Casualidades causales

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El mundo del destino y el de las casualidades significativas añaden un segundo plano de causalidad al ya conocido. Una complicación un poco redundante.


COMENTARIO EN 2019

Quizá hay que aclarar a qué me refiero exactamente. Cuando se produce una coincidencia, tienen que haberse dado ciertas circunstancias que la hayan hecho posible. Por ejemplo, que estemos caminando por una calle de Madrid, que pensemos en un viejo amigo, que ese viejo amigo esté caminando también en ese momento por otra calle de Madrid y, finalmente, que al girar la esquina descubramos a nuestro amigo en la confluencia de nuestras dos calles. Todo esto ya son bastantes explicaciones. Pero si a eso le añadimos, además, que han tenido que confluir dos planetas o que extrañas energías lo han hecho posible, o que ese encuentro está determinado por fuerzas ocultas, estamos añadiendo no ya casualidades, sino causalidades. El añadido de ese mundo espiritual es un mecanicismo innecesario (se suele considerar que lo mecanicista es lo material, pero tan mecanicista es un universo controlado por la materia como por el espíritu). Por eso digo que es redundante.


SUPERSTICIONES ANTIGUAS Y MODERNAS

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Casualidades

Tal vez algún lector de estos weblogs se haya dado cuenta por casualidad de que a menudo digo frases como: “Quiso el destino que al día siguiente…” o “Un azar caprichoso ha querido…”, o, en fin: “La casualidad ha querido…”

Me gustan mucho estas suposiciones acerca del orden o desorden hipotético del cosmos que se esconde tras nuestros actos y quiero aclarar hoy de qué manera contemplo las casualidades.

Yo cometo la vulgaridad inexcusable de ver las casualidades como casualidades.

Si digo que una amiga de mi madre suscitó en mí la imagen de la serpiente y que un día después la casualidad quiso regalarme un sobre de azucar con el signo chino de la serpiente; y que un día más tarde, al consultar unas páginas de astrología, recordé que mi signo en el nuevo cielo astrológico ya no es Sagitario, sino Ophiochus, la serpiente… si aludo a estas tres casualidades sucesivas y a continuación concluyo que voy a  adoptar la imagen de la serpiente para mis ensayos polémicos, no lo hago porque crea que tras esas casualidades sucesivas se esconde un orden o un propósito oculto que dirige mi vida.

No creo tal cosa porque, como ya dije, me tomo las casualidades como verdaderas casualidades: ese es para mí su verdadero encanto y su interés real.

Si tras esas serpientes sucesivas se esconde un mecanismo determinista (espiritual o material), entonces dejan de ser casualidades y se convierten en piezas triviales de una maquinaria vulgar y de una Inteligencia cósmica más bien simplona.

Por ello, para un creyente en las casualidades como soy yo, no hay nada más pernicioso que creer que las casualidades tienen un motivo, porque entonces ya no son casualidades.

Y sigo en este mi cerebro supletorio que es mi página web con un tema relacionado: Creer en todo.


[Publicado el 24 de diciembre de 2003]

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