El Gran Mecanismo

Jan Kott llama el Gran Mecanismo a lo que en la Edad Media se llamaba la Rueda de la fortuna,que mostraba la ascensión, caída y sucesión de los monarcas. Es curioso, sin embargo, que Kott no aluda a aquello que decía Marx de que el engranaje no sabe que es una pieza de la maquinaria. Porque resulta interesante contemplar a toda esta sucesión de monarcas como una masa, no muy diferente de esas otras masas despreciadas, la plebe, el populacho, los esclavos, los obreros, los trabajadores. Los reyes, seres únicos por definición, al final se acumulan y se repiten unos a otros, como una masa casi indiferenciada.

ruedaJan Kott recuerda la puesta en escena que hizo Peter Hall  cuando represento en dos días seis tragedias históricas de Shakespeare en una misma reprsentación. Hall colocó una gigantesca escalera en el escenario, y al final de la escalera un trono en el que se sienta un rey anciano, que ve como van ascendiendo los que van a derribarle o sucederle. Podemos imaginarnos, no recuerdo si se refiere a ello Kott, a Ricardo III ascendiendo y derribando a los que le preceden, que casi ocupan todos los escalones. Todos van cayendo en su camino al trono y él sube escalón tras escalón, cubierto de sangre. Finalmente, supongo, se sienta en el trono, para ser inmediatamente derribado.

En La verdadera historia de las sociedades secretas)  hablé del Gran Mecanismo, como esa Rueda de la Fortuna que no deja de girar, llevando al pretendiente al trono y de allí a la tumba prematura, en relación con los llamdos Reyes de Invierno y los Rosacruces.


La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La verdadera historia de las Sociedades Secretas, de Daniel Tubau

Daniel Tubau

La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Editorial Daiyan

La SEGUNDA EDICIÓN de La verdadera historia de las Sociedades Secretas se publicó el 22 de mayo de 2020 por la editorial DAIYAN. Es una edición ampliada y revisada de la primera edición que se publicó en 2008 en la editorial Alba.

Ahora ya puedes encontrar La verdadera historia de las Sociedades Secretas.

2ª Edición en 2020. Revisada y ampliada.


 

Entradas de La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La ciencia de la magia

Introducción a la magia /1


Leer Más
Manly Hall

Leer Más
¿Por qué se crean sociedades secretas?

Leer Más
Masones en Dan Brown

Leer Más
La Sociedad Thule y otras sociedades secretas racistas

Leer Más
Nostalgia ¿de qué?

Leer Más
¿Por qué se crean sociedades secretas?

MUY Historia


Leer Más
El caballero D’Eon, masón

Leer Más
El secreto es como morir

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
Las sociedades secretas

en La aventura del saber


Leer Más
Ciencia y mística

Leer Más
Tabla Esmeraldina

Leer Más
Entrevista en MUY Historia: Sociedades secretas

Leer Más
El secreto de la sociedades secretas por fin revelado

Leer Más
Ingresar en una sociedad secreta

Leer Más
Dan Brown entre la ficción y la realidad

Leer Más
Juanjo de la Iglesia opina que La verdadera historia de las sociedades secretas es tronchante

Leer Más
Índice completo de La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Leer Más
El conocimiento oculto

Leer Más
Thelema

Leer Más
Crítica de Marcos Méndez Filesi

Leer Más
Las sociedades secretas en Vigo

Leer Más
El Decepcionismo

Leer Más
Frances Yates y la tradición hermética

Leer Más

 

 

[Publicado por primera vez el 27 de diciembre de 2008. Revisado en 2015]

 

 

¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?


Jan Kott hace un interesante análisis de la escena de El rey Lear en la que Edgar guía al ciego Gloucester (su padre) hacia un precipicio. No existe tal precipicio, pero Edgar cree que puede curar de su locura al anciano si lo conduce hacia una falsa muerte. Los dos se van arrastrando hasta el precipicio y finalmente el anciano se lanza al abismo. Cae y muere.

O eso parece, porque, en realidad no hay tal caída.

Kott advierte acerca del sentido de esta escena, que puede ser echada a perder por una representación naturalista. Puesto que no existe ese precipicio, es absurdo pintarlo en el escenario o representarlo de cualquier manera. Ni siquiera, dice Kott, se puede llevar esta escena al cine sin destruirla. Ya se trate de un precipicio real o fingido, la fuerza de la situación se pierde:

“El escenario tiene que estar vacío. El suicidio, o más bien el símbolo del suicidio, debe representarse en un escenario vacío… El ciego Gloucester cae en el escenario vacío… El ciego Gloucester, que ha ascendido por una montaña inexistente para arrojarse sobre unas tablas lisas, es un payaso. Lo que se ha representado es una especie de payasada filosófica; la misma que encontramos en el teatro contemporáneo”.

Por un momento, el espectador del teatro cree que el abismo existe, como lo cree Gloucester, pero acaba descubriendo que no hay tal abismo, como descubre finalmente Gloucester.

Una de las mejores soluciones es cubrir de humo o nubes el escenario, lo que permite mantener el engaño tanto para Gloucester como para el espectador, sin que la trampa sea vulgar

 

¿Dónde suceden las cosas en un escenario?

A veces el espectador de un teatro completa la escena con la fuerza de su imaginación: ve puertas, castillos, mares, ejércitos, como el propio Shakespeare le solicita en alguna ocasión:

“Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá.” (Enrique V)

Ahora bien, si pensamos en La tempestad, el barco que naufraga existe para los náufragos, pero los espectadores tenemos que imaginarlo, mientras que Ariel es un espíritu al que sí ve el espectador, pero que no ven ni Trínculo ni Esteban, dos de los personajes de la obra. Tampoco Bottom ve a Helena, ni sus pretendientes a Puck en El sueño de una noche de verano.

Como espectadores se nos pide a veces que imaginemos, que veamos cosas que no están ahí, pero que se supone que sí ven los personajes, mientras que otras veces se nos muestra algo que vemos nosotros pero que no ven ellos, a pesar de tenerlas allí delante en el escenario.

¿Y el puñal de Macbeth? Macbeth ve el puñal, pero el puñal no existe.

Los espectadores, ¿vemos el puñal que ve Macbeth o vemos, como los demás personajes que están allí, que no hay ningún puñal? Difícil decisión para un director de escena.

¿Y el espectro del padre de Hamlet? Se supone que debemos verlo en sus primeras apariciones, como lo ve Hamlet y los guardias. Pero, ¿debemos verlo cuando Hamlet lo ve y su madre no lo ve? ¿Vemos entonces como Hamlet o vemos como la madre? Otro verdadero dilema para la puesta en escena.

Hamlet ve el espectro de su padre tras matar a Polonio. Pero su madre no lo ve. ¿vemos nosotros al espectro? ¿Vio Hamlet al espectro antes pero ahora lo está imaginando?

Se trata de diferentes tipos de no existencia, que no siempre son coincidentes, a menudo mezclados unos con otros. Podemos preguntarnos, si  cuando Shakespeare dirigía la obra en el teatro el espectador veía un puñal, o si sólo lo veía Macbeth, y también podemos preguntarnos si incluso aunque veamos al fantasma de Hamlet, el fantasma existe sólo para Hamlet. ¿Qué estamos viendo, lo que vería cualquiera o lo que ve Hamlet dentro de su cabeza? Podríamos comparar la escena del fantasma con aquella típica escena de muchas películas en la que vemos los pensamientos del personaje, sus imaginaciones, lo que está soñando, pero eso ya sería decantarse por una hipótesis acerca de la mente de Hamlet, que no se finge loco y que está realmente loco.


Escena de la daga de Macbeth por Ian McKellen

[Publicado el 26 de diciembre de 2008]

WILLIAM SHAKESPEARE

Error: puede que no exista la vista de b63abe0a76


prefacioashakespeare

Shakespeare según Johnson

Error: puede que no exista la vista de 7b32bf09xy

Ver también: Escribir sobre Shakespeare

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura