Estrés, placer y supervivencia

||Perkins Gilman y lo humano /6

En El animal humano dije que es indudable que, debido al proceso evolutivo, poseemos ciertas características innatas, tal como señaló también Charlotte Perkins Gilman en su momento. Muchos de nuestros instintos en tanto que animales humanos nos permiten sobrevivir, como la succión del pecho materno. También podemos considerar que eso que llamamos intuición es en cierto modo uno más de nuestros instintos o características (no estoy aquí siendo preciso en la terminología desde un punto de vista biológico o científico). La intuición es un mecanismo que nos ofrece posibles soluciones o líneas de acción, basándose fundamentalmente en experiencias anteriores que hayamos tenido durante nuestra vida, así como en nuestra tendencia a establecer relaciones de causa-efecto, o si se prefiere, a comportarnos como animales narrativos. Ahora bien, muchos de los mecanismos con los que nos ha dotado la evolución, ya no se aplican de la misma manera ni a las mismas cosas que en su origen.

Un ejemplo es el mecanismo del estrés. Se supone que fue una herramienta muy útil para sobrevivir en situaciones de peligro, por ejemplo ante el acecho de una fiera salvaje. Es posible que los seres humanos en los que se activaba de una manera más eficaz o inmediata este mecanismo tuvieran más oportunidades para sobrevivir y reproducirse. Los individuos que permanecían sosegados, tranquilos e indiferentes ante una situación de amenaza quizá no tenían tiempo para reaccionar y salvarse, mientras que los que estaban en alerta permanente e intranquilos en todo momento, eran capaces de escapar del peligro, por ejemplo una cebra que huye de un león y otra que sigue comiendo sin inmutarse. Hoy en día el mecanismo del estrés existe, pero no suele activarse por la presencia de una fiera salvaje, sino por situaciones como una llamada de Hacienda, problemas en el trabajo, sobrecarga de responsabilidades, etcétera. Es decir, el mecanismo permanece, pero las causas que lo activan son totalmente diferentes. Es obvio que la evolución no primó el mecanismo del estrés para que algún día nos enfrentásemos a un inspector de Hacienda o a un examen en la universidad. Del mismo modo, la atracción, el deseo sexual y el placer que proporciona el sexo tuvieron sin duda un valor evolutivo, que favoreció la supervivencia. Es curioso que los curas y la Iglesia, tan reacios a aceptar los descubrimientos de la biología, y de la evolución en particular, dijeran exactamente lo mismo que dice la teoría de la selección natural: el sexo existe para procrear.

Santo Tomás de Aquino y las iglesias cristianas se anticiparon a los biólogos evolucionistas: “La reproducción asegura la continuación de la raza humana”. La diferencia es que los biólogos evolucionistas no opinan acerca de lo que los hombres y mujeres podemos hacer con nuestra sexualidad cuando no pretendemos reproducirnos, cosa que sí suelen hacer los curas y la Iglesia.

Por fortuna, cualquier persona sensata puede ir más allá de sus determinaciones biológicas y de los dogmas de esa iglesia tan poco partidaria de la creatividad humana y tan atada, paradójicamente a lo biológico, y a un materialismo demasiado burdo (los espiritualistas suelen ser groseramente materialistas en casi todo). En definitiva, fueran cuales fueran las causas que activaron en el pasado el mecanismo del estrés, del placer o cualquier otro, ahora esos efectos se pueden alcanzar a partir de otras causas o estímulos. Causas o estímulos que también nos podemos proporcionar nosotros mismos, al menos si queremos, por ejemplo, vivir el peligro, sometiéndonos voluntariamente a una carrera de Fórmula 1, o bien obtener placer, al masturbarnos sin ninguna intención reproductiva.

Continuará…


[Publicado en 2005. Revisado en 2017]

 

El animal humano

|| Perkins Gilman y lo humano /5

En La naturaleza humana y las estadísticas me referí a las diferencias entre hombres y mujeres que pueden deberse a la biología. Otras posibles diferencias no se basan en la biología, sino en la educación, que sigue siendo sexista, muy sexista, así como en los estímulos diferentes que reciben hombres y mujeres. Sacar conclusiones acerca de características femeninas y masculinas inmutables cuando la situación de discriminación de la mujer apenas han empezado a cambiar de manera clara hace tan dos o tres décadas (y no en todo el mundo), es sencillamente absurdo.

Existe una obsesión por encontrar esas diferencias masculino/femenino que no es muy diferente de las consideraciones acerca de la inferioridad de los negros, que eran moneda corriente en casi todo el planeta en siglos pasados e incluso hasta la segunda guerra mundial, inferioridad que supuestamente probaban los test de inteligencia.

Estos son ejemplos en los que una estadística, aunque refleje un estado de cosas real en un momento concreto (cosa que también podría discutirse en ciertos casos), se convierte en una mentira cuando pasa de la descripción de lo que existe aquí y ahora a la prescripción de cómo deben ser las cosas o a la afirmación dogmática de que esa diferencia no pueda depender de otros factores. Los test de inteligencia, que su creador Alfred Binet no diseñó para discriminar sino para todo lo contrario, se convirtieron en causa de discriminación, justificándose a sí mismos, al favorecer una sociedad que mantenía las limitaciones educativas y que no favorecía que los negros recibieran una educación equivalente a la de los blancos.

Alfred Binet y un alumno (los dos que están sentados). La intención de Binet con sus test de inteligencia era detectar a los alumnos que necesitaban de un cuidado especial, no necesariamente porque pensaran peor o no tuvieran las capacidades intelctuales de sus compañeros. Aunque entonces el ministerio de educación francés considerara que la prueba servía para detectar a alumnos “retardados”, eso no tenía por qué ser cruelmente peyorativo, al menos en lo que se refiere a Binet, quien no creía en el determinismo biológico y pensaba que muchos alumnos que tenían retraso en la escuela podían llegar a recuperar el terreno perdido.

Ahora, bien, quizá debo insistir en este punto, para dejar bien claro un asunto que suele presentarse de manera confusa. No estoy diciendo que no haya diferencias biológicas entre hombres y mujeres y tampoco que no se deban estudiar e investigar. Podría suceder incluso que los hombres o las mujeres tuvieran estadísticamente mejor orientación espacial, habilidad lingüística o cualquier otra característica, a pesar de que un macro estudio de estudios constató no hace muchos años que ninguno de los supuestos resultados que constataban tales diferencias era fiable desde el punto de vista del rigor científico.

Pero lo que digo (y lo que dice Perkins Gilman) no es que no existan diferencias biológicas entre hombres y mujeres, sino que eso no es lo importante. Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no son lo fundamental, porque la cultura y la capacidad humana de aprender y transformarse puede cancelar casi cualquier limitación biológica, incluso las preferencias sexuales. Es posible que en el feto, durante la infancia o durante la adolescencia se produzca una especialización sexual, pero creo que el deseo sexual y el amor humano puden ir más allá de los simples impulsos sexuales animales. Existen esos deseos animales, por supuesto, pero son procesados por nuestro cerebro y transformados, siempre que estemos dispuestos a ello y no hayamos sido condicionados fuertemente por una sociedad que cree en esas diferencias insalvables. El ser humano, en definitiva puede educarse a sí mismo y darse nuevas maneras de contemplar la realidad. No solo dispone de la limitada y casi siempre pobre manera instintiva con la que nos ha dotado la biología o con las limitadas reacciones intuitivas que se forman a partir de nuestra experiencia.

Continuará


[Publicado en 2005. revisado en 2017]

Charlotte Perkins Gilman

Error: puede que no exista la vista de 7b32bf09xy

La naturaleza humana y las estadísticas

|| Perkins Gilman y lo humano /4

Quiero considerar aquí la similitud entre el plantemiento de Perkins Gilman en Our man-made word (Nuestro mundo hecho a la medida del hombre) acerca de la distinción entre lo masculino y lo femenino y la definición de lo humano con Aristóteles y Pico de la Mirandola

Aristóteles dijo que la naturaleza del ser humano consiste en no tener naturaleza. En definitiva, la característica principal de lo humano es que no tiene ninguna característica inmutable, fija o definitiva, y que el propio ser humano es capaz de crear su identidad, más allá de sus características en tanto que animal.

Y lo mismo decía Pico de la Mirandola, recurriendo a una fábula en la que Dios crea a los ángeles con una naturaleza bondadosa y pura y a los demonios con una naturaleza malvada. Al ser humano lo crea sin naturaleza y le dice: “De ti depende elevarte a los ángeles o descender a las bestias”.

Perkins Gilman, por Paula Plaza

Muchas personas todavía siguen hablando de lo masculino y lo femenino con gran tozudez y suelen poner un montón de ejemplos pintorescos para mostrar las supuestas diferencias, como que las mujeres son de Venus y los hombres de Marte porque unos leen mapas y otros no son capaces de hacer dos tareas a la vez.

Se trata de las típicas mentiras estadísticas a las que aludía Mark Twain: “Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras a medias y las estadísticas”. Algunas de esas apreciaciones estadísticas evidentemente se basan en datos reales: los hombres difícilmente superarán a las mujeres, por ejemplo, en dar de mamar: ni siquiera serán capaces de sacar leche (ahora lo dudo y pienso que podrían lograr eso finalmente); en términos estadísticos la fuerza muscular de los hombres supera a la de las mujeres, lo que no impide que algunas mujeres superen en fuerza muscular a casi todos los hombres. Pero estamos hablando de datos estadísticos generales, que son muy útiles cuando se sabe cómo usarlos correctamente, pero que deben ser tomados con prudencia cuando descendemos a cada caso particular y cuando interpretamos que una instantánea estadística de una realidad concreta en un momento y lugar determinados deba convertirse en una prescipción para mantener la realidad tal cual o para definir cosas supuestamente inmutables como la naturaleza femenina y la naturaleza masculina.

Continuará…


[Publicado en 2005. revisado en 2017]

Charlotte Perkins Gilman

Error: puede que no exista la vista de 7b32bf09xy

Perkins Gilman y lo humano

Perkins Gilman y lo humano /0

Perkins Gilman habla en Un mundo hecho a la medida del hombre de las características femeninas y las masculinas, pero ya dije que no cae en ese pseudobiologismo hoy tan extendido que dice una y otra vez que hombres y mujeres son diferentes. Al contrario.

En primer lugar Perkins Gilman señala esa curiosidad que conocen los etólogos o estudiosos del comportamiento animal: que en muchas especies el macho tiene un comportamiento que se parece al de la hembra humana. Se refiere a la exhibición y los adornos, a los elementos de seducción, comportamiento del que el ejemplo animal más llamativo es el macho pavo real, con sus impresionantes plumas que parece que sólo tienen la utilidad de deslumbrar a la hembra. Las plumas dice Perkins Gilman son masculinas, no femeninas, lo que hoy en día tiene un doble sentido, insospechado en la época de Gilman, supongo.

Esta es una de esas paradojas que ponen en entredicho las simplistas calificaciones de masculino y femenino. Ahora bien, no se trata de descubrir qué es realmente femenino y qué es realmente masculino haciendo una estadística de todos los animales conocidos. Creo que a día de hoy ese tipo de ejercicios son inútiles, sean cuales sean los resultados.

André Gide intentó en Corydon demostrar que la homosexualidad era la conducta dominante entre los animales. Recuerdo que cuando leí el libro me pareció bastante convincente, como suelen resultar todos los libros de biología que intentan mostrar la ventaja adaptativa de este o aquél comportamiento (como El Gen egoísta de Dawkins). Porque lo cierto es que entre los animales se da prácticamente todo tipo de comportamiento, así que es fácil demostrar casi cualquier cosa.

Pero sea cual sea el resultado de esas estadísticas entre lo masculino y lo femenino, insisto en que no tiene importancia. Perkins Gilman lo sabía, como lo sabía Aristóteles o Pico de la Mirándola. Lo masculino y lo femenino como tales quedan cancelados por algo superior en nuestra especie: lo humano.

En esta investigación junto a Perkins Gilman intentaré encontrar algún tipo de definición o al menos de comprensión de lo humano, más allá de lo masculino y lo femenino.

Continuará…


[Publicado en 2005]

PERKINS GILMAN Y LO HUMANO

Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Lo masculino y lo femenino

Perkins Gilman y lo humano /3


Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
El cerebro de hombres y mujeres

Perkins Gilman y lo humano /8


Leer Más
Metáforas del cerebro y gramáticas innatas

Perkins Gilman y lo humano /7


Leer Más
Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
¿Qué no significa ser iguales?

Perkins Gilman y lo humano /9


Leer Más
Perkins Gilman y lo humano

Perkins Gilman y lo humano /0


Leer Más
La naturaleza humana y las estadísticas

|| Perkins Gilman y lo humano /4


Leer Más
El dios de los tigres

Perkins Gilman y lo humano /2


Leer Más
El animal humano

|| Perkins Gilman y lo humano /5


Leer Más
Estrés, placer y supervivencia

||Perkins Gilman y lo humano /6


Leer Más

¿Qué no significa ser iguales?

Perkins Gilman y lo humano /9

En El cerebro de hombres y mujeres dije:

“Ahora que la experiencia de las últimas décadas…  ha permitido constatar que las mujeres son capaces de realizar uno tras otro todos los trabajos y tareas que realizan los hombres, resulta asombroso, que se busquen diferencias insípidas y triviales entre los unos y las otras”.

Esto mismo ya lo pensaba Charlotte Perkins Gilman a finales del siglo XIX, cuando a las mujeres no se les permitía hacer muchas de las cosas que sí podían hacer los hombres. Ahora bien, ¿qué quiere decir Perkins Gilman y qué quiero decir yo cuando decimos que hombres y mujeres somos iguales?

Simone de Beauvoir

No queremos decir que hombres y mujeres seamos genética o biológicamente iguales.

Es obvio que somos muy distintos en el aspecto biológico. Aunque algunas activistas feministas, que se sitúan más cerca de la fe que de la ciencia, llegan a decir disparates como que la biología es una construcción social, basta con leer El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, para darse cuenta de las enormes diferencias entre el cuerpo masculino y el femenino y advertir que, como dice Beauvoir, el cuerpo de la mujer puede llegar a ser casi un enemigo con el que hay que luchar constantemente, de una manera mucho más extrema que en el caso de los varones, como demuestra tras su meticuloso y fascinante examen de la condición biológica femenina en “Los datos de la biología”:

“De todas las hembras mamíferas, la humana es la más profundamente alienada y la que más violentamente rechaza esta alienación; en ninguna de ellas es más imperiosa ni más difícilmente aceptada la esclavización del organismo a la función reproductora: crisis de pubertad y de menopausia, «maldición» mensual, largo y a menudo difícil embarazo, parto doloroso y en ocasiones peligroso, enfermedades, accidentes, son características de la hembra humana: diríase que su destino se hace tanto más penoso cuanto más se rebela ella contra el mismo al afirmarse como individuo”.

La conclusión es evidente y probablemente imposible de refutar:

“Si se la compara con el macho, este aparece como un ser infinitamente privilegiado: su existencia genital no contraría su vida personal, que se desarrolla de manera continua, sin crisis, y, generalmente, sin accidentes. Por término medio, las mujeres viven más tiempo, pero están enfermas con mucha mayor frecuencia y hay numerosos períodos durante los cuales no disponen de sí mismas”.

En Profesar el feminismo, Patai y Koertge analizan, con un ingenio similar al que Andresky empleó en Las ciencias sociales como brujería, algunos disparates de cierto activismo (a)científico feminista muy extendido en las universidades de EEUU, como la ardorosa reivindicación de la mecánica de fluidos frente a la de sólidos, porque los físicos (varones) habrían desarrollado con más ahínco la física de sólidos que la de fluidos para potenciar lo masculino (el pene erecto, se supone) frente a lo femenino (la humedad y los flujos).

Que existen reacciones químicas, biológicas, hormonas, estrógenos, testosterona y todo tipo de dependencias físicas que afectan de distinta manera a hombres y mujeres es indiscutible, pero esas diferencias a veces asombrosas tampoco nos deben llevar a separar de manera estanca lo femenino y lo masculino, a la manera de tablas de opuestos metafísicos como el yin y el yang, o decir, como se decía en tiempos de Perkins Gilman, que la mujer es “una subespecie” del homo sapiens. Tampoco se resolverá el problema creando una biología fantástica en la que las características del cuerpo femenino puedan ser redefinidas a voluntad, despojándolas de los rasgos de la ciencia “heteropatriarcal”, como el dimorfismo sexual de la especie humana.

Perkins Gilman era muy consciente de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres (entre machos y hembras) y distinguía de manera explícita entre “la esfera del hombre” y “la esfera de la mujer”, enumerando diversas características que definen, o que al menos predominan, en una o en otra esfera, como una mayor agresividad y tendencia a la violencia en los hombres (lo que parece indudable y confirman las estadísticas) y un instinto de protección y de cuidado hacia los hijos por parte de la mujer. Esas son tendencias  desde el punto de vista biológico (aunque no siempre sea fácil determinar el porcentaje biológico/cultural de ciertos comportamientos), pero, en opinión de Perkins Gilman, existe algo más importante que la esfera masculina y la femenina, que es la “esfera de la humanidad”. Es fundamental lo que somos en tanto que animales y en tanto que machos o hembras, y negarlo sería absurdo, pero es más importante lo que somos en tanto que seres humanos. Es en este sentido en el que tanto Perkins Gilman como yo decimos que hombres y mujeres somos iguales.

Se me dirá que somos esclavos de nuestra biología y que es una fatuidad o una ingenuidad olvidarlo. Bien, es discutible que no podamos escapar de las cadenas biológicas, porque en parte ya lo estamos haciendo, por ejemplo mediante las operaciones de cambio de sexo, tratamientos hormonales o mediante las futuras modificaciones genéticas que cada vez se ven más cercanas. Pero, incluso aunque así fuera, aunque tuviéramos que resignarnos al cuerpo que nos ha tocado en suerte, nuestro carácter de seres humanos puede cancelar o refutar a la biología. Quienes pretenden apelar a la biología, sea midiendo cráneos como en el siglo XIX o comparando estadísticas como en el siglo XXI, encontrarán sin duda muchas diferencias entre hombres y mujeres, entre blancos y negros o entre altos y bajos, e incluso algunas de ellas podrán ser estadísticamente significativas, pero ninguna de ellas puede refutar el hecho de que es imposible saber cuál es el verdadero potencial intelectual para un sujeto cualquiera, sea hombre, mujer, blanco, negro, alto o bajo. No el resultado que obtendrá en un test de inteligencia al uso, sino qué hará a lo largo de su vida, qué libros podrá o querrá leer o escribir, qué descubrimientos hará si se dedica a la ciencia y hasta dónde llegará, qué cosas le interesarán en la vida, a quienes será capaz de ayudar o perjudicar con sus consejos. El hecho de que existan diferencias no significa que debamos convertirlas en una guía para regular la sociedad, por ejemplo para situar en los puestos de gobierno a los que mejores resultados den en los test de inteligencia o para reservar a unos para ciertas tareas y a otros para otras. Porque los seres humanos somos, y a algo parecido creo que se refiere Perkins Gilman en el lenguaje de su época, “procesadores de información”, una característica que compartimos con los animales pero también con las máquinas (aunque de diferente manera). A partir de una cierta potencia de cálculo, memoria y manejo de datos, casi todo es posible desde el punto de vista intelectual. Tal vez existan diferencias estadísticas y tal vez incluso ciertas diferencias biológicas puedan explicar la discriminación y sometimiento de las mujeres a lo largo de milenios, pero la simple observación de lo sucedido durante todo ese tiempo demuestra también que los seres humanos, en este caso los varones, pueden llegar a convertir a una parte de su propia especie en seres intelectualmente inferiores, al negarles la educación y los derechos que se otorgan a sí mismos, no solo en lo que se refiere a los hombres y mujeres, sino también entre varones de diferentes culturas o etnias que han practicado el esclavismo y la servidumbre en sus diversas formas. Por el contrario, la observación de lo sucedido en los últimos cien años en todos los terrenos de la creatividad humana con la imparable incorporación de la mujer a todas las áreas que se suponían masculinas, muestran lo absurdo de las apelaciones a la biología, a lo eterno femenino (o masculino) o a las listas de opuestos sexualizados como el yin y el yang.

Continuará…


[Publicado en 2005. Revisado en 2018]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

 

Metáforas del cerebro y gramáticas innatas

Perkins Gilman y lo humano /7

En el capítulo anterior (Estrés, placer y supervivencia) veíamos que ciertos mecanismos o instintos biológicos, adquirido a lo largo del proceso evolutivo ahora pueden activarse o responder ante estímulos muy diferentes, como el estrés ante un examen, que en su origen pudo tener más que ver con el ataque de un tigre o cualquier fiera salvaje. Fueran cuales fueran las causas que activaron esos mecanismos en el pasado, ahora esos efectos se pueden conseguir a partir de otras causas o estímulos; causas o estímulos que nos proporcionamos nosotros mismos, al menos si queremos.

El cerebro humano, en definitiva es capaz de manejar datos. No se sabe exactamente cómo lo hace y la equiparación con los ordenadores actuales no parece que sea del todo segura. El cerebro humano ha sido comparado con una tabla en la que puede escribirse (la tabula rasa de Aristóteles y Locke), con un molino, con el mecanismo de un reloj, con un telar o con una terminal de telefonía, metáforas que fueron recientemente sustituidas por la del ordenador, así que no podemos estar seguros de que si en el futuro encontraremos una metáfora mejor.

Ahora bien, sí se puede comparar el cerebro con un ordenador en un sentido: el ordenador tiene unas determinadas capacidades de proceso y de memoria, pero lo que haga con ellas depende del usuario, que puede usar los bytes para escuchar un disco, ver una película, jugar al ajedrez, escribir esta entrada o argumentar lo contrario de lo que yo defiendo aquí. El ordenador está hecho para procesar cantidades masivas de información, pero esa información puede ser de innumerables tipos. Aunque muchas personas creen que la hipótesis de Noam Chomsky que asegura que el cerebro humano posee una gramática innata está demostrada (el propio Chomsky lo cree: “la existencia de una Gramática Innata Universal es apenas discutible”), eso está lejos de ser cierto y existen explicaciones alternativas, como la que sostiene que nuestras capacidades de comunicación y lenguaje no se deben al hecho de que poseamos una gramática universal, supuestamente común a todos los seres humanos y a todas las culturas y lenguas, sino a la capacidad de almacenamiento y procesamiento increible de nuestro cerebro, y tal vez a algunos mecanismos adquiridos por selección natural, como la propensión a establecer relaciones de causa y efecto. Del mismo modo que cualquier computador puede adquirir un lenguaje aunque no se lo haya programado para ello previamente, lo mismo quizá hace un cerebro humano. En esta línea parecen ir los cada vez más frecuentes descubrimientos en animales como los cuervos, los delfines o los chimpaces de su capacidad para entender y usar lenguajes cada vez más elaborados, pues parece improbable que ellos también tengan esa gramática innata chomskyana.

Continuará…

[Acerca de la gramática innata ver mi ensayo: La gramática innata de Chomsky]


[Publicado en 2005. Revisado en 2017]

Error: puede que no exista la vista de 7b32bf09xy

El cerebro de hombres y mujeres

Perkins Gilman y lo humano /8

En Metáforas del cerebro y gramáticas innatas dije que un computador dotado de suficiente capacidad de cálculo y memoria puede realizar todo tipo de tareas. De hecho, según la definición de máquina de Turing, hasta el más sencillo ordenador es teóricamente capaz de realizar cualquier operación que se pueda convertir en un algoritmo. Un computador, en definitiva, puede mostrar una imagen, hacer cálculos matemáticos, reproducir o componer música y cualquier otra tarea computable,

Lo mismo sucede con el cerebro humano. Si el cerebro de un ser humano cualquiera se puede transformar en el cerebro de un nazi o en el de un sabio contemplativo y pacífico, y si ambas cosas están al alcance de hombres y mujeres, ¿cómo no van a estar a su alcance todas las demás cosas?

Por eso, volviendo al tema inicial de esta entrada y al ensayo de Perkins Gilman Un mundo hecho a la medida del hombre [entiéndase del varón], llama la atención que en el siglo XXI, cuando más muestras hemos tenido de lo absurdo que es pensar que hombres y mujeres son diferentes, ahora que la experiencia de las últimas décadas con la progresiva igualdad de hombres y mujeres ha permitido constatar que las mujeres son capaces de realizar uno tras otro todos los trabajos y tareas que realizan los hombres, resulta asombroso, decía, que se busquen diferencias tan insípidas y triviales como si unos u otras son capaces de hacer dos tareas a la vez o si los unos o las otras se orientan mejor o peor que los unos o las otras.

La buena noticia, por otra parte, es que aunque sea absurdo dedicar tanta energía a estos asuntos, ya no se considere ni siquiera tema de discusión la posibilidad de discriminar a las mujeres como antes, al menos en los países civilizados (que no son todos, por supuesto) o en aquellos que no están sometidos a religiones arcaicas o medievales.

Continuará…


[Publicado en 2005. Revisado en 2017 (en azul)]

Error: puede que no exista la vista de a2a6ee47y5

LA MITAD OCULTA

 

Lo masculino y lo femenino

Perkins Gilman y lo humano /3

Ya vimos que Charlotte Perkins Gilman señalaba que existían características que podríamos llamar masculinas o femeninas, no en relación a los seres humanos, sino también por comparación con otras especies. Es obvio que podemos observar en términos generales más agresividad, o al menos más agresividad violenta, entre los machos que entre las hembras (aunque no en la mantis religiosa, claro). Y es obvio que podemos observar que entre las mujeres se dan más instintos maternales, más tendencia a cuidar de los hijos. El instinto de succionar el pecho materno que salva la vida de los mamíferos recién nacidos, quizá no se debe definir exactamente como “instinto de succionar el pecho materno”, sino tan solo “instinto de succionar (cualquier cosa, cualquier pecho)”, pero es obvio que los padres no se sienten impelidos a ofrecer sus pechos a los bébes, y no menos obvio que no les serviría de nada tal práctica a los recién nacidos en su camino a la supervivencia. Los recién nacidos tienden a succionar cualquier cosa que se les ponga por delante y a considerar a su madre a cualquier cosa que se mueva, como demostró Konrad Lorenz al descubrir o precisar el mecanismo de la impronta.

Una de las célebres fotografías de Konrad Lorenz seguido por patos y patitos que lo consideran su mamá.

Todo lo anterior, esas diferencias entre aspectos masclinos y femeninos, es evidente. Pero esas características y muchas otras se deben con toda probabilidad no a nuestra parte humana, sino a nuestra parte animal o biológica, es decir a nuestra parte biológicamente masculina o femenina. A medida que el aspecto humano de nuestra naturaleza se desarrolla, lo más probable es que vayan disminuyendo más y más estas diferencias y todas las demás. Ya se puede observar (en este caso seguramente es lamentable) la misma agresividad masculina en mujeres soldado, y también se puede observar (en este caso sin duda para bien) más atención a los hijos por parte de los padres. La adopción de hijos por parejas homosexuales e incluso su gestación futura cambiará muchísimas cosas y romperá con muchos tópicos que sostienen que uno está obligado a comportarse de una u otra manera según lo que tenga entre las piernas.

Es curioso que todo lo que en 2005, que es cuando escribí el artículo, era sólo una predicción más o menos aventurada, se ha convertido ya en una realidad en parte del mundo, aunque me parece que hasta ahora solo ha habido un caso de gestación masculina (aunque no puedo asegurarlo). Otra cosa es la adopción por parte de parejas homosexuales, ya normalizada en países como España. Creo que mi predicción de que esos cambios legislativos traerían consigo un cambio en la mentalidad de la sociedad, incluso de ese gran segmento llamado “mayoría silenciosa”, es también evidente. Hoy, al menos en España, parece una fantasía pensar que la mayoría de las personas hace no tanto tiempo consideraran que cosas como la adopción de niños por parejas homosexuales era escandaloso. También hay que tener en cuenta, sin embargo, que los cambios legislativos se pudieron producir porque también había cambiado mucho la mentalidad general.

Continuará…


[Publicado en 2005. Revisado y ampliado (en color verde) en 2017]

Charlotte Perkins Gilman

Error: puede que no exista la vista de 7b32bf09xy

Innato no significa ni bueno ni recomendable

A veces se da por sentado que lo innato es sinónimo no ya solo de natural y auténtico, sino de recomendable e inevitable. Pero el hecho de que algo sea innato no implica que sea obligatorio o recomendable.

La cultura y la educación pueden ir más allá de lo innato, afortunadamente. Aunque, por ejemplo, puedan existir ciertas diferencias femeninas desde el punto de vista biológico (las mujeres tienen menos fuerza física, solo ellas se quedan embarazadas, etc), esas posibles o plausibles diferencias biológicas no tienen por qué ser razón para justificar discriminaciones.

leonordeaquitaniaHay quien defiende que el matriarcado es innato, pero la supuesta etapa en la que existió un matriarcado todavía es dudosa y lo único que sí es seguro es que cuando ha habido más libertad para las mujeres ello se ha debido más a la cultura que a la biología: helenismo, Roma, la corte de Leonor de Aquitania, gran parte de la dinastía Tang o la época actual.

Eso no impide que la cultura también se pueda poner a favor de los instintos más básicos, de la violencia o del machismo innatos, como cuando en la dinastía Song, justo después de la libertad femenina de la época Tang,  cercenaron la libertad de las mujeres con un método salvaje: el atado de pies.

tabla_rasa El problema de la nueva moda del innatismo, que reavivó Steven Pinker con su libro La tabla rasa, no es que se descubran más y más cosas innatas: es que se considere que por ser innatas debemos aceptarlas y potenciarlas.

En definitiva, que algo sea innato no significa que no se pueda (y que casi siempre se deba) cambiar.

 El hecho de que homosexualismo y heterosexualismo sean o no innatos no hace que sean más o menos recomendables. Algunos, como Simon Le Vay, creen que reconocer el innatismo homosexual hará que no haya discriminación contra algo “inevitable y natural”; pero hace no tanto tiempo otros pensaron que, precisamente por ser inevitable y natural, mostraba un defecto genético por parte de quien poseía tales características, y que, siguiendo esa lógica, había que eliminar, curar o reprimir a esa persona. Por eso, es muy peligroso recurrir a lo innato para justificar lo aconsejable y lo desaconsejable o lo bueno y lo malo.

 *********

cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más

 

Ellas y ellas: ¿Viva la diferencia?

 

Investigadores de la Universidad de Cold Mountain presentaron el lunes pasado el informe preliminar de un estudio que les ha llevado siete años.

Tras examinar a más de dos mil quinientas mujeres de todo el mundo, han llegado a la conclusión de que existen diferencias  entre unas y otras, que no todas piensan lo mismo ni se comportan de la misma manera. Todavía no se sabe si dichas diferencias se deben al clima, a la influencia de la luna o, lo que es más probable, a un factor genético todavía no localizado que podría hallarse en algún lugar del ADN, probablemente en el cromosoma 17.

Pero las conclusiones son tan asombrosas que ponen en cuestión muchas de las ideas hasta ahora admitidas por sus colegas. Entre otros resultados, los investigadores han constatado grandes diferencias entre las mujeres de los distintos grupos de estudio y, lo que es más llamativo, han descubierto que en un elevado porcentaje de los casos estudiados se encuentran más semejanzas entre un varón y una hembra que entre dos hembras.

Resulta muy ilustrativo el caso de las mujeres que se sometieron a la investigación en países islámicos, cuyos intereses eran casi opuestos a los de las francesas y las suecas. Así, un 70% de las islámicas declaró explícitamente que la mujer era inferior al hombre y tenía que estar a su servicio. El 30% restante “no sabía, no constestaba”. Estas mujeres también se manifestaron en porcentajes elevadísimos partidarias de llevar velo o al menos el cabello cubierto y  de bañarse en la playa tapadas hasta el cuello. Sin embargo, entre las francesas y las suecas que se prestaron a ser examinadas, los porcentajes de mujeres que consideraban que los varones eran superiores eran tan ínfimos que resultaban casi ridículos, y además no se encontró ninguna dispuesta a llevar ropas de baño que cubriesen más allá de un 15 o un 20% de su cuerpo.

Y lo que es sin duda más asombroso: en los países islámicos la mayoría de los hombres estaban de acuerdo con las mujeres islámicas: ellos eran superiores y ellas debían bañarse de manera que no se adivinaran sus formas bajo al ropa. Por el contrario, en los dos países europeos mencionados, una mayoría de los hombres se manifestó de acuerdo en que hombres y mujeres debían tener los mismos derechos y, en porcentajes todavía superiores, en que mientras menos tela usaran las mujeres en la playa mejor.

Investigadores expertos en las diferencias genéticas entre hombres y mujeres han quedado consternados a la luz de estos resultados, que no saben cómo explicarse, pues hasta ahora todo confirmaba que ciertas diferencias en el neocortex, en los lóbulos prefrontales y en el peso del cerebro hacían a los hombres y a las mujeres tan diferentes que los unos son agresivos y las otras no saben reconocer mapas, y aspectos todavía más significativos y fundamentales para el desarrollo de la especie y para la formación de la personalidad.

Este estudio de la Universidad de Cold Mountain ha enfriado ligeramente los ánimos de los genetistas, puesto que se han hallado asombrosas semejanzas entre lo que piensan hombres y mujeres de la misma cultura. Ya dijimos que la explicación de tal semejanza no se ha conseguido hasta ahora explicar, pues parece exceder las ideas más razonables acerca de las diferencias inevitables y evidentes provocadas por lo que el ser humano tiene entre las piernas.

Una pequeña luz, procedente de investigadores y laboratorios españoles quizá podría iluminar este misterio: los investigadores españoles Juan Antonio Serrano y Mari Luz Serrano Serrano han constatado que, en estudios realizados hace 35 y 50 años en España, las españolas mostraban más similitudes con el pensamiento de las mujeres islámicas que con el de las europeas, lo que ahora sucede justo al revés. Eso sin duda parece demostrar la influencia del clima, cada vez más impredecible en España, y tal vez la influencia del agujero de ozono, que permite pasar rayos cósmicos que, rebotando en las paredes nevadas de los Pirineos, han podido penetrar sin duda en el genoma hispano y modificarlo.

Investigadores de Salt Lake City se han mostrado muy interesados por este descubrimiento y han señalado un precedente curiosísimo que parecería avalar la tesis de la deriva genética climática: hace cien años, la opinión de los blancos en Estados Unidos era muy semejante a la que hoy se tiene acerca de la diferencia entre hombres y mujeres en los países musulmanes, pero referida a los negros. Este criterio se ha ido modificando (aunque con mucha lentitud) y  hay que señalar que ha coincidido con el declive del uso del sombrero, lo que sin duda permite que a través del cuero cabelludo los rayos cósmicos hayan modificado el genoma de los estadounidenses y, en consecuencia, su manera de pensar.

Por otro lado, se ha constatado que las únicas mujeres que en los estudios realizados en Francia no compartían la opinión mayoritaria de las francesas… procedían de países islámicos. Sin embargo, no se da entre estas emigrantes una unanimidad plena, sino que su opinión  parece depender de la proximidad de comunidades islámicas organizadas y de imanes y mezquitas, con lo que se están barajando varias posibilidades: que el uso del velo o el pañuelo en la cabeza también impida el paso de los rayos cósmicos, o que se produzca un campo mórfico entre las personas pertenecientes a la misma comunidad, por razones inexplicadas. El investigador Rupert Sheldrake, creador de la teoría de los campos mórficos o morfogenéticos, no ha querido pronunciarse sobre el asunto, pero ha recordado que si un ratón aprende a moverse por un laberinto simplemente por estar cerca de otro ratón que ya ha aprendido, “pues por qué no le va a suceder a una mujer islámica que vive cerca de islámicos”.

La comunidad científica internacional vive en las últimas semanas pendiente de las noticias que llegan de uno y otro lado y se está reuniendo información que pueda explicar cómo es posible que siendo tan diferentes hombres y mujeres (recuérdese que ellas son de Venus y ellos de Marte) en los últimos 50 años haya aumentado de manera tan llamativa el número de mujeres escritoras, pintoras, científicas. Es decir, que cada vez sean más las que destacan en todas esas tareas para las que “no están preparadas genéticamente”, como demuestra que hasta ahora no hubiesen destacado en ello, y como lo demuestra asimismo el que tampoco destaquen en los países islámicos, excepto en porcentajes casi simbólicos.

Numerosas asociaciones en defensa de la diferencia han comenzado a donar fondos para que los investigadores encuentren más diferencias entre hombres y mujeres, que permitan regresar a la tranquilidad de un pensamiento único en el que los hombres piensan todos de una manera y las mujeres de otra manera. No se duda que, dependiendo del dinero recaudado, se lograrán grandes avances en los próximos días.


 

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /1

|| La mitad oculta


Leer Más
Ellas y ellas: ¿Viva la diferencia?

Leer Más
Un poema de Louise Labé

Leer Más
Lais de Roser

Leer Más
Susan Sontag

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Sexo en Nueva York, y también en la televisión

Leer Más
Frances Yates y la tradición hermética

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
Logomanía y el libro de la almohada

Leer Más
Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Leer Más
Victoria Ocampo responde a Ortega

|| Sur 2

||| Libros que caminan


Leer Más
Madame Du Deffand

Leer Más
Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3


Leer Más
La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5


Leer Más
Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

|| Una cita con las musas /14


Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
El cerebro de hombres y mujeres

Perkins Gilman y lo humano /8


Leer Más
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Leer Más
La mitad oculta

Leer Más
Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4


Leer Más
Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA


Leer Más
Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA


Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Xue T’ao, poeta e inventora

Leer Más
Persépolis, de Marjane Satrapi y el fanatismo religioso

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
Une petite cantate, de Barbara

Leer Más
Mujeres fuera de serie

Leer Más