La peste en Atenas

|| Tucídides y la democracia /28

Ahora en 2020, en tiempos del coronavirus, retomo la publicación de esta investigación (eso es lo que significa historia) que hice para mi amigo Marcos Méndez Filesi, y la casualidad quiere que la narración continúe tras la muerte de Pericles a causa de la terrible peste que acabó con un tercio de la población de Atenas y que determinó el curso de la guerra, y que también probablemente significó, aunque no de manera inmediata, el final de la democracia en el mundo antiguo. No es mi intención establecer una analogía entre aquellos y estos tiempos, sino que tan solo señalo aquí esas similitudes, que espero no se completen. Recojo ahora, por su interés con el tiempo presente, lo que nos dice Tucídides acerca de esa epidemia.

La misteriosa epidemia comenzó en el segundo año de la guerra, durante el verano. Al parecer, ya había habido casos en la isla de Lemnos y en otros lugares, «aunque no se recordaba que se hubiera producido en ningún sitio una peste tan terrible y una tal pérdida de vidas humanas». Los médicos no sabían cómo hacer frente a la enfermedad, que era completamente desconocida, y ellos mismos fueron sus primeras víctimas, «por cuanto eran los que más se acercaban a los enfermos».

La peste de Atenas, de Michael Sweerts (c.1652-1654)

William Mac Arthur sugirió que esta enfermedad solo podía ser el tifus, por ser la enfermedad que con más justicia recibe el apelativo de morbus medicorum (matamédicos). Supongo que en la actualidad muchos habrán empezado a sospechar si no se trataría de una enfermedad parecida al sars o a su variante, el coronavirus. Pero ya veremos que los síntomas de la enfermedad no parecen coincidir.

Como sucede en cualquier momento y como sucede incluso ahora, muchos creyeron que había algún modo mágico o religioso de combatir la enfermedad. En vano:

«Elevaron, asimismo, súplicas en los templos, consultaron a los oráculos y recurrieron a otras prácticas semejantes; todo resultó inútil, y acabaron por renunciar a estos recursos vencidos por el mal».

En cuanto al foco original de la enfermedad, Tucídides dice que probablemente se originó en Etiopía y que de allí pasó a Egipto y Libia y los territorios persas. Después, de algún modo, probablemente por los barcos que atracaban en el puerto de El Pireo, llegó a Atenas. El origen en Etiopía ha hecho pensar a otros expertos que se trataba de viruela, enfermedad endémica en África. Y, por supuesto, no faltaron teorías conspirativas como las de ahora, como las que acusaron a los espartanos de haber envenenado los pozos.

Los síntomas

Tucídides, que fue infectado y sobrevivió  a la enfermedad, describe los síntomas, imitando el proceder de los médicos hipocráticos, a los que, como se ha señalado a menudo, no solo admira, sino que en cierto modo imita, al intentar escribir su historia de la guerra al estilo de los médicos, pues ellos eran en aquel momento quienes mejores métodos empleaban para observar la realidad, en este caso al enfermo. Mediante el reconocimiento y el testimonio del propio enfermo, el médico hacía la prognosis o pronóstico, conectando el pasado de la enfermedad (anamnesis) con su futuro (logismos) En la prognosis se incluye el diagnóstico. Es decir, se deducía el pasado y el futuro a partir de la observación de lo presente.

Hipócrates salvando a los atenienses de la plaga

Los síntomas de la peste o plaga eran los siguientes: se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y un enrojecimiento e inflamación en los ojos, la faringe y la lengua quedaban enseguida inyectadas en sangre y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después venían los estornudos y la ronquera y  la enfermedad bajaba al pecho, desencadenándose una tos violenta. Tras esto, atacaba al estómago y venían los vómitos, bilis y un malestar terrible, además de arcadas sin vómito. Lo curioso es que el cuerpo por fuera no estaba excesivamente caliente ni amarillento, sino rojizo, cárdeno, acompañado de ampollas y úlceras. Sin embargo, por dentro el cuerpo ardía y los enfermos no podían soportar el contacto de la tela más delicada, y con gusto se lanzaban al agua helada si no los retenían. Solían morir a los nueve o a los siete días. En fin, si sobrevivían, sus males todavía continuaban.

Algunos de estos síntomas, como la necesidad de lanzarse al agua fresca y beber, han hecho pensar en el sarampión, mientras que el hecho de que lo enfermos pese a todo no quedaran postrados y conservaran fuerzas ha hecho que se descartara la viruela.

Finalmente, muchos se salvaban pero perdían los extremos de las manos, de los pies, los genitales e incluso los ojos, consecuencias que se pueden dar con el tifus. Otros perdían por completo la memoria y caían en una amnesia total.

Un asunto que le llamó mucho la atención es que los animales que comían carne humana , «aves y cuadrúpedos», se alejaban de los enfermos y si los probaban perecían, en especial los perros. Eso sí, una vez curados, los enfermos no contraían de nuevo la enfermedad, o al menos existía un alto grado de inmunización, y solían presentarse como voluntarios para atender a los enfermos.

La descripción de los enfermos y muertos por las calles de Atenas ha inspirado muchos cuadros a lo largo de la historia:

«cuerpos de moribundos yacían unos sobre otros, y personas medio muertas se arrastraban por las calles y alrededor de todas las fuentes movidos por su deseo de agua. Los santuarios en los que se habían instalado estaban llenos de cadáveres, pues morían allí mismo; y es que ante la extrema violencia del mal, los hombres, sin saber lo que sería de ellos, se dieron al menosprecio tanto de lo divino como de lo humano».

Tucídides también menciona un verso que todos recordaban:

«Vendrá una guerra doria y con ella una peste».

Esta supuesta profecía, cuya procedencia los anotadores por desgracia no aclaran es comentada con ingenio y sensatez por Tucídides, quien dice que al parecer en el verso original no se decía «peste» sino «hambre»:

«En aquellas circunstancias venció, naturalmente, la opinión de que se había  dicho «peste»; la gente, en efecto, acomodaba su memoria al azote que padecía. Y sospecho que si después de ésta un día estalla otra guerra doria y sobreviene el hambre, recitarán el verso con toda probabilidad en este sentido».

Más adelante se hablará del más ilustre de los muertos a causa de esta terrible peste: Pericles.

continuará


[Escrito hacia 1991. Esta entrada no figuraba en el trabajo original y ha sido escrita entera en 2020]

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Borges, santo patrón del hipertexto

Cómo se invento el futuro /2

Cuando los historiadores del mundo digital, internet y la hipernarrativa rastrean en el pasado en busca de precursores del hiperenlace, encuentran libros como el Talmud editado por Daniel Blomberg, o el Diccionario filosófico de Pierre Bayle. Se trata, en efecto, de hipertextos antes del hipertexto.

Página del Diccionario de Bayle

Pero no es a Bayle o a Blomberg a quienes señalan los historiadores como padres fundadores, sino a Vannevar Bush y a Jorge Luis Borges. Así lo hacen Janet Murray y Lev Manovich, los autores de la deliciosa antología The New Media Reader (El lector de los nuevos medios). En The New Media Reader se reúnen textos que anticiparon o establecieron los nuevos modos narrativos que apenas ahora empezamos a aprender a disfrutar, casi todos ellos basados en el hiperenlace, desde los videojuegos a la literatura interactiva o la multinarrativa audiovisual.

Portada de The New Media Reader, en la que se rinde un homenaje a Vannevar Bush, reproduciendo una de las ilustraciones (el rostro con gafas y una minicámara en la frente) de su artículo As We May Think

Vannevar Bush habló en su artículo As we may think, publicado en 1945, de un aparato llamado Memex que anticipaba los ordenadores actuales y el hipervínculo que nos permite conectar informaciones diversas y dispersas en un instante. Aunque es posible que Bush pensara en el memex años antes de hacer públicas sus ideas, lo cierto es que su histórico artículo apareció en 1945, mientras que Borges se anticipó y publicó su cuento El jardín de senderos que se bifurcan (The Garden of the Forking Paths, en la traducción al inglés),en 1941.

El jardín de senderos que se bifurcan

El jardín de senderos que se bifurcan dedicado por Borges a su hermana Norah y a su sobrino Miguel

El cuento de Borges ha anticipado muchas ideas, como la de los universos paralelos o Mundos Múltiples, de Hugh Everett, que intenta responder al célebre experimento cuántico de la doble rendija: resulta imposible predecir si un fotón lanzado contra una placa en la que hay dos rendijas entrará por una rendija o por la otra. Es interesante destacar que este experimento marca la diferencia entre la física clásica newtoniana, en la que es posible predecir el comportamiento de la materia, por ejemplo dos bolas de billar sobre una mesa, y la física cuántica, en la que tal predicción, por lo menos a nivel subatómico, resulta imposible. Es la diferencia entre un universo determinista y predecible y un universo indeterminista e impredecible.

La teoría de los universos paralelos o mundos múltiples propone que lo que sucede cuando lanzamos el fotón es que no entra por la rendija izquierda o por la derecha, sino por las dos. Lo que sucede, dijo Everett, es que en un universo lo hace por la derecha y en otro por la izquierda. Si observamos que ha entrado por la rendija derecha será porque estamos en uno de esos dos universos, pero, en un universo paralelo, otra persona, en todo idéntica a nosotros, verá que el electrón  ha entrado por la rendija izquierda.

El gato de Schrödinger

El gato de Schrödinger es un experimento imaginario que ilustra algunas de las paradojas de la física cuántica, tanto el principio de incertidumbre de Heisenberg, como la teoría de los mundos múltiples o universos paralelos. Pronto subiré a mi página un mi ensayo La filosofía de la física cuántica(1995), donde se intenta explicar esta paradoja, pero por ahora recomiendo a quien no conozca el asunto la extraordinaria página de Pedro Gómez-Estebán Cuántica sin fórmulas.

 

 

Borges y el hiperenlace

Aquí nos interesa El jardín de senderos que se bifurcan no por su relación con la física cuántica, sino porque se considera el primer texto en el que se expresa con claridad la idea del hiperenlace. No es casualidad que una de las obras pioneras de la novela hipertextual se llame Victory Garden: su autor, Stuart Moulthrop, quiso rendir un homenaje a El jardín de senderos que se bifurcan. Moulthrop también adaptó el cuento de Borges a la forma hipertextual.

En el cuento de Borges se desarrolla una trama que se ramifica hasta alcanzar una complejidad inabarcable, pero que se puede resumir en su aspecto más trivial con cierta sencillez. Parafraseo la sinopsis que ofrece la Wikipedia:

“El espía chino Yu Tsun, que trabaja para los alemanes, huye de Londres perseguido por el capitán inglés Richard Madden. Yu Tsun encuentra en una guía telefónica la dirección del sinólogo Stephen Albert y se reúne con él en su casa de campo. Los dos hombres hablan y descubrimos que Yu Tsun es el bisnieto de Ts’ui Pên, un astrólogo chino que se había propuesto construir un laberinto infinitamente complejo y escribir una novela interminable: El Jardín de Senderos que se Bifurcan. Después de su muerte, se pensó que había fracasado en sus dos tareas: no se sabía que existiera el laberinto y la novela estaba incompleta y resultaba absurda e incoherente, por ejemplo, algunos personajes morían y reaparecían en capítulos posteriores.Albert acaba por revelar a Yu Tsun que ha descubierto el secreto de la novela: el libro es el laberinto, y el laberinto no es espacial sino temporal. El jardín de senderos que se bifurcan es la imagen incompleta del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên.”

Este resumen, que no abarca el cuento de Borges porque es uno de esos relatos que no pueden ser resumidos, lo he tomado con algunas modificaciones de la Wikipedia; he eliminado, por ejemplo, la expresión “fortuita coincidencia borgeana” para explicar el encuentro entre Yu Tsun y Stephen Albert, en primer lugar, porque no se trata de una coincidencia; en segundo lugar, porque Borges detestaba que se calificara algo como borgeano. No le gustaban adjetivos como dantesco o cervantino, como recuerda Bioy Casares:

“A Cervantes cuando escribió el Quijote, no se le ocurrió ser cervantino ni a Kant kantiano ni a Goethe goetheano.”

Un día le preguntó un conocido crítico cómo debía definirse su obra, “borgeana” o “borgeseana”:

“Simplemente como la obra de Borges”.

Y recuerda también Bioy Casares:

“Al poco tiempo me propuso la siguiente broma:

–Por qué no hablamos de la obra “Joséortegaygasseteana”, o de la obra “Marcelinamenéndezypelayesca”. De paso inventamos las frases más largas de la lengua castellana, ¿qué le parece?”

Yo estoy de acuerdo con esa aversión de Borges, como puede comprobar quien lea mi ensayo Nada es lo que es, el problema de la identidad, donde dedico un capítulo a este asunto y explico por qué Kafka no es kafkiano.

Volvamos ahora, en este artículo con tantas bifurcaciones, al cuento de Borges de los senderos que se bifurcan.

Las primeras anticipaciones del hiperenlace en el cuento de Borges se encuentran en lo que dice su personaje Stephen Albert  al contar a Yu Tsun el proyecto de su abuelo:

“A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.”

Narrativa hipertextual: esquema de una novela hipertextual

En otro pasaje del cuento parece describirse una novela hipertextual muchos años antes de que aparecieran:

“En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo.”

Se encuentra en el relato de Borges la presencia constante de los laberintos, una construcción y una figura que no es frecuente en China, aunque aparece en El sueño del pabellón rojo, que fue tal vez la inspiración más evidente de El jardín de senderos que se bifurcan, pues Borges amaba aquel libro chino. También hay un laberinto en El romance de los tres reinos, que no sé si Borges llegó a leer.

El laberinto occidental de Pekín

Es casi seguro que Borges oyó hablar o leyó algo acerca del Yuan Ming Yuan, el antiguo Palacio de Invierno de Pekín, en el que había dos laberintos, uno a la manera china y otro que imitaba los occidentales. Cada uno de los laberintos parece una metáfora de distintos tipos de narrativa hipertextual.

Laberinto occidental del Palacio de Invierno de Pekín, trazado por los jesuitas

En el laberinto occidental se propone un cosmos ordenado y geométrico, cartesiano, casi como si se tratara de un libro lineal que se lee de principio a fin con una sucesión de capítulos, apartados y páginas ordenadas en forma jerárquica y de índices alfabéticos.

Por el contrario, en el laberinto chino de Pekín reina un aparente desorden y los caminos parecen fruto del azar, como un hipertexto sin ordenar, como internet, donde los hiperenlaces nos llevan a sitios a menudo inesperados, donde la información se dispersa en forma de redes y se conecta mediante asociación de ideas, semejanzas o puro azar.

Aunque en el laberinto chino el emperador proponía un recorrido de 42 escenas, lleno de agradables sorpresas, de perspectivas insólitas, de rincones encantadores o misteriosos, cada visitante podía elegir otra bifurcación y crear nuevos senderos, como si leyera Rayuela o 62/modelo para armar, las dos novelas hipertextuales de Cortázar.

Recorrido numerado de las 40 escenas del emperador

Esos dos laberintos quizá fueron la causa de que el espía Yu Tsun trabajara para los alemanes en el cuento de Borges, porque durante la Segunda Guerra del Opio de 1860 los ingleses y los franceses incendiaron y destruyeron aquellos increíbles jardines, que eran una imagen del universo mismo.

Yuan Ming Yuan

Janet Murray, antóloga de The New Media Reader establece una comparación interesante entre Borges y Bush, aludiendo a que ambos escribieron sus textos durante la Segunda Guerra Mundial, que sin duda es un primer atisbo de la “globalización”. No es extraño que  en esos años, durante los que cualquier persona se acostumbró a oír hablar de italianos, alemanes, ingleses, chinos, japoneses, estadounidenses, rusos, húngaros, australianos; y de lugares como Bélgica, París, Berlín, Pearl Harbor, Tokyo, Nankín, Stalingrado, Varsovia, Egipto, El Alemein o las Árdenas, muchos llegaran a imaginar el mundo como un laberinto complejo, lleno de senderos, de idiomas, de lenguas, de claves y de pasadizos ciegos.

Es cierto también que tanto Borges como Vannevar Bush imaginan un laberinto que comparan con la mente humana y el universo, pero para Borges se trata de  un lugar en el que uno no tiene más remedio que perderse, mientras que Bush lo considera como un problema o un acertijo que sí se puede resolver.

En esta encrucijada nos detenemos, dejando para otro momento la solución imaginada por Vannevar Bush al caos hipertextual y otras coincidencias que lo acercan a Borges, como su aversión al orden alfabético.

 


*****

[Publicado por primera vez en Divertinajes, La biblioteca ideal, el 11 de diciembre de 2010. Revisado en 2013 y 2014]

Sobre laberintos occidentales, el libro más completo que conozco es el de mi amigo Marcos Méndez Filesi: El laberinto, historia y mito

Los ingleses emplean dos palabras para referirse a los laberintos: labyrinth y maze. Aunque en el lenguaje común se usan indistintamente, algunos expertos emplean labyrinth para referirse al laberinto unidireccional, como una espiral con un centro y maze para referirse a los multidireccionales que ofrecen diferentes senderos en cada bifurcación. Sin embargo, los antólogos de The New Media Reader prefieren traducir el “laberinto” de Borges como “labyrinth”, a pesar de que es uno de los más complejos laberintos. Su elección es, en mi opinión, acertada, pues la idea de que el laberinto cretense era una simple espiral procede de las ciertas representaciones simples que se hicieron célebres en la Antiguedad, pero el relato cretense habla sin duda de un laberinto de múltiples caminos y encrucijadas, pues, si se tratara de una simple espiral, Teseo no habría necesitado el hilo de Ariadna.

En el libro de Marcos Méndez Filesi El laberinto, historia y mito, se muestra la complejidad de los laberintos y cómo escapar de aquellos en los que el truco de avanzar con una mano pegada siempre a la pared, que se menciona en el relato de Borges, no sirve.

 


En “Mundo analógico”, el fanzine desplegable (que es en sí mismo un hiperenlace extendido) que se incluye en mi libro Recuerdos de la era analógica se menciona a Borges, a Vannevar Bush y a Ted Nelson en relación con el hiperenlace, coincidencia que sin duda no es casual. Puedes visitar la página dedicada al libro para obtener más información: Recuerdos de la era analógica o conseguir el libro en la página de la editorial: Evohé.

En El guión del siglo 21, escribí un apartado titulado Jorge Luis Borges, santo patrón de la multinarrativa, en el que se recogen muchas ideas de este texto, pero se añaden otras (siempre que recupero un  texto intento mejorarlo, matizarlo, ampliarlo y plantear nuevos aspectos).

Escribí en “La biblioteca ideal” de Divertinajes un artículo sobre el mismo asunto pero más breve, que no vale la pena que leas si ya has leído éste, pues solo añade algunas cosas que incluiré en futuros artículos de esta especie de folletín ensayístico que es “Cómo se inventó el futuro”.

 *****

CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO

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JORGE LUIS BORGES

Error: puede que no exista la vista de b63abe0a76

Xanadú y el algoritmo de Google

Xanadú

Hace unos días (marzo de 2005), Google anunció que iba a modificar su algoritmo de búsqueda. El algoritmo de búsqueda son las instrucciones que permiten a Google rastrear la red mundial y ofrecer a quienes lo consultan unos resultados asombrosamente precisos.

De no ser por los buscadores de red, la navegación por Internet sería una verdadera tortura, algo mucho más complejo que buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, esa precisión y capacidad de búsqueda no evita que se produzcan ciertos resultados indeseables. Uno de ellos es que las llamadas ‘granjas de contenido’ aparecen en los primeros lugares de las búsquedas. Las granjas de contenido son páginas que recogen contenidos ajenos y los ofrecen en su propia página, a menudo no con el propósito de difundir ideas interesantes, sino con la sencilla intención de ganar dinero gracias a la publicidad asociada.

Ese tipo de páginas, y otras que emplean diversos trucos para reconducir el tráfico de la red, hacen que la persona que pone contenido original no reciba visitas en su página y que sí lo reciba quien ha copiado ese contenido, algo parecido a lo que me dijeron, cuando trabajé en Argentina, que hacía el creador de Showmatch/Videomatch (Tinnelli): copiar en su programa cualquier cosa que se emitiera en otro lugar y atrajera la atención.

Lo que Google propone ahora, al modificar su algoritmo de búsqueda, es que quienes suban contenidos originales a la red sean beneficiados por los motores de búsqueda y no al contrario, es decir, premiar a quienes añaden algo nuevo y original a la red.

Algoritmo de Google

(…Y así es, en términos sencillos, como puedes mejorar tu ranking en los buscadores de red)

¿Camino de Xanadú?

Es una estupenda iniciativa, tras la que casi se puede detectar el eco o el primer paso hacia uno de aquellos míticos proyectos de Internet, el imaginado por Ted Nelson, el hombre que inventó el hiperenlace. Me refiero a Xanadú.

Como ya he mencionado a Nelson en varios lugares, que puedes encontrar al final de esta entrada, sólo diré aquí que Xanadú consiste en lo que Nelson llama transclusión, un sistema de registro universal en la red, que permitiría detectar el origen de cualquier texto, a través de las diferentes versiones y variaciones del mismo.

Parece una idea imposible de llevar a cabo, si pensamos en las continuas y levísimas variaciones que se pueden hacer en un texto para convertirlo en otro.

En El dilema de Agustín, uno de los textos reunidos por antólogos del siglo 25 en Recuerdos de la era analógica, se ofrece el ejemplo de cómo un texto titulado “Ideas platónicas, mundo popperianos y memética”, se convierte en otro llamado “Justificación del marxismo-leninismo digital”, a través de continuos pero progresivos cambios casi imperceptibles. Pondré aquí un ejemplo más sencillo que el que aparece allí:

Amor es Roma

Amar es Roma

Amar es Romo

Amar es robo

Amar es bobo

Omar es bobo

Omar es lobo

Omar es loco

Etcétera

Hay un juego parecido que no sé si aprendí en algún libro de Lewis Carroll o de Martin Gardner, o quizá me lo enseñó mi padrino José Luis Velasco, que consistía en ir trasformando una palabra en otra cambiando sólo una letra cada vez. Por ejemplo, cambiando sólo una letra cada vez, podemos convertir un “carro” en “dedos”

Carro

Cerro

Perro

Pedro

Cedro

Cedió

Cedía

Pedía

Pedís

Pedos

Dedos

En cualquier caso, el algoritmo de Google y el sistema de registro universal Xanadú o la transclusión, como lo llama Nelson, parece muy interesante, pero también hay ciertos dilemas, como el de Agustín aquí comentado, que resultan inquietantes.

En otra ocasión hablaré un poco más de El dilema de Agustín y del registro universal y la transclusión de Nelson, un asunto muy interesante que ofrece, creo, soluciones inesperadas en el debate del copyright.

2019: Como es obvio, quince años después de esta entrada, la transclusión de la que hablaba Ted Nelson es casi equivalente al blockchain. Y mucho de lo que dije ahora ya es posible o está a punto de serlo.


Si quieres saber por qué se llama a todo esto “el dilema de Agustín? puedes descubrirlo en Recuerdos de la era analógica (página dedicada al libro), pero para conocerlo mejor tendrás que leerlo en el propio libro: Recuerdos de la era analógica (para comprar el libro online en Amazon)

 Acerca de esa extraordinaria persona llamada Ted Nelson:

Cómo se inventó el futuro/ 3. Ted Nelson

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[Escrito en 2103. Revisado en 2019]

REVISTA ENTRE DOS MUNDOS

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Números interesantes

numeros

En Yo soy un extraño bucle, Douglas Hofstadter se plantea cuáles son los números interesantes y descubre que:

el 0 es interesante porque multiplicado por sí mismo da 0

El 1 es interesante porque multiplicado por cualquier número da ese número

El 2 es interesante porque es el número par más pequeño

El 3 porque es el número de lados del polígono bidimensional más simple (el triángulo)

El 4 porque es el primer número compuesto

El 5 porque es el número de poliedros regulares

El 6 porque es el factorial de 3 (3×3×1) y también el número triangular de 3 (3+2+1)

Etcétera.

numeros2Supongamos, dice Hofstadter, que examinamos uno uno todos los números y llegamos a encontrar el primer número no interesante, por ejemplo, el 62: entonces el 62 será interesante por ser el primer número que no es interesante.

A mí también me ha llamado mucho la atención la cualidad de “interesante” de los números, y he jugado a buscar lo interesante de cada número, no sólo desde el punto de vista puramente aritmético, sino desde el cultural, el filosófico o el metafísico. Por ejemplo:

0    es evidente que el número que señala lo que no es, la nada, es muy interesante.

1    el número del monismo y del monoteísmo, un sólo Dios, el principio de todas las cosas, lo Uno de Parménides, el monólogo.

2   dualismo, maniqueísmo: el bien contra el mal, dos principios opuestos, el yin y el yang, el diálogo.

3   trialismo; tesis, antítesis y síntesis hegeliana, la Trinidad cristiana, las tres sustancias de David de Dinant; Dios, materia, espíritu…

4   los cuatro puntos cardinales, los 4 jinetes del Apocalipsis, pluralismo, el paganismo de muchos dioses empieza aquí, el Tetragramaton, las cuatro letras del nombre de Dios, los cuatro puntos cardinales.

5    cinco dedos en manos y pies, los cuatro puntos cardinales y el centro, los cinco libros del Pentateuco o la Torah, el pentagrama divino.

12   doce meses, doce apóstoles, la docena de huevos, doce horas

Etcétera.

numero3

Hace años empecé a llenar una libreta con símbolos diversos relacionados con los números interesantes. Llegué a la conclusión de que la cultura que coleccionaba mayor cantidad de números interesantes era la china:

2 dualismo del yin y el yang,

4 los cuatro puntos cardinales

7 los siete puntos cardinales (con el centro, arriba y abajo),

8, algo relacionado con el ocho que no recuerdo ahora,

los 10.000 seres (sinónimo de número muy grande o infinito),

los 64 hexagramas del I Ching,

pero (3) los trigramas del I Ching

y los (6)hexagramas del I Ching,

y otros que no recuerdo porque no encuentro aquella libreta.

Por cierto, en un Post Scriptum al capítulo dedicado a los números interesantes, Hofstadter consulta dos libros sobre números interesantes y en ambos aparece el 62 como primer número no interesante, lo que parece hacerlo doblemente interesante.

numero62Sixtytwo-Hotel-Barcelona-439x242

 

He pensado  un poco en el asunto del 62 y enseguida he descubierto que es un número muy interesante. ¿por qué?

Porque:
6-2=4 pero…. 6+2 = 8

Es decir, no sé si es el primer número al que le pasa esto, pero es un número en el que, al aplicarsele las operaciones de la suma y de la resta, se obtiene un número que dobla al otro resultado (8 es el doble de 4).

Y no sé si todavía lo hace más interesante el hecho de que 6×2=12, con lo cual obtenemos la serie 4 (6-2)…8 (6+2)…12 (6×2). Curioso.

Quizá, además, se podría añadir que 6 elevado a 2 da como resultado 36 (6×6=36), mientras que dividido entre 2 da 3 (6: 2=3), y 36:3=12, es decir, 6×2.

numero11

Mi número preferido siempre me pareció también un número muy interesante. Creo que lo elegí precisamente para distinguirme de la mayoría de números interesantes que la gente elige (el 3, el 7, el 9, el 13, por ejemplo). Elegí el 11, creo, a los 11 años. Es un número muy interesante porque todos sus múltiplos hasta la primera centena son números con las dos cifras iguales (22, 33, 44…). A partir de la centena, cada siguiente suma de 11 da un número que se inicia con la cifra 1, como es lógico en las centenas, Pero la siguiente cifra es siempre una unidad mayor que la tercera cifra:

11o (1 es una unidad mayor que 0)

121 (2 es una unidad mayor que 1)

132 (3 es una unidad mayor que 2)

143 (4 es una unidad mayor que 3)

Etcétera

Pero lo que es todavía más increíble: en 110 está el 11 (podemos verlotal cual o considerarlo el resultado de sumar en el 110 las cifras. 1+10), en 209 las cifras suman 11, en el siguiente centenar obtenido por el 11 (308) también suman 11 (8+3=11), La cosa se repite con 407, 506, 605, 704, 803, 902. ¿Adivinas, lector, lo que sucede a partir de los millares?

Así que yo era feliz con mi número preferido, que no gustaba a casi nadie a primera vista, excepto a los catalanes, que celebran su día nacional el 11 de septiembre. Los días nacionales son una de las cosas menos estimulantes que conozco, pero lo que arruinó mi larga relación con el número 11 no fue la Diada catalana del 11 de septiembre, sino los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo. No me gustaba que alguien creyera que mi afición al 11 tuviera la más mínima relación con los fanáticos asesinos que cometieron los atentados. Y lo cierto es que el misticismo asociado al 11 desde entonces, no sólo por los seguidores de Al Qaeda, sino también por esos extraños suporters que siempre les salen a los fanáticos más extravagantes entre los grupos llamados antisistema, ha estropeado un poco mi fascinación por ese número.

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[Publicado en septiembre de 2009 en Salón digital]

CUADERNO DE CIENCIA

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Ted Nelson y Xanadú

A finales del siglo 20 y principios del 21, se atribuía el hiperenlace a tres personas: Jorge Luis Borges, Vannevar Bush y Ted Nelson. Hoy estamos mejor informados, pero eso no nos ha hecho olvidar la gran aportacion de los tres.

Se consideraba entonces que Bush fue el primero que había imaginado el sistema de una manera general, pero que Nelson, joven en los inicios de la Época Algorítmica, lo formuló de manera explícita y lo llamó hiperenlace.

Sucedió en el año 1968.

Vannevar Bush anticipó el hiperenlace en su artículo As we may think, publicado en 1945, y lo llamó memex

Nelson es hoy en día más conocido por Xanadú y también por su lucha en favor de la liberación de los seres humanos a través de las máquinas, así como por los primeros manifiestos a favor de la liberación de las propias máquinas, como cuando publicó aquel clásico inolvidable Computer Lib. De todo eso vamos a hablar aquí.

Un libro doble

Ted Nelson publicó en 1974 un libro doble: Computer Lib y Dream Machines. Empezabas leyendo Computer Lib, y cuando llegabas al final le dabas la vuelta al libro y podías leer Dream Machines .

En el libro de Nelson no había ningún tipo de orden aparente, ni índices, ni títulos de capítulos que pudieran guiar al lector.

Portadas de Dream Machines y de Computer Lib. Se puede observar que el pie del superhéroe de Dream Machines asoma en la portada de Computer Lib. Aquí hemos invertido una de las portadas, pero en el ejemplar impreso, se vería una de ellas boca abajo. 

El titulo Computer Lib hacía alusión a la liberación a través de las computadoras y a la liberación de las computadoras mismas. Aunque el libro fue inspiración constante de la primera era hacker, la mayoría de los hackers de segunda generación no llegaron a comprender o aplicar muchas de las ideas básicas de Nelson, que a menudo fueron llevadas a cabo por los que deberían haberse considerado los enemigos naturales de Nelson: las grandes compañías.

Como es sabido, las grandes compañías, movidas por intereses comerciales, posibilitaron la revolución informática del siglo 20 e incluso propiciaron el vertiginoso desarrollo de un mundo hacker con pretensiones de subcultura pero con cientos de miles de adeptos que tenían a su disposición todo tipo de aparatos y tecnología.

El precedente más inmediato de Dream Machines/Computer Lib era The Whole Earth Catalog, de Stewart Brand, (1968).

En Computer Lib se pueden encontrar muchos de los intereses de Nelson en aquellos años: psicología hacker, ataques a IBM, hologramas, notación musical, el Watergate, cómo programar en Trac, las primeras muestras de arte ASCII y todo tipo de referencias literarias.

En cuanto a Xanadú, de lo que se hablará más adelante, ya se mencionaba en Dream Machines y se decía que:

  “Te dará una pantalla en tu casa desde la que podrás acceder a librerías de hipertexto, ofreciendo altas prestaciones en gráficos y servicios de texto por un precio asequible… permitiéndote enviar y recibir mensajes… y haciéndote participe de un nuevo mundo de literatura y arte donde todas tus dudas podrán ser respondidas” (Dream Machines).

Nelson incluso ofrecía un jingle o cancioncilla promocional:

 The greatest things you’ve ever seen
Dance your wishes on the screen
All the things that man has known
Comin’ on the telephone –
Poems, books and pictures too
Comin’ on the Xanadu

Nelson el precursor

Recordemos aquí  algunas de las ideas de Nelson. En primer lugar, como se puede leer en la portada de Computer Lib:

You can and must understand computers NOW” (“Tú puedes y debes entender los computadores AHORA”).

Nelson, entre muchas otras cosas, decía en 1974:

“Tiene sentido que poseas tu propio ordenador”

Hay que recordar que entonces apenas había computadores personales y que los pocos que existían tenían una capacidad tan limitada que resultaba difícil imaginar para qué otra cosa podían servir que no fuera hacer cálculos; por otra parte, apenas había metalenguajes accesibles a alguien que no fuera programador.
Uno de los seguidores de Nelson, Gregory es conocido como el primer particular, no subvencionado por ninguna empresa o institución, que se compró un ordenador Sun en 1982 (número de serie 82).

 “Los computadores rígidos e inhumanos son la creación de personas rígidas e inhumanas”.

 

“Recuerda la ley de Grosch: “No importa lo listos que sean los chicos del hardware, los chicos del software los superarán”

Esta era una de las ideas de Nelson que más inspiró a los hackers, quienes lo demostraron una y otra vez. A pesar de las continuas cerraduras, candados y puertas que los chicos del hardware pudieran colocar, olvidaban ingenuamente que al final de la cadena siempre se necesita pasar por las horcas claudinas de una instrucción de software.

Primera mención de los hackers (1963) Probablemente se trataba de John Draper

Los primeros discípulos de Nelson fueron un grupo de hackers llamado R.E.S.I.S.T.O.R.S. (Resistentes) es decir Radically Students Interested in Science, Technology and Other Research Studies (Estudiantes Radicales Interesados en Ciencia, Tecnología y Otros Estudios de Investigación), que tenían muchas cosas en común con los hackers posteriores pero que, al contrario que muchos de los hackers posteriores, además poseían sentido del humor y se interesaban por todo tipo de cosas.

Cuando los resistentes conocieron a Nelson, tenían una media de edad de 15 años, pero Nelson los consideraba más capaces que los adultos de ayudarle: “Algunas personas son demasiado orgullosas como para acudir a los niños en busca de información”. Con el paso de los años, en la Era Algorítmica acabó resultando imprescindible acudir a los niños para solucionar muchos de los problemas planteados por los ordenadores.

Los R.E.S.I.S.T.O.R.S .en The Evening Times, Trenton, New Jersey, Wednesday, July 26, 1967.

TED NELSON
 “Usar un computador siempre debería ser mas sencillo que no usar un computador”.

 

“Cualquier sistema que no pueda ser entendido por una persona instruida en diez minutos, con un tutor que responda sencillamente a sus dudas, es demasiado complicado.”

A pesar de la admiración que sentían hacia Nelson, durante los primeros 25 o 30 años de computación la obsesión de muchos hackers no fue facilitar las cosas sino complicarlas, construyendo una jerga ininteligible para los profanos y elaborando a menudo programas que solo podían ser manejados por personas que se pasaran 18 horas al día frente al computador.

Como suele suceder, el cambio conceptual más radical vino propiciado por los avances tecnológicos de las primeras décadas del siglo 21, que hicieron posible que los ordenadores manejasen cantidades de información virtualmente infinitas a velocidades casi instantáneas. Este cambio propició la progresiva conversión de los lenguajes máquina y humano en uno solo y, tras la Época Oscura y la desaparición efectiva de consolas, teclados, ratones y discos duros, llevó al fin de la dualidad entre hardware y software, entre máquina y programa, incluso entre externo e interno y, por tanto, convirtió en obsoleta la distinción entre analógico y digital de una manera que, por supuesto, Ted Nelson no habría podido imaginar.

Pero hasta que todo eso sucedió, los verdaderos motores de la revolución fueron las grandes compañías, para las que trabajaban, casi siempre sin ser conscientes de ello, los propios hackers y que, por su parte, proporcionaban a los hackers los medios necesarios para convertirse en un fenómeno minoritario pero masivo.

  TED NELSON
“El conocimiento, el aprendizaje y la libertad pueden ser acelerados mediante la promoción y el desarrollo de las consolas de computador.”

Aunque Nelson expresa una idea correcta en la cita anterior, la referencia a consolas y otros dispositivos de hardware externo hoy nos hace sonreír. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas confusiones entre las ideas y su soporte han sido habituales, como señala danieltubau.com en un ensayo de inicios del siglo 21: Por que el mundo digital no es digital (confusión en la que él mismo no puede evitar caer en algún momento).

TED NELSON
“No importa la naturaleza de las máquinas, sino la de las ideas.”

Curiosamente, aquí Ted Nelson parece habernos captado y rectificado, por lo que, del mismo modo, nosotros rectificamos y elogiamos la clarividencia de Nelson.

TED NELSON
“Todo está profundamente interconectado.”

Lo acabamos de decir.


Nelson y el hiperenlace

Las anteriores eran algunas de las ideas que Nelson adelantó en Computer Lib y Dream Machines. También hablaba en aquel libro doble del hiperenlace, e incluso reproducía íntegro el artículo de Vannevar Bush As we may think. Pero la idea del hiperenlace la propuso años antes de publicar Dream Machines/Computer Lib, cuando en 1968 asistió a la reunión anual de la Asociación de Maquinaria Computacional (ACM).

Nelson dio allí una conferencia con el título: “Una estructura de archivos para lo complejo, lo cambiante y lo indeterminado”. Allí habló también del Docuverso y del hipertexto. Allí dijo lo que repitió después en Dream Machines/ Computer Lib:

 “Con hipertexto, me refiero a una escritura no secuencial, a un texto que se bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario”.

Frente a los relatos secuenciales, frente a artes en mayor o menor grado secuenciales como el cine, el comic, o la televisión, Nelson anticipaba la no secuencialidad para los textos. Aunque se puede considerar que Nelson se refería tanto a la narración en sí como al manejo de la información, su influencia fue mayor en el segundo aspecto, y no se le puede atribuir, al menos de una manera directa experimentos no secuenciales como Rayuela, del escritor argentino Cortazar, los juegos de rol o los libro-juegos que empezaron a ponerse de moda en los años ochenta del siglo 20.

Página de un primitivo hipertexto impreso en papel, los llamados libro-juegos, en el que los lectores tenían que hacer las funciones de hipervínculo y pasar las páginas. Se trata de La espada mágica, de Daniel Tubau

En cuanto al multimedia, otro fenómeno mediático del siglo 20, ya existía desde mucho tiempo atrás, por ejemplo en una “cita para ir al cine”, que incluía estímulos auditivos, visuales, táctiles e incluso olfativos y gustativos, a través y mediante diversos soportes: pantallas, altavoces, palomitas, bocas, cuerpos, perfumes, etcétera.

No es este el momento para hablar de la secuencialidad que encierra incluso un relato aparentemente no secuencial, o de la secuencialidad temporal que inevitablemente introduce el degustador del texto no secuencial al elegir un itinerario que se desarrolla secuencialmente en el tiempo, pues el aspecto mas importante del hipertexto nelsoniano tiene que ver más con la herramienta que con su uso.

Hiperenlaces siempre existieron, ya antes de Nelson, por ejemplo en las notas a pie de página de un libro, que servían para que el lector viajase del cuerpo principal del texto a aspectos específicos, como la referencia al autor del que procedía una cita, que a su vez podía hacer que el lector crease por sí mismo otro hiperenlace y de desplazara hasta un estante de su librería para tomar el libro mencionado y abrirlo por la pagina indicada, lo que podía hacer que estableciese un nuevo vínculo, por ejemplo, descolgando el teléfono para llamar a su profesor y consultarle una duda. Todas esas operaciones ahora suceden en un mismo lugar, si es que podemos llamar “lugar” a la percepción ubicua.

Sin embargo, lo que proporcionaron aquellos ordenadores y soportes digitales primitivos fue una facilidad de uso del hiperenlace que permitía explotar casi todas sus posibilidades.

Gracias a esos links, incluidos en textos digitales, una marcasencilla, como una palabra subrayada en azul, permitía abrir un nuevo documento, leerlo y regresar de nuevo con un solo clic al lugar de origen. El hiperenlace reproducía de manera efectiva el modo de funcionar de un cerebro intelectualmente sano, que no se mantiene en un mismo carril, sino que salta continuamente a uno y otro lado, explorando las vías paralelas o perpendiculares.

En 1969 Nelson intentó llevar a la práctica sus ideas con uno de los primeros procesadores de texto que se estaba desarrollando en la Brown University. Adquirió el permiso para usar la novela Pálido Fuego de Nabokov con la intención de demostrar de manera práctica el funcionamiento del hipertexto. Una de sus ideas era que no se debía considerar el papel como el soporte básico, sino que las cosas debían ocurrir en la pantalla del ordenador. Pero las ideas de Nelson no gustaron a los inversores y tuvo que interrumpir el proyecto.

En 1981, Nelson publicó otro libro en el que hacía una descripción extensa del hipertexto: Literary Machines. El libro tenía un capítulo Cero, dos capítulos Uno, un capítulo Dos, y siete capítulos Tres. Nelson proponía al lector que empezara con uno de los capítulos Uno, leyera entonces el Dos, después uno de los capítulos Tres, y regresara con otro de los capítulos Uno, para leer luego otra vez el capítulo Dos y a continuación otro de los Tres. Literary Machines era, pues, una ejemplificación del hiperenlace y uno de los primeros hipertextos que realmente aprovechaban las caracterísicas narrativas del hiperenlace.

El proyecto Xanadu

Años despues de Literary Machines, Nelson se sumergió en un proyecto llamado Xanadú, que le llevo décadas a él y a sus colaboradores y que fue de fracaso en fracaso. Durante más de treinta años, no se llegó a saber  si lo que tenían entre manos era realmente importante o no, y hubo muchos que pensaron que Nelson solo vendía humo pero, tras los años de colapso de la ArqueoRed, el sistema de Nelson fue adoptado como modelo base de la nueva red universal. El modelo pronto fue corregido, pero sin duda llevando a su desarrollo lógico las ideas de Nelson.

Sin embargo, a comienzos del siglo 21 lo que se sabía de Xanadú, fuera del círculo de Nelson y sus seguidores, era que el nombre procedía del célebre poema de Coleridge “Kublai Khan”. En efecto, en el siglo 19 el poeta Coleridge tuvo un sueño de opio y en ese sueño le fue ofrecido un largo poema acerca de la legendaria ciudad de Xanadú y el emperador chino de origen mongol Kublai Khan. Coleridge empezó a escribir todo lo que recordaba hasta que, inesperadamente, recibió una visita a la que no pudo dejar de atender. Atender a esa visita inoportuna hizo que el resto del poema desapareciera de su mente.

Pues bien, resulta que el propio Nelson vivía esa pesadilla de Coleridge en su vida diaria, pues padecía el Síndrome de Atención Deficitaria (Attention Deficit Dissorder), una enfermedad que hace a quienes la padecen extremadamente sensibles a las interrupciones. Si el hilo de los pensamientos de Nelson era cortado, ya no podía recordar de que estaba hablando. Debido a ello, iba siempre cargado de un arsenal de libretas y de grabadoras que registraban todo lo que decía. De este modo, cuando olvidaba de qué estaba hablando, rebobinaba la grabadora y podía reanudar el tema donde lo había dejado.

No es casual, por lo tanto, que Nelson concibiese el proyecto Xanadú como una manera de ayudarse a sí mismo, un método para encontrar “ese mágico sitio de la memoria literal donde nada se pierde nunca”.

Curiosamente, el poema de Coleridge también tuvo una influencia directa en uno de los héroes de infancia de Nelson: Orson Welles.

El Xanadú de Orson Welles (o de Charles Foster kane)

No conformismo

Entre los héroes de Nelson estaban famosos no conformistas y hombres de negocios: Buckminster Fuller, Bertrand Russell, Walt Disney, H.L.Mencken, Orson Welles y, por supuesto, Alfred Korzybsky.

La presencia de Korzybsky nos hace suponer que a Nelson también le gustarían las novelas de ciencia ficción El mundo de NO-A y Los jugadores de No-A, de A. E.Van Vogt. Curiosamente, uno de los colaboradores de Nelson, Marc Stiegler, escribió una novela de ciencia ficción en la que el hiperenlace salvaba a la humanidad: David’s Sling.

Desde pequeño, Nelson tenía cuatro máximas favoritas:

 La mayor parte de la gente está loca

Casi toda autoridad es maligna

Dios no existe

Todo está equivocado.

Su tendencia en las discusiones era a simpatizar siempre con la idea rechazada o despreciada.

Hay que aclarar, sin embargo, que Nelson estaba muy orgulloso de su enfermedad, y consideraba que el Síndrome de Atención Deficiente fue llamado así por los Chovinistas de la Regularidad. Los Chovinistas de la Regularidad son “esa gente que insiste en que tienes que hacer la misma cosa todos los días”. Nelson prefería un nombre más positivo para su enfermedad, algo así como Mente Revoloteadora.

Xanadú, el Docuverso y la Arqueo-Red

El término vaporware fue acuñado para describir lo ocurrido con una paquete de software para DOS, llamado vaporware, que fue anunciado en 1983 por Ovation Tecnologies y nunca se comercializó

Nelson quedó muy decepcionado cuando la Arqueo-Red iniciada por Berners Lee y Andreessen adoptó un sistema de hiperenlaces incompatible con Xanadu, es decir, de un sólo sentido y compuesto de múltiples copias en vez de vínculos a un único texto. Porque otra de las funciones de Xanadu era, paradójicamente, defender los derechos de copyright, con lo que Nelson, de nuevo, se anticipó incluso a sus seguidores, durante mucho tiempo partidarios de la desaparición del autor.

[También en danieltubau.com, se publicó un artículo premonitorio en el que se argumentaba en contra de algunas de las ideas de los defensores de la no-autoría, pero no desde el punto de vista de las grandes corporaciones: Un regreso a la Edad Media.]

Todos los que trabajaban en el proyecto Xanadú tenían prohibido hablar de él y de su algoritmo secreto. Sólo se sabía que una de sus claves era algo llamado enfilade.

En efecto, el docuverso de Nelson no era otra cosa que un universo textual, de tal manera que cuando alguien citaba a otro autor, no copiaba en su texto la cita, sino que tan sólo ponía una flecha o gancho que apuntaba al fragmento en cuestión (que se hallaba en el docuverso) y lo situaba entre las comillas.

Ted Nelson era hijo del director de cine Ralph Nelson, que hizo Soldado azul, una de las primeras películas que mostraron la conquista del oeste desde el punto de vista indio, como un exterminio cruel y salvaje

Algo semejante a lo que hacía, en aquellos tiempos primitivos, un programa de dibujo vectorial, que en vez de archivar todos los puntos que constituían un cuadrado, lo que hacía era guardar la fórmula matemática que definía dicho cuadrado y aplicarla cada vez que se quería ver ese cuadrado. De este modo, se ocupaba menos memoria en tiempos en que la energía era tan escasa como la energía eléctrica.

Pero la intención de Nelson no era ahorrar memoria, sino, entre otras cosas, crear un sistema de copyright (llamado transcopy o transclusion) en el que los royalties no se recibían por textos enteros, sino por párrafos, palabras o bytes utilizados.

Sin embargo, Nelson desmintió a sus críticos y a los escépticos a principios del siglo 21, cuando presentó el primero de sus productos informáticos: zigzag

Lamentablemente, la censura aplicada a la Arqueo-Red nos impide saber qué hizo después Nelson y si Xanadú llegó a aplicarse antes de la Época Oscura, pero obsérvese que el símbolo de ZigZag casi podría ser también el de Xanadú.

AristotelesAnimalsAristotle

Los problemas para un sistema como Xanadu no solo se debían a la dificultad primera de crear enlaces a fragmentos en vez de a documentos, como decidió hacer la antigua World Wide Web (la Arqueo-Red), sino en la determinación de los contenidos de ese docuverso, la selección de la variante correcta de cada texto, la catalogación de todos los textos a incluir y la preparación de una edición princeps binaria de cada uno de ellos, etcétera.

Este problema se solucionó en gran parte con el proyecto The Whole Universe Catalog. Pero el problema de la catalogación no era el más grave.

El mayor problema era que lo que Nelson proponía chocaba incluso con sus propias ideas, con las posibilidades que el mismo hipertexto proporcionaba, ya que proponía un Docuverso rígido, casi inmutable, forjado sobre intereses (los de quienes pertenecían a él o poseían los fragmentos transcopyrighteados). Un Docuverso en el que las cosas apenas cambiaban, en el que las variantes o eran descartadas o exigían un trabajo casi infinito. En la década del 2020 un ingenioso ensayista pudo mostrar en “El dilema de Agustín” como un texto se convertía en otro, cambiando en cada paso una sola palabra (y usando siempre textos ya publicados). Algo semejante hizo Hertzwig con textos construidos a partir de cualquiera de los idiomas conocidos y los creados por James Joyce en el Finnegans wake, en este caso cambiando tan solo una letra cada vez para crear palabras y frases siempre dotadas de significado. ¿Quién poseería entonces el copyright de esa transición casi indetectable entre uno y otro texto? El problema era similar a otro que planteaba Agustín de Hipona: cuando tenga lugar el Juicio final y la resurrección de los muertos, ¿a quién pertenecerá la carne que ha sido devorada por un canibal: al devorado o al devorador?

Como se ve, nuevamente, todo esta relacionado, pues este proyecto nos recuerda inevitablemenre a la revista que inspiró Dream Machines/ Computer LibThe Whole Earth catalog. Una interesante premonición del sistema de catalogación universal se puede encontrar en la colección de ensayos y relatos arcaicos publicada en Recuerdos de la era analógica, en el ensayo Que nada se crea (una antología en la que también se incluye este ensayo).


En el libro Recuerdos de la era analógica, de Daniel Tubau, publicado por Evohé en el siglo 21, aparecen algunas reflexiones semejantes, pero no idénticas, a las de esta entrada, dentro del fanzine o ezine desplegable “Mundo analógico”.  Puedes conseguir un ejemplar digital o impreso del libro a través de la página de Evohé o de Amazon.


Kubla Khan or “A vision in a dream. A fragment” (Samuel Taylor Coleridge)

In Xanadu did Kubla Khan
A stately pleasure-dome decree:
Where Alph, the sacred river, ran
Through caverns measureless to man
Down to a sunless sea.
So twice five miles of fertile ground
With walls and towers were girdled round :
And there were gardens bright with sinuous rills,
Where blossomed many an incense-bearing tree;
And here were forests ancient as the hills,
Enfolding sunny spots of greenery.

But oh ! that deep romantic chasm which slanted
Down the green hill athwart a cedarn cover!
A savage place ! as holy and enchanted
As e’er beneath a waning moon was haunted
By woman wailing for her demon-lover !
And from this chasm, with ceaseless turmoil seething,ç

As if this earth in fast thick pants were breathing,
A mighty fountain momently was forced :
Amid whose swift half-intermitted burst
Huge fragments vaulted like rebounding hail,

Or chaffy grain beneath the thresher’s flail :
And ‘mid these dancing rocks at once and ever
It flung up momently the sacred river.
Five miles meandering with a mazy motion
Through wood and dale the sacred river ran,
Then reached the caverns measureless to man,
And sank in tumult to a lifeless ocean :
And ‘mid this tumult Kubla heard from far
Ancestral voices prophesying war !
The shadow of the dome of pleasure
Floated midway on the waves ;
Where was heard the mingled measure
From the fountain and the caves.
It was a miracle of rare device,
A sunny pleasure-dome with caves of ice !
A damsel with a dulcimer
In a vision once I saw :
It was an Abyssinian maid,
And on her dulcimer she played,
Singing of Mount Abora.
Could I revive within me
Her symphony and song,
To such a deep delight ‘twould win me,
That with music loud and long,
I would build that dome in air,
That sunny dome ! those caves of ice !
And all who heard should see them there,
And all should cry, Beware ! Beware !
His flashing eyes, his floating hair !
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread,
For he on honey-dew hath fed,
And drunk the milk of Paradise.

En danieltubau.com (ArqueoRed, por supuesto) se puede encontrar una de las primeras galerías virtuales de arte ASCII


La primera aparición conocida de esta entrada en lo que los autores llaman ArqueoWeb tuvo lugar en 2004 en una página llamada nuestroS antepasadoS. Este es el aspecto primitivo-futurista que tenía:

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CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO -3

Un poco de evemerismo mesopotámico

Evémero, que nació tal vez en Sicilia y vivió entre -330 y -250, fue un pensador griego que avanzó la hipótesis según la cual detrás de los mitos se escondía la historia. Fue uno de los pensadores de ese período que dura varios siglos durante el que los griegos empezaron a dudar de todo y a cuestionar la superstición, buscando causas naturales y explicaciones razonables y razonadas a los mitos. Hoy que muchas personas educadas e inteligentes parecen querer precipitarse de nuevo en el pensamiento místico, mágico y antirracional, vale la pena recordar a quienes, en una época menos educada y con menos recursos, fueron capaces de ir un poco más allá del pensamiento simplista y crédulo.

Lo curioso es que la teoría de Evémero se expresó mediante una novela, más en concreto mediante una utopía, llamada Inscripción Sagrada (Ἱερὰ ἀναγραφή, Hierà anagraphé), que no se conserva, pero cuyo argumento sí se conoce. El narrador llegaba a unas misteriosas islas en el Océano Índico y allí describía con todo detalle una sociedad utópica. En un momento dado, descubría las tumbas de Urano, Cronos y el mismísimo Zeus. Entonces le explicaban que los dioses griegos habían sido reyes de aquella isla, es decir personajes históricos que con el tiempo se habían convertido en leyendas mitológicas. La idea no era tan original ni extravagante para su época como puede parecer a primera vista, no sólo porque había precedentes, como el historiador Heródoto y varios sofistas, o las ingeniosas explicaciones de Paléfato de muchos mitos, sino porque desde tiempos inmemoriales se había mostrado en Creta la tumba de Zeus, al que muchos consideraban un antiguo rey de aquel imperio marítimo.

Aplicaré ahora un evemerismo rápido a la Epopeya de Gilgamesh, suponiendo que tras el nombre de Gilgamesh se esconde o bien un rey que gobernó en Uruk, algo que la mayoría de los estudiosos admiten hoy y que el propio mito afirma, o bien una dinastía o un período histórico que tuvo lugar en la ciudad de Uruk. Ahora bien, aunque los historiadores y arqueólogos admitan que probablemente hubo un rey llamado Gilgamesh en Uruk, sin embargo, ello no hace que crean que ese rey se enfrentó a un gigante que habitaba en el bosque de los cedros, o que conoció al hombre que sobrevivió al Diluvio (Utanapishti), o cualquiera de las otras aventuras de tono fantástico que aparecen en el relato. Por su parte, los que crearon el mito si creían en esas historias fantásticas y no les preocupaba tanto la justificación racional e histórica de las acciones de su antiguo rey. Un investigador evemerista elige lo mejor de cada casa, de los creadores y trasmisores de mitos y de los arqueólogos e historiadores, e intenta descubrir el trasfondo histórico de ciertas leyendas.

A pesar de que Evémero fue claramente un sabio que se anticipó a muchas de las ideas modernas, el evemerismo no está bien visto entre los mitógrafos. Los mitógrafos, o muchos de ellos, consideran que las explicaciones evemeristas que descubren acontecimientos históricos en los mitos son simplistas, que los mitos pueden ser creados sin que haya detrás una razón histórica y que no son simples crónicas encubiertas. Seguramente tienen bastante razón, porque hay que admitir que la formación de un mito es muy compleja y puede surgir por muy diversas razones. Algunos, por ejemplo, opinan que los mitos proceden de los ritos: existía un ritual cuyo sentido no se entendía y entonces se creaba un mito para darle algún sentido. Otros consideran que sucede justo lo contrario y que primero se crean los mitos y solo luego los ritos a partir de ellos. Robert Graves asegura que hay ocasiones en las que un mito nace no sólo para explicar un rito, sino incluso para dar sentido a una imagen no entendida conservada en una vasija o en una escultura. Algunos piensan que los mitos son creados por los poetas, por los profetas, por los sacerdotes o por la tradición, a través de relatos que se crean más o menos espontáneamente y se van trasmitiendo. ¿Quién tiene razón?

Lo más probable es que, como sucede casi siempre que los expertos no consiguen ponerse de acuerdo, es que tengan razón todos. Los mitos pueden surgir por todos esos motivos enumerados y por muchos más, y además se podrían dar pruebas concluyentes que demuestran cada una de las posibilidades aplicada a mitos cuyo origen sí se conoce. Quizá me ocupe de buscar un ejemplo de cada caso un día de estos. Por ahora, me dedicaré a lo que he prometido, una rápida visión evemerista de la Epopeya de Gilgamesh.

Pues bien, comienzo con un resumen rápido de la Epopeya de Gilgamesh.

Gilgamesh entre dos toros que sostienen un símbolo solar

ARGUMENTO MÍTICO DE LA EPOPEYA DE GILGAMESH

 Gilgamesh es el rey de la ciudad de Uruk. Como se porta muy mal con su pueblo, los dioses crean a un hombre-bestia llamado Enkidu para que se enfrente con él y le baje los humos. Los dos se enfrentan en un combate en el que no está del todo claro quién vence. Después se hacen amigos y juntos deciden atacar al monstruo llamado Humbaba, que vive en el bosque de los cedros. Aunque el monstruo cuenta con la protección del poderoso dios Shamash, Gilgamesh y Enkidu logran vencerlo. Tras esta hazaña, regresan a Uruk, aunque parece que antes pasan por Nippur para mostrar la cabeza del monstruoso Humbaba. En Uruk la diosa Ishtar se enamora de Gilgamesh y quiere casarse con él, pero él la rechaza recordándole el desgraciado final que tuvieron todos sus amantes. Ishtar se queja ante el gran dios Anu, que se burla de ella, pero consiente en mandar años de hambre sobre Uruk y el castigo de un toro celeste que arrasa Uruk. Gilgamesh y Enkidu se enfrentan al toro divino y lo vencen. Poco después Enkidu tiene horribles sueños, enferma y muere. Durante los funerales de Enkidu Gilgamesh descubre la inevitabilidad de la muerte y, aterrado ante la idea de que le suceda lo mismo, busca la vida eterna. Emprende el camino para ver al sabio Utanapishti y recibe las indicaciones del Hombre Escorpión. Llega a unos jardines de joyas increíbles y finalmente al borde del mar encuentra a la tabernera Siduri, quien le aconseja que  busque al barquero UrShanabi y “Los de piedra”. Gilgamesh destruye a Los de piedra y atrapa a UrShanabi. Finalmente encuentra a Utanapishti, quien le cuenta que él procede de la ciudad de Shurupak y que el sobrevivió al diluvio. Después de contarle el diluvio, le explica cómo alcanzó la vida eterna, y le dice que si también él quiere lograrla debe antes permanecer despierto seis días y siete noches. Pero Gilgamesh cae dormido enseguida y duerme durante siete días, perdiendo la posibilidad de que los dioses le den la inmortalidad. Sin embargo, Utanapishti, convencido por su esposa, le revela un último secreto: puede recuperar la eterna juventud si consigue una planta. Gilgamesh encuentra la planta, pero en un descuido una serpiente se la roba y se ve obligado a regresar con las manos vacías a Uruk. Allí, construye una muralla enorme y se convierte en un rey sabio.

 

PRIMERA INTERPRETACIÓN EVEMERISTA (visión general del poema)

Si aplicamos un evemerismo histórico extremo podríamos plantearnos que Gilgamesh representa a una ciudad, en este caso parece claro que Uruk, de la que la propia leyenda dice que es rey. Enkidu, su enemigo salvaje, podría interpretarse como un alusión a un pueblo bárbaro, llegado recientemente a las inmediaciones de Uruk. El encuentro entre las dos culturas habría sido en un primer momento conflictivo, con algunas batallas o guerras. Al parecer, los primeros ataques fueron llevados a cabo por el pueblo bárbaro (las historias de Enkidu atacando a los cazadores y pastores) contra poblaciones fronterizas. En cuanto al episodio de la prostituta que se envía desde Uruk para suavizar las costumbres de Enkidu, podemos interpretarlo de muy diversas maneras: como un primer ataque de Uruk contra las tribus bárbaras o como la alianza con la tribu bárbara de uno de los tradicionales aliados de Uruk. O como la oferta de alianza de la propia ciudad de Uruk con esos bárbaros, quizá pagándoles un tributo a cambio de la paz. Ello no habría evitado que los bárbaros, tal vez al conocer la riqueza de Uruk decidiesen atacar la propia ciudad, como parece revelar el combate singular entre Enkidu y Gilgamesh en las propias calles de Uruk. Tras el combate, que se supone quedó en tablas, y una vez hermanadas o aliadas las dos culturas, parten contra un enemigo que se encuentra a una distancia bastante importante: en el relato se habla de más de dos mil kilómetros. Ese enemigo cuenta con la protección de otro imperio poderoso (como parece significar el hecho de que lo protegen ciertos dioses, en especial Shamash), pero Uruk y las tribus bárbaras aprovechan que el imperio anda ocupado en otros asuntos o que no espera ese ataque sorpresa contra su aliado (en el relato se insiste en que Gilgamesh y Enkidu llegan al bosque en unos días, haciendo un camino que llevaría normalmente varios meses) y vencen al reino de Humbaba en una batalla terrible.

La anterior sería una interpretación evemerista apresurada de las primeras aventuras de Gilgamesh y Enkidu. Aplicaré el método con más atención al detalle y analizando toda la epopeya. Insisto en que ni afirmo ni niego que se deba interpretar este mito o cualquier otro mito de esta manera, buscado el trasfondo histórico oculto, pero me parece, dentro de lo que yo llamo el método kepleriano de investigación, una excelente máquina inventiva que a veces, ¿quien sabe?, puede incluso acertar.

 

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Explico el método kepleriano en Hipótesis mitológicas

Religión, mitos y teología en Toda la mitología

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El libro en blanco

libro en blanco

Los libros que contiene esta biblioteca imposible no son fáciles de encontrar. Muchos hay que buscarlos entre los fragmentos de libros desaparecidos, algunos en el interior de otros libros y otros en librerías y bibliotecas que nadie visita. También se pueden encontrar en un lugar en el que resulta difícil pensar que pueda esconderse un libro: el interior de nuestro cerebro. Muchos investigadores y filósofos están de acuerdo en la existencia de ese libro, pero discuten acerca de si sus páginas están en blanco o si hay algo escrito en ellas.

El cerebro humano es una de las estructuras más extrañas que se conocen; para intentar entender cómo funciona, se ha comparado con las cosas más complejas que han existido en cada época. Charles Sherrington propuso la metáfora del telar:

“El cerebro puede compararse a un telar mágico en el que millones de centelleantes lanzaderas entretejen una  evanescente estructura.”

Otras metáforas han sido la centralita de teléfonos, un hormiguero en constante movimiento, el universo con sus galaxias, estrellas y planetas o el comienzo de La pasión según San Mateo, de Bach, que me parece una de las más acertadas, como se puede comprobar a continuación.

[tube]http://www.youtube.com/watch?v=KU1S32AQ3Uo[/tube]

Coros y Orquesta Bach de Munich dirigidos por Karl Richter

En los últimos años, la comparación habitual para el cerebro son los ordenadores y la red mundial de Internet.

Aristoteles-Acerca del alma

No ha sido muy frecuente comparar el cerebro con un libro, a pesar de que la vida humana sí ha sido equiparada con una obra de teatro (teatrum mundi). Pero lo más semejante a una analogía entre un libro y el cerebro tal vez sea lo que Aristóteles dijo en Acerca del alma: que la mente de un recién nacido es una tabula rasa, una tablilla de madera raspada o de cera tierna, que debe ser escrita mediante el aprendizaje, la percepción y la experiencia del mundo externo.

El filósofo persa Avicena (Ibn Sina) recuperó la metáfora en su cuento El filósofo autodidacto, en el que un niño que vive solo en una isla se educa a sí mismo, pero fue Abentofail (Ibn Tufayl) quien popularizó la idea en Oriente y Occidente con una novela en la que conservó el título de su predecesor: El filósofo autodidacto. También Baltasar Gracián contó la misma historia en El criticón, al parecer inspirándose en una fuente común a todos ellos: Historia del ídolo y del rey y de su hija.

Pero quien estableció definitivamente la metáfora de la mente como un libro en blanco cuyas páginas se escriben con la experiencia fue John Locke:

“Supongamos entonces que la mente sea, como decimos, papel blanco, ausente de todos los símbolos y de todas las ideas; ¿cómo es que se llena de ellos? ¿De dónde le llega esa inmensa colección que la activa e ilimitada inclinación humana ha pintado en ella con una variedad casi infinita? A esto contesto con una sola palabra: de la experiencia, en la que se funda todo nuestro conocimiento y de la que, en última instancia, todo él se deriva.”

  La mente como un libro en blanco era la metáfora favorita del empirismo, que ahora es llamado empirismo ingenuo, ya que la idea de la tabula rasa no goza de muy buena prensa y ha sido contestada a menudo, desde Descartes y sus ideas innatas (que son anteriores a Locke) hasta Noam Chomsky, Gary Marcus o Steven Pinker.

 

Contra la tablilla en blanco

El lingüista Noam Chomsky niega que el cerebro sea una tablilla en blanco y afirma que, ya desde nuestro nacimiento, contiene una gramática innata. Se trataría de una Gramática Universal, común a todos los idiomas conocidos. Muchos lingüistas intentan averiguar cuáles son las reglas escritas en ese volumen de gramática, suponemos que no muy extenso, que contiene nuestra mente.

Steven-Pinker - la tabla rasa

Hace pocos años, Steven Pinker causó mucho revuelo al asegurar que  nuestro cerebro no sólo contiene la Gramática Universal de Chomsky, sino también un completo Manual de Instrucciones. El problema, dice Pinker, es que no todos los cerebros almacenan los mismos manuales de instrucciones. De este modo se ha reavivado la periódica polémica entre los partidarios del determinismo genético (somos esclavos de nuestra biología) y los del determinismo cultural (somos esclavos de la educación).

Gary-Marcus

En una posición intermedia, el neurólogo Gary Marcus ha puesto en cuestión en su libro Kluge (Apaño) que la tablilla mental esté tan vacía como pensaba Aristóteles:

“La organización inicial del cerebro no depende tanto de la experiencia. La naturaleza provee el primer borrador, el cual es revisado luego por la experiencia.”

He dicho que la de Marcus es una posición intermedia porque él no dice que estemos determinados por ese borrador (First Draft) que albergamos en nuestro cerebro: Marcus aclara que innato no significa que no se pueda modificar, sino que existe al nacer.

Jonathan-Haidt

Jonathan Haidt

Por su parte, el psicólogo Jonathan Haidt ha intentado averiguar qué palabras o que conceptos contiene ese borrador de la mente, y ha sugerido que allí están escritos los cinco pilares de la moralidad: “daño y cuidado”, “igualdad y reciprocidad”, “lealtad de grupo”, autoridad y respeto” y “pureza y santidad”.

Esos cinco conceptos explican en gran parte, según Haidt, las semejanzas y las diferencias entre el pensamiento conservador y el progresista: todos los siguen, aunque no los interpretan del mismo modo. Así,  los conservadores aplican la pureza y santidad a la virginidad o a la religión, mientras que los progresistas aplican la santidad al planeta Tierra y la pureza a los alimentos llamados naturales o ecológicos.

El problema es averiguar cómo están escritos esos conceptos en nuestro cerebro. Resulta difícil imaginar un libro con hojas, líneas y palabras alojado entre nuestras neuronas, pero también parece difícil creer que ideas complejas como las que menciona Haidt puedan almacenarse y trasmitirse de generación en generación sin que sean, en cierto modo, un lenguaje.

El-gen-egoista

Algunos buscan la respuesta a este enigma en una teoría propuesta por Richard Dawkins a finales del siglo pasado en El gen egoísta: los memes o unidades de trasmisión cultural.  Los memes son “replicadores” que hacen copias de sí mismos, como los genes. Una molécula de ADN puede replicarse y dar lugar a dos moléculas de ADN idénticas a la original y, del mismo modo, dice Dawkins, los memes perviven saltando de un cerebro a otro:

“Ejemplos de memes son: tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, formas de fabricar vasijas o de construir arcos.”

La memética o ciencia de los memes es por el momento sólo una hipótesis más o menos ingeniosa, y son muchos sus detractores, casi tantos como sus adoradores. Pero, si lograra confirmarse, no estaríamos lejos de poder leer, por fin, alguno de esos libros que tal vez se alojan en nuestro cerebro.

 


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Literatura mortal y otros libros que matan

literatura mortalLos libros suelen recibir elogios unánimes, como instrumentos que ayudan a la cultura, a la paz y al entendimiento entre los seres humanos. Óscar Cabello ha escrito Literatura mortal para demostrarnos lo contrario.

Cabello dedica varios capítulos a los primeros libros mortales, los de las diversas religiones, que alientan al asesinato, la invasión o la guerra santa, y cita pasajes elocuentes de los textos sagrados de las religiones del Libro, como el Deuteronomio judío:

Texto del “Deuteronomio”

“Si oyes decir en una de las ciudades que algunos hombres, malvados, salidos de tu propio seno, han seducido a sus conciudadanos diciendo: «Vamos a dar culto a otros dioses», consultarás, indagarás y si es verdad, si se comprueba que en medio de ti se ha cometido tal abominación, deberás pasar a filo de espada a los habitantes de esa ciudad, amontonarás todos sus despojos en medio de la plaza pública y prenderás fuego a la ciudad con todos sus despojos, todo ello en honor de Yahveh tu Dios.”

Corán andalusí

En el Corán musulmán tampoco faltan pasajes que incitan al asesinato o la guerra santa:

“¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente! (Sura 9: 29-31)

En el Nuevo Testamento es más difícil encontrar incitaciones directas a la violencia, pero Cabello nos recuerda que los cristianos aceptaron como sagrados los libros judíos y que muchos libros cristianos de la Edad Media alentaron la tortura y la quema de herejes, como el bestseller de la época Malleus maleficarum (Martillo de herejes):

“Porque la brujería es alta traición contra la Majestad de Dios. Y deben ser sometidos a tortura para hacerlos confesar. Cualquier persona, fuese cual fuere su rango o profesión, puede ser torturada ante una acusación de esa clase, y quien sea hallado culpable, aunque confiese su delito, será puesto en el potro, y sufrirá todos los otros tormentos dispuestos por la ley, a fin de que sea castigado en forma proporcional a sus ofensas.”

El capítulo más estremecedor de Literatura mortal es también el más reciente, el dedicado al siglo XX, donde Cabello intenta contabilizar las muertes causadas por los libros del fascismo, desde la inspiración asesina de Los protocolos de los sabios de Sión, una obra que se mueve entre el género fantástico y la falsificación y cuenta la supuesta conjura de los judíos para dominar el mundo, hasta el Mein Kamp de Adolf Hitler. Tampoco olvida Cabello los libros de Lenin, Stalin y Mao Zedong, que incitan al exterminio de los enemigos y que recomiendan la propagación del terror como instrumento político:

“El ataque contra el enemigo se debe producir con más energía; el ataque, no la defensa, debe ser la consigna de las masas, el exterminio despiadado de los enemigos será su tarea.” (Lenin, Lecciones de la insurrección de Moscú)

 Cabello, en este libro extraordinario pero en ningún caso agradable de leer para cualquier persona que sienta amor hacia los libros, olvida mencionar algunos obras mortales, que, aunque no se pueden comparar a los que he mencionado, vale la pena recordar aquí. Uno de ellos es el Werther de Goethe, que provocó el suicidio de muchos jóvenes románticos; o los libros de encantamientos mortales, como Clavículas de Salomón, que aunque no sea mediante sus extrañas pócimas y conjuros, a veces han causado la muerte por sugestión de quienes se creían hechizados.

Werther se suicida

Un ejemplo de libro que mata, pero no por incitación, sino literalmente, es la segunda parte de la Poética de Aristóteles en El nombre de la rosa, de Umberto Eco, que mata a quien lo lee porque está impregnado con un veneno que pasa a la sangre del lector cuando se humedece el dedo para pasar las páginas.

Eco, sin duda, tomó la idea de un relato de Las Mil y Una Noches, el del rey Yunán y el sabio Ruyán:

“El rey, lleno de impaciencia cogió el libro y lo abrió, pero encontró las hojas pegadas unas a otras. Entonces metiendo su dedo en la boca, lo mojó con su saliva y logró despegar la primera hoja. Lo mismo tuvo que hacer con la segunda y la tercera hoja, y cada vez se abrían las hojas con más dificultad. De ese modo abrió el rey seis hojas, y trató de leerlas, pero no pudo encontrar ninguna clase de escritura. Y el rey dijo: ‘¡Oh médico, no hay nada escrito!’.

Y el médico respondió: ‘Sigue volviendo más hojas del mismo modo’. Y el rey siguió volviendo más hojas. Pero apenas habían pasado algunos instantes circuló el veneno por el organismo del rey en el momento y en la hora misma, pues el libro estaba envenenado. Y entonces sufrió el rey horribles convulsiones.”

Por cierto, José Luis Velasco, mi padrino, me contó un día que circula una leyenda que dice que quien lee entero el libro de Las mil y una noches muere. Pero, si así fuera, ¿por qué no mueren los traductores de ese libro delicioso? La respuesta tal vez podría ser que muchos si murieron después de traducir la obra y que otros, para escapar a ese destino, evitaron traducir todos los cuentos, como en la excelente versión de Juan Vernet, que  no incluye los cuentos de Simbad, con la excusa de que son apócrifos.

Juan Vernet leyéndose

Sin embargo, una de las más hermosas menciones a un libro mortal se encuentra en un  poema de Calímaco:

 “Diciendo ‘Sol, adiós’, Cleómbroto de Ambracia
se precipitó desde lo alto de un muro al Hades.
Ningún mal había visto merecedor de la muerte,
pero había leído un tratado, uno solo, de Platón: “Sobre el alma.”

Por qué se suicidó Cleómbroto tras leer Sobre el alma, es decir el Fedón de Platón, es un enigma. Unos dicen que lo hizo porque no soportaba haber estado ausente durante el suicidio de Sócrates; otros, porque en el Fedón se dice que no hay que temer a la muerte, o porque quiso imitar el suicidio del maestro, o quizá por envidia hacia Platón, que había escrito un libro tan incomparable.

 

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Metalenguaje, y otros libros que no has escrito

No te sorprendas, querido lector, porque yo sepa, sin conocerte siquiera, que no has escrito Metalenguaje. No es difícil adivinarlo, ya que muy pocas personas han escrito ese libro. Una de las que sí lo ha hecho es Sineb Sahine y no creo que tú seas Sahine, aunque sería una hermosa casualidad, sin duda.

Metalenguaje es un libro que me interesó en cuanto lo vi en La fugitiva, la librería en la que suelo desayunar y escribir, porque descubrí que en él aparecen muchos libros de esta biblioteca ideal. En el prólogo, la autora dice que pensó titular su libro Metaficción o incluso Metatextos, pero que prefirió Metalenguaje porque abarca recursos narrativos que escapan a los otros títulos. Admite que puede inducir a cierta confusión con el llamado metalenguaje lógico, que sirve para referirse con precisión al lenguaje objeto.

 

Un ejemplo de la diferencia entre un lenguaje objeto y su metalenguaje es la diferencia entre dos frases como:

Eva tiene tres hermanos.

Eva tiene tres letras.

En la segunda frase, el nombre Eva no está siendo usado como en la primera frase, sino que está siendo mencionado. La distinción entre uso y mención queda clara si usamos una herramienta de metalenguaje tan sencilla como las comillas y escribimos:

“Eva” tiene tres letras.

Sahine aclara la posible confusión e insiste en que no es su intención en el libro ocuparse de esa distinción lógica. Y entonces se sumerge en el análisis del uso del metalenguaje en la literatura a lo largo de más de cuatrocientas densas y amenas páginas. El primer capítulo comienza con la que muchos consideran como la primera novela moderna, Don Quijote de la Mancha, que es algo que podemos poner en duda recordando el Genji monogatari japonés.

Romance de Genji, de Murasaki Shikibu, extraordinaria obra que puede disputar al Quijote el título de primera novela moderna, puesto que fue escrita hacia el año 1100.

 

El Quijote no el primer ejemplo de metaficción, no dice Sahine, no sólo porque existen precedentes como los poemas de Cátulo, sino también porque en la Divina Comedia de Dante el propio autor, Dante Aligheri, es el protagonista del viaje al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso. Sahine dedica uno de los más hermosos capítulos a la Divina Comedia y recurre a muy atinadas citas de los Nueve ensayos dantescos o de Siete noches, ambos de ese gran lector del Dante que fue Borges.

Dos autores en el Infierno: Dante y Virgilio

Una de esas citas de Borges refuta al narratólogo Gérard Genette, quien asegura que la intromisión del autor en su propia obra es un artificio más bien moderno:

“La idea de un texto capaz de múltiples lecturas es característica de la Edad Media, esa Edad Media tan calumniada y compleja que nos ha dado la arquitectura gótica, las sagas de Islandia y la filosofía escolástica en la que todo está discutido.”

Tiene razón Borges, y para darse cuenta de ello, basta con  recordar el Libro del buen amor de Juan Ruíz Arcipreste de Hita, La celestina de Fernando de Rojas, el Tratado de amores de Arnalte y Lucenda, donde el propio Diego de San Pedro es el confidente del despechado Arnalte; o a Boccaccio, que es sin duda el personaje que más se repite en sus obras, o los Cuentos de Canterbury de Chaucer.

Un excelente ejemplo de metalenguaje y construcción en abismo (myse-en-abyme) medieval. En una de las vidriedras de la catedral de Chartres se puede ver al creador de la vidriedra entregando la vidriera en la que él mismo aparece. (Tomado de Medieval ‘mise-en-abyme’: the object depicted within itself, por Stuart Whatling)

La Celestina

La enumeración de recursos de metaficción en la literatura medieval y en el Renacimiento ocupa varias páginas de los índices analíticos del libro de Sahine, que son muy útiles, no sólo porque los libros aparecen ordenados por fechas, sino también por autores y por títulos.

Me detendré aquí en uno de los libros en los que el mecanismo de la metaficción resulta más asombroso, El retrato de la lozana andaluza, de Francisco Delicado, del que se habla mucho pero que se lee poco, quizá porque la mayoría de la gente piensa que es sólo una película de Vicente Escrivá de la época del destape.

 La lozana andaluza fue escrita en 1524. Aldonza, la protagonista, es una cordobesa “compatriota de Séneca, y no menos en su inteligencia y resaber”, que ha llegado a Roma y se dedica a la prostitución “para ser siempre libre y no sujeta a ninguno”. Allí conoce a Rampín, un muchacho listo y gran amante que se convierte en su chulo, y con el que acabará retirándose a Lipari, adoptando el nuevo nombre de Vellida.

El libro no se divide en capítulos, sino en mamotretos “porque en semejante obra mejor conviene”, dice Delicado, seguramente porque en la rica etimología de esa palabra se encuentra una clave o contraclave que hay que descifrar, otra de las aficiones heredadas de la Edad Media. Después de seguir las divertidas, ingeniosas y casi pornográficas andanzas de Aldonza y Rampín, en el mamotreto XVII leemos:

“Información que interpone el Autor para que se entienda lo que adelante ha de seguir… AUCTOR: «El que siembra alguna virtud coge fama; quien dize la verdad cobra odio.» Por eso notad: estando escribiendo el pasado capítulo, del dolor del pie dexé este cuaderno sobre la tabla, y entró Rampín y dixo: «¿Qué testamento es éste?»

El testamento es el mismo libro de La lozana andaluza, en el que aparece Rampín, quien llega a la casa del autor y empieza a hacerle preguntas acerca del libro del que ambos son personajes. En otro mamotreto, el autor llegará a conocer a la Lozana, que le propone tener un hijo suyo.

Ahora bien, no está claro que los ejemplos de La lozana andaluza pertenezcan al mismo tipo de metalenguaje en el que la historia se mete dentro de la historia, como cuando el guionista Charlie Kauffman escribió el guión de una película llamada Adaptation (El ladrón de orquídeas), en la que el guionista Charlie Kaufman tiene que escribir el guión de una película llamada Adaptation, pero se bloquea y se mete a sí mismo en la película que…

No está claro que sea el mismo tipo de metaficción, porque podríamos pensar al leer La lozana andaluza que lo que sucede es que Francisco Delicado conoció de verdad a la Lozana y a Rampín (aunque tuvieran otros nombres) y que decidió escribir la historia de su vida, historia en la que él es parte de la misma. Si así fuera, la Lozana andaluza, como dice Louis Imperiale, sería también innovadora, pues se trataría de la primera novela española que emplearía el desorden cronológico del texto:

“El autor-narrador salta, de un polo a otro de la historia, sin previo aviso, exactamente como ocurre en muchas ficciones recientes (Joyce, Faulkner, Robbe-Grillet, Cortázar…).

La Lozana y otros personajes

En cualquier caso, la novela de Delicado esconde otros placeres metatextuales, que se añaden a la lectura del propio texto, como un pequeño juego de ingenio que he descubierto y que tiene que ver con la distinción de la que hablé al principio de este artículo entre uso y mención de las palabras:

“AUCTOR: Quisiera saber escribir un par de ronquidos, a los cuales despertó él y, queriéndola besar, despertó ella, y dixo: LOÇANA: ¡Ay, señor! ¿Es de día?”

Tal vez en una próxima ocasión vuelvan a aparecer entre los apretados estantes de esta biblioteca imposible el libro de Francisco Delicado y el de Sineb Sahine.

 


[Publiqué la primera versión de este artículo por primera vez en 2010 en Divertinajes]

 

Tucídides y la defensa de Pericles

|| Tucídides y la democracia /27

Das Zeitalter des Perikles / Foltz Perikles, athen. Politiker, um 500 v. Chr. - 429 v.Chr. - "Das Zeitalter des Perikles". - (Versammlung der bedeutendsten Kuenstler, Dichter und Philosophen der Zeit). Druck, spaetere Kolorierung, nach dem Gemaelde, 1852 ff., von Philipp vonDas Zeitalter des Perikles / Foltz Perikles, athen. Politiker, um 500 v. Chr. - 429 v.Chr. - "Das Zeitalter des Perikles". - (Versammlung der bedeutendsten Kuenstler, Dichter und Philosophen der Zeit). Druck, spaetere Kolorierung, nach dem Gemaelde, 1852 ff., von Philipp von Foltz (1805-1877). -------------------- F: -------------------- L'epoque de Pericles / Foltz Pericles, homme politique athenien, vers 500 av. J.-C. - 429 av. J.-C. - "Das Zeitalter des Perikles" (L'epoque de Pericles). - (Rassemblement des artistes, poetes et philosophes les plus connus de l'epoque). Impr., coloriee post., d'ap. le tableau, 1852, de Philipp von Foltz (1805-1877). (1805-1877). -------------------- F: -------------------- L'epoque de Pericles / Foltz Pericles, homme politique athenien, vers 500 av. J.-C. - 429 av. J.-C. - "Das Zeitalter des Perikles" (L'epoque de Pericles). - (Rassemblement des artistes, poetes et philosophes les plus connus de l'epoque). Impr., coloriee post., d'ap. le tableau, 1852, de Philipp von Foltz (1805-1877).

La época de Pericles, de Phillipp von Foltz

Acerca de la verosimilitud de los discursos que recoge Tucídides en La guerra del Peloponeso, ya hemos visto que existen tres hipótesis fundamentales: 

  • Que son reproducciones fieles de discursos que tuvieron lugar.
  • Que no tienen ninguna fiabilidad histórica y que fueron inventados por Tucídides (o fuertemente deformados) con la intención de trasmitirnos sus ideas acerca de la guerra o acerca de los personajes protagonistas.
  • Una posición intermedia entre las dos primeras: ni son completamente fieles ni son completamente falsos.

Ya aceptemos la primera, segunda o tercera opción, los discursos por sí solos no pueden revelarnos las simpatías o antipatías de Tucídides: si son fieles a lo que se dijo, él ejerció como cronista; si no son fieles, eso indica una intención manipuladora, pero no siempre resulta trasparente el propósito exacto.

Probablemente, donde sí podemos buscar la opinión personal de Tucídides es en los pequeños comentarios con los que salpica su obra, en los que define a este o a aquél personaje, manifestando entonces su opinión personal con bastante claridad. Parece de importancia especial, en este sentido, el capítulo X del Libro I, que consiste por entero en una defensa de Pericles.

Podemos también preguntarnos por qué Tucídides consideró necesario en este caso, que es único en toda la obra (la defensa de Nicias ocupa sólo unas líneas), defender la figura de Pericles, anticipando también acontecimientos muy lejanos y anunciando ni más ni menos que la derrota final de Atenas.

Una vez que tenemos en cuenta estos pasajes, en los que parecen revelarse las antipatías y las simpatías de Tucídides resultará posible examinar los discursos teniendo en cuenta lo que el historiador opina de quien habla. Naturalmente, todo ello con las debidas precauciones.

Continuará…


[Escrito hacia 1991. El texto en otro color ha sido añadido en 2018]

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