Empiristas y racionalistas, una dicotomía simplista

Antes de comenzar el comentario a Principios de filosofía: en la contraportada del libro, se dice que Descartes y Leibniz se han incluido, con razón, en el mismo capítulo de la historia de la filosofía, a pesar de las diferencias entre ambos, debido a que los dos comparten la idea central del racionalismo: el conocimiento y la verdad tienen que ver mas con el entendimiento que con los sentidos.

En mi opinión, esta dicotomía empirismo/racionalismo no es correcta, al menos no lo es cuando se presenta como dos posturas extremas y sin matices. Ningún empirista serio sostiene que los sentidos puedan tener conocimiento por sí mismos, ni siquiera el que suele ser considerado el fundador del empirismo: Francis Bacon. Es obvio que ambas posturas, racionalismo y empirismo, pueden ser ridiculizadas de manera grotesca y que tan sin sentido es pensar en un empirista que sostiene que la nariz o las glándulas olfativas piensan, como en un racionalista que sostenga que no es necesario usar los sentidos para conocer el mundo, por ejemplo para saber cómo huelen las rosas.

Francis Bacon

La verdad es que me siento mucho más cercano a los empiristas que a los racionalistas, e incluso creo que ni siquiera es necesario buscar ese siempre deseable término medio entre los dos bandos porque, insisto, los empiristas no subestimaban, ni mucho menos el papel de la mente, alma o cerebro (o como quiera llamarse), que añadían a la tarea de los sentidos. El propio Francis Bacon advertía del  peligro de pensar que los sentidos o la mera recolección de datos sirviese para conocer y no equivocarse. Así, dice:

    “La filosofía de los empíricos lleva a resultados aún mas monstruosos que los de la filosofía sofística o racional. La verdadera filosofía nace del consorcio entre la labor de los empíricos y el trabajo de los racionales” [1].

 

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[martes 2 de enero de 1990]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

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cuadernodefilosofia

 

 

  1. [1] Citado en Paolo Rossi,  Los filósofos y  las maquinas, 86

Las dos sustancias: alma y cuerpo

Después de establecer el Cogito ergo sum (“Pienso luego soy”), Descartes afirma en sus Principios de filosofía:

“A partir de aquí se conoce la distinción entre el alma y el cuerpo, es decir, entre la cosa pensante y la corporea” (Punto 8).

Esto me parece un salto argumentativo bastante grande, que quizá se podría justificar, pero que no está justificado en el texto.

Cuando Descartes afirma que nuestra naturaleza es pensamiento, no debería olvidar que dependemos hasta  tal punto de nuestro cuerpo que sin él morimos, o al menos eso parece.

 

Comentario en 2012
Supongo que en estas notas a los Principios de Filosofía de Descartes, escritas en 1990, volví a hablar de este asunto, así que aquí sólo aclaro que me refería entonces a que deducir a partir del “Pienso luego soy” la distinción entre alma y cuerpo (entre sustancia pensante y sustancia extensa o res extensa y res cogitans en la propia terminología de Descartes) es un salto de proporciones descomunales, completamente injustificado y que es una de las extrañas e incomprensibles distorsiones que el propio Descartes hace de su método de la duda.

Si Descartes o yo, o cualquiera, pudiera pensar sin usar el cuerpo, entonces podría llegara a decir con toda tranquilidad:  “Pienso al margen de mi cuerpo, luego no hay necesidad de tener o de ser un cuerpo para pensar”.

Pero es evidente que tal cosa no le sucedió a Descartes, ni a mí, ni a nadie, que se sepa.

Podríamos establecer una comparación con los modernos computadores: en la pantalla de un computador puede aparecer el siguiente mensaje:

“Pienso luego soy”

Lo que no quiere decir ni que el computador piense ni que pueda deducir a continuación:

“Puesto que en mi pantalla aparece la frase “Pienso luego soy” entonces mi pantalla piensa sin necesidad de ningún circuito electrónico”.

Porque, si desenchufamos la pantalla del ordenador, ¿qué sucede? El mensaje y toda la estupenda deducción desaparecen.

Con esto no pretendo decir que el alma se equipare a una pantalla de ordenador y el cuerpo al propio ordenador, sino tan sólo mostrar lo que sería un razonamiento tan erróneo como el de Descartes: que las pantallas de ordenador pueden procesar y escribir mensajes por sí mismas.

En vez de imaginar que es el ordenador quien deduce todo eso, simplemente podemos imaginar que lo deducimos nosotros: “Puesto que en la pantalla del ordenador aparece este texto, entonces ese texto es creado por la pantalla”. Algo que sólo podría aceptarse en plan de broma si se tratase de un ordenador-pantalla como el iMac.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

Descartes

Descartes

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La divisibilidad

divisible

En el Punto 26 de Principios de la filosofía dice Descartes:

“La cantidad es indefinidamente divisible”.

Esto puede parecer probable, pero es un tema difícil en sus dos alternativas, puesto que es casi igual de inconcebible la divisibilidad infinita como [también la existencia de] una partícula indivisible.

En otra parte he hablado en algún lugar de la posibilidad de una partícula indivisible en la realidad pero divisible mediante la razón.

 

NOTA 2015
No sé ahora a qué lugar me refería en el que he escrito acerca de esa partícula divisible mediante la razón pero no en la realidad, pero supongo que es algo perfectamente concebible. Por ejemplo, si imaginamos una partícula subatómica que no pueda ser dividida ni con toda la fuerza concentrada del resto del universo. Podría ser, me parece, una imposibilidad física pero no inimaginable: es decir, podríamos distinguir partes en esa partícula, pero no ser capaces de dividir esas partes. Supongo que en aquel texto me refería yo a algo parecido.


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Dudar de las cosas sensibles

Descartes da varios argumentos para demostrar por qué podemos dudar de las cosas sensibles:

“Porque a veces nos hemos dado cuenta de que los sentidos son engañosos, y es prudente no confiar nunca demasiado en quienes nos han engañado, aunque sólo haya sido una vez”.
(Principios de filosofía, punto 4).

 Esto es cierto.

Ilusión óptica

NOTA ¿1996?:
Es cierto, pero también habrá que pensar si no nos ha engañado también más de una vez la reflexión pura. Por ejemplo: creíamos tener la solución de un problema matemático y luego hemos descubierto que nos hemos equivocado: y podemos descubrir ese error precisamente mediante los sentidos.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[martes 16 de enero de 1990]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

 

Explicar de manera lógica lo simple y evidente

Dice Descartes:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se hacen más oscuras por las definiciones lógicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones lógicas nociones que son absolutamente simples y evidentes por sí, haciéndolas así muy oscuras (Punto 10).”

rivadulla

Un libro de Andrés Rivadulla muy interesante pero, al menos para mí, difícil de seguir por su formalismo lógico.

Es frecuente también, con posterioridad a Descartes, la aplicación de símbolos y fórmulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos.

Uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de filosofía con fórmulas lógicas, como casi hace Andrés Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, he de reconocer que para alguien que tenga un conocimiento de la lógica como el que puede tener un compositor o intérprete respecto a la música,  tal uso de la lógica no resultará exagerado.

Yo he de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

A>B
A
——-
B

esto lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (mentalmente):

“Si A, entonces B; A, luego B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4, no necesito hacer esa traducción, que se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Pero, además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito hacerme una ‘ejemplificación’, es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los europeos son blancos, etc”, cosa que no tengo ninguna necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar: “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”, sino que me basta con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras dos unidades.

Por tanto, esta es una deficiencia mía y es posible que para algunas personas leer lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas les puede resultar muy útil la inclusión de fórmulas lógicas.

De todas formas, aunque sean útiles, creo que pueden resultar engañosas y que raramente son imprescindibles.

 

NOTA 1991
La verdad es que no estoy seguro de todo esto.

NOTA 2015
De todos modos, creo que a lo que se refiere Descartes no es exactamente al uso de estrictas fórmulas lógicas, sino a definiciones para definir nociones supuestamente claras, simples y evidentes. En realidad, ahora pienso que se trata de un truco de Descartes para que nadie discuta esas nociones claras y distintas a las que él recurre, y que son uno de los grandes fallos de su sistema filosófico. Muchas de esas nociones claras cartesianas, en efecto, solo lo eran para él.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

Descartes

Descartes

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

 

 

El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se  hacen mas oscuras por las definiciones logicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Principios de filosofía, Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones logicas nociones que son absolutamente simples y evidentes de por sí, haciendolas así muy oscuras (Punto 10).”

 Yo también creo que es a veces exagerada la aplicación de símbolos y formulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos. Un uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de  filosofía con fórmulas lógicas, como casi  hace Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, hay que reconocer que para alguien que  tenga un conocimiento de la lógica similar al que puede tener un compositor  respecto de la música, tal uso de la lógica  no resultará  exagerado.

He de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin necesidad de traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

Lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (aunque sea mentalmente): “Si A, entonces B; A, luego  B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4,  no necesito hacer esa traducción, sino que la comprensión se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito elaborar una ‘ejemplificación’,  es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los  europeos son blancos, etc”, algo que tampoco tengo necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar:  “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”,  sino que me basta  con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras  dos unidades.

En consecuencia, entiendo que mi poca familiaridad intuitiva con las fórmulas lógicas es una deficiencia personal y que es posible que para algunas personas “leer” lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas quizá les resulte útil la inclusión de fórmulas  lógicas.

Ahora bien, aunque sean útiles, creo que el uso de demasiadas fórmulas lógicas puede llegar a resultar engañoso y que raramente son imprescindibles.

“Los pingüinos son blanco y negro, los viejos shows de televisión son blanco y negro, por lo tanto, algunos pingüinos son viejos shows de televisión”. [LÓGICA: otra cosa en la que los pingüinos no son muy buenos].

Nota en 2012: Aunque más o menos estoy de acuerdo con lo que dije en este apunte, y creo que no hay que abusar de la lógica, no se me oculta que en muchas ocasiones recurrir a una fórmula lógica puede solucionar también con rapidez una confusión. Por ejemplo, son muchísimas las personas que confunden razonamientos elementales como los que se expresan en el modus ponens y en el modus tolens. Demasiado a menudo se cae en errores lógicos de parvulario al concluir, por ejemplo, que si todos los A son B entonces un B es necesariamente A. Nadie suele creer, después de una frase como “los alemanes hablan alemán” que cualquiera que hable alemán sea también alemán, pero en cuanto los términos del razonamiento no son tan inmediatamente evidentes, es frecuentísimo que se cometa el error antes descrito, o el del pingüino del chiste.

Nota en 2015: Esta breve nota de mi lectura de Principios de la filosofía de Descartes es, junto a Fuerzas de atracción, la entrada más visitada de todo mi sitio web. Ignoro la causa.


[miércoles 17 de enero de 1990]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Entendimiento y voluntad en Descartes

Tras intentar demostrar o fingir intentar demostrar la existencia de Dios de varias maneras no muy convincentes, Descartes se preocupa de la distinción entre la percepción del entendimiento y la operación de la voluntad.

Sentir, imaginar y el puro entender son modos de percibir, mientras que desear, rehusar o afirmar, son modos del querer.

El error, nos dice, y aquí Descartes se enfrenta con los escépticos, nunca se halla a la percepción, sino en todo caso en el juicio hecho sobre una percepción, pues en el juzgar se requiere tanto el entendimiento como la voluntad. El problema surge porque la voluntad se extiende más allá del entendimiento, pues en cierto modo es infinita, mientras que nuestro entendimiento, al ser creado, es finito. En cualquier caso, conviene recordar, nos recomienda Descartes, que la mayor perfección del hombre consiste en el obrar libre, por lo que somos nosotros la causa de nuestros errores y no Dios. Finalmente, vuelve a insistir en que el libre arbitrio es evidente de por sí.

Aquí yo señalaría tan sólo que, ahora que sabemos más de la manera en la que percibimos, seguramente deberíamos admitir que la percepción y el entendimiento están más estrechamente ligados de lo que parece y que existen ciertas situaciones en las que nuestro entendimiento es engañado por una teoría no nacida de nuestra voluntad, sino de nuestro propio sistema perceptivo, que en función del contexto interpreta de diferente manera la realidad. Me refiero a ilusiones como la siguiente:

optical-illusion-blocks

La parte central de los dos recuadros es exactamente del mismo color.

Una ilusión como la anterior, ¿procede de nuestros sentidos o de nuestro entendimiento? Resulta difícil decirlo, pero parece que su origen está en algo más que la simple percepción de los colores y en algo menos que nuestra voluntad.

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[Escrito antes de 2000, excepto el comentario final (texto en verde) que fue escrito en 2014]

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Modos de conocimiento en Descartes

Dice Descartes que hay cuatro medios por los que se puede adquirir la sabiduría. Uno es la lectura; otro son las nociones que se pueden adquirir sin meditación (las nociones innatas, supongo); el tercero, lo que la experiencia sensible nos permite conocer, y el  cuarto la conversación con otros hombres.

Descartes no incluye el conocimiento revelado (la revelacion divina) puesto que se obtiene instantáneamente y no por grados, pero añade:

“Siempre ha habido grandes  hombres que han tratado de encontrar un quinto grado para llegar a la sabiduría, incomparablemente mas alto  y mas firme que  los otros cuatro. Estos hombres son los que se llaman filósofos. Estos hombres han tratado de obtener a partir de las  primeras causas los primeros principios, las razones de todo lo que podemos saber”.

 Ya he dicho en algún lugar que yo no comparto esta pretension.

De todas maneras, este quinto  grado tambien se podría entender a la manera de un conocimiento no intelectivo como el que predica el zen o el sufismo. O lo que me comentaba mi amigo MA  hace unos días: que no descartaba la posibilidad de un conocimiento  no intelectual superior al intelectual pero que tampoco fuese divino.  Bien, yo, con todo esto, ni estoy de acuerdo ni dejo de estar de acuerdo.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[sábado 6 de enero de 1990]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

La duda cartesiana y la vida practica

Después de decir Descartes en sus Principios de Filosofía que se debe dudar de todo al menos una vez en la vida, añade:

“Mientras tanto, esa duda no debe afectar a la practica de la vida” (Punto 3).

Este es, evidentemente, un precepto mucho mas pragmático que otros de los que da Descartes y no está mal.

Ahora bien, una vez establecida la duda, y tras la reflexión posterior, quizá si se produzca una modificación de la vida, porque resultaría bastante triste, además de sospechoso, que un acto de reflexión profunda no modificase en nada nuestro carácter, nuestra manera de vivir o nuestra actitud. Aquí quizá habría que recordar a Juan de Salisbury, quien opina que el filosofo debe seguir en su vida práctica las consecuencias a las que le conduce su reflexión teórica, en oposición a aquellos que piensan que teoría y práctica no tienen relación, como ha podido verse en el caso Heidegger. En el caso de Wittgenstein, aunque a veces no fue consecuente con ello, hay que reconocer que el filosofo vienes opinaba como Juan de Salisbury.

Por otra parte, lo que dice Descartes es lo que decía el escéptico Sexto Empírico. Otra coincidencia más de Descartes con los escépticos, en la que quizá debemos percibir también un consejo para mantener cierta prudencia en cuestiones polémicas (en especial, claro, con la doctrina de la Iglesia católica).

NOTA 1996
El caso más extremo de divorcio entre teoría y práctica es Schopenhauer. Sin embargo, hay que poner un matiz: la reflexión teórica puede llegar a conclusiones que después no es tan fácil llevar a la práctica. La razón es que, al igual que sucede en Física, la reflexión moral trata de situaciones idealizadas, sin tener en cuenta cosas como la fricción, la irregularidad del terreno, la no esfericidad perfecta de una esfera de metal, etcétera, que sí se dan en la realidad.

NOTA 1999:
Esta es una buena idea, que voy a intentar desarrollar en otro lado. Por ahora la voy a poner en Cronos 5, para no olvidarme de ella.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 15 de enero de 1990]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

 

Ser vencido al vencer al enemigo

Dice Descartes que un defecto que se puede observar en la mayor parte de las disputas es que:

      “Siendo la verdad intermedia entre las dos opiniones que se sostienen, cuanto mayor es la inclinación a refutar la opinión contraria, tanto mas se aleja uno de la verdad”.

 Esta también me parece una opinión acertada acerca de los filósofos y de las disputas filosóficas.

2012__
De esto he hablado en otro de estos comentarios a Los principios de la filosofía, al referirme a la distorsionada y desfigurada disputa entre empiristas y racionalistas: cuando se adopta una etiqueta para definir el propio pensamiento, a menudo uno acaba defendiendo o lo indefendible o lo absurdo, tan sólo para mantener la coherencia.

Puse a este breve comentario el título “Ser vencido por los enemigos” [que ahora he cambiado por “Ser vencido al vencer al enemigo”]  porque siempre me ha interesado mucho algo que les sucede a casi todos los polemistas y disputadores. Llega un momento en que ya no defienden lo que creen, sino que tan solo se ocupan de atacar lo que creen sus rivales o enemigos. A eso lo llamo “ser vencido por los enemigos al vencerlos”, ese momento en el que uno se preocupa más por no coincidir con sus rivales que por pensar con serenidad.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 8 de enero de 1990]

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