Q’enqo y el prueba vírgenes

 Q’enqo está muy cerca del Cusco, un poco más allá de Saqssaywaman. Llegamos allí a caballo y nuestro guía nos contó cosas muy interesantes.

Con Carlitos cerca de Q’enqo. Al fondo se ve una llama o una vicuña

En primer lugar, nos dijo, que hay un Q’enqo grande y un Q’enqo chico. Del Q’enqo chico no recuerdo nada ahora, excepto que está a unos 150 metros (¿?) del grande. Según dice Víctor Anglés, estos lugares no se llamaban así en época incaica, sino que el nombre lo recibieron en época republicana.

Q'enqo, cerca del Cusco

Q’enqo, cerca del Cusco

Nuestro guía nos contó que Q’enqo era un santuario inca, y que la gran piedra que domina el lugar era un puma gigantesco que los españoles destrozaron.

También nos enseñó una gruta donde se practicaba el sacrificio de las llamas. En tiempo de los incas, aquella gruta no era tan oscura, pues en una de las paredes había un gran disco solar que reflejaba la luz del sol hacia el interior de la gruta.

Durante el sacrificio de la llama, primero se le ataban las patas en una gran mesa de piedra, y luego se tendía al animal en otra gran masa pétrea, donde se le cortaba la cabeza. Después llevaban la sangre de la llama a una canaleta, la vertían allí y si, al llegar a una bifurcación, caía hacia el abismo, sería un mal año, pero si caía hacia la izquierda, hacia una especie de tinaja de piedra, sería un buen año.

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Nuestro guía nos mostró la figura de una llama, la de un puma y la de un cóndor, grabadas en las piedras. La de la llama parecía evidente que se debía a una rotura accidental del terreno; la del puma parecía haber sido hecha recientemente (había rocas blancuzcas, huella de golpes recientes); tan sólo la del cóndor parecía un resto auténtico, aunque no estoy seguro de que se tratase de un cóndor: también podía ser el pie de una estatua.

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Lo siguiente que vimos fue el lugar donde se probaba a las vírgenes. La mujer ponía los pies sobre dos poyetes de piedra. Si su orín caía justo en un pequeño agujero, era virgen, si caía fuera, no lo era y, por tanto, no podía casarse con un señor principal. Le pregunté al guía qué hacían a la mujer si no era virgen: “¿La mataban?”. Me respondió: “No, la dejaban, pero no podía casarse con ese señor principal”.

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Victor Anglés dice que las figuras cercanas a la canaleta son dos: un ave y un mamífero parecido a un castor. En cuanto al prueba vírgenes, lo llama gnomon lítico del Intiwatana u observatorio. Es decir, una especie de observatorio astronómico.

Dice también Anglés que Q’enqo fue un lugar, muy importante y que probablemente estaba allí la tumba de Pachacutec. Durante el incanato tal vez se llamó Mant’ojlla o Mantocalla.

 

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2012: no sé si lo pensé entonces, pero al leerlo ahora, el sacrificio de la llama me ha traído inevitablemente a la memoria el célebre y terrible sacrificio del caballo o Ashvameda que se practicaba en India.

Todas las fotos tomadas por Karina Pacheco, salvo que se indique lo contrario

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[Escrito en 1997]

El Wayna Pichu

Aunque todo el mundo conoce el Machu Pichu, pocos, fuera de Perú, han oído hablar del Wayna Pichu, a pesar de que todos lo han visto una y otra vez en fotografías.

El Wayna Pichu es esa gran montaña que siempre se ve en las fotografías tomadas desde el Machu Pichu.

La figura del Wayna Pichu es tan fácilmente identificable, casi siempre con las ruinas de Machu Pichu delante, que es algo así como el Monte Fuji de Perú, un símbolo del país.

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La más conocida de las 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai. La ola es tan impresionante que algunos no reparan en las barcas de los pescadores o en el monte Fuji, allá a lo lejos

Del mismo modo que el monte Fuji aparece en decenas de cuadros japoneses, como las famosas 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai y las otras 36 de Hiroshige, supongo que también habrá muchas representaciones del Wayna Pichu, aunque yo no conozco ninguna, excepto las que se ven en las paredes de los restaurantes peruanos.

Con Karina en Machu Pichu (el Wayna Pichu está al fondo)

Karina me contó que una vez subió por las laderas del Wayna Pichu y que fue una de esas experiencias que siempre se recuerdan, con estrechos caminos sobre el abismo.

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[Todas las fotografías han sido hechas por Karina Pacheco, excepto las del Monte Fuji y aquella en la que aparece la propia Karina, que fue tomada por un turista accidental]

[Escrito en 1997]


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Cuaderno de Tahuantinsuyu

¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?


Jan Kott hace un interesante análisis de la escena de El rey Lear en la que Edgar guía al ciego Gloucester (su padre) hacia un precipicio. No existe tal precipicio, pero Edgar cree que puede curar de su locura al anciano si lo conduce hacia una falsa muerte. Los dos se van arrastrando hasta el precipicio y finalmente el anciano se lanza al abismo. Cae y muere.

O eso parece, porque, en realidad no hay tal caída.

Kott advierte acerca del sentido de esta escena, que puede ser echada a perder por una representación naturalista. Puesto que no existe ese precipicio, es absurdo pintarlo en el escenario o representarlo de cualquier manera. Ni siquiera, dice Kott, se puede llevar esta escena al cine sin destruirla. Ya se trate de un precipicio real o fingido, la fuerza de la situación se pierde:

“El escenario tiene que estar vacío. El suicidio, o más bien el símbolo del suicidio, debe representarse en un escenario vacío… El ciego Gloucester cae en el escenario vacío… El ciego Gloucester, que ha ascendido por una montaña inexistente para arrojarse sobre unas tablas lisas, es un payaso. Lo que se ha representado es una especie de payasada filosófica; la misma que encontramos en el teatro contemporáneo”.

Por un momento, el espectador del teatro cree que el abismo existe, como lo cree Gloucester, pero acaba descubriendo que no hay tal abismo, como descubre finalmente Gloucester.

Una de las mejores soluciones es cubrir de humo o nubes el escenario, lo que permite mantener el engaño tanto para Gloucester como para el espectador, sin que la trampa sea vulgar

 

¿Dónde suceden las cosas en un escenario?

A veces el espectador de un teatro completa la escena con la fuerza de su imaginación: ve puertas, castillos, mares, ejércitos, como el propio Shakespeare le solicita en alguna ocasión:

“Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá.” (Enrique V)

Ahora bien, si pensamos en La tempestad, el barco que naufraga existe para los náufragos, pero los espectadores tenemos que imaginarlo, mientras que Ariel es un espíritu al que sí ve el espectador, pero que no ven ni Trínculo ni Esteban, dos de los personajes de la obra. Tampoco Bottom ve a Helena, ni sus pretendientes a Puck en El sueño de una noche de verano.

Como espectadores se nos pide a veces que imaginemos, que veamos cosas que no están ahí, pero que se supone que sí ven los personajes, mientras que otras veces se nos muestra algo que vemos nosotros pero que no ven ellos, a pesar de tenerlas allí delante en el escenario.

¿Y el puñal de Macbeth? Macbeth ve el puñal, pero el puñal no existe.

Los espectadores, ¿vemos el puñal que ve Macbeth o vemos, como los demás personajes que están allí, que no hay ningún puñal? Difícil decisión para un director de escena.

¿Y el espectro del padre de Hamlet? Se supone que debemos verlo en sus primeras apariciones, como lo ve Hamlet y los guardias. Pero, ¿debemos verlo cuando Hamlet lo ve y su madre no lo ve? ¿Vemos entonces como Hamlet o vemos como la madre? Otro verdadero dilema para la puesta en escena.

Hamlet ve el espectro de su padre tras matar a Polonio. Pero su madre no lo ve. ¿vemos nosotros al espectro? ¿Vio Hamlet al espectro antes pero ahora lo está imaginando?

Se trata de diferentes tipos de no existencia, que no siempre son coincidentes, a menudo mezclados unos con otros. Podemos preguntarnos, si  cuando Shakespeare dirigía la obra en el teatro el espectador veía un puñal, o si sólo lo veía Macbeth, y también podemos preguntarnos si incluso aunque veamos al fantasma de Hamlet, el fantasma existe sólo para Hamlet. ¿Qué estamos viendo, lo que vería cualquiera o lo que ve Hamlet dentro de su cabeza? Podríamos comparar la escena del fantasma con aquella típica escena de muchas películas en la que vemos los pensamientos del personaje, sus imaginaciones, lo que está soñando, pero eso ya sería decantarse por una hipótesis acerca de la mente de Hamlet, que no se finge loco y que está realmente loco.


Escena de la daga de Macbeth por Ian McKellen

[Publicado el 26 de diciembre de 2008]

WILLIAM SHAKESPEARE

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prefacioashakespeare

Shakespeare según Johnson

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Ver también: Escribir sobre Shakespeare

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