Un mito y su interpretación

GALA, la tierra, era en los orígenes un disco de fuego, habitado por seres ígneos. Estos eran de temperamento belicoso y pretendían incendiar todo el universo. Cuando los Dioses Supremos comprendieron las intenciones de los hijos de Gala, se reunieron y se aprestaron para el combate. OUROS, dios celeste, acumuló las nubes y descargó la lluvia, que cayó sobre la tierra durante meses; mientras, los otros dioses lanzaban piedras, arrancándolas de la luna, sobre los genoí (las hijos de Gala), que intentaban ascender al cielo. Muchos de ellos, sin embargo, consiguieron elevarse y en el Universo aún continúa la lucha (las estrellas) entre los dioses supremos y los seres ígneos.

El Sol es el mayor de los hijos de Gala, que en su carro alado recorre el cielo alentando a sus hermanos, pero los hombres pidieron a Elam que no cubriese el mundo de oscuridad.

En este peculiar mito cosmogónico, podemos hallar numerosos motivos comunes a diversas interpretaciones acerca del origen del fuego. La tierra era en un principio ígnea. ¿Por qué una cultura primitiva pudo llegar a conclusiones tan similares a las de la ciencia moderna? Por un lado, el hombre primitivo observa el cielo diurno, en el que destaca el poderoso astro solar, que baña la Tierra con su calor, mientras que de noche ve el cielo cubierto de pequeñas llamas, las estrellas. Esto le da una imagen del universo similar a la de un organismo ardiente, por lo que no le cuesta nada suponer que la Tierra también lo era. Esta idea es confirmada cuando observa cómo sale fuego de los volcanes cuando entran en erupción y cómo al frotar dos troncos obtiene también fuego.

Como señala Frazer, el temperamento primitivo, al observar que se obtenía fuego al frotar maderos, concibe al fuego como una especie de jugo o savia que se halla en los árboles. Frazer cita el ejemplo de los indios senal, que creían que “el mundo entero fue un globo de fuego, de donde el elemento subía pasando a los árboles, de los que ahora sale siempre que se frotan dos maderos. Podemos imaginar la sorpresa del hombre primitivo al descubrir que la madera arde (por ejemplo, cuando cae un rayo sobre un árbol) y que, sin embargo, el agua o la tierra, arena y rocas) no arden nunca. Era lógico que creyese que el fuego se hallaba en el interior de la madera; la obtención del alcohol, líquido inflamable, confirmaría esta opinión, pues, ¿acaso no es el alcohol hijo del mundo vegetal?

Todo esto es un ejemplo más de que los mitos son un intento de explicación racional de los fenómenos naturales y de que, en ocasiones, cuando un politeísta habla del dios del trueno, lo que le interesa es el concepto que este dios representa, y cree tan poco en la existencia personal de ese dios como nosotros en la de la fuerza de la gravedad. Conviene quizá recordar que hasta el siglo XVIII se pensaba, incluso en los ambientes cultos y científicos, que el agua, la madera, etcétera, ardían debido a que en su interior había un líquido llamado flogísto ¿No es para el científico actual este flogisto algo tan mítico como la explicación de los paflones?

 

¿Por qué la historia de Kala=Gala y Ouros es un mito?

Básicamente, por el carácter antropomórfico y divino que se confiere a los fenómenos de la naturaleza, por concebir dichos fenómenos como el resultado de la acción divina.

Kala es un disco de fuego, pero aún sigue siendo, al mismo tiempo, una diosa de figura antropomórfica (así se representaba en las vasijas del período arcaico). Hemos de esperar hasta Caireus, una especie de reformador religioso a medio camino entre Zoroastro y Hesiodo, para empezar a ver la trasformación de ese mito de los orígenes en una cosmogonía rigurosa en la que lo conceptual prima sobre lo antropomórfico. Pero no está de más insistir en que ya antes de Caireus, el mito de Kala no ha de interpretarse en el antigua sentido de ‘Fábula’, ‘leyenda* o “ficción”, sino en el moderno de ‘historia ejemplar’, de intento de explicación racional de los hechos de la naturaleza, racional porque se intenta explicar estos fenómenos de una u otra manera. Mas irracional son, creo yo, las explicaciones similares a la judeo-cristiana, en las que un Dios que nada tiene nada que ver con el cosmos, crea el mundo de un plumazo.

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[Escrito entre 1980-90]

 

La autonomía de los personajes y Nozick

robert nozickLa agudeza de Nozick en Ficción continúa en la discusión acerca de si el autor aprende acerca de sus personajes a medida que escribe.

Recuerdo ahora todas esas frases de escritores que parecen quejarse de que sus personajes acaban cobrando vida propia y creando la novela al margen de los deseos del autor.

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NOTA 2013
Mi opinión en este asunto quizá se ha modificado o matizado con los años, como ya dije en un comentario de 1994 que se puede ver al final de esta entrada. Creo que, como al parecer dice Nozick, un escritor puede aprender de sus personajes a medida que escribe y aunque no comparto la idea de quedar a merced de tus personajes, sí creo que la lógica interna de un personaje a menudo te lleva a descubrir que no puede hacer ciertas cosas y que sí debe hacer otras. Aunque no de manera tan estricta como cuando trazas dos, tres o seis líneas formando una figura y después descubres las propiedades de esa figura, algo semejante sucede en la ficción, que por su propia lógica interna te lleva a unos desarrollos y te impide otros, lo que acaba por darte una sensación (agradable, por otra parte) de que los personajes tienen vida propia. En consecuencia  pretender que los personajes viven por sí solos es un extremo que considero erróneo, pero también me lo parece el otro extremo (sustentado si recuerdo bien por Javier marías) que parece creer que un autor puede predecir y determinar de manera consciente todas las posibilidades de sus personajes. Probablemente cuando las líneas con las que trazas la figura de un personaje se revelan muy complejas, puedes acabar encontrándote con un personaje como alguno de los de Shakespeare, difícil de reducir a tres o cuatro leyes básicas y perfectamente predecibles.

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Más sobre Nozick en: Niveles y metaniveles: autores, dioses y hombres y en Nozick y la justificación del mal.

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Nozick y la justificación del mal

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Dice Nozick, en Ficción, respecto al problema del mal, que no juzgamos que el autor de una novela sea intrínsecamente malo por hacer sufrir a sus personajes. No lo hacemos porque los personajes no sufren realmente.

Eso lleva a Nozick a preguntarse  ¿Fue el padre de Hamlet realmente asesinado?

Las analogías entre nuestro mundo y un mundo ficticio y un sufrimiento ficticio son evidentes y pueden acercarnos al Bhagavad Gita, pero la gran diferencia parece consistir en que nosotros sí existimos realmente…

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NOTA 2013
Es probable que Ficción de Robert Nozick haya sido la inspiración para mi relato “La caverna”, escrito hacia 1997 e incluido en Recuerdos de la era analógica, donde se plantea la posibilidad de sufrimiento de unos seres que habitan en un mundo virtual.

Otra entrada dedicada a Ficción en: La autonomía de los personajes y Nozick. Y otra más en Niveles y metaniveles: autores, dioses y hombres

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Interferencias.

El cine a veces muestra más que la realidad.

Casi siempre la realidad, digamos “el universo” es más grande que la narración. En teoría narrativa siempre se comienza por aquello de la historia frente a la narración. O incluso desde más atrás, desde la Historia a la historia y desde la historia a la narración.

Es un asunto complejo e interesante que no voy a tratar aquí. Simplemente me interesa ese asunto antes insinuado: el narrador selecciona una parte de la realidad y con esa parte hace su historia, que luego cuenta en lo que algunos llaman narración.

Homero no cuenta toda la guerra de Troya, sino sólo el último año, y dentro del último año no cuenta todo lo que sucedió, sino tan sólo la cólera de Aquiles. Esa es la razón por la que (cosa que sorprende a muchos que no han leído las obras de Homero), en la Ilíada ni siquiera se cuenta lo del famoso caballo de Troya.

Parece, pues, inevitable que el narrador recorte un pedazo de la realidad y renuncie a mostrarlo todo. Pero a veces el cine o el vídeo también muestra algo que no estaba en la realidad filmada. No me refiero a trucos ni a efectos especiales, a no ser que consideremos que lo que voy a mencionar es un efecto especial accidental.

Entre las cosas que suceden en la pantalla, o ante una cámara, que no suceden en la vida real están las bandas de interferencia que se ven en un aparato de televisión cuando es grabado (no sé si también cuando se emite en él la imagen que se está grabando, creando un circuito cerrado).

O el efecto móvil de los tejidos de muaré o de cuadritos pequeños. Por eso se recomienda que no se lleven vestidos de pata de gallo, o de cuadritos pequeños, o todo blanco o todo negro.

A mí lo más interesante me parece sin duda esas bandas de interferencia que, según creo recordar, expresan algún tipo de problema, fórmula o paradoja matemática. Creo que algo relacionado con un bucle de autorreferencia o algo parecido.

Si tú, lector atento, sabes a qué me refiero, escríbeme un comentario y te lo agradeceré, al menos digitalmente.

Pero también me pregunto si podría encontrarse algo semejante en lo que la narración mostrase algo que no está en la realidad, pero ahora referido a la estructura. Un ejemplo trivial sería presenciar como sucesivos dos acontecimientos simultáneos, o verlos desde dos puntos de vista (como un accidente de coche, que se repite invertido en el montaje para ahorrar y fingir más espectacularidad).