Recordar conversaciones

Ilustración de Vivian Allen

Diré algo respecto a lo difícil que es reproducir una conversación con fidelidad. Nuestra mente tiene una fuerte tendencia a ordenar los acontecimientos, a presentarlos como racionales y razonables, así que busca en una conversación más o menos caótica que hemos mantenido quizá hace unas horas, un sentido y un orden subyacente. Los elementos ordenadores fundamentales proceden obviamente del cerebro de quien recuerda la conversación, con lo que es lógico que adapte los retazos que le ofrece la memoria a esos esquemas ordenadores. Yo puedo discutir con Iván acerca de la ley, y al cabo de dos horas mencionar en otra conversación la película de Fassbinder La ley del más fuerte… hora y media después puedo relacionar la primera conversación con la segunda y añadir una comparación con La ley del deseo de Almodovar. Pero cuando intente reproducir la conversación, es muy plausible que enlace desde el principio esos tres acontecimientos y que dote a toda la conversación de una lógica aplastante que no existió en la realidad.

Y otro aspecto que también influye: no recordamos una conversación, sino que recordamos lo que nos ha llamado la atención de una conversación. Recordamos las buenas ideas que se nos han ocurrido. Seguramente hasta sería posible clasificar en orden de importancia las cosas que más nos afectan y que mejor recordamos. Por ejemplo, de más importante y recordado a menos importante y olvidado:

1. Buenas ideas que se nos han ocurrido a nosotros.

2. Ideas que ha expresado el otro que nos han resultado ofensivas.

3. Buenas ideas del otro

4. Ideas que ha expresado el otro con las que hemos mostrado nuestro desacuerdo.

5. Ideas normales del otro pero que ha repetido varias veces.

6. Ideas que hemos expresado y ante las que el otro ha mostrado su desacuerdo.

7. Ideas que ha expresado el otro con las que no hemos mostrado nuestro desacuerdo, pero sí lo hemos pensado.

8. Ideas en las que el acuerdo ha sido expresado con entusiasmo.

Etcétera.

Naturalmente, el orden puede variar según la persona y también según la relación o la situación de los que discuten.

Intentaré investigar esto en otro momento.

[Escrito en 1999]


2017:

En el cuaderno, el texto comenzaba con una pequeña reflexión acerca de cómo ordenar las conversaciones en Cronos:

“Intentaré ahora otra manera de contar las charlas que mantengo. En vez de clasificarlas por días, lo haré por personas, aunque tal vez vaya y vuelva a una persona para seguir el hilo de algún tema que tenga relación con otra persona. Con este método intentaré ser más breve y menos formal, pues paso más tiempo del previsto escribiendo esto, que me gusta mucho, pero que en principio es sólo una especie de recordatorio, de borrador para no olvidar cosas que tal vez desarrolle más adelante. Y además, el período de tiempo que cubre este cuaderno es muy largo (el último Cronos tuvo 80 páginas)”.


[en Cronos 8, 22 de diciembre a 10 de diciembre de 1999, publicado en la web en 2002. El texto en otro color lo he añadido en 2017]


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Sobre la fidelidad en “Un experimento chino”

Algún comentario para el texto de Octavio Paz a propósito del poema de Wang Weis y el artículo de Eliot Weinberger.

No comparto con él esa creencia en la necesidad de encontrar equivalencias con respecto a la métrica y la rima para verter un texto chino al castellano o cualquier otra lengua. Yo creo que lo principal es respetar hasta dónde se pueda la longitud y el número de versos originales, teniendo en cuenta que estamos utilizando modos de escritura muy diferentes y que es imposible mantener la equivalencia “un carácter = una palabra”, puesto que los caracteres chinos expresan ideas que no siempre pueden traducirse por una sola palabra.

Mejor olvidarse de la rima a favor de la fidelidad al significado y al tono general. Creo que es más importante atender a la sonoridad poética más que a la puramente auditiva, es decir debe sonar poético y delicado (que no cursi) antes que rimar (lo cual suele resultar siempre demasiado forzado).


 

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