Una existencia hecha de retales

En la segunda aproximación kármika hablé del ADN: una persona hereda los caracteres de su árbol familiar paterno y materno.

Como es sabido, existen algunas posibilidades de que un niño recupere una característica que había desaparecido en la familia durante siglos. Con ello quiero decir que el peso de todo lo que ha sido nuestro origen siempre está ahí, como una ayuda o como una amenaza, pero siempre como posible herencia. Quién sabe si hasta el más pequeño de los lunares de nuestro cuerpo no es la copia del lunar de uno de nuestros antepasados. Tal vez somos un puzzle hecho con piezas que pertenecieron a cuerpos de miles de hombres y mujeres que nos han precedido: quizá todos nuestros rasgos ya han existido en nuestros antepasados, pero tal vez no en la combinación que nos hace únicos. Esto haría todavía más temible el aserto pesimista que dice “Nada nuevo bajo el Sol”, es decir, todo ha sido ya inventado, o todo ha existido ya, incluidos nosotros.

En una ocasión pensé escribir un cuento en el que existía la herencia de los caracteres adquiridos, recuperando las ideas del evolucionismo lamarckiano: si alguien perdía una pierna y luego tenía un hijo, su hijo nacía sin esa pierna. Años más tarde imaginé otro argumento similar en el cuento La memoria de los siglos: los hijos heredaban la memoria de sus padres, de tal modo que padre e hijo compartían los recuerdos del padre hasta el momento de la concepción del hijo.

A lo mejor el lector, el inquieto lector que piensa en lo que lee, se pregunta a qué vienen estas dos breves digresiones acerca de herencias anómalas.

La razón es que la doctrina del karma reúne o suma, en cierto modo, todas estas hipotéticas herencias: es decir, según los actos que uno mismo realiza en su vida actual, determina cuál y cómo será su próximo cuerpo y qué deudas morales o espirituales tendrá que pagar o soportar.

Es por eso que dije páginas atrás que quizá sí que era posible tener otro padre y, sin embargo, seguir siendo la misma persona. Lo es desde el punto de vista del karma y la reencarnación. Sean quienes sean nuestro padre y nuestra madre, podemos ser el mismo individuo, un individuo que tiene la posibilidad de elegir (o que es llevado u obligado por las circunstancias o el destino fatal) a nacer aquí o allá, en este cuerpo o en aquel otro. La única diferencia entre la doctrina kármica y los evolucionismos anómalos, como el lamarquismo o la herencia de la memoria, es que uno se hereda a mismo. Del mismo modo que nos ponemos trajes o vestidos diferentes cada día de nuestra existencia terrena, también nos ponemos cuerpos diferentes a lo largo de los eones de nuestra existencia en la (casi) inacabable rueda de las encarnaciones y reencarnaciones.

En definitiva, la idea de karma dice que uno mismo debe pagar sus propias deudas. Y que nosotros somos los responsables de nuestra situación actual.

Resumo lo que he planteado hasta este momento: los seres dotados de conciencia realizan acciones morales y mentales, y esas acciones tienen consecuencias. Si estas acciones son buenas, el ser que las realiza asciende en la escala moral, en la rueda de las reencarnaciones que lleva a la salvación (nirvana o nibbana). Si sus acciones son malas, se degrada y desciende a formas moralmente o metafísicamente inferiores. En definitiva: uno es responsable de sus actos, en esta vida y en las demás vidas.

Esta idea de que está en la mano de cada ser su propio destino, su evolución o su degradación, recuerda mucho un célebre y hermoso texto de Pico de la Mirandola, en el que dice que el hombre puede, por el esfuerzo de su voluntad, ascender hacia los ángeles o descender hasta las bestias.

Esta sería la aplicación de la doctrina del karma a la segunda aproximación, la del determinismo biológico, que aquí se extiende al terreno de la moralidad: no solo heredamos rasgos genéticos sino también morales (pero no ajenos, sino propios).

Continua en Deudas intransferibles


[Escrito en 1992. Revisado en 2020]

2020: Si examinamos la doctrina del karma desde el punto de vista puramente material, que es algo que han hecho diversas doctrinas en la India (no solo en el budismo, el jainismo y el hinduismo), no cabe duda de que algunas de las interpretaciones se acercaron quizá más que cualquier otra concepción antigua a las ideas modernas de la evolución. Y en particular a los descubrimientos recientes de la epigenética. Pero creo que este curioso asunto no lo traté en ese ensayo, aunque sí en otros lugares.


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