La persona tras la máscara

ESCRITO EN EL CIELO ~1

Ensayo sobre las máscaras /1

 Avión volando entre Madrid y Barcelona

Lunes 1 de diciembre de 1997

Original del primer “Escrito en el cielo”

 

En la revista del avión veo un anuncio que me llama la atención:

 

Al principio pensé que se trataba de una farsa, pues advertí que muchos de los signos son números:

 

 Pero después he pensado que sí puede tratarse de un menú chino: los caracteres de arriba serían los nombres de los platos y los de abajo su precio. Por eso son números. Está claro que todavía tengo que aprender mucho para ser capaz de leer un menú en chino.

Sin embargo, en mis estudios de chino, me he dado cuenta de algo curioso. En la última clase también lo comentó la profesora. Al salir, lo comenté yo con mi amigo Marcos. Se trata de lo siguiente: en chino “él” (la tercera persona del singular) se escribe:

El primer carácter es el radical, la forma simplificada del carácter de “persona”:

 

Lo curioso del asunto es que el segundo signo del carácter:

significa “también”.

De este modo, en chino, “él”, es decir “el otro, el que no soy yo pero tampoco eres tú”, se puede traducir, carácter a carácter, como “persona también”:

   

Así que, haciendo un poco de filoetimología (o filosofía etimológica), algo a lo que el chino se presta incluso más que el latín o el alemán, se podría decir que el carácter que significa “él” es el testimonio del descubrimiento de que los demás, los otros, también son como yo, que esos entes que son semejantes a mí en su exterior también lo son en su interior. Es una refutación del solipsismo, de la curiosa teoría que dice que sólo existo yo, o que sólo yo pienso.

Un descubrimiento parecido se hizo en Occidente, si es cierta la explicación etimológica de la palabra “persona”, según la cual  los estoicos utilizaron el nombre de la máscara de los actores, (per sonna, suena a través) para definir a los individuos, incluso desde el punto de vista jurídico. Allí, tras la máscara, está la persona, aunque sólo podamos escuchar su voz.

Es una etimología muy adecuada para indicar que la vida humana es como representar un papel, la metáfora tan repetida desde entonces, por ejemplo por Shakespeare y Calderón, porque los personajes del teatro eran precisamente los que llevaban la máscara, que servía para que los demás supieran a quién estaban representando.

En antropología también es un tema recurrente aquello de que quien lleva máscara puede ocultarse y, de este modo, comportarse como es en realidad.

 De todas estas cosas hablé con Marcos, ejercitándonos en este nuevo arte de la filo-etimología comparada. También recordamos aquel cuento de Stanislaw Lem en el que el héroe Ijon Tichy se disfraza de robot para organizar la resistencia humana a la dictadura que los robots ejercen en un lejano planeta.

En el cuento de Lem no resulta fácil encontrar a los humanos, porque los robots quieren exterminarlos a todos, pero tras buscar durante mucho tiempo, siempre bajo su disfraz de robot, un día el protagonista encuentra a otro humano que también se ha disfrazado de robot. Poco a poco los dos van encontrando más humanos disfrazados. Finalmente, descubren que todos los robots son humanos disfrazados y que no hay ningún robot en todo el planeta.

Según parece, Lem, que era polaco, deslizaba aquí una metáfora de la ocupación soviética de su país, cuando todos fingían aceptar el dominio ruso, pero todos lo detestaban.

A mí me gusta utilizar está fábula de los robots en mis clases de guión. Explico a los alumnos que muchas veces cuando eres contratado por una empresa te das cuenta de que se emplean métodos de trabajo que no tienen ningún sentido. Sin embargo, como eres nuevo, no te atreves a decir nada. Cuando comienzas a tener confianza con algún compañero, descubres que, a pesar de las apariencias, a él tampoco le gusta ese absurdo método de trabajo. Es probable, y yo lo he vivido más de una vez, que este cuento de la vida real acabe como el de Stanislaw Lem: descubres que a nadie le gusta el dichoso método de trabajo .

 

Eso sí, nadie se atreve a reconocerlo de manera pública: siguen escondidos bajo la máscara de trabajador convencido de lo que está haciendo.

Ejercicios de chino que llevé durante el viaje.
Se trata de un folio en forma de persiana que se despliega o pliega y
así permite ocultar los caracteres transliterados (pinyin) o la traducción,
para comprobar si se han aprendido los caracteres.

 


NOTA UN TIEMPO DESPUÉS (¿1998?):  Si decides averiguar por qué se emplea en una empresa ese método que manifiestamente no funciona, quizá recibas la siguiente respuesta: “Pues no lo sé, pero siempre se ha hecho así”. Una respuesta que recuerda otra anécdota, no sé si basada en un experimento real o no: el célebre experimento de los monos en un centro de investigación de Chicago. Se dice que en ese centro de investigación hicieron un experimento con cuatro monos que vivían juntos en una celda: colgaron un plátano y esperaron a que los monos intentarán cogerlo. Pero entonces, cuando se disponen a coger el plátano, los investigadores entran y enchufan a los monos con potentes mangueras de agua. Continúan día tras día con lo mismo hasta que los monos se cansan de intentar agarrar el plátano e incluso atacan al que se atreve a ir al plátano, pues saben que eso provocará la entrada de las mangueras de agua. Finalmente, ya los cuatro monos ni siquiera miran el plátano. Entonces los investigadores sacan a un mono de la celda y ponen otro nuevo. El nuevo, que no sabe nada, ve el plátano y se dispone a atraparlo, pero los otros tres monos se abalanzan sobre él y se lo impiden. Cuando este mono desiste de ir a por el plátano, cambian a otro de los primeros monos. Así hasta que cambian a los cuatro primeros monos. Llega un momento en el que ya no queda ningún mono que haya visto la manguera, pero siguen sin ir a por el plátano y golpean al que lo intenta. Si pudieran responder a por qué lo hacen, dirían lo mismo que se hace en las productoras de televisión o en muchas empresas: “Porque siempre se ha hecho así”.

Aunque busco de vez en cuando el experimento de los monos, no he conseguido averiguar si es real o imaginario. En Internet aparece en muchas páginas, incluso con animaciones como esta:

[tube]http://www.youtube.com/watch?v=ecY9NQNPBDE[/tube]

 

2011

Cuando hablo de filoetimología, “filo” debe entenderse como filosofía, no como filología. Es decir, el arte, la ciencia o la manía de hacer filosofía a partir de la etimología de las palabras.

Desde este momento, elegí como tema de Escrito en el cielo las máscaras, obligándome a mí mismo a escribir sobre este asunto siempre que estuviera en un avión.

2019: Ahora me parece obvio que los caracteres mezclan kanji chinos y japonés (hiragana, creo), así que es un menú japonés casi seguro.


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Busca “Escrito en el cielo”

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11
NO LUGAR ~11

Taxi al Aeropuerto de Madrid-Barajas

[ Jueves 11 de diciembre, a las 11 de la noche]

No lugar 11, escrito el día 11, que, puesto que estamos en diciembre, es el de mi cumpleaños. Bonita coincidencia numérica: el 11 es mi número preferido desde hace muchos años, tal vez desde un 11 de diciembre en que cumplí once años y tuve once años durante 11 meses y 11 días, del año 1974, cuyas últimas dos cifras suman 11 (coincidencia que, creo, entonces no advertí).

Miro el billete para ver si hay más coincidencias numéricas: hay una sorprendente: es el vuelo Avianca 011. ¿Qué más se puede pedir? Que el vuelo dure 11 horas y que salga a las 11, pero no, porque está previsto  para las 12.

 

 

 


2011

Ahora subo a Internet estas anotaciones en el año 11 del siglo 21. No está mal. La pena es que después de los atentados de las torres gemelas en Nueva York y en Madrid, el número 11 ha quedado contaminado de resonancias terribles que no me gustan nada y que pueden hacer suponer que mi predilección por él tenga alguna relación con el fanatismo y la muerte. Pero no hay relación, pues era mi número favorito, como cuento aquí en 1997, mucho antes.

No tiempo
NO LUGAR 24

Tren de Santa Teresa a Machu Pichu

[Miércoles 17 de diciembre de 1997]

También se puede encontrar una extensión del concepto de los no lugares aplicándolo a “no personas”, “no tiempo”, “no mente”.

Es decir, una de las características de los no lugares es que a tu alrededor no tienes personas propiamente dichas: la relación con los otros es formal y funcional. Hablas con el taquillero para conseguir un billete, y con un desconocido para saber quién es el último de la cola, pero no esperas más de ellos, no te planteas una relación personal, son lugares comunes, pero en los que no se crean comunidades.

Al menos en apariencia, porque, precisamente, los no lugares, por esa falta de obligaciones, por no ser propiamente terreno de nadie en particular, son los lugares más propicios para entablar amistades con desconocidos, con más razón si la relación se prolonga en el vehículo que usualmente se espera en los no lugares: el avión, el tren. Marc Augé dice que los no lugares son espacios para la aventura:

Itinerarios individuales en los que subsistía algo del incierto encanto de los solares, de los terrenos baldíos y de las obras en construcción, de los andenes y de las salas de espera en donde los pasos se pierden, el encanto de todos los lugares de la casualidad y del encuentro en donde se puede experimentar furtivamente la posibilidad sostenida de la aventura, el sentimiento de que no queda más que “ver venir”.

En cuanto al no tiempo, resulta todavía más evidente, puesto que el tiempo que se pasa en los no lugares es un tiempo con el que no se cuenta, tiempo perdido, tiempo entregado al no hacer nada, porque es un tiempo de transición, de espera y, tal vez por ello, de nuevo, y por contradictorio que parezca, es un tiempo propicio al hacer, por ejemplo para escribir o, para los ejecutivos que viajan con móvil y ordenador, para poner en orden los asuntos, la agenda, el control del tiempo, control que siempre solemos posponer cuando contamos con tiempo y cuando, además, contamos el tiempo.

Caretas, antifaces y embozos
NO LUGAR 31

Ensayo sobre las máscaras /14

Sala de espera del Aeropuerto Santa Fe de Bogotá (Colombia)

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

En un periódico colombiano vi esta curiosa noticia, en la que se cuenta cómo en el pueblo llamado Girón la gente se pinta de negro como muestra de convivencia entre negros y blancos. La idea fue de un cura llamado Gaspar Rodriguez, que en 1562, al ver que “entre los hijos de Cristo existía un odio mutuo entre blancos y negros”, decidió traer de España una efigie de un santo negro, San Benito de Palermo. Para conmemorar la reconciliación (que todavía tardó un siglo, según parece), los blancos se ponen la máscara de negros por un día, pintándose la cara.

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Puedo seguir un poco con la filoetimología, recordando un asunto que anoté al margen en Escrito en el cielo 6.

Además de “persona” y “máscara”, y del significado de los caracteres chinos que expresan ‘él’ o ‘ella’, existen otras palabras cercanas desde el punto de vista semántico: “embozado”, “antifaz” y “careta”.

No veo, por el momento, mucho interés en embozado. El embozo puede ser una capa y un sombrero de ala ancha, como en la España de hace dos siglos, cuya función fundamental parece ser ocultar.

(Seguiré luego: vamos a embarcar)

Sigo, y sin embarcar.

En cuanto a ‘antifaz’, parece derivar de ‘Ante-faz’, es decir, delante de la faz, delante del rostro, pero el cambio de ‘e’ en ‘i’ es muy interesante, pues ahora puede leerse como quien lee anti-fascista, anti-comunista, es decir: “contra-faz”, “opuesto a la faz, al rostro”, lo que expresa de manera simple pero rotunda la función de la máscara como no rostro, como simulación.

En cuanto a “careta”, parece arriesgado suponer que se ha producido el proceso inverso a antifaz, es decir, que se ha pasado de “carita” a “careta”. Si así hubiera sido, el diminutivo podría expresar la fracasada pretensión de la máscara de ser un verdadero rostro, una cara auténtica. Pero tal vez esta no sea la derivación correcta. Intento encontrar un caso similar: ala > aleta> alita. ¿Es la aleta un ala falsa?

 


El guionista del siglo 21
CURSO DE GUIÓN EN CUBA
22 de febrero a 11 de marzo de 2016

“El guionista del siglo 21” es un curso que imparto todos los años en Cuba.

Teoría y práctica en un curso y taller intensivo: cinco horas diarias de lunes a viernes.

Un lugar único y delicioso en el que durante tres semanas creativas los alumnos se pueden concentrar en el aprendizaje intenso y al mismo tiempo disfrutar de una experiencia que nunca se olvida.

Este año el curso será desde el 22 de febrero al 11 de marzo. Aunque está previsto abrir un segundo curso, todavía no es seguro, así que todavía estás a tiempo de matricularte antes de que se acaben las plazas: quedan pocas y pronto se empezarán a pedir las confirmaciones de las reservas previas para cerrar el curso.

Una piscina olímpica en el Caribe y en una Escuela de cine. ¿qué mejor manera de pasar las tardes?

Una piscina olímpica en el Caribe: otro de los atractivos de la Escuela.

El taller proporcionará a los alumnos los conocimientos y las herramientas necesarias para enfrentarse a la escritura de un guión en cualquier modalidad (cine, series, webseries y programas de entretenimiento). Uniendo la teoría con la práctica, los alumnos adquirirán los conocimientos que les permitan entender la naturaleza de la narrativa audiovisual, así como técnicas y herramientas para superar bloqueos y estimular la creatividad. Desde la primera idea hasta la escritura y revisión del guión, desde las nociones básicas a las más avanzadas. No sólo se analizarán las técnicas aceptadas por la industria convencional, sino también las últimas tendencias narrativas que han transformado el panorama, enfrentándose a los dogmas y fórmulas fáciles.

 

Fotografía de: henkvandekerkhove (mayo de 2008)

García Márquez (de espaldas) y los fundadores de la EICTV. Fotografía de: henkvandekerkhove (mayo de 2008) Un ben entretenimiento en la Escuela de Cine de Cuba es encontrar las cinco estatuas, desperdigadas por los campos, algunas cumpliendo la función de espantapájaros. A Birri tener uan estatua le pareció demasiado solemne, así que pidió cumplir esa noble tarea de alejar a los pájaros de los cultivos.

 

EL GUIONISTA DEL SIGLO 21

Audiencia: Guionistas, dramaturgos, graduados de comunicación social y de audiovisuales y toda persona interesada en la creación y el guión audiovisual.

Número de alumnos: 12

Fecha de inicio: 22 de febrero de 2015

Fecha de terminación: 11 de marzo de 2015

Más información en la página de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

En caso de que tengas alguna dificultad para ponerte en contacto con la EICTV, escríbeme a esta dirección: danieltubau@gmail.com

Profesor:
Daniel Tubau, guionista y director de televisión durante más de veinte años, es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. Recientemente ha publicado El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión. Es también autor de El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión, demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. En la actualidad se encuentra en prensa dos nuevos libro El secreto de la invención, dedicado a las técnicas y el estímulo de la creatividad tanto para guionistas como para escritores, y El espectador es el protagonista, un libro práctico con estructura de taller de guión.

[Página de la EICTV para matricularse en el curso]

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ALGUNOS LIBROS DE DANIEL TUBAU

El-espectador-es-el-protagonista-(1)

 

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

Daniel Tubau,en coincidencia con los aires de renovación propiciados por los creadores o showrunners de las nuevas series de televisión, propone airear el cuarto mal ventilado de la escritura de guión y dejar que entre el aire fresco del gran arte narrativo. Frente a los trucos fáciles, las estructuras férreas y las fórmulas al uso, con una mezcla equilibrada de humor, ingenio y rigor, Tubau recuerda la riqueza de recursos que tiene a su disposición cualquier guionista.

El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Su autor no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos. Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.

(Comprar en Casa del libro) Página web: El espectador es el protagonista

El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro)

(Comprar en En Casa del Libro)

Página web: El guión del siglo 21

 

Casa del Libro
Amazon

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

Página web de Las paradojas del guionista

 

¿Es una iglesia un no lugar?
NO LUGAR ~6

Autobús 66  a María Cristina (Barcelona)

Lunes 1 de diciembre de 1997

Sigo con lo de antes. Según las características enumeradas, podemos analizar un sitio sospechoso de ser un no lugar: una iglesia.

Parece que cumple lo de no ser vivienda de nadie (los curas no viven en la Iglesia propiamente dicha, sino en dependencias ajenas al culto). Es cierto que se dice que es la casa del Señor, pero también se dice que Dios está en todas partes, en todos los lugares y no lugares.

No pertenece a nadie. Por supuesto, pertenece a la institución eclesiástica, pero los que trabajan en ella y parecen poseerla, los curas, están allí de manera transitoria y en cualquier momento pueden ser trasladados a otra iglesia, y su lugar (¿su no lugar?) ocupado por otros.

No hay que pagar para entrar, a no ser el dinero que nuestra conciencia nos indique que debemos entregar como limosna.

En muchos otros no lugares tampoco se paga. No se paga por estar en la sala de espera del dentista, aunque sí se le paga al dentista. Tampoco es obligatorio pagar por estar en el vestíbulo de un aeropuerto: alguien podría ir a un aeropuerto para pasear, sentarse y, al cabo de unas horas, regresar a su casa, sin gastar nada.

En otros no lugares sí se paga: en el autobús, en un taxi, en el avión.

Pero todavía no he resuelto si el avión es un no lugar.

 

 

 


Vive oculto

Vive oculto es la célebre frase latina que Valery adoptó en su forma afrancesada: Cache ton jeu (“Esconde tu juego”).

En el taoísmo de Zhuang Zi (Chuang Tzu) el equivalente sería  aquello de la virtud de ser inútil: el árbol de sándalo perfuma el hacha que lo corta.

Es preferible ser un árbol inútil, cuya madera no arda bien en las hogueras ni perfume los hogares de los seres humanos.

El  ocultamiento es una de las funciones más evidentes de las máscaras, aunque tal vez existan otras. Pero aquí se encuentra una primera paradoja: nada peor para pasar inadvertido que ponerse una máscara.

Hagamos la prueba. Coloquemos sobre nuestro rostro una máscara, por ejemplo una media máscara veneciana que deja libre la boca y la barbilla, o una máscara pintada de un personaje del teatro Nô, o la dual griega de la tragedia y la comedia. Pongámonos una de esas máscaras sobre el rostro y salgamos a la calle.

Cualquiera puede predecir cuál será el resultado: en vez de pasar inadvertidos, llamaremos la atención de cuantos se crucen con nosotros. Si nos hallamos en Madrid y sigue vigente la prohibición de llevar máscaras o antifaces, incluso es posible que acabemos en prisión, o al menos en comisaría.

Esto podría hacernos pensar que quien quiera vivir oculto no debe llevar máscara. Pero esa sería una conclusión precipitada. Lo que hay que hacer es escoger una máscara que no parezca una máscara. Debe estar tan bien confeccionada que se ajuste a nuestro rostro con precisión, cada uno de sus rasgos tiene que guardar una correspondencia exacta con cada uno de nuestros músculos, respetando la forma de nuestros huesos y nervios hasta que, gracias a esta coincidencia exacta entre rostro y máscara, esta se convierta en invisible.

Máscaras africanas en la revista del avión


Avión entre Europa y América (ahora sobre el Atlántico)

[Jueves 11 de diciembre de 1997]

ESCRITO EN EL CIELO 6

Ensayo sobre las máscaras /6


¿Qué dicen los jueces?
ESCRITO EN EL CIELO 17

Avión Ciudad de Barranquilla, volando de Quito a Bogotá

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

 

Tenía pendiente pensar acerca de la expresión “No hay lugar”. No es que pretenda ser exhaustivo acerca de todo lo relacionado con los no lugares (probablemente añada un epílogo en el que hable de Erewhon, Utopía, la definición de lugar y no lugar, etcétera), pero el asunto parece interesante.

Todo lo que sigue son conjeturas, pues soy un ignorante en el asunto.

Los jueces dicen “No ha lugar”. Lo primero que habrá que saber es si dicen “No a lugar” o “No ha (hay) lugar”.

Si lo que dicen es “No ha (hay) lugar”, se supone que están refiriéndose a que no hay lugar, espacio, (pero quizá espacio temporal), para el asunto tratado: la querella, por ejemplo, no tiene fundamento, se desestima, se rechaza; que cada uno, acusado y acusador vuelvan a su lugar de origen.

De un modo más literal puede interpretarse como “No hay lugar, no existe lugar, sitio, en el mundo en el que esta causa pueda ser tratada, y como no hay lugar donde tratarla, se le pone punto final”.

La otra posibilidad es que lo que el juez dice sea: “No a lugar”. Aquí podemos posiblemente aplicar algunos de los sentidos de No ha lugar, pero, también de un modo muy literal, se puede entender: “Esto no lleva a ninguna parte, a ningún lugar, por tanto, es absurdo que sigamos con la causa: no hay elementos que justifiquen la demanda. No van a llegar a ningún sitio, así que lo mejor es que lo dejemos.”.

Naturalmente, una de las dos interpretaciones filo-etimológicas puede ser errónea, o las dos. Tal vez la expresión es una derivación de “No hay topos” (donde topos significa ‘lugar’, pero también ‘tópico’ (“es un tópico, un lugar común”). En ese caso, “No ha/a lugar (topos/tópico), podría traducirse por: “No hay jurisprudencia, no hay precedentes sobre el asunto tratado, no es susceptible de ser examinado bajo las leyes y las fórmulas del derecho”.


El joker
NO LUGAR 32

Ensayo sobre las máscaras /15

Avión en pista del Aeropuerto El Dorado de Bogotá

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

 

Otra máscara célebre es la del Joker o Comodín de la baraja, que es también el más peligroso enemigo de la pareja de “paramilitares de Ciudad Gótica” (Batman y Robin), como se dice en el Trivial Pursuit argentino/peruano.

El Joker, con su cara pintada, a veces dividida en dos mitades, expresa el más puro poder de las máscaras: ser lo que no se es, simular ser otro.

Así, el joker en la mayoría de los juegos de naipes sustituye a cualquier otra carta de la baraja: no es ninguna y es todas al mismo tiempo.

 


Los vivos y los muertos
NO LUGAR ~10

Autocar desde el Hotel Newport al aeropuerto Charles De Gaulle de París

[Martes 8 de Diciembre de 1997]

 

He pensado últimamente, desde la reciente muerte de la cantante francesa Bárbara, a quien escucho ahora en mi walkman, en todas aquellas personas de este siglo a las que he querido en la distancia, personas a las que conozco sólo por sus libros o sus canciones, y a las que he visto morir (también en la distancia espacial, pero no temporal). Me habría gustado conocer a muchos de ellos.

Lo más sorprendente del asunto es que parece que ya se han muerto todas las personas que admiro. Eso significa que mi imaginario de celebridades es de varias generaciones atrás. O tal vez haya otra explicación, que intentaré analizar después de enumerar a algunas de esas personas: Georges Brassens, Jacques Brel, Allen Ginsberg, Bertrand Russell, Barbara, Karl Popper, Paul Feyerabend, Daisen Deshimaru, Vladimir Nabokov.

Apenas nadie que me emocione de verdad vive todavía. Uno es Charles Trenet, los otros son Martin Gardner y Raymond Smullyan.

Papel con el membrete del hotel Newport, de Disneylandia París



 

 

2011

Charles Trenet ya había muerto cuando hice en 2010 una copia privada de Escrito en el cielo y en ningún lugar. Martín gardner murió poco después. Smullyan es el único que sobrevive de los mencionados.

 

Raymond Smullyan