Intuición, emoción y Sherlock Holmes

[Hace un tiempo, Lucía Guerrero me pidió que respondiera a unas preguntas para un trabajo de investigación que estaba haciendo para Periodismo. La razón fue que Lucía había leído mi artículo “La primera impresión es la que cuenta”]

¿Cree que el usar el pensamiento intuitivo es una tendencia creciente acentuada por la era audiovisual en la que vivimos, que nos ha “obligado” a familiarizarnos cada vez más con mensajes visuales y emocionales? ¿O por el contrario, cree que por nuestra naturaleza emocional estamos y estaremos destinados a pensar intuitivamente siempre?

Quizá sea cierto que el fuerte contenido audiovisual al que estamos sometidos acentúe la tendencia a dejarnos llevar más fácilmente por el pensamiento intuitivo. En los años 60 el teórico de la comunicación Marshall McLuhan ya dijo que el regreso del mundo audiovisual frente al mundo de la escritura acentuaba ese tipo de comportamiento más impulsivo, poco reflexivo y muy emocional.

De todos modos, me da la impresión de que esta tendencia siempre ha existido y que quizá ha sido lo habitual, aunque hay momentos en las que parece acentuarse, por ejemplo en épocas propensas al pensamiento mágico. Curiosamente, parece que estamos en una de ellas, a pesar de ser una época también muy científica. Algo semejante sucedió en los comienzos de la ciencia moderna, hacia 1600, cuando convivían todo tipo de fantasías ocultistas, esotéricas, herméticas y mágicas con el comienzo del rigor científico y el fin del secreto (la exposición pública de los conocimientos).

Respondiendo a tu segunda pregunta, creo que el pensamiento intuitivo es una especie de equivalente del instinto de la especie, pero aplicado a la vida y a la experiencia de cada individuo. Es decir, la intuición nos ofrece respuestas rápidas basadas en nuestra experiencia pasada. La mayoría de las veces esas respuestas son útiles y acertadas, pero en las situaciones nuevas, o que requieren verdadera reflexión, ese pensamiento no funciona tan bien y puede llevarnos con facilidad por el camino del prejuicio. En consecuencia, sí creo que el pensamiento intuitivo es algo inherente a nuestra naturaleza, no solo emocional sino intelectual, un mecanismo que siempre se activará, pero con el que, a pesar de su gran utilidad, hay que tener mucho cuidado.

¿Cree que la forma de consumir información a través de internet ha fomentado el que tengamos mentes más dispersas y nos cueste más digerir informaciones densas para las que haya que usar el pensamiento analítico y racional?

Esto también es posible, aunque no del todo seguro. También McLuhan decía que la escritura facilitaba el pensamiento lógico y reflexivo, mientras que la cultura oral no lo hace. La escritura nos permite revisar lo que hemos hecho o lo que hemos dicho y corregir nuestros errores. Sin embargo, McLuhan no tuvo tiempo para ver la cultura digital, que es en gran parte oral y audiovisual, cierto, pero que también se puede conservar y revisar. Un dicho latino decía que lo escrito permanece mientras que lo hablado vuela o se pierde (scripta manent verba volant), pero en el mundo digital los bits audiovisuales vuelan, se transforman y son cambiantes, pero, al mismo tiempo, también permanecen y se pueden revisar.

Lo que permite la cultura digital es, por otra parte, asistir a diario a lo que antes eran charlas personales, conversaciones de café, discusiones privadas, y claro, eso nos hace pensar que somos más dispersos, porque vemos ese espectáculo trivial multiplicado. Sin embargo, al mismo tiempo, creo que quien sabe usar y buscar en internet encuentra muchas personas, y muchos de ellos jóvenes, capaces de concentrarse en asuntos complejos y que hacen propuestas de una gran densidad teórica. Son una minoría probablemente, pero antes también lo eran, simplemente sucede que ahora vemos todo lo que hacen nuestros vecinos (y no vecinos), y antes solo lo imaginábamos. Pero se podrían poner muchos ejemplos del simplismo de épocas predigitales. En cualquier caso, es cierto que quien se conforma con contenidos audiovisuales de fácil digestión tiene un acceso muy limitado a la realidad y seguramente se aburrirá o no será capaz de entender algo más complejo.

¿Considera que el tener una buena base matemática es de ayuda a la hora de desarrollar nuestro pensamiento racional y analítico?

Sin duda. La matemática y la lógica son excelentes herramientas que estimulan y favorecen el pensamiento racional y analítico. Muy recomendables. Al menos tener unas nociones básicas de lógica y matemáticas.

Los sistemas 1 y 2 de los que habla Khaneman, ¿se complementan o se contradicen? 

Supongo que las dos cosas. Por un lado se contradicen, porque muchas veces el sistema 1 (el pensamiento intuitivo e impulsivo) se niega a aceptar de plano algo que resulta evidente a la luz del sistema 2 (el pensamiento más reflexivo y meditado). Los aspectos emocionales, los sesgos de confirmación, los prejuicios de todo tipo hacen que las personas que se dejan guiar por la intuición y el sistema 1 a menudo sean incapaces de razonar con claridad, al menos en ciertos asuntos, en lo que podríamos llamar sus “puntos ciegos” (como dice Daniel Goleman). Pero, por otra parte, el sistema 1 y el sistema 2 se pueden complementar: es bueno escuchar lo que nos sugiere la intuición, porque a veces nos da una buena respuesta, pero, siempre que se pueda, es preferible revisar esas sugerencias mediante el sistema 2 antes que creer ciegamente en ellas.

Sherlock Holmes in The Adventure of the crooked man as drawn by Sidney Paget | eBay

Sherlock a Watson: “Usted mira, pero no ve”

Por otra parte, creo que la intuición se puede entrenar y mejorar. Cualquier experto o profesional suele tener una respuesta intuitiva en su campo de acción mejor que la de alguien que no domina el asunto. A mí me gusta la comparación que hace Maria Konnikova entre el sistema 1 y 2 de Kahneman y el pensamiento de Watson y el de Sherlock Holmes: aunque nos parece que Holmes piensa a velocidad de vértigo, en  realidad eso se debe a que su intuición en el terreno criminal ha sido muy entrenada a lo largo de años de estudio. Por otra parte, el propio Holmes dice: “Tengo la costumbre de no establecer teorías [es decir de no dejarse llevar por la intuición] antes de conocer los hechos”. En otra de sus aventuras asegura que tiene muchas hipótesis en la cabeza, pero que no confiará plenamente en ninguna de ellas hasta contrastarlas. Así es como deberíamos hacer que el sistema 1 y el sistema 2 se complementaran.

 


[Entrevista para Lucía Guerrero Bernard]
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La primera impresión es la que cuenta…

¿Por qué casi todo el mundo tiene una gran confianza en su intuición?

Para expresarlo con más precisión: ¿por qué a la casi todas las personas les resulta tan difícil darse cuenta de la poca fiabilidad de su intuición, a pesar de que una y otra vez obtienen testimonios que alertan de esa poca fiabilidad?

Daniel Kahneman

Algunos  psicólogos han estudiado este asunto  en las últimas décadas y han obtenido interesantes respuestas. Una de ellas es que la intuición, o lo que Daniel Kahneman llama “Sistema 1”, funciona muy bien en el 90% de las situaciones a las que nos enfrentamos.

El Sistema 1 es el que nos permite movernos por la vida con ligereza y confianza, sin necesidad de detenernos a reflexionar ante cada situación. Si cada vez que damos un paso tuviéramos que detenernos a reflexionar en cómo debemos darlo, entonces nos caeríamos al suelo, porque la complejidad de ese movimiento tan simple y la cantidad de factores que se deben poner en funcionamiento son casi improcesables para un cerebro en apenas unos segundos. van desde cómo enviar desde nuestra mente a nuestro pie la instrucción de levantarse, calibrar la distancia a recorrer, descargar el peso adecuado del cuerpo, mantener el equilibrio en el momento en el que nos sostenemos en un único pie o depositar el pie ni muy fuerte ni muy débilmente en el suelo. Julio Cortázar escribió un excelente cuento, o ensayo si se prefiere, en el que mostraba la insólita complejidad que encierra el aparentemente sencillo acto de subir uan escalera: “Instrucciones para subir uan escalera”, que puedes escuchar aquí narrado por él mismo.

Por su parte, Kahneman enumera algunas de las tareas a las que hace frente a diario el Sistema 1:

  • Percibe que un objeto está más lejos que otro.
  • Nos orienta hacia la fuente de un sonido repentino.
  • Completa la expresión: “A quien madruga…”
  • Nos hace poner “cara de desagrado” cuando vemos un cuadro horroroso.
  • Detecta hostilidad en una voz.
  • Responde a “2+2=?”
  • Lee las palabras de las vallas publicitarias.
  • Conduce un coche por una carretera vacía.
  • Entiende las frases sencillas.
  • Permite caminar de la manera habitual.

Siempre que se trata de situaciones o tareas como las anteriores, que son las que ocupan tal vez el 80 o el 90 por ciento de nuestras actividades habituales, no hay ningún problema en dejarnos llevar por el Sistema 1, que no se identifica por completo con eso que llamamos intuición, pero que está sin duda muy relacionado.

Intuición

El problema es que cuando las tareas se complican o cuando surge algún imprevisto , el Sistema 1 o la intuición dejan de funcionar tan bien. Porque en esas situaciones inesperadas o complejas se requiere más atención y reflexión.

Kahneman enumera algunas de las tareas que precisan del Sistema 2:
  • Estar atento al disparo de salida de una carrera.
  • Concentrar la atención en los payasos del circo.
  • Escuchar la voz de una persona concreta en un recinto atestado y ruidoso.
  • Buscar a una mujer con el pelo blanco.
  • Buscar en la memoria para identificar un ruido sorprendente.
  • Caminar a un paso más rápido de lo que es natural.
  • Observar un comportamiento adecuado en una situación social.
  • Contar las veces que aparece la letra a en una página de texto.
  • Dar a alguien el número de teléfono.
  • Comprobar la validez de un argumento lógico complejo.

Como se puede ver, algunas tareas del Sistema 1 y del Sistema 2 son muy parecidas, pero no son idénticas. No es lo mismo caminar de la manera habitual que hacerlo a un paso forzadamente rápido, lo que requiere más atención e intención. Hay que aclarar, por otra parte, que Kahneman no afirma que exista en nuestro cerebro una división tajante entre dos sistemas mentales, o dos módulos cerebrales claramente diferenciados: es sólo una manera de referirse a diferentes maneras de pensar, lo que él también llama “pensar rápido” frente a “pensar despacio”.

Pensar rápido, pensar despacio

Pues bien, sucede que cuando hablamos de la intuición no solemos referirnos tan solo a todas esas cosas que hacemos cuando sólo activamos el Sistema 1, sino que la aplicamos a las que hacemos cuando deberíamos emplear el Sistema 2. Pondré un ejemplo para que se entienda a qué me estoy refiriendo.

Cuando nos presentan a un desconocido, nuestra mente desea hacerse cuanto antes una opinión acerca de esa persona. Siglos de evolución animal nos han enseñado que hay que clasificar rápidamente a los extraños, distinguiendo entre los potencialmente peligrosos y los aparentemente beneficiosos, entre los enemigos y los aliados, así que la intuición nos ofrece criterios rápidos para que lo extraño o desconocido no nos resulte tan extraño o tan desconocido. Nuestra memoria nos ofrece rápidamente similitudes entre esa persona desconocida y otras personas que hemos conocido. A veces la semejanza es por completo accidental: quizá las dos personas (la de nuestro recuerdo y la que tenemos delante) tienen las orejas grandes; o tal vez las dos se llaman “Jorge”, o tal vez ambas son venezolanas. También nos fijamos en cualquier gesto de esa persona: en una mueca de desagrado, en una sonrisa nerviosa o sincera, en el color de su camisa. Cualquier detalle pone en movimiento nuestra base de datos mental acerca de los seres humanos y nos ofrece paralelos y similitudes. En apenas unos segundos nos formamos una opinión acerca de esa persona, a pesar de que muchos de los datos que nos han servido para construir nuestro retrato robot pueden ser absolutamente accidentales. Por ejemplo, el llamativo color de su camisa quizá no se deba a que sea un color que a esa persona le guste, sino a que ese día no tenía ninguna camisa limpia y le tuvo que pedir una a su compañero de piso.

El refrán que parece sostener todo este proceso cognitivo que se pone en marcha al conocer a un extraño mediante la activación del Sistema 1 es: “La primera impresión es lo que cuenta”. Un consejo que los padres y madres suelen dar a sus hijos cuando estos tienen que enfrentarse a una entrevista de trabajo. Es muy posible que este refrán y este consejo sean muy sensatos.

Ahora bien, hay que advertir que el refrán describe una situación real, pero no porque que la primera impresión dé en el blanco al juzgar a una persona por su apariencia, sino más bien porque la primera impresión es la que cuenta porque está llena de ideas preconcebidas, intuición no reflexiva y prejuicios. Por eso, a alguien que va a una entrevista de trabajo se le recomienda que intente dejar una buena primera impresión, ya que los seres humanos tendemos a dejarnos llevar por las primeras impresiones y a confiar en las apariencias inmediatas. Así que, si no se deja una primera buena impresión, es difícil que haya oportunidad para dejar una segunda impresión.

Por fortuna, existe otro refrán para señalar la intervención del Sistema 2 en la valoración de un extraño: “Nunca te fíes de las primeras impresiones”. De eso hablaré en otro lugar.


[El refrán “La primera impresión es la que cuenta” también se dice como “La primera impresión es lo que cuenta”. Las dos formas son válidas, pero aquí he preferido emplear la primera. No hace falta señalar la broma de ilustrar este artículo con la primera impresión de la imprenta de Gutenberg]
[Publicado por primera vez en Divertinajes el 27 de septiembre de 2012]
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El azar y la necesidad

Ilustración de Daniel Tubau

Uno de los asuntos que ha ocupado durante millones de horas a las mentes más inquietas de la humanidad es problema del azar y la necesidad. ¿Estamos determinados por nuestros genes, por las estrellas, por los dioses, por el clima, por la educación, por nuestro género, por nuestra cultura? ¿Son nuestras acciones libres o seguimos nuestros instintos, como los animales, o instrucciones de un programa, como las máquinas?

Desde que se recuerda, y también por lo que los arqueólogos y paleantropólogos deducen de los restos prehistóricas, siempre los humanos han intentado desentrañar si nuestra vida y nuestro universo es determinista o indeterminista, si estamos sometidos a un destino férreo o a un caprichoso azar.  El tema ha hecho que se volcaran toneladas de tinta en rollos de seda, libros de bambú, pergaminos y papeles; ha fatigado las manos de los escribas mesopotámicos, entregados a hacer saltar muescas en las piedras con sus signos cuneiformes para dejarnos un testimonio de sus inquietudes, ha mantenido a los canteros egipcios durante horas trazando intricados jeroglíficos en los muros y las columnas. Las imprentas de China y de la Europa de Gutenberg han trabajado sin descanso imprimiendo cientos de libros que intentaban resolver el gran misterio. Hoy en día el universo digital rebosa de artículos, libros, series y películas o discusiones interminables acerca de este asunto no resuelto.

Las respuestas a el equilibrio metafísico entre azar y necesidad también ha dado origen a cientos de escuelas filosóficas y a sectas religiosas y escuelas místicas, no sólo en Grecia y Roma, sino en la India y en China, en Persia, en las culturas precolombinas, en el mundo musulmán, entre los cristianos y entre los judíos.

A menudo la respuesta psicológica se ha entrelazado con la ontológica y la metafísica. Los estoicos enseñaban a soportar el dolor y las contrariedades, lo que les hizo desarrollar una metafísica en la que existía un destino férreo, que no estaba en nuestra mano modificar; los epicúreos buscaban el placer y eso les hizo concebir un universo en el que dominaba el azar, por lo que añadieron al movimiento de los átomos de Demócrito una desviación azarosa o clinamen, que impedía que todo el universo estuviera determinado de manera estricta por los dictámenes de esas partículas elementales. Los cristianos, que creían que el mundo ideal se situaba en el futuro en vez de en el pasado, otorgaron al ser humano el libre albedrío, pero al mismo tiempo lo sometieron desde su nacimiento al más cruel de los determinismos, el del pecado: todos somos pecadores desde el momento en que nacemos, porque cargamos con la culpa de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Por su parte, los budistas, los hinduistas y los jainistas aceptaron de manera semejante que tenemos que cargar con las culpas o aciertos de nuestras vidas anteriores, pero lograron al mismo tiempo proponer la mayor de las libertades y el libre albedrío más radical: es verdad que somos como somos por lo que hicimos en nuestras vidas anteriores, pero también seremos lo que seremos en función de lo que hagamos ahora. Aristóteles, por su parte, proponía algo semejante, pero lo circunscribía a la vida de un individuo: somos lo que hacemos. El ser humano, nos dice, nace como una tabula rasa, como una tableta en blanco, que debemos ir llenando en nuestra búsqueda de la felicidad, hasta llegar al ideal máximo, es decir, a la contemplación pura, algo que quizá podemos comparar con una meditación al mismo tiempo reflexiva e inquieta. Ahora bien, para que todo eso funcione no solo tiene que existir un Primer Motor Inmóvil que mantenga todo el universo en movimiento, sino también esclavos que nos permitan tener el tiempo libre que exige la contemplación pura. Quién sabe, quizá algún día se cumpla el sueño de Aristóteles gracias a los robots.


[Escrito en 2014]

 El azar y la necesidad

De las fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quise hablar en 2014 en la página Divertinajes, o quizá no lo quise, sino que me fue impuesto por una necesidad metafísica o por el golpear causal o casual en el interior de mi cerebro. Aquí he añadido otros textos relacionados con el azar y la necesidad, es decir, el determinismo y el indeterminismo.

Dawkins: genes, memes y determinismo

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Aquiles y Áyax se la juegan en Troya
Homéricas /008

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Cómo ganar a los dados a un tonto

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Lo que sí está en los genes

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Casualidades

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El azar y la necesidad

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Casualidades causales

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Pi y la Biblioteca

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Cicerón, el estadístico

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La columna de fuego

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Tersites y Palamedes, las leyes del azar
|| Homéricas /007

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Análisis retrospectivo y física cuántica en el problema del determinismo y el indeterminismo

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La narrativa y las casualidades significativas

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El rey indio que se apostó a sí mismo

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El azar y la necesidad

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Nuevos lenguajes y creatividad

Santillana Lab Participantes

Hace unas semanas asistí como alumno y profesor a un taller, encuentro o clinic en , invitado por Fernando Herranz Mayoral y Juan Carlos Pérez.

santillanalabDanielEstuve allí como alumno porque compartí aquella sesión con personas de diversas profesiones, con las que aprendí muchas cosa verdaderamente interesantes; como profesor porque intenté aportar ideas relacionadas con mi trabajo como guionista o director o profesor de guión, dirección, creatividad o literatura. Es una manera de generar ideas que siempre me ha gustado, y que hizo célebre el MediaLab del MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets), quizá el mayor centro de invención e innovación mundial.

La sesión tuvo lugar en un lugar llamado El Play, donde nos conocimos todos los participantes, charlamos un rato de manera distendida y después nos dividimos en dos grupos de trabajo, para compartir ideas y propuestas acerca de los nuevos lenguajes en la educación. Después los dos grupos volvimos a juntarnos y se hizo un resumen de los aspectos más interesantes.

#santillanalab

El viernes 13 de junio tendrá lugar la segunda sesión.

Pronto contaré más detalles, pero por ahora dejo aquí uno de los resultados de la sesión, una historieta en la que aparecemos los participantes.

[google-drive-embed url=”https://drive.google.com/file/d/0B6VhcXVdCFG1XzJWNzJoaWZSS1k/preview?usp=drivesdk” title=”Comic_SantillanaLABII (1).pdf” icon=”https://ssl.gstatic.com/docs/doclist/images/icon_12_pdf_list.png” width=”100%” height=”400″ style=”embed”]

[Puedes usar la barra lateral para leer el comic completo]


 

Creatividad y teorías bastante extravagantes

Error: puede que no exista la vista de e379553w5r

losgrandesinventosdetubau

Algunos de mis inventos

Error: puede que no exista la vista de e379553w5r

El futuro en el presente: retroproyección futura

 Hace muchos años empecé a aplicar un método (al que todavía recurro alguna vez) que es muy semejante a la prognóstica aplicada, la ciencia que se ocupa de la predicción del futuro. Mi método tiene similitudes también con el análisis premortem y con los obituarios del marketing, como el de Coca-Cola.

Es algo que podríamos llamar “retroproyección futura” y que se podría definir de la siguiente manera: “Recordar el futuro desde el presente”.

El método consiste en situarse en un hipotético futuro e imaginar cómo será recordado el presente que estamos viviendo, qué pensaremos entonces acerca de las acciones que estamos realizando ahora, que nos parecerán las decisiones que estamos tomando en este momento.

En definitiva, cuando me encuentro en una situación en la que me resulta difícil encontrar soluciones, hago un ejercicio de prognóstica o proyección futura y me digo a mí mismo: “Cuando transcurran unos cuantos años y recuerde este momento y en estos problemas, ¿a qué conclusiones llegaré?”. En definitiva, me dedico a imaginar a mi yo del futuro reflexionando acerca de los errores de mi yo del presente. A continuación, intento expresar las conclusiones de ese yo futuro. Un ejemplo de lo que podría pensar mi yo futuro: “Entonces no me daba cuenta de que no era tan difícil dejar el trabajo y cambiar de profesión”. O cualquier otro planteamiento semejante.

En la película “Looper” se emplea un método semejante a la retroproyección futura

La razón de que aplicase este curioso método es que había observado que tenemos las cosas bastante claras cuando examinamos desde el presente el pasado, no solo por la razón obvia de que ahora disponemos de más información que entonces y sabemos cómo acabó todo, sino también porque podemos juzgar desde cierta distancia, con otra perspectiva, y sobre todo con menos implicación emocional. Eso nos permite examinar con serenidad y mayor objetividad una situación pasada. La conclusión a la que solemos llegar, cuando pensamos en esos problemas de nuestro pasado que tanto nos inquietaban, suele ser que casi existían otras posibilidades o líneas de acción que no supimos, que no quisimos o que no pudimos ver entonces.

Probablemente también llegué a este método aplicando un razonamiento inductivo que me ha servido en muchas ocasiones para quitar dramatismo a ciertas situaciones:

“Ahora que estás desesperado, deprimido o angustiado recuerda todas las veces que has estado en una estado anímico semejante, o en situaciones igual de preocupantes… y pregúntate: ¿Cuántas de esas situaciones tuvieron consecuencias irreparables?”.

La respuesta a esta pregunta suele ser: “Pocas o ninguna”. Casi nunca pasa nada terrible o irreparable. Es cierto que a veces hemos tomado decisiones que son irreversibles, como una ruptura amorosa definitiva, pero con el paso del tiempo, incluso en estos casos llegamos a considerar que lo que sucedió era inevitable, o al menos que pudimos seguir viviendo a pesar de ello.

Es verdad que en algunas ocasiones no nos hemos recuperado del todo y que el dolor todavía nos afecta en ciertos momentos, pero, si somos sinceros, esos casos son muy pocos, tal vez dos o tres, quizá cinco o siete. Sin embargo, lo más probable es que hayamos estado deprimidos decenas o cientos de veces. El porcentaje de consecuencias verdaderamente dramáticas suele ser mucho más pequeño de lo que creemos de manera intuitiva.

Este método inductivo, semejante al que consiste en pensar que si algo sucede a menudo lo más probable es que siga sucediendo (por ejemplo, que el sol saldrá mañana como ha salido durante miles de días de nuestra vida), nos hace concluir que los problemas que ahora nos angustian se acabarán resolviendo de alguna manera y que existe una muy pequeña probabilidad de que no se resuelvan: el sol seguirá saliendo durante miles de día, Aunque es cierto que algún día no saldrá, al menos para nosotros y para quienes habiten en el planeta Tierra cuando el Sol colapse, o cuando no estemos allí para contemplar el amanecer Pero, al fin y al cabo, el método inductivo no es demostrativo.


[Publicado por primera vez en el 13 de octubre de 2019]
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Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas

Hace un tiempo tuve una conversación con mi amigo Bernard M’ba acerca de los traductores automáticos que desde hace un tiempo está popularizando Google, ya se trate de traducción simultánea, de  textos en Internet o de subtítulos automáticos en Youtube. Quienes los usan se quejan de que todavía (en 2011) son muy imperfectos y hay quien dice que siempre serán necesarios los traductores humanos.

Hasta hace pocos años se decía lo mismo del ajedrez: “Es un juego tan complejo que nunca un computador podrá ganar al campeón mundial humano”. Sin embargo, desde que el ordenador Deep Blue venció a Kasparov, sabemos que el campeón mundial de ajedrez sería hoy una máquina, si las dejaran participar en el torneo.

La campeona o campeón mundial de ajedrez

Lo curioso es que en el siglo XX se llegó a pensar que ni siquiera los humanos serían capaces alguna vez de llevar a cabo una traducción simultánea. Ved Metha lo cuenta en un artículo incluido en uno de sus libros, quizá en La mosca en el vaso. Metha cuenta que en los inicios de  la Sociedad de Naciones y la ONU se pensaba que no era posible que en tiempo real una persona escuchase hablar a alguien en chino, pensara en la traducción, la dijera en francés y, al mismo tiempo, siguiera escuchando a la persona que hablaba en chino. ¿Cómo llevar a cabo dos tareas casi contradictorias a la vez?  También menciona Metha  aquella célebre anécdota (probablemente inventada pero elocuente) del mensaje bíblico que los americanos enviaron a los rusos:

“El espíritu es fuerte, pero la carne es débil”

que los rusos tradujeron:

“El vodka está estupendo, pero la carne está podrida”

Ved Metha

 En cualquier caso, aunque los traductores automáticos todavía estén lejos de superar a los seres humanos, ya son bastante útiles, aunque conviene usarlos sin intentar entenderlo todo. Por ejemplo, he descubierto que es mejor escuchar esas traducciones que leerlas, porque de ese modo es más fácil hacer la vista gorda y no encasquillarse en los errores que se detecten aquí y allá, que resultan mucho más evidentes en la lectura.

En general, casi siempre es mejor no ser en exceso puntilloso y meticuloso, por ejemplo al ver una obra artística, ya sea en cine, literatura, teatro, escultura o cualquier otra. Detenerse en pequeños detalles muchas veces nos impide entender de manera más amplia lo que nos está proponiendo. Conviene, como decían los escépticos antiguos, suspender el juicio, al menos en un primer momento o durante la contemplación de la obra. El análisis debe venir a continuación, no previamente.

De acuerdo, ya sé que, aunque no queramos nuestro, cerebro siempre analiza, pero podemos y quizá debemos evitar la redundancia analítica, si intentamos frenar o mantener en segundo plano nuestra obsesión analista, al menos durante un tiempo.

Si uno hace la vista o el oído un poco sordo a las traducciones de Google, al menos en las de inglés a español, que son las más avanzadas, descubrirá que entiende casi todo, como cuando leemos una cita como la siguiente:

” Sgeun un etsduio, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneilbe.”

Además, y eso es lo que comentaba con Bernard, una mala traducción puede ser muy interesante, porque puede proporcionarnos ideas nuevas.

A mí me ha sucedido varias veces que, al escuchar o leer un texto escrito en inglés, he entendido mal algunas cosas y eso me ha hecho pensar que el autor decía algo que en realidad no decía. Lo curioso es que esas cosas mal entendidas a veces eran más interesantes que las que de verdad decía el autor.

Lo anterior tiene una ventaja añadida, porque, puesto que se trata de una  interpretación errónea por nuestra parte y no de una interpretación literal de lo pensaba el autor, entonces se puede decir que esas ideas erróneas pero interesantes  se nos han ocurrido a nosotros.

En un ejemplo de lo fructífero que puede ser el error.


 [Publicado por primera vez en Inventario digital, 4 de marzo de 2011]

¿Nota en 2016?

Añado ahora dos comentarios:

1. Lamentable o afortunadamente, los traductores automáticos de Google cada vez funcionan mejor, al menos del inglés al español. Los últimos libros que he leído (o escuchado) apenas he podido malinterpretarlos, porque se entendía casi todo. Me ha parecido percibir que el último gran escollo para la traducción automática es que a veces convierte frases negativas en positivas y a la inversa, y que no maneja bien construcciones con “pero” o “sino”.

2. Una curiosidad: el texto con las letras cambiadas que cito más arriba se lee con bastante facilidad, pero escuchado apenas se logra entender. Habrá que investigar por qué.

NOTA EN 2019

En la actualidad las traducciones automáticas de inglés a español son, en mi opinión, asombrosamente buenas, aunque todavía estén lejos de una excelente traducción humana. Pero parece  claro que el trabajo de los traductores humanos simultáneos pronto se verá amenazado por la inteligencia artificial.

La inteligencia contra los test de inteligencia

La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su CI (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología o definición circular que ya mencioné en otra ocasión: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías y propuestas que se basan en la observación y la ciencia, la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con otra improbable mutación genética.


[Publicado el 3 de abril de 2013 en Divertinajes]

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Existen muchas maneras de definir qué es la inteligencia. Una de las más interesantes y precisas es:

La inteligencia consiste en ser capaz de modificar la conducta al tener en cuenta la información que se recibe del medio circundante.

Esta definición es bastante convincente, pero tiene el problema de que su campo de aplicación es muy amplio. Muchos animales pueden ser considerados inteligentes, como las abejas de las que hablé en Lo que sí está en los genes, capaces de señalar a sus compañeras dónde encontrar un buen campo de margaritas. Ahora bien, quizá no nos parecen tan inteligentes aquellas otras abejas de la especie higiénica que son capaces de abrir celdillas infectadas pero que no tiran la larva enferma, a pesar de tenerla allí delante, ya que carecen de la instrucción genética para realizar esa segunda tarea, a primera vista tan obvia. El comportamiento instintivo no nos parece inteligente y tampoco creo que lo sea el intuitivo, que es una especie de instinto, pero adquirido durante la vida del individuo, como dije en Inteligencia intuitiva.

Volvamos a la definición de inteligencia.

Minsky y un amigo

El comportamiento inteligente podría incluir no solo animales como las abejas, los cuervos, los perros y los gatos, y quién sabe si las esponjas (que tardaron hasta 1765 en ser reconocidas como animales), sino también a los ordenadores personales e incluso a los termostatos. Eso último es lo que opinó hace muchos años Marvin Minsky, uno de los pioneros de la Inteligencia Artificial. Minsky opinaba que un termostato que mantiene estable la temperatura de una habitación es inteligente, puesto que recibe información del medio circundante, por ejemplo que la temperatura es de 12 grados, y a continuación modifica su conducta, dando salida a aire caliente hasta que la temperatura se eleva a 18 grados. Cuando vuelve a recibir la información de que esa temperatura ha sido alcanzada, vuelve a modificar su conducta e interrumpe o disminuye la salida de aire caliente. La provocación de Minsky tenía la intención de señalarnos lo difícil que resulta definir la inteligencia, a pesar de lo que creen los partidarios de los test de inteligencia, quienes acaban en la inevitable conclusión de que la inteligencia es esa cosa que miden sus test.

Elementos de la inteligencia del termostato

Aristóteles ya nos ofreció una brillante distinción entre las tres clases de alma o naturaleza: la de las plantas, con alma vegetativa; la de los animales, con alma vegetativa y sensitiva, y la de los seres humanos, con alma vegetativa, sensitiva e intelectiva. Pero también podríamos considerar que las plantas, los animales, los seres humanos e incluso los termostatos pertenecemos a una extraña especie o género, la de los “procesadores de información”. Nos distinguimos unos de otros según sea nuestra mayor o menor capacidad de procesamiento. Probablemente, un termostato sea en esta clasificación un pariente cercano de una esponja, mientras que los más avanzados ordenadores comienzan a compartir con nosotros un cierto aire de familia.

 


 

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Rudimentos de Prognóstica Aplicada


En Maneras de predecir el futuro… o el pasado hablé de los trucos para predecir el futuro, que en realidad suele tratarse de una predicción desde el presente, pero atribuida a profetas imaginarios, como sucede en la lectura del sueño de Nabucodonosor, que se atribuye al Daniel bíblico. También me referí a las dificultades de los historiadores soviéticos para predecir el pasado en función de los gustos cambiantes de Stalin.

Según se deduce de la lectura  de Recuerdos de la era analógica, en los siglos venideros la predicción del futuro se convertirá en una disciplina científica llamada prognóstica aplicada:

Como es de sobra conocido, la predicción del futuro era uno de los géneros favoritos de los escritores del pasado, antes de que la prognóstica aplicada convirtiera tales tareas en trámites mecáni­cos carentes de incertidumbre y emoción. Hoy en día, la verdadera dificultad no consiste en predecir el futuro, sino el pasado.

 

Se supone que el texto anterior será escrito en el año 2412, lo que significa que todavía queda tiempo para desarrollar esa nueva ciencia, de la que podemos obtener algunos atisbos en el “Manifiesto contra los mundos virtuales”:

El pensamiento utópico, esa manera de imaginar un futuro luminoso, fue durante siglos un estímulo constante para el asesinato, la discrimi­nación y la locura visionaria. Pasaría mucho tiempo antes de que sus potencialidades prácticas pudieran ser reguladas de manera científi­ca a favor y no en contra de la humanidad, gracias al desarrollo de los universos posibles o virtuales y de la prognóstica aplicada.

Parece, en consecuencia, que la prognóstica aplicada será una disciplina que empleará los métodos de otras ciencias predictivas (como la meteorología o predicción del tiempo atmosférico), a asuntos sociales y políticos, para diseñar, no utopías imposibles, sino mundos posibles en los que experimentar nuevas hipótesis político-sociales.

Podemos suponer, en fin, que esa prognóstica aplicada será el desarrollo lógico de las cada vez más frecuentes simulaciones por ordenador, que permiten observar con precisión aspectos de la realidad que en el mundo digital resultan más comprensibles que en el analógico. Gracias a los simuladores se han inventado aviones antes siquiera de ensamblar dos piezas, se ha diseñado con éxito una operación a vida o muerte sin tocar el cuerpo del paciente y se ha conseguido predecir la evolución de una tormenta tropical y evitar en gran parte el desastre. En el futuro, quizá antes del siglo 25, se podrá diseñar una estructura económica que evite las crisis periódicas del capitalismo o que se anticipe a los problemas políticos y sociales más acuciantes, poniendo la venda antes que la herida y el parche antes de que se produzca el pinchazo.

A lo mejor esas simulaciones acabarán por resultar tan efectivas que hasta nosotros preferiremos vivir en ellas en vez de en el mundo real, tan sometido a lo imprevisible y catastrófico, como parece adivinarse en algunos textos de Recuerdos de la era analógica, en especial en “Manifiesto contra los mundos virtuales”.


RECUERDOS DE LA ERA ANALÓGICA
Una antología del futuro

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A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Error: puede que no exista la vista de 7657170bu0

losgrandesinventosdetubau

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

DUDA RAZONABLE

Prejuicios e intuiciones

Una de las principales razones por las que nos equivocamos una y otra vez se debe a que tenemos demasiada confianza en nuestras intuiciones. Creemos saber enseguida la respuesta para muchas cosas casi sin pensar, y eso nos llena de confianza. Es cierto que a menudo nuestras intuiciones dan en el blanco, no se puede negar. Pero el problema es que nuestra mente apenas registra nuestros errores intuitivos. Esa desproporción entre los aciertos observados y los errores que pasan desapercibidos es lo que nos hace tan propensos a razonar mal, a pensar llevados por prejuicios, a establecer leyes absurdas a partir de fenomenos puramente casuales.

He dedicado muchos libros y muchas páginas a este asunto, que atraviesa varios mundos: desde la psicología a la sociología, desde la semiótica a la estrategia, desde el pensamiento de Sherlock Holmes al de Sunzi.

En DUDA RAZONABLE reúno las entradas dedicadas de manera específica a asuntos como el descubrimiento de los prejuicios o el control y la puesta a prueba de la intuición, pero también a conocer y evitar los principales sesgos cognitivos y descubrir las virtudes del pensamiento paradójico y no dogmático.

 

 

OTRAS PÁGINAS ACERCA DE SESGOS COGNITIVOS Y PREJUICIOS

Todas las páginas dedicadas a mi libro No tan elemental: como ser Sherlock Holmes

Casi todas las páginas dedicadas a Las paradojas del guionista

CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

lapaginanoaltEn La página noALT traté hace años algunas cuestiones relacionadas
con la polarización política, ideológica e idealógica. Y en especial el uso de ideas como armas arrojadizas aquí: “La evolución de las piedras

PÁGINAS ACERCA DE CRETIVIDAD Y PARADOJAS

Creatividad y teorías bastante extravagantes

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Algunos de mis inventos

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