La otra teoría de Dawkins: los memes

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dawkins-Además de defender la teoría del gen egoísta, Dawkins dedicó un capítulo de El gen egoísta a imaginar un fenómeno que estuviera sometido a selección natural pero que no fuera biológico. Esta es una de las maneras en las que proceden los científicos, la aplicación a diferentes terrenos de una idea o concepto que hasta ahora se ha aplicado en un terreno o disciplina determinado.

Se puede considerar que Dawkins empleó el método de la generalización, puesto que se hace general algo particular: se examina si los mecanismos de la selección natural propuestos por Darwin pueden explicar algo en lo que no estén implicados seres vivos de manera directa. También puede definirse mediante otra de las herramientas más poderosas de la ciencia, el reduccionismo: reducir diferentes fenómenos a una misma explicación, por ejemplo, postular que detrás de la casi infinita variedad de la naturaleza hay un número finito de elementos químicos, que se pueden ordenar en una tabla periódica.  aplicar a otros terrenos una misma explicación. Tanto la generalización como el reduccionismo son indispensables para la ciencia, pero también deben emplearse con prudencia. La generalización a veces funciona y logra explicar un enigma científico, mientras que otras veces es sólo una metáfora iluminadora.

Dawkins---el-gen-egoista-Daniel-Tubau

[Ilustración de Daniel Tubau a partir de una fotografía que es un meme de internet]

 Dawkins pensaba en algo parecido a una metáfora iluminadora cuando intentó encontrar un fenómeno al que se pudiera aplicar la noción de selección natural. Buscaba una imagen que permitiera a sus lectores entender mejor cómo evolucionan los organismos vivos. A lo largo de esta investigación veremos que esa intención primera de Dawkins y la evolución de esa intención en manos de otros pensadores llevó a ciertos problemas y confusiones que el propio Dawkins tal vez no imaginaba. Pero antes de analizar esa evolución de la metáfora dawkiniana, debemos conocerla.

El fenómeno no biológico que Dawkins eligió fue la cultura. Puesto que en la biología la evolución, según él mismo defendía, se producía gracias a los genes, ¿qué elemento básico explicaría la evolución cultural? Dawkins buscó un nombre y, de este modo, inventó la palabra memes:

«Mimeme» [mímesis, imitación] se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a «gen». Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con «memoria» o con la palabra francesa même. En inglés debería pronunciarse «mi:m». (El gen egoísta)

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 (el texto en otro color es de la revisión)]


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Memes, ideas y mundos

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Las moscas, Hofstadter y los vampiros

Douglas Hofstadter

Se acaba de publicar un nuevo libro de Douglas Hofstadter, el autor del legendario Godel, Escher, Bach, uno de los libros más anotados de mi biblioteca. Algún día subiré los comentarios que escribí cuando lo leí.

También habrá ocasión de comentar, supongo, muchas cosas de este nuevo libro, pero ahora quiero hablar tan sólo de la relación de Hofstadter con las moscas y consigo mismo.

Como sabrás, atento lector o lectora que generosamente me entregas tu tiempo, hace unos días publiqué una pequeña y modesta investigación acerca de cómo comunicarse con una mosca, concretamente con Roberta, una mosca a la que tuve el placer de conocer durante unos días.

Quizá te pareció que el asunto no valía la pena, aunque he recibido un simpático comentario (¿es tuyo?) que parece demostrar que no soy el único interesado en la cuestión.

Adorable, la historia de Roberta…
Realmente se querría comunicar contigo, pero simplemente no la supiste escuchar a tiempo. (Comentario completo en Cómo comunicarse con una mosca)

Ya somos dos interesados en la comunicación con las moscas. Tres, si contamos a Douglas Hofstadter.

En su deliciosa introducción a su nuevo libro, Hofstadter dice casi lo mismo que decía yo acerca de la relación con moscas, mosquitos y otros animales:

“Corto en rodajas un tomate y lo devoro sin el más leve sentimiento de culpa… Para mí un tomate es un ente sin alma, carente de consciencia o de deseos, y no tengo escrúpulo en hacer con su “cuerpo” lo que quiera. En realidad, el tomate no es más que ese cuerpo. Los tomates no sufren el problema de la “dualidad cuerpo-mente”. (¡Espero, querido lector, que esté de acuerdo conmigo!)
Del mismo modo, aplasto mosquitos sin remordimientos, pero suelo evitar pisar hormigas y cuando se cuela en casa algún insecto que no sea un mosquito), normalmente trato de capturarlo y echarlo fuera sin hacerle daño.”

Como se ve, Hofstadter es tan incapaz como yo de matar a una mosca, aunque sí aplasta, y yo también, mosquitos.

Hofstadter cuenta también su relación con seres vivos más grandes que las moscas o los mosquitos, como los cerdos, y las razones que le llevaron en distintos períodos de su vida a intentar diversos tipos de vegetarianismo (desde no comer carne terrestre, pero sí marina, a no comer ningún tipo de carne). Es algo en lo que coincido, pues también he vivido etapas casi idénticas, y por las mismas razones: el sufrimiento de los seres vivos, no la salud. Es posible que, ahora, la influencia de Hofstadter me lleve a intentar de nuevo el vegetarianismo, aunque tengo algunas dudas, relacionadas precisamente con la salud: creo gozar de mucha mejor salud desde que he vuelto a comer carne. Pero el tema de esta entrada son las moscas y otros insectos similares.

Hofstadter dice que, al ver un cerdo en la carnicería, a menudo se planteaba:

“…quién había habitado esa cabeza, quién había vivido allí, quién había visto a través de esos ojos y oído a través de esas orejas, quién había sido realmente ese trozo de carne”.

No creas que Hofstadter utiliza accidentalmente el “quién” para referirse a un cerdo, pues dedica un interesante apartado de su libro a la distinción entre los qués (cerdos, vacas, atunes, moscas) y los quiénes (personas, perros, gatos).

Pero Hofstadter no sólo se ha preguntado eso en relación con los cerdos en la carnicería:

“Alguna vez me he planteado la misma cuestión cuando he aplastado una hormiga, una polilla o un mosquito (pero debo reconocer que no muchas). Mi instinto me dice que la pregunta de “quién habita en ese cuerpo” tiene menos sentido en estos casos. No obstante, la visión de un insecto parcialmente aplastado, retorciéndose en el suelo, siempre provoca en mí ciertos remordimientos”

Lo mismo, como sabes, me sucede a mí, y por eso intenté comunicarme con la mosca Roberta para salir de dudas (ahora lo intentaré con un ratoncitó llamado Shreck, que pasará unos días en casa).

Todas estas disquisiciones pueden parecer un poco absurdas, vistas, claro está, desde nuestro punto de vista de seres humanos, pero, ¿qué sucede si aplicamos la lógica de los vampiros?

En la serie True Blood, creada por Alan Ball (American Beauty, Six Feets Under), los vampiros deciden salir a la luz (aunque no a la luz del día) porque los japoneses han inventado una deliciosa sangre sintética. Ya no necesitan morder a los humanos para alimentarse (los vampiros no pueden comer ni beber nada, excepto sangre). Así que ahora muchos de ellos empiezan a preocuparse por no caer en la tentación de beberse a un humano: hay algo inmoral en ello, ya que ahora pueden beber sangre sin matar o vampirizar a su propietario. Durante siglos, la lógica de los vampiros era no plantearse demasiado “quién habitaba en ese cuerpo”. Los humanos éramos sólo qués, no quiénes. Aunque tal vez algún que otro vampiro, de vez en cuando, al aplastar a un humano dejándolo sin sangre, sintiera algún remordimiento. Ahora, gracias a la sangre sintética “True Blood”, los qués, a pesar de no haber cambiado en nada, se han convertido en quiénes.

“Los amigos no dejan que los amigos se beban a los amigos”.  HBO recomienda a los vampiros beber con moderación

Sobre el punto de vista de los vampiros escribí un pequeño cuento o ensayo llamado La lógica de los vampiros, que tal vez suba algún día a estas páginas.

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[Publicado por primera vez el 23 de diciembre de 2008]

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