Mímesis y símbolos

Joaquín Lomba Fuentes, en La filosofía judía en Zaragoza, llama la atención acerca de una importante diferencia entre el “horizonte cultural” judaico y el griego:

“Frente a un mundo mimético griego que remite a un universo de modelos significados, el judaico presenta el mundo como un conjunto de símbolos substantes en sí mismos y que mueven no a la inteligencia, que busca significados a través de significantes, sino a la imaginación, sensibilidad y conocimiento-praxis en busca de la instalación de la conciencia en otro u otros niveles simbólicos. Y este carácter que es propio del mundo judío podemos extenderlo al mundo semita en general, incluyendo la cultura islámica.”

lombafuentesEsta diferencia entre mímesis y simbolización probablemente puede dar lugar a una interesante investigación, más que nada teniendo en cuenta la crítica moderna al concepto griego de mímesis o imitación. Es evidente que en el arte la cosa misma (la cosa en sí o noúmeno, aquello que está más allá de las apariencias) no puede darse, sino que debe ser presentada o bien mediante una imitación o bien mediante una simbolización (no me detendré ahora a pensar si existen otras maneras de presentación de la cosa en sí).

Si queremos contar el nacimiento de Jesucristo o de Mitra podemos hacerlo mediante una duplicación de ese suceso que haga que el espectador sienta que lo está viendo de nuevo. Eso sería la mímesis.

También podemos hacerlo a través de la simbolización: mediante simbolos que el espectador descifra: este simbolo es Mitra, este otro Jesucristo, aquél de allá el nacimiento de un dios.

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Pero creo que Lomba Fuentes se equivoca en la parte final al caracterizar el modo semita y el modo griego. Al menos desde el punto de vista del arte y del espectador, el modo mimético tiene más bien las características que Lomba Fuentes atribuye al simbólico: quien ve la estatua de Apolo cree estar ante el mismo dios Apolo, quien asiste a una representación de Sófocles por un momento cree estar viendo realmente el asesinato de Edipo. Es decir, pone en marcha su imaginación y su sensibilidad tanto o más que su inteligencia. Por el contrario, en el simbolismo semita lo que fundamentalmente se pone en marcha es la inteligencia y la búsqueda de significados para esos significantes que se le muestran. Al menos en el terreno del arte y la estética. Pero quizá Lomba Fuentes se refiere al terreno de la pura especulación filosófica, aunque lo llame “horizonte cultural”.

**********

[Escrito antes de 1989. Las imágenes y el texto en verde son de 2014]

lombafuentes2

Joaquín Lomba Fuentes

NOTA en 2014

Recuerdo todavía la gran emoción intelectual que supuso para mí la lectura. hacia 1989, de los dos libros de Joaquín Lomba Fuentes La filosofía judía en Zaragoza y La filosofía islámica en Zaragoza. Son dos libros magníficos.

Tiempo después, escribí un comentario a esta entrada: “¿Es el arte siempre imitación?”



Error: puede que no exista la vista de 0f235c60bs

El tiempo de los mitos

Los mitógrafos o mitólogos hablan de un tiempo mítico presente en casi todas las culturas, al que llaman illo tempore (“aquel tiempo”). Es el tiempo en el que los dioses y los héroes hicieron las cosas que hoy repetimos. El tiempo de los arquetipos que nosostros ahora tan sólo imitamos.

Pero quiero referirme aquí no al tiempo mítico, sino a otro tipo de tiempo de los mitos, no el tiempo en el que trascurren los mitos, sino el tiempo que abarca el trascurso de esos mitos.

Si examinamos la mitología griega, con sus muchos héroes y dioses, advertimos con cierta sorpresa que, aunque se habla de épocas anteriores a la creación misma de nuestro mundo, de miles de años desde los primeros dioses hasta nuestros días, en realidad los dioses y héroes apenas cubren unas cuantas generaciones.

Por ejemplo:

1. Gaia

2. Ouranos

3. Kronos

4. Zeus

5. Apolo

Cinco generaciones de dioses tan sólo. A veces tal vez seis. A partir de la quinta o sexta generación ya empiezan los semidioses y los héroes.

Urano y Gaia en tiempos felices

Si contamos las generaciones de semidioses y héroes, tampoco son muchas, aunque pueden superar a las de los dioses.

Aetlio

Endimion

Etolo

Agenor

Eveno

Tideo

Diómedes

Los últimos, Tideo y Diómedes ya casi son hombres heroicos, pero no héroes. Tideo participó en la guerra para conquistar la ciudad de Tebas; su hijo Diomedes en la expedición a Troya.

Naturalmente, podemos prolongar estas genealogías, pero ya en el tiempo de los hombres, y de este modo descubrir, por ejemplo, cómo Pericles está emparentado con los primeros fundadores de Atenas. Si queremos llegar a Roma tendremos que seguir a uno de los enemigos de Diómedes, el troyano Eneas, que nos conducirá a Italia y a Rómulo y Remo, de la mano de la genealogía inventada por Virgilio en La Eneida. Aquí las generaciones tienen que cubrir entre trescientos y quinientos años, que es lo que se supone que separa a la caída de Troya de la fundación mítica de Roma.

Pero, lo curioso es que las generaciones de los dioses y primeros semidioses sean tan pocas, a pesar e cubrir miles de años, no unos cientos como las de los héroes.

Algo semejante a lo que sucede en Grecia se puede encontrar en mitologías como la celta o la irlandesa, la nórdica o la lituana. Tal vez la excepción sea la India, con su millón de dioses, pero sospecho que el núcleo original de dioses védicos tampoco sobrepasa las cinco o seis generaciones.

Las largas genealogías releigiosas se han desarrollado casi siempre posteriormente, en una religión ya muy sistematizada, organizada e intelectualizada, como la de los gnósticos y sus eones o dioses que crean a otros dioses, que alcanzan, tal vez, más de ochenta generaciones.

Desde el punto de vista evemerista (entendiendo que tras los mitos se esconden hechos históricos), estas seis generaciones de dioses resultan muy interesantes para quien pretenda rastrear, por ejemplo, los orígenes de los pueblos indoeuropeos. Aunque sospecho que no siempre se puede comparar la duración de una generación divina y otra humana. A veces un dios o un héroe puede representar a un reino o a una tribu, por ejemplo.

Ahora bien, culturas indoeuropeas como la griega y la india comparten a algunos de los dioses de esas cinco generaciones (por ejemplo, en India Ouranos es Varuna, Zeus es Dyaus Pitar y Ares se desdobla en los gemelos Maruts). Como es obvio, las diferencias comienzan cuando griegos e indios hablan de sus semidioses y héroes, ya cercanos a las generaciones autóctonas de cada lugar.

 

**********

[Publicado por primera vez el 9 de febrero de 2008]