No tiempo
NO LUGAR 24

Tren de Santa Teresa a Machu Pichu

[Miércoles 17 de diciembre de 1997]

También se puede encontrar una extensión del concepto de los no lugares aplicándolo a “no personas”, “no tiempo”, “no mente”.

Es decir, una de las características de los no lugares es que a tu alrededor no tienes personas propiamente dichas: la relación con los otros es formal y funcional. Hablas con el taquillero para conseguir un billete, y con un desconocido para saber quién es el último de la cola, pero no esperas más de ellos, no te planteas una relación personal, son lugares comunes, pero en los que no se crean comunidades.

Al menos en apariencia, porque, precisamente, los no lugares, por esa falta de obligaciones, por no ser propiamente terreno de nadie en particular, son los lugares más propicios para entablar amistades con desconocidos, con más razón si la relación se prolonga en el vehículo que usualmente se espera en los no lugares: el avión, el tren. Marc Augé dice que los no lugares son espacios para la aventura:

Itinerarios individuales en los que subsistía algo del incierto encanto de los solares, de los terrenos baldíos y de las obras en construcción, de los andenes y de las salas de espera en donde los pasos se pierden, el encanto de todos los lugares de la casualidad y del encuentro en donde se puede experimentar furtivamente la posibilidad sostenida de la aventura, el sentimiento de que no queda más que “ver venir”.

En cuanto al no tiempo, resulta todavía más evidente, puesto que el tiempo que se pasa en los no lugares es un tiempo con el que no se cuenta, tiempo perdido, tiempo entregado al no hacer nada, porque es un tiempo de transición, de espera y, tal vez por ello, de nuevo, y por contradictorio que parezca, es un tiempo propicio al hacer, por ejemplo para escribir o, para los ejecutivos que viajan con móvil y ordenador, para poner en orden los asuntos, la agenda, el control del tiempo, control que siempre solemos posponer cuando contamos con tiempo y cuando, además, contamos el tiempo.

Caretas, antifaces y embozos
NO LUGAR 31

Ensayo sobre las máscaras /14

Sala de espera del Aeropuerto Santa Fe de Bogotá (Colombia)

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

En un periódico colombiano vi esta curiosa noticia, en la que se cuenta cómo en el pueblo llamado Girón la gente se pinta de negro como muestra de convivencia entre negros y blancos. La idea fue de un cura llamado Gaspar Rodriguez, que en 1562, al ver que “entre los hijos de Cristo existía un odio mutuo entre blancos y negros”, decidió traer de España una efigie de un santo negro, San Benito de Palermo. Para conmemorar la reconciliación (que todavía tardó un siglo, según parece), los blancos se ponen la máscara de negros por un día, pintándose la cara.

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Puedo seguir un poco con la filoetimología, recordando un asunto que anoté al margen en Escrito en el cielo 6.

Además de “persona” y “máscara”, y del significado de los caracteres chinos que expresan ‘él’ o ‘ella’, existen otras palabras cercanas desde el punto de vista semántico: “embozado”, “antifaz” y “careta”.

No veo, por el momento, mucho interés en embozado. El embozo puede ser una capa y un sombrero de ala ancha, como en la España de hace dos siglos, cuya función fundamental parece ser ocultar.

(Seguiré luego: vamos a embarcar)

Sigo, y sin embarcar.

En cuanto a ‘antifaz’, parece derivar de ‘Ante-faz’, es decir, delante de la faz, delante del rostro, pero el cambio de ‘e’ en ‘i’ es muy interesante, pues ahora puede leerse como quien lee anti-fascista, anti-comunista, es decir: “contra-faz”, “opuesto a la faz, al rostro”, lo que expresa de manera simple pero rotunda la función de la máscara como no rostro, como simulación.

En cuanto a “careta”, parece arriesgado suponer que se ha producido el proceso inverso a antifaz, es decir, que se ha pasado de “carita” a “careta”. Si así hubiera sido, el diminutivo podría expresar la fracasada pretensión de la máscara de ser un verdadero rostro, una cara auténtica. Pero tal vez esta no sea la derivación correcta. Intento encontrar un caso similar: ala > aleta> alita. ¿Es la aleta un ala falsa?

 


¿Es una iglesia un no lugar?
NO LUGAR ~6

Autobús 66  a María Cristina (Barcelona)

Lunes 1 de diciembre de 1997

Sigo con lo de antes. Según las características enumeradas, podemos analizar un sitio sospechoso de ser un no lugar: una iglesia.

Parece que cumple lo de no ser vivienda de nadie (los curas no viven en la Iglesia propiamente dicha, sino en dependencias ajenas al culto). Es cierto que se dice que es la casa del Señor, pero también se dice que Dios está en todas partes, en todos los lugares y no lugares.

No pertenece a nadie. Por supuesto, pertenece a la institución eclesiástica, pero los que trabajan en ella y parecen poseerla, los curas, están allí de manera transitoria y en cualquier momento pueden ser trasladados a otra iglesia, y su lugar (¿su no lugar?) ocupado por otros.

No hay que pagar para entrar, a no ser el dinero que nuestra conciencia nos indique que debemos entregar como limosna.

En muchos otros no lugares tampoco se paga. No se paga por estar en la sala de espera del dentista, aunque sí se le paga al dentista. Tampoco es obligatorio pagar por estar en el vestíbulo de un aeropuerto: alguien podría ir a un aeropuerto para pasear, sentarse y, al cabo de unas horas, regresar a su casa, sin gastar nada.

En otros no lugares sí se paga: en el autobús, en un taxi, en el avión.

Pero todavía no he resuelto si el avión es un no lugar.

 

 

 


Vive oculto

Vive oculto es la célebre frase latina que Valery adoptó en su forma afrancesada: Cache ton jeu (“Esconde tu juego”).

En el taoísmo de Zhuang Zi (Chuang Tzu) el equivalente sería  aquello de la virtud de ser inútil: el árbol de sándalo perfuma el hacha que lo corta.

Es preferible ser un árbol inútil, cuya madera no arda bien en las hogueras ni perfume los hogares de los seres humanos.

El  ocultamiento es una de las funciones más evidentes de las máscaras, aunque tal vez existan otras. Pero aquí se encuentra una primera paradoja: nada peor para pasar inadvertido que ponerse una máscara.

Hagamos la prueba. Coloquemos sobre nuestro rostro una máscara, por ejemplo una media máscara veneciana que deja libre la boca y la barbilla, o una máscara pintada de un personaje del teatro Nô, o la dual griega de la tragedia y la comedia. Pongámonos una de esas máscaras sobre el rostro y salgamos a la calle.

Cualquiera puede predecir cuál será el resultado: en vez de pasar inadvertidos, llamaremos la atención de cuantos se crucen con nosotros. Si nos hallamos en Madrid y sigue vigente la prohibición de llevar máscaras o antifaces, incluso es posible que acabemos en prisión, o al menos en comisaría.

Esto podría hacernos pensar que quien quiera vivir oculto no debe llevar máscara. Pero esa sería una conclusión precipitada. Lo que hay que hacer es escoger una máscara que no parezca una máscara. Debe estar tan bien confeccionada que se ajuste a nuestro rostro con precisión, cada uno de sus rasgos tiene que guardar una correspondencia exacta con cada uno de nuestros músculos, respetando la forma de nuestros huesos y nervios hasta que, gracias a esta coincidencia exacta entre rostro y máscara, esta se convierta en invisible.

Máscaras africanas en la revista del avión


Avión entre Europa y América (ahora sobre el Atlántico)

[Jueves 11 de diciembre de 1997]

ESCRITO EN EL CIELO 6

Ensayo sobre las máscaras /6


¿Qué dicen los jueces?
ESCRITO EN EL CIELO 17

Avión Ciudad de Barranquilla, volando de Quito a Bogotá

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

 

Tenía pendiente pensar acerca de la expresión “No hay lugar”. No es que pretenda ser exhaustivo acerca de todo lo relacionado con los no lugares (probablemente añada un epílogo en el que hable de Erewhon, Utopía, la definición de lugar y no lugar, etcétera), pero el asunto parece interesante.

Todo lo que sigue son conjeturas, pues soy un ignorante en el asunto.

Los jueces dicen “No ha lugar”. Lo primero que habrá que saber es si dicen “No a lugar” o “No ha (hay) lugar”.

Si lo que dicen es “No ha (hay) lugar”, se supone que están refiriéndose a que no hay lugar, espacio, (pero quizá espacio temporal), para el asunto tratado: la querella, por ejemplo, no tiene fundamento, se desestima, se rechaza; que cada uno, acusado y acusador vuelvan a su lugar de origen.

De un modo más literal puede interpretarse como “No hay lugar, no existe lugar, sitio, en el mundo en el que esta causa pueda ser tratada, y como no hay lugar donde tratarla, se le pone punto final”.

La otra posibilidad es que lo que el juez dice sea: “No a lugar”. Aquí podemos posiblemente aplicar algunos de los sentidos de No ha lugar, pero, también de un modo muy literal, se puede entender: “Esto no lleva a ninguna parte, a ningún lugar, por tanto, es absurdo que sigamos con la causa: no hay elementos que justifiquen la demanda. No van a llegar a ningún sitio, así que lo mejor es que lo dejemos.”.

Naturalmente, una de las dos interpretaciones filo-etimológicas puede ser errónea, o las dos. Tal vez la expresión es una derivación de “No hay topos” (donde topos significa ‘lugar’, pero también ‘tópico’ (“es un tópico, un lugar común”). En ese caso, “No ha/a lugar (topos/tópico), podría traducirse por: “No hay jurisprudencia, no hay precedentes sobre el asunto tratado, no es susceptible de ser examinado bajo las leyes y las fórmulas del derecho”.


El joker
NO LUGAR 32

Ensayo sobre las máscaras /15

Avión en pista del Aeropuerto El Dorado de Bogotá

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

 

Otra máscara célebre es la del Joker o Comodín de la baraja, que es también el más peligroso enemigo de la pareja de “paramilitares de Ciudad Gótica” (Batman y Robin), como se dice en el Trivial Pursuit argentino/peruano.

El Joker, con su cara pintada, a veces dividida en dos mitades, expresa el más puro poder de las máscaras: ser lo que no se es, simular ser otro.

Así, el joker en la mayoría de los juegos de naipes sustituye a cualquier otra carta de la baraja: no es ninguna y es todas al mismo tiempo.

 


Los vivos y los muertos
NO LUGAR ~10

Autocar desde el Hotel Newport al aeropuerto Charles De Gaulle de París

[Martes 8 de Diciembre de 1997]

 

He pensado últimamente, desde la reciente muerte de la cantante francesa Bárbara, a quien escucho ahora en mi walkman, en todas aquellas personas de este siglo a las que he querido en la distancia, personas a las que conozco sólo por sus libros o sus canciones, y a las que he visto morir (también en la distancia espacial, pero no temporal). Me habría gustado conocer a muchos de ellos.

Lo más sorprendente del asunto es que parece que ya se han muerto todas las personas que admiro. Eso significa que mi imaginario de celebridades es de varias generaciones atrás. O tal vez haya otra explicación, que intentaré analizar después de enumerar a algunas de esas personas: Georges Brassens, Jacques Brel, Allen Ginsberg, Bertrand Russell, Barbara, Karl Popper, Paul Feyerabend, Daisen Deshimaru, Vladimir Nabokov.

Apenas nadie que me emocione de verdad vive todavía. Uno es Charles Trenet, los otros son Martin Gardner y Raymond Smullyan.

Papel con el membrete del hotel Newport, de Disneylandia París



 

 

2011

Charles Trenet ya había muerto cuando hice en 2010 una copia privada de Escrito en el cielo y en ningún lugar. Martín gardner murió poco después. Smullyan es el único que sobrevive de los mencionados.

 

Raymond Smullyan


 

 

No reglas de los no lugares
NO LUGAR 28

Sala de espera en el Aeropuerto de Cuzco

[Domingo 28 de diciembre]

Observo ahora algo bastante característico de los no lugares: una muchacha duerme junto a una columna, en un lugar de paso para otras personas, apoyando su cabeza en su mochila.

A su lado, un joven, sentado con las piernas abiertas, también se apoya en la columna y parece reflexionar, tal vez dudando si debe dormirse o no. Más allá, en la pared de enfrente, una chica, también sentada y apoyada en el muro, lee.

A veces, en el metro, veo a personas sentadas en el suelo; yo mismo lo hago a menudo.

Existe una cierta permisividad, una relajación de las costumbres que es propia de los no lugares: nadie suele sentarse en el suelo cuando se halla en una casa que pertenece a alguien, ni siquiera suele hacerlo en su propia casa.

El juego de las máscaras
ESCRITO EN EL CIELO 11

Ensayo sobre las máscaras /10

 

Avión “Ciudad de Lima”, en la pista del Aeropuerto Jorge Chavez de Lima (Perú)

[Sábado 13 de diciembre de 1997]

 

 

Recuerdo ahora un libro de Boris Vian, relacionado, aunque no explícitamente, con las máscaras: Escupiré sobre vuestras tumbas, en el que un hombre que parece blanco es en realidad un negro bajo la máscara de su piel blanca, o al menos así se siente él. Al parecer, en Estados Unidos hay bastantes negros blancos (además de Michael Jackson, que lo es por medios artificiales, según se cree) y emplean, o al menos lo hacían hace tiempo, ciertos signos para reconocerse entre ellos y para decir a los otros negros: “Aunque parezca blanco, yo soy un negro como tú”.

Los gitanos también tienen marcas de reconocimiento, pero no las revelaré aquí.

 

El juego de las mascaras (y también en la reencarnación)

Interrogatorio
NO LUGAR ~18

Cristalera frente a la pista de aterrizaje en el aeropuerto de Bogotá

[Viernes 12 de diciembre de 1997]

 

Una madre a su hijo que no deja de hacerle preguntas: “¡Qué interrogatorio tan macho!”.