Kundera y la psicología de los personajes

Me parece que el defecto fundamental de Kundera consiste en que muestra de manera grandilocuente las angustias y problemas de sus personajes. No se trata del exceso de psicologismo en sí, porque en literatura hay obras maestras de psicologismo: toda la obra de Henry James, de Arthur Schnitzler, de Marcel Proust… Autores que adoro.

Kundera no deja nada al lector. Como un maestro en una pizarra, va indicando una y otra vez por qué este personaje y aquel otro sienten lo que sienten. Nunca deja que los actos y las palabras de los personajes nos lo revelen (y deja menos sitio aún a la ambigüedad).

En La lentitud y en La identidad los personajes son vulgares pero las acotaciones del autor acerca de sus motivaciones y de su situación son siempre grandilocuentes y trascendentalistas.

Henri Pierre Roché, en el otro extremo, nos cuenta lo que le va sucediendo  a sus personajes y poco a poco vamos sintiendo la angustia y lo terrible. Pero sin que nos diga didácticamente: «¡Ojo, esto es terrible!».

Los personajes de Kundera son vulgares, pero son al mismo tiempo arquetipos de la fatalidad, de una fatalidad que, sin embargo me deja indiferente, porque los personajes me resultan sin interés y sus tragedias no me preocupan… porque ellos no me preocupan.

Tiene Kundera una obsesión tan grande en mostrar que todo el universo es mediocre, que uno piensa que hay algo insano en mostrar tanto la bajeza. Quién siempre se preocupa y solo habla de lo miserables que son los demás se convierte a sí mismo y a su vida en una miseria. Tiene demasiados trucos efectistas para conmover al lector. Por ejemplo, la muerte del perro en La insoportable levedad del ser.


Sus novelas, por ejemplo, en La lentitud y La identidad, se leen muy rápido (en un día leí las dos), pero después no queda nada. Es como el agua que se escapa entre las manos. Swan Jules y Jim, Daisy Miller son ya parte de mi vida, pero los personajes de Kundera, ¿qué me ha quedado de ellos?

El uso que hace en La lentitud de la novela de Vivant Denon es indecente: una tercera parte, la más sugerente del libro, es un resumen vulgarizado de Ningún mañana.

Y en los dos libros resuelve la narración con finales de narrador truquero: los personajes que interfieren en la vida del autor. Pero no saca de esto el partido que le supo sacar Diderot a Jacques, e incluso el Unamuno de Niebla.
Hay muchas cosas en las que estoy de acuerdo con Kundera, muchas de sus lecturas son de mis preferidas: Diderot, Vivant Denon, La filosofía en el tocador; su defensa de la Ilustración, su ataque al romanticismo, su defensa de la lentitud.

Una de esas coincidencias es muy asombrosa: En la Carta a Marcos, yo decía que había algo estúpido en pretender hacer de la vida de uno una obra de arte, y que ese era el propósito de Mussolini, pero que probablemente no esperaba que su propia vida se convirtiese en una tragedia del género bufo.

(ver también Los personajes de Kundera)


[Escrito antes de 2007, probablemente antes de 1998]

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