Prejuicios y universos simbólicos

universosimbolico

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

Punto 47: “Durante la infancia, la mente juzgó entonces sobre muchas cosas; y a ello se deben muchos prejuicios, que después no han sido abandonados nunca por la mayoría de los hombres.”

Esto me parece muy acertado. Coincide con uno de los aciertos de Freud en su sistema del psicoanálisis, sistema que considero básicamente erróneo.

En efecto, un gran acierto de las investigaciones de Freud ha sido su insistencia en señalar la importancia que tienen los prejuicios adquiridos durante la infancia.

Hace tiempo que quiero escribir algo sobre los universos simbólicos, y sobre cómo las ideologías son universos simbólicos, que reemplazan a los universos simbólicos adoptados durante la infancia.

“Universo simbólico” es un concepto que puede sonar un poco sofisticado y de poca aplicabilidad al ser humano, pero creo que es un concepto que describe algo real, y de ello hablaré. No hay que asustarse ante el término. No se trata de que alguien construya un universo “arquitectónico”, sino de que construya un sistema de referencias acerca de la realidad, la moral, la ideología, etcétera, que acaban por determinar su comportamiento, para bien y para mal.

Pero ya trataré este tema más adelante.

 

NOTA 2014

No sé si llegué a desarrollar el asunto en otro momento, pero supongo que mi intención era señalar no sólo la semejanza entre los universos simbólicos de la infancia y los de las ideologías en sí, sino también cómo uno y otro, en el caso concreto de cada persona, guardan estructuras comunes e incluso cómo el universo simbólico de la ideología reproduce la estructura de algunas concepciones infantiles, lo que los hace emocionalmente muy poderosos y peligrosos, debido a su dependencia de lo sentimental e irracional. Pero tal vez me interesaban otros aspectos que ahora he olvidado.

NOTA 2015
He intentado completar la intención del texto original (es al parte escrita en marrón)


 

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La ciencia confirma noALT
(La página noALT /002)

En el año 2004 se publicaron varios artículos haciéndose eco de un experimento realizado en la Universidad de California. Los resultados son muy interesantes y confirman la tendencia que tenemos de ver la realidad en campos enfrentados, y cómo dejamos de observarla una vez que hemos tomado partido. A continuación, copio la noticia acerca del experimento tal como fue publicada en la revista El Ciervo.

Los experimentadores colocan en la máquina a un votante convencido de Bush y le ponen una imagen del presidente.
El cerebro reacciona así: “Este es el mío, mira que bueno y guapo es”. Luego sale Kerry, el rival, y en el cerebro del paciente se activa una sección más racional, capaz de distinguir entre lo malo (sobre todo) y lo bueno del personaje.
O sea, que cuando ves a tu candidato la respuesta es emocional: este es el mío, que nadie lo toque, yo soy como él, todo lo hace bien.” Y cosas así. En cambio, cuando sale el otro, se activa la parte del raciocinio, de buscar por dónde flaquea. Qué curioso.    (“El mío es un amor”, El Ciervo, mayo 2004)

 John Kerry      George Bush
¿Son tan distintos Bush y Kerry?

El experimento parece mostrar lo poco de fiar que somos como analistas políticos, pues parece muy difícil que nuestras opiniones se puedan separar de nuestra ideología y de nuestros deseos. La conclusión es que nuestros argumentos están motivados mas por el odio y el amor que por la razón. Como decía un ilustrado francés: “Nuestras razones son las esclavas de nuestras pasiones”. Primero decidimos que es lo que queremos pensar, y sólo después buscamos razones para justificar esa elección.

Nassim Nicholas Taleb pone un ejemplo de cómo funciona nuestra incapacidad de para razonar cuando hay emociones de por medio:

 “El problema de la confirmación es un asunto omnipresente en nuestra vida moderna ya que en la raíz de muchos conflictos se halla el siguiente sesgo mental: cuando los árabes y los israelíes ven las noticias, perciben historias diferentes en la misma sucesión de hechos. Asimismo, demócratas y republicanos miran a partes distintas de los mismos datos y nunca convergen en las mismas opiniones. Una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que demuestren que se está en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos encontramos en nuestras ideas.”

Es muy posible que la única vez que hayamos razonado sea aquella primera vez, tal vez en la adolescencia, en la que elegimos nuestro bando. A partir de entonces, adquirida ya la seguridad de nuestra ideología, nunca hemos necesitado volver a pensar de verdad.

Es evidente que si a alguien la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia, ira incontenible, sus opiniones acerca de cualquier cosa que diga ese político no resultarán muy fiables.

Una reacción emocional extrema es comprensible en un momento concreto, pero su persistencia en toda situación impide cualquier posibilidad de entender algo acerca de la realidad, o de intercambiar opiniones de manera razonable con otras personas, excepto como compartirían una conversación un par de magnetofonos, como decía Ortega, o como la comparten dos hinchas del mismo equipo después de un penalty dudoso.

Las reacciones instintivas y la razón son casi siempre incompatibles. Es por eso que no es recomendable legislar en un momento de gran excitacion social, por ejemplo, tras una serie de terribles asesinatos.

Cuando a Primo Levi, que había estado prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, se le pregunto como reaccionaba instintivamente ante una injusticia, el respondió: “Yo no respondo nunca instintivamente, y si lo hago, intento controlarlo”. Una cosa, en efecto, es sentir emociones y entusiasmos, lo que es del todo razonable, y otra muy distinta intentar legislar o dictaminar en medio del entusiasmo.

El experimento, de todos modos, confirma la tendencia partidista que tenemos, pero no la explica. Muestra que los votantes de Bush ya han decidido que Bush es bueno y que Kerry es malo, asi que es lógico que se activen las zonas de sus cerebros relacionadas con la razón o con la emoción, según el caso. Pero el experimento no nos dice por qué han decidido con tanto ardor que Bush es un monstruo o un héroe.

Tras esa clave andan ahora muchos investigadores: si se consigue averiguar cómo meter dentro de un cerebro una opinión, quizá se descubra como conseguir algo que a menudo parece imposible: como sacar una opinión de un cerebro.

Me gustaría añadir ahora, en 2011, que el experimento, por otra parte, explica de manera clara esa asombrosa situación en la que nos vemos tantas veces, cuando hablamos con una persona acerca de los crímenes de Fulano y estamos completamente de acuerdo en que son detestables, pero luego empezamos a hablar de Mengano y, ante las mismas situaciones que acabamos de condenar resulta que nuestro interlocutor no las considera criminales.

Es por un lado una prueba de algo positivo: cualquiera puede distinguir los crímenes mediante la razón. Pero, por otro lado, muestra algo muy negativo: cualquiera es capaz de ocultar los crímenes si tocan  a su emoción. Situaciones como estas podemos encontrarlas en cualquier polémica política alternante, dicotómica, maniquea, como Israel/Palestina, Estados Unidos/URSS, derecha/izquierda, etcétera. Se razona con precisión y fiereza acerca de un lado de cada par y se olvida al instante todo lo que se acaba de decir al considerar el otro lado.

La única escapatoria a ese pensamiento alternante es encontrar algo que pueda situarse por encima del par a discutir, como la oposición frontal a toda acción criminal.


Los comentarios son muy bien recibidos

 [Publicado por primera vez en 2004]

NOTA 2012: cómo sé que nada puede ser confirmado de manera definitiva, ni siquiera por la ciencia, no empleo la expresión “La ciencia confirma noALT” de manera dogmática, sino, digamos, como sinónimo de “La ciencia (un experimento científico) aumenta la probabilidad de que noALT sea cierto”.


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LA PÁGINA noALT

|| El origen del pensamiento no alternante (noALT)

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¿Que es el pensamiento alternante y qué es el pensamiento no alternante (noALT)?

Aquí ofrezco algunas explicaciones que he publicado en diversos blogs:

“En una noche romana Ana Aranda y yo pensamos en esa situación tan frecuente en la que a uno le obligan a elegir entre una cosa y otra: razón o pasión, realismo o fantasía, novela o ensayo, Stones o Beatles. Pensamos en cómo llamar a eso y, tras barajar nombres como “pensamiento adicotómico o adialéctico” nos decidimos por “no alternante”. Suena un poco mal y sonaría mucho mejor “pensamiento alternativo”, pero, claro, el llamado pensamiento alternativo quizá sea lo contrario de aquello que nos interesaba, porque es  también un pensamiento que divide el mundo en opuestos: lo que hay y lo alternativo.

El pensamiento alternante, en definitiva, ve el mundo como opuestos enfrentados y sin casi matices, así que su contrario, el pensamiento no alternante, rechaza casi todas las dicotomías extremas.

La gracia del asunto, y que me perdone Ana por contarlo, es que aunque nos inventamos allá en Roma la expresión “pensamiento no alternante”, hay quienes cuando contamos la idea asienten como si fuera algo que siempre ha tenido ese nombre. Y quizá, ¿quién sabe?, alguien lo ha empleado ya hace tiempo en el mismo sentido que nosotros.” (Publicado en Turista en Madrid el 10 de octubre de 2003)

Tiempo después, en otra de mis páginas, Mundo flotante, expliqué el propósito de “La página noALT”:

“Mi intención con La página noALT era hacer una página en la que incluir todo lo que opino acerca del maniqueísmo ideológico, de la visión del mundo como un campo de batalla en el que nos enfrentamos nosotros con los otros. A menudo hablo de este asunto con amigos o escribo artículos, entradas e incluso libros, así que quería recoger esos textos dispersos, como hice con la polémica acerca del mundo digital en su momento, y juntarlos en un único documento, al que añadiría muchas más cosas mías y de otros autores.” (Publicado en el blog Wordls el 14 de abril de 2004)

Acerca del título y la expresión “noALT”, conté tam,bién su curioso origen:

vanvogtnoa2“El título de mi página noALT es en un juego de palabras con la teoría no-Aristotélica de Korzibsky, a través de las novelas de ciencia ficción El mundo de No-A y Los jugadores de No-A, de Alfred van Vogt, que me fascinaron en la adolescencia y que posiblemente me influyeron filosóficamente. No-A significaba para Van Vogt y para el filósofo Alfred Korzybski, “no aristotélico”, en el sentido de que se rechaza el concepto de identidad, es decir la idea de que “A es A”.
Pero hay que tener en cuenta noALT no significa “no-aristotélico”, sino no alternante. No ataco en La página noALT el principio de identidad o la significación del verbo ser como “idéntico a” (eso lo hago en otros sitios, como mi ensayo Nada es lo que es, el problema de la identidad), sino que critico la costumbre de dividir el mundo en dos campos enfrentados, la manía de plantear siempre alternativas o dicotomías.
Por cierto, noALT, además de significar no-Alternante es una broma con el llamado “texto ALT“, que es ese texto que a veces aparece cuando pasas el ratón sobre un enlace. Por eso en el logotipo de noALT he hecho que aparezca ese recuadro amarillo, como si surgiera de un enlace activado.” (Publicado en Mundo flotante, 2005)

Finalmente, en otra página, en este caso Tsuresureguza, volví a explicar algunas cosas relacionadas con el pensamiento no alternante:

 “Para mostrar mi rechazo a la forma virulenta y dogmática de concebir la discusión inicié hace meses La página noALT, en la que intento tratar el tema con humor, e intento también mostrar que el mundo no tiene por qué dividirse en blanco/negro, izquierda/derecha, buenos/malos. Y que a menudo hay más opciones que las dos que suelen ofrecérsenos siempre: “O estás conmigo o estás con ellos”. Yo no suelo estar ni con estos ni con los otros, sino todo lo contrario.” (publicado en Tsuresureguza, 2004)

En el reverso de esta fotografía, Ana Aranda escribió: “Maravilloso e increíble dragón-fuente. ¿Qué he aprendido? Que hay que mirar a las caras de las estatuas que están mirando hacia abajo”.
(Roma, verano 2003, ola de calor en Europa)

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