Un ejemplo de conmovedora solidaridad entre los diversos órdenes de la naturaleza

 

Coincidiendo con la detección de al menos dos gérmenes, virus o bacterias que pasan las horas en mis pulmones [en 1996], mi ordenador empezó a volverse loco, atacado también por un virus que escapaba toda posible detección.

Tuve que cambiarle la sangre y la médula espinal (que supongo que será la equivalencia) y después  darle la vida de nuevo.

Pero, no bien mi ordenador todavía convaleciente empezaba a recuperar sus capacidades, mis plantas decidieron unirse al grupo de infectados.

Desde hace días ya venía yo observando esa plaga de feas mariposas con que nos ha obsequiado la llegada del calor.

Hoy he sabido que dentro de una o dos semanas se producirá una invasión de orugas que nacerán de los huevos puestos por estas mariposas africanas, que tienen el curioso nombre de autografa gamma, porque en su lomo parece leerse la letra gamma.

Mi ordenador se recupera, yo tal vez me cure por los antibióticos específicos, pero ¿y mis plantas? Eso es lo que más me preocupa ahora.

Dicen que hay que fumigar.

 

(1996)


2020: el cuadro de las plantas de mi terraza debí pintarlo antes de la invasión de la autógrafa gamma, que no recuerdo si acabó con mi jardín.

Los diversos órdenes son el mundo vegetal, el mundo animal (yo) y el mundo artificial.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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Las razones de la infidelidad

Esta entrevista se publicó en 2011 en la página de contactos Gleeden. Por espíritu de fidelidad, la transcribo tal cual.

Gleeden, quiso saber que opinaba un experto en infidelidad, Daniel Tubau, autor de ”Elogio de la Infidelidad”

1. ¿Piensa usted que la infidelidad tiene varios niveles?

Para ser infiel hay que creer en la fidelidad, así que supongo que la primera diferencia se da entre quienes no defienden la fidelidad y quienes sí lo hacen: sólo los segundos son propiamente infieles. Quizá una diferencia importante se da entre quienes han sido infieles de manera muy ocasional y aquellos que lo son muchas veces. Digamos, entre la infidelidad casi por accidente y la que es buscada a conciencia.

2. ¿Qué es para usted ser infiel?

Puede ser muchas cosas. A menudo el infiel es más sincero de lo que lo es quien reprime y esconde sus deseos, o quienes exigen a los demás que lo hagan. No creo que la fidelidad sea una virtud y tampoco que lo sea la infidelidad, aunque en muchos casos la infidelidad es un paso necesario para descubrir lo que sentimos, para no reprimir nuestros deseos y disfrutar de una vida más plena.

3. ¿Cuáles son para usted las principales causas de la infidelidad?

Se suele decir que son el aburrimiento y la monotonía, y es posible que esos factores tengan cierta influencia, pero creo que la causa más importante es el deseo, que es una pulsión básica en el ser humano, tanto desde el punto de vista biológico como desde el intelectual. Lo que hace que ese deseo se convierta en realidad puede ser, en efecto, el aburrimiento y la monotonía, que pueden ayudar a enfrentarse al miedo y la autorrepresión. También la vanidad y el deseo de ser amado y deseado están en el origen de muchas infidelidades.

4. Según su opinión, quiénes son los más infieles, ¿los hombres o las mujeres?

Hasta hace no mucho es evidente que lo eran más los hombres, porque podían serlo sin que eso tuviera terribles consecuencias. En los países en los que las mujeres gozan de igualdad, supongo que las cosas están igualadas, aunque si consideramos el uso de la prostitución como infidelidad (y seguramente deberíamos hacerlo), entonces está claro que los hombres son más infieles, porque la prostitución masculina no está tan extendida. De todos modos, es difícil saberlo, porque las mujeres son mucho más discretas que los hombres, no sólo con sus mejores amigas, sino incluso en encuestas anónimas, un dato que han revelado estudios recientes.

5. ¿Todos podemos ser infieles?

Sí, y probablemente todos deberían serlo más de una vez. En mi libro sostengo que la fidelidad no esconde ningún valor positivo y que es sólo una falsa virtud, inventada para reprimir y someter a los demás y a uno mismo, no sólo en el terreno sexual, sino en el de la amistad, la política o la sociedad.

6. ¿Se puede estar enamorado de varias personas a la vez?

El enamoramiento es muy difícil de definir y no es lo mismo que el amor (que también es complejo y cambiante). Ortega y Gasset decía que el enamoramiento pasional era “un estado de estupidez transitorio”. En dicho estado, creo que sí se puede estar enamorado de varias personas a la vez, aunque nos cuesta reconocerlo porque nos han enseñado que ese sentimiento debe dirigirse a una única persona. En cuanto a amar, también se puede amar a varias personas a la vez, aunque creo que para muchas personas el verdadero problema es aprender a amar. El amor, como decía el filósofo chino Mo Di, debería tender a ser universal, no particular o familiar (como decía su rival Confucio).

7. Los sitios de reencuentros virtuales entre personas casadas están proliferando en todo el mundo, ¿Cree que la sociedad española es hipócrita en lo que la infidelidad se refiere?

La sociedad española, y supongo que cualquier otra, es terriblemente hipócrita en el asunto de la infidelidad. Basta con observar a todos nuestros amigos que defienden la fidelidad en público, y que en privado practican la infidelidad. Pero, claro, para muchas personas, el picante de la infidelidad lo pone precisamente el que sea algo prohibido, oculto. Eso añade interés y excitación a situaciones y relaciones que quizá serían más insípidas de suceder de manera abierta. No desprecio el placer de lo prohibido, pero en mi caso no lo practico con la infidelidad, porque ni soy fiel ni exijo fidelidad.

8. ¿Cree que los sitios como Gleeden son necesarios en la sociedad?

La posibilidad de conocer con cierta facilidad y sin falsos pudores a personas con las que quieres mantener relaciones sexuales de manera discreta es probablemente necesaria para muchas personas y sin duda muy recomendable.

9. ¿Qué piensa sobre Gleeden.com?

Me parece una iniciativa interesante para lograr que sucedan cosas que de otra manera serían más difíciles. Es una de las grandes virtudes de Internet: nos permite descubrir que hay otras personas que piensan o desean lo mismo que nosotros, y hace posible que las conozcamos.

10. ¿Qué le llamó la atención del tema de la infidelidad?

Siempre me llamó la atención la hipocresía de los fieles y el aspecto represivo de la fidelidad. Sin embargo, he tenido la suerte de no ser educado en la represión y no recuerdo haber creído nunca en la fidelidad, aunque la he practicado en alguna ocasión, cosa de la que me arrepiento.

11. ¿Encontró muchos problemas a la hora de editar “Elogio de la infidelidad”?

Es un libro que escribí hace ya bastantes años y es cierto que ha pasado por varias editoriales que han mostrado su interés por él, aunque finalmente ha habido que esperar hasta 2011 para que lo editara Evohé. Pero no creo que haya sido por problemas de censura, sino por diversas circunstancias.

12. ¿Qué le llevó a escribir sobre la infidelidad?

A los 16 años escribí un breve ensayo llamado Sobre el sexo y su relación con la infidelidad en el que ya me pronuncié claramente a favor de la infidelidad. Es un tema que siempre me ha interesado, porque me inquieta todo lo relacionado con los prejuicios, tabúes y represiones, y cómo luchar contra ellos.

13. En el caso de que haya tenido que suprimir alguna frase del ensayo ¿Cuál es la frase o párrafo que más le ha dolido suprimir?

No recuerdo haber tenido que suprimir ninguna frase, a no ser las motivadas por correcciones de estilo. Pero si tenía muchos argumentos bastante convincentes de los que prescindí al final, por cortesía y para evitar que el lector se pudiera sentir ofendido y  que eso le impidiera reflexionar sobre lo que digo en el ensayo.

14. ¿Tiene algo de biográfico esta obra?

Hasta los ensayos más abstractos tienen algo de biográfico, sin duda. Este libro tiene bastante de mí mismo, puesto que siempre he estado en contra de la fidelidad, aunque personalmente no soy infiel, puesto que no creo en la fidelidad. Es por otra parte, un libro sincero y ninguno de los argumentos choca con mis propias convicciones, sino todo lo contrario.

15. ¿Cree que su libro sirve de autoayuda a los lectores?

Todo libro sirve de ayuda a quien lo lee. En el caso de los libros de autoayuda, muchos de ellos, más que ayudar al lector, le dicen lo que quiere escuchar y a menudo le hacen persistir en sus prejuicios, más que ayudarle a disolverlos. Yo he intentado, más que convencer o satisfacer al lector, darle buenas razones para pensar y para dejar atrás muchos prejuicios inútiles. He intentado huir de recetas fáciles y argumentos falaces y respetar la inteligencia del lector. Por eso lo he iniciado con una frase de San Agustín “La discusión es la única batalla en al que el que pierde gana”. Espero que algunos lectores sientan, al terminar el libro, que han perdido prejuicios y han ganado en sensatez y libertad.

***********

Elogio de la infidelidad
Editorial Ningún mañana, 2019
Comprar ebook 

Un ensayo que defiende la libertad y la razón y que niega que la fidelidad sea una virtud.
Entretenido, divertido y convincente, a pesar de refutar muchas ideas preconcebidas.
“Chispeante y demoledor” (Pilar González, arqueóloga e historiadora)

 


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[Entrada publicada en 2011]

Lili Boulanger

La ilustre enferma

Quiso un azar malévolo y bromista que, cuando fui a descansar a casa de mi madre, me llevase un libro de Keats y otro de Aloysius Bertrand. Los dos murieron jóvenes y enfermos. Ese mismo azar ha actuado de nuevo ahora de manera menos explicable al dejar que mi vista se detuviese en un disco de Lili Boulanger.

Me interesó primero el título  “Du fond de l’abîme” (Desde el fondo del abismo) y que se tratara de una compositora. Leí después los títulos de los temas: 

Du Fond De L'Abime (Desde el fondo del abismo)
Psaume 24  (Salmo 24)
Psaume 129 (Salmo 129)
Vielle Priere Boudhique (Oración budista antigua)
Pie Jesu (Piadoso Jesús)
Pieces Pour Violon Et Piano (Piezas para violín y piano)
Nocturne (Nocturno)
Cortege (Cortejo)
D'un Matin De Printemps (De una mañana de primavera)

Todo esto me hizo pensar en una música semejante a Poulenc. Decidí comprar el disco, que también era muy barato, 795 pesetas. También había visto la fecha, pero conscientemente al menos, solo me había dado cuenta de que la compositora había vivido entre final del siglo XIX y principios del XX. La sorpresa vino a leer el cuaderno interior.

Junto a una hermosa foto de Lili Boulanger, el texto explicaba que Boulanger había vivido tan solo un año más que Guillaume Leuke (1870 a 1894) con el que también comparte su precocidad musical. Boulanger vivió desde 1893 a 1918: veinticinco años. No se daban mucho detalles, pero parece claro que murió a causa de una enfermedad:

“Elle ressent bientôt les atteintes du mal qui doit l’emporter et, des 1916 a conscience que son temps est désormais compté”.

(“Pronto siente los ataques del mal que se la llevará y, desde 1916, es consciente de que su tiempo se está acabando”.

El director de la grabación, Igor Markevitch, dice que de la obra de Lily Boulanger le sorprende su soledad. Solitaria, dice Jen Roy, lo fue .

“Les dernières années surtout, ù elle connut la double clôture de la maladie et du travail accompli dans l’urgence”

(“Los últimos años en especial, cuando experimentó la doble prisión de la enfermedad y del trabajo realizado con urgencia”.)

El día de la muerte de Lili Boulanger: 15 de marzo 1918.

(1996)


2020: El Salmo 129 es probablemente la pieza que más escuché del disco durante aquellas tardes en la calle Sambara.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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El origen de mis males: los bronquios

«La traquea se divide al entrar en el tórax en dos bronquios, derecho e izquierdo, que conducen el aire hacia y dentro hacia afuera de los pulmones. Luego, las bronquios se dividen y subdividen como las ramas de un árbol, haciéndose cada vez mas finos. Las últimas ramificaciones, de un milímetro aproximadamente de diámetro, se llaman bronquiolos y terminan en los conductos alveolares. los alveolares son dilataciones de las paredes de estos sacos.

La traquea las bronquios mayores se mantienen constantemente abiertos, como el tubo de un aspirador, mediante los anillos cartilaginosos que los rodean. Los bronquios menores y los bronquiolos son musculares y su calibre es variable.

La inspiración se efectúa mediante la contracción de los músculos intercostales, pares de músculos que unen entre sí cada par de costillas».

Sección de dos costillas adyacentes que muestra la situación de los musculos intercostales y el paquete vasculonervioso.

«Al contraerse, los músculos separan las costillas y aumentan así la capacidad del tórax. Además, el diafragma, que cuando está relajado forma una cúpula de convexidad superior, al contraerse ensancha el tórax, aplanado su cúpula».

(1996)

2020: Estas notas sin interés para nadie más que para mí, reflejan mi deseo de entender la enfermedad que estaba experimentando en aquellos meses (y cuyas consecuencias se prolongaron varios años). Las copio aquí, como diría Villiers de L’Isle Adam, tan solo por “espíritu de fidelidad”… a la libreta en la que escribí estas Ocurrencias de un enfermo. Se trata de citas de algún libro, que no he localizado.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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Cuando estamos sanos…

Cuando estamos enfermos y en nuestra mente penetra la imagen de una enfermedad terrible, adoptamos tremendas resoluciones, como una promesa a cambio de curarnos de la enfermedad y de nuestras preocupaciones presentes.

Nos aseguramos a nosotros mismos que, si nuestros peores temores no se confirman, entenderemos lo importante que es vivir y vivir sano; lo absurdo de perder tiempo y ganas preocupándonos en nuestra vida cotidiana de asuntos que no merecen siquiera que nos detengamos en ellos. Pesamos en amigos a los que no hemos prestado la atención debida y en cosas que debimos hacer y no hicimos.

Después nos curamos, o nuestros temores más negros se disipan, y olvidamos todas nuestras buenas intenciones. Espero que esta vez no sea así, aunque, afortunadamente, mi enfermedad quizá no sea lo bastante grave como para provocar una mutación semejante.

De una curiosa manera, se podría invertir aquel dicho latino:

Quam valemus, bona consilia habemus (Cuando estamos sanos, buenos consejos damos)

y convertirlo en

Quan non valemus, bona consilia habemus (Cuando enfermamos, buenos consejos [nos] damos)

o algo parecido.

El dicho clásico se dirige a quienes dan consejos a los enfermos, mientras que mi variante es una reflexión del enfermo acerca de sí mismo.

Si el dicho clásico se puede ejemplificar en una sonrisa irónica del enfermo a quienes no padecen su enfermedad y le dan consejos, el dicho modificado debemos recibirlo nosotros mismo con gesto serenos, constatando su verdad: es cierto que estando enfermos nos damos buenos consejos, pero no sobre la enfermedad, sino sobre la vida. Consejos que, ¡ay!, olvidamos en cuanto recuperamos la salud.

(1996)

El día 13 de junio de 1996 anoté en la libreta algo que me sucedió cuando caminaba por la calle:

«¡Pobrecito mío!» -exclama una vieja mendiga al verme pasar.

Por un momento pensé que era una premonición de mi cercana muerte, como en un cuento de misterio y terror, pero supongo que mi aspecto de enfermo era bastante llamativo.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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Epicuro

El ilustre enfermo

Epicuro es uno de los ilustres enfermos más famosos de todos los tiempos.

Nació en el año 341 antes de nuestra era en Samos. Estudio con Nausífanes, seguidor de Demócrito, y acabo estableciéndose en Atenas.

Allí, cuando ya Alejandro había dejado su vida en el Palacio de Nabucodonosor, crea su propia escuela, a semejanza del Liceo de Aristóteles y la Academia de Platón. La suya se llamó el Jardín.

Escribió muchísimas obras, en cuyos títulos se adivina que le interesaron todos los asuntos, aunque está muy difundido el tópico que asegura que despreciaba todos los conocimientos que no fueran el de la búsqueda de la felicidad. A él y a su escuela se les acusó de buscar ciegamente del placer y de intentar satisfacer los más bajos instintos del ser humano.

Sus doctrinas inspiraron el poema quizá más extraordinario de todas las épocas: De rerum natura  (De la naturaleza). Lucrecio se suicidó.

La filosofía epicúrea y la estoica fueron durante muchos años las dos escuelas principales en Roma, y el ruido sus combates todavía debe estar viajando entre las estrellas. Séneca, el estoico más célebre admiraba, sin embargo, a Epicuro y no se dejaba llevar por algunas simplezas de la escuela estoica acerca de este pensador.

En cuanto Epicuro, las informaciones sobre su carácter son contradictorias. Se dice que la envidia era en el una pasión no reprimida, qué insultó de palabra y por escrito a todos los filósofos; que su fatuidad le llevaba a celebrar como un día especial el de su cumpleaños, fatuidad que cómete casi toda la humanidad (yo no lo hago, consciente de que el mundo nada ganó con mi aparición).

Otros dicen que era amable, bondadoso y moderado en sus placeres, y que siempre se preocupó del bienestar de sus discípulos y amigos.

Como los sabios taoistas decía que el filósofo no debe meterse en asuntos políticos y que debe ser autosuficiente o autárquico, lo que no está reñido ni con un cierto amor al prójimo ni tampoco con el elogio de la amistad como fuente de la más perfecta felicidad, cómo lo recuerda Carlos García Gual.

En el Jardín de Epicuro podían entrar mujeres, incluso prostitutas, y esclavos, y todos eran tratados de la misma manera.

Epicuro, que predicaba una filosofía del placer y la felicidad, estuvo enfermo gran parte de su vida. A veces no podía abandonar su lecho de enfermo. Carlos García Gual lo compara, en este sentido, con Nietzsche y con William James.

Decía Nietzsche de Epicuro:

“Una felicidad tal solo la ha podido encontrar un experimentado sufridor, es la felicidad de un ojo ante el que se ha vuelto sereno el mar de la existencia y que no puede saciarse de contemplar la superficie de la piel marina, nunca antes se presentó una moderación tal de la sensualidad”.

Se puede comprender fácilmente que Epicuro considerarse como estado placentero el estado de salud, es decir el estado el que no sentimos dolor.

Y esta es una carta que escribió cuando ya la enfermedad estaba llevando a su cuerpo al final de la vida:

Cuando estoy pasando y  a la vez acabando los felices días de mi vida, te escribo las siguientes líneas. Me continúan las afecciones de vejiga e intestinales, que no dan tregua al exceso de gravedad que les es propia. Pero se enfrenta a todo eso la alegría espiritual, fundada en el recuerdo de las conversaciones filosóficas que sostuvimos nosotros. Por otro lado, tú, de acuerdo con tu dedicación a mi persona y a la filosofía, cuida de los hijos de Metrodoro.

(1996)

 


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2011 y de nuevo en 2020 durante el coronavirus]

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Dolor desplazado y fantasmas

Una comparación interesante entre el cuerpo humano y las casas habitadas por fantasmas: cuando sentimos un dolor en el hombro, eso puede deberse a un problema que tenemos en el hígado. El lugar del que procede el dolor y el lugar en el que sentimos el dolor no se corresponden necesariamente.

Lo mismo sucede con los edificios: a veces oímos a nuestro vecino rascar la pared, o dar golpes, y lo oímos con gran nitidez, pudiendo localizar con gran precisión la procedencia del sonido. Y entonces, como me sucedió  a mí ayer, nos acordamos de que no tenemos vecino.

Los ruidos en un edificio son como el dolor en un cuerpo humano: no hay una necesaria correspondencia entre el lugar en el que se escuchan y el lugar donde se originan.

(1996)

Comentario en 2011

Me alegra haber encontrado esta antigua anotación, porque, muchos años después de escribirla, encontré la fascinante comparación que hace Walter Murch entre el dolor desplazado y las películas:

“A veces parece que una escena no funciona y se elimina de la película, pero el error no está en la escena, sino en otras escenas anteriores que hacen que esa escena no funcione”.

Son tres comparaciones interesantes: dolor desplazado, casas fantasmales y películas, de un fenómeno semejante, que tal vez se podría llamar causas desplazadas.
Intentaré encontrar más ejemplos.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2011 y de nuevo en 2020 durante el coronavirus]

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El aumento de la nada

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Del mismo modo en que la nada con la nada aumenta, ¿pues acaso los muertos no son otra cosa que nada, y sin embargo su número constantemente aumenta?

(20 de agosto de 2010)


“Vete, escóndete de este matadero para que no aumentes el número de los muertos”.

Ricardo III, IV


Graciela comentó el 31 de agosto de 2010:

Esto me hizo acordar lo que preguntaba Leibniz, ….y lo descontextualizo,….”¿por qué hay ente y no mas bien nada?”

Creo y se mezclan palabras en mi discurso….porque la nada es lo mas simple, allí vamos todos. Lo difícil es dar cuenta del existir.

Decimos nada y decimos algo, y al decir algo ¿le conferimos estatus epistemológico a la nada? ¿en qué nivel?. A ver si nos entendemos y logramos comunicarnos.


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Los deseos

Desear algo que no se tiene (o desear seguir teniendo algo que ahora se tiene) puede ser muy poco saludable. Si una persona se pasa todos los días lamentándose, de pensamiento o de palabra, por las cosas que no tiene, está alimentando negativamente a su cerebro. Incluso aunque no se lamente de manera explicita y se limite a desear continuamente esto o aquello en la intimidad de su conciencia, por ejemplo, tener una casa o un coche o unos amigos mejores de los que tiene, se estará perjudicando mentalmente. Ningún acto mental pasa inadvertido, todos tienen su efecto en la mente. Estos deseos no cumplidos se acumulan, repetitivos, en el cerebro día tras día, y eso se convertirá en el futuro, de no cumplirse los deseos, en frustraciones e infelicidad. Incluso cuando se cumplen los deseos, desear de manera obsesiva algo que no se tiene produce efectos negativos. No se puede borrar de la noche a la mañana todo lo que hemos acumulado durante años, del mismo modo que una úlcera provocada por un mal hábito alimenticio se puede aliviar cambiando el régimen, pero no se puede cerrar de manera definitiva. Si volvemos a malcomer, reaparecerá la úlcera. 

(Desde que escribí lo anterior, se ha descubierto que la úlcera es provocada por una bacteria y que sí se puede curar. 2020: en realidad se había descubierto antes de 1992, a pesar de que el primer investigador que lo dijo fue duramente criticado, pero yo todavía no lo sabía o no pude acceder al tratamiento. En cuanto me enteré, yo mismo, con supervisión médica, me apliqué el tratamiento y me libré de las úlceras o al menos de las llagas y del dolor constante, porque el H.Pylory puede seguir en el estómago. Así que podemos sustituir la metáfora de las úlceras por cólicos nefríticos, piedras en el riñón (lo que recuerda a las piedras en el pozo de que las que ya hablé, aunque espero que pronto también cambiemos la metáfora, pues se empieza a decir que también esas piedras podrían deberse a una bacteria eliminable o al menos controlable: ojalá, porque también me gustaría librarme de esas piedras).

La conclusión es que podríamos decir, siguiendo con la imagen del karma, que otra acumulación de karma mental perniciosa se produce no por medio de conceptos, educación o ideas, sino por causa de los deseos.

No se puede dejar que un miembro gangrenado no sea curado de inmediato, o al menos lo antes posible: dejar crecer la infección es permitir que se desarrolle una gangrena que obligará a amputar el miembro. Esto se tiene en cuenta con las heridas físicas, pero no se advierte en relación con las heridas mentales. Estar dominado de manera constante por lo que en el budismo (pero también en el lenguaje común) se llaman malos pensamientos influirá en la mala salud mental de una persona, incluso aunque consiga algún día cambiar su carácter, del mismo modo que cuando se deja de fumar debe pasar bastante tiempo hasta que los pulmones recuperan su condición original: hay que sacar las piedras que se han ido acumulando en el pozo durante años.

Taisen Deshimaru

Los efectos perniciosos de los deseos es uno de los aspectos centrales del pensamiento budista, pero no puedo tratarlo aquí en detalle, pues, aunque quedan muchas cosas pendientes, es hora ya de terminar. Solo añadiré que si al lector le molesta llamar acumulación de karma a lo que aquí se describe, lo puede traducir a su lenguaje favorito.

Como dice Taisen Deshimaru: si tengo que explicarle una idea a alguien al que le gusta la filosofía, recurriré a Descartes, Platón o Aristóteles; pero si mi oyente tiene tendencias místicas, se lo explicaré en un lenguaje espiritualista; si se trata de un científico, hablaré de átomos o de campos de fuerza. Eso no significa que una misma cosa dicha en lenguajes diferentes sea correcta en todos ellos, y ni siquiera que sea correcta. Se trata, simplemente, de intentar comunicar algo a otra persona sin que los filtros de sus hábitos o de sus prejuicios le impidan escuchar con atención.

Continúa en La apuesta de buda (epílogo  Acerca del karma)


 


[Escrito en 1992. Revisado en 2020]

ACERCA DEL KARMA

El origen de Acerca del karma

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Primera aproximación kármica


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Causas y efectos: herencia, deuda y reencarnación

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Una existencia hecha de retales

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El peligro de los hábitos

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Las ideas y el carácter

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Los deseos

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La apuesta de Buda

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Las ideas y el carácter

Es un lugar común decir que el carácter de una persona no se puede cambiar. Una persona podrá cambiar de hábitos, comportarse de otra manera en determinadas circunstancias, pero la esencia de su carácter no puede cambiar. Hay niños que ya desde pequeños tienen un carácter agresivo, mientras que otros son mansos. El carácter, en definitiva, parece ser un producto biológico inevitable, inserto en nuestros genes.

Siempre he sido escéptico ante este tipo de argumentos, pero no es descartable por completo que en los genes haya algo así como alelos que afecten o determinen de alguna manera los diferentes caracteres: curiosidad, agresividad, tozudez, etcétera. Sin embargo, eso no significaría necesariamente que no fuera posible cambiar el carácter.

En una ocasión discutí con mi padre acerca de si la función crea el órgano. Nos referíamos en concreto al asunto del chismorreo, la maledicencia y el hecho de criticar a los demás. Yo opiné que, en efecto, la función crea el órgano: si retienes y no haces públicas las críticas fáciles y despectivas que se te ocurren de manera espontánea al hablar de otra persona, al cabo de un tiempo ese tipo de cosas ya no se te ocurren espontáneamente. No es que pierdas la capacidad de crítica, que es muy saludable en ciertos casos, pero ese espíritu crítico ya no se convierte un impulso destructor y mezquino.

Es posible, en consecuencia, establecer una lucha entre dos conciencias, el pensamiento espontáneo, que a menudo es adquirido por desidia e imitación, frente al reflexivo, que te impulsa a mejorar.

Se podrá discutir, es cierto, si lo anterior significa que es realmente posible cambiar el carácter, pero en este terreno es aplicable aquello que decía Eysenck: «Desaparecido el síntoma, desaparecida la enfermedad».

Continua en Los deseos


En 2020: algunas de las ideas que aquí expresé se parecen a las que Kahneman popularizo en los últimos años en libros como Pensar rápido, pensar despacio. Tal vez me refiera a ello en un epílogo cuando acabe de publicar este Acerca del karma.


[Escrito en 1992. Revisado en 2020]

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