Lectura de Shakespeare, la biografía , de Peter Ackroyd

Con mucho entusiasmo me dispuse a leer una nueva y monumental biografía de Shakespeare. Como es sabido, los biógrafos de Shakespeare se ven obligados  repetir las diez o veinte cosas que se saben con certeza de Shakespeare y a imaginarse el resto, así que tampoco esperaba grandes revelaciones. Algunos llevan a cabo esta difícil tarea de manera espléndida, como Shapiro, que nos llega a convencer de que muchas de las cosas que se cuentan en las obras de Shakespeare nos revelan algo del autor. Sus libros son una delicia, en especial 1599 un año en la vida de Shakespeare. Pronto espero leer el que ha dedicado Shapiro a otro año, el 1606, en El año de Lear. 

Peter Ackroyd, que es célebre por las muchas biografías que ha escrito propone ni más ni menos que 832 páginas, así que el placer se presentaba casi interminable. Pero no fue así. El libro me decepcionó, y casi diría que me costó llegar al final. Extraño, pues, como he dicho en alguna ocasión, Shakespeare tiene el poder de mejorar a los que escriben acerca de él. Eso me hace sospechar que quizá la culpa es mía y que en algún momento deberé releer el libro de Ackroyd.

De todos modos, anoté en 2018 algunas cosas interesantes, que recupero aquí:

El Vicio, un personaje del teatro medieval

Algo para el ensayo de Bufones y tricksters (este es un ensayo que escribiré pronto):

«El payaso teatral posee un largo pedigrí. Está emparentado con el «señor del desorden», que presidía los rituales de las festividades de la Inglaterra medieval. También se relaciona con los bufones de la corte y, lo que es más importante si cabe, proviene de la tradición  del Vicio en la escena medieval. El Vicio es, básicamente, el personaje que trabaja con los espectadores más que ante ellos. Allí donde los actores sólo se ven mutuamente, el Vicio observa al público. Forma parte de su vida, hace apartes y bromas con los asistentes y está en connivencia con ellos. Para el Vicio la obra es  un juego en el que todos pueden llegar a participar. Simboliza todos los vicios de la humanidad y, como tal, es  empresario  y  conspirador a la vez. Es el organizador del teatro medieval, el que finge lágrimas o  comprensión y convence o engatusa a los  actores para que pequen. Canta, recita, bromea y con frecuencia toca un instrumento musical, como la mandolina.

Peter Ackroyd

Practica la pantomima, la acrobacia o la danza. Se entrega a soliloquios llenos de juegos de palabras y dobles sentidos. Con frecuencia, Shakespeare  menciona que porta una daga de madera con la que se corta las uñas. Evidentemente, es el origen de buena parte del humor inglés y el inspirador de una amplia variedad de arte escénico. Es el paradigma de los variados bufones y payasos de la obra shakespeariana y el prototipo de malos como Yago y Ricardo III. Se trata de uno de los personajes primitivos del teatro, cuyos antepasados se remontan a los rituales populares y cuyo legado llega hasta el music hall del siglo XIX y las últimas comedias televisivas. Forma parte de la herencia de Shakespeare.»

La vida imita al arte

Como es sabido, Oscar Wilde decía que no es el arte el que imita a la vida, sino la vida la que imita al arte, y en concreto a William Shakespeare. Y esto parece que ya sucedía en tiempos del propio Shakespeare, como revela esto que comenta Ackroyd:

«El teatro londinense fue una nueva clase de edificio que se construyó por primera vez en esa época. La gente miraba a los actores para aprender a comportarse, hablar y saludad con uan reverencia, y el público aplaudía los parlamentos individuales».

Es curioso porque se habla de la frialdad inglesa, pero Erasmo contaba que en su vista a Londres todos te reciben con un beso y cuando te marchas te despiden a besos.

Quizá sea una muestra de lo cambiantes que pueden ser los caracteres nacionales, que tampoco son inamovibles.

«La luz del relámpago, que acaba antes de decir «relampaguea» (Romeo y Julieta)

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