La divisibilidad

divisible

En el Punto 26 de Principios de la filosofía dice Descartes:

“La cantidad es indefinidamente divisible”.

Esto puede parecer probable, pero es un tema difícil en sus dos alternativas, puesto que es casi igual de inconcebible la divisibilidad infinita como [también la existencia de] una partícula indivisible.

En otra parte he hablado en algún lugar de la posibilidad de una partícula indivisible en la realidad pero divisible mediante la razón.

 

NOTA 2015
No sé ahora a qué lugar me refería en el que he escrito acerca de esa partícula divisible mediante la razón pero no en la realidad, pero supongo que es algo perfectamente concebible. Por ejemplo, si imaginamos una partícula subatómica que no pueda ser dividida ni con toda la fuerza concentrada del resto del universo. Podría ser, me parece, una imposibilidad física pero no inimaginable: es decir, podríamos distinguir partes en esa partícula, pero no ser capaces de dividir esas partes. Supongo que en aquel texto me refería yo a algo parecido.


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Explicar de manera lógica lo simple y evidente

Dice Descartes:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se hacen más oscuras por las definiciones lógicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones lógicas nociones que son absolutamente simples y evidentes por sí, haciéndolas así muy oscuras (Punto 10).”

rivadulla

Un libro de Andrés Rivadulla muy interesante pero, al menos para mí, difícil de seguir por su formalismo lógico.

Es frecuente también, con posterioridad a Descartes, la aplicación de símbolos y fórmulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos.

Uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de filosofía con fórmulas lógicas, como casi hace Andrés Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, he de reconocer que para alguien que tenga un conocimiento de la lógica como el que puede tener un compositor o intérprete respecto a la música,  tal uso de la lógica no resultará exagerado.

Yo he de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

A>B
A
——-
B

esto lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (mentalmente):

“Si A, entonces B; A, luego B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4, no necesito hacer esa traducción, que se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Pero, además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito hacerme una ‘ejemplificación’, es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los europeos son blancos, etc”, cosa que no tengo ninguna necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar: “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”, sino que me basta con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras dos unidades.

Por tanto, esta es una deficiencia mía y es posible que para algunas personas leer lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas les puede resultar muy útil la inclusión de fórmulas lógicas.

De todas formas, aunque sean útiles, creo que pueden resultar engañosas y que raramente son imprescindibles.

 

NOTA 1991
La verdad es que no estoy seguro de todo esto.

NOTA 2015
De todos modos, creo que a lo que se refiere Descartes no es exactamente al uso de estrictas fórmulas lógicas, sino a definiciones para definir nociones supuestamente claras, simples y evidentes. En realidad, ahora pienso que se trata de un truco de Descartes para que nadie discuta esas nociones claras y distintas a las que él recurre, y que son uno de los grandes fallos de su sistema filosófico. Muchas de esas nociones claras cartesianas, en efecto, solo lo eran para él.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

Descartes

Descartes

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

 

 

Midcult, mass cult y high cult

He escrito a lo largo de los años varios capítulos de Cosas que he aprendido de… un ejercicio que consiste en reconocer las deudas intelectuales (y en ello incluyo las sentimentales). Lo aprendí cuando leí en la adolescencia a Marco Aurelio, en esos hermosos pasajes en los que agradece a sus maestros lo aprendido. Mi padre siempre repetía aquello de que las citas eran una manera de pagar deudas, así que agradecer lo aprendido es no solo mencionar al autor y transmitir en otro lugar su ingenio  agudeza o belleza, como sucede en las citas, sino que a ello se añade el reconocimiento de una influencia benéfica sobre uno mismo. Walt Whitman también dio las gracias en aquel poema En mi vejez doy las gracias, y Borges lo imitó en el Poema de los Dones. Yo mismo escribí Acción de gracias.

He dedicado Cosas que he aprendido…. a escuelas y a personas, al budismo y al estoicismo, a Demócrito y a mi padre, a mi madre y a Jesucristo. Algunos de los agradecimientos que he escrito todavía no están en Diletante, pero los iré subiendo.

Podría escribir una lista apresurada de futuras Cosas que he aprendido de… con los siguientes autores o personajes o temas:

Descartes, Kropotkin, J.S.Mill, Stefan Zweig, Bai Juyi, Kierkegaard, el cine, Corto Maltés, X-MEN, Borges, Bertrand Russell, los cirenaicos, los cristianos, Krishnamurti, Epicuro, Diderot, Proust, Shakespeare, Aristóteles, Platón, The Rocky Horror Picture Show, Sade, Casanova, Popper, Agustín de Hipona, Safo/Pierre Louys, David Bowie, Stevenson, los mitos griegos, Feyerabend, Einstein, Kepler, Li’l Abner, el pop, los estoicos, los cínicos, el zen, Montaigne…

Como se ve en esta lista, hay de todo, y se mezcla lo que se llama Alta Cultura y Cultura de Masas: Aristóteles y la Patrulla X (X-Men).

Hace un tiempo esto de mezclar alta cultura, media cultura y cultura de masas estaba de moda: era una manera de escandalizar a los poderes culturales establecidos. Tiempo después estuvo mal visto de nuevo y fue considerado un vulgar intento de epatar a la burguesía.

Un buen ataque a la pretensión de mezclar culturas y poner el cómic a la altura de Shakespeare, se encuentra en uno de mis libros favoritos, Los porqués de un escriba filósofo, de Martin Gardner. Pero quizá lo más seguido en las últimas décadas ha sido no ya el desprecio a la cultura de masas sino todo lo contrario: el desprecio a la alta cultura.

A estas alturas, sin embargo, ya no se sabe si mezclar altas, medias y bajas culturas es bueno o malo, moderno o antiguo, burgués o antiburgués, así que espero que los que me lean, crean en mi sinceridad: no he puesto aquí a Montaigne, Platón o Aristóteles junto a los X-Men o David Bowie para epatar, sino, porque creo que he aprendido cosas importantes de ellos, o que al menos me han ayudado a convertir en más sólidas algunas tendencias o ideas que ya tenía o que ya intuía.

Y si alguien no me cree, mala suerte. Hay que contar con que muchas personas pueden llegar a ser increíblemente retorcidas cuando analizan asuntos que son muy sencillos y siempre  preguntan: “¿por qué haces esto?”, “¿por qué haces lo otro?”.

Y tengo que admitir que esa curiosidad a veces es un comportamiento razonable, porque a menudo la gente también hace las cosas de manera  muy retorcida y enrevesada. Pero me parece que, al menos en este asunto de las diferentes culturas, no se me puede aplicar el reproche de intentar ser enrevesado, aunque estoy dispuesto a discutirlo.


[Escrito en 2003. Revisado en 2019]

Memorabilia

Memorabilia-cabecera

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El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se  hacen mas oscuras por las definiciones logicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Principios de filosofía, Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones logicas nociones que son absolutamente simples y evidentes de por sí, haciendolas así muy oscuras (Punto 10).”

 Yo también creo que es a veces exagerada la aplicación de símbolos y formulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos. Un uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de  filosofía con fórmulas lógicas, como casi  hace Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, hay que reconocer que para alguien que  tenga un conocimiento de la lógica similar al que puede tener un compositor  respecto de la música, tal uso de la lógica  no resultará  exagerado.

He de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin necesidad de traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

Lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (aunque sea mentalmente): “Si A, entonces B; A, luego  B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4,  no necesito hacer esa traducción, sino que la comprensión se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito elaborar una ‘ejemplificación’,  es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los  europeos son blancos, etc”, algo que tampoco tengo necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar:  “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”,  sino que me basta  con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras  dos unidades.

En consecuencia, entiendo que mi poca familiaridad intuitiva con las fórmulas lógicas es una deficiencia personal y que es posible que para algunas personas “leer” lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas quizá les resulte útil la inclusión de fórmulas  lógicas.

Ahora bien, aunque sean útiles, creo que el uso de demasiadas fórmulas lógicas puede llegar a resultar engañoso y que raramente son imprescindibles.

“Los pingüinos son blanco y negro, los viejos shows de televisión son blanco y negro, por lo tanto, algunos pingüinos son viejos shows de televisión”. [LÓGICA: otra cosa en la que los pingüinos no son muy buenos].

Nota en 2012: Aunque más o menos estoy de acuerdo con lo que dije en este apunte, y creo que no hay que abusar de la lógica, no se me oculta que en muchas ocasiones recurrir a una fórmula lógica puede solucionar también con rapidez una confusión. Por ejemplo, son muchísimas las personas que confunden razonamientos elementales como los que se expresan en el modus ponens y en el modus tolens. Demasiado a menudo se cae en errores lógicos de parvulario al concluir, por ejemplo, que si todos los A son B entonces un B es necesariamente A. Nadie suele creer, después de una frase como “los alemanes hablan alemán” que cualquiera que hable alemán sea también alemán, pero en cuanto los términos del razonamiento no son tan inmediatamente evidentes, es frecuentísimo que se cometa el error antes descrito, o el del pingüino del chiste.

Nota en 2015: Esta breve nota de mi lectura de Principios de la filosofía de Descartes es, junto a Fuerzas de atracción, la entrada más visitada de todo mi sitio web. Ignoro la causa.


[miércoles 17 de enero de 1990]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Prejuicios y universos simbólicos

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Dice Descartes en Principios de la filosofía:

Punto 47: “Durante la infancia, la mente juzgó entonces sobre muchas cosas; y a ello se deben muchos prejuicios, que después no han sido abandonados nunca por la mayoría de los hombres.”

Esto me parece muy acertado. Coincide con uno de los aciertos de Freud en su sistema del psicoanálisis, sistema que considero básicamente erróneo.

En efecto, un gran acierto de las investigaciones de Freud ha sido su insistencia en señalar la importancia que tienen los prejuicios adquiridos durante la infancia.

Hace tiempo que quiero escribir algo sobre los universos simbólicos, y sobre cómo las ideologías son universos simbólicos, que reemplazan a los universos simbólicos adoptados durante la infancia.

“Universo simbólico” es un concepto que puede sonar un poco sofisticado y de poca aplicabilidad al ser humano, pero creo que es un concepto que describe algo real, y de ello hablaré. No hay que asustarse ante el término. No se trata de que alguien construya un universo “arquitectónico”, sino de que construya un sistema de referencias acerca de la realidad, la moral, la ideología, etcétera, que acaban por determinar su comportamiento, para bien y para mal.

Pero ya trataré este tema más adelante.

 

NOTA 2014

No sé si llegué a desarrollar el asunto en otro momento, pero supongo que mi intención era señalar no sólo la semejanza entre los universos simbólicos de la infancia y los de las ideologías en sí, sino también cómo uno y otro, en el caso concreto de cada persona, guardan estructuras comunes e incluso cómo el universo simbólico de la ideología reproduce la estructura de algunas concepciones infantiles, lo que los hace emocionalmente muy poderosos y peligrosos, debido a su dependencia de lo sentimental e irracional. Pero tal vez me interesaban otros aspectos que ahora he olvidado.

NOTA 2015
He intentado completar la intención del texto original (es al parte escrita en marrón)


 

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Una solución divina

Dios y Jesus Paradise_Lost_10

Principios de la filosofía:

“Punto 40: Es fácil que nos enredemos en grandes dificultades si intentamos conciliar la preordenación divina con nuestro libre albedrío y comprender ambas cosas a la vez”

¡Y tan grandes dificultades! Pero, seguro que Descartes es capaz de resolverlo, como ya antes que él lo han resuelto tantos teólogos.

Así, el Punto 41 ofrece un título esperanzador: “Cómo se concilian nuestra libertad y la preordenación de Dios”. Y respecto a aquellas grandes dificultades,  explica:

“Nos libraremos de ellas si recordamos que nuestra mente es finita, mientras que el poder de Dios, por el cual previó, y además quiso y preordenó desde la eternidad todo lo que es o puede ser, es infinito”.

En fin, se demuestra nuevamente la utilidad de ciertos conceptos (por llamar a eso “concepto”) como el de infinito, para resolver cuestiones irresolubles, un método común a casi todos los teólogos.

Por otra parte, se utiliza el concepto de infinito de distinta manera aplicado a los hombres y a la naturaleza que aplicado a Dios.

2015: Y lo que es más importante, se resuelve la gran dificultad diciendo simplemente: “No tengo ni idea de cómo se resuelve, pero supongo que Dios sí que lo sabrá, puesto que su entendimiento es infinito”. No está claro si argumentos tan absurdos como este los escribió Descartes para no poner en duda las doctrinas de la Iglesia y arriesgarse a un castigo como el de Galileo o el de Bruno o si porque creía en ellos. La segunda posibilidad es, desde luego, indigna de alguien tan inteligente como Descartes, pero no sería la primera vez en la que alguien se deja cegar por la fuerza de un concepto como “infinito” o “todopoderoso”, que, como es obvio, puede resolver cualquier problema.


 

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Metáforas

Un aspecto interesante de la cuestión del conocimiento metafórico es la evidente relación entre las metáforas y aquello que decía Descartes: existen dos mundos, el de la sustancia extensa y el de la sustancia pensante. Cada uno de estos mundos tiene un lenguaje propio y no es correcto usar términos o conceptos de un lenguaje para describir el otro mundo.

Es decir, la sustancia extensa es la materia y la sustancia pensante es el espíritu. Para Descartes son mundos separados, aunque se conectan de alguna forma, tal vez, en su opinión, a través de la glándula pineal.

Cuando usamos metáforas, incurrimos casi siempre en ese error falta, especialmente cuando usamos metáforas extensionales (materiales). Ahora bien, ¿es posible hablar del mundo de la sustancia pensante sólo con términos apropiados, según la idea de Descartes, o es una tarea imposible, o al menos tan enojosa como la propuesta por algunos positivistas lógicos?

Supongo que me refería en el párrafo anterior a algo como que, puesto que todas las metáforas se formulan en un lenguaje material (hablado o escrito, o incluso pensado) y puesto que esas metáforas solo parece que puedan referirse a lo material de una u otra manera, ¿cómo encontrar metáforas espirituales, que sean puro pensamiento? Parece imposible.

Precisamente los lenguajes fisicalistas propuestos por algunos positivistas, a pesar de lo dicho antes, parecen contradecir a Descartes, al proponer extender el lenguaje fisicalista al mundo de la mente.


[Escrito en 1990. Revisado en 2018]

[Escrito con motivo de un seminario de antropología y el libro de Lakoff y Johnson Metáforas de la vida cotidiana]

Descartes

Descartes

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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SIGNOS

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Sistemas de símbolos, prejuicios y aprendizaje

color

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Cuando decimos que percibimos colores en los objetos, en realidad es lo mismo que si dijéramos que percibimos algo que ignoramos qué es, pero que producen en nosotros una sensación muy clara y manifiesta, que se llama sensación de los colores”. (Principios de la filosofía, punto 70)

Se me ocurre algo que no sé si tiene mucho que ver con esto, pero que sí se relaciona con las metáforas y con algunas afirmaciones de los relativistas culturales. Es lo siguiente.

Si durante la infancia, o durante nuestro aprendizaje, adoptamos un determinado conjunto de símbolos, como el matemático, el musical, el lógico, el religioso o místico, etcétera, es posible que, después, sólo podamos asegurar que realmente comprendemos una cosa cuando logramos traducir o adaptar esa cosa a ese nuestro primer lenguaje. Es decir, traducimos lo desconocido a lo conocido, del mismo modo que, como dice Descartes, tenemos una sensación de color ante ciertos estímulos, pero ello no significa que sepamos por qué se produce esa sensación.

babelPor ejemplo, he hablado en otra entrada dedicada a Descartes de mis problemas con la lógica, mi necesidad de traducir las fórmulas lógicas a un lenguaje cotidiano para entenderlas plenamente, pero en algunas personas que han seguido estudios de letras la incapacidad de comprender o asimilar razonamientos abstractos o estrictamente formales puede llegar a ser extrema.

Otro ejemplo: los defensores de un lenguaje fisicalista estricto sostienen, implícita o explícitamente, que los fenómenos sólo pueden ser descritos en el lenguaje de la física y/o  en el de la lógica. Por el contrario, quienes, como Smullyan (que es, por otra parte, un gran lógico formal), se sitúan cerca de ideas características del taoísmo, replican que esas explicaciones fisicalistas no explican nada.

La verdad es que para casi todos nosotros resulta mucho más fácil entender y comprender una descripción antropológica o un poema de Shakespeare al modo tradicional que esa misma descripción o poema convertida en dígitos binarios, algo que no le cuesta nada hacer a un ordenador, que, por su parte, sí es incapaz, por el momento, de procesar información al modo tradicional humano, ambiguo e indeterminado.

Es decir, si adoptamos un patrón de comprensión determinado, lo más habitual será que no lleguemos a comprender realmente algo hasta que dispongamos de una traducción a nuestro lenguaje (cuando apliquemos  un proceso comparativo (isomorfismo, metáfora, etc.) entre lo que conocemos y lo que queremos conocer. Pero no creo que esto apoye el relativismo, ni siquiera las tesis de Lakoff y Johnson.

[4 de marzo de 1990]

***********

Nota en 2014

Algunas sugerencias del texto no sé a qué se refieren exactamente (pues este texto pertenece a unos apuntes de hace más de veinte años), como la mención a “las tesis de Lakoff y Johnson”, que supongo que se refiere a la tesis que sostienen en su libro Metáforas de la vida cotidiana, que ahora no recuerdo con precisión, pero que supongo que es algo semejante a: “Todo nuestro conocimiento es metafórico”.

Lo del relativismo supongo que se refiere a que los relativistas dicen que las diferentes culturas no se pueden entender porque cada una habla su propio lenguaje. Por eso sugiero que aunque es cierto que el lenguaje (entendido en el sentido de concepción sobre el mundo o la realidad) que hemos aprendido nos condiciona y a veces nos obliga a traducir lo diferente a nuestro propio lenguaje, ello no impide que pueda haber comunicación, discusión, entendimiento y decisión a partir de esas “traducciones”.

Nota en 2019

Una bonita casualidad ha querido que esta entrada se actualizase precisamente hoy, en que estaba pensando, por diversas razones en lo que contaba el filósofo de la ciencia Paul Feyerabend: que nunca entendió realmente lo que había significado el holocausto hasta que lo vio contado en una película. Quizá sea un buen ejemplo del poder de la narrativa, que es casi siempre el primer lenguaje que aprendemos, y al que, por lo tanto, estamos atados emocionalmente.


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¿Qué es pensamiento?

thinkerEn el Punto 9 de sus Principios de filosofía, se pregunta Descartes:

“¿Qué es el pensamiento?”

Y responde:

“Por la palabra pensamiento entiendo todo aquello que ocurre en nosotros de tal manera que tenemos conciencia de ello”.

Supongo, aunque no estoy seguro, que esta es una buena definición del pensamiento. Aunque instintivamente alguien podría decir:

_Entonces, si me doy un golpe con una silla, ese golpe es pensamiento.

Pero eso es un error: lo que es pensamiento no es el golpe, sino la sensación provocada por el golpe.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Descartes

Descartes

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El conocimiento secreto de la mente

mente-cuerpo-descartesDice Descartes que cuando la mente mira por todas partes para aumentar su conocimiento:

“Encuentra en sí misma ideas de muchas cosas, y mientras se limite a contemplarlas, sin afirmar ni negar que fuera de sí haya algo semejante a ellas, no puede equivocarse” (Punto 13).

Evidentemente que no puede equivocarse. Pero tampoco puede acertar.


[Escrito en 1990]

2019: supongo que se podría decir que aquí Descartes aplica de manera implícita un concepto de verdad semejante a Tarsky:

“La hierba es verde” es verdadero si la hierba es verde.

Es decir que la verdad de una afirmación o hipótesis que hacemos acerca del mundo se pone a prueba mediante la observación de ese mundo. Afirmamos “La hierba es verde”… y luego miramos si la hierba es efectivamente verde.

La diferencia, claro, es que aquí Descartes aplica ese concepto de verdad no al mundo exterior sino a la propia mente. Es decir, el sujeto observa los contenidos de su conciencia, es decir las ideas que están en su mente, de manera semejante a como las Ideas están en el Mundo de los Arquetipos de Platón. Y mientras se limite a contemplar esas ideas no pasa nada, pero si pretende aplicar un concepto de verdad como el de Tarsky o el de Aquino, que está obviamente más cercano a Descartes (“Veritas est adaequatio rei et intelectus”/ “La verdad es la adecuación entre el entendimiento y la cosa”), entonces surgen los problemas. Es fácil, parece querer decirnos, contemplar las ideas, pero no es tan fácil explicarlas o hablar de ellas. ESo es fuente de errores.

El comentario que hice (“Evidentemente que no puede equivocarse. Pero tampoco puede acertar”) está motivado porque Descartes parece dar por supuesto que hay una cierta verdad en la contemplación de las ideas, siempre y cuando no se intente afirmar o negar que esas ideas se correspondan con algo que exista en el mundo externo. Es decir que mientras no afirme algo acerca de las ideas la mente “acierta”. Pero eso es discutible desde muchos puntos de vista. Diré uno solo de ellos.

Descartes da por supuesto que en la contemplación de las ideas no hay teoría, que la mente simplemente contempla, sin necesitar unos parámetros que permitan esa contemplación (por ejemplo los universales de Kant o las categorías de Aristóteles). Pero del mismo modo que cualquier observación del mundo exterior tiene algo de “teorización” (ya sea la que nos impone la biología o ya la que nos impone el conocimiento y el aprendizaje), no hay ninguna razón que lo mismo sucederá con esas ideas que contemplamos en nuestro mundo interior, en nuestra mente.

Obviamente, Descartes diría simplemente que no, que esas ideas son innatas y han sido puestas ahí por Dios, pero aunque él seguramente se vio forzado por las circunstancias o por el capricho de una credulidad ya absurda en un filósofo de su época a considerar esa hipótesis divina, nosotros no tenemos ninguna necesidad de ella. Podemos, en consecuencia, examinar la hipotética existencia de esas ideas presentes en la mente (que los modernos avances en neurología y resonancias cerebrales nos están permitiendo contemplar) desde un punto de vista semejante al de Tarsky y su concepción de la verdad.


Descartes

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