensamos que las culturas sí son comparables y que es preferible que nuestras ideas y nuestras culturas se maten entre ellas en vez de matarnos nosotros.

Del mismo modo que el marco de referencia del insecto o el del pasajero del tren sólo dan cuenta de una realidad limitada, el marco de referencia de una cultura particular es sólo un fragmento de un marco de referencia mayor, que es la humanidad.

Quizá haya otros mayores, pero, ¿por qué quedarnos en la visión del insecto pudiendo alcanzar, al menos, la del pájaro Peng? ¿Por qué quedarnos con los paradigmas de Khun pudiendo quedarnos con el pez Kun?

Como sucede en el universo, tampoco aquí, en el mundo cultural y moral, hay verdades absolutas ni puntos fijos de referencia: se trata de una tarea sin fin, sometida a continua discusión y revisión, y por ello muy excitante.

Así pensaban Montaigne y Diderot y así pienso yo también cuando en varios de mis libros cuestiono muchos conceptos tracionalmente respetados pero que, en mi opinión, son negativos (Defensa perfecta de la imperfección, Elogio de la infidelidad, Nada es lo que, el problema de la identidad).

 


Más información acerca de personajes, lugares y conceptos en Enciclopedia del Zhuangzi


 

 Hay una interesante conversación que se menciona de pasada (y de la que espero contar más detalles en otro momento):

Tang y Ji también tuvieron una conversación de este tenor: «Arriba y abajo, y en las cuatro direcciones, ¿hay límites?» -preguntó Tang a Ji. «¡Más allá de lo ilimitado sigue sin haber límites!» -respondió Ji.

Es algo que recuerda el célebre problema que plantea Lucrecio en Sobre la naturaleza: ¿qué sucedería si un arquero lanzara una flecha en el confín del universo.

Mosca y Caja dan una respuesta en la Enciclopedia de filosofía de bolsillo: Lucrecio.


La imagen del inicio es de “Masasumi Dapeng” by 竜斎閑人正澄 (Japanese) – scanned from ISBN 978-4-336-05055-7.. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons –

Nota acerca de Jacob von Uexkull

Dije que von Uexkul tenía sugerentes argumentos en contra de la teoría de la evolución de Darwin. Es cierto que eran sugerentes, pero creo que los mejores no chocan realmente con la teoría de Darwin, sino que son perfectamente compatibles con ella. Otro asunto es que Uexkull usara muchos de sus argumentos con una intención cercana al racismo, y de ahí su insistencia en que no todos los animales comparten el mismo medio o son iguales (él mismo se convirtió en nazi).

Más sobre Uexkhull en  2013

Uexkul se sintió cercano al nazismo y toleró o incluso dijo que mientras que la teoría de la influencia del medio darwiniana alentaba el bolchevismo la suya coincidía con el nazismo, pero he descubierto con alegría que tuvo tiempo a arrepentirse e incluso que mostró su disconformidad con la limpieza de “elementos judíos” que hicieron los nazis en la universidad (al contrario que su casi discípulo Heidegger, que la apoyó con entusiasmo). Uexkull incluso mostró valerosamente su rechazo al uso de su teoría por los nazis en un discurso en la célebre reunión en la casa de la hermana de Nietzsche. Discurso que le obligaron a interrumpir. Murió en 1944 en Capri, poco después de la conquista de la isla por los aliados, quienes, al no encontrar a un cura católico, proporcionaron un rabino para su funeral. Lo cuenta Anne Harrington en Reenchanted Science: Holism in German Culture from Wilhelm II to Hitler

 

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ENTRADAS PUBLICADAS EN “LECTURA DEL ZHUANGZI”

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UNA LECTURA DEL ZHUANGZI /1

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»Algunos hombres poseen talento para ser mandarines; otros, por su recto proceder pueden servir de ejemplo a toda una comarca, y aun en

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Cuando Yao quiso ceder su imperio a Xu You, le dijo: "El surgir del sol y de la luna hace inútil la luz de las antorchas. La caída ap

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Huizi dijo a Zhuangzi: "El rey de Wei me dio una semilla de calabaza. Cuando ésta creció, era tan enorme que no servía ni de cántar

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Lectura del Zhuangzi /6

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Lectura del Zhuangzi /10

El hombre se conforma a lo prefijado por su mente y lo toma por maestro. ¿Quién es el hombre extraordinario que se priva de ello?

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Jianwu comentó a Lianshu: "He oído a Jieyu, y sus palabras me causan pavor. Son palabras grandiosas pero no reales, tan lejanas

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"Alegría, ira, tristeza, deleite, preocupación, arrepentimiento, inconstancia, rigidez, modestia, obstinación, candor, insolencia- mús

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Lectura del Zhuangzi /9

 "Las cien articulaciones, los nueve orificios, los seis órganos, todos se unen y existen en mí. Pero, ¿de cuál de ellos debería sen

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Lectura del Zhuangzi /11

"La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones, mas estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente?

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Lectura del Zhuangzi /13

En Los soplos de la voz prometí una interpretación de las opiniones de Zhuangzi acerca del lenguaje, interpretación que no he encontr

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[Lectura del Zhuangzi /7]

   El gran Saber todo lo abarca El pequeño todo lo divide. Las grandes palabras son fuego. Las pequeñas, balbuceos inútiles.

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Los soplos de la voz

Lectura del Zhuangzi /12

El maestro Zhuang dice: "Las palabras no son como el soplar del viento". Esta es una frase que se puede interpretar de muy diversas manera

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El mundo al revés

Lectura del Zhuangzi /14

Recordemos cómo terminaba Ziqi su charla acerca de la música del cielo y de la tierra: «Si la música de la Tierra proviene de estas oq

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TEXTOS COMPLEMENTARIOS

Otros mundos: Uexkhull y el Zhuang Zi

Hay que recordar aquí aquella frase que se hizo célebre gracias a un anuncio de colonia: "Hay otros mundos, pero están en este". No s

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"Imagínate varios hombres en un abrigo subterráneo en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende por toda la longitud

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Bibliografía

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Voltaire: Primera carta sobre los cuáqueros

  "Pensé que la doctrina y la historia de un pueblo tan extraordinario merecían despertar la curiosidad de un hombre razonable. Para ins

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ÍNDICE DE NOMBRES, PERSONAJES Y LUGARES Ji o Chi o Ge Probablemente un ministro o consejero del rey Tang de Yi, según Elorduy. Es

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El pájaro Peng
Lectura del Zhuangzi /2

“En el mar septentrional hay un pez que se llama kun. Es enorme, pues mide no se sabe cuántos miles de li. Se transforma en pájaro, y entonces su nombre es Peng. También las espaldas del pájaro Peng miden no se sabe cuántos miles de li. Se eleva por los aires sacudiendo con fuerza sus alas, parecidas a esos grandes nubarrones que ocultan el cielo. Cuando el mar se agita y arrecia el viento, vuela hasta el mar meridional. El mar meridional es un gran lago obra del Cielo.

El Qi xie[Cuentos de Qi] es un relato de portentos. En él se lee: «Cuando el Peng vuela hacia el mar meridional, la espuma salpica hasta una altura de tres mil li, y los remolinos que forma el batir de sus alas lo elevan noventa mil li en lo más alto del firmamento. Vuela aprovechando el gran viento del sexto mes”. Caballos salvajes, polvaredas, seres vivientes que se mueven empujados por el viento. El cielo azul: ¿es ése su verdadero color?, ¿es ilimitada su vasta extensión? Mira el Peng hacia abajo y todo eso es lo que contempla.

Cuando las aguas acumuladas no son profundas, no tienen fuerza para sostener un gran barco. Viertes una taza de agua en un hoyo, y una pajita es allí como un navío, pero si pones una taza, se cae al fondo, pues el agua es poco profunda y grande el barco. Si la fuerza del viento no es grande, no tiene fuerza  para sostener unas alas gigantescas. Y así, cuando el Peng se eleva noventa mil li, es el viento el que lo empuja hacia arriba. Después toma ventaja de la fuerza del viento y, con el cielo azul a sus espaldas y sin hallar estorbo, endereza su vuelo hasta el mar meridional.

Una cigarra y una tortolilla se burlaban del Peng: «Nosotras, nos echamos a volar con todas nuestras fuerzas, y cuando encontramos un olmo o un sándalo nos posamos en sus ramas; y si no podemos llegar, sin más nos vamos al suelo: ¿para qué remontarse noventa mil li y volar hasta el sur?»

Quien va a los alrededores de la ciudad, sólo necesita provisiones para tres comidas, regresa ese mismo día, y con el estómago todavía lleno: quien va un lugar a cien li de distancia, ha de llevar provisiones para pasar una noche fuera; y quien va tan lejos como a mil li, provisiones para tres meses. ¿Qué han de saber, pues, esos dos animalejos?

Un corto entendimiento no se puede comparar con un gran entendimiento, ni un ser de corta vida con otro de prolongada existencia. ¿Cómo sabemos que es así? Un insecto que nace por la mañana y ya esa misma tarde muere, no sabe lo que es la luna; la cigarra que no vive más de dos estaciones, ignora lo que es un año; son dos ejemplos de corta vida. Al sur de Chu, vive una tortuga prodigiosa para la que quinientos años son una primavera, y quinientos años un otoño; en la remota antigüedad había una gran cedrela para la que ocho mil años era una primavera, y otros tantos un otoño. He ahí dos ejemplos de prolongada existencia. Aún en nuestros días Pengzu goza de tanta fama en el mundo por su longevidad, que todos quieren compararse con él. ¿No es gran lástima? (…)

Cedrela

[Libros interiores  (Nei Pian), libro 1, capítulo 1  (Libre caminar): El pájaro Peng]


La relatividad

El Zhuang Zi comienza con un relato en el que se habla de un pez que se llama Kun  que se transforma en un pájaro llamado Peng (una palabra que se pronunciaba de manera similar a brisa o viento). El pájaro Peng es gigantesco y vuela hacia el sur en un viaje larguísimo. Una cigarra y una tortolilla se burlan del pájaro Peng porque no entienden por qué razón tiene que volar hacia el sur, ya que un viaje tan largo le obligará a conseguir muchísimas provisiones.

Con esta historia el Zhuangzi muestra la relatividad de las cosas. Pero sin duda conviene aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de relatividad. Para muchas personas, decir que todo es relativo es sinónimo de afirmar que todo da igual y que todo se puede justificar, entender o aceptar. Algunas personas aluden a la teoría de la relatividad de Einstein, para dotar de un carácter científico a ese relativismo.

Sin embargo, la teoría de Einstein no tiene como conclusión lógica que todo da igual, sino más bien todo lo contrario: que existen relaciones medibles entre las cosas, y entre el observador y lo observado. Einstein dudó si llamar a la relatividad “teoría de las invariantes”, porque lo que afirma la teoría de la relatividad es que la medición del tiempo, de la velocidad o del movimiento depende del sistema inercial en el que nos hallemos. Si traducimos, para simplificar, sistema inercial por marco de referencia, podemos decir: “Nuestras observaciones dependen del marco de referencia desde el que las hacemos”.

Einstein- relatividad

El tren relativo

Para explicar el concepto de marco de referencia y de sistema inercial, pondré un ejemplo en el que sólo tendré en cuenta el movimiento aparente de un objeto, sin preocuparme de la medición de la velocidad o del tiempo. En realidad, el ejemplo elegido, más que con la teoría de la relatividad de Einstein, tiene que ver con Galileo y su principio de relatividad . Imaginemos el siguiente diálogo:

__Si estamos en un tren y lanzamos una pelota al aire en línea recta hacia arriba, ¿dónde caerá la pelota?

__En nuestra mano.

En efecto, el movimiento de la pelota será vertical, emn una línea recta o trazando una pequeña parábola, primero de abajo arriba y después de arriba abajo.  Esto, si lo pensamos un poco, resulta bastante paradójico, puesto que el tren se está moviendo y entre el momento en el que lanzamos la pelota y aquel en el que la recogemos, quizá hemos recorrido diez o cien metros sobre la vía:  antes de lanzar la pelota estábamos a la vista de la estación de Plasencia y ahora ya hemos dejado Plasencia atrás. Y, sin embargo, la pelota que lanzamos antes de llegar a Plasencia no se ha quedado allí, sino que se ha venido con nosotros hasta más allá de Plasencia.

tren_relativo

¿Cómo es esto posible? ¿Por qué la pelota sube y baja en una línea recta, o quizá trazando una pequeña parábola, a pesar de que cae diez kilómetros más allá de donde fue lanzada?

La respuesta es que eso es posible porque nosotros y la pelota compartimos un mismo sistema inercial, un mismo marco de referencia: el tren en movimiento. Todos los objetos que se hallan en un mismo sistema inercial comparten el mismo movimiento, por lo que nosotros, dentro del tren, compartimos el movimiento y la velocidad del tren, casi como si fuésemos una pieza más del vehículo.

Ahora bien, imaginemos que alguien nos observa desde el andén de la estación de Plasencia cuando lanzamos nuestra pelotita en el tren. Si esa persona se fija sólo en el movimiento de la pelota, no verá una pelota que asciende en línea recta desde la mano y vuelve a caer en la mano, sino una pelota que traza alguna especie de curva que se mueve en el sentido de la marcha del tren. Una línea curva que se inicia antes de llegar a Plasencia y termina cien metros más allá de Plasencia.

tren_relativo02

Se me dirá que no es así y que la persona del andén ve lo mismo que nosotros en el vagón, pero eso es porque su cerebro corrige su percepción: si borramos el tren y a la persona que lanza y recoge la pelota, podrá ver más fácilmente la pelota moviéndose en esa curva.

GalileanRelativity

El mismo ejemplo con una furgoneta

En consecuencia, la pelota no ha hecho el mismo movimiento para nosotros que para el observador que se halla en el andén de Plasencia. ¿Por qué?

Porque el observador del andén se halla en otro sistema inercial, en otro marco de referencia: el planeta Tierra.

Nosotros que lanzamos la pelota también estamos en la Tierra, claro, pero, además, estamos en el vagón. Ahora bien, resulta que el planeta Tierra también se mueve, como el tren (mucho más rápido que el tren), pero nosotros no percibimos su movimiento porque todos viajamos en dicho sistema (incluidos nosotros en el tren con la pelota). Si un observador desde el espacio exterior (fuera del sistema inercial o marco de referencia que es la Tierra) contemplase el movimiento de la pelota, e hiciera abstracción del tren y de la propia Tierra, lo que vería sería una pelotita que se desplaza en forma de curva o garabato extravagante y que se mueve entre la salida y la llegada  a la mano no unos cientos de metros, sino miles de kilómetros: los que haya recorrido la Tierra en los segundos que la pelota ha pasado en el aire tras lanzarla y antes de recogerla.

En este movimiento visto desde el espacio exterior habría que tener en cuenta al menos hay que tener en cuenta al menos:

a) La pelota moviéndose dentro del tren

b) El tren moviéndose en la vía del tren

c) El movimiento de rotación de la Tierra (que puede ser en sentido contrario al movimiento del tren)

d) El movimiento de traslación de la Tierra en el espacio (por ejemplo, alrededor del Sol)

tren_relativo03

Posible representación del movimiento de la pelota visto desde la Luna (parece contraintuitivo, pero hay que tener en cuenta, como he dicho, que quizá la tierra se mueve, vista desde la Luna, en el sentido contrario al del tren, de ahí que la pelota parezca retroceder aunque el tren supuestamente avance.

La conclusión es que el movimiento y el espacio recorrido por la pelota son relativos y distintos según contemplemos el asunto:

a) Desde dentro del tren

b) Desde el andén

c) Desde el espacio exterior

Y todavía podríamos imaginar más variantes:

d) Desde fuera del sistema solar, puesto que el Sistema Solar se desplaza sobre el fondo de la Vía Láctea.

e) Desde fuera de la Vía Láctea, puesto que la Vía Láctea también se desplaza sobre el fondo del universo.

Resulta, entonces, que el desplazamiento de la pelota es relativo, porque cambia según el sistema inercial o marco de referencia en el que nos hallemos.

Todo esto hace pensar a muchos que, puesto que no hay nada fijo en el universo, dado que no hay un punto inmóvil que sirva de referencia universal, todo da lo mismo: la pelota no se mueve ni en línea recta, ni en vertical, ni en una curva extravagante. “Todo es relativo”, suspiramos.

Pero esta conclusión es demasiado apresurada.

 

Lo relativo es relativo

Si medimos el movimiento de la pelota desde el tren, obtendremos unos resultados que relacionan la velocidad de la pelota con el espacio recorrido entre el lanzamiento y la llegada de la pelota. Lo mismo sucederá si los cálculos los hacemos desde el andén.

Y lo mismo si los cálculos los hacemos desde el espacio exterior.

Tendremos en los tres casos diferentes resultados que darán cuenta del fenómeno observado y nos permitirán dibujar el desplazamiento de la pelota.

Sin embargo, aunque los resultados sean diferentes y relativos a cada sistema inercial, también son traducibles de uno a otro sistema. Es decir, podemos deducir lo que veríamos en nuestro sistema inercial si conociéramos los datos del otro sistema inercial.

Cuando comparemos nuestras mediciones, por ejemplo las que yo haya hecho en el tren, con las que otra persona ha hecho desde su punto de vista (desde el punto de vista lunar,  por ejemplo) esas mediciones serán equivalentes, convertibles. Si esa persona nos da sus mediciones, podremos convertirlas a lo que serían vistas desde nuestro sistema inercial.

Es por eso que Einstein dudó si llamar a su teoría de la relatividad la teoría de las invariantes, puesto que, sea cual sea el sistema de referencia, una vez conocidas sus coordenadas, velocidades y elementos, es posible traducir de uno a otro sistema los datos.

En definitiva, lo que dice la relatividad científica es que las observaciones son distintas según el sistema de referencia, pero también que las leyes son las mismas en todos los sistemas de referencia y que, por ello, las observaciones de un sistema son traducibles al otro sistema, del mismo modo que, en una equivalencia más sencilla, los li chinos pueden ser traducibles a millas o  a kilómetros. Un li se traduce más o menos por 500 metros. Los fenómenos observados, por tanto, varían, pero las leyes que se aplican son las mismas.

galileo-relativity_principle

El mismo ejemplo de la pelotita, ahora en un avión.

 

Galileo viaja en barco

Galileo proponía un hermoso ejemplo: imagina un barco y a una persona que escribe en ese barco mientras recorre el Mediterráneo.

Si ese viajero traza en su camarote una recta sobre el papel, él verá una recta, pero si alguien pudiese ver el movimiento de la pluma desde la costa vería que la pluma no se mueve en línea recta, sino en forma de garabato, siguiendo el complejo movimiento del barco (que, por cierto, puede ser en sentido contrario a la línea trazada por el viajero, como las oscilaciones del barco sobre el mar, arriba y abajo, a izquierda y a derecha.  Y sin embargo, cuando miremos la hoja de papel no veremos ese extraño garabato, sino una línea recta.

El siguiente gráfico está adaptado a una pelota (no a alguien escribiendo), pero se ve claramente lo que vería una persona desde la costa si sólo se fijase en el movimiento de la pelota que cae desde lo alto del mástil.

relatividadgalileo

Sin embargo, la persona que está en el barco y lanza la pelota la verá subir y bajar en línea recta vertical.

 

La relatividad de Zhuang zi

Zhuang Zi nos dice que lo que para la cigarra es el mundo, para el ave Kun es sólo una pequeña porción de su propio mundo, una parte insignificante.

También nos habla Zuang zi del insecto que nace por la mañana y muere por la tarde nunca sabrá que existe la luna, o que la cigarra que vive dos estaciones no sabrá lo que es un año. En palabras de Ann Cheng:

“La inconmensurabilidad que separa al ave gigante de la codorniz nos muestra hasta qué punto lo que llamamos ‘conocimiento’ depende de la perspectiva, relativa y reductora, desde la que vemos las cosas.”

Es decir cada uno de estos seres se halla en un sistema de referencia, que, en este caso, no llamaremos inercial, sino existencial. Desde su sistema existencial de referencia el insecto no puede sospechar que exista algo que dure más de un día.

Pero eso no tiene por qué hacernos pensar que nosotros y la cigarra vivimos en mundos diferentes. Ambos compartimos el mismo mundo, al menos durante dos estaciones, pero la cigarra no sabe lo que es el año y nosotros sí.

La cigarra vive en un mundo que está dentro de nuestro mundo y, por ello, nosotros tenemos una visión más amplia que ella, del mismo modo que quien contempla el tren desde el andén tiene una visión más amplia que la de quien lanza la pelota.

Pero, como sucedía con los distintos sistemas inerciales, si pudiésemos comunicarnos con la cigarra y ella nos hablase de una cigarra amiga suya, tan longeva que vivió “tres vidas”, nosotros podríamos traducirlo fácilmente a nuestro lenguaje y decir que esa cigarra ha vivido: “un año y medio” (seis estaciones).

Se debe advertir, no obstante, que aunque la cigarra ignore cosas que nosotros sí conocemos, nosotros también ignoramos muchas cosas del mundo de la cigarra, a pesar de que su mundo parece en cierto modo inferior al nuestro.

En el próximo capítulo examinaré el asunto de la relatividad y multiplicidad de puntos de vista desde otro punto de vista…

 


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ENTRADAS PUBLICADAS EN “LECTURA DEL ZHUANGZI”

¿Qué es el Zhuangzi?

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Jianwu comentó a Lianshu: "He oído a Jieyu, y sus palabras me causan pavor. Son palabras grandiosas pero no reales, tan lejanas

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 "Las cien articulaciones, los nueve orificios, los seis órganos, todos se unen y existen en mí. Pero, ¿de cuál de ellos debería sen

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"La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones, mas estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente?

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¿Qué es el Zhuangzi?

UNA LECTURA DEL ZHUANGZI /1

Zhuangzi es el nombre de uno de los libros chinos más importantes y conocidos.

Hasta hace poco, lo habitual era llamar a este libro “Chuang Tse” o “Chuang Tzu”. Ahora se prefiere escribir Zhuangzi, siguiendo las normas de transcripción pinyin aprobadas por la República Popular China y que permiten convertir al alfabetro latino los caracteres chinos. A pesar de que se escribe distinto, se pronuncia muy parecido, pues’zh’ en pinyin equivale a ‘ch’ y, por tanto, Zhuang se pronuncia Chuang.

Se considera que el Zhuangzi es el segundo libro taoísta más importante, por detrás sólo del Lao Zi (antes conocido como Lao Tse o Tao te King). Ya se verá, sin embargo, que no está nada clara la relación entre el Zhuangzi y el Laozi, y que incluso se ha llegado a considerar que el Zhuangzi ni siquiera es un libro taoísta. Aunque parezca asombroso, las fuentes o textos originales más antiguos del taoísmo se han descubierto en los últimos años y todavía se están traduciendo algunos. Se esperan grandes sorpresas, que tal vez cambiarán la manera tradicional de entender esos libros.

El Zhuangzi es una delicia inagotable, una maravilla llena de ingenio, sorpresas y humor, que mejora a cada lectura. Los expertos aseguran que el autor que da nombre al libro sólo escribió los siete primeros capítulos de un total de treinta y tres, los llamados capítulos interiores, pero yo creo se pueden encontrar muchas cosas interesantes en los otros capítulos, a menudo subestimados.

 

¿Quién era Zhuang zi?

El título Zhuangzi quiere decir “Maestro Zhuang”. Se supone que el maestro Zhuang fue quien escribió el libro, o al menos los primeros siete capítulos, y por eso se titula con su propio nombre.

En realidad, Zhuang es su apellido, porque el nombre de este personaje era Zhou. En cuanto a “zi” quiere decir “maestro”. Lao Zi significa “maestro Lao”, Kung Zi (Confucio) “maestro Kung”, y Zhuang zi “Maestro Zhuang”. Parece seguro que el maestro Zhuang existió, algo que no se puede afirmar de Lao zi. Se cree que nació en -369 o -365 en Meng, pero los estudiosos ni siquiera están seguros de a qué lugar exacto corresponde Meng. Se cree que murió hacia el año -290.

No sé si este título de maestro lo tuvieron todos estos personajes ya en vida o si es un añadido como el “San” o “Santo” de la iglesia cristiana. Cuando hablo de San Agustín, prefiero llamarlo Agustín de Hipona, puesto que él nunca se llamó San Agustín mientras vivió. No me gustan los títulos honoríficos y tampoco se me ocurriría decir “Sir Bertrand Russell”, aunque Russell recibió ese título cuando todavía vivía. Esta es una de mis pequeñas radicalidades inocentes, que llevo al extremo de no apreciar tampoco el tratamiento de “usted”, tal vez porque leí un ensayo de Voltaire sobre los cuáqueros en el que se explicaba por qué los cuáqueros no trataban de usted ni al rey de Inglaterra.

VOLTAIRE Lettres sur les Anglois Titel-3Según contaba Voltaire, los cuáqueros argumentaban su rechazo al “usted” con este argumento: si los discípulos de Jesucristo se dirigían a su maestro, que era el propio Dios, tratándolo de “tú”, ¿quién es el rey de Inglaterra para merecer un tratamiento más elevado? Todos, en consecuencia, somos hermanos en Cristo y nadie merece un título ni un tratamiento que él no tuvo.

Aunque yo no soy cristiano, el argumento me gustó, porque es cierto que es una delicia leer los evangelios cristianos, o los diálogos de Platón, en los que todo el mundo se trata de tú con naturalidad. El tratamiento de “usted” no me parece una muestra de respeto, sino de temor, de distancia o una herencia de virtudes jerárquicas como la fidelidad (he dedicado un ensayo a refutar que la fidelidad sea una virtud: Elogio de la infidelidad). Ya sé que algunos usan el “usted” con sus amantes, como una pequeña perversión: “abra usted las piernas”, “bájese usted los pantalones”; mientras sea sólo una pequeña perversión no le veo nada de malo, porque me gustan las pequeñas perversiones.

Otro tratamiento respetuoso que no me gusta es el “Don” que a menudo se aplican entre sí los tertulianos de la radio y que, bajo la apariencia de respeto hacia el oponente, suele servir para marcar una distancia infranqueable, y la incapacidad de hablar al interlocutor como quien habla a un amigo o a una persona a la que de verdad respeta. Tras la exagerada cortesía de quienes se tratan así, casi siempre se puede detectar el odio que se profesan unos a otros y la impaciencia con la que afrontan el tener que escuchar sus réplicas.

cuaqueros-shakers_dancing

Cuáqueros bailando (los célebres shakers). Puedes leer lo que cuenta Voltaire acerca de los cuáqueros y el tratamiento de “usted” en la Primera Carta sobre los cuáqueros, de Voltaire.

 

¿Por qué un comentario al Zhuangzi?

El Zhuangzi es inabarcable. Me ha influido mucho, pero pocas veces he escrito extensamente acerca de él, precisamente por lo difícil que es acercarse a una obra tan repleta de cosas interesantes. Lo haré ahora, con pequeños textos que espero me permitan mostrar el Zhuangzi tal como yo lo veo, lo que será también en cierto modo un mostrarme yo mismo, puesto que es uno de esos autores que no sólo mejora al lector, sino que a menudo es creado o re-creador por cada lector. Otro es Shakespeare.

zhuangzi-billeterAcabo de leer un libro de Jean François Billeter en el que propone una lectura diferente a la tradicional del Zhuangzi, con la insólita pretensión de entender lo que dice, cosa a la que, al parecer, renuncian los especialistas. A esa pretensión de Billeter yo añado otra, que él también adopta de vez en cuando: opinar si Zhuang zi tiene razón en las cosas que dice.

Los aficionados a la filosofía casi siempre se muestran muy preocupados acerca de si el filósofo en cuestión dijo esto o lo otro, de si una teoría se debe entender de esta o de aquella manera,  de cuales son las diferencias entre el primer Wittgenstein y el segundo Wittgenstein, pero casi nunca se preguntan si lo que dicen los filósofos es cierto o no, dudoso o no, falso o no, como si eso fuese algo ajeno a la filosofía. Curiosa actitud.

En consecuencia, este será un comentario muy libre al libro chino Zhuangzi.


Traducciones del Zhuangzi


 

zhuiangzi-IñakiZhuangziTrottaConviene leer primero el texto original y sólo después mi comentario. En cada capítulo de esta lectura ofreceré una traducción de los pasajes comentados, pero no siempre elegiré la misma versión. Existen diversas traducciones del Zhuangzi en castellano. Aquí seguiré principalmente las realizadas por Iñaki Ignacio Ydoeta, Carmelo Elorduy o la de Alex Ferrara, así como la traducción de los capítulos interiores (los siete primeros libros) realizada por Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer: Los capítulos interiores. Todos estos materiales se referencian en Bibliografía. Si no tienes ninguna traducción del Zhuangzi, puedes encontrar alguna en Internet. Por ejemplo, la de Alex Ferrara, que no es directa del chino, sino que se basa en la traducción inglesa de Burton Watson: en Chuang Tzu. Mi lectura del Zhuangzi es un documento de trabajo, por lo que habrá muchos errores que iré corrigiendo poco a poco. Las comparaciones científicas que a veces establezco no tienen como objetivo dotar al Zhuangzi de rigor científico o demostrar que coincide con las últimas teorías de la física o la biología. Se utilizan tan sólo para hacer los argumentos más fácilmente comprensibles por vía de comparación.


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