Wittgenstein y la metafísica lógica

|| Memes, ideas y mundos /11

Al igual que Neurath (Los positivistas intentan domesticar el lenguaje), Ludwig Wittgenstein también intentó en su Tractatus Logico Philosophicus vencer o superar la ambigüedad del lenguaje corriente. Para lograrlo se inspiró en las ideas de Bertrand Russell y propuso dividir los enunciados o proposiciones en compuestos y simples, “moleculares” y “atómicos”.

Una proposición atómica sería una proposición singular que no contiene una proposición como elemento suyo ni tampoco contiene los conceptos “todos” o “algunos”.

Una proposición molecular sería igualmente una proposición singular, pero que contiene dos o más proposiciones atómicas. Estas proposiciones compuestas tienen la forma de la conjunción o de la disyunción, de la implicación o de la negación.

La idea nueva que proponía Wittgenstein, según Álvaro Pelaez, era que la verdad de las proposiciones compuestas o moleculares depende tan solo de la verdad de las proposiones simples que contienen. La verdas de las proposiones moleculares, por lo tanto, “es una función de verdad de estas”. La consecuencia, nos dice Peláez, es que lo único que importa es la verdad de las proposiciones simples o atómicas y que a partir de ellas se puede deducir “de modo puramente lógico la verdad de las proposiciones compuestas”.

En cuanto a cómo se determina la verdad de los enunciados simples, en opinión de Wittgenstein son verdaderos siempre que al objeto designado mediante el nombre le corresponda “la propiedad o relación designada mediante el predicado”. De este modo, con una definición de verdad atómica que, si no me equivoco, casi coincide con la de Tarsky (“la hierba es verde” si la hierba es verde), Wittgenstein pretendía solucionar todos los problemas de la verdad de las proposiciones moleculares o no simples:

“Las condiciones de verdad de las otras formas de enunciados, las compuestas de elementos se determinan indirectamente a partir del significado de las “constantes lógicas” (Alvaro Pelaez, Neurath).

Aunque el Tractatus de Wittgenstein es un libro legendario, nadie considera hoy en día que su propuesta funcione y lo más extraño es que en algún momento se llegara a creer que podía funcionar, incluso por personas como Bertrand Russell. El propio Wittgenstein rechazó sus ideas y tiempo después dio origen a otro movimiento filosófico con sus Investigaciones Filosóficas. En este libro, retomando algunas de las ideas de la crítica del lenguaje de Mauthner y otros autores, se pasa al bando del lenguaje ambigüo y muestra con bastante agudeza, pero también casi siempre mediante una sencillez grandielocuente que acaba por resultar confusa o trivial, muchos de los problemas casi insolubles que la vaguedad del lenguaje común provoca.

Tanto el intento de Neurath como el de Wittgenstein se asemejan a la teoría de los memes no sólo en su ambición por hacer definida una cosa tan ambigua como puede ser una idea o un concepto, sino también en el tono de su discurso y en su ambición reduccionista. Lo cual no tiene por qué ser malo, puesto que la ciencia es casi por definición reduccionista (reduce la complejidad del mundo o de lo observado a unos cuantos elementos manejables), pero que sí lo es cuando, para alcanzar la sencillez deseada, se aplica con demasiado brío la navaja de Occam y se lleva uno no solo la barba sino la piel.

Todos estos pensadores (Neurath, Wittgenstein en su primera época) pretendían y pretenden de alguna manera ser antimetafísicos, pero todos ellos acaban cayendo en una especie de metafísica materialista. Todos ellos son herederos de una u otra manera de la teoría de las Ideas de Platón, que ya en su época fue ridiculizada por sus detractores con argumentos que se podrían aplicar a los memes, cambiando sólo algún detalle.

La revuelta de Wittgenstein contra la lógica y contra sí mismo y su Tractatus Logico Philosophicus

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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BREVÍSIMA INTRODUCCIÓN A LA BIOLOGÍA MOSCA Y CAJA

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El problema de la complejidad

|| Memes, ideas y mundos /8

Neuronas, por Johannes Muller

La teoría de los memes o replicadores culturales comparables a los genes que estudia la biología, se enfrenta a diversos problemas. El primero de ellos es el de la complejidad. Jordi Cortés Morato explica que hay 6000 millones de nucleótidos implicados en la constitución genética de una persona, la mitad procedente del padre y la otra mitad de la madre. Parecen números descomunales a primera vista, pero como enseguida aclara Cortés Morato, no son casi nada comparados con el sistema nervioso, pues las neuronas son 10.000 millones de veces más numerosas “y las conexiones entre ellas todavía más”. Trazar un mapa de relaciones con números tan desmesurados parece una tarea que por ahora nos excede, aunque Cortés Morato indica que ya están trabajando en esa línea pensadores que defienden la ciencia de la memética como Daniel Dennet o David Davidson. Ahora bien, no parece fácil encarar un problema como éste teniendo en cuenta que ni siquiera parece fácil definir qué es exactamente un meme:

“La memética se mueve todavía en el terreno de las analogías y las metáforas, al menos hasta que consiga un desarrollo cuantitativo y matematizado, y sea capaz de establecer con mayor precisión (como pasa con la la teoría del mundo 3 de Popper) qué debe entenderse propiamente como meme. ¿El meme de la teoría de los memes se demostrará un buen meme? ¿Será capaz de replicarse hasta convertirse en una teoría respetable? (Jordi Cortés Morato)

Como es obvio, el que algo sea complejo no significa que no pueda ser estudiado y descifrado, pero sí que su estudio puede resultar también extraordinariamente complejo. No se trata de los millones de elementos en sí, puesto que mil millones de granos de arena se pueden estudiar con bastante facilidad, sino de la complejidad de las conexiones y el funcionamiento de esos elementos.

Neuronas, por Santiago Ramón y Cajal

 

Continuará


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La teoría de los memes, un meme exitoso

|| Memes, ideas y mundos /6

La teoría de los memes cuenta en la actualidad con el apoyo de numerosos seguidores. Memes es una de esas llamadas palabras de éxito en Internet (como lo es paradigma), que se usa en cualquier contexto para dotar a los argumentos de un brillo aparentemente científico. En los blogs en particular el asunto de los memes es un tema recurrente, pues uno de los desarrollos de la teoría tiene que ver precisamente con los blogs y con Internet, que son “grandes transmisores de memes”.

De nuevo conviene aclarar, en 2017, que me estoy refiriendo a los memes de Dawkins no a esas imágenes o frases pegajosas de internet llamadas memes, que algunas veces se parecen a un lema, potras a un aforismo, en ocasiones a un simple exabrupto, y que van desde el ingenio a la agudeza a la simple estupidez. Los memes de este tipo se inspiraron como es obvio en los memes de Dawkins, pero la concepción de los memes que él propuso tiene un mayor alcance.

 Dawkins ofrece algunos datos del éxito mediático de la memética o ciencia de los memes:

“En 1976 acuñe la palabra “meme” para denominar estas unidades culturales que tienen vida propia y son capaces de autorreplicarse. Desde entonces, como todo buen meme, el término se difundió por el mundo cultural. Para cuantificar este enunciado “metamemético”, busque en la Web: el adjetivo “memético” aparece en 5.042 entradas. A modo de referencia, lo comparé con otros neologismos o expresiones de moda: docudrama apareció 2.848 veces, sociobiología 6.679, zippergate (algo así como “braguetagate, en referencia al escándalo Clinton) 1.752 y post-estructural 577. Continuando con la búsqueda, di con alt.memetics, un grupo de debate que solo el año pasado recibió unos 12.000 artículos como “Los memes, los metamemes y la política” y “Los memes y la sonriente estupidez de la prensa”. Hay también sitios especialmente creados sobre el tema “Memeticistas en la Web” y la “Página de jardinería del meme”; incluso (aunque espero no vaya en serio) ha surgido una nueva religión, “La Iglesia del Virus”, con su correspondiente lista de pecados y virtudes, su santo patrono (San Charles Darwin) y una alarmante referencia a mi persona como “San Dawkins”.”

Eso fue hace unos años, porque ahora (2004) “memetic” ofrece 64.300 resultados y “meme” más de ocho millones.

Los datos actualizados de 2017 son: memetic (1.120.000) y meme 483.000.000 de resultados. El dato, como es obvio, ya no se refiere solo a los memes de Dawkins tal cual, sino a los millones y millones de esos otros memees creados por millones de personas. Supongo que los número aumentarán de manera astronómica, puesto que ahora se propagan en Facebook en esos espantosos carteles coloreados con letras grandes.

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
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La otra teoría de Dawkins: los memes

|| Memes, ideas y mundos /2

dawkins-Además de defender la teoría del gen egoísta, Dawkins dedicó un capítulo de El gen egoísta a imaginar un fenómeno que estuviera sometido a selección natural pero que no fuera biológico. Esta es una de las maneras en las que proceden los científicos, la aplicación a diferentes terrenos de una idea o concepto que hasta ahora se ha aplicado en un terreno o disciplina determinado.

Se puede considerar que Dawkins empleó el método de la generalización, puesto que se hace general algo particular: se examina si los mecanismos de la selección natural propuestos por Darwin pueden explicar algo en lo que no estén implicados seres vivos de manera directa. También puede definirse mediante otra de las herramientas más poderosas de la ciencia, el reduccionismo: reducir diferentes fenómenos a una misma explicación, por ejemplo, postular que detrás de la casi infinita variedad de la naturaleza hay un número finito de elementos químicos, que se pueden ordenar en una tabla periódica.  aplicar a otros terrenos una misma explicación. Tanto la generalización como el reduccionismo son indispensables para la ciencia, pero también deben emplearse con prudencia. La generalización a veces funciona y logra explicar un enigma científico, mientras que otras veces es sólo una metáfora iluminadora.

Dawkins---el-gen-egoista-Daniel-Tubau

[Ilustración de Daniel Tubau a partir de una fotografía que es un meme de internet]

 Dawkins pensaba en algo parecido a una metáfora iluminadora cuando intentó encontrar un fenómeno al que se pudiera aplicar la noción de selección natural. Buscaba una imagen que permitiera a sus lectores entender mejor cómo evolucionan los organismos vivos. A lo largo de esta investigación veremos que esa intención primera de Dawkins y la evolución de esa intención en manos de otros pensadores llevó a ciertos problemas y confusiones que el propio Dawkins tal vez no imaginaba. Pero antes de analizar esa evolución de la metáfora dawkiniana, debemos conocerla.

El fenómeno no biológico que Dawkins eligió fue la cultura. Puesto que en la biología la evolución, según él mismo defendía, se producía gracias a los genes, ¿qué elemento básico explicaría la evolución cultural? Dawkins buscó un nombre y, de este modo, inventó la palabra memes:

«Mimeme» [mímesis, imitación] se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a «gen». Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con «memoria» o con la palabra francesa même. En inglés debería pronunciarse «mi:m». (El gen egoísta)

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
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Memes, ideas y mundos

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Liberales y marxistas

Creo que muchos de los llamados liberales han hecho más por la humanidad que casi todos los teóricos de la izquierda más o menos marxista. Seguramente es más importante leer a John Stuart Mill para luchar por la libertad que a Marx, y creo que sus escritos políticos (no los económicos, que no he leído pero que según creo no son muy agudos) siguen siendo actuales, útiles y estimulantes para un pensamiento de izquierdas (de lo que yo considero izquierda, claro), mientras que muchos de los escritos de los marxistas aparecen ya como lo que realmente siempre fueron: palabrería seudocientífica de gentes que se creen en posesión de verdades reveladas.

Naturalmente que bajo esa palabrería hay un montón de buenas ideas y de estupendos propósitos, pero que a menudo ni siquiera les pertenecen.

He aprendido mucho de Marx y Engels, pues eran personas muy inteligentes pero, como suele suceder con los filósofos que construyen sistemas filosóficos, la mayoría de sus ideas dependen de ese sistema, con lo que una vez que cae el sistema cae con él su contenido. Lo mejor, ahora, sería renunciar, por fin, al cientifismo de Marx y editar sus mejores ideas en forma de breves fragmento o aforismos: Perlas marxistas.

Es muy posible que gran parte de su análisis de la sociedad sea correcto, pero ese análisis debe ser incluido, con menos ruido y furia, en las disciplinas de la economía, al política y la economía política, junto a otros teóricos como David Ricardo, Malthus, Keynes, etcétera, muchos de ellos liberales. Quitarle, en fin, el halo de Mesías o Profeta. Puede que también sea cierto que algunas de las ideas de Marx acerca de cómo llegar al socialismo sean válidas, puesto que el marxismo, como el cristianismo ya ha defendido casi todo: “esto y lo contrario”.

No en vano, el ultimo intento de salvar a Marx consistió en recuperar los llamados Manuscritos, textos de carácter más filosófico, precisamente porque en ellos aparecía un pensador menos dogmático y en teoría menos inhumano, que permitió mostrar aquello que se llamaba el lado humano o humanismo, que tanto despreciaba Sartre (El existencialismo no es un humanismo), y que lo hacía más compatible con el cristianismo y con los nuevos vientos de mayo del 68. Pero fue en vano.

Hace muchos años, yo diría que antes de la caída del Muro de Berlín (1989), cerca de la estación de metro de Bilbao o de Alonso Martínez, discutía con mi amigo Marcos. Acababa de escribir un trabajo polémico para él a partir de otra discusión anterior: él decía que Tucídides era progresista y yo decía que era conservador. Mi tesis, desarrollada en esa investigación, para la que leí muchos libros (además de a Tucídides completo) le convenció y no quiso escribir un trabajo para refutarme.
Entonces, en un tono similar al que inició el asunto de Tucídides, hablamos de Marx y de lo que quedaba de Marx. De lo que se podía aprovechar. Para Marcos todavía quedaba bastante, para mí, casi nada. ¿Entonces que hacemos con Marx?, me preguntó. “Tirarlo a la basura” le respondí.

Eran momentos más duros que estos en el tema del marxismo (ya averiguaré el año por el trabajo de Tucídides), que aunque iba perdiendo poder todavía era la filosofía dominante en el mundo intelectual. Felipe González, dirigente del PSOE español, era marxista o acaba de dejar de serlo. Mi respuesta fue una respuesta polémica a propósito, porque también en esa época era moderado en la expresión de mis odios y afectos (lo que no quiere decir que sea siempre moderado en mis odios y afectos, a veces no: una cosa es lo que se siente y otra cómo se dice).

Y fue polémica porque de pronto me sentí impulsado a ser radical, sin duda porque estaba molesto tras tantos años de agobio marxista con su ciencia política y su gregarismo, porque estaba harto de todas las instrucciones que nos daban acerca de lo que había que hacer y de lo que había que pensar, lo que había que gritar y lo que había que justificar (quizá ya no tan claramente a Stalin, pero si a Lenin, por ejemplo, cosa que todavía hace mucha gente).

Porque la verdad es que no creo que haya que tirar a nadie a la basura, y tampoco a un libro. Ni lo creo ahora, ni lo creía entonces. Si mi memoria no me traiciona, creo que enseguida dije que era sólo una manera de hablar (es muy posible que escribiera esa conversación ese mismo día, así que la buscaré).

Ante la insistencia de Marcos en que quedaban muchas cosas buenas de Marx, le dije que del mismo modo que en el caso de Tucídides, haría una investigación y un trabajo contra Marx, y que él hiciera otro a favor de Marx. Empecé a tomar notas y a leer y releer libros de Marx, Engels y los marxistas, pero lo dejé a medias, porque quería hacer algo demoledor pero absolutamente convincente, y eso requería mucho trabajo. Ahora me arrepiento de no haberlo llevado a cabo, porque, hay muy pocos escritos que se ocupen seriamente de refutar a Marx. Lo único que encuentras son panfletos de la derecha o de la izquierda (anarquistas y comunistas heterodoxos) que suelen consistir más en una serie de descalificaciones que en un estudio razonado.

Lo mejor acerca del tema es posiblemente la tercera parte de La Sociedad Abierta y sus enemigos. Este es un libro que está prohibido citar entre la izquierda, como en la época dorada de la Rusia Soviética estaba prohibido leer el 1984 de Orwell, El dios desnudo, de Howard Fast o Del cero al infinito de Arthur Koestler.

La sociedad abierta y sus enemigos es uno de los libros que mejor defiende la libertad y una sociedad más justa, atacando a Platón; Hegel y Marx. Pero resulta que Popper, otro peligroso liberal como Mill, era de derechas, al menos en sus últimos 30 o 40 años, y su nombre es anatema entre las filas de la izquierda, a pesar de que sus ideas son a veces la mejor arma contra la derecha, contra el conservadurismo y contra los propios liberales, y a favor de la libertad y una sociedad abierta, en la que, precisamente, una izquierda justa podría imponer pacíficamente sus ideas. Popper en ese delicioso libro es tan hermoso y útil como lo es John Stuart Mill en Sobre la libertad.

Sin embargo, al no haber hecho ese trabajo en su momento, cuando el marxismo todavía era un gigante que abatir, ahora ya resulta difícil ponerse a la tarea, pues el gigante ha caído. Tal vez se incorpore de nuevo, pero mi sensación ahora es como la de Swann en En busca del tiempo perdido, cuando quiere saber si Odette le era infiel o no y supone que lo sabrá cuando Odette ya sea definitivamente suya y el amor se haya diluido con los años y y también los celos, pero ese deseo tan grande de saber si aquella noche ella, estaba sola o no, resulta que también se diluye llegado el momento:

“Pero este problema tan interesante, que iba a poner en claro en cuanto se le acabaran los celos, perdió precisamente toda suerte de interés en cuanto dejó de estar celoso (A la sombra de las muchachas en flor)

Incluso se le diluyó a Swann el deseo de vengase de Odette cuando ya no la amara:

“Con el amor se fue el deseo de demostrarle que ya no había amor” .

Es como lo que cuenta mi padre, Iván Tubau, en Matar a Victor Hugo: cuando era joven, prometió vengarse años después de un jefe que le maltrató, pero, cuando tuvo la oportunidad de vengarse ya no tenía ningún deseo de hacerlo. Al Iván Tubau adulto  ahora le resultaban indiferentes las promesas de aquel joven Iván. Quienes no creemos en la venganza ni en la saña con los caídos, obtenemos mucho menos placer cuando el monstruo está a merced de nuestros golpes que cuando tenemos que golpearle para salvar nuestra vida (al menos nuestra vida mental). Ahora que ha llegado el día (desde hace años) en que el marxismo ya no nos domina, ni siquiera tengo anhelos de señalar a todos aquellos que justificaron tantas atrocidades, pero sé que a veces hay que hacerlo, para no dar pie a malentendidos, y como solían decir ellos: “para hacer justicia a las víctimas”. A sus víctimas.


El 12 de mayo de 2008 recibí un comentario a esta entrada de Gustavo:

“Te pierdes en tu propia “palabrería”, como dices tú.
Predicar la muerte del marxismo no lo matará.
Me temo que por más que lo intentaras no podrías “demoler” las ideas marxistas.
O tal vez sí, pero tendrías que partir desde las propias ideas marxistas, pienso yo…
Desde el liberalismo lo dudo mucho”.

A lo que respondí:

“Me temo que las cosas, por el momento, indican lo contrario: el marxismo, tal como lo hemos conocido, ya no existe, por lo que no es necesario demolerlo.
Muchas de sus ideas han sido incorporadas al conocimiento común y válido de la economía o la filosofía; otras se han considerado erróneas; algunas serán recuperadas, bastantes de ellas matizadas o corregidas.

Y sí, tienes razón, una parte de la crítica al marxismo se puede usar partiendo de las ideas marxistas, pues el propio Marx, como él mismo decía en una brillante e ingeniosa metáfora, era, sin saberlo, un engranaje de la maquinaria, es decir de la sociedad victoriana en la que vivía. Y, por supuesto, no podemos aceptar hoy el machismo de Marx ni su dogmatismo, ni su intolerancia, por mencionar dos aspectos que no comparte Stuart Mill.

En cuanto al liberalismo, tal vez hayas pensado que yo soy liberal o lo defiendo. En absoluto. No lo soy. Me gusta aquello que decía Chesterton: “Siempre he creído en el liberalismo, pero hace tiempo que perdí la ingenuidad infantil de creer en los liberales”.
Es algo que se podría aplicar al marxismo también.

La verdad es que no creo mucho en las categorías como “marxismo, liberalismo, capitalismo, comunismo”, etcétera, etcétera, y no menciono a Stuart Mill para defender al liberalismo (¿cuántos liberales de hoy en día defienden, como hacía él, la legalización de las drogas?), más bien considero, como él mismo declaró en una ocasión, que él era más bien socialista.

También creo que eso que hoy se llama “liberalismo” merece sin duda una crítica tan demoledora como la que en su día mereció el “marxismo”. No creas, por tanto, que si me di cuenta del exceso “marxista”, soy ciego y sordo al “liberal”.
En conclusión, creo que el marxismo y el liberalismo se pueden demoler o simplemente poner en cuestión desde muchos puntos de vista, pero el que a mí me gustaría en particular sería el de una verdadera izquierda.


[Publicado en 2003]

Karl Marx y el marxismo

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Unidad europea y separatismo

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Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el lunes 8 de julio de 1991

 Unidad europea y separatismo

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Ilustración de LPO para El Independiente (8 de julio de 1991)

Es perfectamente posible pensar que el nacionalismo es una estupidez y considerar, al mismo tiempo, que la respuesta violenta a las ansias nacionalistas no sólo es una estupidez mayor, sino también una muestra más de nacionalismo. Muchos opinan que la proclamación de la independencia eslovena es un ejemplo de nacionalismo irracional, pero no parece que opinen lo mismo de la sangrienta represión llevada a cabo por el Estado central yugoslavo. A Felipe González le preocupa que el virus nacionalista se extienda a otras «regiones europeas» (entre diecisiete y cuarenta. pero todos sabemos cuál o cuáles le preocupan realmente). Lo que debería inquietarle es que se emplee la violencia, siguiendo el ejemplo yugoslavo, para reprimir los eventuales deseos secesionistas de esas «regiones».

Los analistas dicen que Europa se halla nuevamente en una situación muy compleja, tras el largo letargo de la guerra fría: por un lado se busca la unidad, la abolición de las fronteras; por otro, la división, la multiplicación de las fronteras. Sin embargo, tal vez se trata de un debate falso y simplista: en una Europa unida, los estados plurinacionales no tendrían razón de ser y sí la tendrían las comunidades que suelen llamarse «naturales»: la catalana, la vasca, la eslovena, la estonia, etcétera. Si ha de llegar un día en que los europeos voten y sean gobernados por un Parlamento Europeo, no está muy claro qué papel le correspondería en tal situación al Parlamento español, que no podría ocuparse ni de los asuntos particulares ni de los generales. En efecto, los asuntos regionales serían competencia de las diversas comunidades autónomas, que ya cumplen, con mayor o menor acierto, esta tarea; las cuestiones generales dependerían directamente del Parlamento Europeo. No se ve ninguna razón para multiplicar los entes, los intermediarios, la burocracia, creando o manteniendo un Parlamento español que conecta, a través de un desvío, a los catalanes, a los andaluces o a los madrileños con el Parlamento Europeo. En una Europa unida desaparecerán, en efecto, muchas fronteras y muchas aduanas, por ejemplo las que separan Francia de España, pero no desaparecerán las que separan Galicia de Asturias o Valencia de Murcia, sencillamente porque no existen. Las regiones difícilmente serán inútiles en una Europa unida, los estados plurinacionales si, incluido el yugoslavo.

En cualquier caso, y sea cual sea la solución o el modelo que finalmente se adopte (una Europa de doce países unidos o una Europa verdaderamente unida), de lo que se trata ahora no es de la conveniencia o no del surgimiento o no de nuevos estados, sino del uso de la violencia. Lo que no se debe permitir, y lo que ha de ser el eje de cualquier debate, es el recurso a la fuerza, ni para conseguir la independencia ni para impedirla. Ello supone, evidentemente, el respeto a la voluntad de cada comunidad y, en consecuencia, la posibilidad de expresar esta voluntad democráticamente, pues resulta un contrasentido recomendar a los separatistas la vía democrática y prohibir legal o constitucionalmente cualquier posibilidad de secesión.

La libertad, se dice, trae consigo el abuso; la represión no sólo produce también el abuso, sino que además es irracional. Conceder la independencia o la autonomía a los pueblos que la deseen tal vez no arregle todos los problemas ni garantice el fin de la violencia, pero negársela tampoco es un buen remedio, y de ello hemos tenido ya abundantes ejemplos. Resulta asombroso que se mantenga hoy en día el dogma de la invariabilidad de las fronteras y la integridad territorial, y que la Conferencia de Cooperación y Seguridad Europea lo haya adoptado, diciendo cosas tan peregrinas como que para que un territorio se separe han de estar de acuerdo las dos partes: al Estado central le basta con no dar su consentimiento a esta separación por mutuo acuerdo. Esto, la coincidencia total entre ambas partes, es siempre deseable, pero raramente es posible; como decía Flora Lewis, un mes antes de la proclamación de independencia eslovena, «no es posible en Yugoslavia un ‘divorcio’ civilizado y amistoso».

Todavía resulta más sorprendente que por una vez que Estados unidos se comporta de manera racional, diciendo que estaría dispuesto a reconocer la independencia de Croacia y Eslovenia si se lleva a cabo por medios pacíficos. se critique su postura desde el editorial de este periódico. Hemos de dejar de pensar que las fronteras son inmodificables, porque ese dogma nacido del miedo nos está llevando a la catástrofe que pretendía evitar. No podemos seguir pensando que la libertad de elección y los procedimientos democráticos están vedados a las naciones que consideramos conflictivas. La unidad a sangre y fuego, lejos de garantizar la estabilidad, ha llevado a Europa a momentos terribles y puede precipitamos de nuevo en el odio y la guerra civil. Hemos de respetar la voluntad actual de las diversas comunidades, sea cual sea su tradición y su historia, pues la historia puede explicar el presente, pero no debe determinar el futuro; no son los muertos, sino los vivos, los que han de elegir su destino.


 

NOTA EN 2015: a pesar del tiempo transcurrido, sigo estando de acuerdo en lo fundamental con lo que digo en este artículo. Quizá sí sea necesario aclarar que el hecho de estar en contra del uso de la violencia en los conflictos territoriales no implica que yo personalmente esté a favor o en contra del nacionalismo o de la formación de nuevas naciones. Sobre este asunto, se puede leer también El arte de lo posible en Cataluña.


POLÍTICA

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En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

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