Hacer algo o nada

pereza180px-Lavarropas_perezaUna cita de Samuel Johnson, al que se consideraba hasta hace poco el autor más citado del mundo (quizá solo por detrás de Shakespeare):

«El que aguarda para hacer mucho de una sola vez, nunca hará nada».

La idea casi coincide con otra que también me gusta mucho: «Es el mayor de los errores no hacer nada por querer hacerlo todo», que no es una frase mía, pero no he encontrado al autor (quizá se trate del propio Johnson o de Skip Thorne).

Intento siempre recordar y aplicar esos dos consejos y esa es, con toda probabilidad, una de las razones que explica casi todos los errores y equivocaciones que cometo, puesto que prefiero hacer las cosas mal a no hacerlas.

Por supuesto, sería mucho mejor hacer las cosas siempre bien, pero esa no es la verdadera dicotomía frente a la que solemos vernos enfrentados. El problema  que se nos plantea no suele estar entre «hacer las cosas bien» o «hacer las cosas mal» sino que más bien somos nosotros mismos quienes establecemos una dicotomía absurda: «hacer las cosas bien» frente a «no hacer las cosas».

Y como también suele suceder que ante cualquier desafío llega un momento en el que empezamos a darnos cuenta de que no va a ser fácil resolverlo bien, entonces decidimos ni siquiera  intentarlo: «Como no voy a poder hacerlo bien…» ¿Y por qué no podemos hacerlo bien?

Hay mil razones: «Porque no tengo tiempo, porque no tengo ánimo, porque no encuentro un documento que necesito, porque no sé para qué va a servir, porque quizá puedo hacer otra cosa más útil, porque alguien me va a interrumpir…» En conclusión: ya que no voy a poder hacerlo bien, mejor ni siquiera lo hago.

Otra cita muy relacionada con el mecanismo mental que acabo de describir es aquella que dice: “La única manera de no fracasar nunca es no intentarlo nunca».

Para terminar con otro autor también muy citado, Gilbert Keith Chesterton, y con la cita suya que quizá más he citado yo mismo:

“Las cosas que merece la pena hacer, vale la pena hacerlas mal».


[Escrito en 2003. Revisado en 2012 y 2020]


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Don Quijote y los pedantes

El prólogo de Cervantes a Don Quijote es una verdadera delicia. Es una parodia de los prólogos al uso de la época, en los que se incluían todo tipo de recomendaciones del libro y del autor, por parte de gente célebre, desde literatos, condes y duques hasta amigos del autor o expertos en la materia.

Ilustración de Ricardo Balaca, 1880

Es algo parecido a lo que se hace hoy en día en la contraportada de muchos libros, especialmente los de Estados Unidos, en los que siempre hay frases como:

“Un libro imprescindible para cualquier interesado en la historia del requesón” (Peter Larre, Los Angeles Times)

 

“John Smith es el gurú de los equilibristas sobre longaniza y su libro es la Biblia en la materia” (Brandan Fraser, The New York Times)

 

“Mi vida cambió después de leer Cómo montárselo con un hamster (Jane Fanda).

Es también semejante a lo que sucede con la colección amarilla de Anagrama, en la que absolutamente todos los libros que publican son “la mejor novela en décadas”.

Por su parte, Cervantes, cuenta en su prólogo que está un poco avergonzado porque no tiene conocidos de importancia que puedan avalar su libro con sus sonetos y recomendaciones:

“Sólo quisiera dártelo mondo y desnudo, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerlo, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo.”

Tampoco tiene su Don Quijote citas de autores célebres:

“…sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos…”

Pero un amigo le dice que no tiene que preocuparse por carecer de todos esos aditamentos, porque eso se puede solucionar fácilmente. Y le da unos buenos y divertidos consejos que puedes leer tú mismo, oh preclaro lector, en El Quijote.

En cuanto a los sonetos y recomendaciones, al parecer en muchos libros los escribían expertos en la materia, por ejemplo, grandes estrategos o militares si era un libro acerca de la guerra, o teólogos y religiosos si era un libro acerca de Jesucristo. Así que en el Quijote, que trata de caballeros andantes, lo razonable sería que fueran gentes de esa profesión quienes escribieran los sonetos. Y así Cervantes ofrece una ristra de sonetos escritos por Amadis de Gaula, Don Belianís de Grecia y Orlando Furioso dirigidos a Don Quijote. Pero también se incluyen dedicatorias de célebres escuderos destinadas a Sancho Panza, o de doncellas que se dirigen a Dulcinea del Toboso. Incluso hay versos elogiosos escritos por caballos célebres y dedicados a Rocinante, como éste que es célebre por la frase de la metafísica y el hambre:

Diálogo entre Babieca y Rocinante
SONETO

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Anda, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?
R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.
R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero.
R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?


[Publicado en Intruso 7 de marzo de 2005]

 

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