El verdadero libro digital

El libro digital existe desde hace bastantes años, pero las editoriales todavía  se resisten a editar libros electrónicos que de verdad aprovechen las virtudes del sistema digital. Sucede lo mismo en el mundo audiovisual con el reciente (en España) apagón analógico o encendido digital: se inventan cosas como la TDT para  intentar sacar dinero antes de que el monstruo televisivo muera definitivamente, para convertirse en algo mejor: un ordenador y a la vez un televisor (¿lo llamaremos teleordenador?).

librodigital2Cada vez se editan más libros electrónicos, y también se venden cada vez más, como demuestra el que la librería Amazon este año haya vendido más libros digitales que analógicos. Es muy previsible que esta tendencia llegue a España en los próximos años o incluso en los próximos meses.

Pero  todavía estamos en la prehistoria del libro electrónico, que podríamos comparar con lo que ahora se llaman los incunables, es decir los libros en la cuna, que fueron las primeras ediciones tras la invención de la imprenta, cuando el sistema todavía no se podía y no se sabía aprovechar a fondo. Se editan libros electrónicos que son simplemente el volcado de un libro de papel en el formato digital, lo cual es razonable porque podemos querer tener ese libro en uno u otro formato o en ambos: eso no es grave, aunque conviene no olvidar que también se pueden hacer libros electrónicos que aprovechen ciertas posibilidades del medio digital que resultan inalcanzables para los libros en papel. Lo que sí es grave es que los libros electrónicos se vendan castrados, mutilados: el lector casi lo único que puede hacer es leerlos. Nada más. No puede escribir sobre ellos, salvo ciertas anotaciones que permiten algunos formatos, no puede copiarlos, excepto pequeños fragmentos. En definitiva, no puede aplicar a esos libros las mil y una herramientas que permite el prodigioso formato digital. Al suceder esto, resulta perfectamente razonable que alguien se lo piense dos veces antes de comprarse un libro electrónico: ¿para que quiero un libro digital con el que puedo hacer incluso menos cosas que con un libro convencional? Creo que una analogía puede ilustrar lo que está sucediendo con el libro electrónico.

Imaginemos que los libros en papel se hubiesen vendido como en la imagen que preside este artículo, es decir, dentro de una urna, con un botón para ir a la página anterior y otro para ir a la página posterior. Sería absurdo, ¿verdad?  Pues algo parecido es lo que se está vendiendo ahora en el mercado de los libros electrónicos, con formatos cerrados como los de Amazon, Apple, Adobe edition, que es casi ya el estándar, etcétera.

Como es obvio, la razón que hace que se mutilen de esta manera los libros digitales es el miedo a la piratería, algo completamente absurdo porque cualquier libro, por muy cerrado que sea el formato, puede ser pirateado fácilmente por alguien que tenga conocimientos medios en el mundo digital (y si no los tiene, puede encontrarlos con facilidad pasmosa en Internet). Así que es un esfuerzo baldío, pero más que nada es un error: el libro digital es superior al libro convencional entre otras cosas porque puede ser y debe ser absolutamente manipulable por el lector o usuario.

Nadie sabe cómo será el mercado de los libros en el futuro y de que vivirán (viviremos) los autores de libros o música, pero me parece que la censura de los formatos digitales o la persecución de la piratería no ofrecerá ninguna solución. Más bien parece que la apertura de los sistemas favorecerá la difusión de las obras y que quizá poco a poco los lectores empezarán (empezaremos) a dar dinero llevados por nuestra implicación personal con la difusión cultural. Yo cada vez doy más dinero a través de Paypal o sistemas semejantes, a diversos autores, ya sean escritores, músicos o blogers cuya actividad me parece útil e interesante. Es un tema fascinante, que hará que quizá recuperemos hábitos del siglo XIX quizá más saludables que el comercialismo invasivo del siglo XX.


 

Escribí este artículo poco antes de la presentación de Evohé digital, un proyecto puesto en marcha por la editorial Evohé en el que sus creadores han decidido anticiparse al futuro y ofrecer los libros electrónicos con todas sus ventajas, sin mutilarlos. El lector, si así lo quiere, podrá leer el libro sin más, con un formato especialmente adaptable a las diversas pantallas (móvil o smartphone, tabletas, portátiles, ordenadores o, ¿por qué no? televisión o teleordenador), pero también podrá hacer más cosas con él, porque dispondrá también del pdf, del documento manipulable del libro.

¿Que eso permitirá que se piratee? Pues sí, claro, pero no vale la pena el esfuerzo, porque Evohé digital venderá los libros electrónicos a su precio real, no como están haciendo las editoriales convencionales que los venden casi al mismo precio, o a veces más, que los libros convencionales. Uno de los primeros libros que distribuirán en Evohé digital, y que ya se puede comprar, es mi novela ensayo de ciencia ficción Recuerdos de la era analógica, que se vende al increible precio de ¡3 euros!

Recuerdos de la era analógica en versión tradicional

Es exactamente el mismo libro que en papel se vende a 19 euros. Creo que a ese precio una buena idea es probar el libro electrónico y después, quizá, comprarse el analógico (la edición de Evohe lo merece): si el libro no te gusta, sólo habrás arriesgado 3 euros. En mi caso, cada vez tengo más libros en ambos formatos, porque a veces me gusta tener un libro impreso y otro digital que pueda copiar, comentar sin límite en unos márgenes casi infinitos o realizar búsquedas de palabras en él, además de leerlo en un móvil, en una tableta o en un ordenador.

Acceso a la versión digital

Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro
Editorial Evohé

Libro electrónico (ebook) en Editorial Evohé
Libro en papel en Editorial Evohé

 


[Publicado por primera vez el 19 de mayo de 2011]


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Error: puede que no exista la vista de 7657170bu0

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

MI VIDA CONTADA POR TONINO

Daniel Tubau, por Tonino /1


Leer Más
Una personalidad misteriosa

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /2


Leer Más
La filofísica de Tubau

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /3


Leer Más
Andanzas en China y relación con Cortazar

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /4


Leer Más

Reseñas de Recuerdos de la era analógica

El verdadero libro digital

Leer Más
Agatha en El blog de Arlequini

Leer Más
Aguirre en La2Revelación

Leer Más
Reseña en OcioZero

Leer Más

Influencias probables e inesperadas

En su reseña de mi libro Recuerdos de la era analógica, Aguirre mencionaba algunas de mis posibles influencias, como Arthur C.Clarke, Stanislaw Lem y Philip K. Dick.

La influencia de Arthur C.Clarke es perfectamente plausible, no sólo porque Clarke impregna de manera explícita e implícita toda la cultura mundial de la segunda mitad del siglo pasado, sino porque leí varias de sus obras en la adolescencia. Recuerdo que me gustó muchísimo Cuentos de la taberna del ciervo blanco, que me regaló mi hermana Natalia, y El fin de la infancia. Sin embargo, ahora no sería capaz de mencionar nada de esos dos libros, porque no recuerdo nada de ellos, lo que no significa que no se encuentren en mi memoria y que no me hayan hecho escribir cosas parecidas, o quizá literalmente copiadas, es decir, recordadas sin ser consciente de ello. Sucede que las mayores influencias son casi siempre las que no recordamos.

Eso sí, en los años que transcurrieron entre el primer cuento que escribí de Recuerdos de la era analógica, que fue, creo, La Nueva Teología, no recuerdo haber leído nada de Clarke, por lo que su influencia es subterránea, no explícita ni consciente.  Hay que decir, por otra parte que, paradójicamente, Recuerdos de la era analógica no se incluye en el libro editado por Evohé, aunque sí en El camino de los mitos.

[2019: Próximamente se incluirá La Nueva Teología en la nueva edición de Recuerdos de la era analógica]

Stanislaw Lem

Con Stanislaw Lem o Philip K.Dick no puedo decir lo mismo, porque son dos de los escritores a quienes más admiro y cuya influencia más o menos directa no puedo negar, sobre todo la de Lem por su mezcla de realidad y ficción (que también existe en Dick, en especial en libros como Sivanvi). Supongo que en mi libro hay algo de la desmesura y el aparente caos de ideas y conceptos de Dick, tras el que casi siempre se esconde un orden y un sentido, como sucede también en Recuerdos de la era analógica.

 

Philip K. dick

Se podrían mencionar otras influencias de autores de ciencia ficción. Tal vez Alfred Elton van Vogt y sus novelas sobre el mundo de NO-A, y algunos clásicos de la ciencia ficción, entre ellos Julio Verne, Isaac Asimov y muchos otros autores a los que leí, no solo en sus libros, sino en antologías o en revistas como Nueva Dimensión o Zikkurath, el gran fanzine de Fernando Fuenteamor.

Sin embargo, creo que las mayores influencias se encuentran en épocas más lejanas y en autores que no escribieron ciencia ficción, aunque tal vez sí eso que se ha llamado ficción especulativa, incluyendo las utopías.

Una de las influencias de la que soy muy consciente, en especial en algunos relatos, es una combinación de nombres, todos mezclados: Thomas Browne, Robert Burton y Gerolamo Cardano, con algunas gotas de Timothy Leary y Allen Ginsberg. Invito al lector a descubrir a qué relato o relatos me refiero.

Robert Burton


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Bienvenidos a la arqueored

Leer Más
Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


Leer Más
Antólogos, prólogos y errores

Leer Más
Greguerías analógicas y digitales

Leer Más
El índice onomástico

Leer Más
Acerca de “Picasso y los indiscernibles”

Leer Más
Ficción especulativa costumbrista

Leer Más
Un mundo distinto pero igual

Leer Más
Manifiesto, aullidos y caballos sin nombre

Leer Más
Vidas vicarias y Avatar

Leer Más
El menardismo de Recuerdos de la era analógica

Leer Más
Recuerdos de la era analógica
Una antología del futuro

Leer Más
Comentario de los antólogos del siglo 25 al Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Rudimentos de Prognóstica Aplicada

Leer Más
Marshall McLuhan, antes y después de su tiempo

Leer Más
El enigmático William Smullyan

Leer Más
Juan José Millás y la percepción malebranchiana

Leer Más
Que nada se crea

|| Recuerdos de la era analógica


Leer Más
La inmortalidad y los libros

Leer Más
Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Trivial Language

Leer Más
Influencias probables e inesperadas

Leer Más
El verdadero libro digital

Leer Más
Los siglos indios

Leer Más
Los griegos y Gore Vidal

Leer Más
El registro universal

Leer Más
Escuchar libros: ¿un regreso a la cultura oral?

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

MI VIDA CONTADA POR TONINO

Daniel Tubau, por Tonino /1


Leer Más
Una personalidad misteriosa

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /2


Leer Más
La filofísica de Tubau

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /3


Leer Más
Andanzas en China y relación con Cortazar

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /4


Leer Más

Reseñas de Recuerdos de la era analógica

El verdadero libro digital

Leer Más
Agatha en El blog de Arlequini

Leer Más
Aguirre en La2Revelación

Leer Más
Reseña en OcioZero

Leer Más

Agatha en El blog de Arlequini

Reseña publicada en El blog de Arlequini
por Aghata
miércoles, 25 de agosto del 2010

 “Vamos, amigo, compañero, hermano, primo, vecino, ciudadano, compadre, conéctate, enchufa tu alma a la utopía, deja que por tus venas circule el fluido eléctrico de los sueños, convierte tus deseos en realidad”.
Daniel Tubau  

 

 

No resulta extraño que haya sido justamente este lúcido escritor, especialista en nuevas tecnologías aplicadas a los medios de comunicación y guionista, el que nos muestre con su ojo ciclópeo el abanico de ilimitadas posibilidades, pero también lacras y peligros de Internet (la Arqueo Red, como él la llama), ese caballo  desbocado que no sabemos exactamente a dónde nos conduce.

Recuerdos de la era analógica es un libro muy ambicioso que ofrece continuas vueltas de tuerca sobre temas tan controvertidos o candentes como la identidad, la realidad virtual o las diversas dicotomías que han hecho correr ríos de tinta a la filosofía, la ciencia, el arte, la literatura o el universo controvertido de las lexías y sus significados: mortalidad-inmortalidad; la realidad y su autoflagelación; el concepto de belleza, implícito en el estudio de las disciplinas artísticas y sus mutaciones; la distinción entre conceptos y cosas, similar a la polivalencia que sentimos al observar el edificio construido por William Smullyan formado por miles de cristales microscópicos, etc. Tubau muestra una capacidad nada corriente para moverse con solvencia en todos esos terrenos resbaladizos, hasta el punto de ofrecerle al lector la posibilidad de redefinir el libro, de adecuar su contenido a su propia valoración subjetiva porque –en realidad- las piezas de este tablero de ajedrez están vivas: los postulados y sus objeciones, se ofrecen a las continuas refutación de los refutadores. 

Unos antólogos del futuro, recopilan un número de textos de la Arqueo-Red. Todos estos textos anclados en el pasado se mueven en el terreno incierto de las elucubraciones resbaladizas, de ahí el continuo vaivén de comentarios que pretenden ahondar en su procedencia o datación, las erratas encontradas en sus suposiciones, el antiguo lenguaje empleado  (findemilenio) y las lagunas que plantean los propios documentos reelaborados a partir de otros.

Cualquier investigador que se precie reconocerá todos esos parámetros y esbozará esa sonrisa de complicidad necesaria de la que nutren tanto autor como lector. El libro nos muestra las dos caras del espejo: por una parte, el acercamiento e interpretación de los textos –con todas las dudas que uno quiera-; por otra, el estupor o incredulidad ante aquellas teorías del pasado que han sido superadas, rebatidas o extirpadas, pues el mundo se mueve y con él sus científicos, en un sueño de la razón que pretende explicarlo, aunque  no esté exento de lagunas e incertidumbres, pues somos conscientes de que puede producir monstruos. Se trata pues de una situación similar a la que experimentamos los lectores cuando leemos teorías pretéritas, ya desestimadas; no olvidemos –por ejemplo- el carácter indisoluble del átomo en sus inicios y los hijos, cuñados y demás parientes que le han salido posteriormente.

El lector se encuentra ante un texto inclasificable, justo lo que pretendía su autor; un libro que gustará a todos: al lector de literatura fantástica, al que atrapa con relatos como Experiencias vicarias, un tema archiconocido, que ha sido  llevado al cine con películas tan impresionantes como Avatar;  no será  éste el único que se sentirá fascinado: también lo hará el artista, cuando asista a las diatribas sobre el concepto de belleza, la maleabilidad de su condición y trabajo, o los esfuerzos de  un artista visionario por llevar su propia obra al límite (Picasso y los indiscernibles, Gabor, etc.);  el filósofo, cuando se sienta identificado en aquellas riñas apasionadas sobre la Teoría de Platón, el carácter volátil de los sueños o las dudas sobre la naturaleza de Dios y el objetivo de su creación, que están además en la base de presupuestos espirituales de las religiones y sus objetivos encubiertos  (La identidad, El último siglo mortal, Que nada se crea, Signos, El espiritualismo material ) y, por supuesto, el amante de Internet, rodeado de hipertextos, vínculos, páginas web, e-zines y blogs efervescentes (Picasso y los indiscernibles, Mundo analógico, La caverna, El registro universal, Manifiesto contra los mundos posibles). Todas estas cuestiones se sitúan en el momento preciso y crean una tupida red de conexiones e interconexiones que desemboca en la red de redes, un universo de filamentos e hipervínculos que parece ofrecer un paisaje idílico, una Edad de Oro que nos invita al Carpe Diem, pero que no es real. El peligro de este nirvana cultural es que nos absorba, que creamos que esa realidad es la única existente, que desestimemos la verosimilitud del pasado, como se plantea en El último siglo mortal.

La joven  Evohé ha realizado un trabajo de edición encomiable, al presentarnos un desplegable, llamado Mundo analógico, con reminiscencias del Talmud hebreo que contenía los comentarios de la Torah, la Biblia judía.  El libro aprovecha a su vez   las ilimitadas posibilidades que nos ofrece hoy las redes sociales, al contar con su propia página web en Facebook  (http://www.facebook.com/pages/Recuerdos-de-la-era-analogica/185204174614)  y Twiter  ( http://twitter.com/Arqueored ) y con los inestimables comentarios que puede seguir el lector a través de otros blogs, como el del propio autor http://danieltubau.com.  En definitiva un libro en consonancia con los tiempos que corremos, valiente y arriesgado, que merece la pena ser leído.

Aghata.
Puedes conseguirlo en versión impresa o electrónica


La crítica de Agatha me parece verdaderamente lúcida, porque no sólo encuentra cosas que yo quise poner a propósito en el libro, sino que descubre nexos y derivaciones inesperadas.

También incide en algunos puntos interesantes y misteriosos de Recuerdos de la era analógica. De todo ello hablo en:

La identidad de William Smullyan

Vidas vicarias y Avatar

Manifiestos, aullidos y caballos sin nombre

Nada más, aunque podrían decirse muchas más cosas ante una crítica tan estimulante como la de Agatha, a quien desde aquí le doy las gracias.

*******
[Publicado el 25 de agosto de 2010 (Agatha)  y el 6 de septiembre de 2011 (Daniel Tubau)]

Foro en la Arqueo Red sobre Recuerdos de la era analógica

Galería

Esta galería contiene 1 foto.

Un descubrimiento reciente de los Antólogos de la Arqueo Red ha sido un foro en el que los participantes hablan de Recuerdos de la era analógica en agosto de 2012. Aunque, por supuesto, no creo que a los Antólogos les sorprenda … Sigue leyendo

El enigmático William Smullyan

Willyan Smullyan es un arquitecto al que se menciona en Recuerdos de la era analógica. En una reseña del libro, Agatha hablaba de la torre de Smullyan como metáfora de mi libro:

“Recuerdos de la era analógica es un libro muy ambicioso que ofrece continuas vueltas de tuerca sobre temas tan controvertidos o candentes como la identidad, la realidad virtual o las diversas dicotomías que han hecho correr ríos de tinta a la filosofía, la ciencia, el arte, la literatura o el universo controvertido de las lexías y sus significados: mortalidad-inmortalidad; la realidad y su autoflagelación; el concepto de belleza, implícito en el estudio de las disciplinas artísticas y sus mutaciones; la distinción entre conceptos y cosas, similar a la polivalencia que sentimos al observar el edificio construido por William Smullyan formado por miles de cristales microscópicos, etc.”
(Agatha en una recensión acerca de Recuerdos de la era analógica)

 

William Smullyan

La cita al edificio de William Smullyan demuestra una lectura realmente atenta del libro y es especialmente significativa para mí porque esconde un pequeño secreto, un error relacionado con el cuento del que la cita ha sido extraída: La identidad.

Según confiesan los antólogos del siglo 25, a los que se debe la recopilación Recuerdos de la era analógica, ellos no lograron encontrar La identidad al rastrear la Arqueo_red, sino que solo obtuvieron algunas capturas de pantalla de la vieja librería Amazon. Hay que suponer que esas capturas de pantalla fueron tomadas por algún pirata informático que quería descargarse el libro, capturando las páginas que Amazon ofrece gratis, para luego escanearlas con un programa de reconocimiento de texto.

La captura de pantalla en la que se ve el libro La identidad, tal como estuvo o estará alguna vez en Amazon. Esta y otras capturas semejantes es lo que encontraron los antólogos del siglo 25.

Nada es lo que es, el problema de la identidad publicado en 2012 por la editorial Devenir

Pues bien, ahora puedo decir, en tanto que autor de la edición del siglo XXI, que La identidad era uno de los textos fundamentales de Recuerdos de la era analógica, pero que se hizo tan largo (unas 60 páginas), que decidí quitarlo y sustituirlo por esas capturas de Amazon.

Con aquellas 60 páginas del cuento “La identidad”, escribí un libro de más de 200, (que es el que los antólogos no logran encontrar), que se publicó en septiembre de 2011 con el título Nada es lo que es, el problema de la identidad, en la editorial Devenir (el libro también ganó el premio de ensayo Ciudad de Valencia). En 2019 o 2020 aparecerá una edición revisada y aumentada de Nada es lo que es, que tal vez tenga como nuevo título Los problemas de la identidad.

El índice de La Identidad, en la captura de Amazon encontrada en el futuro.

Como es obvio, La identidad, tal como aparecerá en Amazon en el futuro, y Nada es lo que es, tal como es en el presente, no son exactamente el mismo libro. Por otra parte, tampoco los antólogos son capaces de descifrar correctamente la información que obtienen con las capturas de Amazon.

Al leer el índice de capítulos, por ejemplo, hacen algunas deducciones erróneas, pero a veces más interesantes que las verdaderas, que no revelaré aquí. Tan sólo diré que se equivocan al creer que el capítulo que se titula “La torre de Smullyan” tiene relación con el arquitecto William Smullyan. Quienes hayan leído Nada es lo que es saben por qué.

(2019: ahora puedo decir que el Smullyan al que se refiere el índice encontrado en esa captura de Amazon, no es William, sino Raymond. Raymond Smullyan, el célebre lógico estadounidense muerto recientemente. Y la torre de Smullyan no es un edificio, sino una pieza de ajedrez).

En definitiva, la relación entre La identidad y Nada es lo que es puede considerarse un ejemplo de eso que tan bien señala Agatha:

“Todos estos textos anclados en el pasado se mueven en el terreno incierto de las elucubraciones resbaladizas, de ahí el continuo vaivén de comentarios que pretenden ahondar en su procedencia o datación, las erratas encontradas en sus suposiciones, el antiguo lenguaje empleado  (findelmilenio) y las lagunas que plantean los propios documentos reelaborados a partir de otros.”

No deja de ser una paradoja, por otra parte, que el texto que más ha cambiado de todos los que se incluyen en Recuerdos de la era analógica sea precisamente La identidad.


Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro
Editorial Evohé

Libro electrónico (ebook) en Editorial Evohé
Libro en papel en Editorial Evohé

 

*******

[Publicado el 6 de septiembre de 2011. Revisado en diciembre de 2012, y en 2019]


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Error: puede que no exista la vista de 7657170bu0

 

Marshall McLuhan, antes y después de su tiempo

Entre las muchas ideas y paradojas del pensador canadiense Marshall McLuhan, una de las más interesantes es la que dice que los medios son extensiones del ser humano. Se refiere no sólo a los medios de comunicación, sino a cualquier aparato, artilugio, mecanismo, instrumento u objeto que prolongue de alguna manera el alcance de nuestros sentidos, desde unos binoculares al bastón de un ciego. Si pensamos en el bastón de un ciego Y en este caso creo que el ejemplo es mío, pero tal vez sea del propio McLuhan): ¿la mano termina al comienzo del bastón o en su punta? ¿es el bastón el que percibe un obstáculo, o es la mano la que lo percibe? ¿O lo hace en realidad el cerebro que recibe la señal de la mano que recibe la señal del bastón? ¿Cuál es el límite, entonces, de nuestro cerebro, las neuronas implicadas en un acto de conciencia, la corteza cerebral, la caja craneal, el brazo, la mano o la punta del bastón?


Algunos de los pasajes más interesantes de McLuhan acerca de los medios como extensiones del ser humano son aquellos en los que habla de medios-extensiones como la azada, los paraguas, la ropa o una de las extensiones nuestra memoria. En cuanto a la azada, dice:

«Obsérvese a un hombre cavando con una azada: su an­tebrazo derecho se ha alargado artificialmente y su mano se ha transformado en articulación. El puño que remata el mango de la azada es como la protuberancia, la apófisis, que existe en el extremo del húmero; el mango mismo es el hueso añadido, y la pala oblonga de hierro, es la nueva for­ma de mano que permite a su poseedor remover la tierra como no habría podido hacerlo con su mano primitiva».

En cuanto a paraguas y libretas:

«¿Hasta qué punto no vivimos ya por medio de nuestros miembros exteriores? Nuestro aspecto físico varía con las estaciones, con la edad, y según nuestra for­tuna vaya en incremento o venga a menos. Cuando llueve vamos provistos de un órgano vulgarmente llamado para­guas, ideado con el fin de proteger nuestros vestidos o nuestra piel contra los efectos nocivos de la lluvia. El hom­bre posee ya muchos miembros extracorporales, que tie­nen para él mucha más importancia que gran parte de su pelo o en todo caso que su barba. Lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo. Se vuelve cada vez más complejo a medida que va envejeciendo. Se le ve entonces provisto de aparatos para ver, acaso con pelo y dientes artificiales».

La libreta como una memoria de bolsillo, que ahora se ha hecho más poderosa con las tablet, los smartphones, los ordenadores portátiles. Ahora bien, debo decir al lector que los pasajes que acabo de citar, cuya naturaleza mcluhiana es innegable, no aparecen en ninguna de las obras publicadas por Marshall McLuhan y tampoco en ninguna de sus entrevistas o declaraciones en cualquier tipo de soporte.

¿Cómo es eso posible?

Intentaré desentrañar este misterio y compartir con el lector el asombro que yo mismo experimenté a lo largo de esta investigación.

 

Antólogos de la Arqueo Red

Existe en la Red una extraña página llamada Antólogos de la Arqueo Red. Quizá habría que decir “existía”, porque en el momento en que escribo esto ha desaparecido de la red. Sin embargo, todavía se puede encontrar si viajamos en la Máquina del Tiempo Digital, The Wayback Machine (alojada en archive.org), que nos permite ver cómo eran páginas de Internet ya desaparecidas o en sus primeras versiones. No me cabe duda, por otra parte, de que existe, o tal vez existirá en el futuro, una conexión entre The Wayback Machine, el misterioso proyecto Xanadu de Ted Nelson y las ediciones princeps digitales, algo tras lo que no me extrañaría que estuvieran  expertos en el arcano arte de la restauración digital como Lino García Morales.

En la página de los Antólogos de la Arqueo Red se ofrecía este extraño vídeo, que luego comentaré en detalle.

 

Como se ve, los antólogos plantean una serie de preguntas relacionadas con McLuhan, pero las posibles respuestas que ofrecen nos sumergen en un mar de dudas.

Veamos la primera pregunta, relacionada con la célebre idea macluhiana de que los medios son extensiones del ser humano y de sus sentidos:.

¿Cuándo y dónde escribió McLuhan: “El hombre ya posee muchos miembros extracorporales: lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo?”.

Es decir, la cita que yo mismo reproduje al comienzo de este artícula.

Para esta pregunta, los misteriosos antólogos de la Arqueo Red proponen tres posibles respuestas:

> 1972

> 1872

> 2072

Sabemos que McLuhan vivió entre 1910 y 1980, así que la respuesta correcta sólo puede ser 1972.

Sin embargo, al buscar la respuesta de los antólogos, descubrimos que nos hemos equivocado, porque nos aseguran que aquello fue escrito en 1872. ¡Casi cuarenta años de que naciera McLuhan!

Los antólogos, sin darnos tiempo a recuperarnos de la sorpresa, no es preguntan entonces: “¿En qué libro aparece la cita anterior?”

En esta ocasión nos ofrecen cuatro posibles respuestas:

> Computer Lib

> Días del futuro pasado 

> Entendiendo los medios 

> El libro de las máquinas 

Antes de intentar responder a esta nueva pregunta, quizá el lector necesite algo de información acerca de alguno de los libros propuestos:

Computer Lib y Dream Machines eran dos libros en uno. Cuando terminabas de leer uno, le dabas la vuelta y leías el otro

Computer Lib (1972)

Significó la adaptación del movimiento de liberación femenino (Women Lib) y de las luchas por los derechos civiles del Black Power al mundo de las máquinas. 

Se trata de un libro doble que escribió Ted Nelson, el creador del hiperenlace, en 1972. Era doble porque cuando terminabas de leerlo, podías darle  la vuelta e iniciabas la lectura de Dream Machines.

Días del futuro pasado (1981), fue una novela gráfica de Chris Claremont y John Byrne publicada en 1981. Quizá trascurra en 2072 (una de las fechas propuestas en la primera pregunta de los antólogos de la Arqueo Red), pero no es seguro. En la novela se cuenta el exterminio de los mutantes en el futuro y cómo alguno de ellos logra viajar al pasado para intentar cambiar el destino que les espera. Recientemente se hizo una película basad en la novela gráfica.


Entendiendo los medios (1964)

Se trata, por supuesto, del libro publicado por McLuhan en 1964, así que todo  parece indicar que esta es la respuesta correcta: es en este libro dónde McLuhan dijo aquello de que llevamos nuestra memoria en el bolsillo.

El problema es que allí no aparece esa cita y tampoco las otras mencionadas más arriba (la del paraguas y la de al azada).


El libro de las máquinas (hacia 1600)

No existe ningún libro con ese título en las bibliotecas analógicas o digitales, a pesar de que los antólogos de la Arqueoweb nos aseguran que El libro de las máquinas fue escrito hacia el año 1600. Así que parece que nos encontramos en un callejón sin salida, pero entonces llegamos a la siguiente pregunta de este extraño juego.

La última pregunta

Como puede verse en el vídeo encontrado en la Arqueo Red, los antólogos dice que el Libro de las máquinas fue publicado hacia 1600 y no sabemos que con esta mención quieren decir que es en este libro en el que fue publicado ese párrafo macluhiano acerca de la memoria de bolsillo. A continuación, formulan una última pregunta:

“¿Qué autor posterior fue el primero en publicar varios fragmentos de El libro de las máquinas, rescatándolo del olvido?”.

ES decir, ¿quién mencionó El libro de las máquinas en otro libro, rescatándolo del olvido, aunque yo diría que con poco éxito, porque ese Libro de las máquinas sigue permaneciendo en el misterio.

En esta ocasión, nos ofrecen cuatro respuestas:

> Lin Bao en el siglo 23

> Samuel Butler en 1872

> Cellarius en 1863

> Ted Nelson en 1972.

Tras una completa revisión de sus libros, puedo asegurar que no fue Ted Nelson en 1972.

Como es evidente, no se puede saber saber en este momento si fue Lin Bao quien recuperó del olvido El libro del las máquinas, porque eso sucederá dentro de dos siglos, en el siglo XXIII (o 23 cómo escriben los antólogos de la Arqueo Red). De Cellarius (un nuevo enigma) hablaré más adelante, así que quizá debamos preguntar si se trata de Samuel Butler.

Otro profeta llamado Samuel

Samuel Butler, ¿el profeta de Erewhon?

Samuel Butler es uno de los escritores más fascinantes que han existido. Propuso teorías en cualquier campo de la ciencia o las humanidades, siempre heterodoxas y siempre desde fuera de las academias.

Una de esas teorías sostiene que la Odisea fue escrita por una mujer siciliana. Esta opinión causó cierto escándalo en su época, aunque  casi nadie le prestó la atención debida. Ahora se sabe que muchas de sus ideas eran correctas o al menos plausibles. En el siglo XX, Robert Graves y otros mitólogos recuperaron la hipótesis de la autora de la Odisea.

Butler también opinaba que la comparación de los cuatro evangelios mostraba infinidad de incongruencias en lo que se refiere a la resurrección de Jesucristo . Hoy en día pocos se atreven a negar que, efectivamente, los cuatro evangelios están tan llenos de contradicciones que es imposible saber qué le sucedió a Jesucristo, e incluso si debemos o no creer lo que él mismo dice de sí mismo:

“Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.” (Juan 5:31-32)

 “Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.” (Juan 8:14)

¿Qué debemos pensar de alguien cuyo testimonio consiste en decir que no debemos creer en su propio testimonio? ¿Y que poco después nos ofrece otro testimonio en el que nos dice que sí que debemos creer en su testimonio? Parece demasiado complicado entender a este otro profeta de Judea, que sin duda fue muy influido por las paradojas griegas, célebres en su época.

Pero Samuel Butler no se hizo famoso por sus estudios bíblicos o sus hipótesis homéricas, tampoco  por su extraordinario libro El camino de la carne, sino por una novela utópica llamada Erewhon.

Erewhon es tal vez la más interesante utopía que se ha escrito. Ha influido en autores como Aldous Huxley (Un mundo feliz), George Orwell (1984) o Frank Herbert (Dune).

Los habitantes de Erewhon, según nos cuenta el narrador, un viajero que ha llegado a este extraño país atravesando las montañas, destruyeron las máquinas, al darse cuenta de que era cuestión de tiempo que evolucionaran hasta superar al ser humano y convertirlo en su esclavo. Como se ve, aquí está también una de las influencias de Matrix.

La decisión de destruir las máquinas supuso una guerra civil entre los erewhonianos, divididos entre los partidarios de las máquinas y sus detractores. La guerra fue causada  precisamente por las terribles profecías que se anunciaban en… ¡El libro de las máquinas!

“La desdicha consiste en que el hombre haya permaneci­do ciego tanto tiempo ya. La confianza que le inspiraba el empleo del vapor le ha inducido pérfidamente a crecer y multiplicarse. La abolición repentina del vapor como fuer­za motriz no tendrá por efecto el reducirnos al estado en el cual nos hallábamos cuando fue descubierto; sobreven­drán una bancarrota general y un período de anarquía como nunca se han conocido. Será como si nuestra población se hubiera triplicado de repente sin tener más medios para alimentarse que los de que actualmente disponemos. El aire que respiramos apenas es más necesario para nuestra vida animal de lo que para nuestra civilización lo es el empleo de cualquier máquina con la cual contábamos al ver aumentar el número de nuestros habitantes”. 

Como se ve, hemos encontrado por fin El Libro de las Máquinas, citado en el interior de de Erewhon, lo que parece resolver la pregunta acerca de quién recuperó el Libro de las máquinas, puesto que Butler, en efecto, cita varios pasajes extensos de ese libro en su novela.

La cuestión que plantean los antólogos, sin embargo, no está todavía resuelta, pero antes de explicar por qué, conviene detenerse en otros pasajes de ese libro misterioso, que al parecer fue escrito en Erewhon, como este:

“Son las máquinas las que influyen sobre el hombre y le hacen hombre, tanto como él ha hecho las máquinas e influido sobre ellas. Pero hemos de escoger entre arrostrar muchos sufrimientos ahora, o ver­nos gradualmente suplantados por nuestras propias crea­ciones, hasta que nos hallemos con relación a ellas en tan humillante situación como los animales del campo se en­cuentran con relación a nosotros.”

Marshall McLuhan, ¿el profeta de Erewhon?

Marshall McLuhan

Además del temor a las máquinas y de la mutua redefinición de la naturaleza humana y maquinal a través de nuestra relación con las máquinas, en los capítulos de El libro de las máquinas que reproduce Samuel Buttler en Erewhon, podemos leer muchos otros pasajes acerca de los medios como extensiones del ser humano, como los citados al inicio de este artículo, pues es en El libro de las máquinas donde aparecen esas citas de los paraguas y la azada como extensiones del ser humano.


Todo lo anterior parece conducirnos a una revelación inesperada y absurda, pero que resulta difícil eludir:  ¡Marshall McLuhan es el autor del Libro de las Máquinas!

 

¿Un enigma sin respuesta?

Conviene recapitular. El vídeo de los arqueólogos de la Arqueo Red nos ha llevado a la conclusión de que párrafos macluhianos como:

«¿Hasta qué punto no vivimos ya por medio de nuestros miembros exteriores? Nuestro aspecto físico varía con las estaciones, con la edad, y según nuestra for­tuna vaya en incremento o venga a menos. Cuando llueve vamos provistos de un órgano vulgarmente llamado para­guas, ideado con el fin de proteger nuestros vestidos o nuestra piel contra los efectos nocivos de la lluvia. El hom­bre posee ya muchos miembros extracorporales, que tie­nen para él mucha más importancia que gran parte de su pelo o en todo caso que su barba. Lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo.

aparecen en El libro de las máquinas, un libro que supuestamente fue escrito hacia 1600 por un profeta de Erewhom, aunque la única certeza que tenemos es que en 1872 ese texto y otros fragmentos de El libro de las máquinas se publicaron en la utopía Erewhom o Más Allá de las Montañas, escrita por Samuel Butler.

Puesto que la guerra contra las máquinas tuvo lugar trescientos años antes de la publicación de Erewhon, es decir, hacia 1600, no es posible que McLuhan escribiera ese libro.

Podríamos pensar, por supuesto, que El libro de las máquinas es una obra imaginada por Samuel Butler. Sin embargo, eso tampoco hace posible que esos pasajes los escribiera McLuhan, quien ni siquiera había nacido  cuando Butler murió.

El enigma resulta difícil de resolver, porque tan sólo podemos afirmar que Erewhon fue escrito en 1872 y que allí se incluyen varios pasajes de El libro de las máquinas, pasajes que a cualquier lector le revelarán la mano macluhiana.

Una solución sencilla consistiría en acusar a McLuhan de plagio, lo que no es muy verosímil, si recordamos la insistencia de McLuhan en reconocer que lo mejor de sus ideas procedía de otros, en especial de Harold Innis. Ahora bien, aunque no he podido revisar uan a una todas las obras de MacLuhan, no he encontrado ninguna mención en todo lo que he leído de él a Samuel Butler. Ausencia llamativa en alguien que parecía conocer a fondo toda la literatura inglesa.

¿Por qué MacLuhan no menciona a Butler, o al autor de El libro de las máquinas, entre sus precursores?

 

¿Quién es Cellarius?

Recordemos, sin embargo, que existía una cuarta posibilidad en el extraño juego de los antólogos de la Arqueo Red: que El libro de las máquinas hubiera sido citado por primera vez, no por Samuel Butler en 1872, sino por un tal Cellarius en 1863.

¿Se trata de una invención o de un dato cierto? ¿Quién es Cellarius?

Tal vez algún lector sepa la respuesta, o tal vez esté en Recuerdos de la era analógica.


NOTA EN 2012

En el tiempo transcurrido desde que inicié esta investigación, puedo afirmar que he resuelto el misterio, o al menos uno de sus aspectos más inquietantes, relacionados con Celarius. En atención a mis lectores más inquisitivos, les dejaré que intenten averiguarlo por sí mismos, antes de revelarles la respuesta. Pueden lograrlo utilizando la asombrosa herramienta creativa que (casi) lo contiene todo y que sólo los ignorantes desprecian: la Arqueo Red, es decir, Internet.


Nota en 2016

Puesto que ningún lector parece haber dado con la respuesta, yo mismo la revelaré en breve en esta página de la Arqueo Red que es Diletante y que tal vez ayude a los antólogos del futuro en sus pesquisas acerca de sus antepasados.


Algunas claves más en…

Recuer­dos de la era analóg­ica, una antología del futuro
eBook
Evohé, Ama­zon

Ver­sión impresa
Evohé, Ama­zon


 Recuerdos de la era analógica

MARSHALL MCLUHAN

El cine y los otros medios

Entendiendo los nuevos medios audiovisuales 3


Leer Más
Audiovisual extensions

Understanding new audiovisual media 2


Leer Más
Cinema and other media

Understanding new audiovisual media 3


Leer Más
Marshall McLuhan, antes y después de su tiempo

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


Leer Más
Paseo por la realidad virtual con McLuhan

La cicatriz de Ulises /10


Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
La boca de Gargantúa

Leer Más
Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


Leer Más

Vidas vicarias y Avatar

 

“El lector se encuentra ante un texto inclasificable, justo lo que pretendía su autor; un libro que gustará a todos: al lector de literatura fantástica, al que atrapa con relatos como Experiencias vicarias, un tema archiconocido, que ha sido  llevado al cine con películas tan impresionantes como Avatar.”
             (Agatha en una recensión acerca de Recuerdos de la era analógica)

La semejanza entre el planteamiento de partida de Vidas vicarias y Avatar es, en efecto muy grande, en lo que se refiere a la posesión vicaria de cuerpos ajenos.

Recuerdos de la era analógica se publicó antes de que se estrenara la película y el cuento “Vidas vicarias” lo escribí probablemente en el siglo XX: en 2005 lo publiqué en Internet, algo que, supongo, se puede comprobar sin dificultad en el Archivo de Internet (Wayback Machine).

No me inquieta mucho ser original o plagiario y supongo que debe de haber ochenta o noventa relatos de Ciencia Ficción con el mismo tema. En cualquier caso, en Recuerdos de la era analógica he intentado siempre que lo original, raro o novedoso no sea lo más importante, sino una excusa para llegar a cuestiones y lugares interesantes.

 

Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro
Editorial Evohé

Libro electrónico (ebook) en Editorial Evohé
Libro en papel en Editorial Evohé

 

*******

[Publicado el 6 de septiembre de 2011. Revisado en diciembre de 2012]


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Error: puede que no exista la vista de 7657170bu0

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

MI VIDA CONTADA POR TONINO

Daniel Tubau, por Tonino /1


Leer Más
Una personalidad misteriosa

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /2


Leer Más
La filofísica de Tubau

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /3


Leer Más
Andanzas en China y relación con Cortazar

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /4


Leer Más

Reseñas de Recuerdos de la era analógica

El verdadero libro digital

Leer Más
Agatha en El blog de Arlequini

Leer Más
Aguirre en La2Revelación

Leer Más
Reseña en OcioZero

Leer Más

 

Manifiesto, aullidos y caballos sin nombre

 “Vamos, amigo, compañero, hermano, primo, vecino, ciudadano, compadre, conéctate, enchufa tu alma a la utopía, deja que por tus venas circule el fluido eléctrico de los sueños, convierte tus deseos en realidad”.

Me gusta y sorprende que Agatha eligiera, en su recensión de Recuerdos de la era analógica, este párrafo de un texto que es clave en todo el asunto tratado en el libro: Manifiesto contra los mundos posibles.

Es un texto al que le tengo especial cariño porque intente escribirlo imitando las frases de aliento prolongado de textos psicodélicos de los 60 o de poesía beatnik como Aullido de Ginsberg:

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.”

Por eso, que Agatha hable poco después de “ese caballo desbocado” refiriéndose a Internet me hace especial gracia, porque me viene a la mente aquello de “No subas a ese caballo”, “A horse with no name” y tantas canciones similares de aquella época, que se referían al caballo de la heroína.

No sé si es a propósito o casual por parte de Agatha, pero es estupendo.

Existe otra influencia importante detrás del Manifiesto contra los mundos posibles,  mucho más antigua, que no desvelaré aquí.

 

*******

[Publicado el 6 de septiembre de 2011. Revisado en diciembre de 2012]


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Error: puede que no exista la vista de 7657170bu0

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

MI VIDA CONTADA POR TONINO

Daniel Tubau, por Tonino /1


Leer Más
Una personalidad misteriosa

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /2


Leer Más
La filofísica de Tubau

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /3


Leer Más
Andanzas en China y relación con Cortazar

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /4


Leer Más

Reseñas de Recuerdos de la era analógica

El verdadero libro digital

Leer Más
Agatha en El blog de Arlequini

Leer Más
Aguirre en La2Revelación

Leer Más
Reseña en OcioZero

Leer Más

 

Un mundo distinto pero igual

Los antólogos de Recuerdos de la era analógica encuentran un texto muy breve, que parece un cuento infantil, pero que probablemente esconde algo más:

 Un mundo distinto pero igual
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, existía un planeta que orbitaba alrededor de un sol como el nuestro. En aquel planeta existían ríos como el Ganges, el Nilo y el Amazonas. También había cientos de ciudades, que se llamaban Roma y París, Shanghai y Melbourne. Aquel mundo tenía bibliotecas como las nuestras y grandes museos como los que existen aquí: el Ermitage y el Louvre, la National Gallery y la Galería de los Uficci. También había grandes bibliotecas que se llamaban exactamente igual que las nuestras y en los estantes de esas bibliotecas estaban colocados los mismos libros que en las nuestras. Allí podías leer Don Quijote de la Mancha y La Ilíada, Las variedades de la experiencia religiosa o la Epopeya de Gilgamesh, y también en sus libros había páginas en blanco como las de los nuestros. En ese planeta escuchaban la misma música que nosotros: a Mozart y a Bach, a los Rolling Stones y a Jeffrey Parker; y como en algunas de nuestras más amadas canciones, en aquellas también había momentos inesperados de silencio. Los cuadros de Picasso, Van Gogh, Rorschach, Klimt, Tesla o Warhol se podían visitar en los museos; y también allí los críticos intentaban explicar el significado que los artistas habían querido dar a los pequeños vacíos y agujeros del lienzo. En sus calles había edificios majestuosos o alargados rascacielos en los que a veces faltaba una habitación o un piso entero, exactamente como nos sucede a nosotros.

De aquello hace ya mucho mucho tiempo y aquel planeta ya no existe, pero sigue viviendo en cada palmo de nuestro mundo, en cada hoja de nuestros libros.

              (Recuerdos de la era analógica. Una antología del futuro)

Este breve relato, que intentan aclarar e iluminar los comentarios posteriores de los antólogos, se hace, a cada año que pasa, más verosímil, aunque cuando lo escribí todavía no se había iniciado la cartografía masiva de todos los rincones de nuestro planeta gracias a los smartphones con cámara y vídeo que llevan siempre encima cientos de millones de personas.

En el cuento, por cierto, hay al menos tres errores curiosos. También los antólogos se equivocan, quizá, en algún aspecto de su análisis

El título no me pertenece, como quizá muchos lectores ya sabrán.

Precisamente el hecho de elegir un título distinto pero igual es lo menos casual del relato.

 

Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro
Editorial Evohé

Libro electrónico (ebook) en Editorial Evohé
Libro en papel en Editorial Evohé

 

*******

[Publicado el 6 de septiembre de 2011. Revisado en diciembre de 2012]


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Error: puede que no exista la vista de 7657170bu0

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

MI VIDA CONTADA POR TONINO

Daniel Tubau, por Tonino /1


Leer Más
Una personalidad misteriosa

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /2


Leer Más
La filofísica de Tubau

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /3


Leer Más
Andanzas en China y relación con Cortazar

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /4


Leer Más

Reseñas de Recuerdos de la era analógica

El verdadero libro digital

Leer Más
Agatha en El blog de Arlequini

Leer Más
Aguirre en La2Revelación

Leer Más
Reseña en OcioZero

Leer Más

 

Aguirre en La2Revelación

Reseña aparecida en La2Revelación
9 Dec 2009, por Aguirre
Copio aquí la reseña que hizo Aguirre cuando se publicó el libro y aprovecho para darle las gracias. También, ahora que han pasado dos o tres años, aprovecho para hacer algunos comentarios a propósito de su reseña.

Todo el mundo conoce el sistema de castas de la India, más o menos. La casta, como bien sabéis, es un grupo social que sólo se funda en la base genética para colocar a los individuos desde su nacimiento en un estrato social inamovible. En la India hay cuatro castas oficiales que se sustentan en la profesión y una que no se considera casta, la de los intocables. Había otro sistema, menos recordado, usado por el antiguo Imperio Español en América, ese que se basaba en los cruces de razas: mestizo, zambo, mulato… Si nos vamos al s. XIX o XX, encontraremos otras clasificaciones más curiosas basadas en la forma del cráneo o en el grupo sanguíneo (Arzallusuciología)… Luego, está muy de moda en estos tiempos la de comparar al hombre con una manada de lobos o con el libro Un mundo feliz de Huxley, la del macho Alfa, Beta… Yo soy muy partidario de esta última, considerándome a mí mismo un macho Alfa de nuestra sociedad, un auténtico Brahmana hindú, un gran dirigente comunista chino, un auténtico ser humano y no uno sintético de esos que salen en Blade Runner y que nos rodean en nuestro día a día. Pues bien, gracias al simpático señor Tubau ahora solo podré considerarme Beta. Y gracias.

Una vez aclarado que el autor me cae muy mal, y que a muchos de vosotros debería caeros aún peor ya que si antes erais Betas ahora ya sabéis lo que toca… Bueno, que me pierdo, una vez aclarada la humillación intelectual a la que nos somete el autor… Perdón, que me vuelvo a perder. Empiezo:

Se puede decir de esta obra que es ciencia ficción ya que nos adelanta el futuro a través del «muy futuro», pero también son multitud de géneros más, salpicados por los fragmentos de relatos que componen un cuadro final.

Hay mucha gente que acostumbra a decir de ciertas novelas que son «novelas río», las cuales tienen un curso o historia principal y de ahí surgen afluentes e historias paralelas. En este caso en concreto nos encontramos directamente en la desembocadura del Nilo; cientos de ríos pequeñitos que forman un delta y que nos presentan y empujan hacia el mar y su horizonte. Mira, qué casualidad que sea el Nilo y que lo que quede enfrente sea Grecia.

El autor, a través de multitud de relatos y de las interpretaciones de estos por los Antólogos, pone ante nuestros ojos el futuro inmediato, distorsionado un poquito, quizá, porque dichos Antólogos son personajes de un futuro aún más lejano respecto a los textos que tratan, los cuales reinterpretan para nosotros dichos escritos de una manera suficientemente clara para resultar inquietante (como ellos lo llaman: estilo findemilenio).

Sabéis que no me gusta hablar de los argumentos, así que poco añadiré a lo dicho. Los relatos resultan geniales en su mayoría, aunque hay alguno que para mí flojea algo (entre otras cosas, por eso me empiezo a considerar un macho-no-alfa). Lo que nunca baja de nivel en ningún momento son los comentarios de los Antólogos y la perspectiva de futuro que nos espera… un futuro posible por otra parte, tal y como se están desarrollando las cosas, eso sí, desnudo totalmente de moral, no como ahora, que vamos vestidos con un precioso vestido de la oportunamente llamada falsa moral.

Mi cuñado dice que le recuerda a Clarke, un buen amigo a Stanislaw Lem… A mí no me recuerda a nadie, me parece tremendamente original. Bueno, ese futuro asiático quizá sí que me recuerde a K. Dick, qué casualidad, ahora que Riddley Scott vuelve a rodar…

Un breve comentario a la reseña de Aguirre en: Influencias precisas e inesperadas