Cine y física cuántica

En el cine y en la física atómica los intermedios se saltan.

El electrón no pasa gradualmente de una órbita a otra, sino que salta de una a otra sin transición. Eso es lo que se llama un salto cuántico. En el cine, a pesar de la apariencia de continuidad, se salta de un fotograma a otro y de una serie de fotogramas a la siguiente: tampoco hay continuidad bajo las apariencias. (2007)


2019: La experiencia cinematográfica es una de las mejores metáforas para imaginar como plausible el comportamiento asombroso del mundo atómico, como se ve.

Pero también nos sirve para casi lo contrario cuando se trata de la naturaleza del mundo cuántico. Es decir, cuando no nos referimos al salto cuántico del electrón de una órbita a otra, sino cuando hablamos del salto cuántico aplicado al colapso de la función de onda, es decir, a lo que sucede cuando efectuamos una medida sobre un sistema cuántico.

(Lo que sucede es que el resultado de la medida parece aleatorio y es imprevisible).

SE podría decir que, del mismo modo que bajo la aparente continuidad y fluidez de la experiencia cinematográfica existe discontinuidad (fotogramas separados), bajo el comportamiento imprevisible de las partículas subatómicas podría existir una explicación causal que no podemos ver, como tampoco vemos los fotogramas en la sala de cine. Serían los fotogramas ocultos. No sé si se podría comparar esto con las hipótesis de variables ocultas.

Por otra parte, esta ilusión de continuidad que producen los fotogramas del celuloide y su proyección (con el obturador que se abre y se cierra, etc.) también es una buena metáfora para aceptar como posible que vivamos en un universo parpadeante, que aparece y desaparece a cada instante. La hipótesis del universo parpadeante no es una fantasía o pseudociencia, sino que  ha sido propuesta por algún físico actual.


Física cuántica

Por qué no creo en la interpretación de los mundos paralelos

¿Por qué no creo en la interpretación de los mundos paralelos? Por varias razones. Porque comparto lo que dice Lucrecio en su Sobre la naturaleza: si en las mismas circunstancias suceden dos cosas diferentes, entonces de una semilla de trigo … Sigue leyendo

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Precedentes de los memes

|| Memes, ideas y mundos /4

En El gen egoísta, Dawkins, como ya hizo al hablar del egoísmo de los genes, también señala unos cuantos precedentes de su teoría de los memes:

La analogía entre la evolución cultural y la genética ha sido frecuentemente  señalada, en ocasiones en el contexto de innecesarias alusiones místicas. La analogía entre progreso científico y evolución genética por selección natural ha sido ilustrada especialmente por sir Karl Popper. Desearía adentrarme algo más en algunos sentidos que también están siendo explorados, por ejemplo, por el genetista L. L. Cavalli-Sforza, el antropólogo F. T. Cloak y el etólogo J. M. Cullen.”

Karl Popper, en efecto, comparó la lucha entre teorías científicas con un proceso de selección cultural que podía tener similitudes con el de la selección natural. También propuso que debemos dejar el asunto de la vida y la muerte en manos de esas teorías, hipótesis o conceptos: que se maten nuestras teorías entre ellas, en vez de hacerlo nosotros, lo que parece muy razonable.

Jordi Cortés Morato añade otros precedentes:

“Por otro lado, vista desde la perspectiva de la filosofía, la doctrina de los memes tiene antecedentes en tesis clásicas. En cierta forma puede verse como un peculiar desarrollo de la teoría de las ideas platónicas; de la teoría averroísta del entendimiento agente; como una interpretación de la filosofía del espíritu de Hegel o de la teoría de la ideología de Marx, o de la diferencia husserliana entre noesis y noema; e incluso se podría relacionar con las tesis orteguianas sobre las generaciones. Pero su proximidad mayor es con la teoría de los tres mundos de Karl Popper y su defensa de un conocimiento objetivo sin sujeto cognoscente.”

Tengo la intención de analizar más adelante algunas de estas teorías, una vez que conozcamos en detalle la hipótesis de los memes de Dawkins.

Finalmente,  Alberto Piscetelli menciona otro curioso precedente:

“Esbozada formalmente en el último capítulo de la obra The Selfish Gene (El Gen Egoísta) del etólogo Richard Dawkins, esta teoría tiene sus precedentes en la obra The Ticket that Exploded (El Ticket que Explotó) del escritor y poeta “beat” William Burroughs.”

Ya habrá ocasión de comentar más adelante la extravagante pero interesante hipótesis de Burroughs según la cual, la palabra escrita es un virus que infectó a la especie humana.

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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Memes, ideas y mundos

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 CUADERNO DE CIENCIA

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CUADERNO DE BIOLOGÍA

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BREVÍSIMA INTRODUCCIÓN A LA BIOLOGÍA MOSCA Y CAJA

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Preguntas acerca del movimiento según Aristóteles

1. ¿Existe el reposo para algún cuerpo en la física, en el universo de Aristóteles?

2. Cuando un cuerpo móvil trasporta a uno inmóvil, ¿éste cambia de lugar?

3. Si la contigüidad se averigua por el movimiento, ¿son contiguas la Tierra y la Luna.


2018: supongo que estas tres preguntas surgen a partir de las clases a las que asistí en 1990 de la asignatura de Filosofía de la Naturaleza, impartida por la profesora Ana Rioja. Me gustaban mucho esas clases y su explicación de la teoría del movimiento de Aristóteles me pareció interesantísima. Son preguntas difíciles de contestar, que quizá dan pie a desarrollos teóricos interesantes, pero para ello debería repasar aquellas lecciones o el planteamiento de Aristóteles.

Quizá sea posible encontrar una actualización de los planteamientos aristotélicos en Esbozo de una semiofísica, de René Thom.


Aristóteles

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Preguntas cuánticas estúpidas

Si la mecánica cuántica no te conmociona profundamente, es que no la has entendido todavía.

[2017: estas son algunas preguntas que me hice en 1995, en un momento en el que estaba muy interesado por la física cuántica. Son preguntas de un ignorante que apenas sabía del tema. Hoy soy un poco menos ignorante, pero sigo sin conocer las respuestas a muchas de las preguntas y haciéndome preguntas incluso más estúpidas]

 

Quizá parezca una tontería, pero, ¿no sería posible que esos electrones cuya trayectoria no se puede predecir fuesen afectados por sucesos exteriores? Me explico, supongo que esos electrones se desplazan en el vacío, pero ¿está realmente vacío ese vacío?, ¿Puede asegurarse?

Por otro lado, el electrón habrá de entrar por una u otra ranura, pero, ¿se pretende que ambas ranuras son exactamente iguales? Con que hubiese una diferencia infinitesimal, el electrón ya no se vería ante posibilidades iguales.

Además, ¿cómo se dispara el electrón?

¿Se pretende que un electrón puede ser lanzado en una línea que sea exactamente equidistante de ambas ranuras?

Otra cosa, ¿los electrones particulares son exactamente iguales que el electrón tipo? Supongo que nadie pretenderá que un cubo de 4×4 centímetros es exactamente igual que otro cubo particular de 4×4 cm, y mucho menos exactamente igual que un cubo ideal de 4x4cm.

No sé cómo se dispararán los electrones, pero ¿se puede asegurar que aquello que los lanza lo hace siempre con la misma intensidad? ¿Es posible decidir de antemano tal intensidad? ¿Es posible decidir de antemano tal intensidad a la escala de un electrón?

Más: el electrón, ¿se mueve libremente?, ¿se impulsa a sí mismo? Lo pregunto porque, de no ser así, no habría que interrogar al electrón, sino a su propulsor.

Estoy casi seguro de que mis objeciones son estúpidas y que se deben a que no he comprendido realmente el asunto, pero seguiré con ello (respecto al momento y posición del electrón) más adelante.

Richard Feynman, el hombre que más sabía de mecánica cuántica en la segunda mitad del siglo XX.


[Escrito en 1995]

 FILOSOFÍA DE LA FÍSICA CUÁNTICA

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[Escrito por primera vez  después de 1994 y antes de 1996, como un trabajo universitario. La edición actual procede de la edición personal de 1998. No he introducido ningún cambio, más allá de correcciones de estilo para hacer más claro el texto y más agradable la lectura. Ver también la categoría Física: ondas y partículas, para anexos acerca del experimento de la doble rendija]

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Wittgenstein y la metafísica lógica

|| Memes, ideas y mundos /11

Al igual que Neurath (Los positivistas intentan domesticar el lenguaje), Ludwig Wittgenstein también intentó en su Tractatus Logico Philosophicus vencer o superar la ambigüedad del lenguaje corriente. Para lograrlo se inspiró en las ideas de Bertrand Russell y propuso dividir los enunciados o proposiciones en compuestos y simples, “moleculares” y “atómicos”.

Una proposición atómica sería una proposición singular que no contiene una proposición como elemento suyo ni tampoco contiene los conceptos “todos” o “algunos”.

Una proposición molecular sería igualmente una proposición singular, pero que contiene dos o más proposiciones atómicas. Estas proposiciones compuestas tienen la forma de la conjunción o de la disyunción, de la implicación o de la negación.

La idea nueva que proponía Wittgenstein, según Álvaro Pelaez, era que la verdad de las proposiciones compuestas o moleculares depende tan solo de la verdad de las proposiones simples que contienen. La verdas de las proposiones moleculares, por lo tanto, “es una función de verdad de estas”. La consecuencia, nos dice Peláez, es que lo único que importa es la verdad de las proposiciones simples o atómicas y que a partir de ellas se puede deducir “de modo puramente lógico la verdad de las proposiciones compuestas”.

En cuanto a cómo se determina la verdad de los enunciados simples, en opinión de Wittgenstein son verdaderos siempre que al objeto designado mediante el nombre le corresponda “la propiedad o relación designada mediante el predicado”. De este modo, con una definición de verdad atómica que, si no me equivoco, casi coincide con la de Tarsky (“la hierba es verde” si la hierba es verde), Wittgenstein pretendía solucionar todos los problemas de la verdad de las proposiciones moleculares o no simples:

“Las condiciones de verdad de las otras formas de enunciados, las compuestas de elementos se determinan indirectamente a partir del significado de las “constantes lógicas” (Alvaro Pelaez, Neurath).

Aunque el Tractatus de Wittgenstein es un libro legendario, nadie considera hoy en día que su propuesta funcione y lo más extraño es que en algún momento se llegara a creer que podía funcionar, incluso por personas como Bertrand Russell. El propio Wittgenstein rechazó sus ideas y tiempo después dio origen a otro movimiento filosófico con sus Investigaciones Filosóficas. En este libro, retomando algunas de las ideas de la crítica del lenguaje de Mauthner y otros autores, se pasa al bando del lenguaje ambigüo y muestra con bastante agudeza, pero también casi siempre mediante una sencillez grandielocuente que acaba por resultar confusa o trivial, muchos de los problemas casi insolubles que la vaguedad del lenguaje común provoca.

Tanto el intento de Neurath como el de Wittgenstein se asemejan a la teoría de los memes no sólo en su ambición por hacer definida una cosa tan ambigua como puede ser una idea o un concepto, sino también en el tono de su discurso y en su ambición reduccionista. Lo cual no tiene por qué ser malo, puesto que la ciencia es casi por definición reduccionista (reduce la complejidad del mundo o de lo observado a unos cuantos elementos manejables), pero que sí lo es cuando, para alcanzar la sencillez deseada, se aplica con demasiado brío la navaja de Occam y se lleva uno no solo la barba sino la piel.

Todos estos pensadores (Neurath, Wittgenstein en su primera época) pretendían y pretenden de alguna manera ser antimetafísicos, pero todos ellos acaban cayendo en una especie de metafísica materialista. Todos ellos son herederos de una u otra manera de la teoría de las Ideas de Platón, que ya en su época fue ridiculizada por sus detractores con argumentos que se podrían aplicar a los memes, cambiando sólo algún detalle.

La revuelta de Wittgenstein contra la lógica y contra sí mismo y su Tractatus Logico Philosophicus

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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Memes, ideas y mundos

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El problema de la complejidad

|| Memes, ideas y mundos /8

Neuronas, por Johannes Muller

La teoría de los memes o replicadores culturales comparables a los genes que estudia la biología, se enfrenta a diversos problemas. El primero de ellos es el de la complejidad. Jordi Cortés Morato explica que hay 6000 millones de nucleótidos implicados en la constitución genética de una persona, la mitad procedente del padre y la otra mitad de la madre. Parecen números descomunales a primera vista, pero como enseguida aclara Cortés Morato, no son casi nada comparados con el sistema nervioso, pues las neuronas son 10.000 millones de veces más numerosas “y las conexiones entre ellas todavía más”. Trazar un mapa de relaciones con números tan desmesurados parece una tarea que por ahora nos excede, aunque Cortés Morato indica que ya están trabajando en esa línea pensadores que defienden la ciencia de la memética como Daniel Dennet o David Davidson. Ahora bien, no parece fácil encarar un problema como éste teniendo en cuenta que ni siquiera parece fácil definir qué es exactamente un meme:

“La memética se mueve todavía en el terreno de las analogías y las metáforas, al menos hasta que consiga un desarrollo cuantitativo y matematizado, y sea capaz de establecer con mayor precisión (como pasa con la la teoría del mundo 3 de Popper) qué debe entenderse propiamente como meme. ¿El meme de la teoría de los memes se demostrará un buen meme? ¿Será capaz de replicarse hasta convertirse en una teoría respetable? (Jordi Cortés Morato)

Como es obvio, el que algo sea complejo no significa que no pueda ser estudiado y descifrado, pero sí que su estudio puede resultar también extraordinariamente complejo. No se trata de los millones de elementos en sí, puesto que mil millones de granos de arena se pueden estudiar con bastante facilidad, sino de la complejidad de las conexiones y el funcionamiento de esos elementos.

Neuronas, por Santiago Ramón y Cajal

 

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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La teoría de los memes, un meme exitoso

|| Memes, ideas y mundos /6

La teoría de los memes cuenta en la actualidad con el apoyo de numerosos seguidores. Memes es una de esas llamadas palabras de éxito en Internet (como lo es paradigma), que se usa en cualquier contexto para dotar a los argumentos de un brillo aparentemente científico. En los blogs en particular el asunto de los memes es un tema recurrente, pues uno de los desarrollos de la teoría tiene que ver precisamente con los blogs y con Internet, que son “grandes transmisores de memes”.

De nuevo conviene aclarar, en 2017, que me estoy refiriendo a los memes de Dawkins no a esas imágenes o frases pegajosas de internet llamadas memes, que algunas veces se parecen a un lema, potras a un aforismo, en ocasiones a un simple exabrupto, y que van desde el ingenio a la agudeza a la simple estupidez. Los memes de este tipo se inspiraron como es obvio en los memes de Dawkins, pero la concepción de los memes que él propuso tiene un mayor alcance.

 Dawkins ofrece algunos datos del éxito mediático de la memética o ciencia de los memes:

“En 1976 acuñe la palabra “meme” para denominar estas unidades culturales que tienen vida propia y son capaces de autorreplicarse. Desde entonces, como todo buen meme, el término se difundió por el mundo cultural. Para cuantificar este enunciado “metamemético”, busque en la Web: el adjetivo “memético” aparece en 5.042 entradas. A modo de referencia, lo comparé con otros neologismos o expresiones de moda: docudrama apareció 2.848 veces, sociobiología 6.679, zippergate (algo así como “braguetagate, en referencia al escándalo Clinton) 1.752 y post-estructural 577. Continuando con la búsqueda, di con alt.memetics, un grupo de debate que solo el año pasado recibió unos 12.000 artículos como “Los memes, los metamemes y la política” y “Los memes y la sonriente estupidez de la prensa”. Hay también sitios especialmente creados sobre el tema “Memeticistas en la Web” y la “Página de jardinería del meme”; incluso (aunque espero no vaya en serio) ha surgido una nueva religión, “La Iglesia del Virus”, con su correspondiente lista de pecados y virtudes, su santo patrono (San Charles Darwin) y una alarmante referencia a mi persona como “San Dawkins”.”

Eso fue hace unos años, porque ahora (2004) “memetic” ofrece 64.300 resultados y “meme” más de ocho millones.

Los datos actualizados de 2017 son: memetic (1.120.000) y meme 483.000.000 de resultados. El dato, como es obvio, ya no se refiere solo a los memes de Dawkins tal cual, sino a los millones y millones de esos otros memees creados por millones de personas. Supongo que los número aumentarán de manera astronómica, puesto que ahora se propagan en Facebook en esos espantosos carteles coloreados con letras grandes.

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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La otra teoría de Dawkins: los memes

|| Memes, ideas y mundos /2

dawkins-Además de defender la teoría del gen egoísta, Dawkins dedicó un capítulo de El gen egoísta a imaginar un fenómeno que estuviera sometido a selección natural pero que no fuera biológico. Esta es una de las maneras en las que proceden los científicos, la aplicación a diferentes terrenos de una idea o concepto que hasta ahora se ha aplicado en un terreno o disciplina determinado.

Se puede considerar que Dawkins empleó el método de la generalización, puesto que se hace general algo particular: se examina si los mecanismos de la selección natural propuestos por Darwin pueden explicar algo en lo que no estén implicados seres vivos de manera directa. También puede definirse mediante otra de las herramientas más poderosas de la ciencia, el reduccionismo: reducir diferentes fenómenos a una misma explicación, por ejemplo, postular que detrás de la casi infinita variedad de la naturaleza hay un número finito de elementos químicos, que se pueden ordenar en una tabla periódica.  aplicar a otros terrenos una misma explicación. Tanto la generalización como el reduccionismo son indispensables para la ciencia, pero también deben emplearse con prudencia. La generalización a veces funciona y logra explicar un enigma científico, mientras que otras veces es sólo una metáfora iluminadora.

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[Ilustración de Daniel Tubau a partir de una fotografía que es un meme de internet]

 Dawkins pensaba en algo parecido a una metáfora iluminadora cuando intentó encontrar un fenómeno al que se pudiera aplicar la noción de selección natural. Buscaba una imagen que permitiera a sus lectores entender mejor cómo evolucionan los organismos vivos. A lo largo de esta investigación veremos que esa intención primera de Dawkins y la evolución de esa intención en manos de otros pensadores llevó a ciertos problemas y confusiones que el propio Dawkins tal vez no imaginaba. Pero antes de analizar esa evolución de la metáfora dawkiniana, debemos conocerla.

El fenómeno no biológico que Dawkins eligió fue la cultura. Puesto que en la biología la evolución, según él mismo defendía, se producía gracias a los genes, ¿qué elemento básico explicaría la evolución cultural? Dawkins buscó un nombre y, de este modo, inventó la palabra memes:

«Mimeme» [mímesis, imitación] se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a «gen». Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con «memoria» o con la palabra francesa même. En inglés debería pronunciarse «mi:m». (El gen egoísta)

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 (el texto en otro color es de la revisión)]


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Memes, ideas y mundos

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Mi metafísica

metafisica flammarion

No me gusta la palabra metafísica. No me gustan los planteamientos metafísicos ni los sistemas filosóficos metafísicos.

Las filosofías de corte metafísico siempre -o casi siempre- me han parecido casi indistinguibles de las filosofías místicas.

Existe en mí una fuerte tendencia a identificar los términos metafísica-mística-mítico, quizá por la proximidad de su sonido.

Pero se me dice que el rechazo de la metafísica es un planteamiento metafísico y que detrás de toda física hay una metafísica. Yo acato esta opinión tan extendida, aunque no la comparto, o la comparto de un modo trivial.

Me explicó: sé que la palabra ‘metafísica’ procede de un célebre accidente: cuando Andrónico de Rodas ordenó las obras de Aristóteles, incluyó varios tratados de contenido diverso en un sólo volumen. Este volumen lo situó a continuación de la Física, así que acabó siendo llamado Metafísica (meta= después, a continuación).

A causa, pues, de este afortunado error, se ha denominado ‘metafísica’ al estudio de aquello que está más allá de la física. Dicho de otro modo: la metafísica se ocupa de lo que realmente existe, mientras que la ontología estudia lo que meramente hay (lo aparente).
He aquí el motivo de mi rechazo a la metafísica. Yo creo que es una falacia distinguir entre lo que realmente existe y lo que existe aparentemente, puesto que, aunque creo que pueden existir cosas que no conocemos o que no percibimos (pero que quizá llegaremos a percibir), esas cosas existen tan realmente como existen las cosas aparentes.

Pero de eso hablaré más adelante.

Así pues, mi metafísica no postula una realidad trascendente.

Luego, creo yo, es impropio incluso considerarla metafísica.

Pero, como está establecido, como ya dije antes, que el rechazo de la metafísica es una elección metafísica, acepto considerar lo que viene a continuación como mi metafísica.

(1) NO EXISTE UN MUNDO REAL Y UN MUNDO APARENTE
El mundo que percibimos es considerado mera apariencia por los esencialistas y por los místicos. Yo creo que el mundo que percibimos es resultado de la interacción entre nuestros sentidos y el mundo exterior. Ed Witten dice que existen unas partículas diminutas llamadas ‘supercuerdas’. Una de estas partículas es respecto a un átomo como un átomo es respecto al planeta Tierra. Nuestras dimensiones no nos permiten percibir las supercuerdas y posiblemente nunca podremos percibirlas, ni siquiera indirectamente.

Pero Witten ha imaginado modos de contrastar su teoría. Por ello, su teoría no es una teoría metafísica.

Pero imaginemos que todo nuestro universo fuese una simple supercuerda en un superuniverso inimaginablemente grande. En ese superuniverso podrían existir seres parecidos a nosotros, pero a una escala increiblemente mayor a la nuestra. Desde un punto de vista metafísico, ese universo sería lo que realmente existe, siendo nuestro universo mera apariencia.

Desde otro punto de vista, igualmente metafísico, la verdadera realidad -el soporte de todo lo aparente- sería la constituida por las diminutas supercuerdas de nuestro propio universo. Pero, en mi opinión, esto es solo un problema de escala.

El superuniverso es un superuniverso para nosotros, pero para sus habitantes sería un universo hecho a su propia escala. Ellos no podrían percibir la supercuerda que es nuestro universo, e incluso podrían pensar que la verdadera realidad es la constituida por supercuerdas como la que constituye nuestro universo (pese a que no pudieran percibirlas).

Con todo este esfuerzo de imaginación, lo único que quiero decir es que, existan o no microuniversos y macrouniversos, nuestro propio universo tiene el mismo derecho a ser considerado real. Si existe una cadena interminable de universos, eso no significa que no sean todos ellos igual de reales.

Cuando los místicos dicen que el mundo material, el mundo que percibimos, es sólo apariencia, y que en realidad sólo existe Dios y nosotros -nuestras almas-, o únicamente Dios, no dicen nada.

Me explico: sea o no éste un mundo aparente, muestra una asombrosa coherencia y obedece más o menos a leyes concretas, así que, sea o no el mundo real, para habitar en él hemos de comportarnos como si lo fuera.

Dicho de otro modo, que puede parecer algo paradójico: lo aparente existe, al menos en cuanto aparente. Así, existe esta pluma y este papel, y la mesa en la que escribo, aunque sólo existan aparentemente, y no existe, ni siquiera aparentemente, una paloma en vez de la pluma y una naranja en vez del papel, y un puñal en vez de la mesa.

M… me dijo algo muy interesante respecto a este tema de lo real y lo aparente: “lo numénico (lo real) es numénico en tanto en cuanto no es percibido, convirtiéndose en fenoménico al ser percibido”. Cuando me lo dijo no estuve muy seguro de que sea lo mismo que yo opino, pero ahora me parece que sí lo es.

Si lo interpreto bien, significa que algo es numénico para nosotros a causa de nuestras limitaciones sensoriales, perceptivas o racionales, es decir, no es fenómeno. Pero esta categoría de numénico es, en cierto modo, un accidente: para un ser del macrouniverso, su propio universo sería fenoménico, y el nuestro numénico. Pero, en definitiva, ambos universos existirían.

Creo, en efecto, que esta es una manera distinta de decir algo que coincide con mi opinión de que sólo existe lo fenoménico, no en tanto que es percibido, sino en tanto que hipotéticamente perceptible (las supercuerdas podrían existir y no ser percibidas jamás, pero hipotéticamente podrían ser percibidas por seres más diminutos que ellas).

Aunque quizá convendría matizar esa frase de que sólo existe lo fenoménico: a mí, más que decidir si esto o lo otro o aquello existe, lo que me interesa es destacar que lo aparente existe. Así que la frase debería ser: “Lo fenoménico existe”, o “lo aparente es tan real como las supuestas esencias incognoscibles”.

Voy a explicar brevemente la modificación de la frase en el siguiente apartado.

(2) LA EXPLICACIÓN DE CÓMO ES UNA COSA NO ES LA EXPLICACIÓN DE LO QUE UNA COSA ES (O AL REVES)
Leyendo un texto acerca de los escépticos, encontré que Demócrito es citado entre sus predecesores -de los escépticos-; a pesar, se añadía, de que proponía un programa dogmático o esencialista:

“En apariencia lo dulce, en apariencia lo salado, en realidad, átomos y vacío”.

No voy a emprender aquí una nueva defensa de Demócrito e incluso admito que es muy posible que tenga razón el crítico, pero a la conocida frase de Demócrito es perfecta para explicar este segundo punto.

Yo creo, en efecto, que lo dulce y lo salado son producto de una determinada composición molecular. En eso estoy de acuerdo con Demócrito. Creo también que las cualidades sensibles dulce y salado dependen del ser percipiente y de la comparación, como decía..(?)
En lo anterior también estoy de acuerdo con Demócrito y con Berkeley.

Ahora bien, en lo que no estoy de acuerdo es en que lo dulce y lo salado sólo sean aparentes. Creo que son producto de la interacción entre una estructura molecular o material y un ser percipiente, pero en cuanto que son percibidos, existen. Y además, la estructura molecular que provoca en un hombre la sensación de lo salado sigue existiendo aunque no siempre haya de provocar la misma sensación (por ejemplo, para un hombre con el paladar quemado, no resultará salado lo que es para mí), incluso, la misma cosa puede parecerle a alguien salada y a alguien dulce.

Pues bien, lo que yo rechazo es el planteamiento esencialista que sostiene que una cosa es aquello por lo que ha llegado a ser o aquello de lo que está compuesta.

Si descomponemos una naranja en moléculas, podremos decir que está compuesta de moléculas, pero no que la naranja es las moléculas, que la naranja no existe y que sólo existen las moléculas. Si dijéramos tal cosa, también podríamos decir que no existen las moléculas, sino sólo los electrones, o las supercuerdas, etc.

Dicho de otro modo: un gajo de naranja no es una naranja. La piel de la naranja no es la naranja. Ahora bien, esto no significa que la naranja sea una entidad mágica.

En definitiva, descendiendo a la manera de una metafísica fisicalista, a través de partículas cada vez más pequeñas no explicaremos qué es una naranja, a lo sumo explicaremos cómo es una naranja. Y aún en el caso de que explicásemos qué es una naranja (aún admitiendo esta concesión lingüística) ello no hará menos real a la naranja.

Al final del punto (1) dije que explicaría por qué es mejor decir “lo aparente es tan real como las supuestas esencias incognoscibles”, que decir “sólo existe lo fenoménico”.

Creo que ya está bastante explicado. Sólo añadiré una cosa: si cogemos una naranja y le quitamos la piel, la pulpa, el jugo, etcétera, nos quedaremos sin naranja. ¿Dónde está la naranja? Alguien dirá: la naranja son los átomos. Pero los átomos no son de color naranja, ni saben a naranja. Otro dirá: la naranja está contenida en la semilla, en el ADN del naranjo, que es distinto al de un almendro. Aún admitiendo eso -que no lo admito-, el ADN de un naranjo, o la semilla, no es esta naranja concreta, así que si la naranja fuese la semilla, ¿qué es todo eso que tiene la naranja y que no tiene la semilla? ¿Acaso no existen todas esas cosas?

Así que no creo que explicar cómo están hechas las cosas sea explicar qué son en esencia las cosas. Relacionado con esto -aunque no directamente con estos comentarios-, diré que no comparto la opinión de que descubrir las causas últimas, por ejemplo las leyes de la naturaleza, sirva para resolver los problemas morales, éticos o políticos del hombre. Hay pensadores que parecen creer que una perfecta explicación del mundo tendrá un efecto redentor sobre la sociedad humana. Yo creo que como mucho -y no es poco- nos servirá para rechazar dogmatismos religiosos o de otro tipo, pero no para indicarnos cómo debemos vivir.

Es no sólo una ingenuidad, sino un absurdo indeseable, pensar que conocer la estructura de la materia nos va a servir para comunicarnos mejor unos con otros. Que un zapato esté o no compuesto de átomos le es absolutamente indiferente a un zapatero (como mucho le servirá indirectamente para adquirir mejores productos, como pegamentos obtenidos en laboratorio).  Como escribí hace años: (???)

Con esto no quiero decir que haya que despreciar los conocimientos científicos, ni mucho menos. No hay nada que me interese más que las cuestiones científicas, excepto la mitología, creo.

Pero si queremos conocer la pintura de Miguel Angel, de nada nos servirá una descripción de los átomos que componen cada uno de sus frescos de la Capilla Sixtina.

Para lo que sí nos servirán los métodos científicos será para limpiar esos frescos y poder conocerlos tal como eran cuando Miguel Angel los pintó.

Con esto termino por ahora con este segundo punto.

(3) NO EXISTEN FUERZAS O PODERES OCULTOS SITUADOS MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Es decir: no existe Dios.

Por supuesto, esto, como todo, es una opinión que puede ser equivocada, pero, ¿para qué fingirse un pudoroso agnóstico? Sinceramente, creo que no existe Dios.

He escrito: “Situados más allá del tiempo”, porque es la única característica que en este momento se me ocurre para distinguir las ideas más o menos místicas de la divinidad de la posibilidad de que existan poderes o fuerzas ocultas para nosotros, pero no por ello trascendentes o misteriosas.

La fuerza gravitatoria era algo así como una fuerza oculta hace doscientos o trescientos años. La luz infrarroja, ultravioleta, los rayos laser o gamma, permanecían también ocultos a nuestros sentidos y a nuestro entendimiento, pero, una vez descubiertos, su estatus ontológico no es distinto del del continente americano cuando fue descubierto por los europeos. Ahora bien, todas las religiones o místicas sitúan a Dios más allá del tiempo, y ninguna de las cosas antes enumeradas se halla en un trastiempo, en una especie de eternidad, etcétera.

 

(4) EL UNIVERSO, LA NATURALEZA O LA REALIDAD NO SE DIRIGE A UN FIN, A UN OBJETIVO DETERMINADO
Es decir, no creo que todos los sucesos del universo tengan carácter teleológico. No creo tampoco en el Eterno Retorno. Por Eterno Retorno entiendo la repetición cíclica exacta del universo, pues el hecho de que el universo se cree y se destruya para volver a crearse no me parece que pueda considerarse eterno retorno, a no ser de manera trivial.

(5) NO CREO QUE EL UNIVERSO CON TODOS SUS HECHOS ESTUVIESE YA PREDETERMINADO DESDE SU NACIMIENTO
Es decir, suponiendo cierta, por ejemplo, la teoría del Big-Bang, no creo que en la remota singularidad inicial estuviese contenido todo el universo actual. Creo, como Martin Gardner, que hay creación auténtica.

(6) NO CREO QUE EN CUALQUIER PARTÍCULA DEL UNIVERSO ESTÉ CONTENIDO TODO EL UNIVERSO
No comparto la idea de Hegel, creo, que dice que conociendo una partícula se podría conocer todo el universo. Tampoco creo en la idea, también de Hegel, que dice que para conocer una partícula hay que conocer todo el universo. Como estas dos ideas parecen contradictorias, supongo que la primera no es de Hegel (a no ser que encajen en la unión de los opuestos hegeliana).

(7) CREO QUE LO QUE SE LLAMA ALMA O MENTE ES RESULTADO DE LA ESTRUCTURA CEREBRAL Y PRODUCTO DE LA EVOLUCIÓN. NO CREO QUE NADA ESPIRITUAL (PENSANTE) SOBREVIVA A LA MENTE DEL CUERPO

(8) En cuanto a la materia, no sé lo que es. Supongo que decir que todo es material es tan cierto y tan inútil como decir que todo es de color o que todo lo que es, es.

Ya he discutido un poco de esto en el comentario a los escépticos. Ahora sólo añadiré algo que grabé en cinta magnetofónica:

“Siempre me ha parecido que las tesis materialistas eran más honestas que las espiritualistas. Y que los filósofos más proclives a un cierto materialismo, que se llamaban a sí mismos o eran acusados de materialistas, eran más honestos, filosóficamente hablando al menos, que los espiritualistas. Naturalmente, esta es una apreciación muy subjetiva y muy discutible, pero casi puedo admitir que sigo opinando del mismo modo y que además hay motivos para opinar de esa manera. El espiritualismo siempre ha estado asociado a argumentos de autoridad y a no querer, negarse a ver, la realidad. Pues bien, a pesar de mi simpatía por el materialismo, ya hace algún tiempo, pero especialmente desde los últimos meses del año pasado, me he referido despectivamente a un cierto materialismo que he calificado como ‘grosero’. Ejemplos de ello son quienes dicen que el único conocimiento válido es el expresado mediante fórmulas lógicas o físicas (fisicalismo), etcétera. Este tipo de tesis me parecen bastante absurdas.


[Escrito en 1990 o antes]
Este texto es una sección al comentario dedicado a Sexto Empírico y los escépticos, y precede a la lectura de La Polémica del materialismo. Es una anotación apresurada en un cuaderno de estudio y por eso su expresión es a menudo cortante o falta de matiz. Además, faltan algunas citas que no sé si podré localizar ahora.

Metafísica
¿Cómo es el mundo?

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cuadernodefilosofia

Entradas de filosofía que no se clasifican en ninguna sección específica.

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Creadores y desmitificadores

[Nota 2019: esto son unas notas privadas, poco antes de estudiar Filosofía en la universidad]

CREADORES         DESMITIFICADORES          DESMITIFICA_DESMITIFICADORES
platónicos            epicúreos
estoicos                                                         escépticos
aristóteles                   algunos sofistas y los cínicos
Demócrito                                                            Sócrates
Pitagóricos                                                           algunos sofistas

Como esta concepción de la evolución cultural me parece interesante, intentaré desarrollarla. Primero quiero señalar que en los tres grupos del gráfico hay cosas buenas y cosas malas.

El primer grupo es el de los creadores. Sus concepciones tienen un carácter eminentemente dogmático -lo que no impide que algunos sean tolerantes, especialmente Demócrito-, debido precisamente a su intención de crear un sistema sólido. A veces uno de estos creadores puede ser discípulo de un desmitificador de los desmitificadores, como Platón respecto a Sócrates.

Pero, para no utilizar esta terminología confusa y posiblemente errónea, cambiaré los nombres. La cosa queda así:

Sistematizadores         Relativistas             Escépticos

Naturalmente, no utilizo estos terminos buscando su sentido literal, por lo que cualquier discusión lingüística me parece inútil.

Por ‘sistematizadores’ entiendo aquellos pensadores que a partir de datos u opiniones pretenden costruir un sistema más o menos coherente, que pueda explicar la realidad o ayudar a comprenderla. Por ‘relativistas’ entiendo aquellos que creen que es imposible pronunciarse sobre cualquier cuestión, aquellos que, como el escéptico Pirrón de Elis, opinan que “tanto las sensaciones como los juicios nos equivocan; que todo es indiferente e indecible, y que no se puede tener opinión ni preferencia: “su estado mental es el de epojé, donde ni se afirma ni se niega nada”.

Por ‘escépticos’ entiendo aquellos que, más que nada, se ciñen a la etimología de la palabra (repito que esto lo hago por comodidad, no es mi intención meterme en cuestiones lingüísticas), pues escéptico significa ‘el que indaga’. Es decir, los escépticos saben que no existe una Verdad absoluta (como ingénuamente creen los seguidores de Pirrón), es decir, que sólo existen verdades parciales y provisionales (en la ciencia) y, por lo demás, visiones de conjunto que no son ni verdaderas ni falsas, pero que nos ayudan a orientar nuestra acción en el mundo (todo esto lo he sacado de la Enciclopedia Salvat).

He buscado otro término diferente para este tercer grupo (los escépticos) para eliminar la confusión de que la mayoría de los escépticos griegos pertenecen al grupo de los relativistas) pero no he hallado ninguna mejor. Creo, sin embargo, que sistematizadores, relativistas y escépticos son términos fácilmente comprensibles.

Algunas puntualizaciones: los nombres de los tres grupos sólo tienen -ya lo he dicho- un carácter aproximativo, es obvio que los escépticos, e incluso los relativistas pueden ser creadores y que estos pueden ser escépticos o relativistas en mayor o en menor medida. También puede darse el caso de que un relativista haya sido escéptico o cualquier otra combinación, o que sea ambas cosas, por extraño que parezca.

Por ejemplo, si Demócrito hubiese vivido más tarde, posiblemente yo lo incluiría en el grupo de los escépticos, pues Demócrito era antes que nada un indagador, pero en su época había pocos precedentes que examinar (los eleatas, los pitagóricos y los milesios).

Vuelvo al gráfico, incluyendo más nombres:

SISTEMATIZADORES
Platón
Aristóteles
Estoicos
Demócrito
Pitagóricos

RELATIVISTAS                                                 ESCÉPTICOS
Epicúreos                                                             algunos cínicos
Escépticos                                                            algunos sofistas
algunos sofistas                                                  Sócrates
algunos cínicos

He de señalar que aquí, como se ve, sólo me refiero a la época antigua y que las flechas no tienen ningún significado cronológico, pues es evidente que Sócrates, por ejemplo, es anterior a Aristóteles y Epicuro.

A trancas y barrancas voy avanzando en la definición de estos tres grupos. Se podría decir que ahora no hago más que recopilar datos. Más adelante intentaré ordenarlos de manera más coherente.

Por el momento voy a intentar explicar por qué he incluído a quienes he incluído en cada grupo.

Yo mismo no estoy seguro de que mi clasificación sea correcta y quizás rectifique.

Primero, para eliminar desde ya las confusiones -aunque ya está bastante explicado- explicaré por qué incluyo a los escépticos seguidores de Pirrón en el grupo de los relativistas. Los escépticos pirronianos, dice Mosterín, opinaban lo siguiente:

“No podemos decir lo que son las cosas en sí, sólo lo que son en relación a nosotros, como representaciones nuestras. Por tanto, hay que suspender el juicio sobre lo que las cosas sean efectivamente y con independencia de nosotros. Esta suspensión del juicio se llama epojé y costituye el primer paso hacia la sabiduría. De la epojé se sigue la aphasia, la abstención de afirmar o negar, en definitiva, el silencio. Esta epojé y esta aphasia, este abstenernos de enjuiciar y de asertar, acaba por eliminar de raíz las inquietudes, los temores, los problemas, conduciéndonos a la impasibilidad, a la calma, a la tranquilidad anímica (ataraxía) en que consiste la felicidad.”

Y también dicen:

“El fin escéptico consiste en la calma (ataraxía) respecto a las opiniones, y en el equilibrio de las pasiones… A la suspensión del juicio sigue felizmente la calma de las opiniones”. Disueltos los problemas que atormentaban nuestra mente, ésta descansará en el silencio, en la calma, en la felicidad”.

Como se ve, el escepticismo pirrónico tiene muchos puntos de contacto con el zen, aunque el zen cree que no pensando se llega a comprender, mediante la iluminación, la esencia del universo. Aunque de esto hablaré más adelante, he de admitir que los escépticos pirrónicos merecen mucho más respeto que sus modernos paralelos. También el escepticismo explica de manera no mística algo que el zen pretende explicar misticamente.

Hay grandes aciertos en las opiniones de los escépticos griegos (que a veces merecen integrase en el grupo de los ‘escépticos’). Decía Pirrón: “No postulo que la miel sea dulce, pero admito que parece dulce”.

Un escéptico tardío, como Carnéades se halla más cerca del grupo de los escépticos que del de los relativistas.

“En definitiva, aunque ninguna representación es reconocible en el sentido estoico y ninguna es garantía de verdad, sin embargo, unas representaciones son más fidedignas que otras. En consecuencia, tampoco todas las opiniones son indiferentes. Unas opiniones son más probables o verosímiles que otras.”

Lo que demuestra que los escépticos no siguieron el camino marcado por Pirrón y decidieron suspender la suspensión del juicio.

Por ello, rectifico:

RELATIVISTAS                  ESCÉPTICOS
algunos escépticos            Carnéades y otros escépticos

Naturalmente, si alguien me demuestra que todos los escépticos opinaban como Carnéades, los incluiré en el grupo de los ‘escépticos’.


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