El anillo encantado

Cuento de la India

HHace mucho tiempo en un lugar de la misteriosa India, vivía un joven llamado Kamsa que estaba deseando recorrer el mundo.

__Hijo mío -le dijo su padre-, como veo que no puedo convencerte de que te quedes en casa, te doy permiso para irte, pero llévate estas trescientas monedas, que quizá te harán falta para no pasar hambre.

El joven se puso en camino muy contento. Apenas había salido de su pueblo cuando vio a varios hombres que estaban golpeando a un perro.

__¡Esperad! -gritó el joven- no le hagáis daño. Os compró el perro por cien monedas.

Los hombres aceptaron el dinero, y el muchacho continuó caminando con el perro a su lado. Enseguida vieron a un campesino que le estaba tirando piedras a un gato.

__¡Espera! -gritó el joven- si dejas a ese gato en paz te daré cien monedas.

El campesino estuvo de acuerdo y el joven, después de darle las cien monedas, siguió caminando junto al gato y el perro. Esa misma noche vieron a dos soldados que estaban a punto de matar a una serpiente.

__¡Esperen! -grito el joven. Les daré cien monedas si no matan a la serpiente.

Los soldados cogieron las cien monedas y el joven siguió caminando con el perro, el gato y la serpiente. Ahora no tenía dinero y muchas veces le resultaba difícil conseguir comida. Un día, al verle muy preocupado, la serpiente le dijo:

__Yo soy la hija del rey de las serpientes. Como tú me has salvado, estoy segura de que mi padre te recompensaría si lo supiera.

__¿Dónde vive tu padre? -preguntó el joven-. Me gustaría conocerlo

__Si quieres acompañarme, yo te llevaré hasta su reino. Para llegar tenemos que lanzarnos a un pozo que está muy cerca de aquí.

El joven fue al pozo con la serpiente, se despidió del gato y el perro, prometiendo que regresaría pronto, y se lanzó con su amiga dentro del pozo.

__Escúchame bien -le dijo la serpiente mientras caían-, cuando mi padre te pregunte qué deseas como recompensa, respóndele que quieres el anillo mágico y el tazón y la cuchara encantada. Con el anillo podrás conseguir una casa con todos sus muebles, y con el tazón y la cuchara toda la comida y bebida que desees.

Cuando llegaron al fondo del pozo, Kamsa vio que había muchos pasadizos llenos de serpientes y que una de ellas llevaba una corona: era el rey de la serpientes.

__Jovencito -dijo el rey de las serpientes- sé que has salvado a mi hija, así que pídeme lo que quieras.

__Sólo quiero el anillo mágico y el tazón y la cuchara encantados.

El rey le dio el anillo, el tazón y la cuchara y el joven se despidió de la serpiente. Comenzó a trepar por el pozo y al salir encontró al gato y el perro, que se pusieron muy contentos.

__Ahora veremos si es verdad lo que me dijo nuestra amiga la serpiente -explicó el muchacho, y mirando el anillo pidió:- Quiero una hermosa casa.

Al instante apareció una casa impresionante, llena de jardines y balcones dorados. En la casa vivía una princesa más bella que la luna. Nada más verla, Kamsa quedó enamorado. Desde ese día, los dos jóvenes vivieron muy felices en la casa, pues nunca les faltaba comida y bebida gracias al tazón y la cuchara mágica. La joven, que tenía unos cabellos rojos como el fuego, se peinaba todas la mañanas y guardaba algunos cabellos en una cajita. Cuando la cajita estuvo llena, la tiró al río. Pero resultó que un príncipe que vivía río abajo encontró la cajita y, al ver los cabellos rojos, se enamoró al instante de la muchacha. Y eso que ni siquiera la había visto. Desde ese día, no podía comer ni dormir, pensando en ella a todas horas. Su padre estaba tan preocupado que llamó a una hechicera para averiguar qué le pasaba a su hijo. La hechicera descubrió enseguida cuál era la causa de la tristeza del príncipe, así que se disfrazó y fue a la casa de Kamsa. Le abrió la puerta la muchacha.

__Hola sobrina -mintió la hechicera- soy tu querida tía que he venido a verte.

La muchacha creyó que la hechicera era su tía, porque no la había visto desde que era una niña pequeña, y la invitó a quedarse unos días en la casa. El gato y el perro no estaban nada contentos, porque sospechaban algo, pero no dijeron nada. Un día, aprovechando que se había quedado sola en la casa, la hechicera buscó el anillo y, transformándose en una abeja, se lo llevó enseguida al príncipe.

__Con este anillo mágico -le explicó- podrás conseguir que la mujer que amas aparezca aquí al instante.

El príncipe cogió el anillo y dijo:

__Deseo que venga ahora mismo la mujer que más amo.

Y al instante la casa descendió, con la muchacha en ella. El príncipe se arrodilló delante de la hermosa joven y le pidió que se casara con él. Como la muchacha sospechaba que si se negaba la obligarían, dijo:

__Está bien, pero dame un mes para preparar mis vestidos de boda.

Mientras tanto, Kamsa se pasaba llorando todos los días, sin entender cómo había desaparecido su casa y su hermosa mujer.

__Querido amo -le dijo el gato-, no te preocupes. Tú nos ayudaste una vez y ahora nosotros te ayudaremos a ti.

__Claro que sí -dijo el perro- ya verás cómo lo conseguimos.

Y los dos salieron corriendo. Gracias al olfato del perro, pudieron saber hacia dónde dirigirse. Al cabo de tres días llegaron al palacio del príncipe  y vieron que la casa de su amo también estaba allí.

__Tú espérame aquí -dijo el gato- , porque yo soy más pequeño que tú y podré colarme sin que me vean.

Y rápidamente saltó la verja y buscó a la muchacha por los jardines del palacio. Cuando la encontró, ella le abrazó llorando.

__¿Cómo podré escapar de aquí? -le preguntó ella-

__Es muy sencillo -respondió el gato- sólo tenemos que recuperar el anillo que os robó la hechicera.

__El problema es que se lo ha tragado y lo guarda en el estómago.

__¡Vaya! -exclamó el gato un poco contrariado-. Pero no te preocupes, que yo lo recuperaré.

Daba la casualidad de que aquella noche se celebraba la boda del rey de los ratones con la reina de las ratitas. El gato vio salir a los novios y a los invitados por un agujero en la pared, saltó sobre el rey de los ratones y lo agarró con fuerza.

__Por favor, suéltame -grito el ratón- ¿No ves que hoy me caso?

__Sí, señor gato -dijeron todos los invitados-, suéltale.

__Si queréis que le suelte -dijo el gato-,  tenéis que hacerme un favor.

__¡Lo que sea! -exclamaron todos los ratones, y sobre todo la novia, que no quería quedarse sin noche de bodas.

__Quiero el anillo mágico que la hechicera guarda en su estómago.

__Yo te lo traeré -aseguró la novia- pues sé dónde duerme la hechicera.

Y sin pensárselo dos veces, la pequeña ratita corrió a la habitación de la hechicera, se coló por un agujero y saltó a la cama. Comenzó a hacer cosquillas a la malvada mujer en la nariz con su pequeña cola y la hechicera estornudó tan fuerte que el anillo salió de su estómago. La ratita cogió el anillo y corrió hasta llegar al lugar donde la esperaba el gato, que cumplió su promesa y liberó al rey de los ratones, deseando mucha suerte a los novios.  Luego, el gato corrió al jardín, saltó la verja y se reunió con su amigo el perro.

__¡Bravo! -exclamó el perro-. Ahora súbete en mi lomo, porque yo corro más que tú y así llegaremos enseguida junto a nuestro amo.

Y durante tres días seguidos el perro corrió río arriba. Nada más llegar a la casa, se dejó caer, cansadísimo, a los pies del muchacho. El gato estiró una de sus patas y le mostró a Kamsa el anillo.

__Deseo recuperar mi casa y mi amada -dijo el joven mirando el anillo.

Y al instante la casa y la muchacha aparecieron allí. Desde entonces,  los dos jóvenes, el perro y el gato viven muy felices en su hermosa casa. Y también, una vez al año, va a visitarles su buena amiga la serpiente, que ahora lleva una corona de diamantes, porque es la reina de todas las serpientes.

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