Novelas vulgares

Se podría decir que lo que diferencia a una novela vulgar de una novela ambiciosa o compleja no es lo que puede parecer a primera vista por su denominación como “novela vulgar” o “barata”. No es que lo que se dice en una novela vulgar no pueda ser tan interesante como lo que se dice en una novela más compleja. En muchos casos seguro que es más interesante. porque el que uan novela sea compleja no implica que también sea interesante. Pero la característica importante de este tipo de novelas, de las novelas, simples, sencillas o vulgares, entre las que se incluyen casi todos los bestsellers, es que las cosas se dicen sólo de una manera.

No es que la interpretación no pueda interesarnos, es que sólo hay una interpretación. Al leer esas novelas sabemos perfectamente qué es lo que el autor ha querido decirnos, no nos quedan dudas: quiere decirnos esto, y nosotros lo entendemos. Así que, como lo entendemos, no necesitamos detenemos y seguimos leyendo. Esto es lo que hace que sean tan amenas: nunca nos detenemos, siempre seguimos adelante porque todo lo entendemos.

James Joyce

En las novelas que resultan difíciles para el lector vulgar…

Espera: ¿qué quiero decir con “vulgar”?

Pues simplemente el que no quiere detenerse ni esforzarse, ni preguntarse qué ha querido decir el autor (o qué está diciendo esta frase, incluso  aunque el autor no lo haya querido decir de manera consciente). En las novelas difíciles no hay una sola interpretación, sino varias. Como dijo Edmund Wilson acerca de las múltiples interpretaciones del Ulysses de Joyce, estas novelas se parecen a la física cuántica y al principio de indeterminación de Heisenberg: cada vez que se leen se encuentra algo distinto porque el observador, el lector, modifica lo observado.

Las reflexiones anteriores, aunque parecen contener una cierta connotación  quizá no despreciativa pero sí depreciativa hacia la novela vulgar, y eso es algo que sería quizá hipócrita negar, sin embargo no implican un juicio negativo eo ipso: puede darse el caso de que una novela simple sea capaz de trasmitir una belleza cierta, una belleza superior a la de una novela compleja. De eso no me cabe ninguna duda, y mi intención es investigar ese asuntoen el futuro y buscar  la belleza de las grandes novelas vulgares. Pero ahora pensemos en una novela que me viene a la cabeza, “Piotr, el letón”, de Georges Simenon. Me gustó mucho esta novela protagonizada por el comisario Maigret. Me pareció extraordinaria. Sé que cuando vuelva a leerla me volverá a gustar, pero sospecho también que no encontraré nada nuevo en ella, a no ser que ello se deba a mi torpeza de lector. Sin embargo, sé que si leo de nuevo un pasaje de En busca del tiempo perdido de Proust, del Ulysses o de la Odisea de Homero, encontraré algo nuevo y que ello no se deberá a mi precedente torpeza. Aunque haya llevado a cabo una excelente y atinada primera lectura de esos libros, en la segunda me espera inevitablemente algo nuevo.

 


 

[Escrito el 6 de diciembre de 2011 en el hotel New Pearl de Cantón (Guangzhou)]

 

El robot 3,14 conoce a su Creador

La historieta de 3,14 creada hace 40 años por Pastecca ha sido la entrada más visitada desde que tengo esa página en WordPress, así que supongo que muchos lectores estarán esperando la continuación.

Si no has leído la historieta anterior, hazlo antes de leer esta:

El robot de Google y 3,14 de Pastecca

En la última viñeta veíamos cómo el brazo del robot 3,14, completamente desmontado, llamaba a la puerta de su creador, el dibujante Pastecca, seudónimo de Iván Tubau. En estas dos últimas tiras,  el robot y su autor se encuentran por primera vez.

 

Pronto más aventuras de 3,14 rescatadas de los formatos analógicos…

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ENTRADAS PUBLICADAS EN “EL NOVENO CIELO”

La guerra de Alan

Gracias a mi amigo Jose C. (no le gusta encontrar su nombre en la red), descubrí este comic delicioso de Emmanuel Guibert. Es una novela gráfica en dos volúmenes, que cuenta la guerra de Alan Ingram Cope, un ciudadano americano … Sigue leyendo

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Suehiro Maruo y Lunatic Lovers

Suehiro Maruo es un guionista y dibujante de comic japonés. Acabo de leer (2004) varias historias cortas suyas editadas en el volumen Lunatic Lovers. Sé muy poco de Maruo, excepto que su obra más conocida es La sonrisa del vampiro. … Sigue leyendo

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Will Eisner

Hace unos días (2005) murió Will Eisner, a consecuencia de complicaciones después de que le implantaran un cuadruple bypass. Tenía 87 años. Will Eisner es considerado por muchos como el autor más importante e influyente de la historia del comic. … Sigue leyendo

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PASTECCA

Iván Tubau, dibujante Aquí inicio o reinicio la página de Pastecca, en la que iré subiendo los dibujos de mi padre, agrupándolos a veces en temas, como en este caso sucede con el arte moderno. ARTE MODERNO Y ARQUITECTURA Varios … Sigue leyendo

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Krazy Kat y el pato de Pekín

Una historieta de Krazy Kat creada por George Herriman, en esta ocasión con el pato chino Mr. Mock Duck. Es interesante observar que el chiste, como suele suceder en las historietas de Herriman, ofrece varias lecturas. Por una parte, esta … Sigue leyendo

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Alfonso Azpiri

El día 19 de agosto murió Alfonso Azpiri, el gran dibujante e ilustrador. He seguido sus historietas desde sus comienzos en la revista Trinca, de la que llegué a tener todos los números, y también en Cimoc (“comic” al revés), … Sigue leyendo

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LA ETERNIDAD EN 24 HORAS

Gracias a mi amigo Andrés, descubrí hace poco [2003] a Scott MacCloud, un autor de comics y teórico que ha publicado dos libros acerca del arte del comic que son una delicia: Cómo se hace un comic y La revolución … Sigue leyendo

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El almanaque de Taniguchi

Viene esta entrada a cuento no de un cuento, sino de un comic, porque esta mañana, el último premio Ausias Marc de poesía (mi padre), me intentó llevar al cajón alternante de los que prefieren el simbolismo, la fantasía o … Sigue leyendo

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El noveno arte

Seguramente ya empieza a ser innecesario decir que el cómic puede ser comparado con cualquiera de las artes consideradas mayores, la literatura, la música, la pintura, etcétera. Poco a poco, esta certeza va apoderándose de cualquier persona, cuando ve que los museos … Sigue leyendo

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Will Eisner y Orson Welles

Hace unos días, en el viaje de regreso a Madrid con Dany Campos, Fiona y Joaquín tras una clase en la Asociación de Guionistas de Murcia, Joaquín me comentaba las semejanzas entre cine y cómic y se preguntaba si Orson Welles habría … Sigue leyendo

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EL NOVENO CIELO

CÓMIC E ILUSTRACIÓN

Aquí puedes ver todas las entradas publicadas en las páginas de El Noveno Cielo, y también todas mis historietas, ya sean de Craven, Mosca y Caja, Filocomic o cualquier otra. Copyright protected by Digiprove © 2013 Daniel TubauSome Rights ReservedOriginal content here is published under these license … Sigue leyendo

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Poema a Fumetti, de Dino Buzzati

En la estación Termini de Roma compré un libro de Dino Buzzati. Buzzati es famoso sobre todo por su libro El desierto de los tártaros, que Borges elogió e incluyó en su colección de obras maestras de la literatura. Desde … Sigue leyendo

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Pyongyang, de Guy Delisle

Pyongyang es un comic de Guy Delisle, un dibujante de animación canadiense que viajó a Pyonyang, la capital de Corea del Norte, que es, junto con China, uno de los últimos regímenes comunistas del mundo. Pero China es ahora una … Sigue leyendo

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PASTECCA… ataca de nuevo

Siempre que voy a un restaurante y el mantel es de papel me pongo a hacer dibujitos. Es una costumbre que he aprendido de mi padre Iván. Una noche en qué cenábamos Bruno y yo con Iván en el restaurante … Sigue leyendo

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¿Qué es el Trund?

Muchas personas se han interesado en los últimos días por el Trund, pero nadie parece ponerse de acuerdo en qué es. Así que, si queréis ver el Trund, atentos, que aquí está… ********* [Publicado el 7 de diciembre de 2003 … Sigue leyendo

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Si buscas otros cómics alojados en danieltubau.com (Craven, Mosca y Caja, Filocomic…) visita esta entrada: El Noveno Cielo (cómic e ilustración).

No lugares en 2011

Aeropuerto de Dubai

Hace unos años, cuando escribí acerca de los no lugares (ver Escrito en el cielo y en ningún lugar), creo que no señalé un hecho que ahora me parece llamativo, al menos en los aeropuertos.

Aquí, en el aeropuerto de Dubai, veo a personas procedentes de todo el planeta: africanos de países como Nigeria, Senegal, Egipto o Marruecos, chinos, japoneses, europeos, estadounidenses, mexicanos, árabes… Cada uno va a su aire, unos vestidos con ropas regionales o étnicas, otros con el traje tradicional de las sociedades desarrolladas (chaqueta y corbata). Todos nos cruzamos y nos miramos, con esa mirada de aeropuerto, a medias indolente y a medias curiosa, y todos nos comportamos de manera distendida, porque todos sabemos que somos privilegiados, porque este no-lugar que es un aeropuerto internacional no está abierto a cualquiera; hace falta, como decía Marc Augé pagar una entrada, que en este caso es muy cara: el pasaje del avión. Así que aunque uno esté huyendo de la miseria, buscando una vida mejor en otro país, ahora, este momento de tránsito en el aeropuerto puede ser vivido sin más angustia que la de despistarse y perder el vuelo.

En cualquier caso, y eso es lo que me interesaba señalar, en la relación efímera que se establece entre todos los que compartimos los espacios comunes del aeropuerto, hay poca o ninguna agresividad, a pesar de que muchas de estas personas que caminan (que caminamos) enfundados en nuestros trajes étnicos, si se cruzaran en las calles de una ciudad cualquiera en muchos casos se mirarían al menos con desconfianza, sino con desprecio mejor o peor disimulado, e incluso con miedo.

Esta convivencia en los aeropuertos esconde sin duda alguna lección, tal vez relacionada con la no territorialidad, con la suspensión o la atenuación de la identidad. Muestra en la práctica, en la vivencia inmediata, un cierto cosmopolitismo, aunque sea transitorio. Tal vez los aeropuertos internacionales sean también el limitado y modesto anticipo de un mundo postnacional, que por pertenecer a todos no pertenezca a ninguno.

También muestra, creo, que los seres humanos somos capaces de aceptar reglas de juego distintas a las que aplicamos en nuestra vida cotidiana y que quizá el error es no aplicar estas reglas, las reglas cosmopolitas del aeropuerto, en nuestra vida llena de nacionalismos e identidades grupales.

 


 

[Escrito el 5 de diciembre de 2011]

Una modesta proposición para una nueva economía

Entre los que proponen reformas o revoluciones para construir un mundo mejor, son mayoría los que quieren eliminar los derechos de autor.  Yo creo todo lo contrario. Mi opinión es que los derechos de autor tendrían que aplicarse a casi todo, que no tendrían que eliminarse, sino universalizarse. Voy a intentar explicarlo mediante un ejemplo sencillo.

Actualmente, por el capítulo de una serie de televisión cobran derechos de autor el director, el realizador, el guionista y el músico. Eso quiere decir que, cada vez que el capítulo se emite, esas cuatro personas cobran un porcentaje sobre los beneficios obtenidos. Quienes pretenden eliminar los derechos de autor tienen la extraña teoría de que la mejor manera de combatir los abusos del capitalismo es permitir que cada vez que se emita el capítulo de una serie, el canal de televisión, por ejemplo Tele 5 gane dinero, pero que no lo ganen quienes trabajaron en la serie. Da la impresión de que lo que quieren es defender los ingresos de los capitalistas “más capitalistas”, es decir, los directivos y accionistas de las cadenas de televisión, que son los que siempre ganan dinero cada vez que se emite ese capítulo, a cuenta de la publicidad, del dinero de sus suscriptores o de la venta de entradas

Yo creo que en una economía más justa no sólo deberían cobrar obtener beneficios los accionistas de las grandes empresas. Ni siquiera las cuatro personas que la SGAE considera autores (director, realizador, guionista y el músico), sino todos los que han trabajado en la serie: los editores, los redactores, los iluminadores, los decoradores, los electricistas, los maquilladores y el personal de limpieza. Cada vez que se emita ese capítulo, todos ellos deberían cobrar un porcentaje proporcional a su participación en la obra en cuestión. Porque sin la participación de todos ellos esa obra no existiría.

Ese era el ejemplo sencillo: el capítulo de una serie de televisión.

Ahora que el lector ya sabe por dónde voy, añadiré que cuando una casa se vende o revende también deberían cobrar un porcentaje sobre los beneficios tanto el arquitecto que la diseñó, como el maestro de obras y cada uno de los obreros que han participado en su construcción. La misma idea se debería aplicar a todo, o al menos a todo aquello que puede genera un valor en el futuro.

Se me dirá que esta es una más de esas teorías alocadas que quieren cambiar el mundo en dos meses, que eso es imposible, que cómo se calculan esos porcentajes, que exigiría una horrorosa burocracia, un papeleo incesante.

En lo que se refiere al cálculo de los porcentajes es una cosa tan simple o tan difícil como los cuatro que ya se calculan. Simplemente hay que extender el cálculo a cada persona que participe en la obra. Es obvio que algunos obtendrán mayores porcentajes que otros, pero eso no impide que la suma de muchos pequeños porcentajes acabe resultando rentable para quienes han trabajado en muchas obras, aunque sea de manera modesta. Se producirán desajustes, correcciones, lo inevitable. Nada grave.

En la actualidad, por ejemplo, los que cobramos un porcentaje por trabajar en una serie de televisión (guionistas, realizadores, directores) nos preguntamos por qué el músico que ha escrito la sintonía cobra casi lo mismo que nosotros, si él sólo la ha escrito una vez y nosotros hemos trabajado, por ejemplo, en 65 programas. Es una desproporción que se debe al poder que los músicos tuvieron en la fundación de la sociedad que gestiona los derechos de autor (la SGAE).

Ese desequilibrio y otros semejantes habría que corregirlo pero, con todos los errores y defectos más o menos evitables, vale la pena pararse a calcular un poco los porcentajes de todos los que crean algo, ya que eso va a proporcionar un beneficio futuro a muchas personas.

En cuanto al papeleo y la burocracia, la existencia de los ordenadores ha vuelto obsoletos ese tipo de argumentos. Del mismo modo que el Ministerio de Hacienda puede calcular la declaración de millones de personas, cada vez que se hiciera un trabajo bastaría con archivar el nombre de las personas que han colaborado en él y el porcentaje que les corresponde en caso de que la obra obtenga más beneficios en el futuro. El dinero se ingresaría directamente en su cuenta corriente.

De este modo también se evitaría el abuso que cometen muchas empresas cuando plantean a sus trabajadores aquello de “Tenemos ciertas dificultades… ahora hace falta un esfuerzo… y esto es lo que te podemos pagar, porque no tenemos para más”. El trabajador, claro, no tiene más remedio que aceptar, creyéndose, o fingiendo creer, las “dificultades” del empresario. Meses después, ese empresario explota y reexplota la obra por la que pagó una cantidad miserable, obteniendo unos beneficios que no reparte, excepto con los cuatro de la SGAE, guionista, director, realizador y músico, porque la ley le obliga a ello. En la nueva situación que propongo, el trabajador podrá responder: “De acuerdo, acepto esto que me ofreces, pero cuando ganes más dinero, gracias a este esfuerzo que ahora hago yo, recibiré también mis beneficios”.

Porque, aunque es razonable que algunas personas cobren más que otras en función de su esfuerzo o de su participación decisiva, no creo que sea razonable que nadie cobre lo que cobra Bill Gates por ser presidente de Microsoft. Porque Gates no diseña ni programa personalmente cada uno de sus programas. Los miles de personas que trabajan para Microsoft deberían también cobrar un porcentaje de las ganancias obtenidas por los productos en los que han trabajado, no sólo los socios y accionistas, sino cualquier trabajador o persona implicada en el proceso de producción. De este modo se acabaría con el vergonzoso espectáculo de la nueva aristocracia del dinero, o plutocracia que es como lo llamaban los griegos. Una persona no debería poder acumular las cantidades de dinero de los millonarios de hoy en día, que se han convertido en una nobleza semejante a la medieval y a menudo también hereditaria.

Demo de Xanadú

El creador de la palabra hiperenlace, Ted Nelson, lleva muchos años trabajando en un sistema de registro universal llamado Xanadú. Su intención es que pueda determinarse quién ha participado en casi cualquier cosa, tanto en el mundo real como en Internet. Parece difícil, pero quizá no estemos muy lejos de lograr un sistema semejante.

Cuando eso sea posible, y si se empezaran a aplicar los derechos de autor universales, los trabajadores sabrán que lo que están haciendo no sólo les reportará el beneficio inmediato, sino que en el futuro podrá rendirles otros beneficios. No se tratará, por cierto, de cobrar más dinero a los usuarios, sino a las empresas. Sencillamente, una empresa que explote el trabajo de otras personas no podrá llevarse el 98% de los beneficios: tendrá que compartirlos con quienes han hecho posible que ese producto exista. Tendrá que repartir, digamos, un 40% o incluso un 80% de sus beneficios. La riqueza generada seguirá circulando, pero no quedará en manos de las empresas, que interpretan de una curiosa manera la teoría del dinero circulante: es el dinero que circula de un despacho a otro.

Cuando eso suceda, espero ganar derechos de autor por haber dado la idea.

Frances Yates y la tradición hermética

Quiero dejar aquí una cita tomada de los fragmentos autobiográficos de Frances Yates, que pretendo incluir en un ensayo acerca de la filosofía de la crítica literaria.

Yates fue una de los ensayistas más notables del siglo 21. Siglos de machismo heredados por el lenguaje me obligan a escribir frases absurdas, como: “fue una de los ensayistas”, porque si escribiera “fue una de las ensayistas” parecería que destacó entre las mujeres ensayistas, como si se tratara de una segunda división del pensamiento, tras la de los hombres. Y si escribiera “fue uno de los ensayistas” muchas personas tal vez ni siquiera se darían cuenta de que se trata de una mujer (y además no se evitaría el absurdo baile femenino/masculino entre la designación y lo designado).

Uno de los mejores libros de Yates (aunque resulta difícil asegurar que haya alguno de sus libros que no sea “uno de los mejores”), y sin duda el más célebre, es El arte de la memoria, universalmente elogiado con razón, que es también el primero de sus libros que leí, hace muchos años, y que me proporcionó momentos de entusiasmo y placer que todavía recuerdo. Cuando escribí La verdadera historia de las sociedades secretas, me resultó de tremenda ayuda La filosofía oculta en la época isabelina y Giordano Bruno y la tradición hermética.

En fin, Yates fue, quizá con el gran Paolo Rossi, pero seguramente por delante de él, la persona que más hizo y mejor por redescubrir la historia del ocultismo en el Renacimiento, señalando la inmensa importancia de los magos, herméticos y rosacruces en el nacimiento de la ciencia moderna. Lo hizo a traves de poderosos argumentos y deslumbrantes investigaciones en sus amenísimos pero no fáciles libros. En este pasaje delicioso de sus fragmentos autobiográficos, la propia Yates cuenta el origen de su decisión de convertirse en historiadora, investigadora y ensayista, demostrando ya a los 16 años una inteligencia y determinación poco comunes:

“El otro dia escribi dos poemas. Podria decirse que son ingeniosos para una chica de mi edad, o que de veras no están mal en parte, pero no son buenos. Quiero escribir algo grande y esplendido, algo que haga famoso mi nombre, no sólo un poema ‘que no está mal’. Mi hermano escribía poemas, mi hermana escribe novelas, mi otra hermana pinta cuadros, y yo tengo que hacer algo y lo haré. No soy muy buena para pintar, no soy nada buena en la música, así que solo me queda escribir. Asiíque escribiré. Pero para escribir tiene uno que haber leído y estoy leyendo como loca. Durante los dos últimos meses he leído los poemas de Rossetti, Ia Vida de Johnson de Boswell, las Conversaciones imaginarias de Landor, una vida de Lorenzo de Medici, los poemas de Keats, una vida critica de Shakespeare, cuatro de las obras de teatro de Shakespeare, la critica de esas obras de Hazlitt, para no mencionar varias novelas.”

Dice el editor de los fragmentos de Yates:

“Lo que es quiza más sorprendente es que este pasaje, escrito a la edad de dieciséis años, revela el mismo sentido critico y el mismo rechazo de contentarse con cosas de segundo nivel, la misma decisión de lograr lo que le parecía digno de hacerse que es visible en toda su vida”.

¡Y qué sabia elección de las lecturas! Los penetrantes ensayos de Hazlitt, la inagotable Vida de Johnson, poemas de Keats, varias novelas, obras de Shakespeare y sobre Shakespeare (confieso no haber leído las Conversaciones imaginarias de Landor, aunque lo haré enseguida), pero, lo que es más importante: todo a la vez. Ése es el método: leer mucho, muy diverso, y muchas cosas a la vez. Yo también lo hice y lo sigo haciendo, como cuento en mi propio pasaje autobiogáfico de El guión del siglo 21, que reproduciré por aquí en los próximos días y no ahora, porque prefiero dejar al lector con este sabor delicioso de las palabras de Yates.


La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas
“La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas desvela el saber oculto de los influyentes masones y franc­ma­sones, los mis­te­riosos rosacruces, los ese­nios y sicar­ios con­tem­porá­neos de Jesu­cristo, los magos per­sas y los sac­er­dotes egip­cios, los asesinos del Viejo de la Mon­taña, el pri­o­rato de Sión y los tem­plar­ios.
El libro nos guía a través de un sin­fín de cer­e­mo­nias ini­ciáti­cas, cul­tos mis­téri­cos, lengua­jes secre­tos, sím­bo­los y con­traseñas o la asom­brosa Cábala.”

 


La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La verdadera historia de las Sociedades Secretas, de Daniel Tubau

Daniel Tubau

La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Editorial Daiyan

La SEGUNDA EDICIÓN de La verdadera historia de las Sociedades Secretas se publicó el 22 de mayo de 2020 por la editorial DAIYAN. Es una edición ampliada y revisada de la primera edición que se publicó en 2008 en la editorial Alba.

Ahora ya puedes encontrar La verdadera historia de las Sociedades Secretas.

2ª Edición en 2020. Revisada y ampliada.

Ciencia, medicina, magia y superstición

Dice Werner Jaeger en Paideia:

“En la época en que los médicos empezaban a exponer ante el público sus problemas, siguiendo las huellas de los sofistas, en forma de “conferencias” (epidei) ο de “discursos” (λόγοι) preparados por escrito, no existía aún una idea clara en cuanto a la medida en que un idiotés [hombre común] debía preocuparse de estas cosas. La actuación de los médicos como oradores sofistas ambulantes representaba un intento de realzar la importancia pública de esta profesión. La energía espiritual de quienes lo afrontaron no sólo despertó un interés transitorio por su causa, sino que creó algo así como el nuevo tipo del “hombre culto en medicina”, es decir, del hombre que consagraba a los problemas de esta ciencia un interés especial aunque no profesional y cuyos juicios en materia médica se distinguían de la ignorancia de la gran masa.”

Los primeros médicos griegos ambulantes observaban no sólo al ser humano particular, sino todo lo que le rodeaba, el clima, las aguas, los vientos, las estaciones del año. Su influencia en la filosofía tiene que ver con su capacidad de observación, altamente desarrollada, y con su método de experimentación, de ensayo y error, nos dice Jaeger.

En la Grecia arcaica los médicos rechazaron lo trascendental y lo divino (“la epilepsia no es la enfermedad divina, sino un mal humano”) y así influyeron en el surgimiento de la ciencia antigua, la filosofía y la filosofía de la naturaleza. Quizá no sea casual, o es una coincidencia feliz, que los primeros filósofos fueran llamados “físicos”, del mismo modo que también los médicos han sido llamados hasta hace poco “físicos”.

Por otra parte, no deja de resultar sorprendente que en la actualidad haya un desafío a la ciencia dirigido en gran parte por paramédicos, que en vez de buscar lo razonable, lo humano, lo comprobable, como hacían aquellos médicos griegos, recurren a las más burdas supersticiones.


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Política

Viajo hacia el aeropuerto en el inicio de un viaje que me llevará a China, primero a Cantón (Guangzhou) y después a Dali (en Yunnan).

He intentado encontrar un asunto del que ocuparme en este viaje. Con cierto disgusto he acabado eligiendo investigar algunos asuntos pendientes relacionados con la política.

¿Por qué con cierto disgusto?

No porque el tema no me interese: la política siempre ha sido una de las cuestiones que más me han intreresado, probablemente desde los doce años e incluso antes, ya que fui un niño precoz debido al compromiso político de mis padres. Me gusta pensar, hablar y escribir sobre política, pero no me gusta demasiado comunicar públicamente mis ideas acerca de cuestiones políticas.

 La razón de que no me guste es que la política es el asunto en el que menos se escucha, menos se quiere aprender y más dogmas y prejuicios existen. Es casi imposible razonar con alguien acerca de asuntos políticos mediante un esfuerzo sincero para encontrar la verdad, o al menos ciertas pequeñas verdades que se puedan aplicar para intentar solucionar, o al menos entender, la realidad política.

No existe probablemente otro terreno, a no ser el del fútbol, en el que impere, a uno y a otro lado, un mayor dogmatismo y una mayor resistencia a modificar el propio criterio, sean cuales sean los argumentos que se ofrezcan.

En política todos acuden a la discusión con la maleta cargada de prejuicios e ideas adquiridas mediante el contacto casi exclusivo con personas que piensan lo mismo que uno.

Estas son las razones por las que la discusión política me resuilta poco atrayente, ya que resulta casi imposible no caer en situaciones de crispación, descalificaciones e incluso gritos y hasta agresiones.

Continuará….?

 

 


 

[Escrito el 5 de diciembre de 2011 en el metro hacia el aeropuerto de Barajas]

 

La venta de lo inútil

¿Por que un producto que no sirve absolutamente para nada puede, sin embargo, venderse muy bien?

Podemos imaginar algunas respuestas.

Supongamos que se trata de un cosmético para tener una piel más tersa.

 

Razón nº1

Lo prueban cien personas. A 30 de ellas les parece que la piel les ha mejorado.

¿Por qué se lo parece?

Por que sí. Simplemente les da la impresión de que tienen la piel un poco más tersa, sea esto verdad o no.

Porque realmente les ha mejorado. Pero no por causa del producto. Es seguro que a 100 personas la piel les evolucionará de una u otra manera en un período determinado de tiempo. A 30 les mejorá, a 30 les empeorará, a 40 se les quedará igual.Por ello, los 30 a los que les mejora se lo atribuirán al producto que se han estado aplicando. Seguirán comprándolo y por ello 30 de cada 100 repetirán. A ellos habrá que sumar los nuevos incautos.

 

Razón nº2

Porque buenas campañas publicitarias hacen que el producto se venda continuamente, sean cuales sean los resultados. Esto ayuda mucho a la primera razón: siempre acaban desencantándose algunos clientes, pero llegan otros nuevos que pasan por las fases descritas en el punto primero.

 

Razón nº3

Porque el producto no funciona por sus ingredientes sino por razones paralelas, como que la persona al aplicárselo se da un masaje. Ese masaje es la causa de la mejora, no el producto en sí, pero el usuario tiende a atribuir las virtudes beneficiosas al producto. Esto sucede contínuamente con los métodos homeopáticos, ecológicos, la acupuntura, etcétera, que suelen venir acompañados de actividades como masajes, movimientos que relajan los músculos, un ambiente de relajación y recomendaciones siempre saludables, como pasear, beber agua o infusiones, tomar fruta, etcétera.