Nazis en la Citadela

En 1854, tras una revuelta de los ciudadanos de Budapest, los austriacos colocaron en una de las colinas de Buda, un puesto de defensa en previsión de rebeliones de los húngaros contra el Imperio.

Durante la segunda guerra mundial se construyó en esa misma colina un bunker y una ciudadela de defensa antiaérea. Hungría era aliada de la Alemania nazi y se dice que el asedio de Budapest fue el segundo más largo tras el de Stalingrado.

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Cartel del Museo Nazi de la Citadela

El bunker de la Citadela es ahora un museo en el que se reconstruyen con figuras de cera escenas de los años en los que los nazis y los fascistas húngaros ocupaban la Citadela: un médico alemán atendiendo a un herido, soldados y generales preparando una batalla, el interrogatorio a un soldado ruso. Aunque es una reconstrucción, resulta muy interesante porque el lugar es real.

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Interrogatorio a un soldado ruso en la Citadela

En nuestra visita coincidimos con unos inquietantes visitantes: un grupo de nazis nostálgicos. Dos tipos de aspecto intimidatorio, calvos, gordos, pero robustos y musculosos, que llevaban chaquetas de cuero negro en las que se podía leer en grandes letras: DEUTSCHLAND y GERMANY (Alemania en ambos casos). Supongo que eran nostálgicos nazis de algún país que no era precisamente Alemania, porque escribir Germany (Alemania en inglés) no parece tener mucho sentido para un alemán. Sus novias eran rubias y una de ellas era muy guapa.

La gente, por ejemplo varios obreros que estaban trabajando allí, los miraba asombrada y parecía contener su indignación. Me dio la impresión de que la Citadela es un lugar de perigranaje nazi y por eso creo que la exposición y los carteles que la anunciam debería mostrar con más claridad un mensaje antinazi. Especialmente porque los húngaros fueron aliados de los nazis, por lo menos hasta 1943, año en el que el presidente fascista húngaro, Horthy, inició negociaciones secretas con los aliados para abandonar a las potencias del Eje. Pero no lo consiguió y fue sustituido por los Flechas Cruzadas, que se mantuvieron al lado de los nazis hasta el final, instaurando un régimen de terror para mantenerse en el poder.

Un inquietante pasadizo en la Citadela, que no era posible recorrer

 

 

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