Extraños compañeros de culto: Mao y Deng

En Pekín, y probablemente en toda China, se mantienen restos del culto a Mao Ze Dong. El más espectacular es el retrato que corona la entrada a la Ciudad Prohibida, la antigua ciudad privada de los emperadores, en la que también residía Mao.

La entrada a la Ciudad Prohibida, residencia de los emperadores

El retrato de Mao Ze Dong en la entrada de la que fue su residencia: se puede observar al señor que está en el balcón para calcular el tamaño.

En las calles también se venden decenas de posters de los dirigentes comunistas, fundamentalmente de Mao, de Chou En Lai, de Liu Shao Qi y de Den Xiao Ping. Del actual presidente apenas hay nada, y tampoco del anterior, lo que es un buen síntoma, quizá, de que las cosas empiezan a cambiar.

Tal vez para muchos lectores, el culto a esos cuatro dirigentes (Mao, Chou, Liu y Den) les resultará del todo natural, puesto que rigieron China en la época heróica, gloriosa, o como se quiera llamar del comunismo. Sin embargo, el hecho mismo de que se los mencione juntos es bastante sorprendente, porque se trata de líderes que llegaron a enfrentarse abiertamente. Al menos, así sucedió con Mao Zedong frente a Liu Shao Qi y Deng Xiao Ping.

La rivalidad entre Mao y Liu fue quizá la más llamativa. Hacia 1959, Mao Ze Dong había sido apartado de la dirección del país debido los fracasos de sus políticas agrarias e industriales. Los colegas de Mao le obligaron a reconocer que su idea de abandonar la agricultura para convertir en acero todo el hierro de China no había conseguido el delirante propósito de superar a Gran Bretaña en tres años, sino que había provocado la que se considera la mayor hambruna de la historia de la humanidad: los propios comunistas chinos acabaron por reconocer catorce millones de muertos de hambre, pero otras fuentes (incluso desde dentro del Partido y de modo semi oficial) elevan la cifra a 30 o 40 millones. Además, ese acero fabricado a marchas forzadas y de manera chapucera era de tan mala calidad que había que tirarlo a la basura. Mao reconoció el error ante sus compañeros, pero lo hizo en privado, a puerta cerrada, para no debilitar la supuesta infalibilidad del partido ante el pueblo chino, ya se sabe que el Partido, como los Papas, es infalible: nunca se equivoca y siempre establece doctrina con sus actuaciones, auqnue sean contradictorias. Si Mao hubiese hecho esa autocrítica en público, es muy probable que el culto a su persona no fuera hoy lo que es.

Hacia 1959, en consecuencia, Mao Ze Dong permanecía alejado de los cargos dirigentes, pero seguía controlando el partido comunista. El nuevo presidente de China era Liu Shao Qi, quien intentaba corregir los desastres cometidos durante los últimos años. En algunas imágenes de reportajes de la época se le ve visitando a los campesinos en mangas de camisa, sin el típico traje azul y parece bastante más sincero y natural que las coreografiadas visitas de Mao. Liu parece un hombre realmente interesado en escuchar a los demás. Son imágenes casi conmovedoras, pero quizá son también apariencias engañosas. No lo sé.

Liu Shao Qi y Teng Dao Ning en el Museo de cera de Pekín. Teng Dao Ning es mi nombre chino, por supuesto.

El intento de Liu Shao Qi de cambiar el rumbo de la revolución no prosperó, porque Mao Ze Dong, desde su refugio de la Ciudad Prohibida, lanzó contra él en 1966 la Revolución Cultural, que le permitió regresar al poder. Liu Shao Qi y su mujer fueron encarcelados y Liu murió tiempo después en la cárcel, al parecer de un modo espantoso. La noticia de su muerte no se hizo pública hasta diez años después.

Liu Shao Qi había sido compañero de Mao desde la Larga Marcha y esa es la razón por la que aparecen juntos en muchas fotografías, pero su imagen fue prohibida cuando Mao recuperó el poder. En la actualidad, muertos los dos, se han vuelto a unir

. Quizá mucha gente en China no sabe siquiera qué fue lo que sucedió entre ellos, tal vez algunos incluso ignoren que Liu llegó a ser presidente del país..

En cuanto a Deng Xiao Ping, el sucesor de Mao, era amigo de Liu Shao Qi, por lo que también fue apartado del Partido, pero no encarcelado, que yo sepa. De hecho, Deng Xiao Ping, fue apartado de los cargos importantes al menos tres veces durante el tiempo maoísta, y condenado al ostracismo, a pesar de que, al parecer, tenía el apoyo de Zhou En Lai, quien era, junto con Mao, el dirigente más conocido del comunismo chino.

Tras la muerte de Mao Ze Dong se produjo en China una lucha interna en el Partido contra la viuda de Mao y otros tres dirigentes, conocidos como “la banda de los cuatro”. Finalmente, se impuso Deng Xiao Ping, quien acumuló todo el poder y fue llamado el Pequeño Timonel: porque no se podía comparar al dios Mao y porque era muy bajito (Mao era muy alto).

Deng Xiao Ping, el Pequeño Timonel

Deng Xiao Ping, procedió entonces ca desmontar el maoísmo. Lo hizo como siempre se hace todo en China y en la mayoría de los partidos comunistas del mundo, a puerta cerrada. Entre otras cosas, liberó a la viuda de Liu Shao Qi y rehabilitó la figura de Liu. Aceptó también la coexistencia en China de dos sistemas económicos,  el estatal totalitario (que ellos llaman comunista) y el capitalista, pero sólo en algunos lugares como Hong Kong, Macao o varias zonas o islas económicas que son hoy el motor de la economía china. Sin embargo, sus reformas no alcanzaron lo que muchos esperaban en el terreno político y Deng  se mostró tan firme (aunque no tan cruel ni de lejos) como sus antecesores, al reprimir cualquier disidencia, especialmente en los sucesos de la Plaza de Tianamen. Ahora, como ya he contado, también Deng se ha unido a Mao y Liu en los souvenirs al uso y son los dirigentes más representados, junto a Zhou En Lai.

Del culto a Mao Ze Dong volveré a hablar en este weblog con más detalle (ver La Maomanía), así como de todo lo relacionado con la Revolución china y la dictadura comunista. Aunque resulte asombroso, todavía hay muchísima gente que no tiene ni la más remota idea de lo que fue aquello, e incluso hay quienes piensan que “estuvo bastante bien”. Así que en su momento daré más referencias para quien le interese el tema.


MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

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[Publicado el 27 de septiembre de 2005]

 

La anaconda china

 

La represión de la libertad de expresión ha conocido diversas etapas en la china comunista, todas ellas terribles. Una de ellas tuvo lugar en 1956, y se llamó el Movimiento de las Cien Flores. Durante esa época Mao Zedong alentó la crítica bajo el lema: “Que se abran cien flores y compitan cien escuelas”. Muchos intelectuales se pronunciaron abiertamente contra el Partido Comunista y contra el propio Mao. Una vez conocidos los opositores, Mao pudo eliminarlos sin piedad, o enviar a más de 700.000 a centros de reeducación.

Perry Link señala que Cao Guanlong contaba en una de sus historias, publicada en 1980, que en los años de Mao, y especialmente durante la Revolución Cultural, una persona podía ser perseguida o detenida por hablar con su vecino acerca de su gato. La palabra gato (mao) se pronuncia casi igual que la del Líder Supremo (Mao), aunque variaba ligeramente en el tono. Si un policía confundía un tono con el otro, podía tomarse como un insulto y complicarle seriamente la vida. Seguramente se trata sólo de una parodia, pero no parece un reflejo ni mucho menos distorsionado de las paranoias de Mao Zedong.

Tras la muerte de Mao y la represión de la revolución de Tiananmen por su sucesor Deng Xiao Ping, la censura ha adoptado un disfraz menos sanguinario, aunque todavía es está ahí, a veces casi oculta. Perry Link publicó en 2002 un interesante artículo acerca de la manera en la que el Partido Comunista Chino reprime a los disidentes e impide las voces discordantes con el régimen.

Link propone una imagen que ha para definir al poder represor chino, la de una anaconda enroscada en una lámpara. ¿Por qué esa imagen?

anaconda

En primer lugar, Link compara el comunismo chino con el soviético y señala ciertas diferencias. Los soviéticos publicaban listas de palabras que estaba prohibido emplear en los periódicos, y se destinaba a una amplia burocracia para que supervisara tales órdenes. Los dirigentes chinos, sin embargo, prefirieron una censura menos precisa y, por ello, más difícil de esquivar. Nunca estaba ni está del todo claro qué es lo que se puede decir y qué es lo que se debe evitar.

La vaguedad de las acusaciones contra los disidentes hace que estos nunca estén seguros del terreno que pisan. Link señala varias ventajas de la indeterminación.

  • Una acusación vaga asusta a más gente.

Si yo soy un estudiante chino que resido en el extranjero y veo que la estudiante Gao Zhan fue arrestada al regresar a China, pero no sé exactamente de que ha sido acusada, entonces el motivo puede ser cualquier cosa imaginable. De este modo, uno comienza a autocensurarse. La vaguedad, dice Link, sirve para intimidar a un gran número de personas a la vez.

  • La indeterminación hace que una misma ley o situación pueda ser interpretada de diferentes maneras por el Partido.

La propia Constitución china da pie a interpretaciones diametralmente opuestas: se afirma en ella que los ciudadanos tienen libertad de expresión, de reunión y de prensa, pero enseguida se dice que el control por parte del Partido Comunista es inviolable, así como que el llamado pensamiento marxista-leninista-maozedongista, la dictadura del proletariado y el sistema socialista son indiscutibles.

“¿Quién puede decir que significa exactamente “contaminación espiritual”, “liberalismo burgués” o el resto de conceptos que el Partido utiliza para definir el mal comportamiento social? Por poner un ejemplo: ¿llevar el pelo largo es una contaminación espiritual?, ¿cómo de largo?, ¿por qué en los años ochenta algunas personas con el pelo largo fueron castigadas y otras no?”

Por eso, dice Link, la censura del gobierno chino no se parece a un tigre devorador de hombres o a un dragón que escupe fuego, sino a una anaconda agazapada en una lámpara:

“Normalmente la gran serpiente no se mueve. No tiene por qué. No tiene ninguna necesidad de establecer claramente sus prohibiciones. Su constante y silencioso mensaje es: “Tú mismo decides” (…) La noción estalinista de “ingeniería del alma” no puede compararse ni de lejos con la sutileza conseguida por los comunistas chinos en el terreno de la ingeniería psicológica (…) De este modo, vemos hasta qué punto la anaconda en la lampara puede proteger su poder.”

Incluso los extranjeros que visitan China no tienen claro qué es lo que pueden contar… si es que quieren recibir un nuevo visado en el futuro. Cualquier sinólogo extranjero sabe que no puede alejarse mucho de estas reglas no escritas si quiere seguir gozando de la posibilidad de viajar a China y consultar sus archivos. El propio Link admite que se ve obligado a autocensurarse, porque no sabe si la anaconda ya le ha visto y está esperando su próximo movimiento.

Recientemente hemos tenido ocasión de comprobar de nuevo los imprevisibles movimientos de la anaconda china con tres disidentes chinos: el premio nobel de la Paz Liu Xiaoboo, que permanece en prisión, el artista Ai Weiwei, que fue encerrado acusado de delitos fiscales y pornografía, pero luego liberado, aunque mantenido bajo arresto domiciliario, y más recientemente el activista ciego  Chen, que se refugió en la embajada de Estados Unidos, al que el gobierno chino anima ahora a pedir un permiso para estudiar en el extranjero. La pregunta es: ¿se lo concederá?, ¿le dejará regresar si se va?, ¿le meterá en prisión cuando todos nos hayamos olvidado de él?

Por eso no es extraño, supongo, que historiadores como Gernet o Short mantengan una ambigüedad en ocasiones vergonzosa en sus libros, y que incluso lleguen a considerar un mal necesario el período maoísta, algo que más o menos coincide con la visión que quiere trasmitir el régimen actual: por una parte son herederos de uno de los peores enemigos de Mao (su sucesor Deng Xiao Ping) y han renegado de todas las ideas de Mao, excepto la de que el Partido Comunista se mantenga en el poder; pero, por otro lado, saben que lo único que actualmente justifica su poder dictatorial es el culto póstumo a Mao, y por eso, cuando en 1980 dejaron de mostrarse en la Plaza de Tiananmen los gigantescos retratos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, se mantuvo, sin embargo, el retrato de Mao.

El último intento de sustituir el culto a Mao y recuperar el culto tradicional a Confucio, tuvo lugar cuando se instaló en 2011 una estatua del pensador frente al gigantesco retrato de Mao en la Plaza de Tiananmen, pero el intento fracasó y la estatua fue retirada, sin que se explicaran las razones, aunque sin duda se debió a las presiones de la vieja guardia del Partido.

Confucio en su breve estancia en Tiananmen


[Primera versión en 2006 en Anacrónico]

Si quieres leer (en inglés) el artículo de Link: The anaconda in the chandelier


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MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

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Mao, Stalin y Hitler y otras comparaciones

Alguien me dirá al ver el título de esta entrada: “No se puede comparar a Mao (o a Stalin) con Hitler”.

Esa es una estratagema a la que me fatiga responder. Casi siempre sirve tan sólo para justificar a Mao y a Stalin, como lo hizo en una ocasión Eduardo Haro Tecglen al escribir una opinión más vergonzosa que falsa: no se pueden comparar los millones de muertos de Hitler y los de Stalin, decía Haro Tecglen, debido a “la diferencia de finalidades y por la condición de las víctimas”.

La falsedad del sofisma anterior no es que sus objetivos fueran o no diferentes o que lo fueran sus víctimas, sino el hecho indudable de que el “no se puede comparar” quiere decir que lo que hicieron Mao y Stalin no fue en sí mismo espantoso.

mao

Mao en el museo de cera de Pekín. A mí me parece que los artistas del museo han mostrado a Mao mucho menos atractivo que a su rival Liu Shao Qi, aunque quizá me equivoco. También se puede hacer política con las figuras de cera.

Es cierto que hay comparaciones más atinadas y otras que pueden resultar ofensivas para las víctimas, como comparar la brutal e incluso fascista política de Israel con lo que fue el holocausto, la dictadura de Castro con la de Stalin, o la de Pinochet con la de Mao. En tales casos, la desproporción hace que la comparación sea casi un insulto, e incluso puede ser contraproducente para quienes quieren señalar los verdaderos crímenes de Pinochet, Castro o Israel.

Ahora bien, en el caso de Mao, Hitler y Stalin, las similitudes y la magnitud desmesurada del asesinato permiten y alientan la inevitable comparación. No con la intención de disminuir o agravar el crimen de unos u otros, sino como ejemplos de asesinato de masas a escala gigantesca y de dictaduras y sistemas de exterminio organizado pocas veces igualados a lo largo de la historia.

Ahora bien, es cierto que en este caso la comparación presenta una especial dificultad, porque no sabemos qué es lo que hicieron exactamente Mao y Stalin, pero sí sabemos con bastante precisión lo que hizo Hitler. Como suele decirse, la historia la escriben los vencedores y en China y Rusia siguen gobernando los mismos que cometieron esos crímenes, o sus herederos.

Por tanto, para no caer en el error de justificar a cualquiera de estos tres dirigentes sanguinarios, podemos establecer comparaciones más sencillas: Mao y Stalin comparados con Franco, con Pinochet o con Mussolini. Evidentemente, de esas comparaciones salen beneficiados en lo cuantitativo Franco, Pinochet y Mussolini, quienes ni de lejos pudieron matar y torturar a tanta gente como Stalin y Mao. Pero eso no hace mejores a esos tres dictadores, ni menos repugnantes sus crímenes.

En consecuencia, se pueden hacer todo tipo de comparaciones, a veces para clasificar los crímenes contra la humanidad en una escala puramente cuantitativa, otras veces para mostrar los métodos de unos u otros, la condición de las víctimas o los objetivos de unos y otros, pero lo que resulta mezquino, demagógico y cómplice con el crimen es la comparación exculpatoria y el suponer que alguien no es un criminal porque hay otro que le ha superado en número de víctimas o que no lo es por que sus víctimas eran diferentes, es decir “porque esas victimas se lo merecían”, que es, en definitiva, lo que estaba diciendo Haro Tecglen.


[Publicado en 2005]


MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

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En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

La Maomanía

En la Guía de viaje a China de la editorial Lonely Planet han añadido una entrada muy atinada acerca de la maomanía, en la que se preguntan por qué pervive todavía este culto a Mao.

Puesto que en China no se ha dado nunca un reconocimiento público de los crímenes cometidos por los dirigentes comunistas, al estilo de lo que se produjo en la Unión Soviética cuando Jruschov denunció los crímenes de Stalin, es hasta cierto punto lógico que perviva el culto a Mao.

Sin embargo el hecho de ver los posters de Mao y del realismo socialista, o su famoso Libro Rojo, en los puestos baratos de las calles parece indicar que muchos antiguos fervientes partidarios del Gran Timonel ya no sienten el ardor de antaño y han comenzado a revender sus recuerdos. Pero esto es difícil saberlo, porque ni yo hablo suficiente chino como para saber qué piensan los chinos ni, aunque lo supiera, sería fácil conocer su opinión. Ahora las ideas de Mao ya no se siguen, excepto en lo que se refiere a mantener la dictadura del Partido Comunista, y es posible que los actuales dirigentes permitan ciertas criticas, pero sin ir demasiado lejos, puesto que en el fondo ellos, casi todos ellos, estaban allí con Mao cuando todo eso pasaba y les sería difícil esconder su propia responsabilidad. Una situación ciertamente delicada que les obliga a mantener el culto a un dirigente al que muchos de sus antiguos compañeros detestan. Pero es que ese culto es casi lo único que da unidad a un comunismo chino sin identidad.

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Fotos de Mao en Pekín

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Más fotos de Mao, incluso en platos. En el cuadro aparece junto a Zhou En Lai y Liu Shao Qi (al que hizo morir en la cárcel)

Los posters de Mao y sus doctrinas, con guardias rojos blandiendo el Libro Rojo en plazas llenas de banderas rojas, de campesinos decididos que aplastan a las hienas capitalistas y revisionistas, o simplemente de escenas más o menos bucólicas, son en ocasiones muy hermosos, pero es muy difícil abstraerse de lo que significan y olvidar quien fue Mao. También puede haber cosas bonitas nazis, pero también me resultaría muy difícil comprarlas para lucirlas en mi salón o regalárselas a los amigos, por ejemplo una cariñosa foto de Hitler con sus perros o dando un beso a Eva Braum.

El culto occidental a Mao muestra claramente la inconsciencia de la izquierda revolucionaria que ha sido capaz de considerar como una especie de ídolo y tipo simpático a alguien que asesinó, según los cálculos más modestos, a 13 millones de personas. Muestra también la indiferencia de muchas personas hacia esos muertos, que no parecen preocupar a casi nadie.

Alguien dirá: “No hay que exagerar, sólo son imágenes”.

Es posible, pero ¿entonces porque tenemos prohibidas las imágenes nazis y el culto a Hitler y no las de Stalin y Mao? Disfrutemos entonces con todas ellas.

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Mao en oro, que es lo que produce su imagen para los tenderos

Por otra parte, considerar a Mao un icono pop al estilo de Andy Warhol creo que contribuye a que esos crímenes no sean realmente reconocidos, como sí lo son, y con muy buen criterio, los crímenes nazis. Se dice que tras el nazismo se dijo: “Nunca más algo así”, pero poco después se produjo en China “algo así”, algo que todavía mucha gente ni siquiera reconoce, porque ni siquiera lo conoce, lo que dice muy poco acerca de la afición de las personas por enterarse de la verdad.

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La cara de Mao sobrevive en los billetes actuales

Incluso gente que conoce y reconoce esos crímenes, como Tom Wolfe, que es más bien de derechas, tiene en su casa un busto de Mao. ¿Es imaginable que alguien del PSOE o Izquierda Unida o incluso de un partido de derechas  tuviera un busto de Hítler? En Madrid existe un restaurante en el que se mezclan imágenes de Mao con el hip hop, pero a cualquiera le parecería una barbaridad ver un restaurante en el que se mezclase a Hitler con la capoeira. Sin embargo, todos aceptamos el culto a Mao como si nada y el mundo sigue girando.

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Bolsos maoístas en Pekín, ahora también de moda en Occidente (hace poco vi a una amiga con uno de ellos y no tuve siquiera valor para decirle nada, porque supuse que si se lo había comprado era porque le parecía que llevaba un bolso con un tipo simpático, lo que muestra la desinformación que existe acerca de China y otros países comunistas (o una complicidad ideológica que sería mucho más triste)

 


MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

(1949- 2???)

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[Escrito en 2005]

¿Un país, dos sistemas?

Cuando se viaja a China, es fácil sorprenderse al ver la mezcla de capitalismo y comunismo. En la revista del avión, los anuncios de coches y hoteles de un lujo casi inconcebible se mezclan con artículos acerca de Mao Ze Dong y las ideas comunistas. En toda China parece haberse aplicado aquella frase que el Pequeño Timonel (Den Xiao Ping) inventó para Hong Kong: “Un país dos sistemas”. O su variante popularizada en España por Felipe González: “Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones.”

Sin embargo, el asombro ante este contraste tiene su origen en diversos equívocos.

El primero consiste en pensar que en algún momento de la historia de China ha existido una sociedad comunista: es más probable que esa sociedad comunista haya existido en los legendarios tiempos mitológicos que en el siglo XX. Para calibrar lo absurdo de esa pretensión bastará con recordar que no hay ninguna prueba concluyente de que haya existido algún tipo de comunismo primitivo, a pesar de ser tantos quienes hablan de ella: Platón, Rousseau, Marx, los taoístas, algunos modernos antropólogos… Si la existencia del comunismo primitivo es improbable, la del comunismo chino del siglo XX es simplemente un absurdo, al menos si entendemos “comunismo” como comunidad de bienes, gobierno del pueblo o cosas semejantes.

Lo que existió en la segunda parte del siglo XX en China y que todavía se mantiene, aunque ahora muy suavizado, es un estado totalitario que administraba la sociedad como lo hicieron los emperadores, es decir, a su antojo. La diferencia es que los dirigentes comunistas chinos han sido más sanguinarios que cualquier emperador de los últimos 500 años.

Esa es la primera parte del equívoco: la absurda idea de que en China existió en el siglo XX una sociedad comunista, entendiendo por comunismo su definición teórica original. Si por comunismo entendemos la aplicación práctica de las ideas comunistas por estados totalitarios creados en el siglo XX, a imagen y semejanza de la Rusia Soviética de Lenin, entonces sí, en China ha existido y sigue existiendo comunismo.

La segunda razón de que nos sorprenda el contraste capitalismo/comunismo se debe a la imagen que tenemos del comunismo según Mao Ze Dong. En esa imagen vemos a todo el mundo vestido de la misma manera, con trajes azules (incluidos los propios dirigentes comunistas) o el hecho de que hasta hace no mucho no existiera en China ningún tipo de lujo, excepto tras los muros de las casas de los dirigentes comunistas: ni coches, ni mesas suntuosas, ni nada de nada. Como es obvio, se trata de nuevo de una imagen de la propaganda, pues Mao vivía a todo lujo en el antiguo palacio de los emperadores: la Ciudad Prohibida.

Así que en nuestro torpe imaginario, y debido a lo maleables que somos a la propaganda, nos hemos imaginado que China era una sociedad comunista en la que todos eran como hormigas iguales vestidas con trajes azules.

Eso probablemente sucedía hace 30 años (lo de los trajes azules), pero desde la muerte de Mao las cosas han cambiado mucho, excepto que la dictadura continúa, ahora suavizada en represión, tortura sistemática y la ejecución de más de tres mil personas cada año. Nada comparable, claro está, a los heroicos tiempos del Gran Timonel Mao Zedong, en los que los muertos se contaban por decenas o centenares de miles cada año, o incluso por millones en períodos como la Revolución Cultural o el Gran Salto Adelante.


Acerca de las ejecuciones en China hay mucha información, pero puedes consultar este informe de Amnistía Internacional, donde se explica que, según el cálculo de un importante legislador chino, quizá haya 10.000 ejecuciones al año, una cifra que convierte en ridículas todas las del resto del mundo.


[Publicado el 13 de septiembre de 2005 en Mundo Flotante]


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