Guerra y paz en la antigua China,  z-Sunzi

Cómo aprovecharse de un sabio legendario

||Guerra y paz en la antigua China /5

Representación moderna del Emperador Amarillo (Huang Di)

Sunzi menciona a pocos personajes históricos en El arte de la guerra, por lo que resulta muy significativo que nombre a Huangdi, el Emperador Amarillo. Además, lo menciona no solo como soberano digno de elogio, sino también como el inventor de estrategias militares. Le atribuye la invención de los cuatro posicionamientos, es decir la manera en la que un general debe disponer sus fuerzas en cuatro tipos diferentes de terreno. Hay que tener en cuenta que el terreno es uno de los cinco factores fundamentales de la guerra, al que Sunzi llama地 () o la Tierra, es decir, el examen de la situación geográfica y topográfica, asunto al que dedica varios capítulos y al que da una importancia tremenda.

«La manera en la que el hombre usa la violencia contra el hombre en la guerra es tanto un problema filosófico, o mejor economía política».
James Aho, Mitología religiosa y el arte de la guerra

Puede parecer sorprendente que Sunzi atribuya a un personaje legendario méritos de los que podría presumir él mismo, pero eso no es tan extraño, en especial cuando se reconocen los méritos de alguien que pertenece a un pasado lejano. De hecho, eso fue lo que hizo el experto en estrategia Basil Liddell Hart cuando reconoció como precursor del enfoque indirecto al propio Sunzi. Se sospecha que lo hizo para no tener que reconocer una influencia mucho más cercana, la de su amigo T.E.Lawrence, el célebre Lawrence de Arabia.

Por otra parte, la apelación a los sabios del pasado era un recurso habitual en China, que incluso tenía un nombre: daiyan, es decir, “hablar en nombre de otro”. Los filósofos, políticos y estrategas hablaban en nombre de los reyes o los sabios de la antigüedad y atribuían al Emperador Amarillo todo tipo de invenciones, desde tratados de estrategia a, como ya hemos visto que hace el propio Sunzi, secretos militares como estas cuatro posiciones sobre el terreno. En China, cada escuela filosófica tenía su emperador legendario o su augusto, al que atribuía el origen de sus ideas, aunque algunas veces se conformaban con un gobernante de menor rango, como el Duque de Zhou, al que Confucio consideraba su inspirador. Pero Huang Di era admirado por casi todas las escuelas, como fundador de China.

El arte del engaño. En el libro se comenta en detalle el uso que Sunzi y otros estrategas hacen del daiyan o argumento basado en el prestigio de los antiguos.
El arte del engaño. En el libro se comenta en detalle el uso que Sunzi y otros estrategas hacen del daiyan o argumento basado en el prestigio de los antiguos.

Por otra parte, la falsa atribución es una práctica universal, que hoy en día se extiende sin límites en las redes sociales, donde muchos autores prefieren ocultar su identidad para que sus poemas, por lo general espantosos, y sus opiniones, casi siempre triviales, se difundan por todo el planeta, al adjudicárselos a Borges, Cortazar, Einstein o cualquier otra celebridad. Uno de los casos más célebres es el poema Instantes, atribuido falsamente a Borges y que se multiplica en miles de páginas de internet. Antes de la llegada de las redes sociales también lo hizo el escocés James McPherson, al inventarse a un antiguo bardo llamado Ossian, que asombró en los círculos literarios de toda Europa y que hizo que Goethe lo comparara con Homero (ver mi artículo Ossian, de James Mcpherson). Cuando se descubrió el fraude, los poemas perdieron repentinamente toda su belleza, lo que nos hace preguntar si nuestro juicio depende en exceso de factores externos a la calidad literaria. Pero tal vez sea inevitable pues todos encontramos más belleza en cualquier obra de Shakespeare que en la mejor de sus rivales.

Es muy probable que también en China alguien se inventara a un sabio ermitaño llamado Laozi, al que atribuyó El libro del Camino y la Virtud (Dao De Jing), logrando uno de los mayores éxitos en la historia del fraude literario, al dar nacimiento al único personaje capaz de competir con Confucio a lo largo de la historia china, al menos hasta la llegada del budismo. Quizá también alguine se inventó al maestro Sun, a Sunzi , un estratega que habría vivido en tiempos lejanos, cuando los reinos ya desaparecidos de Wu y Yue se disputaban la hegemonía.

Pero regresemos a los tiempos del Emperador Amarillo y a los orígenes de la guerra en China.

Continuará…


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